MAPA GEOLÓGICO DE ESPAÑA
Escala 1:50.000
SE INCLUYE MAPA GEOMORFOLÓGICO A LA MISMA ESCALA
© INSTITUTO GEOLÓGICO Y MINERO DE ESPAÑA Ríos Rosas, 23. 28003 MADRID
ISBN: 978-84-7840-663-0 NIPO: 657-07-007-X
Fotocomposición: I.M.G. Impresión Gráfica Impresión: I.M.G. Impresión Gráfica
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La presente Hoja y Memoria ha sido realizada por Informes y Proyectos S.A. (INYPSA), dentro del programa MAGNA, con normas, dirección y supervisión del IGME, habiendo intervenido los si-guientes técnicos:
DIRECCIÓN Y SUPERVISIÓN
L. R. Rodríguez Fernández (IGME)
AUTORES
J.A. Díaz de Neira (INYPSA). Cartografía y Memoria. P. Cabra Gil (INYPSA). Cartografía y Memoria. F. López Olmedo (INYPSA). Cartografía y Memoria. J. Solé Pont (INYPSA). Sedimentología y Recursos naturales. P. P. Hernaiz Huerta (INYPSA). Tectónica.
R. Díaz Arranz (INYPSA). Hidrogeología.
ESTUDIO DE MUESTRAS
J.P. Calvo Sorando (UCM). Petrografía de carbonatos. J. Ramírez del Pozo. Micropaleontología y microfacies. M. Bustillo (UCM). Minerales pesados.
R. Fort (UCM). Minerales pesados.
J. Escuder. Petrografía de rocas metamórficas. L.M. Martín Parra. Petrografía de rocas ígneas. J.M. Brell (UCM). Arcillas.
F. Bea (UG). Geoquímica P.G. Montero (UG). Geoquímica
Se pone en conocimiento del lector, que en el Centro de Documentación del IGME existe para su consulta, una documentación complementaria de esta Hoja y Memoria constituida por:
Muestras y sus correspondientes preparaciones.
Informes y fichas petrográficas, paleontológicas y sedimentológicas de dichas muestras. Columnas estratigráficas de detalle.
Í N D I C E
0.- INTRODUCCIÓN ... 9
0.1.- SITUACIÓN GEOGRÁFICA ... 9
0.2.- ANTECEDENTES ... 9
0.3.- MARCO GEOLÓGICO ... 14
1.- ESTRATIGRAFÍA ... 16
1.1.- PRECÁMBRICO-PALEOZOICO ... 16
1.1.1.- Rocas metamórficas ... 17
1.1.1.1.- Esquistos, metaareniscas, pizarras y cuarcitas con masas de gneises glandulares (4). Precámbrico-Cámbrico ... 20
1.1.1.2.- Ortoneises glandulares (3) ... 21
1.1.2.- Rocas ígneas hercínicas ... 22
1.1.2.1.- Adamellitas (1) ... 23
1.1.2.2.- Leucogranitos (2) ... 24
1.2.- MESOZOICO-CENOZOICO ... 25
1.2.1.- Cretácico ... 25
1.2.1.1.- Fm. Arenas y arcillas de Segovia (5). Coniaciense ... 27
1.2.1.2.- Dolomías y mas. Fm. Dolomías tableadas de Caballar (6). Coniaciense ... 28
1.2.1.3.- Fm. Calizas y dolomías de Castrojimeno. Dolomías y calizas con intercalaciones margosas (7). Dolomías y areniscas dolo-míticas (8).Coniaciense-Santoniense ... 29
1.2.1.4.- Dolomías tableadas. Mb. Dolomías de Peñatravesa (9). Santoniense-Campaniense ... 30
1.2.1.5.- Fm. Dolomías y margas de Valle de Tabladillo (10). Campa-niense ... 31
1.2.2.- Terciario ... 32
1.2.2.1.- Conglomerados calcáreos (11). Oligoceno-Mioceno inferior 32 1.2.2.2.- Conglomerados, areniscas y arcillas (12). Aragoniense ... 34
1.2.2.3.- Areniscas finas y arcillas rojas (13). Aragoniense ... 35
1.2.2.5.- Calizas y margas blancas (15). Aragoniense ... 36
1.2.2.6.- Gravas y arenas ocres (16). Aragoniense-Plioceno ... 37
1.2.3.- Cuaternario ... 38
1.2.3.1.- Arenas (Mantos eólicos, Campos de dunas, Dunas parabóli-cas) (17, 18, 19). Pleistoceno-Holoceno ... 38
1.2.3.2.- Arcillas y limos (Fondos endorreicos) (29). Holoceno ... 40
1.2.3.3.- Gravas, arcillas y arenas (Coluviones) (21). Holoceno ... 40
1.2.3.4.- Gravas, arenas y arcillas (Conos de deyección) (22). Holoceno 40 1.2.3.5.- Gravas, arenas y arcillas (Fondos de valle) (23). Holoceno .... 40
2.- TECTÓNICA ... 41
2.1.- LA OROGENIA HERCÍNICA ... 43
2.1.1.- Primera y segunda fases de formación hercínicas (F1y F2) ... 43
2.1.2.- Tercera Fase de deformación hercínica (F3) ... 45
2.1.3.- Plegamientos hercínicos tardíos ... 45
2.1.4.- Deformaciones finihercínicas ... 45
2.2.- LA OROGENIA ALPINA ... 47
3.- GEOMORFOLOGÍA... 50
3.1.- DESCRIPCIÓN FISIOGRÁFICA ... 50
3.2.- ANTECEDENTES ... 52
3.3.- ANÁLISIS MORFOLÓGICO ... 52
3.3.1.- Estudio morfoestructural ... 52
3.3.2.- Estudio del modelado ... 54
3.3.2.1.- Formas eólicas ... 54
3.3.2.2.- Formas fluviales ... 55
3.3.2.3.- Formas de ladera ... 56
3.3.2.4.- Formas lacustres ... 56
3.3.2.5.- Formas poligénicas ... 56
3.4.- FORMACIONES SUPERFICIALES ... 57
3.5.- EVOLUCIÓN DINÁMICA ... 58
3.6.- DINÁMICA ACTUAL - SUBACTUAL Y TENDENCIAS FUTURAS ... 59
4.- PETROLOGÍA... 60
4.1.- DESCRIPCIÓN DE LOS MATERIALES ... 60
4.1.1.- Rocas metamórficas ... 60
4.1.1.1.- Ortoneises glandulares (3) ... 60
4.1.1.2.- Metasedimentos con masas de gneises glandulares (4) ... 61
4.1.2.- Rocas plutónicas hercínicas ... 63
4.1.2.1.- Adamellitas (1) ... 63
4.1.2.2.- Leucogranitos (2) ... 63
4.2.- GEOQUÍMICA ... 64
4.2.1.- Rocas metamórficas ... 64
4.2.2.- Rocas plutónicas hercínicas ... 66
4.3.- CARACTERÍSTICAS DEL METAMORFISMO ... 66
4.5.- GEOCRONOLOGÍA ... 69
5.- HISTORIA GEOLÓGICA ... 70
6.- GEOLOGÍA ECONÓMICA ... 75
6.1.- HIDROGEOLOGÍA ...75
6.1.1.- Climatología ... 75
6.1.2.- Hidrología ... 75
6.1.3.- Características hidrogeológicas ... 76
6.2.- RECURSOS MINERALES ... 79
6.2.1.- Minerales metálicos y no metálicos ... 80
6.2.2.- Rocas industriales ... 80
6.3.- GEOTECNIA ... 82
6.3.1.- División en Áreas y Zonas geotécnicas ... 82
6.3.2.- Estudio de las Áreas y Zonas ... 83
6.3.2.1.- Area I ... 83
6.3.2.2.- Area II ... 83
6.3.2.3.- Area III ... 84
6.3.2.4.- Area IV ... 85
7.- PATRIMONIO NATURAL GEOLÓGICO ... 86
7.1.- INVENTARIO Y CATALOGACIÓN DE LOS PIG ... 86
7.2.- TESTIFICACIÓN DE LA METODOLOGÍA ... 86
7.3.- ITINERARIO RECOMENDADO ... 86
0. INTRODUCCIÓN
0.1. SITUACIÓN GEOGRÁFICA
La Hoja a escala 1:50.000 de Cantalejo (430) se encuentra situada en la provincia de Segovia, formando parte del sector meridional de la Depresión del Duero, en su límite con el Sistema Central (Fig. 0.1).
