La Forma del tiempo

Texto completo

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Universidad Distrital Francisco José de Caldas Facultad de Artes A.S.A.B.

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LA FORMA DEL TIEMPO

Juan Manuel Téllez Castañeda

Septiembre 2018.

Director de tesis: Rafael Méndez.

Universidad Distrital Francisco José de Caldas Facultad de Artes A.S.A.B.

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Agradecimientos:

A Rafael por su apoyo, comprensión y dirección. A Martha L. Castañeda por su apoyo y paciencia.

A Ana Fino por las conversaciones constructivas y la compañía. A Jeison Julián Sosa Rodríguez por su trabajo escultórico.

A Daniel Farietta, Mariana Celis, Alejandro Quito, Nadia Quito y Marco Carranza por su apoyo en el montaje y con el registro de video y fotografía.

A Jorge Guarín por ubicarme cuando me perdí.

A los maestros de la A.S.A.B. por la formación recibida y la amistad. En particular a Marcela Córdoba y Adrián Gómez por sus críticas constructivas.

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Resumen

Se pretende cuestionar la estabilidad del reloj como objeto protagónico en el sistema de regulación temporal propio de las sociedades industriales, y también la linealidad distintiva de esta concepción cultural que se impone como única e invariable perspectiva temporal. La estabilidad del dispositivo métrico se cuestiona al alterar el material de su factura, el reloj será un reloj que deviene en el tiempo, se transforma y no está sujeto a una forma única. De la misma manera en que el reloj deviene y desaparece en el tiempo, la forma temporal administrativa de las sociedades de consumo tampoco resulta estable, su totalitarismo ideológico se ve cuestionado, y se entra así en duda acerca de su objetividad y universalidad. El tempo del trabajo aliena al ser humano de su naturaleza orgánica, se convierte en un tiempo de valor económico intercambiable para la subsistencia, un tiempo que puede comprarse y también invertirse, y que ya no es un reflejo del tiempo natural de los ciclos planetarios. Proyecto de grado, artes plásticas y visuales A.S.A.B. 2016

Palabras clave:

Tiempo, Tiempo de trabajo, Devenir, Causalidad, Sincronicidad, Sociedad industrial, Reloj.

Abstract

The aim is to question the stability of the watch as a protagonic object in the system of temporary regulation proper to industrial societies, and, also question the distinctive linearity of this cultural conception that imposes itself as the only and invariable temporal perspective. The stability of the metric device is questioned when altering the material of its invoice (solar clock on ice), this clock will be a clock that becomes in time, transforms and is not subjected to a unique shape. In the same way that the clock becomes and disappears with time, the temporary administrative form of consumer societies is not stable either, its ideological totalitarianism is questioned, and thus one enters into a doubt about its objectivity and universality. The time of work alienates human beings from their organic nature, it becomes a time of interchangeable economic value for subsistence, a time that can be bought and, also invested, and that is no longer a reflection of the natural time of planetary cycles. Degree project, plastic and visual arts A.S.A.B. 2016

Key words:

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ÍNDICE

Lista de Figuras ... X

0. INTRODUCCIÓN ... 13

1. ORIGEN DE LA MEDICIÓN DEL TIEMPO ... 15

1.1 Tiempo “natural” – Sociedades pre-industriales ... 17

1.2 Tiempo de trabajo – Sociedades industriales ... 19

1.3 Malestar ... 21

2. NATURALIZACIÓN DE LA FORMA DEL TIEMPO EN LA CULTURA. CONCEPTUALIZACIÓN – FORMA ... 25

2.1 Más allá de la forma ... 26

3. PERSPECTIVAS ... 29

3.1 Causalidad y sincronicidad ... 29

3.2 La medida y el reloj ... 31

3.3 Relatividad ... 32

4. ESTADO DEL ARTE Y PROPUESTA PLÁSTICA ... 35

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Lista de Figuras

Foto de la portada: Escudo de la A.S.A.B. ... ii

Figura 1. Sistema solar ... vi

Figura 2. Lunar ... xi

Figura 3. Reloj de arena ... 16

Figura 4. Reloj de cera ... 18

Figura 5. Reloj de péndulo ... 20

Figura 6. Calendario II ... 22

Figura 7. Calendario ... 30

Figura 8. Boceto de la propuesta plástica ... 33

Figura 9. A y B. Pinturas rupestres amazónicas ... 36

Figura 10. Monumentos funerarios ... 37

Figura 11. Pintura renacentista ... 38

Figura 12. Vanguardias ... 39

Figura 13. Cine ... 40

Figura 14. María Teresa Hincapié ... 41

Figura 15. Selfs ... 41

Figura 16. The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living ... 42

Figura 17. “Untitled” (Perfect Lovers) ... 43

Figura 18. Boceto de la propuesta plástica ... 43

Figura 19. Boceto de la propuesta plástica ... 44

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0. Introducción

¿Qué es el tiempo?

