1.1 Introducción
La reducción de las brechas de inequidad tiene un valor intrínseco. La inequidad es ética y social-mente cuestionable porque impone barreras al desarrollo de capacidades y opciones para que las personas puedan llevar una vida digna. Sin embar-go, la reducción de las brechas de inequidad tiene también un valor instrumental. Puede conducir a Honduras por la ruta de un desarrollo equitativo y poner bajo control algunos de los problemas que restringen las libertades esenciales de que disfrutan sus ciudadanos y ciudadanas para llevar el tipo de vida que tienen razones para valorar.
El Informe Nacional sobre Desarrollo Hu-mano (INDH) 2011 pone el énfasis en el valor instrumental que tiene el combate a la inequidad. Una lucha sostenida y vigorosa contra la inequi-dad puede provocar sustanciales ganancias para el país en términos de crecimiento económico, desarrollo humano, la reducción de la pobreza, el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática y el logro de transformaciones sociales a largo plazo. El presente Informe resalta la urgencia de lograr un acuerdo general entre los actores socia-les estratégicos de la sociedad hondureña para reducir las brechas de inequidad que le impiden a los ciudadanos y ciudadanas desarrollar sus po-tencialidades y construir una sociedad más justa, equitativa e incluyente.
Este acuerdo estratégico debe conducir al dise-ño y ejecución de políticas de Estado consensuadas que promuevan la equidad y la integración social. Esta es una de las aspiraciones históricas de la so-ciedad hondureña que ha quedado plasmada en la
Visión de País 2010-2038 y en el Plan de Nación 2010-2022. Contribuir a la concretización de este poderoso instrumento de largo plazo es uno de los objetivos del presente Informe.
1.2 ¿Qué es la inequidad?
El concepto de inequidad es de uso frecuente. Sin embargo, su significado se da generalmente por sabido, y es usual que no se le defina (Duarte, Bos, y Moreno, 2009).
En una primera aproximación, la inequidad es la falta de equidad. En este contexto, la pregunta obligada es: ¿Qué es la equidad? El concepto de equidad alude a la justicia en el reparto y el acceso a los bienes y servicios que favorecen el bienestar de las personas (Cañete, 2006). La inequidad puede definirse, por oposición, como la falta de justicia en el acceso a este tipo de bienes y servicios.
En este sentido, una sociedad es equitativa “cuando asegura la igualdad de oportunidades, es decir, cuando no se limita a respetar la igualdad de las personas ante la ley, sino que también pro-mueve la supresión de las barreras económicas y sociales, o la compensación de las desigualdades que ellas generan y que impiden o dificultan la realización del potencial individual” (Atria, 2004). En cambio, es inequitativa, cuando no compensa las desigualdades de origen y no garantiza igualdad de oportunidades para todas y todos.
En un artículo seminal, elaborado para el ám-bito de la salud, Margaret Whitehead nos ofrece una definición del concepto de inequidad, cuyas connotaciones éticas, son indubitables. La
inequi-Capítulo
1
La inequidad: un obstáculo
para el desarrollo humano de
dad, señala la autora, se refiere a las diferencias o desigualdades entre los seres humanos que son consideradas injustas, innecesarias y socialmente evitables (Whitehead, 1991). Se consideran injus-tas, innecesarias y socialmente evitables aquellas desigualdades distributivas que resultan de la diferencia de acceso a oportunidades por factores que no tienen que ver con el talento, el esfuerzo y el nivel de necesidad de las personas.
Con el tiempo, la señora Whitehead ha venido a reconocer que con la evolución semántica que ha experimentado el concepto de desigualdad,
inequi-dad y desigualinequi-dad se han convertido en sinónimos.
