100 Colonia romana desde el 193 a. C., con el nombre de Copiae, coincidiendo con el asentamiento del dominio de Roma en el sur de la península.
101 Unos 4 y 61 Km., respectivamente, que no se pueden confirmar ya que no se conoce el emplazamiento exacto de Siris.
allí se erige una estatua de madera de la Atenea de Troya, respecto a la cual cuenta la leyenda que cerró los ojos cuan do sus suplicantes fueron arrojados por los jonios que ha bían capturado la ciudad. Éstos, en efecto, llegaron como colonizadores huyendo del dominio de los lidios y tomaron por la fuerza la ciudad, perteneciente entonces a los cones103, quienes le habían dado el nombre de Polieo. Todavía en la actualidad se muestra la estatua que cierra los ojos. Cierta mente, parece atrevido contar leyendas semejantes, hasta el punto de que no sólo se dice que los cerró entonces (al igual que se dice que en Troya se dio la vuelta ante la violación de Casandra), sino también que todavía hoy se le puede ver hacerlo. Mucho más atrevido, empero, es hacer venir de Troya tales estatuas, como sugieren algunos historia dores 104. Así, en Roma, en Lavinio, en Luceria y en la re gión de Siris se le llama «Atenea Troyana», como si hubiera sido traída desde allí. También abundan en muchos lugares relatos sobre las audacias de las troyanas y, aun siendo po sibles, parecen increíbles.
Algunos, incluso, afirm an105 que es una fundación de los rodios tanto la Sirítide como la ciudad de Síbaris que está junto aí río Traento. Antíoco106 apunta que tuvo lugar una guerra por la Sirítide entre los tarentinos y los de Tu- rios, apoyados por el estratego Cleándridas, un exilado de
m Cf. Vi I, 2.
104 El tono de crítica a la inserción de leyendas en la historiografía re cuerda a la que hace Po l ib i o, en II 16, 13-15, a Timeo, quien podría ser la fuente de los relatos que aparecen en este párrafo, como de otros que ya han sido anotados previamente,
105 La presencia rodia en la zona es indicada por Lic o f r ó n, Alej. 911- 913 y 919-929, por lo que podemos pensar en que el autor alude a Timeo.
106 FGrHist 555 F 11. El hecho relatado habría tenido lugar en tomo al 443 a. C., dado que Cleándridas participó también en la fundación de Tunos.
Lacedemonia, y que, finalmente, llegaron al compromiso de colonizarla juntos, adjudicando la colonia a los tarentinos. Posteriormente, le llamaron Heraclea, cambiando al mismo tiempo el nombre y el lugar,
is Seguidamente se encuentra Metapontio, que se encuen tra a una distancia de ciento cuarenta estadios107 desde el puerto de Heraclea. Se atribuye su fundación a hombres de Pilos108 que navegaban de regreso de Troya junto a Néstor, respecto a los cuales se dice que fueron tan prósperos en el cultivo de la tierra que depositaron en Delfos como ofrenda una cosecha de oro. Alegan como indicio de esta fundación la ceremonia del sacrificio de los Neleidas109. Desapareció, empero, destruida por los samnitas110. Al respecto, Antío co111 dice que, después de ser abandonado, este lugar fue colonizado por algunos aqueos que habían recibido este mandato de los aqueos de Síbaris y que fueron enviados por la aversión hacia los tarentinos de los aqueos, que habían si do expulsados de Laconia, con la intención de impedir que sus vecinos de Tarento cayeran sobre el territorio. Al tener la posibilidad de elegir entre dos ciudades, por un lado, Metapontio, más cerca de Tarento, (por otro, Sirítide, más lejana), los recién llegados, persuadidos por los sibaritas, se decidieron por Metapontio. En efecto, ocupando este lugar, tendrían también a mano Sirítide, en tanto que, si se inclina ban a establecerse en Sirítide, entregarían Metapontio a los
107 25,9 Km, exactos
108 En V 2, 5, una noticia que podría proceder de Timeo, les atribuye también la fundación de Pisa.
109 P o r la matanza a manos de Heracles de los once hijos de Neleo, de la que sólo se salvó Néstor; cf. Pa u s a n i a s, V II2 ,1 , y X 10,1.
no Cf. VI 1,6.
