Capítulo 3 El Callejón del Chisme
3.4 Venta de fritos “Déle gusto a su paladar donde Chayo”
La venta de fritos de la señora Chayo es un negocio informal ubicado sobre el andén en la esquina inmediatamente opuesta a la de Piter. Una de las preguntas que surgieron cuando se inició el campo en este sector barrial fue el por qué la señora Chayo había ubicado su venta de fritos en este tramo del andén, cuando pudo ubicarlo, sin ningún problema, en el andén de la calle 7. Esta pregunta surge, ya que el andén ubicado sobre la calle 7 se encuentra en la zona económicamente activa del sector, mientras que el andén del callejón no sólo se encuentra más alejado de la zona comercial, sino que de cierta forma es menos visible. En conclusión, y desde esta perspectiva, ubicar un negocio donde se encuentra actualmente la venta de fritos de la señora Chayo, no era una buena estrategia comercial. Sin embargo, la señora Chayo sus razones tenía. Y esto pudo ser constatado mientras se conversaba en la esquina:
“Nos encontrábamos hablando paja en la esquina Piter, Claro. Vitico y yo, cuando llegó a la esquina, proveniente de la venta de fritos, Makelele con una arepa en la mano y dijo “¡no joda estas arepas sí están buenas! o ¿será que tengo filo?” así que aproveché el momento y pregunté cuanto tiempo llevaba la señora Chayo vendiendo fritos ahí. Vitico me respondió diciendo “Ella lleva bastante rato ahí, yo ya no me acuerdo cuanto, pero ese negocio empezó porque Chayo se dio cuenta que a la gallera llegaba bastante gente y tu sabes que esos manes se la pasan todo el día metidos ahí apostando y bebiendo y hasta se les olvida comer, pero cuando les da filo salen pa’ ve donde pican. Así que una vez Chayo sacó una mesa con un caldero pa’ venderle fritos a la gente que venía a la gallera eso era solo los fines de semana, pero después se fue acomodando y montando el chuzo y cuando quise ver ya estaba vendiendo fritos todos los días” ( Notas del diario de campo, 25 de
febrero de 2005).
Como negocio familiar, la venta de fritos es atendida en su mayoría por mujeres de la misma unidad doméstica, incluyendo un varón que colabora en menor medida. Los horarios en que el lugar es utilizado para desarrollar las labores económicas, que van desde las cinco de la mañana a hasta entradas las diez del mismo meridiano y desde las
cuatro11 de la tarde, hasta entradas la nueve y media de la noche. Los productos que se venden en horas del día son, por lo general, empanadas y arepas. En la noche suelen venderse frituras cómo el bofe, chinchurria, patacones y ubre de vaca, entre otros. Cabe aclarar, que los propietarios del lugar sólo hacen uso del espacio durante los horarios en los cuales desarrollan sus labores, ya que después de trabajar su presencia en el sitio es prácticamente nula.
La venta de fritos de la señora Chayo no es la única del sector, ya que justo en diagonal se encuentra la venta de fritos de la familia del Forro y, un poco más adelante, encontramos la venta de frituras de la señora Yaya. Sin embargo, la cercanía entre los negocios no parece resultar perjudicial para ninguna de las ventas de fritos ya que, con los años, cada uno de estos negocios ha generado una adepta clientela. Entre los clientes fieles con los que cuenta la señora Chayo encontramos al señor Cuba, quien por las mañanas suele tomarse una taza de café con una arepa que la señora Chayo le prepara:
“No’mbe yo no creo que eso les afecte porque de ser así ya se hubiese
quebrado algún de esos negocios hace rato. Con los años que llevan ya cada quien tiene su gente que le compra y también hay que tener en cuenta que no todos venden lo mismo. Porque donde Chayo por ejemplo te venden que sí el patacón con bofe, con chinchurría y vainas así, mientras que la vieja Yaya te vende fritos como más tradicionales, y siempre te ha vendido lo mismo, que sí la empanada, la papa, la caribañola, y donde el Forro si bien te venden papas y empanadas también venden arroz de pollo y cosas así” (Notas del diario de campo, conversación con Ñeco Roy el 29 de septiembre de 2004).
Con el pasar de los años, la venta de fritos ha logrado transformar el panorama del andén a través de una estructura física (permanente) sobre el lugar, edificada y acondicionada con el transcurso del tiempo con lo estrictamente necesario para permitir un mejor desempeño laboral. La garita constituida de diversos retazos de madera, laminas de metal, plásticos, algunas mesas de madera, el fogón y un pequeño televisor elemento que solo se hace presente en las jornadas de trabajo que se desarrollan desde las horas de la tarde. El lugar ha desarrollado unos elementos básicos para el trabajo y otros para la protección de
11 La venta de fritos en horas de la tarde y la noche tuvo inicio durante los primeros días del mes de noviembre, ya que anteriormente sólo se estaba laborando en horas de la mañana.
fenómenos climáticos tales como el sol y las lluvias, de los que se resaltan un techo en laminas de metal que se extiende desde las mayas de la verja de su hogar hasta centímetros antes de terminarse el andén. De este techo, cae en velo plástico negro de unos 70 cm., sobre el cual se encuentra escrito con pintura blanca el nombre del sitio, y el cual complementa la protección contra la lluvia.
El lugar se erige como un pequeño bunker, una trinchera que ofrece la protección y abrigo con cierta eficiencia contra el sol y la lluvia de la cual muy pocos espacios públicos-apropiados del sector gozan. Las propietarias, después de terminar su jornada de trabajo, retiran los implementos que consideran pueden ser robados y dejan en el sitio otros elementos de mayor tamaño y poco valor comercial en el mercado negro barrial.
El sitio de venta de fritos permanece desocupado y durante este tiempo de inactividad económica sólo suelen ser utilizadas de forma esporádica para el juego de 51 y arrancón, por personas en su mayoría del género masculino. La apropiación la venta de fritos como espacio de juego es escasa en comparación con la desarrollada en otros espacios- apropiados en pro del ocio como la esquina de Piter (como se describirá más adelante), el andén o la terraza de los Campo. Por tanto, se puede afirmar que este espacio emerge como un espacio de la contingencia, ya que la constitución de su estructura física protege a los jugadores cuando llueve. Sin embargo, este espacio solo es espacio de contingencia en los horarios en que la venta de fritos permanece inactiva ya que cuando está en actividad nunca se ha observado juego en su interior.