Es algo que ignoro y que no lograré llegar a conocer en su totalidad dadas mis limitaciones como ser humano; si existe o no, es otra cosa a la que no puedo dar una respuesta inmediata y/o clara. De lo que puedo dar cuenta como ser sensible es del percibir su paso en mi propia historia y su presencia constante en las rutinas diarias, por tanto, creo en su existencia, aunque no me atrevo a afirmarla.

La indagación de este proyecto parte específicamente desde la sociedad capitalista de la que hago parte por una herencia de lugar y época, sin negar la posibilidad de que las estructuras ideológicas o metodológicas (respecto al tiempo laboral) se generen bajo otros contextos (como el Japón industrial, o las sociedades socialistas o comunistas), pero sin incluir estos otros contextos en la elaboración de ideas del presente texto. Para la realización del mismo, se parte del modelo de investigación teórica occidental, entretejiendo a distintos críticos y autores a partir del enlace de citas, para recrear un artículo de investigación.

Desde esta posición cultural, el tiempo se revela como un material efímero que debe administrarse para la obtención de productos o servicios, convirtiéndose él mismo en una mercancía o un valor de intercambio, que debe aprovecharse al máximo para obtener el mayor rendimiento. Este mecanismo administrativo y comercial genera en mi angustia e impotencia por el transcurso que creo desaprovechado o mal utilizado en mi vida, que pasa irreversiblemente y que no es considerado como productivo bajo los parámetros de la sociedad de consumo, puesto que no genera bienes ni servicios de forma masiva, ni asegura la continuidad del sistema.

En particular desde occidente, pero no exclusivamente, la naturalización del tiempo de trabajo como definición del tiempo en general, surge como un sistema que mecaniza la producción en la jornada laboral de las sociedades industriales, permitiendo la administración del mismo en pro de los ideales de consumo y calidad de vida en la actualidad. Pero al ser esta noción del tiempo-mercancía (o tiempo como valor de intercambio), una noción que surge de un sistema cultural (el capitalismo global contemporáneo), se trata de una construcción conceptual que resulta relativa e incompleta; es tan sólo una perspectiva con respecto al mismo, que adaptamos a la vida humana en general. Y a pesar de ser solo una perspectiva, el tiempo del trabajo se instala como una realidad indiscutible y hegemónica.

La temporalidad de la jornada de trabajo posee una estructura administrativa definida, que gira en torno a una medida pretendidamente objetiva y universal, contenida en el mecanismo del reloj. El cronómetro como aparato de medición existe desde tiempos primitivos, funcionando inicialmente a partir de elementos solares y estelares y, complejizándose con el avance de las distintas civilizaciones, pasando por artefactos tan sencillos como una vela segmentada que se va consumiendo, hasta llegar en nuestros días a dispositivos que trabajan a partir de mecanismos de descomposición atómica. Se instaura entonces este dispositivo como un objeto sagrado en la sociedad capitalista que, como director de las rutinas, ciclos y procesos del devenir de la humanidad, se convierte en un polo en torno al cual se centra la vida misma.

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que no duran exactamente doce horas y que tampoco tienen siempre la misma longitud, incluso el cambio de horario (aumento o resta de horas) entre verano e invierno en los hemisferios, evidencia la inexactitud de tal sistema métrico horario.

El siguiente trabajo cuestiona:

a.- la imposición de una perspectiva temporal exclusivamente lineal,

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1. Origen de la medición del tiempo

“Me refiero a que sin el tiempo no tendrías conciencia de ti mismo ni en términos de fracaso ni de triunfo, ni en términos de movimiento hacia atrás ni hacia adelante, ni advertirías el efecto que ello produce sobre todo lo demás.” (Rice 1998)

