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Verdades eternas

In document René Descartes [Gredos] (página 30-39)

Descartes dejó interrumpido este primer proyecto cartesiano de re­ fundación, razón por la cual tanto las

Reglas

como la

Investigación de

la verdad

quedaron inacabadas e inició un nuevo proyecto que puede calificarse como de filosofía primera o metafísica, cuyo núcleo es el establecimiento del fundamento de la verdad, tal como explica a Mer­ senne en las canas de 1630. En la del 1 5 de abril de este año le da la razón de por qué ha cambiado de proyecto:

Mientras trabajaba (en el antiguo proyecto) adquirí un mayor conoci­ miento del que tenía al comenzar, y queriéndome acomodar a él, me vi obligado a hacer un nuevo proyecro, mayor que el primero, de la misma forma que si alguien habiendo comenzado un edificio para habitarlo, adquiriera riquezas que no había esperado y cambiara de condición, de suerte que el edificio comenzado fuera demasiado pequeño para él, no J ' Investigación dt! (a v�rdad, pág. 93·

R�ni D�scarus, la constitución de la modernidad XXXI se le reprocharía si se le viera recomenzar otro más conveniente a su fortuna .J.!

El nuevo proyecto cartesiano se mantiene dentro de su proyecto ini­ cial de investigación de la verdad, pero agrandado al plantear esa investigación de la verdad a partir de los fundamentos, lo que impli­ ca un planteamiento metafísico más amplio que el primer plantea­ miento metódico de las

Reglas

y la

Investigación de la verdad,

como dice en otro pasaje de la cana: «No dejaría de tocar en una física muchas cuestiones metafísicas y particularmente ésta: que las verda­ des matemáticas, que usted llama eternas, han sido establecidas por Dios y dependen enteramente de él, lo mismo que todo el resto de las criaturas ... .!�

La doctrina de la creación de las verdades eternas abre el nuevo proyecto metafísico, como reconocen algunos de los intérpretes de Descartes.15 Tal proyecto metafísico «Se cumple de hecho como un abandono del proyecto de la

mathesis zmiversalis

en beneficio de éste, asumido como definitivo, de una filosofía primera».36

Algunos intérpretes defienden que lo que Descartes denomina verdades eternas, que han sido creadas por Dios, son el fundamento último de todo conocimiento, fundamento que por tanto se encuentra en Dios mismo. Dios crea las verdades eternas y éstas fundan las ver­ dades matemáticas, que a su vez fundan las verdades físicas. Esta in­ terpretación se basa en la concepción de que el pensamiento metafísico de Descartes es el núcleo de su filosofía. Ésta es la tesis tanto de Fer­ dinand Alquié como de Jean-Luc Marion,Ji intérpretes de Descartes.

Como escribe Genevieve Rodis-Lewis, la relación entre la ciencia y la metafísica constituye el núcleo central de las discusiones acerca de la interpretación de la filosofía de Descarres.38 Siguiendo la tesis de los que defienden que el pensamiento metafísico es el núcleo de la filo­ sofía de Descartes, vamos a analizar la formación y la lenta madura­ ción del nuevo proyecto filosófico.

B Oetwres d� Descartes. Correspondana, carta a Mersenne del 15 de abril de 1 630, vol. 1, págs. 1 37-138.

3� Loe. cit.

35 J. L. Marion, Sur la rhiologit: blanch� d� Descartes, París, PUF, 198 1 , págs. 3 1 0-3 1 1 .

.!6 G. Olivo, 200'), pág. 1 69 .

.!i J . L. Marion, Sur la rhiologi� blanche de Descartes, op. cit . .!8 G. Rodis-Lewis, 197 1 b, 1, págs. 8-9.