“En el ámbito de la salud pública”, puntualiza la autora, “el término desigualdades sociales en salud
tiene la misma connotación que el de diferencias de salud injustas” (Whitehead y Dahlgren, 2010, pág. 15). Hay que subrayar que ambos concep-tos solo pueden ser visconcep-tos como sinónimos si a la definición usual de desigualdad, que llama la atención sobre las disparidades distributivas entre las personas, se le agrega el criterio normativo de que éstas son injustas, innecesarias y socialmente remediables. A pesar de que se reconoce que bajo estas condiciones ambos conceptos pueden ser empleados como sinónimos, en este Informe se ha decidido priorizar el uso de inequidad por su estrecha asociación con el concepto de equidad, que es clave para el planteamiento conceptual de la problemática y el diseño de políticas públicas para enfrentarla.
El concepto de inequidad es esencialmente éti-co y normativo. Está fundamentado en principios de justicia distributiva. Como tal, permite analizar no solamente como están las cosas sino como deberían estar. Pone también en evidencia los obs-táculos y las restricciones que impiden el bienestar de las personas y permite proponer acciones para dotarlas de las capacidades y de las oportunidades que necesitan para superarlas y escoger el tipo de vida que tienen razones para valorar.
Se ha relevado la existencia de tres principios que constituyen el fundamento de la noción de equidad. La ausencia de estos principios, acredita la existencia de inequidad en las distintas mani-festaciones de la vida social. Estos principios son los siguientes (Jones, 2009, págs. 5–8):
1. Igual oportunidad de vida para todos y todas: No debe haber diferencias en los resultados por causa
de factores fuera de control de las personas. Este
principio es violado cuando factores tales como las circunstancias de la familia (por ejemplo, el ingreso, el nivel de dependencia familiar, la
ocupación del padre o los años de educación de la madre), lugar de nacimiento o rasgos grupales (tales como el género, la casta, la religión o la etnicidad), juegan un rol fundamental en la determinación de los logros y del bienestar de las personas. El principio de equidad exige que el nivel de bienestar de las personas debería ser resultado únicamente de su esfuerzo, y no de esas otras características o circunstancias sobre las cuales las cuales los individuos no pueden escoger. Se requiere que los actores tengan, ade-más, las mismas condiciones para potenciar y aprovechar las oportunidades que se le brinden (Le Grand, 1991, pág. 92).
2. Igual preocupación por las necesidades de las
per-sonas: algunos bienes y servicios son necesarios y deben ser distribuidos en forma proporcional al
ni-vel de necesidades de las personas. En este sentido,
necesidades tales como abrigo, seguridad física y ambiental, atención de salud, agua y sanidad, comida y nutrición y una educación básica son considerados como básicas para llevar una vida digna. Desde una perspectiva de equidad, el criterio relevante para la distribución de estos bienes y servicios es el nivel de necesidad. Este principio es violado cuando hay grupos de la población que son excluidos de tales servicios y cuando estos servicios son distribuidos de acuerdo al status social de las personas o a su capacidad de pagar por ellos.
3. Las posiciones en la sociedad deben ser distribuidas
reflejando las diferencias en esfuerzo y habilidad
en el marco de una competencia justa. El
crite-rio relevante para acceder a las posiciones que existen en la sociedad, según este principio, es el mérito. La persona que aplique a estas posi-ciones debe ser juzgada por sus calificaposi-ciones. Este principio es violado cuando factores tales como el origen social de la familia, la raza o el lugar de origen, son claves para la adjudicación de los puestos de trabajo.
1.3 Inequidad, equidad, justicia e
igualdad
Como se ha señalado, la inequidad es la falta de equidad. En este contexto, hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿qué asociación existe entre justicia y equidad?
Existe una estrecha asociación entre equidad y justicia. De hecho, la equidad de género ha sido definida “como la justicia en el tratamiento a mujeres y hombres de acuerdo a sus respectivas necesidades. La equidad de género”, se subraya, “implica la posibilidad de tratamientos diferencia-les para corregir desigualdades de partida: medidas no necesariamente iguales, pero conducentes a la igualdad en términos de derechos, beneficios, obligaciones y oportunidades” (PNUD, 2007, pág. 7).
