RASGOS PERMANENTES DE UN RETRATO DE MUJER
7 “VENGO A HABLAR DEL AMOR”
El amor impregnaba absolutamente la vida de las jóvenes españolas durante estos años. Sus lecturas, la música que oían, las películas que veían, incluso su propia educación, estaban destinadas a hacer realidad el soñado romance.
El amor, como sentimiento, era el camino honrado y bueno para alcanzar el matrimonio. En este sentido era más un medio que un fin; al menos en el vivir corriente de las gentes. El matrimonio permitía constituir una familia; la estabilidad social, un posible progreso y sobre todo la concepción y educación de los hijos.
El enamoramiento, el noviazgo y la boda eran los temas más importantes para el común de las mujeres solteras de esta época. La mayoría de las lecturas de las revistas femeninas trataban de temas románticos e incluso habia ciertos comics379 editados para adolescentes que recreaban sorprendentes historias de amor.
En ocasiones, nada parecía tan importante como el amor. No solo para las mujeres, sino la sociedad:
“- Hay, por fortuna, bastantes filántropos por el mundo -dijo-. Continuamente se inauguran nuevos asilos, nuevos hospitales, nuevos colegios. Los niños, los enfermos y los ancianos son asistidos por la caridad cristiana. Pero… ¡ah, querido amigos!, existen otra clase de desheredados, otras víctimas de las dificultades, en quienes nadie piensa… ¡Los enamorados pobres! ¿Qué me dices de esos seres que, amándose apasionadamente, no pueden jamás conseguir su justo deseo de felicidad uniéndose en matrimonio, por carecer de medios económicos? ¡Cuántas jóvenes de la clase media se mustian esperando año tras año una boda que nunca llega! ¡Cuántos hombres decentes se echan a perder por no poder constituir un hogar y una familia!380”
El amor era el protagonista temático de casi todas las manifestaciones artísticas. Probablemente el sentimiento más cantado, representado o interpretado. Aunque no faltaban relatos que lo mostraban –especialmente el enamoramiento y el inicio del noviazgo como una extraordinaria aventura llena de magia y emoción- en el franquismo predominaba, desde luego en cuanto se orientaba al matrimonio o este estaba a la vista,
378
Habitación para tres. 379
Serenata, Susana, Rosas blancas y Guendalina las cuatro dirigidas a chicas jóvenes de 17 años. 380
como una sensación de tranquilidad y sosiego sobre la que asentar la vida familiar. En la literatura de orientación ética y de prácticas sociales de buen hacer no había ninguna duda al respecto:
“Es ciertamente legítimo esperar y desear el matrimonio: es la vocación habitual de la mujer. Así se comprende que los pensamientos y sueños de las jóvenes se claven en esta visión de esperanza. Pero importa mucho que vivan estos años de espera sin inquietudes excesivas ni angustias381”
Esos argumentos se hacían presentes de manera más patente cuando la posibilidad de matrimonio se retrasaba; pero podía aparecer también en el proceso mismo. Por ejemplo, las relaciones entre ambos géneros no eran igualitaria. La guerra de sexos estaba presente. Las relaciones amorosas se planteaban como la eterna lucha entre el hombre y la mujer. Como una manera de medir sus fuerzas. La hembra atraía al macho y pretendía moldearlo y manejarlo gracias a la atracción que esta ejercía en él. Este planteamiento tan brutal, no aparecía en los relatos románticos, pero algunos analistas sociales no dudaban en explicarlo así:
“En cuanto se convierte en mujer, la niña aparece con una silueta atrayente, con una belleza que actúa como fuerte imán sobre el varón; éste se lanza a su conquista por medio de todas las armas físicas y mentales que posee, y esa conquista supone una batalla, una serie de batallas, que culminan en victorias y derrotas dejando mil heridas y cicatrices en el camino y mil traumas psíquicos y físicos en ambos contendientes…La niña-mujer siente esas apetencias instintivas y afectivas que le impelen a cumplir el destino que tiene señalado en la reproducción, y por ello recibe estímulos placenteros que le crean diversos sentimientos ante la apreciación de la belleza varonil y la virilidad de individuos del sexo opuesto, entre los cuales prefiere a uno, otros le son indiferentes y algunos le resultan repulsivos382”
Las discusiones y las desavenencias se presentaban no como algo negativo sino como lo adecuado. Esta idea se relacionaba con la concepción de las relaciones entre ambos sexos como una lucha, una guerra que uno de los dos debía ganar. Los dos partían de posturas desiguales y ambos querían imponer sus criterios.