Abarcar la historia de la medición del tiempo es una tarea que resultaría extensa y agotadora para el presente trabajo, pero resulta necesario dar breve cuenta de este desarrollo, para poder entrar en materia respecto al uso contemporáneo de la métrica temporal en las sociedades capitalistas. Por tanto, presento a continuación un pequeño resumen, a vuelo de pájaro, sobre el origen de la medición del tiempo. Vivimos como especie animal en esta tierra, sujetos a ciertas condiciones generales de las que nadie está exento y por la racionalidad que nos caracteriza (principalmente desde las culturas occidentales), tenemos la necesidad de clasificar y definir los diferentes contextos, tanto físicos como biológicos, que conforman nuestro entorno y determinan nuestros comportamientos. En particular, el proceso de clasificación se asienta con potencia en la cultura, desde el surgimiento del método científico en el renacimiento europeo. Estamos sujetos a realidades como la vida y la muerte, las limitaciones materiales del cuerpo, el espacio y el tiempo, entre muchas otras, y tratamos de darle un sentido a estos sucesos que nos permita desenvolvernos en ellas y, en cierta medida, hacerlas propias y familiares.

Independientemente de cualquier interpretación que pueda hacerse de los fenómenos naturales, e incluso de cualquier otro fenómeno, existe una base -el fenómeno y la percepción del mismo-; simultáneamente a esta experiencia elaboramos el concepto con que la definimos y el modo de relacionarnos con ella. En este caso hablamos del tiempo como fenómeno y la medida como sistema de relación y representación conceptual.

El tiempo en particular es como un río que atraviesa toda forma de existencia y al que la misma se encuentra sujeta. Un fluir imparable que dicta las pautas de nuestras rutinas sociales, de la supervivencia, de la lucha contra la muerte como aparente límite y final.

No sabemos a ciencia cierta qué es el tiempo, no sabemos siquiera si es real o ficticio puesto que “(...) por un lado, la argumentación escéptica se inclina hacia el no-ser [del tiempo], mientras que una confianza comedida en el uso cotidiano del lenguaje obliga a decir que de una manera que no sabemos todavía explicar, el tiempo es.” (Ricoeur 1995, p. 14)

y utilizamos la medida para interpretar su escurridiza existencia.

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Esta forma de medir, aparentemente, vuelve al tiempo al yo objetivo y universal y también se vuelve él mismo un producto de consumo o un valor de intercambio,

“(...) es un tiempo que ha sido transformado por la industria. El tiempo que se basa en la producción de mercancías es él mismo una mercancía consumible, (...)” (Debord 1967, p. 147)

1.1 Tiempo “natural” – Sociedades pre-industriales

Vivimos en un planeta que pertenece a lo que hemos denominado familiarmente como sistema solar (una estrella central con varios cuerpos celestes gravitando a su alrededor), que a su vez forma parte de una galaxia que se desplaza y transforma en el espacio entre otras agrupaciones estelares distintas y similares. El planeta mismo posee un movimiento continuo de rotación sobre sí mismo y de desplazamiento o traslación alrededor del sol, que no es eterno ni inmutable pues está sujeto a las transformaciones de la materia, desarrollándose en lapsos de tiempo aparentemente infinitos y constantes para nuestra corta expectativa de vida, pero que en realidad se encuentran en un continuo proceso de alteración.

En este desplazamiento del planeta en torno al sol en el espacio (y también de la luna alrededor de la tierra), se produce la vida y la muerte, se generan en la esfera terráquea fases de luz y oscuridad, frío y calor, humedad y sequedad, mareas y estaciones que se repiten cíclicamente y que, al parecer constantes, permiten la medida y planeación de los distintos períodos en que debemos subsistir. Es en el proceso de medición de tales ciclos que damos pie a una definición formal del tiempo “natural”. Entonces, a partir de la medición de los ciclos terrestres, las distintas sociedades humanas se plantean las horas de actividad, de recreo y de descanso, las temporalidades agrarias y urbanas, los ritos religiosos, políticos y seculares; así mismo la vida íntima y la vida pública se ven gobernadas por construcciones culturales que surgen de la necesidad de control sobre los acontecimientos naturales de nuestro entorno inmediato; sin embargo, se va un poco más allá de lo físico o biológico puesto que

“Entonces el hombre alcanza y desarrolla su animalidad, pero a través de una mutación. Ya que se trata de una nueva esfera que se ha creado el mismo, la esfera social y cultural que no existe en la animalidad.” (Morin 1992)

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1.2 Tiempo de trabajo – Sociedades industriales

