• No se han encontrado resultados

Capítulo 2 Hacia una definición de la era digital

2.2 La velocidad no tiene la culpa: Un cambio en el tiempo y el espacio

Hablar de tiempo en nuestra era digital implica necesariamente hablar de aceleración, una aceleración vertiginosa. La modernidad se instala en el horizonte histórico a través de una primera ruptura en la concepción lineal del tiempo y del espacio. Para el hombre premoderno la distancia entre un punto y otro era relativamente fácil de cuantificar, dependía de conocer si el viaje se realizaría a pie, sobre la grupa de un animal o en un barco y la época del año. Con la aparición de los primeros motores esta relación se rompe. La pregunta para el hombre moderno necesaria para esa cuantificación cambia

 

exponencialmente de: ¿en cuánto tiempo recorro tal distancia?, a: ¿en qué debo viajar para llegar en cuánto tiempo hasta qué distancia?

Con la invención primero del telégrafo y después del cine, de la radio y de la televisión, ocurre una segunda ruptura tempo-espacial; primero el pulso eléctrico, después la imagen cinética, seguida del audio y finalmente el video, lograron trasmitir información de un punto a otro sin la necesidad de que los receptores se desplazaran. Por primera vez el ser humano, convertido en un tele-vidente, pudo observar la llegada del hombre a la luna, conocer ciudades, enterarse de las noticias de su país y del mundo, etc., sin estar ahí, siempre y cuando hubiera una cámara y/o un micrófono para registrar el evento.

Con la invención de Internet, su apertura y consumo masivo a nivel mundial, ocurre una tercera ruptura en la concepción del tiempo y del espacio. El individuo por primera vez en la historia puede estar en muchos puntos del planeta al mismo tiempo sin la necesidad de desplazarse según su propia elección (por ejemplo a través de una videoconferencia telefónica vía Skype34 entre miembros de distintos países), así como participar en juegos de realidad virtual que, si bien aún no logran abstraer del todo al ser de su realidad y colocarlo en otra, si logran recrear distintos tiempos y espacios. Los primeros estudiosos de Internet creían que este invento aislaría a los hombres condenándolos a la soledad del ordenador. Hoy en día sabemos que Internet, por lo contrario, ha propiciado el acercamiento social, incluso creando el tejido de nuevas redes sociales o restaurando otras a través de herramientas como Facebook, Linkedin y Google +. Los estudiosos que creían que eso ocurriría, no concibieron que los dispositivos para acceder a la salvaje red global poco a poco se irían reduciendo en tamaño y peso hasta hacerlos portátiles y de bolsillo.

                                                                                                                         

34 Skype es un software que permite comunicaciones de texto, voz y video sobre Internet, que permite realizar

 

He retomado la discusión de la Red dentro de este subcapítulo puesto que ésta es la herramienta que ha permitido ese cambio de velocidad, esa aceleración. Alessandro Baricco en su libro Next hace un símil entre nuestro mundo "globalizado",35 y el ferrocarril del viejo

Oeste. El periodista y escritor italiano nos dice: "Algo así como Internet hoy en día, el ferrocarril reducía los espacios y el tiempo. Acercaba lo que estaba lejos. Hacía de un espacio inmenso un único país" (35). El ferrocarril fue el motor del progreso, lo que permitió trasladar a miles de hombres del mundo civilizado hacia la colonización de un territorio agreste, pero rico en recursos para la fundación de las ciudades modernas. Hoy incluso el desplazamiento de personas en busca de un fin se cuestiona. El enlace puerto a puerto permite la comunicación a distancia ahorrando así costos de traslado, de oficina, de personal, horas en el tráfico, etc.

Otro de los aspectos fundamentales en cuanto a tiempo y espacio que puede abordarse es el relativo a la percepción social del cambio. Para Alvin Toffler esta aceleración ha sido tan drástica que ha llegado incluso a alterar nuestra percepción del paso del tiempo. Para el hombre premoderno el cambio social era tan lento que pasaba casi inadvertido durante la vida de un individuo. Contrariamente desde la Primera Revolución Industrial, y de forma especial durante el siglo XX y lo que va del XXI, la ciencia, la

tecnología, el arte, la infraestructura urbana, la moda, etc., han sufrido tantos cambios y tan velozmente que lo que se vivía en uno o varios siglos, ahora se experimenta en una década o en un lustro. Basta ver, para comprobarlo, qué tan diferente era la sociedad en los años cuarenta con la de los cincuenta, ésta de los sesenta y así sucesivamente.

                                                                                                                         

35 Para Baricco la globalización es sólo una argucia político-económica de los países dominantes miembros

 

Para Alvin Toffler este continuo cambio incluso crea una enfermedad social y psicológica llamada por él: "Shock del futuro" que consiste en que los cambios en la vida de un individuo ocurren con tanta rapidez que de pronto éste se halla desorientado en su propia realidad, tal como si de un día para otro se encontrara viviendo en una cultura diferente a la suya en donde todo es distinto: los medios, el lenguaje, las normas sociales, etc. Este cambio continuo genera un problema en el ámbito de la especialización, vulnerando incluso la seguridad en el trabajo, la estabilidad emocional, la certeza de los modelos de producción. Esto es fácil de demostrar si tomamos como ejemplo a la reproducción musical. Para el hombre premoderno escuchar música dependía de su asistencia a una sala de conciertos o a algún foro o festival donde se tocara algún tipo de instrumento. Desde la invención del fonógrafo esta misma actividad, escuchar música, ha sufrido vertiginosos cambios: del fonógrafo al gramófono; del disco de metal al de vinil; del disco de doce pulgadas al de diez, al de siete; de la cinta magnética, al casete, a la radiograbadora, al Walkman, al CD, al Discman, al DVD, Al Blue Ray; del Midi al WMP, al WAV, al MP3, al MP4; del Shuffle al Ipod, al Iphone, al Ipad, etc., basta imaginar a nuestros abuelos, que crecieron cambiando el disco a la sinfonola, adaptándose a cada modelo hasta que el juego se les hace incomprensible e imposible de seguir. Esta reflexión también es válida e importante para el escritor en la era digital. Como nunca, las creaciones literarias electrónicas dependen de un software y un reproductor que permita su puesta en obra. Con la constante actualización de estos medios, la obra literaria cada vez más debe preocuparse por su  obsolescencia, el código o programa en el que fueron realizados puede desaparecer o mutar de un momento a otro dejando a la obra inservible o requiriendo una actualización que puede resultar engorrosa por decir lo menos. Este tipo de problemas no lo concebía el escritor del pergamino o papel que sólo se preocupaba por el deterioro que el ambiente y el

 

tiempo producía en sus obras —desgaste que a veces venía mucho después que su propia muerte.

De esta aceleración de la vida cotidiana, de esta forma moderna de concebir el tiempo y el espacio, de esta percepción del paso acelerado del tiempo, etc., pueden derivarse los conceptos velocidad, brevedad y fragmentariedad que definen nuestra era digital.

2.3 El tren pega un salto y vuelve a caer sobre todas sus ruedas: Un cambio del