del Estado Mayor General. Trabajaba 15 ó 16 horas diarias, con frecuencia me quedaba a pernoctar en mi despacho. No puedo decir que me puse inmediatamente al corriente de la polifacética actividad del Estado Mayor General. Todo esto no se daba de golpe y porrazo. Me prestaban gran ayuda N. Vatutin, G. Malandin, A. Vasilevski, V. Ivanov, A. Shimonáev, N. Chetverikov y otros oficiales del Estado Mayor General.
¿Con qué llegamos nosotros al comienzo de la guerra, estaba preparado el país y sus Fuerzas Armadas para hacer frente dignamente al enemigo?
La respuesta exhaustiva a esta importantísima pregunta en todo su conjunto de aspectos políticos, económicos, sociales y militares, teniendo en cuenta todos los factores objetivos y subjetivos, requiere una enorme labor de investigación. Estoy seguro de que nuestros científicos e historiadores cumplirán esta tarea.
Por mi parte, estoy dispuesto a opinar ante todo sobre el aspecto militar del asunto, reconstituyendo en la medida de mis fuerzas y capacidades el cuadro general y describiendo los acontecimientos de los zozobrosos meses y días del primer semestre de 1941.
Empecemos por lo principal, por el desarrollo de nuestra economía y nuestra industria, bases de la capacidad defensiva del país.
El tercer plan quinquenal (1938-1942) era continuación natural del segundo y del primero. Se sabe que aquellos dos quinquenios fueron sobrepasados. Si se habla de la industria, en los cuatro años del primer quinquenio se duplicó, para el segundo quinquenio fue planeado el aumento del 110%, pero prácticamente el incremento fue del 120%. El XVIII Congreso del PC(b) de la URSS confirmó el incremento de la producción industrial en cinco años en el 90%. ¿Existían motivos para considerar este plan irrealizable, incumplible? No, al contrario.
En junio de 1941 la producción global de la industria constituía ya el 86% y el movimiento de cargas por ferrocarril, el 90% del nivel previsto para fines de 1942. Se pusieron en marcha 2.900 nuevas fábricas, centrales eléctricas, minas, yacimientos y otras empresas industriales.
Si se toman las inversiones en su expresión monetaria, el plan preveía crear nuevas empresas y modernizar las viejas por la suma de 182.000 millones de rublos contra 103.000 millones en el segundo quinquenio y 39.000 millones en el tercero. Por estos datos se ve que, incluso teniendo en cuenta el encarecimiento de la construcción de los últimos años, se habían puesto en servicio más potencias de producción que en los dos quinquenios precedentes juntos.
¿Y cuál era la situación en la industria pesada y particularmente en la defensa? En el informe al XVIII Congreso del PC(b) de la URSS sobre el plan de fomento de la economía nacional se señalaba que en el curso del cumplimiento de los planes anteriores, en vista del agravamiento de la situación internacional, hubo que introducir serias enmiendas en el desarrollo de la industria pesada, aumentando sensiblemente el rumbo previsto de incremento de la industria de defensa. Según el tercer plan quinquenal, se desarrollaba con particular rapidez la industria pesada y la de defensa.
En efecto, la producción anual de toda la industria crecía en un 13 % por término medio y la de la industria de defensa, en un 39%. Varias fábricas de construcciones mecánicas y otras grandes empresas fueron pasadas a la producción de material de defensa y se desplegó la construcción de potentes fábricas especiales de guerra.