En el ámbito de la filosofía política, la asocia-ción entre equidad y justicia ha sido claramente señalada por John Rawls, en su teoría sobre la justicia. En realidad, uno de los capítulos esenciales de su obra se refiere a la Justicia como Equidad. Uno de los principios claves de la teoría de la justicia de Rawls postula que las “desigualdades sociales y económicas deben ser conformadas de tal manera que se espere razonablemente que: (a) los más grandes beneficios deben ir a los que están en desventaja, y, (b) el acceso a empleos y cargos deben estar abiertos a todos bajo condiciones de una justa igualdad de oportunidades” (Rawls, 1972, pág. 83).
Amartya Sen ha reconocido que, por su insis-tencia en la equidad como procedimiento, “Rawls ha permitido un enriquecimiento significativo de la bibliografía sobre desigualdad en las ciencias sociales, que ha tendido a concentrarse exclusiva-mente en las disparidades de status o de resultados
económicos, ignorando las disparidades en los procesos de operación asociados, por ejemplo, con la exclusión de la gente de sus cargos en base a la raza, el color o el género” (Sen, 2009, pág. 64). Este reconocimiento no debería llevar a pensar que Sen comparte plenamente los planteamien-tos de Rawls. Sen ha cuestionado la teoría de los bienes primarios de Rawls desde la óptica de su teoría de las capacidades (Arrieta, 2009; Roque González, 2002).
A partir de estas premisas, puede argumentarse que, sin tratar de corregir las desigualdades distri-butivas de partida, sin lograr condiciones mínimas de equidad, el logro de la igualdad puede ser una aspiración de difícil realización. Eso es justamente lo que sugiere Sen al observar que “La poderosa
retórica de la “igualdad de los hombres” a menudo tiende a desviar la atención de las diferencias. A pesar de que esta retórica (verbigracia: “todos los hombres nacen iguales”) es considerada como parte del igualitarismo, el efecto de ignorar las variaciones interpersonales puede ser, de hecho, profundamente desigualitario, porque esconde el hecho de que igual consideración a todos, deman-da un tratamiento diferente a favor de los que están en desventaja social” (Sen, 2003, pág. 1). En este mismo sentido, John Roemer ha observado que “en su forma más general, la igualdad de oportu-nidades exige que las personas sean compensadas por los impedimentos y dificultades causadas por condiciones que no pueden controlar” (Roemer, 1995, pág. 23). Esto alude a su célebre “princi-pio de nivelación del terreno de juego”, que se encuentra en el ámbito de la llamada igualdad de oportunidades compensatoria (Bolívar, 2005a, pág. 49).
1.4 Equidad y desarrollo humano
La equidad es una de las dimensiones claves del paradigma del desarrollo humano (Hag, 2005, pág. 63).
Desde la visión sistémica del paradigma de de-sarrollo humano, la equidad es importante. Junto a la eficiencia y la libertad, son valores de la ética del desarrollo humano.
“La necesidad de lograr la equidad”, argumenta Amartya Sen, “es un elemento central dentro de la perspectiva de la libertad en general, y en par-ticular de la idea del “desarrollo como libertad” (Sen, 2002a, pág. 40). Según esta concepción, el desarrollo humano es el proceso de expansión de las libertades que la gente disfruta. Para ello, se requiere remover las principales fuentes de falta de libertad realmente existentes como la pobreza y la tiranía, las pobres oportunidades económicas como las carencias sociales sistemáticas, la falta de facilidades públicas, la intolerancia y otras. La libertad es, como puntualiza Sen, el medio y el fin del desarrollo humano (Sen, 1999, pág. 3).
