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DIPLOMADO EN DESARROLLO SUSTENTABLE MÓDULO II

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DIPLOMADO EN DESARROLLO SUSTENTABLE

MÓDULO II

Fecha: 6 al 10 de junio de 2016

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II

ÍNDICE

I.Objetivo general

II. Introducción Módulo II

1. Tema I. Evolución del concepto de desarrollo sustentable

1.1 Sobre el origen y el uso del término sostenible

1.2 Reflexiones sobre el uso acrítico y banal del término desarrollo sostenible

1.3 Sobre el contenido del término sostenible

2. Tema II. Marco legal para la gestión del desarrollo sustentable 2.1Antecedentes históricos

2.2Evolución del marco jurídico mexicano

2.3Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente

2.4Instrumentos de política ambiental

2.5Planeación ambiental y sus etapas

2.6Gestión ambiental.

3. Tema III. Ordenamiento territorial

3.1¿Qué es el ordenamiento territorial?

3.2Marco normativo del ordenamiento territorial

4. Tema IV. Medio ambiente y desarrollo industrial

4.1Industria en México

4.2Industria y medio ambiente

5. Tema V. Desarrollo comunitario y sustentabilidad

5.1Estudios de caso

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II

Objetivo General

Propiciar en los participantes el desarrollo de competencias para la aplicación de estrategias que apoyen el desarrollo sustentable mediante el desempeño ambiental y socialmente responsable de sus organizaciones.

Introducción Módulo II

El bienestar humano está estrechamente relacionado con el estado global del ambiente. La calidad de vida a la que podamos aspirar es el resultado de las relaciones que establecemos como individuos y como sociedad con el entorno. Para lograr el desarrollo humano es indispensable contar con un ambiente cuyas condiciones permita a los seres humanos desarrollar sus potencialidades. Sin embargo, en las últimas décadas el deterioro de los ecosistemas y la degradación ambiental han emergido como una limitante cada vez más importante del desarrollo humano. La crisis ambiental ha comprometido la posibilidad de alcanzar las metas de desarrollo humano anunciadas como prioritarias por las Naciones Unidas de cara al presente siglo y conocidas como

Objetivos de Desarrollo del Milenio. El Objetivo fundamental de Desarrollo del Milenio es la reducción de la

pobreza, pero es posible que no pueda lograrse dada la erosión progresiva de los pilares ambientales de los cuales depende el bienestar humano.

El desarrollo humano no es un derecho exclusivo de las personas que viven actualmente, también es un derecho de los seres humanos que vivirán en el futuro. Con las tendencias actuales en cuanto al uso y consumo de los recursos naturales y los procesos asociados de degradación ambiental, vale la pena cuestionarse si las generaciones futuras contarán con las mismas oportunidades para poder elegir la vida que aprecien. Consideremos el ejemplo del recurso agua. Con el patrón presente de extracción, uso y contaminación es muy probable que las generaciones que nazcan en el futuro tengan serias dificultades para poder satisfacer sus necesidades más elementales. El uso dispendioso que nuestra generación hace del agua será responsable de la marcada escasez del vital líquido con que las futuras generaciones tendrán que vivir. Esto es a todas luces injusto para las personas que nos sucederán. Por lo tanto es igual de importante lograr la equidad dentro de una misma generación como entre diferentes generaciones, entre ricos y pobres de hoy (equidad intrageneracional), y entre las personas del presente y aquellas que vivirán en el futuro (equidad

intergeneracional). Abordar estas dos dimensiones de equidad en su conjunto es un desafío mayor, ya que si

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II Atender las necesidades tanto de bienestar social como ambientales de las generaciones presentes y futuras es el objetivo fundamental del desarrollo sustentable. Aunque la idea del desarrollo sustentable se construyó desde la década de los años sesenta, es la publicación del informe Brundtland en 1987, titulado Nuestro Futuro

Común el que difunde el concepto y acuña la definición más conocida. El desarrollo sustentable es aquel que

satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

La sustentabilidad es la característica de un proceso o estado que puede mantenerse indefinidamente a través del tiempo. Por lo tanto, el desarrollo sustentable pretende conseguir un desarrollo humano que se mantenga en el tiempo sin que degrade la capacidad productiva de los ecosistemas y de los servicios que prestan. Esto requiere un tipo de desarrollo donde los sistemas económicos y los ecosistemas interaccionen de tal forma que la producción realizada en el primero, asegure la reproducción del segundo, en una relación mutuamente complementaria “¿De qué sirve un barco pesquero sin peces, un aserradero sin bosques o una refinería sin petróleo?”. Por lo tanto, el uso humano de la biosfera debe planificarse para que pueda rendir los mayores beneficios sustentables a las generaciones presentes, mientras que mantiene el potencial para satisfacer las necesidades y aspiraciones de las futuras generaciones. A este respecto existen tres reglas básicas que debe considerar el uso sustentable de los recursos naturales: 1) Ningún recurso renovable deberá utilizarse a un ritmo superior al de su generación, 2) Ningún contaminante deberá producirse a un ritmo superior al que pueda ser reciclado, neutralizado o absorbido por el medio ambiente, y 3) Ningún recurso no renovable deberá aprovecharse a mayor velocidad de la necesaria para sustituirlo por un recurso renovable utilizado de manera sostenible.

El desarrollo sustentable implica entonces la articulación de al menos tres dimensiones del desarrollo: la económica, la social y la ambiental. Cada una de ellas tiene objetivos particulares. Desde el punto de vista económico, se busca el crecimiento, la eficiencia y la rentabilidad. En la dimensión ambiental las metas son la ampliación de oportunidades, la equidad, la justicia, la participación, la cohesión social y la identidad cultural. En lo relativo al ambiente se pretende conservar la integridad de los ecosistemas y la diversidad biológica. Se puede considerar que el desarrollo sustentable se ubica en la zona de intersección de estas tres dimensiones del desarrollo . De tal forma que el desarrollo sustentable es aquel desarrollo que es económicamente viable,

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II

Tema I. EVOLUCIÓN DEL DESARROLLO SUSTENTABLE

Objetivo Particular

Analizar el origen y la evolución histórica del concepto de desarrollo sustentable.

Introducción

Tras la aparición del Informe sobre Nuestro futuro común (1987-1988) coordinado por Gro Harlem Brundtland en el marco de las Naciones Unidas, se fue poniendo de moda el objetivo del desarrollo sostenible, entendiendo por tal aquel que permite «satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas». A la vez que se extendía la preocupación por la sostenibilidad, se subrayaba implícitamente, con ello, la insostenibilidad del modelo económico hacia el que nos ha conducido la civilización industrial. Sin embargo, tal preocupación no se ha traducido en la reconsideración y reconversión operativa de este modelo hacia el nuevo propósito. Ello no es ajeno al hecho de que el éxito de la nueva terminología se debió en buena medida al halo de ambigüedad quela acompaña: se trata de enunciar un deseo tan general como el antes indicado sin precisar mucho su contenido ni el modo de llevarlo a la práctica. En lo que sigue recordaremos cuál fue el caldo de cultivo que propició su éxito, cuando otras propuestas similares formuladas con anterioridad no habían conseguido prosperar. Propuestas que van desde la pretensión delos economistas franceses del siglo XVIII, hoy llamados fisiócratas, de aumentar las riquezas renacientes sin menoscabo de los bienes fondo. . . hasta las preocupaciones por la conservación en la

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II El presente documento tratará de responder a las mencionadas demandas de operatividad. Para ello se impone una clarificación conceptual previa que pasa por identificar las diferentes y contradictorias lecturas que admite el consenso político generalizado de hacer sostenible el desarrollo. Porque mientras la meta sea ambigua no habrá acción práctica eficaz, por mucho que el pragmatismo reinante trate de buscar atajos afinando el instrumental antes de haber precisado las metas. Sólo precisando las metas se podrán elegir instrumentos de medida apropiados para ver si nos alejamos o no de ellas y para evaluar las políticas y los medios utilizados para alcanzarlas. Para poner en práctica este esquema, se analizará primero el origen del término desarrollo sostenible y la utilización que se ha venido haciendo del mismo, para añadir después precisiones al propósito de la sostenibilidad desde los distintos sistemas de razonamiento que se contemplan. Este esclarecimiento conceptual permitirá avanzar más sólidamente tanto en la búsqueda de aplicaciones operativas del mismo en el terreno que nos ocupa como en el enjuiciamiento y la presentación del catálogo de buenas prácticas para una ciudad sostenible.

