1. RESUMEN
3.10 Vivir en pareja y ser padre: impactos sobre los principios de la carrera
El Centro de Estudios e Investigaciones sobre Calificaciones (CEREQ 2007) publicó, recientemente, los resultados de una publicación científica, desarrollada en Francia, sobre los impactos en la situación profesional de la construcción de una familia. Los datos provienen de una encuesta longitudinal llamada "generación", desarrollada a nivel nacional desde el principio de los años 1990, cuya meta es analizar los principios de la trayectoria laboral de toda una generación.
El artículo se basa en la "generación 98" (los que salieron del sistema escolar en 1998), más específicamente en los 16.000 jóvenes representativos viviendo en pareja que fueron entrevistados varias veces, la última fue en 2005, o sea a su séptimo año de vida activa.
Este periodo es interesante en la medida de que la estabilización de la carrera profesional corresponde usualmente también al momento de constitución de una familia. El artículo busca demostrar que a pesar de la autonominación de las mujeres respecto a la función maternal y a una participación cada vez más continua de ellas en el mercado laboral, ser madre sigue siendo una traba a la carrera profesional.
El artículo contempla diferencias importantes según sexo. De manera general, las mujeres suelen tener un comportamiento adelantado al de los hombres respecto a la constitución de una familia. A más temprana edad, tienden a irse de la casa de sus padres, vivir en pareja y formar un hogar. Pero el hecho de tener hijos tiene consecuencias totalmente disímiles en la situación profesional según el sexo. El ser padre parece no afectar el empleo de los varones, tanto al nivel salarial como del
65 tiempo trabajo. De hecho, más del 90% de los hombres padres declaran que el nacimiento del primer y/o segundo hijo no provocó ningún cambio a nivel profesional.
Al contrario, la situación laboral de las mujeres en pareja es muy distinta según que sean madre o no y eso cualquier sea el nivel de estudio. El 20% de las mujeres que tienen varios hijos son inactivas y 10% están desempleadas mientras que dentro de las mujeres sin hijos, estas cifras llegan solamente al 3% y 8% respectivamente. Estas cifras aumentan más aún cuando el nivel educativo baja. Así, 41% de las madres que dejaron el sistema educativo sin diploma se encuentran inactivas. El tiempo trabajado está también vinculado con la composición familiar ya que cuantos más hijos tienen, menos horas suelen trabajar. Si comparamos las mujeres que estudiaron a nivel terciario durante tres años o más, 92% de las que no tienen hijos trabajan a tiempo completo. Este porcentaje se reduce al 49% cuando son madres de varios hijos. Esta situación tiene repercusiones en los ingresos percibidos, siendo menores para las madres. (CEREQ 2007)
Estas diferencias parecen directamente vinculadas al momento del nacimiento de los hijos. El 32% de las mujeres declaran que la llegada del primer hijo tuvo una o varias incidencias en su empleo. El 17% de las mujeres pasan de un tiempo completo a un tiempo parcial después del nacimiento del primer hijo y luego del segundo hijo este porcentaje es de 35%. Los cambios realizados tienden a tener consecuencias en el largo plazo. Aquí se dibujan dos categorías de madres. Por un lado, las mujeres que no modificaron - o modificaron solamente en forma provisoria - su inversión profesional cuando nacieron sus hijos, trabajan en condiciones parecidas a las mujeres sin hijos. Por otro lado, las que aceptaron una limitación, disminución, o interrupción de sus ingresos profesionales para dedicarse más a sus hijos y a las tareas domesticas se encuentran en situación de desventaja en el mercado laboral. Estas últimas suelen tener un nivel educativo inferior a la primera categoría. Las dificultades de inserción profesional de las mujeres de menor nivel de estudios tienden a reforzar los roles sociales que hombres y mujeres interiorizaron a muy temprana edad, o sea, un posicionamiento de ellas en el ámbito doméstico. (CEREQ 2007)
66 Las prioridades asignadas por mujeres y hombres refleja claramente esta interiorización de roles. Si la proporción de jóvenes que declaran privilegiar su vida fuera del trabajo es sensiblemente igual por ambos sexo cuando no tienen hijos, las jóvenes madres son muchas más en poner hincapié en la vida fuera del trabajo que los jóvenes padres. La diferencia entre los dos sexos va aumentando con el número de hijos. Desde ya en los primeros años de vida activa, las prioridades profesionales de las jóvenes madres son fuertemente ligadas a sus responsabilidades familiares. Es muy probable que, a pesar de ser el fruto de una verdadera elección, estas inclinaciones pueden ser también explicadas por la asignación de las mujeres, especialmente cuando son madres, a las tareas hogareñas.
Centrándonos en la distribución de las tareas domésticas dentro de la pareja, llegamos a una conclusión similar. En efecto, 37% de las mujeres y solamente 3% de los hombres declaran realizar habitualmente lo principal de las tareas domésticas. En la medida de que las parejas jóvenes suelen delegar poco las tareas domésticas a terceros, estas cifras demuestran la persistencia de una división sexual tradicional de los roles dentro de la pareja. Esta división puede ser ligeramente desdibujada según el capital social y escolar así como según la profesión que la mujer o su cónyuge ejerce. Cada vez que la familia se agranda, la especialización en roles tradicionales tiende a acentuarse. (CEREQ 2007)
Las relaciones entre responsabilidades domésticas y situación profesional y sus cambios con la llegada de los hijos están, a menudo, interpretadas como una opción económicamente racional que apunta a favorecer, dentro de la pareja, la carrera del hombre anticipada como teniendo más potencialidades. Sin embargo, la opción de varias madres de favorecer su vida familiar respecto a su inversión profesional contiene riesgos en caso de separación de la pareja. Sobre todo, este argumento económico no permite explicar muchas situaciones. Así un cuarto de las mujeres que trabajan tanto o más y ganan tanto o más que su pareja asume igual la mayoría de las tareas domésticas. Adentro de las parejas jóvenes, parece que se mantienen lógicas de reproducción de los roles sociales y conyugales tradicionales.
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3.11 Analfabetismo y la participación de las mujeres jóvenes y adultas en la