“Las fuerzas económicas de cada época despliegan formas de producción que se ajustan a su naturaleza (...).” (Simmel 2000) “El sujeto no puede surgir más que de la sociedad, es decir, de la lucha de clases que se revela como el producto y el productor de la fundación económica de la historia.” (Debord 1967) Ahora bien, con la aparición de la industria, se replantean los roles del individuo en una sociedad que ya no resulta comunitaria puesto que ya no gira en torno a colectividades relativamente familiares, sino a gigantescas corporaciones mercantiles. Reconstruimos entonces los ciclos naturales desde la emergente cultura de masas y de consumo, adaptándolos a las nuevas rutinas y necesidades sociales, generando consensos temporales que nos permiten organizar fases de interacción específicas: el tiempo del trabajo para el sostén de los individuos que componen una sociedad, el tiempo de ocio dirigido al consumo de productos físicos y culturales que surgen de la misma producción industrial, el tiempo del descanso que resulta inevitable dadas nuestras limitaciones biológicas y mentales, etc. Tales fases se determinan a partir de una métrica horaria en que se pretende confinar el inevitable devenir,

“La base natural del tiempo, el cálculo sensible del transcurso del tiempo, se vuelve humano y social al existir para el hombre. Es el estado limitado de la práctica humana, el trabajo en diferentes estadios, el que hasta ahora ha humanizado y también ha deshumanizado, el tiempo como tiempo cíclico y tiempo separado irreversiblemente de la producción económica.” (Debord 1967, p. 163)

Con la expansión e imposición cultural de las llamadas sociedades capitalistas industriales, el consenso métrico y administrativo del tiempo se acentúa, optimizando la elaboración extendida de bienes y servicios para la cultura del consumo de mercancías industriales. Se disponen los recursos materiales y humanos que serán aprovechados al máximo en su rendimiento.

Las etapas naturales terminan siendo una especie de telón de fondo para el escenario de los procesos mecánicos masificados (“(...) el tiempo seudocíclico se apoya sobre las huellas naturales del tiempo cíclico (...)” (Debord 1967, p. 150). El individuo debe adaptarse a las exigencias productivas de su comunidad, olvidando que el acuerdo métrico no es más que una herramienta y no una certeza.

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1.3 Malestar

Al apartarnos de las sociedades comunales y al desarrollar nuevas temporalidades artificiales (seudocíclicas) que resultan válidas para el contexto cultural anteriormente expuesto, el individuo se encuentra de un modo repentino aislado de lo que anteriormente consideraba su entorno inmediato comunitario y/o natural.

“En la superficie, la vida cotidiana se vuelve cada vez más complicada, cada vez más mecanizada y apremiada: la civilización técnica que cumplía cada vez más su poder, la extrema división del trabajo, la burocracia, la mala impresión causada por el poder estatal omnipresente que se hace cada vez más fuerte, y en la vida cotidiana están el aislamiento, la ruptura de los viejos lazos, el desmoronamiento de formas sociales y comunales anteriores, y, como consecuencia de éstos, la atomización del individuo, la alienación, la sensación atormentadora de que se deviene una máquina (...)”. (Szabolcsi 1984. Reproducción en Mosquera, 1993).

Como resultado de esta reconstrucción ficticia, el individuo vive inmerso en una realidad impuesta donde

“(...) lo que ha sido realmente vivido no tiene relación con el tiempo irreversible oficial de la sociedad y está en oposición directa al ritmo seudocíclico del subproducto consumible de este tiempo.” (Debord 1967, p. 157)

Esta ilusión cultural aún no puede evitar las limitaciones humanas (biológicas) puesto que todavía necesitamos del descanso para reponer energía y metabolizar los procesos fisiológicos, y aún así no se le da la debida importancia a tales necesidades,

“La parte irreductiblemente biológica que sigue presente en el trabajo, tanto en la dependencia de lo cíclico natural en la vigilia y el sueño como en la evidencia del tiempo irreversible individual del desgaste de una vida, se contemplan sólo como accesorios desde el punto de vista de la producción moderna (...)” (Debord 1967, p. 160)

El individuo se aleja de sí mismo al insertarse en estas nuevas dinámicas temporales de la producción industrial, y pierde en cierta forma su lugar en el mundo al volverse un número más en la cadena de producción y consumo, cadena que no permite dentro de sí, ninguna clase de diferencia puesto que está misma puede llegar a afectar y destruir su rigurosa estructura,

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De cualquier manera, sometiéndose al sistema, o absteniéndose de ser parte del mismo, el individuo entra en contradicción, o consigo mismo, o con el entorno cultural en que se desenvuelve, generando un malestar que subyace en el aparentemente impecable orden establecido, que se revela históricamente en formas explosivas y contestatarias, como ha ocurrido con el movimiento francés de estudiantes de Mayo del 68, la liberación sexual de la década de los 60’s o el movimiento Hippie en Estados Unidos, por señalar algunos ejemplos.

