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1.6.2 Vestido y accesorios como forma de etiquetación

In document DISSERTATION / DOCTORAL THESIS (página 58-62)

Gracias al vestido J.S. logra perfilar a sus personajes con mayor exactitud. El por qué, se sirve de unas prendas determinadas y no de otras supone también la diferencia en los comportamientos de los personajes o, al menos, un elemento definitorio de sus intenciones o particularidades. Símbolo pues de quiénes son ellos, pues los define. Tanto es así que sus

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vestimentas y los accesorios que los acompañan reflejan como un espejo la circunstancia social en la que se enmarcan. “Botas altas, cazadoras de cuero / con chapas de Sex Pistols y los Who” (Jyp, 85), canta Sabina para asociar cierta estética con la delincuencia de la banda del Kung Fu. No muy distante se nos antoja la indumentaria de la banda de rock:

Coca, birra y sexo

cresta de almidón, chupa con clavos.

Eran cuatro mendas de una intensidad provocadora,

gritándole al mundo “por fin ha llegado nuestra hora”. (Htg, 88)

Efectivamente, se trata aquí de marcar el aspecto intenso de las pretensiones sociales de los integrantes de ambos ejemplos. La figura de El Jaro15 como delincuente juvenil venido de la precariedad con altas necesidades de reconocimiento social queda inmortalizada en su indumentaria “macarra de ceñido pantalón” (Mc, 80). No sabemos si estas figuras eligen su indumentaria o al revés, pues no hay ningún verbo que nos informe de una interactuación para con las prendas. Al contrario, en el asesino urbano de Ciudadano cero, sí vemos una intención clara por establecer su atuendo, muy consciente él de su posterior repercusión en los medios de comunicación:

Abrió la ventana rumiando que hacía falta un escarmiento. Cargó la escopeta, se puso chaqueta,

15 Delincuente común de los años ochenta al que Joaquín Sabina dedica la canción Qué demasiao (Mc,

60 pensando en las fotos. (Jyp, 85)

También en el decálogo de intenciones que representa la canción Manuel para héroes o

canallas, se muestra la clara predilección de J.S. por el lado canalla “preferir el infame pañuelo a

la corbata” (Mc, 80) y esto supone también una apuesta por el lado desesperado y no claro de la existencia fuera de las normas y la corrección social.

Las motivaciones de los personajes, procedentes de su interior, incluso de sus deseos más ocultos, salen a la luz en forma de indumentaria elegida con plena conciencia “y te fuiste a la calle, / con tacones y bolso / y Felipe el hermoso por el talle” (Rr, 84). Los tacones y el bolso cobran un brillo especial si entendemos que se trata de la primera vez que un padre de familia los lleva en público tras años de tortuosas e íntimas meditaciones. Lo mismo le sucede con su maquillaje “desde que te pintas la boca / en vez de Don Juan / te llamamos Juana la loca” (Rr, 84). Un cambio de etiqueta motivado por el atreverse a cambiar de atuendo. Pero a veces, el atuendo sí parece coincidir enteramente con el carácter de la persona a quién se refiere, llegando casi a transformarse en parte de la misma:

Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga

y la falda muy corta. (19d, 99)

Se nos habla también de las etiquetas laborales, del tiempo y las ganas de disfrutar que le provocan a Sabina los hombres con traje, símbolo para él de personas ancladas a sus quehaceres profesionales que acaban por descuidar la satisfacción conyugal dejando la puerta abierta a la sombra de la infidelidad “Nada mejor que una buen ejecutivo, / apóstol de programas intensivos, / almidonado como un traje” (Hdh, 87). Se deriva de aquí una imposibilidad por alcanzar la libertad

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personal, de liberarse, de desnudarse de toda etiqueta social sea cuál sean sus circunstancias más inmediatas.

El atuendo, el traje de ejecutivo o, como veremos a continuación, el albornoz se convierte en algo más que en meras prendas sino que son todo sistema de coordenadas bajo las que entender la existencia y la condición social, cuestiones éstas de las que resulta complicado zafarse. De este modo lo refiere Sabina cuando nos habla de la infeliz vida millonaria de Cristina Onasis “Cristina, aunque se derrita, empapadita de sudor, / no se quita el albornoz” (Mp, 90). Lo mismo le sucede a quien tiene que recurrir a su cuerpo para ganarse la vida “Llevaba medias negras, bufanda a cuadros, minifalda azul” (Mp, 90)— en medio de la desprotección social, representada por el estar al descubierto bajo la lluvia; asunto este que J.S. soluciona con la inserción de un accesorio que representa la seguridad o la salvaguarda ante el medio “yo andaba con paraguas y ella no / —“¿A dónde vamos rubia?”. —”A donde tú me lleves”. —Contestó“ (Mp, 90).

Abordando otro tipo de etiquetas sociales llegamos a una muestra particular de la condición social o, casi mejor, académica en relación a la ropa interior y el conocimiento que engendra el preocuparse por el decoro del cuerpo desnudo, es decir, el cuidado del erotismo en los momentos febriles del enamoramiento “Ahora que me doctoro en lencería” (19d: 99). Para concluir, destacar también la etiquetación de quienes no conformándose con su condición natural apuestan el cambio de aspecto como muestra de inquietud constante en busca de algo nuevo, representada aquí por el cambio artificial del color del cabello. Esta inquietud guarda un vínculo no demasiado perfilado pero sí apuntado con la sexualidad más debocada y espontánea “A las peligrosas rubias de bote / que en el relicario de sus escotes / perfumaron mi juventud“ (Ymmc, 96).

El atuendo, la vestimenta y el uso que se hace de los accesorios se revela así como un elemento de caracterización no sólo del aspecto o la apariencia de los personajes de J.S. sino

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también nos habla de sus intenciones, de su modo de pensar. Cada elemento en su aplicación a un contexto social concreto se nos revela como un símbolo propio de ese elenco social y de sus integrantes.

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