El Comité Central del Partido ayudaba a las empresas que fabricaban nuevo material bélico en el abastecimiento con materia prima deficitaria y modernas máquinas. Para que las grandes fábricas de defensa tuvieran todo lo necesario y aseguraran el cumplimiento de las tareas eran enviados allí en calidad de representantes del Comité Central expertos dirigentes del Partido, destacados especialistas. Debo decir que Stalin personalmente realizaba una gran labor con las empresas de defensa, conocía bien a decenas de directores de fábricas, representantes del Comité Central e ingenieros principales, se entrevistaba con ellos procurando con la tenacidad que lo distinguía el cumplimiento de los planes trazados. Así pues, desde el punto de vista económico era un hecho el constante y rápido desarrollo, yo diría incluso acelerado, de la industria de defensa. No hay que olvidar, que, en primer lugar, este gigantesco crecimiento se conseguía en un grado considerable a expensas de una excepcional tensión laboral de las masas. En segundo lugar, se operaba a costa del desarrollo de la industria ligera y de otras ramas que suministraban directamente a la población productos y mercancías. También es necesario tener en cuenta que el ascenso de la industria pesada se producía en condiciones de la economía de paz, en el marco de un Estado pacífico y no militarizado.
Por eso una mayor presión o escora hacia este lado habría significado el paso de los raíles del desarrollo
pacífico del país a los raíles del desarrollo de guerra y habría conducido al cambio, a la degeneración de la propia estructura de la economía nacional, a su militarización en detrimento directo de los intereses de los trabajadores.
Naturalmente, con la óptica de postguerra es fácil decir que habría que haber cargado más el acento en un tipo de armamento que en otro, pero incluso desde estas posiciones habría sido imposible desear un cambio cardinal de toda la estructura orgánica de la economía de preguerra.
Diré más. Recordando lo que también nosotros, los militares, exigíamos de la industria en los últimos meses de paz, veo que a veces no teníamos en cuenta hasta el fin las posibilidades económicas del país. Aunque desde nuestro punto de vista, llamémoslo departamental, teníamos razón.
Por ejemplo, circunstancias objetivas limitaban las proposiciones del comisario del pueblo de Defensa de ampliar la producción en serie de modernos modelos de aviones, tanques, remolcadores de artillería, camiones, medios de transmisiones y demás material bélico.
Naturalmente, en la industria de defensa había muchos defectos y dificultades de los que ya hablaremos. Debido a la enorme envergadura de la construcción se dejaba sentir escasez de mano de obra cualificada, faltaba experiencia en la asimilación de la producción de nuevo armamento y en la organización de su producción en serie. Las demandas de material bélico y armamento aumentaban impetuosamente.
Las Fuerzas Armadas eran dotadas de medios de lucha, incluyendo armamento moderno, por decisiones concretas del Gobierno. Sólo la dirección del país -y nadie más- tenía derecho a decidir cuándo y qué retirar del arsenal, qué y cuándo adoptar para armamento.
Para montar la producción en serie de un nuevo armamento existía el siguiente procedimiento. Los modelos pasaban primero las pruebas fabriles en las que tomaban parte expertos militares, luego los revisaban representantes del ejército y sólo después el Comisariado del Pueblo de Defensa daba su conclusión. El Gobierno, con participación del comisario del pueblo de Defensa, de los comisarios del pueblo de la industria de guerra y de los diseñadores principales, examinaba los nuevos modelos de armamento y material bélico presentados y tomaba la decisión definitiva sobre su producción.
Todo esto se llevaba mucho tiempo. Ocurría también que mientras se confeccionaba y probaba un nuevo modelo los diseñadores ya tenían listo otro más perfecto y, como es lógico, en este caso su adopción para el arsenal se aplazaba hasta las pruebas totales del último modelo.
A los militares les reñían con frecuencia por pedir con demasiada insistencia acelerar la adopción de talo cual modelo de armamento. Les decían: "¿Por qué tienen tanta prisa? Cuando sea necesario les colmaremos de aviones, tanques y proyectiles".
- Ahora nos riñen -respondían los militares- por exigir con insistencia, pero si estalla la guerra dirán que no exigíamos con suficiente energía.
Claro está, entonces nosotros, los jefes militares, comprendíamos que en el país existían muchos problemas primordiales y todos había que resolverlos partiendo de la gran política. Pero resultó que la gran política, cuyo dirigente era Stalin, en sus evaluaciones del peligro de guerra partía de suposiciones erróneas.