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2. Naturalización de la forma del tiempo en la cultura. Conceptualización –

forma

“El siglo XVIII centró su cosmovisión en el concepto de ley natural como la instancia única que define lo esencialmente válido. El siglo de

Rosseau construyó la naturaleza como ideal, como valor absoluto, como aspiración y exigencia.” (Simmel, 2000) “…Los hombres intentan incesantemente moldear e interpretar esta vida.” Simmel, 2000) Cada población o civilización productora de cultura (pasa o actual) posee una manera propia y particular de explicar y recrear el entorno natural y sus fenómenos en general (no solo la dimensión temporal), para desenvolverse en él. Se trata de agrupaciones de individuos que trabajan o trabajaron en colectivo para sobrevivir y expandirse. Las congregaciones humanas necesitan de consensos para entenderse entre sus miembros y organizar sus estructuras sociales, acuerdos en el lenguaje que comprenden y explican los múltiples fenómenos circundantes.

El concepto o idea es la herramienta metafísica que se crea desde la cultura como árbitro en la comunicación social, que actúa como mediador entre distintas posiciones respecto a un mismo fenómeno (biológico, físico, sicológico, entre otras); implica una reducción del mismo, una limitación de la realidad.

“Del mismo modo que es cierto que una hoja nunca es totalmente igual a otra, así mismo es cierto que el concepto hoja se formado al abandonar de manera arbitraria esas diferencias individuales, al olvidar las notas distintivas…” (Nietzsche 2000, p. 6).

Este modo de aproximación o interpretación nos permita desarrollar estructuras prácticas de supervivencia, que permiten a su vez el avance técnico e intelectual de la comunidad,

“El así llamado conocimiento «práctico» , después de todo, es sólo conocimiento «teórico» que ha sido aplicado a objetivos prácticos. Como forma de conocimiento pertenece a un orden con sus propias leyes, un imperio idealizado de la verdad.” (Simmel 2000, p. 323).

La forma en que encasillamos la existencia y devenir de la temporalidad resulta necesaria para mantener el sistema económico y social, pero no se trata ya del fenómeno del tiempo, sino de nuestra fragmentada interpretación del mismo.

“La vida debe realizarse como forma o proceder a través de formas. Pero las formas pertenecen a un orden de ser completamente diferente. Requieren algunos contenidos que se sitúan más allá de la vida.” (Simmel 2000, p. 329).

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en su totalidad puesto que los mismos cambian y se caracterizan de maneras distintas y específicas que atienden a cada contexto a cada época particular.

Se plantean entonces formas definidas desde las estructuras culturales como lo es la forma del tiempo del trabajo, una impresión administrativa de la temporalidad que da pie a interacciones y rutinas sociales propias de la cultura industrial de producción y consumo masificado. Nos acercamos a la realidad del fenómeno indirectamente, y ya que no tenemos la capacidad de abarcar su totalidad, reelaboramos esta realidad definiéndola bajo los parámetros de nuestros sistemas de comunicación, “Así, el discurso práctico transforma en lenguaje aspectos, cualidades y valores, que no tienen acceso al lenguaje directamente descriptivo…” (Ricoeur 1995, p. 33).

2.1 Más allá de la forma

“Tan pronto como cada forma aparece, sin embargo, pretende una validez que trasciende el momento y se emancipa del latido de la vida. Por este motivo la vida está siempre en latente oposición con la forma.” (Simmel 2000). “La omisión de lo individual y de lo real nos proporciona el concepto del mismo modo que también nos proporciona la forma, mientras que la naturaleza no conoce formas ni conceptos, así como tampoco, en consecuencia, géneros, sino solamente una X que es para nosotros inaccesible e indefinible.” (Nietzsche 2000). El tiempo en la modernidad capitalista adopta una forma metafórica (la métrica del reloj) que parte de los fenómenos planetarios pero que ya no los contiene en su sentido original, funciona más bien como consenso general para la comprensión y administración de las estructuras y procesos de producción y consumo

“…hasta ahora solamente hemos prestado atención al compromiso que la sociedad establece para existir, la de ser veraz, es decir, usar las metáforas usuales, así pues, dicho en términos morales de la obligación de mentir según una convicción firme, de mentir borreguilmente, de acuerdo con un estilo obligatorio para todos.” (Nietzsche 2000, p. 6).

