4 Marco Teórico
4.2 Marco Teórico de la Educación Ambiental
4.2.2 Visión y objetivos de la Educación Ambiental
Breve semblanza de la evolución histórica de la Educación Ambiental
Para llegar a una definición de Educación Ambiental (EA) es necesario conocer brevemente del contexto en el que tuvo origen, así como su evolución.
Entre finales de la década de los 60’s y principios de la década de los 70’s del siglo XX; después de una larga historia de la humanidad donde predominó la visión antropocéntrica (el ser humano como centro de sus propias preocupaciones), comienza a presentarse un “despertar de conciencia” sobre los temas ambientales y el papel del ser humano en el deterioro de su entorno y afectación a los recursos naturales (Novo, 1998).
Influyeron publicaciones como Primavera Silenciosa en EUA (Carson, 1960) que alertaba sobre los efectos nocivos al ambiente y la salud humana provocados por el uso indiscriminado de pesticidas. Se presentaron acontecimientos de impacto nacional o regional en distintas partes del mundo como la formación del Consejo para la Educación Ambiental en el Reino Unido (1968) o la declaratoria del Año Europeo de la Conservación (1970).
En sus orígenes la Educación Ambiental era concebida con un enfoque conservacionista que proponían detener completamente la afectación de los recursos (Novo, 1998) (Guillén, 1996). Más adelante se comprende que esta visión limitaba la posibilidad de desarrollo de los países del tercer mundo (Guillén, 1996), con las consecuentes problemáticas sociales y económicas que ello conllevaría.
Posteriormente nuevos acontecimientos marcan el rumbo de la Educación Ambiental: la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano (Estocolmo, 1972) que tuvo como dos de sus resultados principales la publicación de la Declaración sobre el Medio Humano y la creación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). En el Seminario Internacional de Educación Ambiental de Belgrado (1975) surge la llamada “Carta de Belgrado”, documento reconocido internacionalmente como marco de principios para la educación ambiental; desembocando finalmente en la Conferencia Intergubernamental de Educación Ambiental de Tbilisi (URSS, 1977) considerada el acontecimiento más significativo en la historia de la Educación Ambiental (Novo, 1998).
En este punto comienza a dejarse de lado la visión conservacionista, incorporándose al análisis de la problemática ambiental las dimensiones ética, social y económica; así como la reflexión en temas como la explotación indiscriminada de los recursos naturales
y la distribución desigual de la riqueza; entre otras problemáticas intrínsecas a la cuestión ambiental (Novo, 1998).
Posteriormente con la publicación de “Nuestro Futuro Común” llamado también Informe Brutland (1987) surge el concepto de desarrollo sostenible que promueve un modelo económico-social-ambiental para la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las formas de vida de las generaciones futuras. En el Informe también se afirma que es imposible satisfacer todas las supuestas necesidades humanas, ya que existen limitaciones determinadas por la capacidad de carga de los ecosistemas.
En este momento histórico comienza a vislumbrarse que la Educación Ambiental juega un papel fundamental en el proceso de construir un modelo sostenible o sustentable de desarrollo.
En 1987 se celebró en Moscú el Congreso Internacional sobre Educación y Formación Ambiental (UNESCO/PNUMA).
La visión predominante al momento se aproxima a la que señala Guillén (1996) las líneas de acción de la Educación Ambiental son muy diversas: debe propiciar estrategias preventivas y reorientar patrones de consumo, así como promover la corresponsabilidad y la participación social.
Para 1992 tiene lugar en Río de Janeiro (Brasil) la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre de la Tierra) donde surgen la Declaración de Río y la Agenda 21, además de consensuarse la definición de desarrollo sostenible del Informe Brutland.
Noción de la Educación Ambiental
Luego de esta breve semblanza, es posible definir y comprender la concepción actual de la EA, entendiendo el proceso que llevó a la construcción de dicha visión. Para definirla se cita a Sauvé (1997a) y Goffin (1993). Ahora la EA es considerada más como una labor pedagógica-sensibilizadora donde intersectan disciplinas diversas. De acuerdo con
Sauvé (1997a) se le concibe como la dimensión de la educación contemporánea que se preocupa de optimizar la red de relaciones persona-medio ambiente y/o grupo social- medio ambiente. Se visualiza al ambiente no solo como el entorno natural afectado desde el “exterior” por el ser humano, sino en sí mismo éste es un eco-socio-sistema, que según Louis Goffin (1993), está “caracterizado por la interacción entre sus componentes biofísicos y sociales: estando los dos tipos de componentes necesariamente presentes en una cuestión llamada ambiental”.
