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VISITA DE MONSEÑOR MACCAR

SUS SUFRIMIENTOS

VISITA DE MONSEÑOR MACCAR

El año 1960 las cosas empeoraron para el padre Pío después de varios años de relativa calma y en los que pudo hacer mucho bien por medio de la misa y de las confesiones, a las que dedicaba muchas horas al día.

Ese año se recibieron varias cartas contra el padre Pío y su Obra de la Casa Sollievo de la Sofferenza, para la que recibía millones de liras. La peor acusación la recibió de Elvira Serritelli, una señorita sicológicamente enferma, que ya había calumniado al padre Rafael, Superior del convento, y a otro joven que vivió un tiempo en su casa y después llegó a ser fraile capuchino con el nombre de Damiano Fucci. Según los que la conocían, era una maniática sexual. Tenía celos de las tres beatas ya mencionadas y de no ser la preferida del padre Pío como hubiera deseado. Cuando llegó a su casa monseñor Terenzi, párroco del Divino 49

Amore de Roma, le hizo grabar la historia de su vida con el padre Pío, en la que contaba que durante casi diez años (1921-1930) había tenido relaciones íntimas con él y que después él las tenía con Cleonice Morcaldi.

El padre Justino, del convento del padre Pío, le creyó y la apoyó. El 9 de mayo instaló dos equipos de grabación, en la celda del padre Pío y en la hospedería, a ver si podía descubrir alguna prueba contundente contra el padre Pío. Lo apoyaba el religioso, no sacerdote, fray Masseo. La primera grabación estaba tan mal hecha que casi no se oía, pero creyeron que corroboraba su idea de la inmoralidad del padre Pío, pues decían que se escuchaba el ruido de un beso en la conversación del padre Pío con la señorita Cleonice Morcaldi. Monseñor Terenzi llevó esta grabación al Santo Oficio, donde se desencadenó una turbulencia eclesiástica.

El padre Justino, con la anuencia del Superior y el Visto Bueno del padre Buenaventura de Pavullo, definidor general, de monseñor Pietro Palazzini y de Pietro Parente, siguió grabando. En total fueron unas 37 grabaciones. También recogía los pedacitos de las cartas que el padre Pío rompía y echaba al basurero para pegarlas y ver si había algún indicio de inmoralidad80. Lo que

parece que no sucedió fue que hicieran grabaciones en el confesionario, pero en la hospedería se grabó la confesión de alguien que allí se confesó.

El padre Pellegrino, el Superior, queriendo saber qué había de cierto en toda aquella madeja manifestó: Tomé la llave de la

hospedería y me escondí en la segunda estancia desde la que podía observar todo. El padre Pío durante el coloquio con cada una de las beatas tenía apoyados los codos sobre la mesa y las palmas de las manos sobre las mejillas, escuchando atentamente y respondiendo alguna vez. Le espié tres veces en tres días distintos y siempre vi la misma escena y comprobé que su comportamiento era honesto y puro. Por eso, no continué81.

Pero el Santo Oficio, preocupado por tantas acusaciones, tomó la decisión de enviar un visitador apostólico para investigar las denuncias de inmoralidades y de los malos manejos económicos de la Casa Sollievo. Nombró para este fin a monseñor

80 Positio IV-A, p. 443.

Carlo Maccari, quien llegó a san Giovanni Rotondo el 30 de julio de 1960 y estuvo dos meses investigando, preguntando a testigos y viviendo con todos los gastos pagados en la Casa Sollievo.

Elvira Serritelli reafirmó bajo juramento las acusaciones que había grabado ya anteriormente sobre sus relaciones con el padre Pío por casi diez años. Monseñor Maccari entregó la Relación de su visita el 5 de noviembre de 1960. El resultado de su visita era negativo para el padre Pío, a pesar de tanto bien que había hecho durante los 40 años de apostolado. En su Relación, Monseñor Maccari manifiesta sus dudas sobre la conducta del padre Pío en cuanto a la obediencia de las reglas monásticas y de su reserva en cuanto a hablar con las mujeres. Recomienda sacar al señor Battisti, que era el administrador de la Obra Sollievo della

sofferenza, y establecer un grupo de personas para controlar la

correspondencia y las ofertas que se reciben. Sugiere controlar a los Grupos de oración, fundados por el padre Pío, pues considera que han sido focos de fanatismo, como el grupo de Padua.

El Santo Oficio, por decreto del 31 de enero de 1961, ordenó que estaba totalmente prohibido a sacerdotes, y con mayor razón a los obispos, ayudar en la misa al padre Pío. Que debía celebrar la misa en público a distintas horas para evitar la asistencia de mucho público. Que le estaba totalmente prohibido al padre Pío recibir mujeres en el locutorio del convento o en cualquier otro lugar, y los Superiores debían impedir cualquier acto de devoción hacia su persona.

El padre Pío aceptó todas estas normas con espíritu de obediencia sin guardar rencor para nadie. El padre Eusebio afirma que un día vio al padre Pío rezando fervorosamente y le preguntó:

¿Tiene alguna preocupación esta tarde? Y le respondió: Estoy rezando por el padre Justino82.

A Elvira Serritelli continuó tratándola con amabilidad y perdonándola. Decía: Es preciso tener caridad y rezar por ella para

que el Señor salve su alma83.

82 Positio II, p. 208.