CAPÍTULO 5. EL ASPECTO HUMORÍSTICO EN LA CARICATURA POLÍTICA
5.3 VIOLENCIA Y HUMOR, UN PIE EN LA TRAGICOMEDIA
Una de las concepciones referentes al humor de frente a hechos violentos y trágicos, suele colocarlo en una línea funcional de descarga emotiva, de desahogo; es decir, como una manera de sobrellevar las experiencias de trauma y dolor a raíz del ejercicio de la violencia.
Berger (1999b), enlista a la tragicomedia como otra forma de expresión cómica, una que esencialmente, sirve como consuelo. En ella se ubica el denominado humor negro que por lo común, gira en torno a enunciaciones sobre la muerte. No obstante:
Existe un dolor tan profundo que excluye la posibilidad de la tragicomedia. Hay horrores frente a los cuales no pueden dejar fracasar los esfuerzos de consuelo cómico más bienintencionados y de hecho no deberían emprenderse. Hay ocasiones en las que nadie puede reír o no debería hacerlo, cuando las lágrimas son demasiado amargas. Probablemente sería inútil intentar definir o enumerar dichas ocasiones con el propósito de establecer un código ético de la tragicomedia. Su definición deberá confiarse a la razón del corazón o a las aproximaciones de la misma que estén al alcance de cada persona (Berger, 1999b, p. 198).
“Está cabrón encontrarle el humor a la tragedia de violencia que vive el país” (Redacción, 2014, par. 1), fue un comentario de Patricio, caricaturista de El Chamuco, y es el título de una entrevista publicado por el portal Plumas Libres en mayo de 2014. Anexo
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una parte de esta nota que resulta relevante para la discusión:
Debido a la violencia que vive Veracruz, donde las balaceras, secuestros, levantones, desapariciones, robos a comercios, asaltos y demás se han
incrementado, “la caricatura del estado es un mapa rojo, ensangrentado, con un gobernador al frente diciendo que no pasa nada”, expresó en entrevista el caricaturista Patricio.
Y es que dijo, ante la situación desesperada que vive el país en cuanto a violencia, el humor ayuda a sortear y entender, aunque hay cosas que simplemente no tienen humor, pues son tragedias humanitarias.
“El humor es la cara civilizada de la desesperación. Nuestra situación es desesperante, y nuestra desesperación nos lleva de alguna manera al humor”. Patricio, el monero, dijo que ya que “los mexicanos somos especialistas en el humor negro”, a través de él se halla una fuga, un escaparate de la realidad llena de
violencia, de muertos, de desaparecidos, de crímenes, de violación a los derechos humanos.
Y es que el humor, refirió, “como decía Freud, también es una forma de adaptación y de sobrevivencia. El humor nos ayuda a sortear la situación y también nos ayuda a entender”.
No obstante, algunas situaciones no hayan consuelo ni con el humor, porque en ningún sentido se les pudiera encontrar cómo volverlas graciosas, lamentó. “Antes el país era todavía clasificación A, y había sucesos a los que se les
buscaba el humor, pero ahora hay cosas tan de terror, que qué humor se puede hacer, no hay humor en eso” [El resaltado es del original] (Redacción, 2014).
Boligán, caricaturista colaborador de El Chamuco, también habló al respecto en una nota de 2013 publicada en el sitio web de la radio digital Radio Nederland titulada “El poder del humor y la tinta ante la violencia en México”, y alude a lo que para él significó la incursión del humor gráfico a través de la campaña No más Sangre, como una forma de expresión popular liberada a través de los caricaturistas:
El caricaturista cubano y colaborador de el diario El Universal de México, Ángel Boligan, señaló a Radio Nederland, que la campaña tuvo una repercusión a nivel internacional en un momento muy crítico para el periodismo mexicano, y donde revistas como ‘El Chamuco’, una publicación mexicana de humor político, y que a través de sus dibujantes muy críticos en general al sistema y al gobierno mexicano y con el diseño de Alejandro Magallanes surgió esta campaña.
“Ese creo que fue un gran aporte en un momento preciso donde los caricaturistas supimos el sentir del pueblo y le dimos esa parte gráfica, donde a veces el pueblo no tiene como expresarse; tiene todo ese rencor; todo ese odio sobre lo que está
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sucediendo, y nosotros con la gráfica logramos una imagen donde se resume y puedan manifestarse utilizando nuestras caricaturas y con el logotipo que se hizo para esta campaña, como sucedió en las calles de México en diferentes marchas”, añade el caricaturista (Infante, 2013, par. 2-3).
En una nota más de 2010 publicada por CNN México, titulada “El arma de los mexicanos contra la violencia es… el humor”, se menciona:
La violencia relacionada con el narcotráfico es uno de los temas que más preocupan a los mexicanos. Sin embargo, hay quienes prefieren tomarse las cosas con humor y han reaccionado con buenas dosis de ingenio (…)
Según el profesor y doctor de psicología clínica de la UNAM José de Jesús González Núñez, "en México, la violencia, la muerte, las desgracias... lo podemos convertir en chiste y el humor tendría el sentido de expresar de alguna forma la energía psíquica, que tenga una salida menos dolorosa y sorpresiva" (…)
"Es hacerlo menos, es minimizar el dolor... se le resta importancia... No es falta de respeto, sino la intención de que mediante un chiste se convierta aquello en menos doloroso", concluyó (Muñoz, 2010, par. 1-9-12).