1.1 Sobre el origen y el uso del término sostenible

La aceptación generalizada del propósito de hacer más sostenible el desarrollo económico es, sin duda, ambivalente. Por una parte evidencia una mayor preocupación por la salud de los ecosistemas que mantienen la vida en la Tierra, desplazando esta preocupación hacia el campo de la gestión económica. Por otra, la grave indefinición con la que se maneja este término empuja a hacer que las buenas intenciones que lo informan se queden en meros gestos en el vacío, sin que apenas contribuyan a reconvertir la sociedad industrial sobre bases más sostenibles. Reflexionemos sobre el origen de este término, para hacerlo luego sobre su contenido.

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sobre los límites del crecimiento, junto con otras publicaciones y acontecimientos, pusieron en tela de juicio la viabilidad del crecimiento como objetivo económico planetario, Ignacy Sachs (consultor de Naciones Unidas para temas de medioambiente y desarrollo) propuso la palabra ecodesarrollo como término de compromiso que buscaba conciliar el aumento de la producción, que tan perentoriamente reclamaban los países del Tercer Mundo, con el respeto a los ecosistemas necesario para mantener las condiciones de habitabilidad de la tierra. Este término empezó a utilizarse en los círculos internacionales relacionados con el medioambiente y el desarrollo, dando lugar a un episodio que vaticinó su suerte. Se trata de la declaración en su día llamada de

Cocoyoc, por haberse elaborado en un seminario promovido por las Naciones Unidas al más alto nivel, con la participación de Sachs, que tuvo lugar en l974 en el lujoso hotel de ese nombre, cerca de Cuernavaca, en Méjico. El propio presidente de Mejico, Echeverría, suscribió y presentó a la prensa las resoluciones de Cocoyoc, que hacían suyo el término ecodesarrollo. Unos días más tarde, según recuerda Sachs en una reciente entrevista (SACHS, 1994), Henry Kissinger manifestó, como jefe de la diplomacia norteamericana, su desaprobación del texto en un telegrama enviado al presidente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente: había que retocar el vocabulario y, más concretamente, el término ecodesarrollo que quedó así vetado en estos foros. Lo sustituyó más tarde aquel otro del desarrollo sostenible, que los economistas más convencionales podían aceptar sin recelo, al confundirse con el desarrollo autosostenido (self sustained growth ) introducido tiempo atrás por Rostow y barajado profusamente por los economistas que se ocupaban del desarrollo. Sostenido (sustained ) o sostenible (sustainable ), se trataba de seguir promoviendo el desarrollo tal y como lo venía entendiendo la comunidad de los economistas. Poco importa que algún autor como Daly matizara que para él desarrollo sostenible es «desarrollo sin crecimiento», contradiciendo la acepción común de desarrollo que figura en los diccionarios estrechamente vinculada al crecimiento.

Predominó así la función retórica del término desarrollo sostenible subrayada por algunos autores (DIXON Y FALLON, 1991), que explica su aceptación generalizada: «la sostenibilidad parece ser aceptada como un término mediador diseñado para tender un puente sobre el golfo que separa a los desarrollistas de los ambientalistas. La engañosa simplicidad del término y su significado aparentemente manifiesto ayudaron a

extender una cortina de humo sobre su inherente ambigüedad» (O’RIORDAN, 1988). En fin, parece que lo que más contribuyó a sostener la nueva idea de la sostenibilidad fueron las viejas ideas del crecimiento y el desarrollo económico, que tras la avalancha crítica de los setenta necesitaban ser apuntaladas. De esta

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II que se habían afianzado abandonando las preocupaciones que originariamente las vinculaban al medio físico en el que se encuadraban. La forma en la que se ha redactado y presentado en 1992 un nuevo Informe Meadows, titulado Más allá de los límites (MEADOWS Y MEADOWS, 1991) constituye un buen exponente de la fuerza con la que soplan los vientos del conformismo conceptual en el discurso económico. El deterioro planetario y las perpectivas de enderezarlo son bastante peores que las de hace veinte años, pero los autores, para evitar que se les tilde de catastrofistas, se sienten obligados a estas alturas a escudarse en la confusa distinción entre crecimiento y desarrollo económico, para advertir que, «pese a existir límites al crecimiento, no tiene por qué haberlos al desarrollo» (MEADOWS Y MEADOWS, 1991) y a incluir el prólogo de un economista tan consagrado como es Tinbergen, y galardonado además con el premio Nobel, en el que se indica que el libro es útil porque «clarifica las condiciones bajo las cuales el crecimiento sostenido, un medio ambiente limpio e ingresos equitativos pueden ser organizados». Sin embargo, a la vez que se extendió la utilización banalmente retórica del término desarrollo sostenible, se consiguió también hacer que la idea misma de sostenibilidad cobrara vida propia y que la reflexión sobre la viabilidad a largo plazo de los sistemas agrarios, industriales. . . o urbanos tuviera cabida en las reuniones y proyectos de administraciones y universidades, dando lugar a textos como el que estamos elaborando que pretenden avanzar en la clarificación y aplicación de esta idea.

1.2 Reflexiones sobre el uso acrítico y banal del término desarrollo sostenible

Con todo, frente a la tendencia todavía imperante entre políticos y economistas a asumir acríticamente la meta del crecimiento (o desarrollo) económico, se acusa también la aparición reciente de algunos textos marcadamente críticos y clarificadores del propósito de moda del desarrollo sostenible. Entre éstos destacan el Diccionario del desarrollo, dirigido por Wolfgang Sachs y el libro de Richard B. Norgaard titulado El desarrollo

traicionado. En la introducción al primero de ellos, Sachs señala que «la idea del desarrollo permanece todavía

en pie, como una especie de ruina, en el paisaje intelectual. . . Ya es hora de desmantelar su estructura mental. Los autores de este libro tratan conscientemente de trascender la difunta idea del desarrollo con el ánimo de clarificar nuestras mentes con nuevos análisis» (SACHS, 1992). Por su parte Norgaard subraya la inconsistencia de unir las nociones de sostenibilidad y desarrollo, concluyendo que «es imposible definir el desarrollo sostenible de manera operativa con el nivel de detalle y de control que presupone la lógica de la modernidad» (NORGAARD, 1994). Y, en el reciente Congreso Internacional sobre Technology, Sustainable Development and Imbalance, que tuvo lugar en Tarrasa (14-16 de diciembre de 1995) se levantaron voces críticas señalando que

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globalización origina a la vez la homogeneización cultural y la destrucción ambiental (NORGAARD, 1996). Llegándose incluso a calificar a la cultura del silencio sobre estos temas que propició la retórica del desarrollo sostenible, de verdadera «corrupción de nuestro pensamiento, nuestras mentes y nuestro lenguaje»

(M’MWERERIA, 1996). Es en el fondo esta corrupción mental la que ha impedido la clarificación conceptual y la revisión crítica del statu quo que reclamarían los avances significativos en favor de la sostenibilidad global. Para ello habría que bajar del pedestal que hoy ocupa la propia idea del crecimiento económico como algo globalmente deseable e irrenunciable y advertir que la sostenibilidad no será fruto de la eficiencia y del desarrollo económico, sino que implica sobre todo decisiones sobre la equidad actual e intergeneracional.