Explorar la relación entre la equidad y el desa-rrollo humano resulta de gran utilidad para poder encontrar criterios que ayuden a juzgar si una des-igualdad es injusta. Desde el enfoque de desarrollo humano, la visión de la justicia debe centrarse en la expansión de las libertades de las personas, es decir, la variedad de cosas que las personas pueden llegar a ser y hacer. En el lenguaje del desarrollo humano, a esto último se le llama funciona-mientos. Los funcionamientos son actividades de valor y estados que conforman el bienestar de las personas, tales como un cuerpo sano, estar a salvo, tener calma, contar con una cálida amistad, una mente educada, un buen trabajo, etc. Los funcionamientos están relacionados a los bienes y los ingresos, pero describen lo que una persona es capaz de hacer o ser como resultado de poseer los anteriores. Las capacidades de una persona son el conjunto de combinaciones alternativas de los funcionamientos que esta puede lograr. En otras palabras, son las libertades sustantivas que ella disfruta para llevar la vida que tiene razones para valorar (Alkire, 2005).
Desde un enfoque de desarrollo humano, las barreras que impiden que los individuos puedan ejercer cualquiera de las libertades fundamentales, como la capacidad de vivir una vida saludable, leer y adquirir conocimientos, tener un nivel de vida digno, poder participar en la vida de la comunidad o expresarse libremente, son injustas, innecesarias y socialmente evitables. Como ha argumentado (Molina, s.f., pág. 4) “La justicia ha de basarse en las consecuencias que las instituciones sociales tienen para la libertad de los individuos. Más allá de las oportunidades reales que disfrutan los individuos, deben considerarse los problemas de distribución de bienes y oportunidades: las des-igualdades que tienen las personas para convertir bienes en capacidades. Ello lleva a la evaluación más allá del acceso a los bienes. El tener acceso a un determinado bien no garantiza que podamos convertir ese bien en un funcionamiento prove-choso. Esta concepción va más allá de la visión Rawlsiana de la justicia”.
El combate de la inequidad y la promoción de la equidad son esenciales para que las personas puedan desarrollar capacidades y aprovechar las oportunidades para escoger el estilo de vida que tienen razones para valorar. La lucha contra la inequidad es, desde la perspectiva del desarrollo humano, un objetivo de la mayor importancia. En este sentido, la búsqueda de la equidad y la reduc-ción de las inequidades deben ser consideradas a la hora del diseño y gestión de políticas públicas.
1.5 La inequidad como obstáculo al
desarrollo humano
La reducción de las brechas de inequidad es deseable porque la equidad tiene un valor intrín-seco e instrumental.
La equidad es valiosa en sí misma. Trabajar para transformar la sociedad a fin de que las personas adquieran mayores capacidades y oportunidades para llevar la vida que tienen razones para valorar, es un valor en sí mismo. El principio de igualdad moral que encarna el concepto de equidad es una creencia común a muchas religiones. También se encuentra enunciado en la obra de filósofos de primera línea como Hobbes, Locke, Rousseau y Kant (Jones, 2009, pág. 19).
La equidad tiene valor instrumental para cual-quier estrategia de desarrollo por sus vínculos con cuestiones tan importantes como son la eficiencia y el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, la cohesión social y las transformaciones sociales de largo plazo. He aquí algunos de los obstáculos para el desarrollo humano que trae consigo la falta de equidad, o más propiamente, la inequidad (Jones, 2009, págs. 22–24):
1. Las inequidades reducen las oportunidades de las personas para contribuir a la inversión y al crecimiento económico. Desde el punto de vista económico, incrementar la equidad contribuye a la formación de un mercado nacional más inclusivo. El mercado de trabajo se ensancha y hace más fuerte la demanda interna. Estos son elementos claves para lograr crecimiento económico en el largo plazo, reduciendo la vulnerabilidad del país a los choques exter-nos. La inequidad es también un obstáculo al crecimiento económico, porque alimenta el circulo vicioso de bajos niveles de capital humano, trabajo precario y el estancamiento de los rendimientos, lo que afecta la eficiencia económica y el desarrollo humano del país. 2. La inequidad obstruye la reducción de la
consideración para que los individuos logren superar la misma.