En conjunto, los enormes potenciales de producción creados durante los dos quinquenios de preguerra y especialmente en los tres años de preguerra aseguraban la base de la capacidad defensiva del país.
Desde el punto de vista militar, tenía excepcional importancia la línea del Partido al desarrollo acelerado de la industria en las regiones orientales del país, la creación de empresas dobles en varias ramas de construcciones mecánicas, de refino de petróleo y química. Así, se construían tres cuartas partes de los nuevos altos hornos, una segunda potente base petrolífera entre el Volga y el Ural, factorías siderúrgicas en Transbaikalia, en los Urales y el Amur, grandes empresas de la metalurgia no ferrosa en Asia Central, de la industria pesada en el Lejano Oriente, fábricas de montaje de automóviles, complejos de aluminio, empresas de laminado de tubo y centrales hidroeléctricas. Durante la guerra, junto con las empresas evacuadas allá, en el Este del país se creó una base industrial que aseguró la resistencia al enemigo y su derrota.
Quisiera decir varias palabras sobre las reservas materiales hechas en vísperas de la guerra. Perseguían el objetivo de asegurar el paso de la economía a los carriles de guerra y alimentar a las tropas hasta que la economía funcionase por entero para las necesidades de la guerra. De 1940 a junio de 1941 el importe total de las reservas materiales del Estado aumentó de cuatro mil millones a siete mil seiscientos millones de rublos.
Aquí estaban incluidas las reservas de potenciales industriales, combustible, materias primas, energética, metales ferrosos y no ferrosos y víveres. Estas reservas, hechas en vísperas de la guerra,
aunque eran bastante modestas, ayudaban a la economía nacional, a pesar del duro año de 1941, a adoptar rápidamente el ritmo y la envergadura necesarios para sostener con éxito la guerra.
Así pues, el pulso de la industria pesada y de defensa latía aceleradamente y en los años y meses de preguerra alcanzó el máximo grado de tensión y fuerza. En total, la vida en el país se hacía más rigurosa y más
ordenada.
En setiembre de 1939 la IV sesión extraordinaria del Soviet Supremo de la URSS aprobó la Ley de servicio militar obligatorio. En virtud de la nueva leyeran llamados al ejército los jóvenes que hubieran cumplido 19 años y, para los egresados de la escuela secundaria, los 18 años de edad. Con el fin de dominar más a la perfección el arte militar fueron aumentados los plazos de servicio en el ejército: para los mandos inferiores de las tropas terrestres y de las fuerzas aéreas de dos a tres años, para el personal de tropa de las fuerzas aéreas, así como para los soldados y mandos inferiores de las tropas de guardafronteras a cuatro años y en los buques y unidades de la marina a cinco años.
El cumplimiento del tercer plan quinquenal en conjunto y de las metas en la esfera de la industria pesada y de defensa en particular, así como la amenaza de ataque militar a la URSS requirieron aumentar la cantidad de tiempo de trabajo dedicado a la economía nacional. Por ese motivo el Presídium del Soviet Supremo de la URSS promulgó el 26 junio de 1940 el Decreto Sobre el paso a la jornada laboral de ocho horas, a la semana de siete días y sobre la prohibición de abandono voluntario de las empresas e instituciones por los obreros y empleados. Se creó un nuevo sistema de capacitación de mano de obra cualificada en escuelas de oficios, de ferrocarriles y de aprendizaje fabril que preparaban por término medio de 800.000 a 1.000.000 de obreros al año.
También entonces, a mediados de 1940, el Presídium del Soviet Supremo de la URSS promulgó el Decreto Sobre la responsabilidad por la producción de artículos de mala calidad y por la no observancia de los estándares obligatorios para las empresas industriales. Se implantaron medidas rigurosas que contribuyeron a mejorar la dirección de las empresas, se fortalecieron la disciplina, la responsabilidad y el orden.