111 FGrHist 555 F 12. Es, sin duda* la version mayoritariamente acep tada, que sitúa la fundación de Metapontio, junto a la de Crotona y Cau lonia, en torno al 720 a. C.
tarentinos que estaban al lado. Tiempo después, al entrar en guerra con los tarentinos y con los enotrios del interior, al canzaron un acuerdo de reconciliación en relación con la parte del territorio que serviría de frontera entre la Italia de entonces y Yapigia. Allí se sitúa también la leyenda112 de Metaponto y la de Melanipa encadenada y su hijo Beoto. Antíoco113 cree que la ciudad de Metapontio se llamaba an teriormente Metabo y que después se alteró su nombre. En cuanto a si Melanipa no fue entregada a éste sino a Dio lo demostraría, en el primer caso, el templo del héroe Metabo y, en el segundo, el poeta Asió, al decir que a Beoto
la hermosa Melanipa le dio a luz en el palacio de D io1,4. Según esta cita, Melanipa habría sido llevada en matri monio a aquél y no a Metabo. El fundador de Metapontio fue, en opinión de Éforo115, Daulio, el tirano de Crisa, ciu dad que se encuentra en los alrededores de Delfos. Existe también esta, según la cual fue Leucipo el enviado por los aqueos para dirigir la colonización, y que, tras haber ocupa do durante un día y una noche un lugar cercano a Tarento, ya no lo restituyó, alegando durante el día a los que se lo reclamaban que él lo había solicitado y obtenido hasta la
112 E l testimonio de Di o d o r o, IV 67, 3 ss., y el reseñado gusto de Timeo por los temas legendarios nos hace pensar, de nuevo, en este histo riador como fuente del relato. Por otro lado, Melanipa encadenada es el título de una tragedia perdida de Eu r í p i d e s, lo que podría dar lugar a considerar una conexión con los mitos deí drama semejante a la observa da, supra, en la nota 98, con el mismo Eurípides.
113 FGrHist 555 F 12. En este sentido, sigue la versión atestiguada ya en Hecateo, FGrHist 1 F 84.
114 Asio d e Sa m o s, fr. 2 Ki n k e l, autor de una genealogía sobre le yendas beocias y del Peloponeso.
noche siguiente, y durante la noche, que lo tenía hasta el día siguiente.
Después vienen Tarento y Yapigia, sobre las cuales ha blaremos tras haber completado la descripción de las islas que se encuentran frente a las costas de Italia, según el pian establecido en un principio116. Ciertamente, dado que sole mos enumerar sucesivamente las islas vecinas a cada uno de los pueblos, también ahora, una vez que hemos recorrido Enotria de principio a fin, precisamente la única parte a la que los antiguos se referían como Italia117, es justo que mantengamos este mismo criterio al pasar a hablar de Sicilia y las islas de su entorno.
Ca p í t u l o 2
i Sicilia tiene una forma triangular y,
por ello, en el pasado se llamó Trinacria,
Duodécima parte: , . , ^ ^ i
Sicilia, §§1-11 cambiando posteriormente su nombre por
el de Trinada por ser más eufónico11S. Esta forma la determinan tres cabos: el cabo Pelorias que, junto al cabo Cenis y la Columna dé los Reginos, forman el estrecho de Sicilia; el cabo Paqui- no que, orientado hacia el este y bañado por el mar de Sici lia, mira hacia el Peloponeso y hacia el paso que lleva a
116 Cf. II 5, 17. 117 Cf. V 1, 1.
118 Con el nombre de Trinada aparece en Ho m., Od. ΧΠ 127, la isla en la que se encontraban los rebaños de los bueyes de Helios que devoran Odiseo y sus compañeros. Es Tue., VI 2, 2, el primer testimonio en el que, con el nombre de Trinacria, se identifica con Sicilia, si bien Estrabón habría seguido a Éf o r o (cf. FGrHist 70 F 137b). La etimología de esta acepción se basa en el griego tria- «tres»/ákra «cabo, promontorio».
