manufacturas
Las zonas francas constituyen el mecanismo ideal para ayudar a que América Latina y el Caribe ocupe el puesto que le corresponde en materia de producción internacional de manufacturas, mediante el desarrollo y la integración de la actividad productiva e industrial de la región, de conformidad con los objetivos de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) para la conformación de un espacio regional integrado.
En América Latina y el Caribe, las manufacturas tan solo son el 45% de sus exportaciones, razón por la cual, este 20% que debería recuperar el continente, representarían doscientos mil millones de dólares anuales, de un trillón de dólares que exportó en el 2011. Esta cifra lograría reducir drásticamente las cifras de desempleo mediante el aprovechamiento de las zonas francas para la exportación de manufacturas.
China, país para el cual las manufacturas representan el 94% de sus exportaciones, exporta cuatro veces más que el total de exportaciones de manufactura de América Latina y el Caribe, además de generar cuarenta millones de empleos directos en la actualidad. Cabe preguntarse cómo logró China este milagro, de pasar de ser una economía totalmente cerrada, a ser el primer exportador del mundo y a su vez el primer exportador de manufacturas en 30 años.
El mecanismo más importante que este país ha utilizado es el de las zonas francas o las denominadas zonas económicas especiales (ZEE), las cuales en 1982, año de su creación, eran un experimento de capitalismo en un país comunista, más que un instrumento de comercio exterior.
Las ZEE han evolucionado a tal punto, que en tres de ellas denominadas Integrated Free
Trade Zonas o zonas francas integradas, se integran los conceptos logísticos, industriales y
de servicios y en una de ellas, la zona de Suzhou, no solo se aplica el principio de la extraterritorialidad, sino que además se permite la aplicación de la legislación de Singapur en el territorio de la zona franca en China, en ciertos aspectos tales como las mejores prácticas ambientales, laborales, de calidad y de propiedad intelectual.
Además de China, en países como Vietnam, considerado como la nueva estrella naciente del Sudeste Asiático, cerca de doscientas zonas francas han permitido en los últimos años generar más de un millón de nuevos empleos, permitiendo que este país haga el tránsito de producción de bienes de baja y media tecnología a bienes de alta tecnología.
4. Las zonas francas han logrado adaptarse y mantenerse vigentes desde su creación y deben continuar siendo una herramienta de integración, inversión, comercio y bienestar:
Las zonas francas del continente Americano son más antiguas que los acuerdos comerciales internacionales americanos, de hecho, una de las primeras zonas francas fue la de Colón en 1948, la de Barranquilla inició operaciones en el año 1962 y acaba de cumplir cincuenta años de operaciones. Lo anterior implica que nació primero la zona franca de Colón (1948) que la consolidación del Mercado Común Centroamericano (1951) y fue creada la zona franca de Barranquilla (1962) antes que la Comunidad Andina (1969).
La gran mayoría de las zonas francas de Centroamérica y el Caribe, precedieron al CAFTA (Central America Free Trade Agreement), y las zonas francas del MERCOSUR, con
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excepción de la zonas franca de Manaos y la de Tierra del Fuego, debieron adaptarse a las rígidas exigencias de la resolución 08 de MERCOSUR, la cual excluyó de los beneficios de este acuerdo, aquellas mercancías originarias procedentes de zonas francas subregionales.
Es por ello que en este momento, la zonas francas se convierten en el mecanismo idóneo para servir de polo de atracción a las nuevas industrias y procesos logísticos y de servicios que ayudarán en el incremento de comercio de valor agregado hemisférico, sirviendo así de plataformas para la relocalización de industrias que en la actualidad de encuentran en lejanos países, para que se instalen en las zonas francas de América Latina, gozando de esta forma no solamente de la cercanía geográfica sino de las ventajas derivadas de los múltiples acuerdos de libre comercio del hemisferio
Es aquí y ahora donde se presenta la oportunidad de oro para las zonas francas de América Latina y el Caribe. Las zonas francas actuales y sus resultados son apenas un experimento de globalización y de lo que se puede lograr en materia de atracción de inversión y generación de empleo.
Expresado de otra forma, la década que comienza, es la década de las zonas francas de América Latina y el Caribe.
5 Propuesta de un régimen Latinoamericano y Caribeño de zonas francas
En el curso de la próxima década, que además será el período durante el cual se
podrá apreciar la conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), las zonas francas deberán convertirse en un importante esquema de integración productiva y comercial entre los diversos países de América Latina y el Caribe. Sin duda las zonas francas, podrán lograr entre sí y a nivel puntual, la conformación de procesos integrados en materia industrial, logística y de servicios, lo que no pudieron obtener los procesos de integración realizados hasta el presente.
El elevar las zonas francas de un mero instrumento técnico de comercio exterior a un mecanismo político de integración comercial regional, les dará un nuevo status dentro del panorama latinoamericano. Para ello, sin duda, será indispensable crear un mínimo común denominador de las normas básicas que rijan las zonas francas que se encuentran presentantes en los veinte millones de kilómetros cuadrados de América Latina y el Caribe.
Hoy encontramos desde México hasta Argentina, varios modelos de zonas francas que cohabitan pacíficamente entre sí, pero que de unificarse y promoverse conjuntamente, pueden repotenciar la integración de los mejores vínculos comerciales, industriales, tecnológicos, logísticos y de servicios de América Latina y del Caribe.
Se recomienda extraer el común denominador de las zonas francas de exportación del CAFTA -RD, de los recintos estratégicos fiscalizados de México, de las zonas francas mixtas de Colombia, de la zona franca de sustitución de importaciones de Manaos, de las zonas francas logísticas de Panamá y Chile, o de las zonas francas de servicios de Uruguay. Será un labor creativa que además se constituirá en un pre requisito para lograr la relocalización en América Latina y el Caribe, de muchos de los múltiples procesos industriales y de servicios que hoy se prestan de manera competitiva en el Sudeste Asiático.
A su vez, estos diferentes esquemas latinoamericanos se encuentran moldeados exógenamente por los múltiples acuerdos comerciales presentes en nuestro hemisferio. Mientras el acuerdo del CAFTA reconoce el origen a las zonas francas centroamericanas