Visiones de los Mártires
XXVII Santa Cecilia (*)
(22 de Noviembre de 1819) He visto a la santa sentada en una estancia cuadrada de simple apariencia. Tenia sobre sus rodillas una pequeña caja triangular de superficie plana, algunas pulgadas de alto, sobre la cual estaban extendidas cuerdas armonicas que ella tocaba con ambas manos. Su mirada estaba vuelta al cielo y sobre ella se veían resplandores y ciertas formas de ángeles o de niños beatos. Me pareció que ella tenia conocimiento de tales apariciones. He visto a un joven de extraordinaria belleza y dulzura acercarse a ella; parecía mayor; pero se mostraba humilde y sujeto a ella cuando Cecilia le decía algo. Creo que era Valeriano, porque después lo he visto con otro atado a un palo, azotado con varas y decapitado. Esto no sucedió en aquella pista de arena redonda destinada a los mártires, sino en un lugar solitario. He visto el martirio de Santa Cecilia en un patio redondo, cerca de su casa. Su casa era cuadrada y cubierta de un techo de superficie plane, donde se podía pasear como en una azotea. En los cuatro ángulos se veían cuatro globos de murallas, y en el medio había una estatua. En el patio de la parte baja había fuego ardiendo en una caldera, en la cual he visto a Cecilia, con los brazos abiertos y luminosa con su vestidura blanca, adornada de piedras preciosas. Un ángel resplandeciente, con un nimbo rojizo, muy hermoso, le daba la mano y otro tenía suspendido sobre su cabeza un ramillete de flores. Me parece obscuramente haber visto que llevaban alli, atravesando la puerta que daba al patio, y atado, un animal con cuernos, como un toro salvaje, aunque no era igual a estos animales que hay entre nosotros. Sacada de aquella caldera, Cecilia fué traspasada tres veces por el cuello con una espada corta y ancha. No he visto el momento en que era herida, pero he visto la espada. La vi luego, herida, seguir viviendo y hablando con un anciano sacerdote, a quien había visto ya antes en su casa. Més tarde he visto esa pieza muy cambiada, habilitada para iglesia. He visto muchas reliquias suyas y su sagrado cuerpo, al cual habían quitado varias partecitas. En esa iglesia vi celebrar los divinos oficios. Esto es lo poco que puedo recordar de los muchos cuadros que vi de la vida de Santa Cecilia.
(22 de Noviembre de 1820). La casa paterna de Cecilia no estaba en el centro de Roma, sino mas bien a un lado. Era como la de Santa Inés, con patios, pórticos, columnas y una fuente de agua. Sé poco respecto de sus padres. He visto que Cecilia era de aspecto muy hermoso, dulce y ágil, con mejillas sonrosadas y lineamientos finos y delicados, como María. La he visto entretenerse y jugar con otras niñas en aquellos patios.
Casi siempre veía un ángel a su lado, en forma de amable niño, que hablaba con ella, y a quien ella veía, aunque no lo veían los demas, El ángel le había prohibido hablar de sus apariciones con las demás niñas. A menudo he visto acercarse a ella otros niños: entonces el ángel se alejaba de alli. Cecilia estaba en los siete anos. La he visto solita en su estancia y al ángel cerca de ella, enseñándole a tocar cierto instrumento; le enseñaba
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a colocar los dedos sobre las cuerdas y a menudo le sostenía una hoja delante. A veces cargaba sobre las rodillas una caja llena de cuerdas: el ángel estaba delante de ella, en el aire, sosteniendo un rotulo que ella miraba. A veces la veía con un instrumento semejante al violín, que apoyaba entre el menton y el cuello; con la mano derecha tocaba en las cuerdas y con la boca soplaba dentro de aquel instrumento, por una abertura cubierta de una piel muy sutíl. Este instrumento daba un sonido muy dulce. A menudo estaba con ella un joven llamado Valeriano, y también sus hermanos mayores y otro hombre cubierto de un manto largo y blanco, que parecía ser el preceptor. El niño Valeriano tomaba parte en sus juegos y me pareció educado juntamente con ella y
destinado también a ella.
Un aya de Cecilia era cristiana y por medio de ésta ella conoció al Papa Urbano. He visto a menudo a Cecilia y a sus compañeras de juego llenarse con toda clase de comestibles y frutas los largos pliegues de sus vestidos, que luego llevaban como sacos a sus costados y escondían cubriéndolos con sus mantos. Así cargadas, pero cubiertas con arte, las veía salir una después de otra por cierta puerta. Yo veía siempre al ángel de Cecilia ir en su compañía, lo cual era muy gracioso. He visto a estas niñas ir en el campo abierto hacia un edificio de gruesas torres y muros. Entre las murallas habitaban muchos pobres, y en ciertas cuevas y subterráneos vivían muchos cristianos. No sabría decir si estaban allí escondidos o presos. Parecía que los que habitaban entre los muros de entrada estuviesen puestos alli por los cristianos, para vigilar por los que habitaban en los escondrijos de las ruinas. Las niñas distribuían entre los pobres lo que habían llevado: me pareció que lo hacian guardando secreto, para no ser descubiertas.