381
Ángel del hogar. El matrimonio. El libro de la novia. Pág. 85 382
“Tu problema, lo que tú llamas un problema, no sólo no lo es, sino que me parece todo lo contrario. Si sois unos novios tan perfectos que no regañáis nunca estando juntos, no cabe duda de que corréis el grave problema de aburriros. La paz, en el amor, es un estado que lleva al tedio indefectiblemente. Estas ausencias pobladas de tormentas os salvan del peligro. Qué él sepa que en cuanto te pierde de vista te asaltan ataques de indiferencia es una gran cosa. ¡Conservad vuestros disgustos como oro en paño! Y cada 3 semanas, reconciliación383.”
Entender las peleas como una forma de amor suponía una idea de este sentimiento muy peculiar. Como un tira y afloja. Desde este punto de vista se normalizaban, e incluso alababan, actitudes que, en principio, resultaban negativas para la propia pareja.
Distinta, aunque relacionada con ella, era otra cuestión que se planteaba durante estos años: la idea de que una mujer podía hacer cambiar los rasgos de personalidad negativos de un hombre. Un mal carácter, huraño e incluso misógino provocaba en la mujer el deseo de cambiar y conquistar el corazón de aquel que parecía inabordable. La revista Medina aconsejaba a una de sus jóvenes lectoras:
“Por lo que me dices estoy segura de que a pesar de su carácter reservado y seco, siente por ti una gran ternura. No debes, pues, sentirte molesta ni hacerle recriminaciones inútiles, que, dada su manera de ser, sólo servirán ahora enterrarle más en sí mismo, haciéndole desgraciado. Procura, por el contrario, adivinar lo que no te dice y quisiera decirte, y, sobre todo, hacerle feliz, que es la manera de que tú también lo seas”384.
En esta línea no cabía errores en teoría: era un círculo cerrado en el que el éxito y la responsabilidad solo quedaban en manos de las mujeres. Su único problema es que tenía que adivinar aquello que sus hombres callaban. Una tarea demasiado difícil incluso para el tipo de mujer que se dibujaba.
Frente al resto de Europa, en la que tras la guerra, los ordenados y hogareños cincuenta, dejaron paso a los inestables sesenta con su promiscuidad y su divorcio, España continuó manteniendo, más o menos, el mismo esquema de vida, por lo menos en cuanto a las relaciones hombre-mujer se refiere. A pesar de que las variaciones en las leyes del trabajo y la mejora económica permitieron tenues cambios en las relaciones entre ambos sexos.
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Teresa Nº 4 año I, abril 1954 384
Uno de nuestros inevitables referentes cuando hablamos del amor, o de otros sentimientos semejantes, es el cine. Por su capacidad expresiva y por la autenticidad que otorgamos a las imágenes, influye notablemente en nuestra concepción acerca del amor, del cariño y de sus manifestaciones. La idea, no de cómo son, sino de cómo deberían, o cómo nos gustaría que fuesen las cosas en este ámbito, tiene mucho que ver con el cine385.
Por lo general, el cine nos permite asomarnos y contemplar, aunque sean ficticias, escenas que de otro modo jamás veríamos. Cada persona vive únicamente sus propias historias de amor y en ocasiones, oye (no vive, no observa) relatos, muy superficiales, de historias ajenas. Sus referentes son escasos, se limitan a sus sentimientos y percepciones. El cine permite asumir como nuestras, actuaciones y comportamientos observados en la pantalla, da incluso pautas de conducta. Un adolescente que todavía no ha besado a nadie, llegado el momento sabe cómo hacerlo, puesto que lo ha visto, y ha podido recrearse en su contemplación, en mil y una películas.
En la película Se le fue el novio se muestra, de forma humorística, la importancia del noviazgo en las mujeres. María Luisa, una joven nacida en Noruega pero de familia española, se presenta en un ministerio para exigir alguna reparación. Una negligencia administrativa en la tramitación de unos papeles ha impedido que se case con su novio, que se ha ido a Australia. El ministro decide encargarle a su secretario que en desagravio consiga otro novio para la señorita. Finalmente y tras haber descartado a algunos candidatos, la chica y el secretario, enamorados tras este periplo, se casan.
Y es que el matrimonio y el amor es el fin último de la mujer. Sin embargo no todas parecen estar, en principio, de acuerdo con esta premisa; aunque finalmente acaben sucumbiendo. Florita la protagonista de Solo para hombres pregunta llorosa:
- “¿Es que una mujer no tiene más solución para vivir que casarse?”
- “hasta ahora no se ha inventado otra cosa, hija mía, y estamos en 1895 que ya es estar”. - “Sí, tía Matilde, se ha inventado otra cosa. Lo que yo voy a hacer”
-“¿Lo que tú vas a hacer?”
