• No se han encontrado resultados

CAPÍTULO PRIMERO MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL

1.2 GESTIÓN EDUCATIVA

1.2.1 Concepto de gestión educativa Según Lya Sañudo (2006), la gestión se

1.2.1.3 Ventajas de la gestión por procesos Según Medina (2003: 21), la

aplicación de gestión por procesos en las instituciones y organizaciones educativas permite:

I. “Enfrentar el cambio y el aprendizaje organizacional

II. Dar respuestas pertinentes a las demandas de la comunidad III. Desarrollar la capacidad de adaptación al entorno

IV. Hacer más efectivo el uso de los recursos

V. Desarrollar capacidades y habilidades en la institución y en los grupos de trabajo para flexibilizar los procesos y actividades, con el

29 fin de atender las expectativas y necesidades de los estudiantes y de la comunidad

VI. Potenciar el aprendizaje organizacional con el fin de identificar fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades en la organización

VII. Estimular el desarrollo de competencias en la institución para que ésta identifique su saber hacer y los recursos de que dispone para prestar los servicios educativos

VIII. Posibilitar procesos de innovación en la gestión directiva, académico-pedagógica, administrativa-financiera y de convivencia y comunidad, lo que implica generar nuevas ideas y modificar constantemente los modelos mentales y de actuación

IX. Estructurar el conocimiento de la institución en la búsqueda de solución de problemas de la sociedad mediante el desarrollo de un servicio educativo y social de calidad

X. Liderar en la organización procesos de gestión integral de los sistemas de aseguramiento de la calidad”.

Las diez ventajas de la gestión por procesos, expresadas por Medina, son necesarias en toda institución u organización educativa e interactúan unas con otras para el logro de fines, objetivos y estrategias, coadyuvando al logro de la eficiencia de la misma. Luego de analizar las ventajas de la referencia, la institución está en condiciones de determinar en qué punto se encuentra junto con la comunidad educativa, a través de un diagnóstico previo y luego, reencaminarse hacia otro estilo de dirección, si el que aplica no es funcional, para ello Gibb (1981: 23), expresa que se “deben tomar decisiones, cometer errores y aprender de sus propias equivocaciones”.

En éste caso, el directivo de la institución u organización educativa, se convierte en líder, donde su papel está en centrarse en los procesos de aprendizaje, que

30 para su diseño ameritan que se utilice y maximice la creatividad, facilitando en este caso el abordaje solidario y productivo de los miembros de la comunidad educativa, de los problemas críticos o que generan conflicto. De igual manera, tiene a su cargo visionar hacia donde se dirige la institución, cuáles son sus metas a corto, mediano y largo plazo, en qué principios se funda, qué objetivos utilizará para lograrlos, porque se parte del supuesto que es conocedor a cabalidad de su institución u organización.

Por otra parte, cuando el directivo se convierte en líder de su organización o institución educativa y se interesa en mejorarla en todos los aspectos, está aplicando el modelo de liderazgo directivo transformacional, el cual se concibe como el que se visiona hacia el futuro, lo que conlleva hacia una organización que está presta a aprender, cambiar y adaptarse en forma permanente, utilizando y haciendo frente a las nuevas tecnologías, atendiendo las necesidades y expectativas de la comunidad educativa, quienes son los que reciben el servicio educativo.

En ese orden de ideas Bernal Agudo (2001), afirma que “el liderazgo transformacional implica el incremento de las capacidades de los miembros de la organización para resolver individual o colectivamente los diferentes problemas y lo que entiendo como toma de decisiones. El liderazgo transformacional es pues la cultura del cambio, el agente transformacional de su cultura organizativa”.

Ese liderazgo transformacional, es a la vez un gestor educativo, que propende a la vez por generar un cambio entre sus colaboradores, convirtiéndolos a la vez en líderes de la tarea educativa que llevan a cabo. Este líder además, se le exige que sea visionario para conducir a la organización con eficiencia y calidad, a la vez que sea incluyente, especialmente cuando se trata con niños y jóvenes con necesidades educativas especiales.

31

1.3 INCLUSIÓN

Desde “hace unos años se percibe y se impulsa un cambio de perspectiva en la educación de los alumnos con N.E.E., cambio que ha tenido en la UNESCO uno de sus principales garantes, como ha quedado demostrado en los resultados de la Conferencia Mundial llevada a cabo en esta misma ciudad en Junio de 1994 (UNESCO, 1994).

La UNESCO (1994)”ha impulsado para mejorar la formación del profesorado (tanto permanente como inicial), y en tanto que se considera que esa es la vía privilegiada --la formación--, para ayudar a aquel a revisar sus ideas y sus prácticas con respecto a cómo responder a las necesidades especiales en el contexto de una enseñanza atenta a la diversidad”.

Para Fernández (2003), la Educación Inclusiva, como su nombre lo dice promueve que no haya rechazo a ningún niño en el sistema educativo, por lo que se requiere que cada país en su diseño escolar sea capaz de adaptarse a las necesidades de todos los infantes, porque ese interactuar favorece el proceso de enseñanza aprendizaje.