Sin embargo, las formas tampoco resultan estables e invariables, la idea o concepto de tiempo en la historia humana no se limita a una sola perspectiva, ni desde los diversos periodos históricos, ni tampoco desde las distintas culturas presentes o ya pasadas,

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“La vida conlleva en sí misma, la contradicción. Sólo puede entrar a formar parte de la realidad bajo la forma de su antítesis, esto es, sólo bajo la forma de la forma… Las formas mismas, sin embargo, niegan esta contradicción en sus rígidas configuraciones individuales, en la exigencia de sus derechos imprescriptibles, se presentan a sí mismas como el verdadero significado de su existencia.” (Simmel 2000, p. 329).

Resulta evidente que más allá de las formas culturales existe un nivel de realidad independiente de las mismas, siempre presente, en pugna constante con el título o uniforme en que pretendemos enclaustrarlas y escapando por cada fisura que se produce en el maquillaje de la forma,

“Algo similar ocurre en el caso de la metafísica. Su pretensión es el conocimiento de la verdad. Pero en ella se expresa algo que permanece más allá del conocimiento y este «más», o «más profundo», o «lo otro», se hace manifiesto por el hecho de que se hace violencia a la verdad como tal, porque lo que afirma está lleno de contradicciones y puede ser fácilmente refutado.” (Simmel 2000, p. 322).

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3. Perspectivas

“… la forma del tiempo en el pasado suministraba un soporte fijo o un contexto indestructible… Ahora, sin embargo, pensamiento y sentimiento son seres disueltos en y por el flujo de la vida. Ceden ante fuerzas y direcciones emergentes y cambiantes sin proponer una resistencia basada en un derecho independiente o una validez temporal…” (Simmel 2000).

La cultura occidental pretende en muchos casos ser hegemónica en el planeta, y la más avanzada (¿Avanzar hacia dónde?) dentro de su delimitado esquema mental de producción y consumo. Impone sus formas culturales y abarca el panorama inmediato de la vida humana. Sin embargo, el malestar que se genera en la vida del individuo bajo el sistema de control propio de las sociedades industriales, evidencia la ineficiencia e inexactitud de las formas o ideas con que se intenta resumir los fenómenos del entorno.

La validez de estas perspectivas se ve cuestionada por la relatividad física, social e histórica, entre otros posibles ángulos de apreciación de los fenómenos. Surgen otros puntos de vista desde la observación de otros enfoques culturales, como también desde la duda que generan las mismas formas o conceptos ya establecidos en las colectividades capitalistas.

La perspectiva temporal propia de la visión científica de occidente puede definirse como causal, posee un enfoque delimitado por una estructura lineal e irreversible, uniforme. Esta disposición se encuentra inscrita en el consenso métrico contenido en el dispositivo del reloj, ya sea que opere desde sistemas mecánicos, o funcione desde otras tecnologías primitivas o modernas, en cualquier caso este dispositivo mide el paso del tiempo bajo esta perspectiva occidental, lineal, cíclica, y en la actualidad industrial se convierte en centro de administración.

3.1 Causalidad y sincronicidad

“Al menos de una manera inmediata el mundo no ofrecía garantía de convergencia para nuestras duraciones individuales.” (Bachelard 2002).

Para occidente

“(…) nuestra ciencia se basa sobre el principio de causalidad y se considera que la causalidad es una verdad axiomática (…) lo que llamamos leyes naturales son verdades meramente estadísticas que deben, por lo tanto, necesariamente, dejar margen a las excepciones (…) cada proceso se ve interferido en forma parcial o total por el azar, hasta el punto que, en circunstancias naturales, una secuencia de hechos que se ajuste de manera absoluta a leyes específicas constituya casi una excepción.” (Jung, 2009)),

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“En tanto que, cuidadosamente, la mente occidental tamiza, pesa, selecciona, clasifica, separa, la representación china del momento lo abarca todo, hasta el más minúsculo detalle, porque todos los ingredientes componen el momento observado.” (Jung 2009).