El mecanismo estatal y la dirección de la industria también experimentaron serios cambios, se hicieron más flexibles, se suprimieron los eslabones engorrosos y la excesiva centralización. El Comisariado del Pueblo de la Industria de Defensa fue dividido en cuatro nuevos comisariados: aviación, construcciones navales, municiones y armamento; el Comisariado del Pueblo de Construcciones Mecánicas fue dividido en Comisariados del Pueblo de Construcciones Mecánicas Pesadas, Medianas y Generales.
Se crearon nuevos comisariados del pueblo (de transporte automóvil, de la construcción, etc.) que tenían relación directa con el fortalecimiento de la defensa del país. Se reestructuró la labor del Consejo Económico adjunto al Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS. Sobre su base se crearon consejos económicos para la industria de defensa, para la metalurgia, para el combustible, para las construcciones mecánicas, etc. Fueron designados presidentes de estos consejos los vicepresidentes del Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS N. Voznesenski, A. Kosiguin, V. Málishev y otros destacados hombres de Estado.
Todos estos cambios obedecían exclusivamente al acrecido volumen del trabajo y a las exigencias de prepararse para la defensa activa contra la agresión, cuya posibilidad aumentaba de mes en mes.
De acuerdo con las condiciones del momento y en relación también con la nueva Ley de servicio militar obligatorio se reorganizaron el aparato militar central y los organismos locales de administración militar. En las repúblicas autónomas, regiones y territorios se instituyeron comisariados militares y se puso en vigor el nuevo reglamento de su actividad.
En el Comisariado del Pueblo de Defensa, las cuestiones importantes, de principio, se examinaban en el Consejo Militar Central del Ejército Rojo. El presidente de este Consejo era el comisario del pueblo de Defensa y sus miembros, los vicecomisarios del pueblo y uno de los miembros del Buró Político del CC del PC(b) de la URSS. Las cuestiones de especial importancia solían resolverse en presencia de Stalin y otros miembros del Buró Político del CC del PC(b) de la URSS.
Por decisión del CC del Partido y del Gobierno soviético del 8 de marzo de 1941, se puntualizó la distribución de obligaciones en el Comisariado del Pueblo de Defensa de la URSS.
La dirección del Ejército Rojo la ejercía el comisario del pueblo de Defensa a través del Estado Mayor General, de sus suplentes y del sistema de direcciones generales y centrales. A él se le subordinaban directamente la Dirección Central de Autos Blindados y Tanques, la Dirección Administrativa, la Dirección Financiera, la Dirección de Personal y la Oficina de Inventos.
Antes de la guerra las obligaciones en el Comisariado del Pueblo de Defensa estaban distribuidas del siguiente modo:
general de ejército G. Zhúkov, vicecomisario del pueblo y jefe del Estado Mayor General: Dirección de Transmisiones, Dirección de Suministro de Combustible, Dirección Central de Defensa Antiaérea, Academia del Estado Mayor General y Academia Frunze.
Mariscal de la Unión Soviética S. Budionni, primer vicecomisario del pueblo: Dirección Central de Intendencia, Direcciones de Sanidad y Veterinaría del Ejército Rojo, Sección de Fondos Materiales.
Mariscal de la Unión Soviética G. Kulik, vicecomisario del pueblo para la artillería: Dirección Central de Artillería, Dirección de Defensa Química y Academia de Artillería.
Mariscal de la Unión Soviética B. Sháposhnikov, vicecomisario del pueblo: Dirección General de Ingenieros Militares y la Dirección de Construcción de Fortificaciones.
General de ejército K. Meretskov, vicecomisario del pueblo para la preparación combativa: la Inspección de Todas las Armas, Dirección de Establecimientos de Enseñanza Militar y la Preparación Combativa del Ejército Rojo.
Teniente general de aviación P. Richagov, vicecomisario del pueblo: Dirección General de Fuerzas Aéreas del Ejército Rojo. .
Comisario de ejército de I rango A. Zaporózhets, vicecomisario del pueblo: Dirección General de Propaganda Política del Ejército Rojo, editoriales e instituciones culturales e ilustrativas del Ejército Rojo, Academia Política Militar V. 1. Lenin, Academia Jurídica Militar y escuelas político-militares.