XXX I I Eswdio introductorio

La

formación del sistema ca11esiano

y

su lectura del mundo

En el nuevo proyecto cartesiano de filosofía es fundamental el papel de la mente, que Descartes entiende como una potencia capaz de construir la realidad del mundo en su camino de salida a las cosas, camino que es distinto del de la salida de la caverna platónica y tam­ bién del papel que la memoria desempeñara en la filosofía de san Agustín. Descartes está invirtiendo los modos antiguos de hacer filo­ sofía y está abriendo un nuevo camino a la metafísica, que puede ca­ l ificarse como el camino específico de la modernidad, en la que la metafísica deja de ser la ciencia del ser en cuanto ser y se transforma en la ciencia fundamentadora de la física, o sea, en fi losofía primera. No se trata de ir más allá de la física, como pensab:i;Aristóteles, sino de fundamentar la física como ciencia, y para ello va· a considerar la veracidad incuestionable de Dios como el fundamento para llegar con seguridad al conocimiento del mundo construyendo una ciencia física capaz de desvelar los secretos de las cosas y del mundo. «Des­ cartes salla, pues, del islote solitario de su conciencia de ser pensante a la existencia de Dios; y de la mano garante de este, que no puede ser falaz, desciende al mundo exterior, para hacer posible su conocimien­ to. Necesita un alto fiador que garantice la relación entre su yo pen· sante y el mundo circundante.»39 El camino cartesiano de la filosofía es un camino de salida al mundo, pero para quedarse en el mundo y dar razón de él con seguridad, a partir_del fundamento de la verdad.

El Mundo

No es casual, escribe Eugenio Garín, que

El Mundo

se abra con un capí­ tulo en el que se demuestra la diferencia entre nuestras sensaciones y las cosas que las producen. Las sensaciones son como las palabras que «tie­ nen un significado sólo por una convención establecida entre los hom­ bres», y no obstante «SOn suficientes para hacernos concebir cosas con las que no tienen semejanza alguna».�0 En esta obra se pregunta Descartes:

¿ Por qué la naturaleza no habría podido, también ella, establecer un cierto signo capaz de suscitar en nosotros la sensación {sentiment} de la luz, en tanto que aquel signo no tiene en sí nada semejante a esta sensa- 3'1 B. García-Hernández, 1997, pág. 7 1 .

Reni Descartes, la constifllción de la modernidad XXXIII

ción? ¿ No es exacto, de esta manera, que la naturaleza ha establecido la risa y las lágrimas, como signos capaces de hacernos leer en el rostro de los hombres la alegría y la tristeza? [ ... ] Igualmente actúa nuestro espíri­ tu {notre esprit} para representarnos la idea de la luz, cada vez que la acción que la representa estimula nuestro ojo. [ ... ] Fuera de nuestro pen­

samiento no hay nada que sea semejante a las ideas que nosotros conce­ bimos sobre las cosquillas y el dolor. [ ... ] Sin embargo, no he referido estos ejemplos para inducirle absolutamente a creer que es una la luz en los objetos y otra en nuestros ojos; sólo quería hacerle dudar, y de esta forma, libre de la convicción contraria, para que ahora pueda examinar mejor conmigo lo que existe cfectivamenteY

En estas palabras de Descartes aparece claramente planteado el nue­ vo proyecto cartesiano de investigación de la verdad al que nos hemos referido anteriormente: un proyecto que intenta descubrir y explicar «el orden que Dios ha imprimido en la faz de su obra, que nosotros llamamos comúnmente la naturaleza•• y que tiene que ver con su teoría de las verdades eternas.