Aunque en primera instancia llama la atención su aparente monotonía, con espectaculares pla-nicies, interrumpidas por relieves suaves y alomados, cuya altitud disminuye progresiva e insen-siblemente de sureste a noreste, en detalle se aprecian tres áreas cuyo modelado contrasta no-tablemente con el general. Así, en el sector nororiental se encuentra situado el Parque Natural de las Hoces del río Duratón, paraje de extraordinaria belleza caracterizado por el encajamiento y trazado sinuoso de la red fluvial y por la presencia de escarpes superiores al centenar de me-tros. También el sector suroriental destaca por sus importantes desniveles, encontrándose en él la mayor altitud de la Hoja, concretamente en el monte de la Lastrilla (1.068 m.). Finalmente, el valle del río Cega, que discurre de sureste a noroeste, presenta un notable encajamiento en al-gunos tramos, siendo la única zona que posee una altitud inferior a 800 m (Fig. 0.2)
La red fluvial se articula fundamentalmente en torno a los citados ríos Duratón y Cega, excepto en el cuadrante suroccidental por el que discurren diversos afluentes del río Pirón, si bien, en cualquier caso, el conjunto de ríos y arroyos de la Hoja pertenecen a la Cuenca del Duero. Las divisorias entre las tres subcuencas señaladas son generalmente difusas e imperceptibles, existiendo zonas con una acusada tendencia al endorreismo, que se acentúa en la mitad septentrional, caracterizada por un gran número de lagunas entre las que destacan las de Lucía, Tenca, Muña, Navahornos y Carrizal, especialmente las dos últimas, que han mantenido un cierto nivel incluso en períodos de estiaje.
Cantalejo es el principal núcleo de población, encontrándose ésta muy repartida entre los nume-rosos municipios de la zona, de entre los que destacan: Fuentepelayo, Aguilafuente, Cabezuela, Zarzuela del Pinar, Lastras de Cuéllar, Escalona del Prado y Fuenterrebollo. Aunque una buena parte de la población se dedica a labores agrícolas, llama poderosamente la atención su activa industria forestal, relacionada con los extensos pinares existentes. Igualmente, es preciso desta-car la abundancia de granjas, que se dedican fundamentalmente al ganado porcino. Por último, existe una densa red de carreteras que cubre la práctica totalidad de la Hoja, pese a lo cual se observa una acusada tendencia a la emigración.
0.2. ANTECEDENTES
Aunque son muy numerosos los trabajos realizados sobre el Sistema Central y la Cuenca del Duero, son muy escasos los referidos de forma específica a la superficie ocupada por la Hoja. A continuación se citan aquéllos que se han considerado del máximo interés durante la elabora-ción de la misma y que engloban la mayor parte de los conocimientos previos, destacando por su abundancia los que abordan aspectos petrológicos, estructurales y estratigráficos relativos a los materiales hercínicos y prehercínicos.
sec-Figura 0.1. Esquema de situación de la hoja en el contexto geológico de la cuenca del Duer
tor más oriental, de bajo grado metamórfico que asigna a la zona asturoccidental-leonesa. Una zonación del Macizo Ibérico más reciente, llevada a cabo por JULIVERT et al. (1974) atribuye la totalidad del Sistema Central a la Zona Centroibérica, debido a la presencia de Ordovícico discor-dante sobre diversos sustratos (Figura 0.3).
Anteriormente a este trabajo, BARD et al. (1970) señalan los principales aspectos estratigráficos, tectónicos, metamórficos y plutónicos de las sierras de Gredos y Guadarrama, pero es en el tra-bajo de BELLIDO et al. (1981), realizado con motivo de la VII Reunión de Geología del Oeste Peninsular, en el que se presenta la primera revisión del conocimiento geológico global acerca del Sistema Central Español, actualizada por DE VICENTE y GONZÁLEZ CASADO (1991). Desde un punto de vista interpretativo, resulta de gran interés la síntesis de PORTERO y AZNAR (1984) en la que se propone un modelo de evolución morfotectónica y sedimentaria que afecta al Sistema Central y a las cuencas del Duero y Tajo.
El primer trabajo general sobre los granitoides del Sistema Central es el de APARICIO et al. (1975), pudiendo señalarse también con carácter general el de BARRERA et al. (1981) que inci-de en aspectos geoquímicos. Posteriormente, APARICIO et al. (1983) caracterizan los granitoiinci-des del sector centro-oriental y VILLASECA (1985) realiza una breve revisión de los cuerpos graníti-cos de la Sierra de Guadarrama, proponiendo una interpretación petrogenética de los mismos. Mucho más relacionada con el ámbito de la Hoja de Cantalejo es la tesis de licenciatura de RZEP-KA (1979) en la que se aborda el estudio petrológico de los afloramientos graníticos de Santa María la Real de Nieva.
De entre la abundantísima bibliografía relativa a los gneises glandulares es preciso señalar el tra-tamiento que de ellos efectúa NAVIDAD (1978) en su tesis doctoral, referida a los sectores cen-tral y noroccidental del Macizo Ibérico, e igualmente los de NAVIDAD (1979) y PEINADO (1985) encuadrados en el Sistema Central.
Son escasos, y en algunos casos dudosos, los datos existentes sobre la cronología de las rocas íg-neas, pero de cualquier manera merece la pena señalar las dataciones aportadas por MENDES et al. (1972), BRANDEBOURGER (1984), BISCHOFF et al. (1986), IBARROLA et al. (1986 y 1987) y VIALETTE et al. (1986 y 1987).
En cuanto al estudio del metamorfismo, son ya clásicos los trabajos de GARCIA CACHO (1973) y FUSTER et al. (1974) sobre el metamorfismo del Sistema Central, así como el de LOPEZ RUIZ et al. (1975), restringido a la Sierra de Guadarrama. La migmatización de las series metamórficas al norte de ésta es tratada por FUSTER y VILLASECA (1979).
Con motivo de la elaboración del “Libro Jubilar” homenaje a J.M. RIOS, CAPOTE (1983) señala la estructura de la extensión SE de la Zona Centroibérica en el Sistema Central, realizando además una interesante síntesis acerca de las series preordovícicas. Este mismo autor establece posterior-mente (1985) la historia deformativa, tanto hercínica como prehercínica, del Sistema Central.
La estratigrafía de las series preordovícicas ha sido tratada por FERNÁNDEZ CASALS y CAPOTE (1971), CAPOTE y FERNÁNDEZ CASALS (1975) y CAPOTE et al. (1977), entre otros, en tanto que FERNÁNDEZ CASALS y GUTIÉRREZ MARCO (1985) señalan los principales aspectos del conjunto hercínico. Una clara síntesis estratigráfica y evolutiva es la llevada a cabo por AZOR et al. (1992) en la que se hacen interesantes referencias relativas al Macizo de Santa María la Real de Nieva.