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Según un reciente estudio todavía no publicado de la Heriot Watt university de Edimburgo, la forma de tratar el amor que muestran las películas repercuten de forma negativa en las relaciones humanas. Las expectativas creadas por los cineastas casi siempre se ven defraudadas en el mundo real. Los profesores Bjarne M. Holmes y Kimberly R. Johnson, ambos psicólogos están realizan un estudio sobre la influencia de los medios de comunicación en la personalidad de los individuos. www.attachmentresearch.org
-“Florita, déjate de simplezas, Mañana emprenderemos la caza del hombre por el paseo de Recoletos”
- “Mañana quizás sea libre, y el mundo será distinto para mí. Iré por las calles sola, sin ti al lado, sin aparentar un rubor que no siento”
En el cine el amor es un sentimiento que regenera y convierte a personajes aparentemente frívolos e incluso malos, en seres bondadosos y rectos. En El escándalo Fabián abandona su vida disoluta y vacía cuando conoce a la Gabriela, una muchacha dulce y piadosa: “Al conocerla al hablar con ella he sentido una cosa extraña…he sentido repulsión por la vida que llevo…¿Quién es Fabián Conde para fijarse en una criatura así?”.
Eduardo, el soltero de oro de El Hombre que las enamora, cae rendido ante los encantos de Elena, una chica excesivamente superficial, que se hace pasar por la novia de su padre para conquistarle:“No lloras porque no puedes, quien desdobla su vida, quien es capaz de restarse a esta farsa indigna no tiene sentimientos”. Le achaca este furioso al descubrir la estrategia. Finalmente ambos descubren que se aman, y abandonan, una su juego y el otro su pose misógina.
El amor sirve para redimir al ser humano. Le ocurre a Maribel, la mujer que ejerce la prostitución y tras conocer a un hombre que se enamora de ella que no sabe o no quiere saber a qué se dedica, decide cambiar su modo de vivir y hacerse una mujer decente. La posibilidad de tener una familia, de ser querida y respetada le hace renacer, renunciar a ser quien era y disfrutar de su nueva existencia. Maribel tiene suerte porque su bondad y su auténtico arrepentimiento le permiten ser feliz.
Charito, la reina del Chantecler, es una mujer que se ha criado en un ambiente poco apropiado. Su vida está en el escenario y sus relaciones no son todo lo decentes que deberían. En un viaje al País Vasco conoce a un chico joven e inocente del que se enamora:
- “¿Estás llorando? Pero… ¿Por qué?” - “porque quisiera ser otra para ti”
La mujer es consciente de que su pasado imposibilita el amor que ha surgido entre ellos. Sin embargo esta historia, que marca profundamente al personaje, cambiará su forma de ver y sentir las cosas.
El amor es lo que hace que los niños ricos que pierden su vida en los bares modifiquen su conducta, crezcan y comiencen a emplear su tiempo en actividades útiles. Por ejemplo Olga, la guapísima protagonista de Bahía de Palma, es una chica cínica y sin ilusiones. Clara, su bondadosa prima no entiende su actitud:
- “¿Es tu novio?”
- “Bueno, todavía no lo sé exactamente, pero nos casaremos” - “¿No estás enamorada?”
- ”Pues no. Nosotros somos muy prácticos. Como tarde o temprano el amor acaba es mucho más cómodo llegar al matrimonio sin él”
La llegada de Mario, un pianista algo atormentado, cambia la vida de la joven que descubre el amor, la disciplina y el sacrificio.
En cada una de las películas que se realizan en España durante estos años siempre aparece, aunque sea de forma secundaria, una historia de amor. Cuando el protagonista es un religioso, ésta suele darse en algún personaje cercano, generalmente el indígena más amigable de la misión o el muchacho o muchacha a quien está ayudando.
Y es que el amor es un sentimiento muy cinematográfico. Y desde luego, tal y como reflejan los cánones franquistas, muy femenino. La mujer anhela y suspira por los sentimientos que despertará en ella un beso mientras que el hombre desea y busca el roce en sí. Durante los cuarenta, las películas románticas realizadas en nuestro país estaban claramente destinadas a las mujeres. Los galanes, no demasiado guapos pero indudablemente masculinos y apuestos, se declaraban con enfebrecidas palabras cargadas un delicado sentimiento muy alejado del sexo. Ellas aceptaban encantadas mientras las espectadoras soñaban con ser las protagonistas de su propia historia, a poder ser parecida a la aséptica escena que habían visto.
Los cincuenta y los sesenta dan paso a la realidad y el amor se plantea, casi siempre como algo más práctico y verdadero. Los problemas que se esbozan, aunque con extrañas soluciones, son más comunes: la falta de dinero para la boda, el rechazo inicial de la mujer amada… Mientras que en la década anterior las historias parecían rodarse para que las jóvenes imaginasen, en estas se realizan para enseñarles qué es lo que les conviene: esperar y espantar de un manotazo los pájaros que pudieran tener en sus delicadas cabecitas.