La teoría de las verdades eternas hay que situarla dentro del tema general de la percepción. Ésta se plantea asumiendo como su eje cen­ tral la diferencia entre lo que el espíritu percibe (subjetividad de la percepción) y la realidad de la cosa. Esta no semejanza entre la cosa y su percepción está indicada por Descartes en distintos lugares de su obra, y podemos destacar uno de la

Dióptrica:

«No es necesario supo­ ner que fluya cosa alguna material desde los objetos hasta nuestro ojos para hacernos ver los colores y la luz ni que haya nada en estos objetos que sea semejante a las ideas o sentimientos que de ellos tenemos»Y La esencia de la percepción se basa en la desemejanza entre las cosas y la percepción, y de ahí que Descartes insista en que no debe confundirse la sensación con las figuras verdaderas de los objetos que se nos hacen presentes en la sensación: figuras verdaderas que se sitúan fuera del espíritu, en las cosas mismas y que son el ele­ mento común a toda sensación: «el concepto de la figura es tan co­ mún y simple que está implicado en toda cosa sensiblen,H y <<nada cae más fácilmente bajo los sentidos que la figura, pues se toca y se ve».-H

4' Oeuvres de Dt:Scartt:s. l...t' Monde, vol. XI, págs. 3-6. 4> Dióptrica, 1981, pág. 62.

43 Reglas, pág. 36. 44 Loe. cit.

XXXIV Estudio introductorio

Así pues, la figura eJe la percepción desempeña un papel epistemoló­ gico fundamental que hay que analizar. Su relevancia ha de atribuir­ se a su peculiaridad de concepto común y simple, que es lo que le permite ejercer una función de inteligibilidad a la que está sometida todo lo sensible. La función fundamental de la figura no es una fun­ ción representativa, sino hermenéutica, ya que es la que hace que el alma sienta que siente, como se desprende del siguiente texto: La fi­ gura nda ocasión al alma de sentir el movimiento, la magnitud, la distancia, los colores, los sentidos, los olores, y otras tales cualidades».H Esta función hermenéutica la ejerce la figura gracias a dos operaciones: la abstracción y la transcripción. Detrás de cada cualidad hay un sustra­ to radical que no es otro que la extensión y que es el que se hace pre­ sente en la figura, la cual ayuda al alma a comprender todo lo sensible con la ayuda de la imaginación y gracias a la transferencia: «Las cues­ tiones perfectamente determinadas apenas contienen al

gu

na dificultad, fuera de la que consiste en reducir las proporciones a igualdades; y todo aquello en que precisamente se encuentra tal dificultad, puede fácil­ mente y debe ser separado de todo otro objeto, y luego ser referido a la extensión y las figuras».46 Y dicha transferencia se cumple gracias a la analogía, entendida como relación de relaciones en el sentido aristo­ télico del término y alejada de las concepciones teológicas de la analogía tal como ésta se interpretó en la Edad Media y fundamentalmente en las discusiones filosóficas de santo Tomás a Francisco Suárez.�7

Descartes entiende la analogía como un caso particular de la me­ táfora interpretada como transposición de nombres, y por eso vemos que la función de la analogía es la transferencia del sentido a la ex­ tensión y a las figuras, transferencia que Descartes aplica de modo eminente a las figuras de la geometría: «Después de estas observa­ ciones se colige fácilmente que es preciso abstraer las proposiciones, no menos de las figuras mismas de que tratan los geómetras, si es cuestión de ellas, que de cualquier otra materia».4H Así pues, la teo­ ría cartesiana de la figuración es la que cumple la función de la transposición dentro de su teoría de la percepción. Y esa función de 45 Oettvres de Dt>scartes. ú Mondt>, vol. x r , pág. 176. Se: trata del capítulo que fue publicado con el título de « De homine».

46

Rq;las, pág. 53·

47 J. L. Marion, Sur la thiologie blancht> de Descartes, op. cit. Marion interpreta el tema de la analogía y su evolución hasta Descartes, relacionándolo con las ver­ dades eternas.