Los materiales cretácicos poseen una estratigrafía mucho mejor conocida, destacando en este sentido la tesis doctoral de ALONSO (1981) en la que se describen diversas unidades litoestrati-gráficas, definidas formalmente por FLOQUET et al. (1982) con motivo de la realización del libro “El Cretácico de España”. ALONSO y FLOQUET (1982) estudian la sedimentación del Turoniense de Castilla la Vieja y, casi simultáneamente, ALONSO y MAS (1982) comparan y correlacionan las unidades cretácicas a ambos lados del Sistema Central.
Las referencias bibliográficas sobre los materiales terciarios de la Depresión del Duero son muy numerosas, pese a lo cual son pocas las que afectan de forma directa a la Hoja de Cantalejo. Entre éstas cabe señalar el mapa geológico a escala 1:250.000 realizado por AERO-SERVICE (1967) de la totalidad de la cuenca. Dentro de los estudios de carácter general, SÁNCHEZ DE LA TORRE (1978) propone un modelo de abanicos y sistemas fluviales para el relleno de la depre-sión, que comenzó a funcionar en el Mioceno inferior, evolucionando a ambientes lacustres en el centro de la cuenca durante el Mioceno superior, en tanto que PORTERO et al. (1979) llevan a cabo una síntesis del Terciario continental de la cuenca. Más concreto es el estudio litoestrati-gráfico de GARCÍA DEL CURA (1975), centrado en el sector oriental. Desde un punto de vista es-tratigráfico y sedimentológico es preciso destacar el trabajo de ARMENTEROS (1986), que ha ser-vido como punto de partida para numerosos estudios posteriores.
A nivel peninsular resulta de gran interés para el conocimiento de las cuencas terciarias el traba-jo de AGUIRRE et al. (1976), en el que se señalan las principales fases tectónicas del Neógeno. La bioestratigrafía y biogeografía de la fauna de mamíferos de Valles de Fuentidueña es estable-cida por ALBERDI et al. (1981) y años más tarde, LÓPEZ MARTÍNEZ et al. (1986) proponen un modelo bioestratigráfico del Mioceno medio y superior del sector central de la cuenca.
Por lo que respecta a los estudios geomorfológicos, resulta de gran interés regional la tesis doc-toral de FERNÁNDEZ (1987) efectuada entre el Sistema Central en el Macizo de Santa María la Real de Nieva y su entorno.
Finalmente, han sido de gran utilidad las Hojas geológicas a escala 1:50.00 correspondientes al Plan MAGNA realizadas por el IGME en las zonas próximas, especialmente las de Peñafiel (374), Nava de la Asunción (456) y Ture gano (457) que han aportado una gran cantidad de datos de índole estratigráfico, tectónico, petrológico y geomorfológico.
0.3. MARCO GEOLÓGICO
La Hoja de Cantalejo forma parte del sector meridional de la Depresión del Duero (Fig 0.1), aflo-rando en el cuadrante noroccidental las estribaciones nororientales del Macizo de Santa María la Real de Nieva, denominadas aquí como Macizo de Zarzuela del Pinar, que con dirección NE-SO individualiza al sur una estrecha cuenca limitada al sur por el Sistema Central, conocida como subfosa de Valverde de Majano (FERNÁNDEZ, 1987), denominada en el presente trabajo como Corredor de Cantalejo; el marco geológico se completa con la aparición de los asomos más oc-cidentales del Macizo de Sepúlveda en el ángulo NE de la Hoja (Fig 0.2).
blo-ques levantados (Sistema Central y Macizo de Zarzuela), en tanto que las zonas de bloblo-ques hun-didos (Corredor de Cantalejo y Depresión del Duero) se encuentran ocupadas por sedimentos terciarios, con un extenso tapiz cuaternario recubriendo la mayor parte del conjunto.
La Depresión del Duero es una amplia cuenca rellena por materiales cenozoicos, enclavada en la submeseta septentrional, con un sustrato que aumenta su profundidad hacia los bordes N y E. Se encuentra rodeada por sistemas montañosos de entidad geográfica y geológica muy distinta (Fig. 0.1): Sistema Central (rocas plutónicas, metamórficas y sedimentarias paleozoicas y precám-bricas), Cordillera Cantábrica (rocas sedimentarias paleozoicas y mesozoicas), Cordillera Ibérica (rocas sedimentarias mesozoicas), etc; su único límite puramente geográfico se sitúa al NE, coin-cidido con las divisorias hidrográficas de las cuencas del Duero y Ebro.
El relleno sedimentario de la depresión ha estado controlado por el diferente comportamiento de sus bordes y por la diferente composición litológica de los mismos. Su historia comienza en el Paleógeno, con una sucesión de modelos deposicionales que, en general, son bastante pareci-dos, consistentes en orlas de abanicos aluviales que pasan hacia el interior de la cuenca a siste-mas fluviales de red más diferenciada, en tanto que en las zonas centrales y menos activas pre-dominan los ambientes lacustres o palustres; como consecuencia de los factores señalados, que implican una gran cantidad de facies diferentes, las unidades existentes llegan a mostrar una gran complejidad.
Por su parte, el Sistema Central Español es una cadena montañosa que se eleva por encima de los 2.000 m de altitud y que con orientación NE-SO separa las cuencas del Duero y Tajo, permi-tiendo la individualización de las submesetas septentrional y meridional. Se encuentra constitui-do por rocas precámbricas y paleozoicas afectadas por distintos graconstitui-dos de metamorfismo y di-versas fases de deformación hercínicas habiendo sido intruidas por numerosos cuerpos graníti-cos, principalmente postectónicos; en los afloramientos orientales predominan ampliamente las rocas metamórficas sobre las plutónicas, invirtiéndose la proporción en los occidentales. Desde un punto de vista geológico, el Macizo de Santa María la Real puede considerarse su frente nor-occidental.
El Sistema Central ha sido dividido por BELLIDO et al. (1981) en tres dominios, en base a sus ca-racterísticas petrológicas, estructurales y estratigráficas: Oriental Central y Occidental. Dichos do-minios coinciden en gran medida con los tres grandes complejos estructurales definidos por CA-POTE et al. (1981), separados por cabalgamientos; de oeste a este son: Complejo de Gredos, Complejo de Guadarrama y Complejo de Somosierra-Ayllón. Aunque dicho trabajo no incluye el Macizo de Santa María la Real de Nieva, estructurado a modo de horst alpino, sus características y posición invitan a asociarlo con el Complejo de Guadarrama, caracterizado por el afloramien-to exclusivo de series preordovícicas afectadas por intrusiones hercínicas, más abundantes hacia el oeste.
La región en cuestión ha sufrido una larga y compleja historia que se remonta al menos hasta las proximidades del límite Precámbrico-Cámbrico, con la instalación de ambientes de plataforma cuyos depósitos son posteriormente intruidos por cuerpos de naturaleza granítica y deformados conjuntamente con éstos en el Ordovícico, con motivo de los movimientos sárdicos. No obstan-te, la orogenia hercínica es la responsable del metamorfismo que afecta a los materiales anterio-res y también de la estructuración del Macizo Ibérico mediante varias fases de deformación.
En el Mesozoico, el macizo sufre diversos episodios erosivos y transgresivos, alcanzando éstos su máximo avance en el Cretácico superior, al final del cual se produce la retirada definitiva del mar hacia regiones orientales y septentrionales. En el Paleógeno, comienzan a esbozarse la Depresión del Duero y el Sistema Central, debido a las primeras etapas de deformación alpinas, culminan-do su configuración en el Mioceno, perioculminan-do durante el cual se produce el relleno de la depre-sión.