Cuando el término desarrollo sostenible está sirviendo para mantener en los países industrializados la fe en el crecimiento y haciendo las veces de burladero para escapar a la problemática ecológica y a las connotaciones éticas que tal crecimiento conlleva, no está de más subrayar el retroceso operado al respecto citando a John Stuart Mill, en sus Principios de Economía Política (1848) que fueron durante largo tiempo el manual más acreditado en la enseñanza de los economistas. Cuando se aceptaba que la civilización industrial estaba abocada a toparse con un horizonte de «estado estacionario», este autor decía hace más de un siglo:

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II Sin embargo, los afanes que concita el simple aumento generalizado de éstos permanecen bien vivos, mientras que el problema de exceso de residuos predomina hoy sobre el ocasionado por la falta de recursos que, hace un siglo, se veía como el principal freno que impondría al sistema un horizonte de estado estacionario. La situación actual se revela más problemática porque, en vez de toparse la expansión del sistema con el límite objetivo que impone la falta de recursos, esta expansión está provocando un deterioro ecológico cada vez más acentuado, con lo que la moderación y reconversión del sistema no sólo habría que aceptarla, como hacía J.S. Mill viendo su parte positiva, sino incluso promoverla para evitar que prosiga el mencionado deterioro. Es decir, hace falta que la sociedad reaccione a las señales de deterioro en las condiciones de habitabilidad de la Tierra, corrigiendo el funcionamiento del sistema económico que lo origina.

1.3 Sobre el contenido del término sostenible

Poca voluntad, se aprecia, de hacer planes de reconversión de la sociedad actual hacia bases más sostenibles o físicamente viables, por mucho que las referencias a la sostenibilidad aparezcan en multitud de publicaciones y declaraciones. Si hubiera verdadero afán de aplicar ese propósito habría que empezar por romper ese cajón de sastre de la producción de valor, para enjuiciar el comportamiento físico de las actividades que contribuyen a

ella. Esto es lo que con poca fortuna pretendieron los autores hoy llamados fisiócratas cuando, hace más de dos siglos, proponían aumentar la producción de riquezas renacientes (hoy diríamos renovables) sin detrimento de los bienes fondo o de los stocks de riquezas preexistentes, siendo descalificados en este empeño por los economistas posteriores, que erigieron el mencionado cajón de sastre del valor como centro de la ciencia económica, separándolo del contexto físico y social en el que se desenvolvía. Vemos, pues, que no se trata tanto de descubrir la pólvora de la sostenibilidad como de desandar críticamente el camino andado, volviendo a conectar lo físico con lo monetario y la economía con las ciencias de la naturaleza.

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agregados monetarios que, por definición, hacen abstracción de la naturaleza física heterogénea de los procesos que los generan, careciendo por lo tanto de información y de criterios para enjuiciar la sostenibilidad de estos últimos: para ello habría, como se ha indicado, que romper la homogeneidad de ese cajón de sastre de la producción de valores pecuniarios para analizar la realidad física subyacente.

En primer lugar hay que advertir que la ambigüedad conceptual de fondo no puede resolverse mediante simples retoques terminológicos o definiciones descriptivas o enumerativas más completas de lo que ha de entenderse por sostenibilidad (al igual que ocurre con las nociones de producción o de desarrollo, que encuentran implícitamente su definición en la propia idea de sistema económico): a la hora de la verdad, el contenido de este concepto no es fruto de definiciones explícitas, sino del sistema de razonamiento que apliquemos para acercarnos a él. Evidentemente si, como está ocurriendo, no aplicamos ningún sistema en el que el término sostenibilidad concrete su significado, éste se seguirá manteniendo en los niveles de brumosa generalidad en los que hoy se mueve. Sin que las brumas se disipen por mucho que intentemos matizarlo con definiciones explícitas y discutamos si interesa más traducir el término inglés originario sustainability por sostenibilidad, durabilidad o sustentabilidad.

Por lo tanto, clarificar la situación exige, en primer lugar, identificar cuál es la interpretación del objetivo de la sostenibilidad que se puede hacer desde la noción usual de sistema económico, cuáles son las recomendaciones para atenderlo que se extraen dentro de este sistema de razonamiento y cuáles son las limitaciones de este planteamiento. Afortunadamente, estas cuestiones han sido ya respondidas por un economista tan altamente cualificado para ello como es Robert M. Solow. Este autor, que había sido galardonado con el premio Nobel en 1987 precisamente en razón de sus trabajos sobre el crecimiento económico, se tomó la molestia de definir la sostenibilidad desde la perspectiva de un economista (SOLOW, 1991) y de hacer las oportunas recomendaciones al respecto (SOLOW, 1992). Tras advertir que si queremos que la sostenibilidad signifique algo más que un vago compromiso emocional, Solow señala que debemos precisar lo que se quiere conservar, concretando en algo el genérico enunciado del Informe de la Comisión Brundtland arriba mencionado. Para Solow, lo que debe ser conservado es el valor del stock de capital

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II «El compromiso de la sostenibilidad se concreta así en el compromiso de mantener un determinado montante de inversión productiva», pues, según este autor, «el pecado capital no es la extracción minera, sino el consumo de las rentas obtenidas de la minería» (SOLOW, 1992). El tratamiento del tema de la sostenibilidad en términos de inversión, explica que se haya extendido entre los economistas la idea de que el problema ambiental encontrará solución más fácil cuando la producción y la renta se sitúen por encima de ciertos niveles que permitan aumentar sensiblemente las inversiones en mejoras ambientales. Como explica también la recomendación a los países pobres de anteponer el crecimiento económico a las precupaciones ambientales, para lograr cuanto antes los niveles de renta que, se supone, les permitirán resolver mejor su problemática ambiental.

Como no podía ser de otra manera, vemos que la lectura del objetivo de la sostenibilidad que se puede hacer desde la idea usual de sistema económico, es una lectura que se circunscribe lógicamente al campo de lo monetario. Pero, como el propio Solow precisa, ello no quiere decir que el problema así planteado pueda encontrar solución en el universo aislado de los valores pecuniarios o de cambio, a base de que los economistas especializados descubran nuevas técnicas de valoración de los recursos naturales y ambientales y practiquen los oportunos retoques en las estimaciones del stock de capital y de los agregados, obteniendo así el verdadero Producto Neto que puede ser consumido sin que se empobrezcan las generaciones futuras. Solow reconoce que los precios ordinarios de transacción no aportan una respuesta adecuada y advierte que «francamente, en gran medida, mi razonamiento depende de la obtención de unos precios-sombra aproximadamente correctos» para lo cual, concluye, «estamos abocados a depender de indicadores físicos para poder juzgar la actuación de la economía con respecto al uso de los recursos ambientales. Así, el marco conceptual propuesto debería ayudar también a clarificar el pensamiento en el propio campo del medio ambiente» (SOLOW, 1992). Con independencia de la fe que se tenga en las posibilidades que brinda el camino sugerido por Solow de corregir los agregados económicos habituales, subrayemos, como él mismo hace, que su propuesta no está reñida con, sino que necesita apoyarse en, el buen conocimiento de la interacción de los procesos económicos con el medio ambiente en el que se desenvuelven, restableciendo la conexión entre el universo aislado del valor en el que venían razonando los economistas y el medio físico circundante o, con palabras diferentes, abriendo el cajón de sastre de la producción de valor para analizar los procesos físicos subyacentes.