7.1. BLANCA Y RADIANTE VA LA NOVIA
Por lo general las mujeres españolas que vivieron el franquismo se casaban con su primer novio. Cambiar de pareja y conocer hombres nuevos no era una cuestión socialmente aceptada que afectaba negativamente a la reputación de la chica.
Durante estos años las parejas de novio solían tener poca intimidad. Las relaciones sexuales antes del matrimonio no estaban bien vistas en la España franquista. La revista Medina comenta a sus lectoras sobre este tema:
“Y en cuanto a las “obligaciones íntimas” –la frase es tuya- de los novios, que preguntas. En un libro de texto que podemos editar, si me autorizas, daré las siguientes: Cogerse la manitas en el parque -hasta ahí se da permiso-, mirarse a los ojos en el cine con desprecio absoluto de los valores del film, escribirse todos los días unas cartas muy largas que empiecen: “¡Vida!” con muchas admiraciones, hacer bocetos de los dibujos que tendrán las butacas de la salita y proyectar cactus que adornarán las ventanas; descuidar los estudios y las ocupaciones y querer acaparar el porvenir del contrario en toda su extensión.386”
Los besos y las efusiones cariñosas no se realizaban en lugares públicos. Las muchachas decentes, por otra parte, tampoco debían ir a sitios privados y alejados con sus novios. Por lo general los jóvenes amantes daban largos paseos o quedaban para ir al cine o a tomar algo en función de la disponibilidad económica que se tuviera.
El cine, sin embargo muestra una realidad muy diferente, incluso en los años cuarenta, la década más dura y represiva del régimen. Los romances de estas películas son tan apasionados que forzosamente deben acabar en beso. A pesar de que sistemáticamente los censores tachan las escenas en las que aparecen besos, caricias o abrazos, las películas españolas de esta época están plagadas de ellos. De las cien películas vistas en esta década, hay beso en treinta y tres387. A veces incluso varios como en el caso de Calle sin sol, Una mujer cualquiera, los cuatro Robinsones o El
clavo donde los protagonistas llegan a besarse hasta tres veces. No siempre se producen
386
Medina 16 noviembre Nº 35
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Alma de Dios, Boda accidentada, el emigrado, Viaje sin destino, Castañuela, Dos cuentos para dos,
Campeones, El hombre de los muñecos, El santuario no se rinde, El clavo, El hombre que se quiso matar, La calle sin sol, La torre de los siete jorobados, La reina santa, Los últimos de Filipinas, Los cuatro Robinsones, Noche fantástica, El escándalo, Inés de Castro, La duquesa de Benamejí, Martingala, Cuatro mujeres, Dos mujeres en la niebla, Se le fue le novio, Obsesión, una mujer cualquiera, Filigrana, La dama del armiño, Lo que fue de la Dolores, Angustia, Si te hubieses casado conmigo, la malquerida, malvaloca
al final de la película, aunque es lo más habitual, una vez que el enredo se soluciona y la chica y el chico saben que se van a casar.
En las historias analizadas la actriz que más besa es Amparito Rivelles388. La joven y bella artista deleita con un ósculo a su parteneire en siete de los diez largometrajes que protagoniza. El director que más besos rueda, aparecen en seis de ocho, es Rafael Gil389.
La aparición de besos en algunas películas de esta década parece ser bastante aleatoria. Mientras que en algunas las parejas cinematográficas establecidas se besan sin ningún problema, es el caso, por ejemplo de Isabel de Pomés y Antonio Casal en largometrajes como el hombre que se quiso matar o la torre de los siete jorobados, en otras no solo no hay beso sino que ni siquiera hay amago390. Las situaciones de los personajes son más o menos las mismas, por lo que no se entiende por qué en algunas aparecen estas muestras de afecto y en otras no.
En general los censores suelen hacer notar, bien tachando, bien advirtiendo de un posible corte ulterior, su disconformidad con cualquier efusión amorosa. Sin embargo en muy pocas ocasiones se prohíben explícitamente los besos, que se encuentran en las películas terminadas y en una proporción mayor de la que cabría esperar a la vista de la pacata moral española durante estos años.
Lo que parece preocupar principalmente a los censores no es ya la existencia de muestras de afecto sino la forma en la que estas se muestra, porque no todos lo besos son iguales ni se presentan con la misma sensualidad. La censura no pretende que no haya ósculos, sino que los que haya sean lo más puros posibles. Muchas veces no hay indicaciones de prohibición, solo hay advertencias sobre su realización. Prueba de ellos es, por ejemplo, la anotación existente en el expediente de censura de la película
Obsesión: “Los besos “apasionados” que indica el guión deben únicamente