1. ESTRATIGRAFÍA
En la hoja de Cantalejo afloran una gran variedad de materiales de edades comprendidas entre el Precámbrico y el Cuaternario, si bien la serie se caracteriza igualmente por la existencia de im-portantes lagunas estratigráficas que abarcan una buena parte del Paleozoico, Mesozoico y Cenozoico.
A grandes rasgos, sus materiales integran dos grandes conjuntos:
- Materiales atribuidos al Precámbrico superior-Cámbrico, deformados y metamorfizados duran-te la orogenia hercínica, afectados por intrusiones graníticas en sus etapas tardías. Constituyen el zócalo de la región y afloran, a modo de retazos, en los cuadrantes noroccidental y surorien-tal.
- Materiales sedimentarios posthercínicos, afectados o no por la orogenia alpina. Integran el te-gumento y la cobertera, constituyendo la mayor parte de los afloramientos. En cualquier caso, el rasgo más característico de la Hoja es la abundancia de sedimentos cuaternarios y muy es-pecialmente, de origen eólico, que tapizan más de la mitad de la superficie de la Hoja.
1.1. PRECÁMBRICO-PALEOZOICO
Se incluyen en este grupo las rocas que constituyen el zócalo de la región y que corresponden a un conjunto sedimentario e ígneo, metamorfizado durante la orogenia hercínica (unidades 1 y 2) y afectado por intrusiones graníticas (unidades 3 y 4) en las etapas tardías de ésta. Sus aflora-mientos quedan restringidos a los sectores de Arevalillo de Cega (estribaciones septentrionales del Sistema Central) y de Zarzuela del Pinar-Lastras de Cuéllar (Macizo de Zarzuela).
Las rocas metamórficas son el tipo petrológico con menor representación en la hoja. A él corres-ponden un conjunto paraderivado (unidad 4) asignado al Precámbrico superior-Cámbrico, y otro ortoderivado (unidad 3), de atribución dudosa a nivel regional.
por los depósitos eólicos cuaternarios. Corresponden a granitoides de emplazamiento tardío con respecto a las principales fases de deformación hercínicas, intrusivos sobre el conjunto paraderi-vado. La mayor parte del conjunto plutónico corresponde a adamellitas (unidad 1), en cuyo se-no se diferencian pequeñas masas leucograníticas (unidad 2).
1.1.1. Rocas metamórficas
Coinciden con las tradicionales series preordovícicas del Sistema Central, dispuestas bajo la dis-cordancia sárdica en los dominios Oriental y Occidental. A grandes rasgos, este conjunto preor-dovícico presenta un conjunto de ortogneises glandulares sobre el que aparece una serie meta-sedimentaria en la que se intercalan niveles de gneises glandulares (Fig. 1.1). Su interpretación ha dado lugar a una gran cantidad de trabajos, tanto de carácter local como regional, a pesar de lo cual persisten algunos problemas relacionados fundamentalmente con la edad y el origen pre-metamórfico de los gneises glandulares, así como con la edad de las fases de recristalización me-tamórfica y de deformación tectónica, desarrolladas en la orogenia hercínica.
El origen paraderivado del conjunto integrado por esquistos, esquistos micáceos, gneises bande-ados y cuarcitas, con intercalaciones de rocas carbonatadas y de silicatos cálcicos, ha sido unáni-memente aceptado; sin embargo, el origen de los gneises glandulares (augengneises, gneises porfiroides y gneises ocelares de la literatura regional) ha sido tema de controversia en el pasa-do. Así, a comienzos de los años setenta, un grupo reducido de autores (GARCÍA CACHO, 1973; PEINADO, 1973; LÓPEZ RUIZ et al., 1975; APARICIO et al., 1975) propuso que en la serie origi-nal preordovícica no existen en ningún caso rocas ígneas, en tanto que un grupo más numero-so señalaba que el protolito correspondería a granitos porfídicos o a series volcano-sedimenta-rias ácidas (WAARD, 1950; PARGA PONDAL et al., 1964; SCHÄFER, 1969; CAPOTE, 1972; SO-ERS, 1972; BISCHOFF et al., 1973; FERNÁNDEZ CASALS, 1974 y 1976; NAVIDAD, 1975).
En una síntesis basada en los trabajos anteriores, CAPOTE y FERNÁNDEZ CASALS (1975) propo-nen que la serie preordovícica del Sistema Central debe ser atribuida al Precámbrico, señalando que su unidad inferior, un ortogneis ocelar con xenolitos, derivaría de un granito porfídico y cons-tituiría el zócalo regional, aunque no descartan que pudiese corresponder a una intrusión sobre los metasedimentos suprayacentes (WAARD, 1950; BISCHOFF et al., 1973). Sobre la unidad an-terior descansaría una serie integrada por tres conjuntos litológicos, de los cuales el inferior y el superior serían metasedimentos, en tanto que el intermedio, que incluiría el Gneis de Hiendelaencina, derivaría de lavas ácidas y sedimentos relacionados con ellas.
En esta línea de pensamiento, CAPOTE et al. (1977) sugieren que la mayoría de los materiales preordovícicos pueden atribuirse al Proterozoico, pudiendo distinguirse en ellos tres complejos. El superior es una serie metasedimentaria con niveles de mármoles y anfibolitas, que se apoya sobre un complejo volcano-sedimentario, probablemente equivalente al tradicional “Ollo de Sapo”, en tanto que el intermedio es una nueva serie metasedimentaria, y el inferior es un com-plejo néisico constituido por una formación marginal volcano-sedimentaria y, probablemente, macizos volcánicos homogéneos, con algún granito intrusivo.
Figura 1.1. Relación entr
e las unidades pr
eor
grandes conjuntos bajo la discordancia sárdica: el inferior o “Unidad Glandular”, está integrado por facies heterogéneas y homogéneas, de las que las segundas corresponderían a intrusiones graníticas subvolcánicas; el superior o “Unidad metasedimentaria”, integrado por esquistos, mi-cacitas, cuarcitas y gneises bandeados con intercalaciones de calizas y anfibolitas, es atribuido al Precámbrico superior-Cámbrico inferior. En el Dominio Oriental, GONZÁLEZ LODEIRO (1981) atri-buye la serie preordovícica al Precámbrico-Cámbrico, señalando la existencia de materiales me-tasedimentarios y ortoderivados.
En BELLIDO et al. (1981) se señala nuevamente el carácter intrusivo y metagranítico de los ortog-neises glandulares, sobre los que, en el Dominio Central, se disponen dos grandes series litoes-tratigráficas, denominadas Serie Inferior o Serie Fémica Heterogénea y Serie Superior, de natura-leza metasedimentaria fundamentalmente, si bien existen intercalaciones de gneises glandulares interpretados como metavulcanitas.
El carácter intrusivo y ortoderivado, tanto de rocas volcánicas ácidas como graníticas, de una buena parte del conjunto de ortogneises glandulares, ha sido confirmado por FUSTER et al. (1981), TORNOS y CASQUET (1982) y PEINADO y ÁLVARO (1981), sugiriendo estos últimos la po-sibilidad de que el proceso magmático precursor correspondiese a un acontecimiento de edad caledónica.