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posibilidades del enfoque mencionado sin subrayar su dependencia de la información física sobre los recursos y los procesos. Por otra, toda una serie de autores más o menos vinculados a la corriente agrupada en torno a la revista y la asociación Ecological Economics, advierten que el tratamiento de las cuestiones ambientales y de la propia idea de sostenibilidad, requieren no sólo retocar, sino ampliar y reformular la idea usual de sistema económico. La principal limitación que estos autores advierten en la interpretación que se hace de la sostenibilidad desde la noción usual de sistema económico, proviene de que los objetos que componen esa versión ampliada del stock de capital no son ni homogéneos ni necesariamente sustituibles. Es más, se postula que los elementos y sistemas que componen el capital natural se caracterizan más bien por ser complementarios que sustitutivos con respecto al capital producido por el hombre (DALY, 1990). Esta limitación se entrecruza con aquella otra que impone la irreversibilidad propia de los principales procesos de deterioro (destrucción de ecosistemas, suelo fértil, extinción de especies, agotamiento de depósitos minerales, cambios climáticos, etc.). Ehrlich apunta que el flujo circular en el que la inversión corrige el deterioro ocasionado por el propio sistema que la produce, es inviable en el mundo físico: «es el simple diagrama de una máquina de movimiento perpetuo, que no puede existir más que en la mente de los economistas» (EHRLICH, 1989). Por eso sólo cabe representar el funcionamiento de organismos, poblaciones o ecosistemas en términos de sistemas abiertos, es decir, que necesitan degradar energía y materiales para mantenerse en vida.

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II como tampoco lo tiene en general la casuística de los procesos físicos que se oculta bajo el velo monetario de la producción agregada de valor.

Viendo las limitaciones que ofrece la aproximación al tema de la sostenibilidad que se practica desde el aparato conceptual de la economía estándar, la mencionada corriente de autores trata de analizar directamente las condiciones de sostenibilidad de los procesos y sistemas del mundo físico sobre los que se apoya la vida de los hombres. Se llega así, según Norton (NORTON, 1992), a dos tipos de nociones de sostenibilidad diferentes que reponden a dos paradigmas diferentes: una sostenibilidad débil (formulada desde la racionalidad propia de la economía estándar) y otra fuerte (formulada desde la racionalidad de esa economía de la física que es la temodinámica y de esa economía de la naturaleza que es la ecología). En lo que sigue nos ocuparemos de esta sostenibilidad fuerte, que se preocupa directamente por la salud de los ecosistemas en los que se inserta la vida y la economía de los hombres, pero sin ignorar la incidencia que sobre los procesos del mundo físico tiene el razonamiento monetario. Pues es la sostenibilidad en el sentido fuerte indicado, la que puede responder a la sostenibilidad de las ciudades y de los asentamientos humanos, en general, sobre la que se centra este documento.

El segundo paso para superar el estadio de indefinición actual se centra así en la sostenibilidad de procesos y sistemas físicos, separadamente de las precupaciones económicas ordinarias sobre el crecimiento de los agregados monetarios. Reflexionemos, pues, sobre la noción de sostenibilidad fuerte para disipar sus propias ambigüedades, dejando ya de lado el tema del desarrollo. Para ello, lo primero que tenemos que hacer es identificar los sistemas cuya viabilidad o sostenibilidad pretendemos enjuiciar, así como precisar el ámbito espacial (con la consiguiente disponibilidad de recursos y de sumideros de residuos) atribuido a los sistemas y el horizonte temporal para el que se cifra su viabilidad. Si nos referimos a los sistemas físicos sobre los que se organiza la vida de los hombres (sistemas agrarios, industriales,...o urbanos) podemos afirmar que la sostenibilidad de tales sistemas dependerá de la posibilidad que tienen de abastecerse de recursos y de deshacerse de residuos, así como de su capacidad para controlar las pérdidas de calidad (tanto interna como ambiental) que afectan a su funcionamiento. Aspectos éstos que, como es obvio, dependen de la configuración

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Es justamente la indicación del ámbito espacio-temporal de referencia la que da mayor o menor amplitud a la noción de sostenibilidad (fuerte) de un proyecto o sistema: cualquier experimento de laboratorio o cualquier proyecto de ciudad puede ser sostenible a plazos muy dilatados si se ponen a su servicio todos los recursos de la Tierra, sin embargo muy pocos lo serían si su aplicación se extendiera a escala planetaria. Hablaremos, pues, de sostenibilidad global, cuando razonamos sobre la extensión a escala planetaria de los sistemas considerados, tomando la Tierra como escala de referencia y de sostenibilidad local cuando nos referimos a sistemas o procesos más parciales o limitados en el espacio y en el tiempo. Así mismo, hablaremos de sostenibilidad parcial cuando se refiere sólo a algún aspecto, subsistema o elemento determinado (por ejemplo, al manejo de agua, de algún tipo de energía o material, del territorio) y no al conjunto del sistema o proceso estudiado con todas sus implicaciones. Evidentemente, a muy largo plazo, tanto la sostenibilidad local como la parcial, están llamadas a converger con la global. Sin embargo, la diferencia entre sostenibilidad local (o parcial) y la global cobra importancia cuando, como es habitual, no se razona a largo plazo.

El enfoque analítico-parcelario aplicado a la solución de problemas y a la búsqueda de rentabilidades a corto plazo, predominante en la civilización industrial, ha sido una fuente inagotable de externalidades no deseadas y de sistemas cuya generalización territorial resultaba insostenible en el tiempo, siendo paradigmático el caso de los sistemas urbanos. Ya que las mejoras obtenidas en las condiciones de salubridad y habitabilidad de las ciudades que posibilitaron su enorme crecimiento, se consiguieron generalmente a costa de acentuar la explotación y el deterioro de otros territorios. El problema estriba en que este crecimiento no sólo se revela globalmente insostenible, sino que pone también en peligro los logros en salubridad y habitabilidad, por lo que los tres aspectos deben de tratarse conjuntamente. El Libro verde del medio ambiente urbano (1990) de la Unión Europea (UE) superó los planteamientos parcelarios habituales, al preocuparse no sólo de las condiciones de vida en las ciudades, sino también de su incidencia sobre el resto del territorio. Este planteamiento coincide con la sostenibilidad global antes indicada y se mantiene en documentos posteriores: en particular el Informe final del Grupo de Expertos sobre Medio Ambiente Urbano de la UE, titulado Ciudades Europeas Sostenibles(1995) señala que «el desafío de la sostenibilidad urbana apunta a resolver tanto los

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II compleja problemática que entraña la amplitud del enfoque adoptado, dadas las múltiples interconexiones que observan los sistemas intervenidos o diseñados por el hombre sobre el telón de fondo de la biosfera (en relación, claro está, con la hidrosfera, la litosfera y la atmósfera). Si queremos enjuiciar la sostenibilidad de las ciudades en el sentido global antes mencionado, hemos de precuparnos no sólo de las actividades que en ellas tienen lugar, sino también de aquellas otras de las que dependen aunque se operen e incidan en territorios alejados. Desde esta perspectiva enjuiciar la sostenibilidad de las ciudades nos conduce por fuerza a enjuiciar la sostenibilidad (o más bien la insostenibilidad) del núcleo principal del comportamiento de la civilización industrial. Es decir, incluyendo la propia agricultura y las actividades extractivas e industriales que abastecen a las ciudades y a los procesos que en ellas tienen lugar. Ya que el principal problema reside en que la sostenibilidad local de las ciudades se ha venido apoyando en una creciente insostenibilidad global de los procesos de apropiación y vertido de los que dependen.

