Fuente: Foto de Magda Delgado (2013)
Por otra parte, respecto a la vivienda y la división del territorio comunal, podría decirse que la comunidad de Suratena conserva características importantes que la llevan a realidades heterogéneas tal como lo hacen las comunidades andinas (Lehman, 1982: 22 citado en Izko: 1986: 89), ya que posee un territorio, en el que se regula su acceso repartiendo las tierras a cada familia, pero siempre en cabeza de los hombres como dueños de estas parcelas familiares. Lo anterior, tal vez, debido a “la sesgada estructura masculina de la sociedad circundante que ha producido una propiedad oficial masculina de la tierra” (Perruchon, 1997:50).
Empero, en los casos en que existen mujeres viudas o casadas con kapunías
(Personas no indígenas), también reciben un área de tierra determinada, aproximadamente de 1 hectárea. Además se diferencia de las sociedades amazónicas en su poca autonomía y su forma de aglutinamiento, dado que prevalece un modo de producción tributario subsumido al capitalismo.
Así mismo, existen problemas de salubridad, ya que los sanitarios (3) y lavaderos (5) son comunitarios y no abastecen a una población de 400 personas38. Las duchas (3) se encuentran en mal estado y el agua debe ser cargada por niños, niñas y mujeres desde el lugar de acopio en recipientes plásticos, la cual es utilizada en la cocina y para el baño diario. La mayoría de población, hombres y mujeres se duchan delante de los demás. Hecho que no ocurría antes del desastre natural donde había una división del río por género: los hombres usaban la parte alta y las mujeres la parte baja. Este cambio en la higiene y cuidado ha permitido el descubrimiento de las semejanzas y diferencias de sus cuerpos, sobre todo por parte de los niños quienes afirman: “yo ya sé que es lo que tienen las niñas ahí escondido, las he visto en el baño” (Delgado, notas de campo, 2013).
Igualmente, el lugar de vivienda ha llevado a cambios abruptos en las prácticas culturales. Por un lado, el alejamiento de su territorio tradicional (río y selva especialmente) sometió a los hombres y mujeres a la actividad del jornaleo para obtener algún medio de sustento, enajenándolos de los usos y costumbres que siempre los había caracterizado como pueblo indígena frente a la auto sostenibilidad alimentaria, a partir de la siembra y cría de animales o pesca. Por el otro, los rituales realizados por jaibanás y médicos tradicionales sufrieron transformaciones, ya que debido a que las habitaciones son muy pequeñas no es posible invitar a la comunidad completa para adelantar sus sesiones, tal como lo hacían en su lugar de origen. Las ceremonias entonces pasan a ser privadas y no comunitarias. Rituales como el Farucá39, referido al rito de paso de niña a mujer han desaparecido debido al lugar de asentamiento y también por el alejamiento del río, fuerza espiritual primordial.
En esa misma línea, podríamos afirmar que la eliminación de la intervención ritual de los genitales femeninos también ha sido influenciada por el nuevo sitio de permanencia, ya que debido a la forma tan cercana en que están ubicadas las viviendas y los materiales de las cuales están construidas hacen que toda la comunidad pueda escuchar el llanto de la niña y especialmente los hombres se enteren de dicha práctica y empiecen a cuestionar a sus mujeres.
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Conversación con Subgobernador Comunidad indígena Suratena, sector la Cancha. Mayo 25 de 2013
Vestido
Desde los años 60 la iglesia católica ingresó con sus misioneros en la zona donde habitaban los embera, quienes condicionaron las formas de vida y costumbres de los indígenas. En el caso de los embera del resguardo Suratena también intervino el conflicto entre partidos políticos conservadores y liberales que afectó a todo el país desde mediados del siglo XX.
El vestuario es uno de los cambios más notorios de esta desarticulación cultural. “El indio debe vestirse a lo occidental porque ir desnudo es pecado y con sus ropas tradicionales es ‘cosa de animales y de salvajes’ y, además, para ir a la iglesia es necesario estar bien vestido” (Vasco, 1975:20).