La revisión realizada por CAPOTE (1983) señala que los niveles de gneises glandulares de carácter estratoide asociados a esquistos y cuarcitas, derivan de un conjunto volcano-sedimentario ácido, siendo equiparables al tradicional “Ollo de Sapo” del NO peninsular. Estas facies incluirían, entre otras unidades, la parte alta del Gneis de La Cañada (CAPOTE, 1972), una parte de los gneises de Santa María de la Alameda (CAPOTE y FERNÁNDEZ CASALS, 1975), los gneises porfiroides de la Sierra de San Vicente (CASQUET, 1975), los Gneises Fémicos Heterogéneos de El Caloco (NAVI-DAD y PEINADO, 1977), los Gneises Morcuera M-2 (FERNÁNDEZ CASALS, 1974), los Gneises de Berzosa-Riaza-Nazaret (GARCÍA CACHO, 1973; BISCHOFF et al., 1973; FERNÁNDEZ CASALS, 1976) y los Gneises de El Cardoso (SCHÄFFER, 1969; GARCÍA CACHO, 1973). Por otra parte, los gneises glandulares de aspecto masivo y homogéneo serían derivados de granitos porfídicos, sien-do equiparables al Gneis Morcuera M-1 (FERNÁNDEZ CASALS y CAPOTE, 1970), sugiriénsien-dose nuevamente la posibilidad de que constituyan el zócalo sobre el que se asienta la serie metasedi-mentaria o de que se trate de cuerpos intrusivos en ésta, con lo cual serían posteriores a ella.
Las dataciones radiométricas del conjunto de ortogneises glandulares han dado lugar a discre-pancias importantes entre los 470-500 m.a. señalados por el método Rb-Sr (VIALETTE et al., 1986 y 1987) y los 540-560 m.a calculados por el método U-Pb (BISCHOFF et al., 1986).
propuestas para tales intrusiones estarían relacionadas con los movimientos cadomienses y sár-dicos (Fig 1.1). No obstante, no debe descartarse la posibilidad de que una parte de los ortog-neises glandulares constituyan en realidad el zócalo regional sobre el que se depositó la serie se-dimentaria.
En cualquier caso, las rocas metamórficas son el conjunto petrológico con menor representación superficial en la Hoja de Cantalejo, presentando deficientes condiciones de afloramiento. En cualquier caso, los mejores puntos de observación corresponden a la confluencia del arroyo de las Casillas con el río Cega y a las esporádicas canteras del sector Fuentepelayo-Hontalbilla, don-de se reconocen rocas don-de origen orto (unidad 3) y paradon-derivado (unidad 4), respectivamente.
1.1.1.1. Esquistos, metaareniscas, pizarras y cuarcitas con masas de gneises glandulares (4). Precámbrico-Cámbrico
Sus dos únicos afloramientos se encuentran localizados en el ámbito del Macizo de Zarzuela, concretamente, al norte de Fuentepelayo y al sureste de Hontabilla. La deficiente calidad de sus afloramientos hace que en ocasiones sus contactos con las unidades adyacentes sean difíciles de establecer; en cualquier caso, sus mejores puntos de observación corresponden a antiguas can-teras, ya abandonadas, situadas en el ámbito de los parajes del vértice Ceniza y de Carranava Redonda, junto a las carreteras Lastras de Cuéllar-Hontalbilla y Fuentepelayo-Zarzuela del Pinar, respectivamente.
A grandes rasgos, la unidad se presenta con típicas coloraciones oscuras y un evidente bandeado tectónico, pero no existe corte alguno que permita establecer la potencia o las principales caracte-rísticas estratigráficas de la unidad, pudiendo apreciarse únicamente el predominio de esquistos y metaareniscas de tonos marrones y verdosos, con respecto a cuarcitas y pizarras. Se trata de la úni-ca unidad metasedimentaria de la Hoja, aunque es preciso señalar que en las úni-canteras del paraje de Carranava Redonda se observan masas de gneises glandulares, de aparente origen ígneo, si bien la calidad del afloramiento no permite determinar si se trata de intercalaciones o de cuerpos intru-sivos; en cualquier caso sus reducidas dimensiones han imposibilitado su representación cartográ-fica. Por su similitud con las “Capas de Santa María” aflorantes en la Hoja de Nava de la Asunción (456), la presente unidad parece asimilable al complejo esquisto-grauváquico (ÁLVAREZ, 1982).
El carácter intrusivo de los granitoides de Zarzuela (unidad 1) sobre este conjunto metasedimen-tario es perfectamente visible en la cantera situada junto a la carretera Lastras de Cuéllar-Hontalbilla, a 3 km de la primera localidad; junto al contacto, la presente unidad muestra eviden-cias de una importante elevación térmica, a consecuencia de la cual ha sufrido procesos de cor-neanización e incluso la fusión de los minerales leucocráticos, observándose fenómenos de ne-bulitización.
Aunque la unidad ha debido sufrir los efectos de los movimientos sárdicos y tal vez los cadomien-ses, sus efectos son difícilmente evaluables, excepción hecha de las intrusiones represetandas por ortogneises glandulares (unidad 3), considerándose que la intensa deformación que muestra la unidad, así como su metamorfismo, están relacionados fundamentalmente con la orogenia her-cínica.
1.1.1.2. Ortogneises glandulares (3)
Constituye una de las unidades más características y controvertidas del Sistema Central. Sus aflo-ramientos están restringidos al sector suroriental, coincidiendo con las estribaciones septentrio-nales de la Sierra de Guadarrama. Sus mejores condiciones de observación coinciden con el fon-do de los valles, especialmente el del río Cega y los de los arroyos de la Malilla y las Casillas; por contra, en las zonas más elevadas se encuentran cubiertos por un manto de alteración de orden métrico, proporcionando al terreno una morfología suave, con tonalidades ocres, que incluso pueden provocar su confusión con los depósitos terciarios. En las vecinas Hojas de Turégano (457) y Prádena (458), estos materiales afloran ampliamente, con puntos de observación de bue-na calidad.
Sobre la presente unidad se disponen en inconformidad materiales detríticos de edad cretácica (unidad 5) y miocena (unidad 12), reflejando que ha sido afectada por intensos procesos erosi-vos, al menos, intracretácicos e intraterciarios. Su rasgo de campo más sobresaliente, que per-mite su fácil identificación, es la presencia de glándulas o megracristales de feldespato potásico de tamaño muy variable, pero que pueden alcanzar 10 cm. Destaca también la alta proporción de biotita mayor que en otras variedades de ortogneises glandulares, y que ha dado lugar a su denominación de “Ortogneises glandulares mesocratos-melanocratos” en diversas Hojas veci-nas; con frecuencia, la biotita se asocia con sillimanita, dando lugar a una marcada foliación. Conviene recordar que en el seno de la unidad metasedimentaria (4) se han observado masas in-cartografiables de gneises glandulares de aspecto menos homogéneo y cuya interpretación po-dría diferir de la propuesta para la presente unidad.
Regionalmente, los ortogneises glandulares se presentan de dos maneras: como intercalaciones en la serie metasedimentaria, interpretándose como derivados de depósitos volcano-sedimenta-rios ácidos, o como conjuntos homogéneos de sustrato desconocido, derivados de intrusiones graníticas y granodioríticas (Fig.1.1). A este segundo grupo corresponde la presente unidad que es equiparable con los Gneises de La Morcuera M-1 (FERNÁNDEZ CASALS y CAPOTE, 1970), Gneises de Abantos (PEINADO, 1973) y Gneises Homogéneos de la Unidad Glandular (NAVIDAD, 1979), entre otros.
ca-rácter intrusivo con respecto a la serie metasedimentaria (IGME, 1990 y 1991); entre dichas evi-dencias se encuentran sus contactos netos, su disposición bajo diferentes niveles metasedimen-tarios, la presencia de enclaves metasedimentarios correspondientes a las unidades preordovíci-cas y los datos proporcionados por algunas dataciones radiométripreordovíci-cas. Entre éstas, las realizadas por el método Rb-Sr (VIALETTE et al., 1986 y 1987) han señalado edades comprendidas entre 470 y 500 m.a., lo que sugiere que su intrusión tuvo lugar durante el Ordovícico inferior, coinci-diendo con la orogenia sárdica.