Naredo M. N. 1996. Sobre el origen, el uso y el contenido del término sostenible. Cuadernos de

Investigación Urbanística No. 41.

Ejercicio:

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Tema II. Marco legal para la gestión del desarrollo sustentable

Objetivo Particular

Analizar el marco legal para la gestión del desarrollo sustentable en México

Introducción

En el marco de la Conferencia sobre el Medio Humano ante el Consejo Económico y Social (1968); con apoyo de este Consejo la Asamblea General, dictó la primera resolución sobre Problemas de Medio Humano. La preocupación de la comunidad internacional por la degradación del medio ambiente, se reflejó en las propias Naciones Unidas que acogieron las respuestas internacionales a los problemas de medio ambiente. La Conferencia de Estocolmo en 1972 fomentó la creación de organizaciones especializadas, como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) con sede en Nairobi, Kenya, y se estableció el Día Mundial del Medio Ambiente. En la Cumbre de Río de Janeiro (1992), se aprobó la agenda 21, la cual aboga por conducir cambios en el desarrollo de las actividades económicas, la correspondiente declaración de Río, las Previsiones sobre los bosques, y los Convenios relativos al cambio climático y la biodiversidad. A partir de estos eventos se genera la modificación del marco jurídico y normativo incorporando la temática ambiental como un eje fundamental para el desarrollo sustentable.

2.1 Antecedentes históricos

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II que le antecede, ampliando sus horizontes y específicamente dándole toda la fuerza punitiva de una regulación que permitió prevalecer el interés público y social en la procuración de un ambiente limpio y sano.

2.2 Evolución del marco jurídico mexicano

El principio de la conservación de los recursos naturales en general, se incorporó a la Constitución Política de 1917 como resultado de los profundos cambios con respecto a la Constitución de 1857, en cuanto a las ideas sobre la función social de la propiedad privada, la cual dejó de ser un derecho absoluto: esto trajo como consecuencia cambios en el sistema de propiedad privada. Así, la Constitución de 1857 establecía que «la propiedad de las personas no puede ser ocupada sin su consentimiento», y otorgaba todo tipo de protección al propietario, por lo que éste podía disponer de sus tierras y aguas conforme a su voluntad y no cabía la protección de los recursos naturales. Por su parte, el sistema de propiedad establecido en la Constitución Política de 1917 descansa en la premisa de que la propiedad de las tierras y las aguas pertenece originariamente a la Nación, que tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a particulares, constituyendo la propiedad privada, pero conservando el dominio de las mismas, así como el de revertir dicho dominio a través del derecho de expropiación. El propósito fundamental de los constituyentes fue que en la legislación mexicana «quedara establecido como un principio básico, sólido e inalterable, que sobre los derechos individuales a la propiedad, estuvieran los derechos superiores de la sociedad representada por el Estado, para regular su repartición, su uso y su conservación...».

El fundamento Constitucional que regulan la conducta humana y social frente a los recursos naturales y los ecosistemas, se encuentran en los Artículos 4°, 25 sexto párrafo, 26, 27 tercer párrafo, 73 fracción XVI 4ª y fracción XXIX-G, así como el 115 y 124, que se relacionan con la competencia de los Gobiernos de los Estados y Municipios, y su participación en la temática ambiental. En una reforma más o menos reciente de los artículos 4º quinto párrafo y 25 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se ve materializado en el primero la garantía de que toda persona tiene derecho a un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar. En el Artículo 25 se incorpora el concepto de sustentable, con lo cual se establece la base

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que imprime solidez, dinamismo, permanencia y equidad al crecimiento de la economía para la independencia y la democratización política, social y cultural de la Nación”. Se trató así de concertar acciones que fueran congruentes entre sí para, de esta forma, aprovechar los recursos sustentables del país evitando su sobreexplotación. En el artículo 27 constitucional se plasma la idea de la conservación de los recursos naturales como un elemento totalizador de la protección al ambiente. Este concepto ecológico se introduce mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación del 10 de agosto de 1987. La tercera de estas bases es la contenida en el Artículo 73 fracción XVI 4a. Constitucional, que se refiere a la idea de la prevención y control de la contaminación ambiental, con un concepto ambiental dentro del rubro de salubridad general, dentro del ámbito de competencia de la Secretaría de Salud. La cuarta base es la referente al Artículo 73 fracción XXIX-G que fue reformada por el mismo decreto que modificó al Artículo 27 tercer párrafo, constituyendo ambos la reforma ecológica constitucional. De conformidad con dicho precepto, el Congreso de la Unión tiene la facultad para expedir leyes que establezcan la concurrencia del gobierno federal, de los gobiernos de los estados y de los municipios, en el ámbito de sus respectivas competencias, en materia de protección al ambiente y preservación y restauración del equilibrio ecológico.

A partir del establecimiento de las bases constitucionales para la protección al ambiente en su conjunto, se puede observar como la Constitución Política distribuye las facultades en esta materia entre la federación, estados y municipios en el ámbito de sus respectivas competencias, aunque esta cuestión atañe más específicamente al estudio de la gestión ambiental. Este nuevo esquema de distribución de competencias, la llamada «concurrencia» ha sido objeto de crítica en el sentido que una “ley secundaria ni sus reglamentos pueden establecer el ámbito de competencia de gobierno, ya que esto debe estar en la Carta Magna”, 15 pues con ello se contraviene el artículo 124 de la propia Constitución, que establece “Las facultades que no están expresamente concedidas por esta Constitución a los funcionarios federales, se entienden reservadas a los Estados”.

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II disposiciones generales y a las normas técnicas específicas aplicables a la industria minero metalúrgica en

materia de equilibrio ecológico y la protección al ambiente” (artículo 37 fracción II).

En el artículo 20 se establece que las obras y trabajos de exploración, dentro de las áreas naturales protegidas, únicamente podrán realizarse con autorización de la autoridad que tenga a su cargo las referidas áreas; también el artículo 39 establece que “e n las actividades de exploración, explotación y beneficio de minerales o sustancias, los concesionarios mineros deberán procurar el cuidado del medio ambiente y la protección

ecológica, de conformidad con la legislación y la normatividad en la materia”. Asimismo el derecho para

realizar las obras y trabajos de exploración o de explotación se suspenderá cuando éstos “causen o puedan causar daños a bienes de interés público, afectos a un servicio público o de propiedad privada” (artículo 43

fracción II).