Creta; el tercero es el Lilibeo, en dirección a Libia, que mi ra, al mismo tiempo, en esta dirección y hacia el poniente invernal119. En cuanto a los litorales que delimitan estos tres cabos, dos son ligeramente cóncavos, mientras que es con vexo el tercero, el que va desde el cabo Lilibeo hasta el de Pelorias, precisamente el más extenso, de unos mil sete cientos estadios, si bien Posidonio120 sugería que había que añadir veinte más. En cuanto a los otros litorales, el mayor de los dos es el que va del cabo Lilibeo al Paquino. El más corto, limítrofe con el estrecho y con Italia, y que va desde el cabo Pelorias hasta el Paquino, mide mil ciento treinta estadios121 aproximadamente. En cuanto al periplo completo de la isla, Posidonio122 opina que mide cuatro mil cuatro cientos estadios. En la Corografía123 se dan unas distan cias mayores, desglosadas en secciones más pequeñas y medidas en millas: desde eí cabo Pelorias hasta Milas, ven- ticinco, y la misma extensión desde Milas hasta Tindáride; luego, treinta más hasta Agatimo, lo mismo hasta Halesa y, otra vez, una distancia semejante hasta Cefaledio (todas ellas pequeñas villas); se sigue con dieciocho más hasta el
119 Dirección sur-suroeste. Evidentemente las fuentes antiguas erra ban en las coordenadas de la isla, a la que giraban hacia el sur en unos 45°. La s e r r e, Strabon..., pág. 150, atribuye el error, en concreto, a los geógrafos jonios del siglo v a. C.
120 FGrHist 87 F 62. El hecho de que se diga que Posidonio «añade» a otra cifra podría implicar el uso de otra fuente que, teniendo en cuenta el testimonio de Di o d o r o, V 2, 2, podría ser Timeo. En cuanto a las me didas, ambas exceden los 310 Km. reales (314,5 y 317,8 Km., respecti vamente).
121 En efecto, los 209 Km. resultantes son más o menos la cifra inter media entre la extensión de la costa (287 Km.) y el camino en línea recta.
122 FGrHist 87 F 62. Los 8 1 4 Km. resultantes quedan lejos de los 1039 reales.
123 Parece lógico que se trate de la obra del mismo A g r i p a (fr. 13 Kl o t z), mencionado en V 2, 7 y V I1, 1 1.
río Himera, que discurre por el centro de Sicilia; después, treinta y cinco hasta Panormo, treinta y dos hasta el puerto comercial de Egesta124 y restan treinta y ocho hasta el cabo Lilibeo. Después de doblar el cabo, en el litoral contiguo se encuentra Heraclio a setenta y cinco millas y a veinte el puerto comercial de Agrigento125; (después, Fintia a ventio- cho, veinte hasta Gela)126 y otros veinte hasta Camarina; después cincuenta hasta el cabo Paquino. Desde aquí, conti nuando de nuevo por el tercer lado, hay treinta y seis millas hasta Siracusa y sesenta hasta Catania; luego, treinta y tres a Tauromenio y treinta a Mesene. Por tierra, anota ciento se senta y ocho millas desde el cabo Paquino hasta el de Pelo rias y (doscientos) treinta y cinco desde Mesene hasta el cabo Lilibeo por la Vía Valeria. Algunos autores, como Éforo127, han anotado simplemente que dicho periplo com prende cinco días y cinco noches.
Posidonio, por cierto, establece la posición de la isla to mando como referencia sus climas128: hacia el norte, el cabo Pelorias; hacia el sur, el Lilibeo; hacia el este, el Paquino. No obstante, en la medida en que cada clima se define me diante la figura de un parale lo gramo, es necesario que,
124 De hecho el nombre latino era Emporium Segestanorum. 125 Con el nombre latino de Emporium Agrigentorum.
126 Sin la corrección al texto de A l y, Strabonis..., a d îoc., que sigue La se r r e, S t r a b o n pág. 151, no se entendería la distancia de 20 millas desde Agrigento hasta Camarina.