Reni Descartes, la constitución de la modernidad XXXV transpostc!On es la que produce la inteligibilidad de lo percibido. Nuestra actividad conocedora no se ejerce siguiendo la línea de la semejanza, sino siguiendo un proceso que puede caracterizarse como proceso metaforizador, en el que la cosa adopta una figura que la hace presente al espíritu directamente, sin intermediarios. Descartes interpreta el conocimiento como un trabajo de transposición de los movimientós que capta el cerebro: «Son los movimientos en virtud de los cuales se forma la imagen los que actuando de forma inmediata sobre nuestra alma, en tanto que está unida al cuerpo, han sido insti­ tuidos por la naturaleza para generar en ella tales sentimientos».�9

Nuestras ideas y nuestros sentimientos sobre las cosas no se for­ man de acuerdo con una teoría de la semejanza, sino basados en una desemejanza profunda entre las cosas y nuestras ideas y sentimientos. N uestro conocimiento del mundo no es una copia del mundo, sino la fabulación de un mundo nuevo deducida de la observación de los efectos sensibles a partir de una figura inteligible. De manera que Descartes afirma en

Los principios

que «todas las cosas que son artifi­ ciales son en el fondo naturalesn,>0 y toma como ejemplo las leyes de la perspectiva y su aplicación por los pintores que

representan los círculos mediante elipses y no por otros círculos; los cua­ drados mediante rombos y no por otros cuadrados y así con otras figuras, de suerte que frecuentemente para ser más perfectos en tanto que imá­ genes y representar más perfectamente un objeto, deben ser desemejan­ tes con él. <Dióptrica, tv, págs. 83-84.)

Podemos afirmar que Descartes comprende la desfiguración como un medio para la transmistón de sentido y la compara con el proceso semiótico al afirmar que los signos y las palabras «en modo alguno guardan semejanza con las cosas que significan>•.5' Esta comparación no es algo aislado en Descartes, sino que tiene que ver con un aspecto fundamental de su filosofía.

El modelo de la teoría cartesiana de la percepción es el lingüístico, en el que la relación entre los signos y las cosas a las que los signos se refieren no es una relación de semejanza. Al principio de

El Mundo

lo dice claramente: «Vosotros sabéis bien que las palabras, no tenien-

�9 Dióptrica, 1 98 1 , págs. g6-g¡.

;o Los principios de la filosofía, 1 995, págs. 409-4 1 0. >• Dióptrica, 1 98 1 , pág. 83.

XXXVI Estudio mtroductorio

do ninguna semejanza con las cosas que significan, no por eso dejan de permiti rnos concebirlas»Y Para Descartes el signi ficado de las palabras es lo que el signo «posibilita concebir» a la mente: la idea o el sentimiento que su sonido o su figura engendran en nosotros. Éste es el modelo que Descartes aplica a su teoría de la percepción, atribu­ yendo a la naturaleza la misma función. Los movimientos de la natu­ raleza, de modo semejante a los signos, son capaces de engendrar en nuestra mente un conocimiento sirviéndose de la información que nos transmiten. El «gran libro del mundo>> está compuesto de signos capaces de engendrar en nuestra mente conocimiento. La naturaleza dispone de un código que engendra en nuestra mente su inteligibili­ dad, y esto ocurre gracias a su poder para interpretar la desemejanza. La ciencia de la naturaleza no surge de la semejanza, sino de la capa­ cidad de la mente para interpretar la desemejanza;'Me su capacidad fabuladora. De m :1 n cr:� que puede afirmarse que pad Descartes una forma de conocer es fabular, y esto es lo que él aplica a su interpreta­ ción del mundo, de modo similar a como aplicará su teoría de la certeza al conocimiento metafísico.

La fabulación del mundo nos permite pensar distintos mundos posibles, pero la racionalidad de cualquiera de ellos depende de «cier­ tas leyes que Dios ha establecido en la naturaleza» y que son las que definen el horizonte de racionalidad de todos los mundos posibles. Esto lo afirma en distintos textos, y uno de ellos es el que dice que «SÍ

Dios hubiera creado muchos mundos, ellas (las verdades eternas) se­ rían en todos tan verdaderas como en �ste,,.51 Descartes habla, pues, de « verdades eternas», a propósito de las cuales escribe: «Además de las tres leyes que yo he explicado, no necesito suponer otras, sino aquellas que siguen infaliblemente de estas verdades eternas sobre las que los matemáticos han acostumbrado apoyar sus demostraciones más ciertas».;.; Este texto de El Mundo establece una equivalencia ri­ gurosa entre leyes de la naturaleza y verdades eternas, y son éstas las que nos enseñan que Dios ha creado todo «según número, peso y medida», que sería el código que opera en la naturaleza y que no es otro que el orden y medida a que se refiere la

matlzesis universaliJ.