En cuanto a los asentamientos humanos, se encuentran regulados con una fuerte impronta ambiental, desde 1976. En esta época se reformó la Constitución Política en su Artículo 27 tercer párrafo, para precisar que la regulación del aprovechamiento de los recursos naturales susceptibles de apropiación sería hecha en beneficio social, pero fundamentalmente, para vincular esta idea con la de lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana.

Como resultado del proceso de reformas a los artículos 27 y 73 Constitucionales, se abrió el cauce a una nueva legislación denominada Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, publicada en el Diario Oficial de la Federación del 28 de enero de 1988, y sus modificaciones del 13 de diciembre de 1996.

-Analizar el documento Marco normativo de México (archivo PDF).

-Identifique y enliste las temáticas ambientales que se incorporaron en el marco normativo ambiental de nuestro país.

-Identifique el contexto internacional que coadyuva a la integración del marco ambiental mexicano. -Comparta en plenaria con el resto de asistentes

2.3 Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente

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materia de Fuero Federal. En esta Ley se contemplan e incorporan principios bajo una visión más amplia y comprensiva de la dinámica ambiental, orientados hacia el Desarrollo Sustentable, como la inclusión de incentivos fiscales y económicos, incorporación de criterios y principios como “el que contamina paga”, orientación de acciones hacia la prevención de la contaminación, mejora de la coordinación entre de-pendencias e incorporación del Producto Interno Neto Ecológico, que formaría parte del Sistema Nacional de Cuentas; todos estos dentro del esquema de acciones para la formulación y conducción de la política ambiental.

2.4 Instrumentos de política ambiental

La atención a los problemas ambientales y la inducción de nuevos procesos de desarrollo con una dimensión de sustentabilidad, demanda de importantes esfuerzos para coordinar las decisiones privadas con objetivos públicos. Esto puede lograrse a través de la utilización de una amplia gama de instrumentos que hacen disponibles la legislación y las instituciones vigentes, los cuales constituyen las herramientas fundamentales de actuación tanto del gobierno como de la sociedad.

En México, en términos de la ley, tanto la autoridad como la sociedad cuentan con un amplio conjunto de instrumentos de política ambiental. Cada uno de estos instrumentos tiene capacidades propias para afrontar los problemas y perseguir los objetivos ambientales de la sociedad. Su potencial va a depender de su generalidad o aplicación individual, del número de actores en los procesos que deben ser objeto de regulación, del tipo de productos y de actividades involucradas, de la naturaleza biofísica de los sistemas ambientales de que se trate, de las posibilidades técnicas reales de aplicación y fiscalización, del costo de administración y cumplimiento, y de condiciones socioeconómicas y regionales que rigen en cada caso.

Cada instrumento tiene un ámbito particular de aplicación, y diferentes condiciones de alcance, eficacia, y costo/efectividad. No todo instrumento puede generalizarse para afrontar cualquier tipo de problema o para acceder a cualquier tipo de objetivos. Algunos instrumentos pueden ser aplicables a procesos atomizados o a conductas generalizadas, esto es, su cobertura es de amplio espectro. Otros instrumentos tienen mayor especificidad y sólo pueden imponerse a conductas o a proyectos claramente determinados en el tiempo y el espacio.

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II entre la gama de jerarquías jurídicas que van desde los niveles de ley, hasta decisiones administrativas, pasando por reglamentos, decretos y acuerdos. De la misma manera debe buscarse un equilibrio adecuado en lo que respecta a la concurrencia o distribución de competencias y facultades entre diferentes órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal), en cuanto al diseño, aplicación, administración y fiscalización de los instrumentos de política ambiental.

Como es evidente, el desarrollo del sistema regulatorio se da de manera diferenciada, dependiendo de las condiciones y dinámicas ambientales institucionales en cada país. Por ejemplo en etapas incipientes de desarrollo del sistema de regulación ambiental, y en ausencia de un aparato normativo relativamente satisfactorio, se tiende a recurrir a esquemas de regulación ad hoc, o caso por caso, como lo es la evaluación de impacto ambiental, lo cual puede resultar no sólo inaceptablemente costoso, sino ineficaz para abarcar a todos los actores y actividades que deben ser objeto de regulación.

Por ello en México, conforme se ha ganado consenso y experiencia y se ha fortalecido la gestión ambiental, se han incorporado y desarrollado nuevos instrumentos que son aplicables a todo el universo de actores y de actividades, y que pueden generar resultados ambientales mucho más eficaces en una amplia gama de circunstancias. Así, en este caso, mientras se consolida y amplía el instrumental de política ecológica se establecen nuevos balances y horizontes reales de aplicación entre tales instrumentos.

2.5 La planeación ambiental y sus etapas

El freno del deterioro ambiental y el control de la contaminación no pueden alcanzarse sin reglas y leyes. Pero por sí sola, la legislación no es suficiente para producir mejoras en la ejecución ambiental, ya que son limitados los recursos disponibles para examinar, monitorear, ejecutar y procesar a los transgresores, y en ausencia de suficiente presión gubernamental, muchas normas son implementadas desigualmente (Hanrahan, Wheeler, Keene y Shaman, 1998). En este sentido, la planeación y gestión ambiental son procesos, recursos y acciones para llevar a cabo las metas propuestas.

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deseado y los medios efectivos para lograrlo. En otras palabras la planeación es proyectar un futuro deseado y los medios efectivos para conseguirlo. Es un instrumento que usa el hombre sabio; mas cuando lo manejan personas que no lo son, a menudo se convierte en un ritual incongruente que proporciona, por un rato, paz a la conciencia, pero no en el futuro buscado.

2.6 Gestión ambiental

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II restaurar el ambiente. Ahora bien, lo que este proceso pretende llevar a cabo es estimular algunos cambios que aterricen en cuatro grandes aspectos:

• Un mejor aprovechamiento de los recursos naturales, de tal forma que se garantice su

renovación natural.

• Un ritmo adecuado de explotación de los recursos naturales no renovables, propiciando

además el surgimiento y desarrollo de cambios tecnológicos y fuentes de energía alternativas para que puedan suplir dicho agotamiento, normando al mismo tiempo su utilización para evitar la degradación ambiental

La gestión ambiental alude entonces a un conjunto de prácticas públicas, políticas y sociales, a través de las cuales se gestionan al mismo tiempo las demandas de la población y las respuestas técnicas y administrativas a estas demandas (Moctezuma y Anaya, 1999).

Ejercicio:

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Tema III ORDENAMIENTO TERRITORIAL

Objetivo particular

Analizar la importancia del ordenamiento territorial como instrumento de planeación del uso del suelo para el desarrollo

sustentable

Introducción

En la Planeación Nacional del Desarrollo de México, es necesario incorporar la política ambiental y el Ordenamiento Ecológico, para lo cual, en la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) queda definido el concepto de Ordenamiento Ecológico del Territorio (OET) como “el proceso de planeación dirigido a evaluar y programar el uso del suelo y el manejo de los recursos naturales en el territorio nacional, para preservar y restaurar el equilibrio ecológico y proteger el ambiente. El OET busca promover patrones sustentables de ocupación y aprovechamiento del territorio, a partir de los siguientes objetivos: a) propiciar patrones de distribución de la población y de las actividades productivas consistentes con la habitalidad y la potencialidad del territorio; b) consolidar aquellas formas de ocupación y aprovechamiento compatibles con las características del territorio; y c) prevenir, controlar, corregir y, en su caso, revertir los desequilibrios que se observan en el desarrollo del país. Desde esta perspectiva, el OE se constituye en herramienta fundamental e imprescindible del OT, pues la orientación de los procesos de usos y ocupación del territorio deberá considerar la evaluación de las posibles afectaciones al ambiente (INE/SEMARNAT, 2000).

