Academia Huilense de Historia
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PRESENTACIÓN
La Academia Huilense de Historia, como toda organización, es un organismo social vivo. Sufre procesos y transformaciones similares a toda criatura viviente.
Inclusive, ha tenido nacimientos y decadencias. Tras su primera manifestación el 22 de mayo de 1910, y después de casi una década de dinamizar las celebraciones patrias, el Centro de Historia de Neiva experimentó su primer apaciguamiento.
Los primeros años de la década de los treinta, la vieron nacer de nuevo. Aunque experimentó un periodo altamente productivo, propiciado por inquietos jóvenes libradunos de la talla de Joaquín García Borrero y Pedro José Ramírez Sendoya, quienes recibieron el estímulo del padre Octavio Hernández, el Centro de Historia volvió a caer en el letargo.
Estamos ad portas de cumplir 62 años de funcionamiento sin interrupciones. La Academia no ha cerrado sus puertas desde aquel 26 de febrero de 1956, fecha en la cual la reinaguraron Jenaro Díaz Jordán, Julián Motta Salas, David Rivera, Arturo Espinoza Célis y Gilberto Vargas Motta. Tal vez, hemos vivido algunas temporadas altamente productivas en el aspecto académico, y otras de gran incidencia en el relacionamiento con el poder público y las esferas sociales de la región. También hemos afrontado momentos de relativa pasividad, como el que hemos vivido recientemente y aspiramos a remontar con la ayuda de todos los académicos y el apoyo de la sociedad huilense.
Ya voy a cumplir 10 años de ingreso a la Academia. Empiezo a extrañar a doña María de los Ángeles Olaya, a don Leo Cabrera y a don Luís Eduardo Cortés. También a don Delimiro Moreno, don Jairo Ramírez, don Misael García, don Roberto Liévano y don Ildefonso Trujillo, para citar sólo a alguno de los distinguidos académicos que tanto le han aportado a nuestra institución y hoy en día no pueden frecuentar nuestras reuniones debido a circunstancias de salud o personales que no se los permite.
Sin embargo, también recuerdo a otros tantos, quienes fueron muy activos en otros periodos, a quienes veo recorriendo escenarios y no se doblegaron ante el paso de los años. A unos y a otros los quiero invitar hoy. Los exhorto a seguir acompañándonos, en la medida de sus posibilidades. Quienes estamos tomando las banderas de su legado requerimos su apoyo. Aun necesitamos los aportes de don Camilo Salas, don Bernardo Tovar, don Jorge Alirio Ríos, don Bolivar Sánchez, don Alfredo Olaya, doña Luz Marina Canencio, don Carlos Eduardo Amézquita y don Gabriel Calderón. Reconozco que Reynel Salas y Ananías Osorio son dos grandes coequiperos que siguen dedicando una parte de sus vidas a la institución.
A la nueva generación de académicos, integrada por mujeres valiosas como doña Martha Cecilia Cedeño, doña Martha Isabel Borrero, doña María Angélica Suaza y doña Martha Eugenia López, así como los académicos: don Fernando
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Antonio Torres, don Alvaro Falla, don Orlando Mosquera, don Pedro Pablo Tinjacá, don Humberto Montealegre, don Gustavo Hernández, don Jaime Suárez, don Leonardo Unda, don Olmedo Polanco, don Juan Carlos Acebedo, entre otros, y los recién incorporados: don Rolando Centeno, don Pablo Emilio Escobar y don Carlos Arnulfo Rojas, los invito para que, a partir de los objetivos de nuestra corporación, lideren una actividad en el presente año.
Cada uno podría asumir la realización de una actividad en el año. Pequeñas cosas pueden marcar nuevos rumbos. Cito algunas de ellas:
• Identificar nuevos investigadores e interesados en la indagación histórica para vincularlos.
• Promover con las universidades locales la realización de trabajos de grado, sirviendo de directores o asesores.
• Propiciar la creación de Consejos Municipales de Historia.
• Promover foros o encuentros con los profesores de básica primaria y secundaria, a propósito de la entrada en vigencia de la nueva cátedra de historia.
• Promover seminarios de metodología para la enseñanza e investigación de la historia.
• Emitir un programa radial en la emisora cultural.
• Definir un plan de conferencias con entidades estatales, gremiales o culturales.
• Implementar una comisión que estudie y divulgue la normatividad existente en cuanto al cuidado y gestión de los bienes que conforman el patrimonio cultural e histórico.
• Organizar, con las instancias departamentales y municipales, la celebración de las efemérides patrias y de significado cultural.
• Publicar la revista Huila, órgano de difusión de nuestra academia.
• Brindar unas horas para la permanencia y asesoría a visitantes que consultan en nuestra institución.
• Definir y gestionar la programación para la realización de las sesiones académicas.
Como ven, con pequeños esfuerzos individuales podemos conformar una fuerza que conduzca a la Academia Huilense de Historia por la senda de sus propósitos misionales. Tenemos el reto, no sólo de mantener viva a la Academia y abrir sus puertas, sino de lograr que su actividad trascienda con amplitud en beneficio de la cultura huilense y de sus habitantes. Lo lograremos, sólo si hay académicos que la amen.
ALEXANDER QUINTERO BONILLA Presidente de la Academia Huilense de Historia