Quiero recordar que el Estado Mayor General del Ejército Rojo lo encabezaron a partir de 1931 A. Egórov, desde 1937 el mariscal de la Unión Soviética B. Sháposhnikov, y desde agosto de 1940 hasta febrero de 1941 el general de ejército K. Meretskov.
Veamos ahora el aspecto que tenían nuestras Fuerzas Armadas en el umbral de la guerra. Para comodidad del lector y para facilitar las deducciones será mejor que expongamos todo esto según el siguiente esquema: qué habían hecho ya el pueblo, el Partido y el Gobierno, qué pensábamos hacer en el tiempo inmediato y qué no conseguimos o no pudimos hacer. Naturalmente, todo esto a grandes rasgos, utilizando un pequeño número de datos.
Tropas de infantería. En abril de 1941 se implantó para las tropas de infantería la plantilla de tiempos de guerra. La división de infantería -unidad básica inter-arma del Ejército Rojo- comprendía tres regimientos de infantería y dos de artillería, grupos de artillería antitanque y antiaérea, batallones de batidores y zapadores, un batallón de transmisiones, unidades e instituciones de logística. Por la plantilla de tiempo de guerra la división debía tener unos 14.500 hombres, 78 cañones de campaña, 54 cañones antitanque de 45 milímetros, 12 cañones antiaéreos, 66 morteros calibre 82-120 milímetros, 16 tanques ligeros, 13 autos blindados y más de 3.000 caballos. La división al completo era una unidad de combate bastante móvil y temible.
En 1939, 1940 y primer semestre de 1941 las tropas recibieron más de 105.000 fusiles ametralladores, ametralladoras pesadas y de grueso calibre, más de 100.000 metralletas. En aquel tiempo la fabricación de armas automáticas y artillería había disminuido un poco porque los tipos anticuados eran retirados de la producción y no resultaba tan fácil montar la producción en serie de los nuevos, por su complejidad y particularidades de diseño.
A mediados de marzo de 1941, S. Timoshenko y yo pedimos permiso a Stalin para movilizar el personal de reserva de las divisiones de infantería a fin de capacitado de acuerdo con las exigencias modernas. Al principio nuestra petición fue rechazada. Se nos dijo que el llamamiento del personal de reserva en tales proporciones podía dar motivo a los alemanes para provocar la guerra. Pero a fines de marzo se decidió llamar a filas a 500.000 soldados y sargentos y enviados a las regiones militares
fronterizas para completar las unidades con el fin de elevar los efectivos de las divisiones de infantería por lo menos a 8.000 hombres.
Para no tornar a esta cuestión diré que varios días después se autorizó a movilizar a otros 300.000 hombres de la reserva para completar con especialistas las regiones fortificadas y otras armas y unidades del Ejército, la artillería de la reserva del Mando Supremo, las tropas de ingenieros, las tropas de transmisiones, la defensa antiaérea y el servicio de logística de las fuerzas aéreas. Así pues, en vísperas de la guerra el Ejército Rojo recibió complementariamente a cerca de 800.000 hombres. Se proyectaba efectuar los ejercicios del campo en mayo octubre de 1941.
Resumiendo, en vísperas de la guerra en las regiones fronterizas de las 170 divisiones y dos brigadas 19 divisiones estaban completadas con 5.000-6.000 hombres, 7 divisiones de caballería tenían por término medio
6.000 hombres, 144 divisiones tenían efectivos de 8.000 a 9.000 hombres. En las regiones del interior la mayoría de las divisiones tenían plantilla reducida y muchas divisiones de infantería sólo empezaban a formarse y comenzaban el adiestramiento de combate.
Tropas blindadas. Al hablar antes de la industria soviética del tanque, he subrayado ya el elevado ritmo de su desarrollo y la gran perfección de los modelos de carros soviéticos. En comparación con el comienzo de la década del 30 en 1938 la producción de tanques se había triplicado con creces. Ante las