3.1 Qué es el ordenamiento territorial

Según la LGEEPA el ordenamiento ecológico del territorio (OET) es el instrumento de política ambiental cuyo objeto es regular o inducir el uso del suelo y las actividades productivas, con el fin de lograr la protección del medio ambiente y la preservación y el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, a partir del análisis de las tendencias de deterioro y las potencialidades de aprovechamiento de los mismos.

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II así como la planeación del espacio natural transformable en espacios urbanizables –regulando el uso del suelo sin poner en riesgo la dinámica ecosistémica del conjunto– favorecerá en el largo plazo el tránsito hacia economías regionales más sustentables. También representa un valioso insumo para los procesos de planeación económica y asignación del gasto público, de gestión territorial en el nivel regional, de concertación, complementariedad y concurrencia gubernamental; asimismo es un instrumento con gran potencial para articular e integrar políticas y es ampliamente propicio para promover la participación social en torno a los objetivos de preservación de la biodiversidad y el desarrollo económico sustentable.

A lo largo de los últimos años México ha buscado avanzaren el fortalecimiento de este instrumento mediante los diferentes ordenamientos ecológicos regionales y sus vínculos con otras acciones de política ambiental, como la identificación y delimitación de ANP y sus áreas de influencia, por ejemplo los corredores biológicos que promueven la conectividad entre las ANP; la ordenación y regulación territorial de actividades en las UMA y la regulación territorial e identificación de sitios para el desarrollo del potencial industrial considerando actividades riesgosas y sus respectivas zonas de salvaguarda, así como la prevención de los riesgos climáticos en la ocupación del territorio y las nuevas políticas territoriales que surgen ante los efectos del cambio climático, sobre todo en las zonas costeras.

3.2 Marco normativo del ordenamiento territorial

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indican los términos con base en los cuales los estados y municipios deberán formular y expedir los programas de ordenamiento ecológico regional y local.

Ejercicio:

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Tema IV. Bases teóricas y conceptuales de la relación entre patrimonio y desarrollo sustentable

Objetivo Particular

Analizar los retos y las perspectivas del desarrollo industrial en México en el contexto de la sustentabilidad.

Introducción

Las industrias son productoras de bienes y servicios que emplean materias primas, energía, capital y trabajo humano para realizar su ciclo productivo y generar riqueza. Pero el proceso productivo de los bienes necesarios para la sociedad también genera subproductos y residuos que pueden ser dañinos para la salud de los seres vivos y afectar negativamente el equilibrio de los ecosistemas, a la vez que genera presiones sobre los recursos naturales.

Sin embargo, el cuidado ambiental se ha constituido en una fuente de mejoras del desempeño industrial en general, creando oportunidades de ahorro y de negocios, a la vez que la imagen ambiental se ha tornado en una variable importante de competitividad.

El volumen físico de la producción industrial en el mundo ha crecido aceleradamente en las últimas décadas, tanto que en la segunda mitad del siglo XX se han empleado más recursos naturales en la producción de bienes de consumo que en toda la historia anterior de la humanidad. Esto se ha traducido en una enorme presión sobre los recursos naturales y ha incrementado significativamente los problemas de contaminación local, tanto por los efectos directos de la fabricación de satisfactores como por su consumo.

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Además, la búsqueda de mayor eficiencia energética se ha convertido en una variable clave para el desarrollo tecnológico, y el uso sustentable del agua ha adquirido una importancia creciente en el diseño y desarrollo de proyectos industriales.

Las presiones actuales de los consumidores de los países más desarrollados pugnan porque el mercado premie a las empresas que manifiestan mejor desempeño ambiental considerando tanto el qué producen como el cómo lo producen, lo que propicia que los efectos ambientales generados por la producción de los bienes de consumo se constituya en una variable importante dentro de las decisiones de consumo. Las políticas ambientales públicas hacia el sector industrial han reforzado las tendencias por un cambio tecnológico que limite los impactos ambientales y que transfiera la contaminación generada hacia estados físicos que representen un menor riesgo ambiental y de salud pública.

Las consideraciones de índole ambiental empiezan a adquirir cierto rango entre los factores que modelan el comercio mundial de productos industriales, y su influencia es cada vez mayor en las decisiones de localización de plantas y de métodos de producción. Poco a poco se hace evidente una clara tendencia a considerar el cuidado del medio ambiente como un requisito previo para que una empresa tenga posibilidades de éxito en el mercado mundial y la mitigación de los impactos ambientales propios del sector industrial también se manifiesta como una fuente creciente de ahorros y de oportunidades de negocio.

4.1 Industria en México

El crecimiento industrial se ha constituido en motor fundamental del desarrollo de México. Ha sido el impulsor de la urbanización al haber favorecido el surgimiento de un sector de servicios que ha consolidado a las metrópolis y ciudades medias y de él depende gran parte del crecimiento económico y el bienestar de la población.

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II A partir de la década de 1940, en una economía cerrada y bajo la estrategia de sustitución de importaciones, el despegue industrial en México se concentró en unas cuantas ciudades, sostenido principalmente por la siderurgia, los productos metálicos y químicos, los alimentos, bebidas y tabaco, los textiles, ropa y calzado. En esta etapa operaron como factores claves el contexto bélico internacional y el despliegue de una estrategia interna de fomento industrial. Frente a la imposibilidad de mantener las importaciones desde los Estados Unidos como resultado de la guerra y ante la existencia de un establecimiento industrial importante en México, fue posible reorientar su producción hacia adentro. La inversión extranjera se dirigió a las ramas más dinámicas y fue regulada, protegiendo a los capitales nacionales.

En los años cincuenta se inició la construcción de parques industriales públicos, dentro de políticas que reforzaron el efecto concentrador. El periodo de mayor dinamismo industrializador y, en general, de la economía mexicana, fue el de la década de 1970. El crecimiento industrial fue de 8.7% anual promedio, mayor de 6.9% alcanzado en la década de 1940. La máxima expansión se dio en las ramas de productos metálicos y eléctricos, vehículos y sus accesorios, química, refinación de metales y materiales no metálicos. El contexto internacional siguió siendo favorable para la industrialización gracias al alto ritmo de crecimiento de las economías industrializadas y al gran flujo de inversiones directas que se dirigían a países en desarrollo.

Desde principios de la década de 1970 se dio mayor impulso a proyectos para desconcentrar la industria y el desarrollo urbano; mediante instrumentos fiscales, planes de fomento y esquemas de coordinación se impulsaron a parques industriales fuera de los polos tradicionales para propiciar la instalación de industrias en áreas más propicias. También se dio la creación explícita del régimen de maquiladoras.

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económica está contribuyendo a modificar el actual patrón de localización territorial de la población, pues hace que se privilegien puntos más cercanos a puertos y fronteras. Esta tendencia puede modificar el impacto ambiental que actualmente tiene la actividad industrial en ciertas ciudades y regiones.

4.2 Industria y medio ambiente

El impacto ambiental que las industrias tienen sobre el medio ambiente y los recursos naturales ha sido

considerable, no tan sólo como resultado del crecimiento de la producción sino también gracias a que dicho

crecimiento se concentró en sectores de alto impacto ambiental.

