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XIIII DE LAS TURMAS DE CABALLERÍA LEGIONARIA.

Así como las divisiones de la infantería son denominadas centurias, así aquellas de la caballería son llamadas turma. Una turna consiste en treinta y dos hombres y es mandada por un Decurión. Cada centuria tiene su insignia y cada turna un estandarte. El centurión en la infantería es elegido por su tamaño, fortaleza y destreza en lanzar sus armas arrojadizas y por su habilidad en el uso de su espada y escudo, así como por su experiencia en todos los ejercicios. Debe ser despierto, moderado, activo y presto a ejecutar las órdenes que recibe, en vez de discutirlas. Estricto en el ejercicio y en mantener la adecuada disciplina entre sus soldados, en obligarles a permanecer limpios y bien vestidos y en tener sus armas constantemente bruñidas y brillantes. Del mismo modo el Decurión es preferido para el mando de la turma por su actividad y habilidad en montar su caballo completamente armado, por su destreza al cablagar y en el uso de la lanza y el arco, por su atención al instruir a sus hombres en todas las evoluciones de la caballería, y por su cuidado al obligarles a mantener sus corazas, lanzas y cascos siempre brillantes y en buen estado. El esplendor de las armas no tiene una importancia menor en infundir terror al enemigo. ¿Pueden ser considerados buenos soldados quienes dejan, por negligencia, sus armas sucias y cubiertas de polvo?. En fin, es obligación del Decurión estar atento a cuanto concierne a la salud o disciplina de los hombres o caballos de su turma.

XV DE LA FORMACIÓN DE BATALLA.

Mostraremos el modo de formar un ejército en orden de batalla con el ejemplo de una legión, que puede servir para cualquier número de ellas. La caballería se sitúa en las alas. La infantería empieza a formar en una línea, con la primera cohorte a la derecha. La segunda cohorte se sitúa a la izquierda de la primera; la tercera ocupa el centro; la cuarta se coloca a continuación y la quinta cierra el flanco izquierdo. Los ordinarii, los demás oficiales y los soldados de la primera línea, extendidos delante y alrededor de las insignias, eran llamados Principes. Eran todos tropas pesadamente armadas y tenían cascos, corazas, grebas y escudos. Sus armas ofensivas eran espadas largas, llamadas spathae, y otras más pequeñas llamadas semispathae, así como cinco dardos pesados20 en la concavidad del escudo, que arrobajan en la primera carga. Así mismo tenían otras dos jabalinas, la mayor de ellas compuesta por un hasta de cinco pies y medio de largo y una punta triangular de hierro de nueve pulgadas de largo. A ésta se la llamaba antiguamente pilum aunque ahora se la conoce como spiculum. Los soldados se entrenaban especialmente en el uso de esta arma porque, cuando se la arrojaba con fuerza y habilidad, a menudo penetraba los escudos de la infantería y las corazas de la caballería. La otra jabalina era más pequeña; su punta triangular tenía sólo cinco pulgadas de largo y el hasta tenía tres pies y medio. Antiguamente se le llamaba vericulum, pero ahora se le dice verutum.

La primera línea, como dijimos, estaba formada por los Principes; los Hastati formaban la segunda y estaban armados del mismo modo. En la segunda línea, la sexta cohorte estaba situada en el flanco derecho, con la séptima a su izquierda; la octaba formaba en el centro; la novena estaba a continuación y la décima siempre cerraba el flanco izquierdo. A retaguardia de estas dos líneas estaban los ferentarii y la infantería ligera, a quienes ahora denominamos exculcatores et armaturas21 y las tropas armadas con escudos, plumbata, espadas y armas arrojadizas normales, a la manera de nuestros soldados de hoy. Este era también el lugar de los arqueros, que llevaban cascos, corazas, espadas, arcos y flechas; el de los honderos que arrojaban piedras con la honda normal o con el fustibalus22 y el de los tragularii, que fustigaban al enemigo con fechas desde las manubalistas y arcubalistas.

XVI DEL ARMAMENTO DE TRIARIOS Y CENTURIONES.