3. La inequidad crea un ambiente de descontento social y de protesta que impide el crecimiento económico porque limita el diálogo y la nego-ciación pacífica de las diferencias. Amartya Sen ha reconocido que la inequidad puede ser un ingrediente clave en el estímulo a la rebelión social. Las inequidades alimentan también la desconfianza hacia las instituciones, lo que afec-ta el crecimiento económico. Altos niveles de confianza en las instituciones tienen beneficios efectivos para el crecimiento económico porque incrementan la confianza en los beneficios del trabajo cooperativo. Existen además vínculos muy estrechos entre las inequidades en la distri-bución de la tierra y el capital humano y el cre-cimiento. Hay también estrechos vínculos entre la inequidad y el bajo nivel de confianza de los inversionistas, la corrupción, las inestabilidades económicas, la inestabilidad macroeconómica, la baja cobertura de la educación secundaria y superior, las altas tasas de fertilidad, la esperanza de vida, y el crecimiento económico.
4. Altos niveles de inequidad pueden fortalecer la monopolización del poder político. La inequi-dad en la distribución de los ingresos, de la ri-queza y del acceso a educación crean relaciones de poder desiguales, en las cuales los que tienen más poder, lo usan para garantizar su posición de ventaja social. Esto provoca una sensación de indiferencia entre los menos poderosos, que ven postergadas sus demandas y aspiraciones, lo que incide negativamente en la cohesión social y en el sentimiento de cooperación entre las partes. La experiencia histórica muestra que las sociedades más equitativas obtienen niveles de confianza y cooperación muy altos de parte de sus ciudadanos y ciudadanas. La inequidad favorece el desarrollo de la violencia, la desinte-gración de la vida comunitaria y la polarización. La inequidad debilita la confianza en la demo-cracia como régimen político. Las encuestas han revelado que un porcentaje significativo de la población de los países latinoamericanos ha perdido la confianza en la capacidad de los regímenes democráticos para mejorar sus condiciones de vida y está dispuesta a apoyar regímenes populistas y autoritarios que prome-ten introducir cambios sustanciales en su acceso a los bienes básicos de consumo general. 5. Las inequidades alimentan también un desigual
acceso a la justicia. Los que tienen más recursos pueden obtener asesoría legal profesional e
in-fluir en el curso de los juicios. Esta posibilidad no está al alcance de los más pobres, y, en gene-ral, de las personas que viven en condiciones de desventaja social. Esto alimenta la desconfianza hacia la institucionalidad de la administración de justicia. Como ha observado un autor, “el sistema de administración de justicia consti-tuye la última frontera donde los ciudadanos perciben si sus derechos son efectivamente respetados y garantizados; de ahí la imperiosa necesidad de facilitar y favorecer, no solo el acceso a la justicia, sino un acceso efectivo a la misma”, (Mendez, 2003, pág. 16).
En general, las inequidades crean barreras que impiden el desarrollo humano de las personas y la libertad de escoger el tipo de vida que tienen razones para valorar. En el caso de América Lati-na, se ha destacado la importancia de las barreras de carácter adscriptivo como el origen social, la riqueza familiar, el género, las cuestiones genera-cionales y el origen étnico. Hay también factores distributivos que están en la base de la inequidad secular. Entre ellos pueden subrayarse los relativos a la distribución del ingreso, del patrimonio, de las oportunidades educativas y de la salud, el acceso a información y conocimientos, a la participación en la toma de decisiones de interés colectivo y el acceso a una justicia imparcial, pronta y efectiva (Atria, 2004, pág. 9).
1.6 Dimensiones de la inequidad
La inequidad es un fenómeno multidimensio-nal. Siguiendo las clásicas divisiones de la sociedad en su conjunto es usual distinguir las siguientes dimensiones de inequidad: económica, social y política (Cf. Green y Keselman, 2006, pág. 1; Justino, Litchfield, y Whitehead, 2003, pág. 5; Stewart, 2002, pág. 2). La inequidad en el acceso a justicia es tratada usualmente como uno de los componentes de la inequidad política (Cf. Justino, Litchfield, y Whitehead, 2003). Sin embargo, en este Informe se aborda como una dimensión separada.
buena medida de la disponibilidad de ingresos y de riqueza. La inequidad política se refiere a las desigualdades injustas, innecesarias y socialmente remediables en el acceso al poder político, a la participación y a la toma de decisiones públicas. La inequidad en el acceso a la justicia alude al acceso diferencial de los ciudadanos y ciudadanas al sistema de justicia. Esta forma de inequidad se encuentra fuertemente condicionada por el ingreso y la riqueza de las personas.