527 FGrHist 70 F 135.
128 Po s i d o n i o, FGrHist 87 F 63. incrementa el error de orientación de la isla, respecto a las fuentes más antiguas (vid., supra, n. 119), hasta 90°. En cuanto al concepto de «clima», que parte de la acepción griega homó nima, indica todavía una ubicación de los puntos cardinales tomando co mo referencia la trayectoria del sol, sin tener en cuenta los conceptos ac tuales de latitud y longitud en relación con los polos terrestres. De ahí lo confuso de la explicación.
cuando se dibuje un triángulo —en particular, uno que sea escaleno o uno, de cuyos lados ninguno sea paralelo con (algún lado) del paralelogramo— , no sea concordante con el clima por su forma oblicua. Ello empero, en relación a los climas de Sicilia, bien podría afirmarse que el cabo Pelorias, situado al sur de Italia, es el más septentrional de los tres ángulos de la isla, de manera que la línea que le une con el cabo Paquino forma un lado que apunta hacia el nordeste, digamos, mirando hacia el estrecho. Por otro lado, es nece sario tener en cuenta una ligera inclinación hacia el levante invernal129, ya que la costa se inclina en el trayecto de Cata nia hacia Siracusa y al cabo Paquino.
La distancia desde el cabo Paquino hasta la desemboca dura del Alfeo es de cuatro mil estadios130. Pero, cuando Artemidoro131 señala que hay cuatro mil seiscientos desde el cabo Paquino hasta el Ténaro y mil ciento treinta desde el Alfeo hasta (P)amiso, me parece que puede ofrecer una in formación que no concuerda con la que decía que son cuatro mil los que separan el río Alfeo del cabo Paquino.
En cuanto al lado que une el cabo Paquino con el Lili- beo (éste situado bastante más al oeste que el cabo Pelorias), podría decirse también que describe de manera pronunciada una línea oblicua desdé su punto más meridional hacia el oeste y que mira, al mismo tiempo, hacia el sureste. En un lado, está bañado por el mar de Sicilia y, en otro, por el de Libia, que se extiende desde Cartago hasta Sirte. Desde el cabo Lilibeo se da la distancia más corta hasta Libia, con
129 Dirección sureste.
130 740 Km. medidos en navegación real, frente a los 560 en línea recta. 131 Fr. 49 St ic h l e. Las medidas resultantes son, en efecto, discor dantes: 851 Km., en lugar de 800, y 209, en lugar de 165, respectiva mente. La referencia final alude a la inmediatamente anterior de 4.000 estadios, que corresponderían todavía a la información de Posidonio.
mil quinientos estadios132 hasta la región de Cartago. Se di ce 133 que en este lugar, desde un observatorio, un hombre de aguda visión informó a los de la ciudad de Lilibeo del nú mero de barcos que habían partido de Cartago. En cuanto al lado que va desde el cabo Lilibeo hasta el de Pelorias, se debe describir como una línea oblicua que se proyecta en di rección este, lado que mira hacia el noroeste y que tiene, al norte, Italia y, al oeste, el mar Tirreno y las islas de Eolo.
2 En cuanto a las ciudades, las que se encuentran en el la
do que conforma el estrecho de Sicilia son, en primer lugar, Mesene; después, Tauromenio, Catania y Siracusa. Entre Catania y Siracusa se encuentran abandonadas Naxos y Mégara134, en el lugar en el que tienen también su desembo cadura los ríos que reúnen la totalidad de sus aguas tras des cender desde el Etna y que forman bocas propicias para un puerto. Aquí se encuentra además el promontorio de Xifo- nia. Éforo135 señala que éstas fueron las primeras ciudades
132 Los 2 7 7 ,5 K m . equivalentes sobrepasan los 2 1 5 que hay hasta e l puerto de Cartago. A l respecto conservamos la cifra más apropiada que apuntaba A g r i p a , fr. 61 Kl o t z, de 1 8 0 millas (= 1 .4 4 0 estadios).
133 En opinión de La s e r r e, Strabon..., pág. 153, n. 2, la información procedería de Posidonio, aunque tendría que haber sido extraída de su tratado Sobre el Océano, ya que su Historia comienza a partir de hechos cronológicamente posteriores. El suceso en cuestión puede ser el asedio de Lilibeo, la principal base cartaginesa desde el 396, que había sido si tiado por los romanos en el 250 a. C. En este sentido, parece tratarse de la misma noticia que relata Pl in io, Hist. Nat. VII 21.