La filosofía y la ciencia cartesiana acerca del mundo no pretenden describirlo tal como aparece a nuestros sentidos, sino explicarlo teóri-

P Oeuvrt:s dt: Desca1Us. u Monde, vol. XI, pág. 4· 5J /bid., pág. 4í·

Rmé Descartes, la constitución de la modemidad XXXV I I camente, y esto lo hace a través de la fábu la, acerca de la que Descar­ tes añade: «a través de la cual la verdad no dejará de aparecer su­ ficiememente».>5 Es la fábula la que se pone, de forma simétrica, en comparación con el relato bíblico; éste, histórico, verdadera historia del «mundo verdadero»; aquélla, fabulosa construcción a priori de un mundo racional, matemáticamente estructurado. Es el mismo Descartes el que nos lo dice con claridad:

Dejad sobrepasar por un instante a vuestro pensamiento los límites de este mundo, para que se acerque a contemplar otro completamente nuevo, que en su presencia haré nacer en los espacios imaginarios. Los filósofos nos dicen que estos espacios son infinitos, y en esto debemos creerles, porque son ellos mismos quienes los han hecho. Mas para que la infinitud de estos espacios no nos d¿ fastidio alguno, no intentamos llegar hasta sus límites. Sólo nos limitamos a adentrarnos en ella hasta perder de vista todas las criaturas que Dios creó hace cinco o seis mil años;

y

después de habernos detenido en un punto determinado, suponemos que Dios crea nuevamen­ te en nuestro entorno tanta materia que nuestra ima

gi

nación. por cual­ quier lado que se extienda, no pueda ya percibir lugar alguno que esté vacío. (Oeuvres de Descartes. Le Monde, vol. XI, pág. 3 1 y sigs.)

Estamos ante uno de los temas más relevantes de la nueva filosofía cartesiana: el de los infinitos mundos posibles. Esta noción de mun­ dos posibles rompe con la concepción antigua del cosmos y nos sitúa de lleno en la modernidad. La teoría cartesiana imagina ahora u no de esos mundos posibles.

De forma que, desde el primer instante de la creación, algunas partes comienzan a moverse por un lado, orras por otro, unas más velozmen­ te, otras más lemamente (o también, si así lo preferís, están completa­ mente faltas de movimiento), y desde aquel instante continúan su mo­ vimiento según las leyes ordinarias de la naturaleza. En efecto, Dios ha establecido estas leyes de forma tan maraviHosa que aunque supusiése­ mos que no creó lo que he dicho, y que él no puso orden ni proporción alguna, sino que compuso el caos más confuso e intrincado que los poetas puedan describir; tales leyes, sin embargo, son suficientes, para hacer que las varias partes de este caos se reordenen por sí mismas y se dispongan en tan buen orden que sea capaz de asumir la forma de un

XXXV I I I Estudzo inti'Odttctorlo

mundo perfectísimo en el cual se podrá ver no sólo la luz, sino también todas las otras cosas, generales y particulares, que aparecen en este Mundo verdadero. (Oeuvres de Descartes. Le Monde, vol. XI, pág. 35.) «Aquí es donde Descartes opone claramente su mundo, que se ha venido formando sólo en base al funcionamiento regular de las leyes, obedeciendo a la

gran Mecánica,

clara y evidente, tanto al mundo de los "filósofos" (escolásticos), que "son tan sutiles como para conseguir encontrar dificultades también en las cosas extremadamente claras", como al mundo "histórico" que los teólogos encuentran en el Géne­

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