En la Justificación del presente trabajo se señaló también que Ballard y Pandya (2003) señalan que la EA es un proceso que busca generar una conciencia e interés en relación con las cuestiones ambientales en la población, propiciar la construcción de conocimientos, actitudes, motivaciones, responsabilidades y técnicas que permitan un proceder personal y colectivo de forma respetuosa con el ambiente, y brindar propuestas de solución a los problemas actuales y prevenir los futuros.
Ahí mismo se señaló que la visión de futuro se puede relacionar con el concepto de sostenibilidad del Informe Brutland: satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras.
Más adelante en el apartado referente a la Estrategia de Educación Ambiental para la sustentabilidad en México (EEASM) se amplían estas definiciones, llevando a la noción de Educación Ambiental para la Sustentabilidad, y explicándola dentro del contexto de la propia EEASM. Es esa definición ampliada la que mejor refleja la concepción que actualmente tiene Xochitla de su labor educativa en materia ambiental.
Objetivos de la Educación Ambiental: su razón de ser.
Como se ha señalado anteriormente, el presente trabajo generará un modelo de evaluación del impacto de la EA, basado en su marco teórico y refiriéndose a un “deber ser” de la disciplina. Es necesario entonces ahondar en sus objetivos conforme al marco teórico.
En la Carta de Belgrado (1975) se establecen algunos conceptos básicos que son usados como referente en programas de EA (Novo, 1998).
Primero menciona una “meta ambiental” que señala que el fin último de la EA es “mejorar las relaciones ecológicas, incluyendo las del hombre con la naturaleza y las de los hombres entre sí.”
Ya más específicamente señala que la educación ambiental se avoca a la siguiente meta:
“Lograr que la población mundial tenga conciencia del medio ambiente y se interese por él y por sus problemas conexos y que cuente con los conocimientos, aptitudes, actitudes, motivaciones y deseos necesarios para trabajar individual y colectivamente en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales y para prevenir los que pudieran aparecer en lo sucesivo.
Define y clasifica los siguientes objetivos (se citan textuales para después comentarlos):
Conciencia: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que adquieran mayor sensibilidad y conciencia del medio ambiente en general y de los problemas conexos.
Conocimientos: Ayudar a las personas y los grupos sociales a adquirir una comprensión básica del medio ambiente en su totalidad, de los problemas conexos y de la presencia y función de la humanidad en él, lo que entraña una responsabilidad crítica.
Actitudes: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir valores sociales y un profundo interés por el medio ambiente, que les impulse a participar activamente en su protección y mejoramiento.
Aptitudes: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a adquirir las aptitudes necesarias para resolver problemas ambientales.
Capacidad de evaluación: Ayudar a las personas y los grupos sociales a evaluar las medidas y los programas de educación ambiental en función de los factores ecológicos, políticos, económicos, sociales, estéticos y educacionales.
Participación: Ayudar a las personas y a los grupos sociales a que desarrollen su sentido de responsabilidad y a que tomen conciencia de la urgente necesidad de prestar
atención a los problemas del medio ambiente, para asegurar que se adopten medidas adecuadas al respecto
Aunque ésta es tan solo una de las muchas visiones que pueden existir, se ha decidido tomarla como referencia dado que proviene de un documento internacional importante y de marcada influencia en las tendencias mundiales en EA. Además porque de lo anterior se desprenden relaciones conceptuales importantes que contribuyen con el presente trabajo. El objetivo de conciencia puede relacionarse con el fin último de la EA, que requiere del logro de los demás para ser alcanzado. Le siguen los objetivos relacionados con conocimientos, actitudes y aptitudes. Los conocimientos sientan las bases teóricas para la comprensión del ambiente y sus interrelaciones. Las actitudes emanan del cambio de valores (hacia el ambiente), que supondrían en el largo plazo cambio cultural. En seguida, las aptitudes tienen relación con las habilidades adquiridas a través de las experiencias de EA. Estos tres puntos (conocimientos, valores y habilidades) son los elementos elegidos para ser evaluados por medio del modelo que habrá de proponerse y apuntan al objetivo de conciencia (como se señala en la metodología). Se observa una relación del modelo, con estos postulados teóricos.
En el caso del objetivo de participación, se puede decir que este sería una consecuencia de la toma de conciencia que, como ya se dijo, es resultado del logro del resto de los objetivos.
Finalmente el objetivo de capacidad de evaluación, apunta a la necesidad de generar un modelo para tal fin, que como se describió en el apartado de Justificación de este trabajo, responde a un área de oportunidad marcada no solo del ejercicio educativo que se lleva a cabo en Xochitla, sino a la marco de la EA como disciplina.