Tal impacto es derivado no sólo de la actividad industrial misma y de los residuos que genera, sino también de

la posición que se tenga acerca de que el cuidado ambiental no es un lujo sino una fuente de competitividad y

ahorro. En este contexto, se ha identificado -con fines ilustrativos- una tipología de empresas mexicanas en

materia de su preocupación ambiental. En un extremo se encuentra un segmento de empresas, en general

altamente exportadoras, que tienen una alta preocupación por innovar procesos y buscar cumplir con su

responsabilidad ambiental más allá incluso de lo que la normatividad les exige; un segundo segmento, en

general de grandes empresas orientadas al mercado interno, que busca aprovechar las oportunidades de

ahorro y negocios que les plantea el cuidado ambiental; un tercer segmento de empresas generalmente

medianas y altamente exportadoras, que busca tener un desempeño ambiental que no merme su

competitividad internacional, pero frecuentemente enfrentan problemas de índole financiera; un cuarto

segmento de empresas, tanto grandes como medianas, en general orientadas al mercado interno o a bienes

básicos, que reconocen oportunidades de ahorro y eficiencia a través de inversiones que conllevan mejoría

ambiental, pero también frecuentemente no tienen condiciones de acceso a recursos para hacerlo; y un quinto

segmento que carece de interés o de recursos, que fundamentalmente está integrado por pequeñas y

microempresas, aunque no faltan empresas grandes o medianas. Las empresas de este último segmento

representan la mayoría de las empresas del país, al menos en número, aunque cabe destacar que este

comportamiento no es generalizable a todas las pequeñas y microempresas ya que en muchos casos se

presenta un comportamiento ambiental bastante positivo.

Ante un escenario diverso y complejo como el anterior, una de los imperativos de la política ambiental es la

existencia de un inventario exhaustivo de contaminantes totales generados por el sector industrial. Por tanto,

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Diplomado en Desarrollo Sustentable Módulo II entre los giros industriales que más afectan el ambiente la petroquímica básica, la química y la industria

metalúrgica, que en total pueden representar más de la mitad de la contaminación generada por el sector. En

materia de residuos peligrosos, las industrias química, metalúrgica y automotriz son los sectores industriales

con mayor generación, les siguen la industria eléctrica y la de alimentos.

Dada la desigual distribución geográfica de la industria y la dispar presencia de tipos de industrias en cada

región, sus efectos ambientales difieren sustantivamente. Se puede distinguir estados con una alta intensidad

de generación de contaminantes con relación a su producto, como parece ser el caso de Chiapas, Guanajuato,

Querétaro, Tabasco, Tamaulipas, Tlaxcala y Veracruz. Otros estados, en cambio, a pesar de su alta

concentración de industrias, presentan una baja intensidad de contaminación por unidad de producto

industrial, como es el caso de los estados de México, Puebla, Jalisco, Nuevo León y el Distrito Federal. Cabe

señalar que el análisis anterior no considera la existencia de equipo de control, sino las características

tecnológicas de los procesos industriales analizados, si bien una parte importante de las industrias de mayor

tamaño han incorporado equipos de control atmosférico y de tratamiento de aguas residuales, lo que hace

disminuir sensiblemente su aportación medida indirectamente.

Se enfrenta, así, un problema complejo que tiene relación con la estructura del sector industrial en México,

que se ilustra adicionalmente en los puntos siguientes:

o La industria azucarera presenta efectos contaminantes sobre el agua derivados de su elevado

consumo energético, sus descargas de alta temperatura y gran contenido de materia orgánica

(bagazo, cachaza y vinazas). Además, contribuye a la contaminación del aire por la utilización

de combustóleo y bagazo, careciendo totalmente de equipos de control de emisiones.

o La industria minero-cuprífera presenta efectos contaminantes del agua por descargas ácidas,

de metales, cianuros de sodio, materiales reactivos, aceites lubricantes usados y sólidos

suspendidos, y del aire por partículas de polvo derivadas de sus procesos.

o La industria siderúrgica afecta al agua con descargas ácidas y amoniacales; al aire con polvos,

gases y humos provenientes del carbón y gas natural en procesos de combustión ineficientes.

o La industria del cuero genera residuos de “descarne”, “raspa”, polvo de piel cromada y recorte;

además, contamina el agua con sales, cromo, materia orgánica, grasas, taninos vegetales y

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o La industria de celulosa y papel contamina el agua con materia orgánica y sustancias químicas

cloradas y el aire como resultado de procesos de combustión.

o En lo que se refiere a la minería en general, los principales riesgos derivan de la fase de

explotación, principalmente de la operación de presas de jales. La misma puede generar

escurrimientos y arrastres de residuos minero-metalúrgicos peligrosos de alta afectación

ambiental, así como la descarga de aguas residuales en cuerpos receptores. Igual ocurre en los

procesos de beneficio de minerales, que pueden tener efectos ambientales negativos a través

de sus aguas residuales, materiales y sustancias peligrosas y, en algunos casos, emisiones a la

atmósfera. Estas últimas son particularmente importantes en los procesos de fundición y

refinación.

o Finalmente, la actividad petrolera involucra acciones de grandes dimensiones que afectan

drásticamente al ambiente. Ello es particularmente cierto con relación a las actividades de

refinación y petroquímicas que, aunque se convierten en un importante estímulo a la

formación de polos industriales, muestran por lo general niveles altos de contaminac

Ejercicio:

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Tema V. Desarrollo comunitario y sustentabilidad

Objetivo Particular

Proporcionar bases conceptuales para la instrumentación del desarrollo sustentable a una escala local

Introducción

En no pocos países se vive actualmente la cruel paradoja de una simultánea aceleración del crecimiento económico y desaceleración del desarrollo, de un aumento de los índices macro-económicos y de una disminución de los índices más concretos que miden convergencia, sea entre sectores, territorios, o personas. La idea de una cierta justicia social que acompañase al crecimiento, parece más y más lejana de la realidad. Marshall Wolfe hablaba del “esquivo desarrollo” en tanto que Douglass North, poco después de recibir el Nóbel de Economía, señalaba en una entrevista de prensa que la receta neo-liberal para el “desarrollo” era bien conocida y que a pesar de ello, muchos países que la seguían al pie de la letra durante décadas, no veían llegar el ansiado desarrollo.

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Ejercicio:

Con base en la documentación proporcionada por el facilitador responda la siguiente pregunta ¿Por qué el desarrollo sustentable debe ser construido a partir de lo local? Explica tus argumentos y compártelos con tus compañeros en plenaria.

5.1 Estudios de caso

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Anexos

Todos los materiales de lecturas utilizadas en el módulo se encuentran relacionados y disponibles de manera permanente en la siguiente dirección electrónica

https://sites.google.com/a/uacam.mx/cienciayvalores/home/posgrado-patrimonio

Bibliografía Básica

DE LAS TEORÍAS DEL DESARROLLO AL DESARROLLO SUSTENTABLE. Gutiérrez E., González E. Siglo XXI editores, México, 2010

EDUCACIÓN AMBIENTAL Y DESARROLLO HUMANO. Caride J. A., Meira P. B., Ariel España, 2001

EDUCACIÓN AMBIENTAL Y SUSTENTABILIDAD. VIVIENDO EN TIEMPOS DE CAMBIO CLIMÁTICO. Ricardo Isaac Márquez, Altres Costa-Amic Editores, México, 2012

MEDIO AMBIENTE Y DESARROLLO. Bifani P. Universidad de Guadalajara México, 2007

Referencias

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