Actualmente, el vestido de los hombres es muy similar al del campesino pobre de Colombia: camisa de algodón y pantalón de dril. En otras palabras, transitan de una vestimenta con diferenciación étnica a una diferencia de clase social (introducción del capitalismo), es decir, de embera a pobre. En el caso de las mujeres podemos hallar diferencias en el vestuario entre embera chamí y katio. Las mujeres katío tienen vestidos de pliegues, un poco más abajo de la rodilla y con manga larga o corta, ellas tienen especial predilección por los colores vivos (violeta, amarillo, verde, rojo, azul) (Delgado, Diario de campo, 2009).
Foto 4, 5 y 6: De izquierda a derecha: Vestido mujer embera katío, vestido mujer embera chamí y
vestido de algunas embera chamí
Fuente: Foto de Magda Delgado, 2013
Por su parte las embera chamí, etnia de la cual nos ocupamos en este escrito, prefieren utilizar faldas de colores vivos más arriba de la rodilla y camisetas de algodón, también de colores llamativos. No obstante, en la actualidad muchas de ellas utilizan pantalón jean y elementos similares a los utilizados por la sociedad occidental. Es de anotar que en el caso de las mujeres chamí el vestido se usa de acuerdo a su conveniencia. Es decir, solamente se
presentan con su vestimenta tradicional en el momento en que una institución nacional o internacional les ofrece proyectos sociales, dado que ellas siguen siendo esencializadas como las encargadas de perpetuar la cultura y por ende son estratégicas al mostrarse como las mujeres indígenas que los otros quieren ver para obtener ciertos beneficios. Estaríamos hablando de lo que Martínez (2004) denomina la “vestimenta contextual”, es decir, “puede suceder que haya algunos momentos en los que el acto de vestirse constituya un acto consciente y reflexivo” (Martínez, 2004:9).
Los niños permanecen desnudos hasta sus 2 0 3 años y las niñas desde muy pequeñas son cubiertas con camisetas o vestidos elaborados por sus madres y similares a los utilizados por las adultas. Podríamos decir que esta concepción está relacionada principalmente por el pudor que desde la infancia es asumido por las mujeres, sin embargo también se puede intuir que el miedo de las madres a que sus hijas sean observadas por hombres y personas no indígenas se relaciona con la intervención ritual de los genitales femeninos.
Salud
En este tema es evidente que las mujeres han abandonado la medicina tradicional. En la actualidad, si un niño enferma en primera instancia asisten al hospital y si es imposible la cura, recurren a su médico tradicional.
Por lo tanto, esta influencia de la medicina occidental se hace más cercana a través del enfermero indígena encargado de brindar el esquema de vacunación. No obstante, es importante recalcar que a pesar de que en la sociedad nacional exista un alto número de enfermeras, por ser supuestamente una profesión supeditada al cuidado, en el resguardo indígena siempre lo ha hecho un hombre. Lo anterior tal vez porque la subordinación hacia el varón persiste, ya que son ellos los que en la mayoría de espacios (por no decir en todos) son quienes ocupan los principales cargos. Consecuentemente, podría afirmarse frente a este caso específico que los varones siguen perfilando un rol de mando, no precisamente porque la enfermería sea un trabajo de hombres o mujeres tal como se distingue en la sociedad mestiza, donde existe una jerarquía de género, sino por la sujeción a una hegemonía masculina que sigue reafirmando una posición de superioridad.
En esa medida, paradójicamente contrario a lo expuesto acerca de la vivienda y su relación con la intervención sobre los genitales femeninos, la presencia de un enfermero y no enfermera aumenta las probabilidades de seguir realizando la práctica en las niñas recién nacidas de forma secreta a pesar de que se especifiquen normas que la prohíben. Es decir, dado que ellos actúan solamente frente a casos externos del cuerpo femenino, y no en lo que tiene que ver con su sexualidad, el parto y puerperio, es difícil que en realidad la práctica se extermine completamente.
