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Capítulo III: Socialización en la escuela

3.2. La vida en el aula

Jackson (1992), en su obra La vida en las aulas, realiza una interesante mirada respecto al acontecer cotidiano que se vive en las salas de clases, y que tienen directa relación con los procesos de socialización que se desprenden de la convivencia escolar.

La escuela es un lugar donde suceden cosas diversas, donde se adquieren nuevos desafíos y destrezas. Un lugar donde se pasan largas horas de nuestras vidas en rutinas que rápidamente hacemos incuestionable de la labor diaria. En este lugar donde encontramos amigos, momentos de convivencia, alegrías y enfados, convergen aspectos que esculpen y dan forma a la vida escolar. Estos aspectos celebrados e inadvertidos que nos resultan familiares, merecen una detención y reflexión importante por parte de los educadores si queremos ahondar en comprensión de los procesos de socialización que se construyen en la escuela.

Los hechos triviales que se viven en el aula implican aspectos muy evidentes, pero no por ello carentes de importancia en los procesos de socialización de las personas, existe en las aulas una frecuencia a acontecimientos que aparecen con regularidad, el entorno escolar es uniforme y además existe una obligatoriedad de asistir diariamente a ella. Estos tres hechos que menciona Jackson, en donde el niño o niña no tiene mayor opción que acatar, inciden en la comprensión de cómo ellos y ellas sienten su experiencia escolar y la abordan.

No es menor considerar la cantidad de horas diarias, semanales, mensuales y anuales que los pequeños de 6 o 7 años permanecen en la escuela, encontrando en las aulas un ambiente que les es tan familiar como el de sus hogares.

Las aulas presentan ante los ojos y miradas de los niños/as y sus profesores un entorno físico y social constante, los mismos actores son protagonistas constantes de la dinámica escolar a lo menos en el transcurso de un año lectivo, mayor aún acontece a los grupos de estudiantes de comparten por años esta situación de convivencia. “Existe en las escuelas una intimidad social que no guarda parangón con cualquier otro lugar en nuestra sociedad”. Continua diciendo el autor, “solo en las escuelas pasan varias horas treinta o más personas literalmente codo a codo” (Jackson, 1992, p.6).

Las rutinas académicas colman gran parte de la permanencia del os pequeños en el aula, la diversidad de contenidos y asignaturas aportan al desarrollo de aptitudes y habilidades de los estudiantes, pero las formas de adquirirlas no varían mucho desde las metodologías que se suelen usar, como clases expositivas, utilización de tics, trabajos individuales o grupales, trabajos manuales, preguntas y respuestas, se mueven en un hacer cotidiano del escuchar, observar, escribir, y hablar con los matices y grados de profundización en desarrollar habilidades del nivel y principal e imperiosamente de la capacidad del profesor o profesora de innovar. Así la vida escolar transcurre prioritariamente en torno a lo académico dejando un reducido espacio para el juego y los recreos que son el elemento más atractivo de la vida escolar que declaran tener los niños y niñas de nuestro estudio de caso.

La escuela representa para los pequeños un conjunto de normas que suelen ser muy precisas y que deben obedecer, para mantener un ambiente de aula regulado y de respeto necesario para el logro de una buena convivencia escolar. Levantar la mano para opinar, permanecer en silencio cuando hay que escuchar, pedir permiso para ir al baño, mantener el espacio físico limpio, botar papeles en el basurero, no agredir al compañero/a, no decir groserías, forman parte de las normas que se establecen en el aula escolar y que frecuentemente son transgredidas por algunos estudiantes.

Jackson (1992) indica que las características de la vida escolar comprenden tres hechos vitales que hasta los más pequeños deben aprender a abordar y a los que presentan con las palabras claves masa, elogio y poder. El autor identifica en estas tres palabras las premisas que el estudiante debe elaborar para aprender a vivir en el contexto escolar.

Al hablar de masa, apela a que el niño o niña pasa a formar parte de un grupo, donde todas las actividades o la mayor parte de ellas, se conciben en torno al grupo, el niño siente que ya no es el único protagonista en este espacio de convivencia, surgen los otros, y esto se vive principalmente en las aulas de primaria, donde el egocentrismo propio de la edad dificultan aún más la integración y el sentirse parte del colectivo social al cual se enfrentan, ahora es uno más, salta del seno familiar donde muchas veces es protagonista principal y es atendido de forma inmediata frente a sus requerimientos, a un espacio social donde debe participar con un grupo de iguales, esperar su turno y aceptar lo que es mejor para todos reprimiendo en ocasiones sus intereses personales.

El elogio, Jackson conecta este concepto a la permanente acción evaluativa que surge en el contexto escolar. Estamos constantemente siendo evaluados, y el niño/a rápidamente comprende que la escuela es algo serio, donde lo importante no es sólo lo que hacemos sino lo que otros piensan de nuestra actuación. El niño aprende que el elogio se traduce en un acto compensatorio y de aprobación frente a su desempeño académico o social, y que además este elogio puede venir de sus pares, de sus profesores o de su familia. “La adaptación a la vida escolar requiere del estudiante que se acostumbre a vivir bajo la condición constante de que sus palabras y acciones sean evaluados por otro”. (Jackson, 1992, p.8)

El poder, el autor lo construye desde la concepción que realiza el estudiante en su relación con el profesor, donde éste se configura como una figura de poder, en el sentido que es él quien principalmente regular y es responsable de los acontecimientos que ocurren en el aula, las actividades, los tiempos y las libertades están condicionadas por la autoridad del profesor. Pero acá existe otro elemento que es necesario rescatar, el niño o niña también aprende mediante la interacción social entre sus pares que el poder está presente, y surge como un valor en las diferencias que los caracteriza con individuos únicos e irrepetibles. Dependiendo de cómo se sobrelleva esta condición entre pares. Siempre existen liderazgos en los grupos de convivencia escolar, estudiantes más aventajados que otros en ciertas actividades propias del grupo donde el profesor no tiene mayor participación o implicancia, estas actividades se configuran generalmente en el escenario del juego o las relaciones de amistad que construyen, el poder está representado por los alumnos o alumnas que lideran en su grupo de pares, quienes organizan el juego, quienes tienen el juguete del momento que todos quieren tener, quien

acepta o rechaza un nuevo integrante del grupo, siempre hay un líder que ejerce su poder y articula las actividades de los demás. Estos líderes se dan en forma positiva o negativa y perduran en su condición de líder, aunque parezca contradictorio, dependiendo de la evaluación y poder que ejerce el grupo sobre él.