En la retaguardia de todas las líneas, formaban los triarii, completamente armados. Tenían escudos, corazas, cascos, grebas, espadas, puñales, plumbatas y dos armas arrojadizas comunes. Descansaban, durante la acción, sobre una rodilla, de manera que si las primeras líneas eran obligadas a retroceder, ellos permanecían frescos cuando se lanzaban a la carga y de tal modo se detenía la retirada y se alcanzaba la victoria. Todos los portaestandartes de la infantería llevaban corazas de menor tamaño y cubrían sus cascos con las pieles velludas de bestias para hacer su visión más terrible al enemigo. Los centuriones llevaban corazas completas, escudos, y cascos de hierro cuya cimera, situados transversalmente, ornamentaban con plata para poder ser más fácilmente distinguidos por sus soldados respectivos.

XVII EL COMIENZO DE LA BATALLA: UN MURO DE ARMADURAS

PESADAS.

La siguiente disposición merece la mayor atención. Al empezar el enfrentamiento, la primera y segunda líneas permanecían inmutables en sus puestos y los triarii en su formación habitual. Las fuerzas ligeras, compuestas como se dijo arriba, avanzaban al frente de las líneas y atacaban al enemigo. Si les podían hacer huir, les perseguían; pero si eran rechazados por el número superior o por el valor, se retiraban tras su infantería pesada, la cual parecía un muro de hierro y renovaban el ataque, lanzando primero sus armas arrojadizas y luego con las espadas. Si rompían al enemigo nunca lo perseguían por si, desordenadas sus filas, tomando ventaja de su desorden, volvía el enemigo al ataque y les destruían sin dificultad. La persecución, así pues, era dejada a las tropas ligeras y a la caballería. Con

21 exculcatores et armaturas: estas palabras no aparecen, incomprensiblemente, en la traducción inglesa,

aunque sí en el original latino. Hemos creído conveniente hacerlas constar para que no se perdiera en la traducción ninguna información valiosa del original. (N. del T.)

estas precauciones y disposiciones la legión obtenía la victoria sin peligro, o si sucedía lo contrario, se preservaba sin pérdidas considerables pues así como no estaba pensada para perseguir, del mismo modo no era fácilmente conducida al desorden.

XVIII EN NOMBRE Y EL GRADO DE LOS SOLDADOS ESCRITOS EN SUS

ESCUDOS.

Para que los soldados, en la confusión de la batalla, no se separen de sus camaradas, cada cohorte tenía sus escudos pintados de un modo propio. El nombre de cada soldado se escribía, también, en su escudo, junto con el número de la cohorte y centuria a la que pertenecía. De esta descripción podemos comparar la legión, formada, con una ciudad bien fortificada que contenía en sí misma todo lo necesario para la guerra, donde quiera que fuese. Estaba asegurada contra cualquier intento repentino o por sorpresa del enemigo por su método expeditivo de atrincherar sus campamentos, incluso en terrenos abiertos, y estaba siempre provista de armas y tropas de toda clase. Para alcanzar, así pues, la victoria sobre nuestros enemigos en el campo de batalla, debemos suplicar sin desánimo al cielo para que el Emperador reforme los abusos al hacer levas y que reclute nuestras legiones siguiendo el método de los antiguos. El mismo cuidado al elegir e instruir a nuestros jóvenes soldados en todos los ejercicios militares y maniobras les hará pronto iguales a las antiguas tropas romanas que subyugaron el mundo entero. Que esta alteración y pérdida de la antigua disciplina no afecte en modo alguno a Vuestra Majestad, pues es una felicidad reservada únicamente a Vos el restaurar las antiguas ordenanzas y establecer otras nuevas para el bienestar público. Todo trabajo, antes de intentado, tiene apariencia de difícil; pero en este caso, si las levas se hacen por oficiales cuidadosos y experimentados, se puede levantar un ejército, disciplinarlo y prepararlo para el servicio en un corto tiempo, pues una vez dispuestos los necesarios gastos, la diligencia pronto surte efecto una vez acometidos aquéllos.

XVIIII ELEGIR RECLUTAS QUE SEPAN LEER Y ESCRIBIR, ADEMÁS