Como ha quedado sugerido en el párrafo ante-rior, las inequidades económicas, sociales, políticas y en el acceso a justicia, se encuentran estrecha-mente interrelacionadas y se refuerzan entre sí (Banco Mundial, 2005, págs. 14–15). Si bien es cierto que el acceso a ingresos y riqueza se encuen-tra en la base de la inequidad social y política, éstas a su vez, se convierten en factores que potencian la inequidad económica, en una suerte de círculo vicioso en que unas alimentan a las otras en una espiral ascendente. Como ha señalado un estudio del Banco Mundial, “el estatus económico de las personas puede determinar y configurar de mu-chas maneras las oportunidades que ellas tengan para mejorar su situación. El bienestar económico también puede contribuir a mejores resultados en
educación y mejor cuidado de la salud. A su vez, la buena salud y la buena educación típicamente son determinantes del estatus económico” (Banco Mundial, 2005, pág. 27).
En este Informe, el estudio de las dimensiones de la inequidad y sus variables tendrán como ejes de análisis los siguientes factores que definen características objetivas de los grupos sociales: nivel socio-económico, nivel educativo, ámbito de residencia (urbano, rural), género y etnicidad. Adicionalmente, se presenta un panorama del estado de situación del desarrollo humano del país bajo un enfoque de inequidad territorial.
1.7 Una primera aproximación a las
percepciones sobre inequidad en
Honduras
La percepción es el proceso cognoscitivo que permite a las personas interpretar y comprender el entorno en que se desenvuelven. Este proceso con-lleva la búsqueda, obtención y procesamiento de la información que se recibe de distintas fuentes.
A pesar que la forma en que las personas in-terpretan la información que reciben varía
nota-Fuente: Elaboración propia en base a ENPDH, 2011.
GRÁFICO 1.1
: Adultos hondureños que opinan que hay mucha o muchísima desigualdad en Honduras en diferentes
ámbitos. 2011
-60 40
20
86.3
80 100
Porcentaje de población entre 25 y 64 años
0
86.0
85.0
84.8
84.1
84.1
81.8
80.8
80.6
79.7
75.5
Distribución de la tierra Acceso a empleos bien remunerados Capital (propiedades e
inversiones) Acceso a Justicia Ingreso Acceso a cargos de poder
blemente, conocer la percepción de la población acerca de ciertos temas es muy importante, porque esta se convierte, en cierta manera, en la realidad que ellos viven y determina muchas de sus acti-tudes y acciones.
Una aclaración es necesaria. Al momento de elaborar las preguntas de la Encuesta Nacional de Percepción del Informe Nacional sobre Desarrollo Humano (ENPDH) 2011 se cambió el concepto de inequidad por el concepto de desigualdad. Esta decisión se debió a que en el proceso de diseño de la Encuesta se observó que el concepto de desigualdad era más fácil de comprender por los encuestados que el concepto de inequidad, con el cual estaban poco familiarizados. Aunque ello puede hacer pensar en incoherencias conceptuales, al momento de leer los resultados de la encuesta, se hace en clave de inequidad.
Los hondureños y hondureñas tienen una clara percepción de que viven en un país dominados por inequidades, esto es, por desigualdades so-cialmente injustas y remediables. Esta percepción queda claramente reflejada en los resultados de la ENPDH 2011.
El gráfico 1.1 muestra las respuestas de la población encuestada a la pregunta: ¿Usted cree que en Honduras existe desigualdad en diferentes ámbitos como el ingreso, la distribución de la tierra, la educación, la salud o el acceso a cargos de poder y justicia, etc.?