Una vez Cecilia se ató fuertemente con una faja la túnica estrecha que llevaba en torno de los pies y se deslizó a lo largo de una pared hacia abajo, y penetro en el subterráneo; otra vez penetró, por una abertura redonda, dentro de una especie de cantina donde había un hombre que la condujo adonde estaba San Urbano. El la instruyó haciéndola leer ciertos rótulos. Ella llevó consigo ocultos algunos de esos rótulos para leerlos en su casa. Recuerdo vagamente que ella fué bautizada en ese subterráneo.
He visto una vez al joven Valeriano con su preceptor junto a aquellas jóvenes que se divertían, y vi que Valeriano, en uno de esos juegos, quiso tomar de los brazos a Cecilia, y ella lo rechazó. Valeriano se quedó ante su preceptor, y éste conto lo sucedido a los padres, que castigaron a Cecilia prohibiéndole salir de su cuarto. Alli la he visto con su ángel Custodio que la instruía en tocar varios instrumentos y cantar. Valeriano podía penetrar donde ella estaba y a veces quedaba mucho tiempo allí; pero Cecilia pronto se ponía a tocar y a cantar. Una vez Valeriano pretendió por la fuerza abrazarla; pero el ángel la cubrió de una vestidura resplandeciente y cándida como la nieve. Después he visto a Valeriano conquistado enteramente por Cecilia. A veces lo veía en la estancia de Cecilia, mientras ella se iba adonde se encontraba Urbano. Los padres creían que los dos se entretenían juntos.
Vi un cuadro respecto a su desposorio. Los padres de los dos jóvenes y muchos hombres, mujeres, jóvenes y doncellas estaban en una sala con hermosas estatuas. Cecilia y Valeriano estaban adornados de coronas y llevaban vestiduras propias de la solemnidad. Había una mesa mas bien baja, llena de exquisitos manjares. Los padres llevaron a los jóvenes esposos y ambos bebieron de una copa un vino denso y rojo. Se pronunciaron algunas palabras, se leyó algo en los volumenes y se hizo una escritura del acto. Los circunstantes comieron de pie lo que había sobre la mesa. Yo veía siempre al
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ángel entre Cecilia y Valeriano. Después encamináronse todos hacia la parte posterior de la casa, en solemne procesión, donde aparecía, en medio de un espacio libre, un edificio redondo sostenido por columnas. En el centro se veían, sobre un pedestal, dos figures ,estrechándose en apretado abrazo. En esta procesión llevaban una larga hilera de flores pendientes de blancos lienzos que sostenían varias niñitas. Cuando llegaron ante la estatua situada en el templete, he visto que de lo alto descendía la imagen de un niño, que parecía inflado y lleno de viento y que por medio de un artificio se mantenía en el aire; luego descendía y caía poco a poco, de modo que primero se acercaba a la boca de Valeriano para que lo besara y luego a los labios de Cecilia. He visto que el ángel puso la mano delante de los labios de Cecilia cuando aquella figura estuvo cerca de ella. Después los dos esposos fueron enteramente envueltos con la cadena de flores que llevaban las niñas, de manera que las puntas iban estrechándose en torno de los esposos hasta aprisionarlos. He visto que el ángel se había interpuesto entre Valeriano y Cecilia, y no podía aquél acercarse a ella, porque se retiró y no permitio que la cadena se uniese por los cabos. Me pareció que ella le decía algo a el sobre cosas que no podía ver, que ella tenía otro amigo que la defendía y que no debía tocarla. Entonces Valeriano se puso muy serio y pregunto si acaso ella amaba a algún otro de los presentes. Ella contestó que si él persistia en tocarla, el amigo que la acompañaba lo cubriría de lepra, y lo castigaría. El replicó que si ella amaba a otro, el trataría de matarlos a ambos. Todo esto se lo dijeron en voz baja, y los presentes creian que se trataban asi por modestia. Cecilia le dijo que luego le explicaría todo. Después los vi solos en una estancia. Cecilia le dijo que tenia un ángel consigo, y cuando Valeriano deseo verlo, ella le dijo que eso no podía ser, si no se hacía bautizar. Cuando lo envió a Urbano, ya vivían como esposos en otra casa.
(*) El Kirchenlexicon dice: El carácter histórico del martirio de Santa Cecilia se vió plenamente confirmado por los descubrimientos de Rossi. San Antonio escribe la historia de la Santa conforme con la vldente. Cuando el Cardenal Sfrondati hizo abrir el sepulcro de la Santa encontró su cuerpo intacto, inclinado hacia el lado derecho como había caído al morir.
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