134 Respectivamente, Naxos fue destruida por Dionisio I en el 403 a. C. y Mégara, la que es conocida como Hiblea, por el tirano Gelón en el 340, si bien su abandono definitivo tuvo lugar tras ser tomada por el cón sul Marcelo en el 213, como consecuencia de haberse aliado con los car tagineses durante la Primera Guerra Púnica.
135 FGrHist 70 F 137. La s e r r e, Strabon..., pág. 228, sugiere que Éfo ro habría seguido una datación semejante a la de He l á n ic o, FGrHist 4 F 82, que situaba la Guerra de Troya en el 1136 a. C. y, por tanto, las men-
fondadas por los griegos en Sicilia, diez generaciones des pués de la Guerra de Troya, ya que, con anterioridad, sen tían temor ante los piratas tirrenos y ante la crueldad de los bárbaros que habitaban allí, hasta el punto de que ni siquiera se atrevieron a navegar para comerciar. Mas, el ateniense Teocles, llevado por los vientos hasta Sicilia pudo compro bar la escasez de población y la excelencia de sus tierras. A su regreso, no consiguió convencer a los atenienses, pero acabó haciéndose a la mar tras haber reclutado a calcideos de la vecina Eubea, a algunos jonios e incluso dorios, entre los cuales la mayoría eran megareos. Así pues, los calcideos fundaron Naxos y los dorios Mégara, la que anteriormente se llamaba Hibla. Es cierto que estas ciudades ya no existen, pero el nombre de Hibla perdura gracias a la excelente cali dad de la miel Hiblea.
En cuanto a las ciudades que se mantienen en pie en el 3
lado referido, comenzamos por Mesene, que está emplazada en un golfo del cabo Pelorias cuando se dobla de manera pronunciada hacia el este, formando una especie de axila. La distancia desde Regio es de sesenta estadios136, aunque es mucho menor desde la Columna. Su fundación corres pondió a los mesemos del Peloponeso, a partir de los cuales
se cambió el nombre, ya que antes se llamaba Zancle por lo tortuoso de la costa (en efecto, entonces se llamaba «zan- clion»137 a la curvatura), si bien, previamente, había sido objeto de una fundación por parte de los naxios próximos a Catania. Con posterioridad fue habitada por los mamertinos, una tribu de los campanios. Por su parte, los romanos la uti
cionadas fundaciones se habrían producido en tomo al 836. Sobre la fun dación de Naxos, Mégara y Siracusa, cf. Tu c íd id e s, V I 3.
136 11,1 Km.; cf. VI 1,5.
137 De acuerdo con la información de Tu c íd id e s(vid. VI 4), era una
lizaron como base de operaciones en la campaña de Sicilia contra los cartagineses138 y, tiempo después, estableció en este lugar la base de su flota Sexto Pompeyo139, en la guerra contra Augusto César, y desde aquí se puso en fuga cuando fue expulsado de la isla. Poco antes de la ciudad se ve Ca- ribdis, un profundo abismo en el paso del estrecho, hacia el cual los flujos y reflujos de las corrientes conducen fácil mente a las naves, que son engullidas en medio del torbelli no producido por un gran remolino. Los pecios de las naves que han sido absorbidas y destruidas son arrastrados hacia la costa de Tauromenio, a la que llaman Copria140 por esta particularidad.
Los mamertinos, pues; llegaron a alcanzar tal grado de poder sobre los de Mesene que la ciudad pasó a estar bajo su mando. De hecho, en general, se les suele llamar mamer tinos más que mesenios y al muy reputado vino que se pro duce en la zona, que rivaliza con los mejores vinos itálicos, no se le llama vino Mesenio sino Mamertino.
La ciudad está bastante poblada, pero todavía más Cata nia, ya que además ha acogido colonos romanos141. Tauro menio es menor que ambas. Asimismo, Catania fue fundada
138 Se trata, en efecto, de las campañas romanas llevadas a cabo du rante la I Guerra Púnica (264-241 a. C.) para evitar que Sicilia cayera bajo el control absoluto de los cartagineses, fase de la guerra relatada en detalle por Po l i b i o, I 10-12.
139 Nos encontramos ante una nueva referencia de Es t r a b ó n al en