En ese orden de ideas, Arnáiz (2005: 43) aduce que “lo verdaderamente importante es que impregnen y cambien los pensamientos y actitudes y se traduzcan en nuevos planteamientos de solidaridad, de tolerancia y en nuevas prácticas educativas que traigan consigo una nueva forma de enfrentarse a la pluralidad y a la multiculturalidad del alumnado”. Es por ello que la escuela inclusiva, debe aceptar a todos los alumnos, sin importar, que unos tengan limitaciones en su proceso de aprendizaje, porque desde el punto de vista psicológico hay que acogerlos, aceptarlos y apoyarlos.

32 El mismo autor, reitera que “se respetan las capacidades de cada alumno y se considera que cada persona es un miembro valioso que puede desarrollar distintas habilidades y desempeñar diferentes funciones para apoyar a los otros” (3). De esta manera, ninguno de los estudiantes es sometido a rechazo, porque se busca rescatar lo positivo de cada uno, por encima de sus dificultades, enriqueciendo así la autoestima de los niños y logrando una mayor satisfacción.

Es por ello, que para Meléndez (2006), “desde una perspectiva pedagógica la Educación Inclusiva se fundamenta en el enfoque constructivista, desafiando las prácticas pedagógicas tradicionales de la educación y asegurando que los estudiantes tengan acceso a un aprendizaje significativo”. Esta inclusión, amerita que la educación sea de calidad y accesible a ella, sin distinciones, brindando las oportunidades por igual a través de la diversificación para un mejor aprovechamiento.

Así mismo, Arnaiz (2005: 57) señala que “si queremos que las escuelas sean inclusivas, es decir, para todos, es imprescindible que los sistemas educativos aseguren que todos los alumnos tengan acceso a un aprendizaje significativo”. En este caso, el enfoque constructivista como su nombre lo expresa, el aprendizaje conlleva a la construcción de conocimientos, donde lo que ya sabía (esquemas previos) el estudiante lo conecta con lo nuevo o reciente, generando una propia construcción gracias a su comportamiento, que permanece en producción constante.

En ese orden de ideas, las instituciones educativas u organizaciones al asumir la inclusividad, apoyados en la diversidad, le dan relevancia a la heterogeneidad grupal y asumen la organización de los procesos de enseñanza aprendizaje Según Fernández (2003) “éstas deben reunir una serie de condiciones hacia las cuales es necesario avanzar progresivamente considerando este principio como un elemento que enriquece el desarrollo personal y social, como un proyecto

33 educativo de toda la escuela que pretende implementar un currículo susceptible de ser adaptado a las diferentes capacidades, motivaciones, ritmos y estilos de aprendizaje de los alumnos”.

Así mismo, es importante utilizar metodologías y estrategias que den respuestas a la diversidad en el aula, utilizando criterios y procedimientos que sean flexibles al evaluar y promocionar disponiendo siempre servicios que los apoyen y asesoren hacia la globalización de la escuela o institución. Esas escuelas inclusivas, ameritan que se den respuestas educativas adecuadas a los alumnos respecto a sus necesidades, con propuestas didácticas que se orienten hacia las características heterogéneas de la población educativa, sin dejar de lado la interacción entre los miembros de la comunidad educativa, el uso de los recursos, el nivel de coordinación necesario y las prácticas educativas.

.

Es por ello, que los participantes del enfoque citado, “aprenden más y mejor cuando se emplean técnicas de aprendizaje colaborativo, ya que éstas incitan a la participación activa de su propio proceso de aprendizaje” (Barkley, Cross y Howell, 2007). El enfoque de la referencia, genera condiciones positivas de confianza en cada estudiante a la vez que propicia estímulos a la interacción social entre el grupo heterogéneo. Así mismo, permite que los alumnos enriquezcan valores como la responsabilidad, tolerancia, respeto y solidaridad, fortaleciendo la inclusión cultural. En esa población heterogénea incluyente, exige la aplicación de modelos apoyados en la diversidad, para favorecer el proceso de enseñanza aprendizaje, donde el respeto y la potenciación de dichas prácticas son esenciales.

En ese orden de ideas, García (2003), afirma que “el enfoque inclusivo pretende promover un profesional para la inclusión educativa o social, con claridad conceptual y práctica en cuanto a las actitudes, fundamentadas en los principios de la diversidad e inclusión; en el conocimiento del desarrollo de las personas con

34 necesidades educativas específicas asociadas a la discapacidad, al medio ambiente o con capacidades y aptitudes particulares”.

La exigencia propuesta con anterioridad, amerita que el profesional seleccionado que promueva la inclusión, debe conocer la realidad en detalle de los miembros de la Comunidad Educativa y del entorno, donde se encuentra ubicada la institución u organización, a la vez que requiere ser hábil y conocedor de estrategias de intervención socioeducativa o psicopedagógica, que de la misma manera diseñe, adapte y evalúe los programas y/o estrategias que se vayan a implementar apoyado en técnicas hacia el individuo y comunidad, de diferente orden.