De acuerdo con el “Diagnóstico de las primeras causas de consulta” de los indígenas pertenecientes a la EPS Pijao Salud realizado por el hospital San José (enero 1 al 31 de diciembre de 2012)40, hallamos que hay un alto porcentaje de atención de embarazos confirmados (62 casos). Este diagnóstico carece de una discriminación por edades, por lo cual puede ser muy general, pero da cuenta de un elevado número de mujeres en embarazo que permite señalar el alejamiento de la salud tradicional, dado que anteriormente era brindado por las parteras; pero también expone la manera en que las mujeres manejan su cuerpo, ya que tienen el acceso a la anticoncepción41, pero sus embarazos siguen siendo secuenciales. En otras palabras, la identidad étnica está por encima de los dispositivos del poder gubernamental para el control de la natalidad, pero también tal como lo plantea Bourdieu, “el cuerpo se muestra como portador de la posición social (…) ya que en el cuerpo se tiende a reproducir la estructura del espacio social y su trayectoria (Bourdieu, 1986 citado en Martínez, 2004:129-142), buscando así alternativas para la pervivencia de su pueblo indígena.
Estructura organizativa de las comunidades
Según Luis Guillermo Vasco (1975), no es posible fijar con certeza cuáles fueron las originales formas de organización social y parentesco de este pueblo indígena. El único dato hace referencia a la existencia de varios grupos localizados en sitios diferentes y cada uno bajo la dirección de un cacique (Vasco, 1975:21).
Respecto al liderazgo femenino embera no existe ninguna documentación. Sin embargo, en conversaciones con los líderes se comenta que las mujeres jaibanás ocupaban
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Diagnóstico consultado el 15 de mayo de 2013.
un lugar importante y de dominio42, ellas pierden su poder chamánico y se reducen notablemente convirtiéndose en muchos casos en las secretarias de sus maridos jaibanás.
Por otra parte, es importante anotar el papel de las mujeres embera en el gobierno propio, ya que hacen parte de la junta directiva a través de su comité de mujeres desde hace pocos años (2008), aspecto que es relevante pero que aún carece de apoyo total por parte de los hombres, quienes en varias ocasiones desestimulan el trabajo realizado por ellas y no las apoyan cuando desean mejorar sus condiciones de vida a través de los proyectos productivos entregados por agentes del gobierno.
En cuanto al trabajo organizativo de las mujeres no puede dejarse de lado el desarrollado por las parteras. Ellas apoyan en ciertos momentos a las mujeres embarazadas, pero no ejercen las mismas funciones de antes, dado el trabajo de los hospitales con las mujeres gestantes; por lo tanto, su papel dentro de la comunidad se ha desvanecido. Aún más, cuando se dio la prohibición de la intervención ritual sobre los genitales femeninos (2009), dado que eran ellas principalmente quienes la ejecutaban y debido a la introducción del castigo y el peso de la ley ellas han expresado su resistencia simbólica a eliminar la práctica dejando de atender los partos.
Caracterización de los hombres y mujeres embera en los escenarios: familia y comunidad
En cuanto a la familia se refiere, todo parece indicar que en sus inicios se trata de familias extensas con descendencia patrilineal y residencia patrilocal (Vasco, 1975: 5). Estos núcleos indígenas por lo general son monogámicos; no obstante, en la actualidad se ha dado la construcción de nuevos tipos de familias donde es probable la presencia de un tercero en la relación de pareja, aunque no es muy común.
Al ser la madre la encargada de enseñar las tareas del hogar, promueve en sus hijos las actividades propias de la comunidad. Por lo que es habitual ver a las niñas y niños desde muy pequeños cargando a los hermanitos menores, peinándolos o ayudando a vestirlos. De
42El subgobernador relata que en tiempos antiguos las mujeres jaibanás tenían poder y por ende el privilegio
de tocar las partes íntimas de todos los varones jóvenes asistentes a cualquier ritual. Por lo tanto, su marido debía dejar que se llevaran a cabo estos tocamientos, ya que esto permitía que las ceremonias surtieran efecto y además se pensaba que la Jaibaná estaba poseída por un espíritu (Delgado, Diario de Campo, 2013).
la misma forma, las niñas son iniciadas en las labores del hogar y preparación de alimentos, barren la casa, encienden el fogón con leña y ponen las ollas.
Un elemento que llama la atención es que al tener sus tierras alejadas de las viviendas (aproximadamente dos horas caminando), ha hecho que los niños no tengan contacto con la siembra y cosecha de productos agrícolas tan frecuentemente como en otros municipios, ya que solamente en fines de semana visitan sus chagras o tajos.