PARTE 1. MARCO TEÓRICO
1. GÉNERO Y LENGUAJE
1.2 Sociolingüística y variable sexo
1.2.1 Variable sexo
Como señala Moreno (op. cit.), la sociolingüística ha dado una gran importancia al factor sexo y se han realizado diversos estudios relacionados con la conducta lingüística de mujeres y hombres entre los que destacan, singularmente, los de corte etnográfico, que se han realizado en su mayor parte mediante la observación directa de las interacciones comunicativas que se producen en grupos o comunidades.
Dos conclusiones importantes a las que han llevado estos diversos estudios relacionados con la conducta lingüística de mujeres y hombres y que llamaron particularmente nuestra atención, ya que a partir de ellas surge el interés por realizar esta investigación son, por una parte, la que presenta William Labov en 1994: “para variables sociolingüísticas estables, las mujeres muestran un menor uso de variantes estigmatizadas y un mayor uso de
variantes de prestigio que los hombres”; por otra, la que presenta Chambers (1995/2009) en el capítulo denominado Expressing Sex
and Gender: “las mujeres usan menos variantes no-estándares y
estigmatizadas que los hombres en un mismo grupo social en las mismas circunstancias”, afirmaciones que indicarían una tendencia conservadora por parte de las mujeres.
Este último autor presenta, además, las diferentes conclusiones a las que han llegado distintos autores con respecto a este comportamiento: las mujeres muestran una gran sensibilidad hacia las características lingüísticas evaluadas socialmente; las mujeres usan menos formas estigmatizadas que los hombres y son más sensibles a las variantes o normas de prestigio; a las mujeres les preocupa más la presión ejercida por las normas locales y reivindicar su estatus en la estructura social; en contextos formales las mujeres producen formas lingüísticas más cercanas al lenguaje estándar o con un mayor prestigio que las producidas por los hombres; las mujeres prefieren, en general, las variantes supra- locales, que pueden o no ser reconocidas como prestigiosas, mientras que los hombres prefieren las variantes locales, que a menudo están estigmatizadas (Chambers 1995/2009: 115)5.
Por su parte, Moreno (1998/2009) y López Morales (1989/2004) concuerdan con las afirmaciones anteriores al señalar que uno de los principales descubrimientos ha sido el hecho de que la mujer es más sensible que los hombres a las normas prestigiosas y que éstas son más conscientes de la valoración que su comunidad hace de los fenómenos del lenguaje y apoyan los que tienen un estatus más alto, mientras que los hombres prefieren los que carecen de tal estatus, es decir, mientras que las mujeres intentan ajustarse a la norma, los hombres se ajustan a los usos vernáculos, las variedades locales o el habla del estrato obrero (que tiene connotaciones de masculinidad).
Si trasladamos estas ideas al ámbito de la innovación léxica y, específicamente, a nuestra investigación, en la que los autores de nuestros textos pertenecen, en teoría, a un mismo grupo social en circunstancias similares (periodistas), el hecho de que las mujeres usen más variantes estándares que los hombres podría llevarnos a pensar que estos últimos utilizarán una mayor cantidad de
5Chambers toma estas ideas de los siguientes autores: Wolfram, 1969; Romaine, 1978; Labov, 1972; Wolfram y Fasold, 1974; Trudgill, 1983; Cameron y Coates, 1988; Holmes, 1977 y Milroy y Gordon, 2003.
neologismos marcados (o no-estándares) y que, por lo tanto, serán más innovadores que las mujeres.
Con respecto al hecho de que las mujeres utilizan más variantes de prestigio que los hombres, nos parece interesante mencionar que algunas explicaciones provienen incluso de la época clásica. Por ejemplo, Calero (2007) presenta un panorama general de las diferencias lingüísticas entre mujeres y hombres en la antigüedad, y destaca el rol que ha tenido la mujer en la cultura occidental: los griegos atribuyeron a las mujeres el don de lenguas, el pensamiento ciceroniano considera que las mujeres son las que conservan con más pureza y con mayor propiedad la lengua, en Grecia y Roma el teatro caracterizaba el habla de las mujeres, del pensamiento grecorromano sobrevivió la idea de que el habla de las mujeres presenta rasgos como cortesía verbal, conservadurismo y escaso dominio de la palabra en un ámbito público. Por lo tanto, de acuerdo con la autora, la afirmación de que las mujeres son más conservadoras en el uso de la lengua se debe a la intención estética de ellas (a la voluntad de hablar bien), al hecho de que las mujeres son más sensibles a la valoración social de los fenómenos lingüísticos.
Más tarde, después de una época en que los sexolectos dejan de tener importancia para la investigación lingüística, los trabajos dialectológicos retoman el interés por los usos lingüísticos de mujeres y hombres y una de las primeras obras que la lingüística europea produjo fue la revista Orbis, publicada en 1952, en la que se ofrece un estado de la cuestión de alcance mundial sobre el lenguaje de las mujeres (Le langage des femmes: Enquête
linguistique à l’échelle mondiale). Se intentaba demostrar en qué
medida el habla de las mujeres es conservadora o innovadora con respecto al habla de los hombres; sin embargo, Calero (op. cit.) señala que las afirmaciones (distintas según diversos autores) partían de datos bastante impresionistas e irregulares, por lo que el conservadurismo de la mujer quedaba por demostrar. Como señala Moreno (1998/2009), la experiencia de la dialectología y de la geografía lingüística es muy importante, pero el mayor aporte sobre la conducta lingüística de mujeres y hombres se lo debemos a la sociolingüística, que ha dado un gran protagonismo al factor
sexo o género en los últimos años.
Más adelante nos referiremos en detalle a algunos aspectos que explican el comportamiento más conservador de las mujeres (apartado 1.3). A continuación presentamos la diferencia que
plantean distintos autores con respecto a los conceptos de sexo y
género y veremos cómo ha ido cambiando, a lo largo de los años,
el enfoque de análisis que implican ambos conceptos.