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Para que veas lo bien que se escon-

In document Renovación nº 41 Enero 2017 (página 79-82)

L

os sistemas políticos, antes de alcanzar el modelo democrático en el que vivimos la mayoría de los países occidentales, tuvieron que sufrir cambios estructurales importantes a lo largo de su historia. Ello supuso mucho dolor, no solo por el cambio de organización social que conllevaba, sino por las luchas fratricidas que originaba en muchos casos. Lo mismo ocurrió con los modelos de familia anexionados a los sistemas políticos y a la organización social que los legitimaba.

El modelo de familia que encontramos en la Biblia hebrea, por ejemplo, es pa- triarcal, cuya figura dominante era el varón en su papel de marido, padre y amo (la institución de la esclavitud estaba inserta en aquel modelo social). Además, era patrilocal y poligínica; es decir, patrilocal porque la herencia y los títulos se transmitían por vía paterna (el varón), y poligínica porque el varón –y solo este– podía tener varias mujeres en calidad de esposas y/o concubinas. El ejemplo más conocido en la Biblia hebrea es la familia de Jacob, fundante del pueblo de Israel. Jacob compartió lecho con cuatro mujeres coetáneas: Ra- quel y Lea, hermanas entre sí (y primas de primer grado de Jacob), y las esclavas respectivas de estas: Bilha y Zilpa. El

patriarca tuvo 12 hijos varones y una hija con tales mujeres (Gén. 29-30). La familia llamada “nuclear” (padre, madre e hijos) que emergió principal- mente durante la era industrial, procede de la familia “extensa” (padre, madre, hijos, tíos, primos, parientes), y esta de otra más extensa todavía, formada además por los esclavos, que dependían del pa- terfamilias (Familia, del latín, "grupo de siervos y esclavos patrimonio del jefe de la gens"). Es decir, históricamente, el concepto de “familia” es muy abier- to.

Desde hace muy pocas décadas, en Oc- cidente ha emergido un tipo de familia plural, entre ellos, el monoparental: hombres divorciados y mujeres divor- ciadas con hijos a su cargo pero sin pa- reja; o bien hombres y mujeres solteros con hijos adoptados (o propios en el caso de las mujeres). Por otro lado, no son pocas las familias que están com- puestas por hermanos o hermanas solteros que conviven juntos; o grupos de mujeres y hombres que deciden vivir en “familia” compartiendo el mismo espacio (nor- malmente jubilados). Recientemente se han añadido a esta pluralidad de tipos de familia las personas del colectivo LGTB con el mismo proyecto de vida

LA FAMILIA QUE VIENE

que cualquiera de los otros modelos de familia.

Pues bien, ninguno de estos diferentes modelos de familia atentan contra la familia nuclear tradicional. Ninguno. Pueden convivir perfectamente. Lo único que necesitan los modelos de familia no tradicionales son leyes que los reco- nozcan, los respeten y los protejan en las mismas condiciones que a la familia nuclear tradicional, para que puedan disfrutar de los mismos derechos y obli- gaciones legales que esta.

Los catastrofistas que se oponen a esta pluralidad de modelos de familia utilizan su artillería pesada con informaciones sesgadas, cuando no falsas, para crear miedo y, sobre todo, fanatismo entre sus fieles. Pero ninguna cerrazón va a impedir esta evolución social y familiar que se está generalizando cada vez más en todos los países occidentales. Desde el siglo XVI, especialmente con el movimiento cultural de la Ilustración

y los cambios políticos y sociales sur- gidos a tenor de dicho movimiento, el cristianismo en general, pero el funda- mentalista en particular, se sintió agre- dido, y se revolvió tenazmente contra todo lo que consideraba un peligro para la fe que predicaba. En general, con el tiempo, el cristianismo progresista ha venido a reconocer que cometió un error porque no existía tal peligro, y, a posteriori, ha entendido que perdió el tren de la Historia.

¿Qué pensarán los catastrofistas bíblicos de turno, que se oponen a estos nuevos modelos de familia, si en vez de evolu- cionar hacia delante, evolucionáramos hacia atrás, volviendo otra vez al modelo y al sistema social patriarcal, es decir, al modelo de la familia de Jacob? ¿No deberíamos “caer en la cuenta” de que la Biblia no pretende fijar un modelo de familia ni siquiera acudiendo al Gé- nesis? Otra cosa es la sucesión de la es- pecie, pero eso es mera biología. R

Y entonces no quedó ninguna.

Toughie, la última rana de la especie Ec- nomiohyla rabborum y un símbolo de las numerosas crisis de extinción de animales, ha muerto en el Jardín Botá- nico de Atlanta.

La edad de la célebre rana es todo un misterio, aunque se sospecha que al- canza los 12 años y probablemente más, porque ya era adulta cuando la re- cogieron en 2005.

Mark Mandica, que ha cuidado de Toughie siete años, ha declarado que la historia de esta rana no es del todo única. “Se le ha prestado mucha aten- ción en cautividad, incluso tiene su pro- pia página de Wikipedia”, apunta Mandica, jefe de la Amphibian Founda- tion. “Sin embargo existen muchas otras especies ahí fuera que están des-

apareciendo, en ocasiones antes de que sepamos que estaban ahí”.

De hecho, la especie de Toughie(Ecno- miohyla rabborum) no se clasificó hasta el 2008, unos años después de que la encontraran durante una misión de res- cate de ranas realizada por el Jardín Bo- tánico de Atlanta. Se trataba de una de las muchas ranas que los científicos an- helaban encontrar mientras el letal hongo quítrido asediaba la región cen- tral de Panamá.

“Es como rescatar objetos de una casa en llamas”, afirma Mandica.

Esta especie se encontraba en una zona muy específica de Panamá, a una alti- tud en la que el hongo era especial- mente letal. Los estudios de campo cifraban en un 85 por ciento la desapa- rición de anfibios en el lugar de origen

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