Públicos de la formación y la educación ambiental
Así como es necesario definir objetivos para la EA, de tal forma que cobre sentido su quehacer, también se requiere dirigir dichos objetivos a públicos meta bien identificados, a fin de generar estrategias diferenciadas y por tanto viables de tener éxito.
Si bien en un sentido amplio los sujetos a los que se dirige la EA somos todos los actores sociales, es necesario diferenciar el alcance que persigue la disciplina en distintos niveles y sectores.
Novo (1998) diferencia entre dos grandes niveles, que a su vez se van especializando o enfocando de forma distinta.
Por un lado señala que “la educación ambiental es considerada como aquella que, de cara al gran público (general), se mueve tanto en el campo escolar como en el extraescolar, para proporcionar, en todos los niveles y a cualquier edad, unas bases de información y toma de conciencia que desemboquen en conductas activas de uso correcto del medio.” Novo señala que en este caso se tiende a girar en torno a motivaciones personalistas (el desarrollo de la conducta personal de individuos concretos), sin que esto signifique que lo ideal es dar un enfoque individual. Solamente destaca que el público al que se dirige es más general de la población, receptor de los impactos (benéficos o adversos) de la problemática ambiental. Atiende a individuos y “educa” para relacionarse de mejor manera dentro de sus grupos y entorno.
Y por otra parte “la formación ambiental es comprendida como una educación ambiental especializada en cuanto que se dirige a un grupo restringido de profesionales (ingenieros, urbanistas, economistas, etc.), los altos funcionarios y, en general, los planificadores y gestores que tienen a su cargo la elaboración de las grandes directrices políticas y la toma de decisiones.” En este caso Novo relaciona el término con el de “capacitación”, en tanto que se dirige a grupos de individuos en función de la posición que ocupan la sociedad como tomadores de decisiones (gestores, directivos, educadores, políticos, planificadores, etc.). La finalidad es capacitarlos para una actuación social de alta incidencia sobre el colectivo humano al que pertenecen, ya que sus decisiones impactan al mismo.
A partir de esta diferenciación se puede puntualizar que el modelo de evaluación se dirige a acciones de educación ambiental que permanecen en un nivel de sensibilización y dirigidas un público general (de carácter urbano, de clase media, como se describirá detalladamente más adelante) y no de formación ambiental.
Educación ambiental: una visión del mundo
Posteriormente a la Carta Belgrado (1975), la UNESCO y el PNUMA, realizaron en conjunto la convocatoria para la Conferencia Intergubernamental de Educación Ambiental, que tuvo lugar en Tbilisi (Georgia, URSS) del 14 al 26 de octubre de 1977.
Como ya se señaló anteriormente, se considera que la Conferencia de Tbilisi fue el acontecimiento más significativo en la historia de la Educación Ambiental. A partir de la Conferencia fue posible llegar a acuerdos de impacto mundial, en la definición de los criterios y directrices que habrían de marcar en gran medida el rumbo de la EA en el orbe.
La Conferencia buscó inspirar y direccionar un movimiento mundial educativo en torno a la sustentabilidad tocando los temas considerados como fundamentales para lograrla:
La educación vista como una herramienta que contribuye a resolver los problemas ambientales.
La necesidad de poner en marcha acciones a nivel nacional e internacional con miras al desarrollo de la educación ambiental.
Definición de estrategias de desarrollo de la educación ambiental a nivel nacional.
Establecimiento de una red de cooperación regional e internacional con miras a fomentar la educación ambiental respondiendo a distinta necesidades y modalidades.
Novo (1998) cita en su trabajo lo que considera la esencia de la Declaratoria que emanó de la Conferencia. Es en esas citas que se ha encontrado la visión y espíritu de la EA, que mejor empata con el quehacer de Xochitla (entidad para la cual se desarrolla el modelo de evaluación), y refleja una forma de ver el mundo y de vivir en sociedad. Se cita casi textual la reflexión de Novo:
“La EA debe impartirse a personas de todas las edades, a todos los niveles, y en el marco de la educación formal y no formal. Se estima, asimismo, que la educación ambiental debería constituir una educación permanente general que reaccionara a los cambios que se producen en un mundo en rápida evolución. Se orientaría a preparar a
los individuos y los grupos para la resolución de problemas a través de un enfoque global, de bases éticas, enraizado en una amplia base interdisciplinaria. Se entiende que la educación ambiental ha de orientarse hacia la comunidad, fomentando el sentido de responsabilidad de sus miembros, en un contexto de interdependencia entre las comunidades nacionales y de solidaridad entre todo el género humano.”