Aquí encontramos una perspectiva cultural divergente a occidente. Desde la esfera capitalista se contempla el tiempo como una sucesión mecánica de material programable y administrable, una serie de causas y efectos materiales, esquemas y productos, donde el punto a, siempre precede al punto b, donde no se considera la simultaneidad ni la sincronía. Si observamos la cita anterior vemos que para Jung el pensamiento chino considera importantes, y en simultaneo, todos los puntos que abarca un mismo instante. Entra en juego la

“(…) sincronicidad, un concepto que configura un punto de vista diametralmente opuesto al de causalidad. Dado que esta última es una verdad meramente estadística y no absoluta, constituye una serie de hipótesis de trabajo acerca de la forma en que los hechos se desarrollan uno a partir de otro, en tanto que la sincronicidad considera que la coincidencia de los hechos en el espacio y en el tiempo significa algo más que el mero azar, vale decir, una particular interdependencia de hechos objetivos, tanto entre sí, como entre ellos y los estados subjetivos (psíquicos) del observador o los observadores.” (Jung 2009).

Encontramos en esta perspectiva una multitud de dimensiones a considerar en el desarrollo de la estructura temporal. Nuevos vectores de información atraviesan la solitaria línea de la sucesión causal de los eventos, la misma línea se distorsiona y ya no se ve tan definida ni tan central.

3.2 La medida y el reloj

“En algún lugar de alguna selva, alguien comentó: Que raros son los civilizados. Todos tienen relojes y ninguno tiene tiempo.” (Galeano 2016). Dentro de la forma temporal de occidente, encontramos una representación lineal de los acontecimientos, que uniforma su extensión aparentemente infinita en intervalos pretendidamente regulares, divididos por la marcación de los instantes, “(…) la duración no es sino un número cuya unidad es el instante.” (Bachelard 2002, p. 35).

Tales instantes son lo que denominamos segundos, minutos, horas, etc., y bajo tal marcación delimitamos el esquema temporal administrativo con que se programa la producción económica y la vida en general; como se dijo anteriormente, el tiempo se convierte en un valor de intercambio o mercancía.

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El dispositivo del reloj juega un papel protagónico en la concepción temporal de las sociedades industriales, se ha deificado a sí mismo y como rector de las cotidianidades uniforma la vida que en sí resulta heterogénea y no delimitable. La forma bajo la que pretende encerrar el tiempo es superada por la realidad.

“Aceptar una forma objetiva supone la pérdida de toda individualidad humana: además, se adulteraría su vitalidad al congelarla dentro del molde de lo ya caduco. Lo que en estos casos hay que salvar no es la individualidad de la vida sino la vida de la individualidad.” (Simmel 2000, p. 323).

3.3 Relatividad

“(…) ya no nos hacemos ilusiones de estar cerca de la Verdad o Realidad última… no podemos dominar la esencia última de las cosas. Pero si llegar a perspectivas que pongan un orden tolerable en nuestra casa.” (Bertalanffy 1986). Ahora, en tanto que somos seres humanos, los distintos planteamientos conceptuales que pueden hacerse resultan incompletos y subjetivos,

“Somos conscientes (…) del relativismo físico que resulta del marco de referencia del observador (…) también del relativismo biológico (…) y de la relatividad cultural de nuestra situación en un punto de la historia. (Bertalanffy 1986, p. 28).

Es por una costumbre impuesta culturalmente que nos aferramos a formas o conceptos, por ejemplo “(…) en la doctrina de Einstein, el instante bien precisado sigue siendo un absoluto” (Bachelard 2002, p. 28).

La relatividad existente entre las distintas perspectivas que se generan en torno a un fenómeno pone en duda la existencia de una forma absoluta de definirlo.

“La doctrina de Einstein nos niega la pretensión de considerar clara en sí la simultaneidad de dos acaecimientos localizados en puntos diferentes del espacio.” (Bachelard 2002, p. 29),

no existe una forma única de exponer el fenómeno, pueden más bien llegar a generarse acuerdos entre los distintos enfoques que nos permitan una comprensión más amplia del mundo en que habitamos.

Dentro del modelo capitalista actual, se considera válido un solo punto de vista como fundamento general de la vida social, el punto de vista administrativo. Respecto a la forma temporal industrial

“(… la duración sólo se aglomera, de manera facticia (sic), en una atmósfera de convenciones y definiciones previas, y (…) su unidad sólo procede de la generalidad y de la pereza de nuestro examen.” (Bachelard 2002, p. 29).