Sin embargo, algunos autores han señalado la existencia de un evento magmático anterior (IG-ME, 1990 y 1991) en base a las edades de 540-620 m.a. proporcionadas por el método U-Pb en diversos puntos del Macizo Central Francés, Galicia, norte de Portugal y Sistema Central, y que estaría relacionado con la orogenia cadomiense; de ser correcta esta interpretación, sería incues-tionable la edad precámbrica de todos los niveles metasedimentarios instruidos por los ortognei-ses. No obstante, no debería descartarse la idea de que al menos una parte de los ortogneises constituyan el zócalo regional sobre el que se depositó la serie sedimentaria preordovícica, tal co-mo han sugerido diversos autores (CAPOTE y FERNÁNDEZ CASALS, 1975).
1.1.2. Rocas ígneas hercínicas
Los granitoides hercínicos del Sistema Central Español constituyen uno de sus rasgos más carac-terísticos. Su superficie de afloramiento aumenta de forma ostensible de este a oeste, de modo que no están representados en el Dominio Oriental pero, por contra, en el Dominio Occidental es tal su abundancia, que se encuentran interconectados entre sí, con los afloramientos de rocas metamórficas dispuestos a modo de retazos.
Una síntesis relativa a los granitoides del Macizo Hespérico fue propuesta por CAPDEVILA et al. (1973), estableciéndose dos tipos: el primero, alumínico controlado por el metamorfismo regional, incluye cuerpos generados por anatexia húmeda, localizándose preferentemente en el noroeste y centro; el segundo, calcoalcalino o híbrido, tardiorogénico, generado principalmente por mezcla de fusión seca de la base de la corteza con productos básicos infracristales, siendo su participación más importante en el tercio inferior de la meseta, pudiendo existir diferenciación magmática.
Aunque en el Sistema Central existen cuerpos autóctonos y parautóctonos derivados de proce-sos anatécticos, relacionados con el clímax metamórfico hercínico, la mayor parte de los grani-toides corresponden a episodios magmáticos postmetamórficos y postcinemáticos. El magmatis-mo hercínico del Sistema Central ha sido objeto de una gran cantidad de trabajos de carácter re-gional y, muy especialmente, local; entre los de carácter general destacan los de APARICIO et al. (1975), BELLIDO et al. (1981), VILLASECA (1985) y FUSTER y VILLASECA (1987).
A pesar de su abundancia, su espectro composicional es muy limitado, predominando de mane-ra ostensible los gmane-ranitos, adamellitas y gmane-ranodioritas. Entre los tipos más básicos, aparecen cuar-zodioritas, tonalitas y, ocasionalmente, dioritas, en tanto que los tipos más ácidos corresponden a leucogranitos, que pueden formar diques o cuerpos de formas y tamaños diversos.
Los granitoides del sector oriental muestran la mayor parte de los caracteres de los granitos cal-coalcalinos (CAPDEVILLA et al., 1973) o de los granitos de tipo I (CHAPPELL y WHITE, 1974), en tanto que la mayoría de los granitoides situados al oeste del macizo de La Cañada pueden con-siderarse estrictamente como granitos de dos micas, asimilándose a los granitoides alcalinos o a los granitos de tipo S de los autores citados.
Los granitoides calcoalcalinos o biotíticos, predominantes en la Sierra de Guadarrama, son rocas de composición granítica a granodiorítica y tamaño de grano medio a grueso, presentando to-das las transiciones desde facies porfídicas con megacristales de feldespato potásico hasta facies equigranulares. Las rocas más básicas son de grano fino a medio y carecen de porfidismo, en tan-to que los tipos más diferenciados, de carácter aplítico, suelen poseer grano fino, aunque en oca-siones pueden presentar grano muy grueso de carácter casi pegmatoide. En relación con los pro-cesos de fracturación tardía, se encuentran rocas episieníticas de tonos rosados, así como mani-festaciones filonianas, entre las que se observan pórfidos, lamprófidos, aplitas, microdioritas, pegmatitas y diques de cuarzo.
Las tendencias de evolución geoquímica son relativamente simples y típicas de series plutónicas calcoalcalinas de carácter normal, con espectros de variación reducidos debido a la escasa repre-sentación de rocas básicas. En sectores occidentales, los granitos de dos micas presentan tenden-cias evolutivas más complejas debido a su mayor contenido en volátiles y a la cristalización de moscovita.
A grandes rasgos, la secuencia de emplazamiento parece señalar una cierta precocidad de las dioritas, intruyendo posteriormente las tonalitas y cuarzodioritas, con muy poco desfase con res-pecto a las granodioritas y adamellitas, finalizando la secuencia con granitos y leucogranitos. No obstante, esta secuencia general puede mostrar variaciones de orden local. El plutonismo hercí-nico y tardihercíhercí-nico de la Sierra de Guadarrama se produjo al menos durante el intervalo com-prendido entre 345 + 26 m.a. (unidad intrusiva de Villacastín) y 276 + 8 m.a. (unidad intrusiva de La Granja), tal como han señalado las dataciones realizadas por el método Rb-Sr (IBARROLA et al., 1987), aunque evidencias de campo sugieren que debieron existir acontecimientos intru-sivos anteriores y posteriores a las edades señaladas.
En la Hoja de Cantalejo se ha reconocido una unidad adamellítica (unidad 1), aflorante en el ám-bito de Zarzuela del Pinar y Lastras de Cuéllar, afectada a su vez por intrusiones leucograníticas diferenciadas en la cartografía cuando sus dimensiones y calidad de afloramiento lo han permi-tido (unidad 2)
1.1.2.1. Adamellitas (1)
ro-cosos diseminados por el terreno. Sus mejores puntos de observación se encuentran en el valle del Cega, destacando los parajes del molino del Ladrón y la ermita del Bosque, siendo precisa-mente este valle, la única zona en que estos materiales afloran bajo la forma berrocales.
Sobre la presente unidad se disponen en inconformidad los materiales detríticos cretácicos (uni-dad 5) y terciarios (uni(uni-dades 11 y 12), si bien los primeros sólo afloran en el borde suroriental del macizo; la inconformidad con los sedimentos terciarios es perfectamente visible en el embalse de Bodón de Ibenza. Por lo que respecta a la relación de las adamellitas con las rocas metamórficas de la unidad (4), su carácter intrusivo, evidente de acuerdo con la interpretación regional atribui-da a ambos conjuntos, queatribui-da confirmaatribui-da en el afloramiento de la cantera abandonaatribui-da al sur de Hontalbilla, junto a la carretera que une esta localidad con Lastras de Cuéllar, donde los metase-dimentos del contacto han sido corneanizados e incluso parcialmente granitizados.
Es preciso señalar que el conjunto del Macizo de Zarzuela se encuentra tapizado por depósitos eólicos cuaternarios que ocultan buena parte de la presente unidad; en ocasiones, son difíciles de separar de los mantos de alteración formados a expensas de las rocas adamellíticas, debido a la naturaleza arenosa de ambos.
En corte fresco, la unidad posee característicos tonos grisáceos, oscurecidos por la alta propor-ción de biotita, predominando el tamaño de grano medio a grueso, con escasos fenocristales de feldespato, junto a los que aparecen cuarzo y plagioclasa como minerales principales. Con fre-cuencia se observan diferenciados leucograníticos de grano fino que, debido a la deficiente cali-dad de los afloramientos y a sus reducidas dimensiones, resultan extremadamente difíciles de in-dividualizar cartográficamente; cuando ello ha sido posible se han representado como unidad (4).