Más del 80% de los encuestados consideraron que hay mucha o muchísima desigualdad en el
acceso al ingreso, al capital (propiedades e in-versiones), a la tierra, al crédito, a empleos bien remunerados, a educación de calidad, a servicios de salud, a jubilaciones y pensiones, a cargos de poder político y a la justicia. La excepción a esta ge-neralización, es la participación en organizaciones sociales, comunitarias o políticas, que alcanza un 75.5%. No hay diferencias significativas en estas percepciones teniendo en cuenta consideraciones de área de residencia, género, nivel educativo, quintil socio-económico y la pertenencia o no a grupos étnicos hondureños.
Otra pregunta que se hizo a los encuestados busca aproximarse a una visión intergeneracional de las inequidades. La pregunta es la siguiente:
¿Usted cree que hoy existe más, menos o la misma
desigualdad que hace 10 años? Las respuestas a esta
pregunta apuntan a que la mayoría de los adultos hondureños consideran que las inequidades han aumentado en todos los ámbitos (entre 58.8% y 68.2% dependiendo del ámbito). También, dependiendo del ámbito, entre un 15.2% y 22.5% opina que las inequidades han disminui-do. Proporciones similares de acuerdo al ámbito, consideran que las inequidades se han mantenido iguales (ver gráfico 1.2). Simplificando un poco, podría decirse que seis de cada diez hondureños y hondureñas consideran que las inequidades o desigualdades injustas y socialmente remediables, han aumentado. En cambio, dos de cada diez consideran que han disminuido y un porcentaje semejante, que se han mantenido iguales. El tema Fuente: Elaboración propia en base a ENPDH, 2011.
GRÁFICO 1.2
: Percepción de los adultos hondureños sobre el nivel de desigualdad actual comparado con el de 10 años
atrás. 2011
80 70 60 50 40 30 20 100 - - -
-Por
cen
taje de población 25-64 años que opina que ha
y desigualdad en Hondur
as
Ingreso
Más Menos Igual 68.2
17.913.9
66.2
15.2 18.6 61.5
16.7 21.7 58.8
22.5 18.7 61.2
21.8 16.9 60.7
21.2 18.1 67.4
16.5 16.1 65.7
19.8 14.5
Acceso a empleos
bien remunerados Acceso atierra Acceso acrédito Acceso y calidad de educación Acceso aservicios de salud
es que las inequidades están claramente asentadas en el imaginario de los hondureños y son clara-mente identificables por los mismos.
Desagregando los resultados por factores como el área de residencia, sexo, nivel educativo, quintil socio-económico y etnicidad, las respuestas a esta pregunta muestran que no hay diferencias signifi-cativas por cada una de las variables consideradas. A título de ejemplo, la desagregación por sexo de las respuestas a la pregunta anterior, no muestran diferencias significativas entre hombres y mujeres. El 66.5% de los hombres y el 69.8% de las mujeres dijeron que hay más desigualdad de ingresos res-pecto a la que había hace 10 años. Los porcentajes en otras dimensiones son bastante parecidos.
Se trató de indagar si las desigualdades men-cionadas por los encuestados, son calificadas como inequidades, es decir, como desigualdades injustas. El 88.6% están convencidos que, por razones de equidad, los que tienen más deben tributar más que los que tienen menos, es decir que, están en contra de la distribución regresiva de los tributos que caracteriza el país. El 85.6% están convencidos que la inequidad es fuente de inseguridad y violencia. El 81.7% están conven-cidos que el desempleo realmente existente no se debe a que la gente es haragana y no quiere trabajar, sino que hay una gran falta de oportu-nidades para acceder a empleos decentes en el país. El 77.2% está convencido que el gobierno
es responsable de impulsar políticas de justicia redistributiva que reduzcan las brechas de inequi-dad. El 76.4% está convencido que la desigualdad es injusta. El 90.3% de la población encuestada está convencida que las inequidades que existen en el país no son producto de la voluntad de Dios, sino que son socialmente construidas. El 73.4% está convencido que hay intolerancia hacia personas y grupos que son diferentes a la mayoría. Finalmente, el 69.9% está convencido que la incapacidad del Estado para reducir las brechas de inequidad existentes en el país provoca desconfianza en las instituciones públicas. Esto, como se verá en capítulos posteriores, debilita la confianza del ciudadano hacia las instituciones públicas y tiene un impacto negativo sobre la confianza en la democracia y es un obstáculo de consideración para el desarrollo humano del país. Honduras ganaría mucho si se embarcará en un esfuerzo vigoroso y sostenido por reducir las brechas de inequidad actualmente existentes.