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4. Estado del arte y propuesta plástica

Dentro de la historia del arte, podemos observar distintos referentes temporales que atraviesan la historia misma de la humanidad. El solo hecho de plasmar escenas de caza (pinturas rupestres, Figura 9) remite a la reciente técnica de la fotografía. Las dos técnicas intentan congelar el tiempo en una escena, en una imagen. Los monumentos funerarios existentes en las distintas civilizaciones (Figura 10) también dan cuenta de la conciencia temporal, de la presencia constante de una muerte pasada, presente y futura, y por lo tanto del paso del tiempo. En general, podría decirse de los monumentos arquitectónicos, que constituyen una impronta humana en su necesidad de perpetuidad e infinitud, en su lucha contra el fenómeno temporal.

En la pintura renacentista advertimos una constante exaltación de la juventud –El nacimiento de Venus- (Boticelli 1480), que también remite a la lucha contra el desgaste natural del tiempo (Figura 11A). Y, ya entrados en el barroco encontramos naturalezas muertas y composiciones que empiezan a describir pictóricamente la putrefacción de los materiales orgánicos –Baco- (Caravaggio 1596a), -Cesto con frutas- (Caravaggio 1596b) (Figura 11 B y C).

Con la llegada de las vanguardias el elemento temporal adquiere aún mayor relevancia, encontramos corrientes como el futurismo que exalta la velocidad –Esculturas- (Boccioni 1913), mientras que las filosofías orientales producen corrientes como la danza Butoh en la que el tiempo se dilata (Figura 12 A y B).

Como evolución de la técnica fotográfica, encontramos el desarrollo de la industria cinematográfica como un referente explícito del manejo del tiempo en la esfera estética. En particular, películas como Metrópolis (Lang 1927), o la popular Tiempos Modernos (Chaplin 1936), abordan el tema de la temporalidad en las sociedades de producción industrial y en cierta forma, el malestar que se genera en las mismas por su estructura cultural, que gira casi exclusivamente en torno a la producción y administración económica (Figura 13 A y B).

Dentro de nuestra historia local, encontramos trabajos como el de la artista María Teresa Hincapié (Figura 14), quien a través de una exploración corporal y conceptual en sus acciones o puestas en escena, se acerca a una dimensión no convencional del tiempo. El movimiento de su cuerpo como agente estético, sintetizado a través de la dilatación temporal, lleva a la conciencia del detalle mínimo, que despierta los sentidos y hace aún más presente el paso del tiempo, independiente de la forma del tiempo cultural.

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A

B

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A

B

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A

B C

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(1596-A

B

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A

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Figura 14. María Teresa Hincapié. (https://www.artslant.com/global/artists/show/136139-mar%C3%ADa-teresa-hincapi%C3%A9?tab=PROFILE)

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Encontramos también el trabajo instalativo del británico Damien Hirst (1991), en que el artista pretende contener en un tanque con formol, el cuerpo de un tiburón. Con el paso de los años, este cuerpo, gracias a su naturaleza orgánica, entra en descomposición, evidenciando el irreversible y no coagulable paso del tiempo natural. Este proceso de descomposición se produce como un error, una equivocación que pone de manifiesto la inestabilidad del sistema económico contemporáneo al dar pie a la discusión por la validez del objeto mismo como pieza de consumo estético, como producto comercial que no se ajusta a los parámetros de la sociedad de masas (Figura 16).

En una relación un poco más directa con el presente proyecto, el trabajo Perfect Lovers, del artista Félix Torres Gonzalez (1991) utiliza el recurso del reloj para simbolizar el tiempo individual. Dos relojes en la pared empiezan a correr al mismo tiempo y con la misma hora, pero uno de ellos se va quedando atrasado en el devenir. El tiempo universal de la sociedad industrial resulta relativo, se evidencian las múltiples dimensiones del mismo (Figura 17).

Los trabajos aquí expuestos se ven atravesados de una manera u otra por la dimensión temporal y la reflexión que surge en torno a esta misma. En particular, para el proyecto actual, se aborda directamente el reloj como dispositivo que representa la forma temporal métrica y administrativa de las sociedades contemporáneas.

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Figura 17. “Untitled” (Perfect Lovers), Gonzalez-Torres Felix (1990)

“Todo el tiempo consumible de la sociedad moderna viene a ser tratado como materia prima de nuevos productos diversificados que se imponen en el mercado como empleos del tiempo socialmente organizados.” (Debord 1967, p. 147).

Figura 18. Boceto de la propuesta plástica, Juan Manuel Téllez (2016)

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Referencias

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