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La voz protestante

INTELECTUALES Y SOCIEDAD EN PUNO

2.5. Iglesias y modernidad en Puno a principios del siglo

2.5.4. La voz protestante

La zona sur del Perú ha sido una ventana abierta al mundo, entonces como ahora, albergaba corazones disconformes, veía pasar gente comprometida con las luchas sociales. Era una luz en el túnel que recibía el ingreso de revistas foráneas y de ideas provenientes de Argentina, que asumía ese anarquismo tan voluminoso proveniente del país del Plata; esa oleada de pensamiento divergente al imperante había calado hondo en las entrañas del Perú alto-andino, aunque muchas veces no avizorado por la prensa o por los políticos de nuestro país. Igualmente los movimientos religiosos habían traspasado la frontera sur, como las iglesias llamadas evangélicas o cristianas; Pilar García Jordán, nos recuerda que estas organizaciones se movilizaron dinámicamente:

Klaiber señaló que las iglesias protestantes más difundidas fueron la Metodista, que en 1900 tenía cuatro escuelas en Callao y una en Lima; la Adventista que entre 1898 a 1899 se introdujo en el Altiplano y que en 1916 había establecido cerca de diecinueve escuelas para indios en la zona del Titicaca. (1991, p.244)

Una de ellas cuajó bien en la población puneña, tanto que los lugareños la hicieron suya, asimilando su doctrina y enarbolando sus postulados de corte educacional, político y social. Era la Iglesia Adventista liderada por el pastor Fernando Stahl, quien llegó a Puno y se instaló en el barrio de La Platería, entre Chucuito y Acora. Había recorrido muchos países del continente, sus feligreses salieron de Nueva York y ya estaban fundando sedes en Buenos Aires, la central de los adventistas; también en La Paz establecieron su comunidad, así como más adelante siguieron a Mollendo, Arequipa. Rápidamente consiguieron 700 seguidores. Fundaron, además, 15 escuelas y servicios médicos; la población se acogió, rápidamente, a esta nueva forma de hacer cristianismo. Los artesanos y los campesinos asimilaron esta prédica, pues ya tenían anticuerpos frente al catolicismo, incluso en Puno existían agrupaciones de librepensadores y logias como

La Cuna de los Incas, intelectuales modernos, lectores de los ilustrados. Además de

predicar el evangelio, los adventistas mostraban rasgos de una cultura política con énfasis en la consecución de derechos y acceso a la educación, una formación académica más laborista y el ya clásico y weberiano concepto de la ética del protestante; tenían elementos de ciudadanía y de laboriosidad pragmática. En un sentido, esto asustó a muchos grandes hacendados; pero, por otro lado, llamó la atención de muchos intelectuales, empleados, librepensadores y educadores.

90 La Central Adventista llamada La Unión Incaica administraba seis misiones que comprendían las repúblicas de Ecuador, Bolivia y Perú. En Puno se ubicaba la Misión

Sur61 que se encargaba de ordenar la misión en Apurímac, Arequipa, Cusco, Madre de

Dios, Moquegua y Tacna. El maestro Encinas (1959) cuenta que los pilares de la fusión del adventismo y la escuela laica (modernidad y laborismo) en Puno, se debió a dos gigantes de la educación de esa zona, Telésforo Catacora y Francisco Chuquihuanca Ayulo, ambos ligados a la Escuela de la Perfección. Igualmente reconocía a Demetrio Peralta como el artífice de la avanzada adventista.