1.8 Estructura del Informe
Además de este primer capítulo de naturaleza conceptual, el Informe sobre Desarrollo Humano Honduras 2011, consta de seis capítulos adicio-nales.
En el segundo capítulo, se estudia la inequi-dad económica en Honduras. En él se analizan Fuente: Elaboración propia en base a ENPDH, 2011.
GRÁFICO 1.3
: Percepciones generales de los adultos hondureños sobre la desigualdad. 2011
100 90 80 70 60 50 40 30 20 10
0- - -
-Por
cen
taje de población 25-64 años que opina que ha
y
desigualdad en Hondur
as
Existe desigualdad porque Dios así lo quiere
Nada/poco de acuerdo De acuerdo/muy de acuerdo
La desigualdad es injusta La desigualdad es beneficiosa porque motiva a los que tienen menos a superarse La desigualdad genera inseguridad y violencia En este país están desempleadas sólo las personas que no quieren trabajar La desigualdad reduce la confianza en las instituciones públicas Es responsabili- dad del gobierno reducir las desigualdades La desigualdad es un problema tanto para los
ricos como para los pobres En Honduras existe intolerancia contra personas y grupos que son diferentes
a la mayoría Los ricos deben pagar
variables como la distribución de los ingresos en el mercado de trabajo, la concentración de la tierra y el capital industrial y financiero, las inequidades en el acceso al crédito y en la distribución de las cargas impositivas. Este capítulo considera las dificultades de obtener información pertinente y robusta para hacer análisis más detallados sobre variables claves para la comprensión de las inequidades económi-cas, como puede ser la concentración del capital físico de las empresas y de los bancos.
El tercer capítulo está dedicado al análisis de la inequidad social. En este capítulo se analizan dos dimensiones claves: la educación y la salud. El capítulo concluye con una breve consideración sobre los programas de transferencias monetarias condicionadas impulsados por el Estado, tratando de valorar su contribución a la educación y a la salud de los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad hondureña.
El cuarto capítulo está dedicado a la inequidad política. Se analizan aquí las variables que son fun-damentales para comprender el acceso inequitativo a los altos puestos de decisión que caracteriza la sociedad hondureña. Se explora la forma como se reclutan las élites a nivel municipal, parlamentario y a nivel ministerial. El Informe plantea que la reducción de estas brechas de inequidad política están asociados a logros en la reducción de la in-equidad económica y social y en la introducción de instrumentos de participación relacionados con la democracia deliberativa.
El quinto capítulo está dedicado a las
inequi-dades en el acceso a la justicia. Este capítulo se ocupa de identificar los factores claves que inhiben el acceso al sistema de justicia y de verificar los avances obtenidos en este ámbito, en el marco de la reforma del sistema judicial en el país. Se explora la importancia de algunas entidades que ofrecen servicios de facilitación para el acceso a la justicia como es el Consultorio Jurídico Gratuito de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, una de las iniciativas más longevas en servicios de este tipo.
El sexto capítulo presenta el estado de situa-ción del desarrollo humano en Honduras a través de los índices correspondientes. Para enriquecer la perspectiva de estos índices de desarrollo huma-no, el capítulo incorpora hallazgos que proceden del análisis de las inequidades territoriales en los mismos.