No existen dataciones radiométricas de las rocas graníticas de este sector, si bien se han propues-to edades extremas de 327 + 8 y 276 + 8 m.a. para ellos en el Complejo de Guadarrama (IBA-RROLA et al., 1987) con el que puede asimilarse estructuralmente el Macizo de Zarzuela. No obs-tante, la carencia de deformación de la presente unidad hace que puedan descartarse para ella las edades más antiguas de dicho intervalo; por otra parte, al encontrarse intruida por masas leu-cograníticas tardías, deben descartarse también las edades más recientes. De acuerdo con ello, el Carbonífero superior parece el periodo más probable para su emplazamiento.
1.1.2.2. Leucogranitos (2)
Corresponde a esta unidad un conjunto leucogranítico de grano fino dispuesto a modo de reta-zos en el seno de la unidad anterior. Debido a la mala calidad de los afloramientos y a sus redu-cidas dimensiones, su individualización resulta extremadamente difícil, habiendo sido posible só-lo en un caso. Este afsó-loramiento, de dimensiones hectométricas, está situado al norte de la er-mita del Bosque y posee una forma alargada según N30º. Su mayor resistencia a la erosión ha-ce que aparezca como un suave relieve positivo.
Se interpretan como intrusiones tardías sobre la adamellita de fondo, por lo que de acuerdo con la edad propuesta para ésta, el intervalo Carbonífero superior-Pérmico parece el más probable para su emplazamiento.
1.2. MESOZOICO-CENOZOICO
Se incluyen en este grupo los materiales sedimentarios dispuestos sobre el zócalo plutónico-me-tamórfico descrito, posteriores, por tanto, a la orogenia hercínica. Ocupan la mayor parte de los afloramientos de la Hoja, pudiendo agruparse en tres grandes conjuntos en función de sus carac-terísticas y de su relación con la orogenia alpina: materiales cretácicos, terciarios y cuaternarios.
Los sedimentos cretácicos (unidades 5-10), de origen marino y, en menor medida, continental, son los que presentan una menor extensión, aflorando en relación con las elevaciones estructu-rales, evidenciando una clara adaptación al zócalo al haberse deformado conjuntamente duran-te la orogenia alpina.
Los depósitos terciarios (unidades 11-16), entre los que predominan los materiales detríticos de naturaleza continental, rellenan las depresiones creadas tras la estructuración alpina del conjun-to hercínico-cretácico.
Por último, los sedimentos cuaternarios (unidades 17-23) se disponen sobre los restantes mate-riales a modo de fino tapiz que cubre la mitad de la Hoja. Entre ellos, es preciso destacar los ex-tensos depósitos arenosos relacionados con la actividad eólica, cuyo extraordinario desarrollo ha-ce de ellos el conjunto más característico de la Hoja.
1.2.1. Cretácico
Sobre el zócalo hercínico se dispone, a modo de tegumento, un conjunto detrítico-carbonatado correspondiente al Cretácico superior, que pese a ser el conjunto con menor superficie de aflo-ramiento en la Hoja, es el mejor caracterizado de la región (Fig. 1.2). En este sentido es preciso destacar la tesis doctoral de ALONSO (1981) en la que se aborda el estudio estratigráfico del Cretácico de la provincia de Segovia, estableciendo diversas unidades litoestratigráficas recono-cibles en la Hoja, unidades que más tarde serían definidas formalmente por FLOQUET et al. (1982) y correlacionadas con las unidades aflorantes al sur del Sistema Central por ALONSO y MAS (1982).
Desde un punto de vista litológico, la serie cretácica del borde septentrional del Sistema Central puede dividirse en dos tramos:
- Tramo inferior. Caracterizado por el predominio de sedimentos detríticos correspondientes a ambientes continentales, atribuidos al intervalo Cenomaniense-Coniaciense. En él pueden dis-tinguirse tres unidades litológicas de las que tan sólo la superior aflora en el ámbito de la Hoja.
Desde un punto de vista secuencial se reconocen dos ciclos sedimentarios transgresivo-regresi-vos, de los que el inferior (Cenomaniense-Turoniense) no se encuentra representado en la Hoja, a diferencia del superior, cuya representación dentro de ella puede considerarse como buena. Este segundo ciclo posee carácter extensivo con respecto al primero, con afloramientos amplia-mente distribuidos por la región.
Es preciso señalar que un sondeo de reconocimiento efectuado en Cabezuela (SGOP, 1977) ha puesto de manifiesto la presencia de 38 m de arenas silíceas, gravas y arcillas a techo de la serie cretácica. Dicho conjunto, no aflorante en el ámbito de la Hoja de Cantalejo, ha sido atribuido al Maastrichtiense, en base a su contenido faunístico en la Hoja de Nava de la Asunción (456). No obstante, su posición estratigráfica y su correlación con una unidad de clara afinidad garum-niense aflorante en la vecina Hoja de Sepúlveda (431), sugieren una edad Maastrichtiense-Eoceno medio para dicho conjunto detrítico.
Cuando la serie cretácica está completa, su espesor puede superar los 300 m. Sin embargo, con frecuencia esto no ocurre, debido a la intensidad de los procesos erosivos intraterciarios, que en algunos puntos han eliminado una parte o la totalidad de la serie. Por ello, dentro de la Hoja, los materiales detríticos terciarios de las unidades (11) y (12) se apoyan indistintamente sobre cual-quier unidad cretácica e incluso sobre el zócalo hercínico.
Dentro de la Hoja, los afloramientos quedan restringidos a tres sectores.
- Nororiental. Pertenecen a él los afloramientos más surorientales del Macizo de Sepúlveda y po-see cortes de excelente calidad en el paraje de las Hoces del Duratón.
- Suroriental. Coincide con las estribaciones septentrionales de la Sierra de Guadarrama y es el que muestra mejores afloramientos, situándose su mejor corte al norte de Pajares de Pedraza.
- Noroccidental. Corresponde al borde suroriental del Macizo de Zarzuela del Pinar, siendo el que presenta condiciones de afloramiento más deficientes, pese a lo cual posee un corte de excelente calidad en el talud de la carretera Cantalejo-Hontalbilla.
1.2.1.1. Fm. Arenas y arcillas de Segovia (5). Coniaciense
Constituye la base de la serie cretácica de la Hoja, disponiéndose sobre un paleorrelieve elabora-do sobre el zócalo hercínico, excepción hecha del sector nororiental, elabora-donde debe apoyarse sobre la Fm. Arenas y arcillas de Castro de Fuentidueña, no aflorante. En general, debido a su natura-leza litológica sus afloramientos son deficientes, pese a lo cual existen buenos puntos de obser-vación en Lastras de Cuéllar y al norte de Arevalillo de Cega, existiendo bueno cortes en Hontalbilla y Pajares de Pedraza.
Los términos conglomeráticos suelen marcar la base de la unidad, pero no son exclusivos de ella, pues pueden presentarse en niveles superiores. Presentan buenas condiciones de afloramiento en las canteras situadas al NE de Lastras de Cuéllar, entre otros puntos, donde aparecen como conglomerados de cuarcita redondeados, con matriz arenosa y arcillosa, que confieren tonalida-des rojizas al terreno; el tamaño de los cantos suele oscilar entre 2 y 6 cm, aunque en ocasiones pueden superar 10 cm. Forman cuerpos lenticulares de aspecto masivo, que no suelen superar 1 m. de espesor.