Muchos seguidores de los protestantes, sea de manera directa o indirecta, fueron posteriormente poetas de reconocida trayectoria, pedagogos de intenciones reformistas, políticos de tendencia des-centralista y accionar legislativo con una retórica punzante. El maestro Encinas y otros puneños más, como los jovencitos de entonces, Emilio Vásquez y los hermanos Peralta (uno de ellos, Arturo, más conocido por su seudónimo, Gamaliel Churata,62 el conocido poeta) convirtieron sus aulas, sea como maestros o como

estudiantes, en el Convictorio de Puno, versión siglo XX, así como lo fue el Convictorio de San Carlos en el siglo XVIII, un baluarte de la educación con intenciones de cambio social. En Puno, a inicios del siglo XX, una pléyade de intelectuales anticlericales, motivados por un cristianismo protestante y antipapista, formados en el paradigma moderno y liberal, guiados de proyectos educativos laicos, buscaron organizarse y conformar un movimiento político social y regionalista que irrumpió en los años iniciales del siglo XX, una promoción de pensadores que llegó a polemizar con los mitos ideológicos de entonces. Los provincianos se hacían indigenistas y conformaban una inttelligentsia, un conjunto de intelectuales con inclinaciones políticas de participar en la acción por la democracia y conquistar espacios del cuerpo legislativo, buscando la soñada inclusión en la sociedad civil; conformar, pues, una opinión pública de fuertes intenciones anti-limeñistas, anti-civilistas.

Los colportores, no se debe soslayar, fueron un factor importante en el crecimiento explosivo de los adventistas en Puno; eran muy hábiles vendedores de biblias, en acercarse a las personas, en comunicar sus prédicas de diferente manera a la de los

61 Alfonso Torres Luna, en su libro Puno Histórico, publicado en 1968, afirma que esta Misión

adventista tenía en Puno 51 escuelas primarias y un Colegio de secundaria llamado Titicaca, mixto y con internado; además contaba con 3147 alumnos, 619 maestros y 46 templos (p.295-296).

62 Leer el trabajo de Guissela Gonzáles Fernández, “El Dolor Americano. Literatura y periodismo en Gamaliel Churata” publicado en 2009 por el Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos, un análisis

91 católicos. El maestro Encinas cuenta que en el centro escolar, donde él era director, no oraba en las mañanas ni dictaba el curso de religión y que esto le acarreó una campaña de injurias contra su actividad profesional, por parte de sus opositores. Así, los brotes de enfrentamiento entre el clero católico y los adventistas se sintieron en la lucha por la educación, en copar las escuelas, en ganar adeptos y en acercarse a las autoridades para sobrevivir.

Los padres de familias conservadoras, comandados por el obispo Monseñor Valentín Ampuero, se quejaron de la escuela de los modernos, como la de Encinas, quien era ajeno a la oración y, además, enemigo del modelo educativo que las monjas ejercían en las escuelas de niñas; Encinas rechazaba “la forma dogmática en la que la educación de la mujer se desarrolla actualmente” (Encinas, 1923, p.2). Era un ardiente partidario de la escuela mixta, proponía una escuela normal de maestras, sin religiosas. Por cierto, recordamos que en Puno existía el Centro Escolar de niñas Nº 882, esto es, se practicaba la educación tradicional, machista. La educación mixta, propuesta por los pedagogos modernos, era severamente sancionada por el obispado; esta institución exigía que se enseñe religión al estilo católico, irrumpiendo muchas veces en las instituciones educativas locales para presionar y mantener la tutela clerical.

Es interesante ver que muchos autores expresan su admiración y análisis sobre los sucesos de la renovada educación puneña de aquellos días “…el caso del sur andino, y en particular, el de Puno, es el mejor laboratorio de experiencias educativas” (Montoya, 1987, p.81). Afirmación elogiosa sobre la dirección de aquellos intelectuales influidos por el progresismo, el liberalismo y el adventismo, pues “…participaron positivistas, también protestantes…” (Armas, 1998, p.187). En especial, ello se mostró en la legendaria escuela de primaria Nº 881, dirigida por Encinas, calificada por muchos como un laboratorio de pedagogía.

Al hacer este estudio de la educación popular y su encuentro con la doctrina adventista, junto a un indigenismo temprano, estamos ante una forma nueva de escribir historia, una mirada de las iglesias como bastión de las ideas y de la Historia Cultural, todavía no muy entendida, ni desarrollada; por lo tanto, es un enfoque histórico antropológico de las regiones y es una articulación historia-educación-religiosidad que queremos incidir.

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CAPÌTULO III