debate la UIS. Los grupos políticos locales arguyendo el "sobrecosto y la burocratización" de la UIS, logran la destitución de Neftalí Puentes y el nombramiento de Carlos Viviescas como nuevo rector, a fines de 1970. Este hecho que mereció el repudio de la opinión pública nacional y hasta del mismo ministro de educación Luis Carlos Galán Sarmiento, posibilitó a principios de 1971 la acción conjunta de estudiantes y profesores en la destitución y nombramiento a su criterio del nuevo rector Carlos F. Guerra” (Vargas, 1996, pp. 50-56 y 59-60).
En 1971 se adelantó una nueva huelga, que Vargas califica como la más dinámica
del movimiento nacional estudiantil:
“[…] por su capacidad de movilización yporque intentó responder a problemas de tipo
educativo y gremial y como a la dinámica sociopolítica del momento […] incluye una nueva variedad de factores y especialmente en lo que tiene que ver con la emergencia del movimiento popular. En este sentido debe destacarse el papel de nuevas fuerzas políticas de izquierda, tales como el Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR), y quien sobre la base de la alianza "obrero-campesina" y en función de una "revolución democrático-burguesa" (o de nueva democracia), inicia una campaña tendiente a deslindar objetivos políticos, frente a la izquierda que emergiera a principios de los años 60, y frente a las "camarillas obreras" que venían participando de los gobiernos del Frente Nacional. Además, el movimiento comienza a tomar posición frente al "capitalismo agrario" asumido, entre otros, por el Partido Comunista, el naciente MOIR y los grupos armados tradicionales, y quienes junto a los campesinos vienen a protagonizar de ahora en adelante las reivindicaciones del sector agrario y la dirección de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), sumados al movimiento de los educadores80. A estas problemáticas se añadieron la continuidad en la lucha por la autonomía universitaria y su relación directa con la penetración norteamericana, la ideología del desarrollo, y toda una serie de discusiones que hicieran viable (según decían los estudiantes) "llevar a la práctica una amplia lucha reivindicativa y política”, que se manifestó en la reivindicación de una educación democrática y nacional que recoge la herencia reformadora del movimiento de Córdoba en 1918 y la manifestación político-social que contextualiza la herencia marxista propugnando por una "revolución nacional-liberadora" (Vargas, 1996, p. 63) .
Vargas cuenta así el proceso de la huelga:
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“En febrero de 1971 más de 80.000 maestros amenazaban paralizar la educación media hasta tanto el gobierno no les cubriera las deudas contraídas y creara nuevas plazas docentes. La UTC y la CTC anunciaban también un paro, en tanto que el gobierno ratificaba que el orden no sería entregado a la subversión. Las amenazas no surten efecto y el gobierno tiene que apresurarse a decretar el estado de sitio luego de que en Cali se registraran enfrenamientos entre la policía y las fuerzas populares, los cuales dejaban como saldo 15 muertos, 47 heridos, varios vehículos quemados y numerosos almacenes saqueados.
En marzo la movilización se ha extendido por las principales ciudades del país, y el gobierno intenta hacerle frente penalizando la protesta y dejando en manos militares el procesamiento de los implicados. A estas alturas protesta y movilización marchan paralelas a la discusión sobre la autonomía universitaria, creía por el mismo ministro de educación, Luis Carlos Galán Sarmiento, quien por entonces creía que ella no era posible sino a través de una verdadera “transformación Social".
El primer intento de reforma se lleva a cabo con la participación de los rectores de las distintas universidades y algunos estudiantes, pero el encuentro fue suspendido ante la presión del movimiento estudiantil y la división marcada dentro de los asistentes. Este hecho da ocasión para que el presidente Pastrana tome las riendas del asunto y nombre una comisión de reforma compuesta por la jerarquía del ramo educativo y económico nacional; el presidente apoya su decisión bajo la supuesta, "incapacidad de análisis y pobreza intelectual del estudiantado”. Hacia el mes de julio los estudiantes reunidos en encuentro nacional elaboran su propia reforma, la cual contemplaba entre otros puntos: Creación de un organismo rector a nivel nacional que garantizara la preeminencia de la educación pública, democratización de los gobiernos universitarios con amplia participación docente y estudiantil, investigación al servicio del desarrollo y la cultura nacional, y el derecho de organización de los estudiantes universitarios. Pero precisamente en estos momentos el ministro de educación sacaba a la luz pública el proyecto oficial de reforma, señalando eso sí de antemano, que los resultados del proyecto tal vez "no servirían para solucionar el actual problema, que es típicamente político".
A estas alturas, luego de seis meses de agitación, varias eran las voces que ya habían puesto el grito en el cielo con respecto al problema universitario. La reacción en primera medida, vino de los rectores de las universidades privadas cuando en algún momento creyeron que la reforma podría atentar contra sus intereses. El General Valencia Tovar también fue enfático al señalar que la universidad se estaba "perdiendo para la democracia", que los problemas de la universidad eran competencia exclusiva de la "clase dirigente", en fin, que no era posible aceptar "que el Estado construyera la escuela donde se iba a preparar concienzudamente su propia destrucción". Reacción también emprendió la Iglesia y la prensa nacional, estimulando la organización del denominado "movimiento de estudiantes demócratas", quienes debían proponerse como objetivo inmediato, limpiar la universidad de toda la escoria, sacando a la brava
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si era necesario, a los extremistas (marxistas) de cada una de las universidades regionales y los de la propia capital de la República” (Vargas, 1996, pp. 64-66).