Capítulo III. La revista Infashion
4.2. De vuelta al concepto de la iconicidad
En estos casos, la imagen participa en un doble juego de realidad versus ficción en el que la realidad termina siendo la imagen como tal, y la ficción se crea en un segundo plano o en el inconsciente; es decir, que en la imagen se encuentran realidad y ficción al mismo tiempo y que el lector define qué de lo que está viendo es real y que no; real en cuanto la producción de la imagen, ya que la fotografía en sí es una extensión de la realidad, que por medio de efectos y trabajos se descompone y se modifica; estas modificaciones son las que crean la ficción. Aquí entra la figuración de una imagen, una idea de representación de objetos o seres conocidos que se conjugan en una producción fotográfica para que el lector asocie (Zunzunegui, 1998), de ahí en adelante, ciertas piezas o imágenes sueltas con un
producto determinado. De esta forma Liv Tyler ya no es una personalidad del cine norteamericano, hija de Steven Tyler, famoso cantante, sino que será Simplemente irresistible (o Simply Irresistible) de Givenchy. Estos son los juegos visuales de los que se vale la publicidad para cambiar nuestros íconos, personajes y lugares reconocidos. Todo termina girando en torno a un producto específico, esa es la tarea de un buen publicista, crear una asociación inmediata de modo que el cliente tenga el producto en la mente todo el día.
La iconicidad está compuesta por una serie de mecanismos de los que el discurso se sirve para producir una determinada “ilusión de realidad”, un efecto referencial. (Zunzunegui, 1998, P. 71) En las revistas como Infashion, la iconicidad es clara en las producciones fotográficas en las que la parte textual describe escenas hipotéticas o irreales mostradas a partir de efectos fotográficos y escenarios inimaginables. Las producciones fotográficas son creadas por la revista, por editores o productores que colaboran creando escenas específicas sobre las cuales (suponemos) se enlazan o se crean las tendencias. “En el caso particular de las redactoras-consejeras, que ejercen generalmente la profesión de estilista de editoriales para prensa y publicidad. Un estilista de editoriales escoge los vestidos, a veces las modelos y fija los temas de las sesiones con el fotógrafo.” (Erner, 2005, p. 112). Son las personas que crean la prensa de moda, son solicitados en desfiles y campañas publicitarias por que son quienes más saben de fotografía de moda (aun cuando no son fotógrafos) son personajes invisibles que elaboran imágenes de gran calidad atribuibles como forma de arte a los fotógrafos contratados para cada ocasión.
La revista Infashion está llena de ejemplos de producciones fotográficas hipotéticas, llenas de efectos de diseño que resaltan más una acción o una escena específica que las prendas que se utilizan. En el anexo 4 podemos encontrar unos cuantos ejemplos en los que se reproducen momentos y personajes históricos, como Dalí y Frida Kahlo, escenas que rememoran la época dorada del cine y reinas Eduardianas, viajes que llevan a un mundo de fantasía inexistente o muestran por medio del arte, lo que significa para el fotógrafo el realismo mágico.31
La significación pertenece a una lectura humana del mundo; de ahí que el mundo se convierta en significante que permita identificar las figuras con los objetos, funcionando como código de reconocimiento que hace del mundo algo inteligible y manipulable. Esto quiere decir, que a través de la significación nosotros le damos a los objetos un lugar en el mundo. El mundo a su vez permite un reconocimiento de lo que en él se encuentra, es decir que aquello que nos es conocido tiene un lugar en el mundo para nosotros por que existe y es reconocido por nosotros. Es decir: está dotado de lenguaje, y por eso lo reconocemos como objeto o figura. Es por esto que reconocemos en las imágenes y en los textos que se muestran en la producción, personajes que no se relacionan directamente con la moda, o libros de autores conocidos. Hay que señalar que a partir de nuestro conocimiento previo podemos identificar estos artículos y estas producciones como se plantean en la revista. Es posible que un sujeto que no sepa nada sobre el realismo mágico o sobre Frida Kahlo no pueda ver lo mismo que un sujeto que tiene este conocimiento previo, por lo tanto estaría percibiendo otras cosas y otros objetos que los demás pueden obviar y pasar por alto. De
31
ahí, surge la importancia de convertir el texto en un objeto visual, de modo que el lector pueda ir más allá de lo que se percibe a partir de un texto. Esto último nos remite a los pactos de lectura que se deben tener en cuenta, en estos casos, el lector no es un sujeto pasivo, sus capacidades cognitivas son imprescindibles para la comprensión de la imagen. Es decir que el lector debe tener cierta hegemonía cultural con respecto a otros lectores, de modo que pueda no sólo comprender lo que está viendo, sino dar cuenta de las analogías y metáforas que se combinan en texto e imagen. En estos casos la imagen y el texto son completamente visuales, por lo que le damos al texto una nueva calificación: el texto como imagen, o el texto visual.