La caricatura política ante el monero que la crea, también podría tener algo de esa carga emotiva, de denuncia ante propias experiencias con la violencia. Un ejemplo fue el caso de Rapé, otro caricaturista colaborador de El Chamuco, quien se exilió de la ciudad de Xalapa en 2011 para residir en una dirección secreta en el DF, luego de que alguien dejara escrito “calladito” en la ventanilla de su automóvil. Días antes había dado asilo a dos periodistas amenazados de muerte y uno de ellos utilizó su auto para acudir a levantar la denuncia. Meses después de que Rapé dejara la ciudad, se anunciaba el asesinato de la periodista Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso en esta ciudad capital.
El mismo Rius también tuvo una amarga experiencia en 1969, cuando fue
secuestrado y estuvo a punto de ser asesinado frente a una fosa en las faldas del nevado de Toluca. Habría muerto de no ser por la intervención de Lázaro Cárdenas, quien intercedió por él ante el entonces presidente Díaz Ordaz (Redacción Revolución, 2014; Helguera,
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2004).
Como se observa, humor y caricatura política plantean visiones entrecruzadas sobre su utilidad. Para Schmidt (1996), la noción del humor en línea al consuelo, “reduce la capacidad de la gente para oponerse al poder al promover la desmovilización. El individuo al que solamente le queda el humor como forma de participación reduce su participación formal en la política” (p. 65). Para el mismo autor, esto conlleva a que el humor pudiera verse como una válvula de seguridad que regula la expresión popular y las tensiones sociales, evitando con ello un levantamiento frente al gobierno, pues para éste “un chiste puede ser poco placentero, pero resulta más conveniente que una revuelta” (Schmidt, 2006, p. 47).
Esta capacidad de acción del humor dentro de la caricatura política también es objeto de debate entre los caricaturistas. Sheets (2006), presenta las opiniones de diversos moneros respecto al alcance que ellos dan a su obra así como el público al que cada uno de ellos dice dirigirse. Rius tiene una visión especialmente pesimista respecto a su trabajo, pues nunca ha visto que con éste se generen cambios en la realidad y entiende que la caricatura política no es algo de interés para el gobierno. El caricaturista Naranjo menciona al respecto:
Por pensar que la caricatura puede dar soluciones están traumados caricaturistas como Rius, que me lleva casi una tercera parte más de vida como dibujante y cartonista y está totalmente desencantado de la caricatura porque con ésta nunca ha podido cambiar nada de este país (en Sheets, 2006, p. 58).
Debido a esta postura, Rius no dirige su trabajo hacia el gobierno, sino hacia un público considerado como poco letrado y sin contexto, por ello sus historietas didácticas, mientras que otros caricaturistas dirigen su obra a un público que sí está contextualizado
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sobre las situaciones de actualidad y que supone consulta regularmente los medios. Por otro lado están quienes no pretenden etiquetar lectores para sus caricaturas, mucho menos darle funciones de índole social, en lugar de ello, la ven como una pauta reflexiva sobre el tema que traten, independientemente de que el lector pertenezca o no a cierto nivel social.
Infante (2008) plantea en un párrafo lo que bien podría ser una respuesta ante la inquietud de Rius:
Thomsom y Herwison (1986) aseguran que el humor político, sea cual sea su forma de presentación, no posee el poder suficiente como para derribar a algún gobierno, cambiar una línea política o desencadenar una revolución. Y no les falta razón, pues, qué caricatura está en condiciones de declarar una guerra, echar abajo a un régimen o cambiar las estructuras del sistema. Por lo tanto, no es la fuerza fáctica la que acompaña al humor gráfico; se trata de un poder simbólico que bien puede contribuir en la construcción de una verdadera transformación en todo orden de cosas, no sólo estético o cultural, a largo plazo (Infante, 2008, p. 263).
Para el caso de El Chamuco, El Fisgón explica en entrevista para un blog su postura como monero, y el papel que tiene su trabajo para visibilizar cosas que el discurso oficial comúnmente oculta:
En La Jornada, pero sobre todo en El Chamuco, cuando sacamos una exclusiva, no es que hagamos un gran trabajo de investigación, sino que, básicamente, damos información que los grandes medios no dan, pero que son moneda corriente para los actores sociales.
Todo investigador sabe que tener una visión de conjunto de un problema y una hipótesis de trabajo facilita el análisis, la investigación y la selección de datos. Si tienes una hipótesis de trabajo, lo que haces es buscar datos que refuten o
comprueben tu hipótesis. Esto es lo que debemos hacer también los caricaturistas (en Navarrete, 2011, par. 48).
Esto pudiera ser la justificación por la cual en la segunda época de la revista decidieran incluir además de las caricaturas, un reportaje de investigación a fondo sobre temas específicos, dotando así de un segmento “serio” a la publicación, en complemento a
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su parte humorística.
No obstante como ya se ha dicho, estas interpretaciones no abarcan al fenómeno en su totalidad, son apenas algunos acercamientos que bien tienen validez, pero que no son determinantes y únicos. Con lo que se ha expuesto en las notas citadas, el discurso
predominante es el del humor como salida ante la tragedia, aunque esa visión, claro está, no es una que sea compartida por todos los caricaturistas.