Las arenas blancas y rosadas son la litología más característica en la unidad. El componente fun-damental es el cuarzo, en sus distintas variedades, que se presenta en proporciones superiores al 70 % dentro de la fracción comprendida entre 0,25 y 0,50 mm; junto con él aparece feldespa-to potásico con valores próximos al 2 %, plagioclasa (1-2 %) y fragmenfeldespa-tos de rocas sedimenta-rias (0-11 %) y metamórficas (1-3 %), con baja proporción o ausencia de biotita y moscovita. La fracción pesada constituye menos del 0,5 % del total, siendo sus integrantes principales turma-lina (40-50 %) y circón (25-30 %), a los que acompañan estaurolita (6-8 %), hornblenda (6-7 %), granate (3-3,5 %), distena (3,5 %), carbonatos (3-3,5 %), esfena (2-2,5 %), andalucita y epidota, estos últimos con valores inferiores al 1 %. Con frecuencia presentan estratificación cru-zada en surco y planar, así como niveles masivos.
Los limos y arcillas de color blanco, amarillo, rojo y verde son relativamente abundantes, espe-cialmente hacia el techo de la unidad. La composición mineralógica de las arcillas muestra un contenido de filosilicatos superior al 70%, con algo más del 20% de cuarzo y menos del 5% de feldespatos; entre los filosilicatos aparecen esmectita, caolinita e illita, en proporciones compren-didas entre 20 y 40%. En ellos se encuentran ripples y laminación paralela, así como frecuentes costras ferruginosas y nódulos.
El límite inferior de la unidad coincide a nivel regional con una ruptura sedimentaria, en ocasio-nes de marcado carácter erosivo, que permite la diferenciación de dos ciclos sedimentarios en el Cretácico superior. El ciclo superior se inicia, por tanto, con el depósito de la presente unidad en un régimen continental, caracterizado por la abundancia de cuerpos canalizados que surcarían una llanura costera, observándose a techo cierta influencia mareal. El límite superior, que puede tener carácter neto o gradual, se establece con la aparición de los primeros niveles de carbona-tos, que marcan la instalación de ambientes marinos en la zona. El espesor de la unidad aumen-ta progresivamente de NE a SO, habiéndose medido espesores de 25 m en el embalse de Burgomillodo, y algo más de 40 m, en Pajares de Pedraza; también se aprecia una tendencia a la disminución con la proximidad al Macizo de Zarzuela, con 20 m al sureste de Hontalbilla.
Aunque no se han encontrado restos faunísticos en el ámbito de la Hoja, al NE de la región se ha señalado el hallazgo de una asociación de Ostrácodos que permite asignar la base de la uni-dad al Turoniense superior-Coniaciense (ALONSO, 1981). No obstante, de acuerdo con criterios regionales, la totalidad de la unidad se ha incluido en el Coniaciense.
1.2.1.2. Dolomías y margas. Fm. Dolomías tableadas de Caballar (6). Coniaciense
Está constituida por una alternancia de niveles margosos y capas dolomíticas tabulares de orden decimétrico a métrico. En detalle, los niveles margosos corresponden a margas dolomíticas y li-mos de tonos grises. Entre las dolomías se reconocen varios tipos texturales: mudstones, wackes-tones laminados y packswackes-tones, con cierto carácter margoso; esporádicamente incluyen construc-ciones de Rudistas. En el sector noroccidental también aparecen areniscas con cemento dolomí-tico.
Generalmente, su límite inferior viene señalado por la aparición de términos carbonatados sobre los materiales detríticos de la unidad (5). En el sector de Pajares de Pedraza, la base está marca-da por un nivel de dolomías rojas de 2 m de espesor, dispuesto en contacto neto; por contra, en el sector noroccidental en el que la unidad posee tramos detríticos enrojecidos, la base está se-ñalada por la presencia de niveles margosos y calizos de tonos claros. En cuanto al límite supe-rior, viene dado por el resalte morfológico producido en el terreno por los niveles dolomíticos de las unidades suprayacentes (7 y 8). Por lo que respecta al espesor, varía entre los 45 m de Pajares de Pedraza y los 30 m de Hontalbilla, aunque aquí tal vez se incluyan otras unidades, hecho que la naturaleza de los afloramientos de la zona no permite confirmar.
En los niveles de dolomías predominan los tipos micríticos con abundantes granos de cuarzo y restos difusos de Ostrácodos. Se reconocen estratificación cruzada planar, ripples de oscilación y laminaciones de algas, en tanto que los niveles de areniscas poseen cicatrices erosivas y estrati-ficación biomodal. El depósito de la unidad se interpreta en un contexto de llanura de marea de baja energía, en el que las pulsaciones de la línea de costa dieron lugar a una alternancia de epi-sodios submareales e intermareales, observándose hacia el oeste un predominio de los aportes terrígenos.
No se han encontrado restos paleontológicos que permitan la datación de la unidad, si bien por correlación con sectores nororientales se ha incluido en el Coniaciense (ALONSO, 1981), edad que concuerda con las atribuidas a las unidades supra e infrayacente en la región.
1.2.1.3. Fm. Calizas y dolomías de Castrojimeno. Dolomías y calizas con intercalaciones margo-sas (7). Dolomías y areniscas dolomíticas (8). Coniaciense-Santoniense
Sobre la unidad anterior (6) se dispone un conjunto calizo-dolomítico característico en toda la re-gión, asimilable a la Fm. Calizas y dolomías de Castrojimeno (unidad 8). Es la unidad cretácica con mayor superficie de afloramiento en la Hoja, mostrando buenos cortes en Pajares de Pedraza, Hontalbilla y en las Hoces del Duratón.
Su límite inferior coincide con el resalte morfológico que producen en el terreno los materiales predominantemente dolomíticos de la presente unidad, sobre el conjunto margoso-dolomítico infrayacente; en cuanto al límite superior, viene señalado por la aparición de los niveles carbona-tados tableados de la unidad (9), que contrastan con el aspecto masivo de la presente. En el sec-tor suroriental las intercalaciones margosas existentes en la mayor parte del conjunto permiten la separación de un tramo dolomítico-margoso en la parte inferior de unidad, individualizado car-tográficamente como unidad (7).
por un conjunto de dolomías y areniscas dolomíticas agrupadas en bancos de orden decimétrico a métrico, con un espesor total de 60 m. Entre las dolomías predominan los packstones limosos correspondientes a barras; en las areniscas dolomíticas, en ocasiones bioclásticas, se han recono-cido cicatrices erosivas, ripples de oleaje y estratificación cruzada planar y bimodal, interpretán-dose como sistemas de barras y canales. Son abundantes las costras ferruginosas y lateríticas, así como las construcciones de Rudistas.
En el sector de las Hoces del Duratón, la unidad aparece quizá bajo su aspecto más característi-co, como dolomías en potentes tramos de aspecto masivo, con un espesor ligeramente superior al centenar de metros. Se trata de dolomías recristalizadas blancas en las que se observa estrati-ficación cruzada planar a gran escala y en surco. Cuando afloran en las escarpadas paredes que limitan el valle del río Duratón, sus condiciones de observación son excelentes; sin embargo, en el resto de los afloramientos del sector nororiental, la deficiencia de sus afloramientos ha provo-cado la asimilación de las dolomías tableadas de la unidad suprayacente dentro de la Fm. Castrojimeno.
Los procesos erosivos intraterciarios han eliminado parte de esta formación en determinadas zo-nas, tal como se aprecia en el sector de Pajares de Pedraza, a pesar de lo cual han quedado pre-servados 55 m, de los que los 35 m inferiores corresponden a las calizas y dolomías con interca-laciones margosas de la unidad (7) y los 20 m restantes, a las dolomías masivas de la unidad (8). En las dolomías de la unidad (8) pueden reconocerse paquetes métricos de wackestones-packs-tones con estratificación cruzada, paquetes métricos de wackswackestones-packs-tones nodulosos y niveles decimé-tricos de wackestones laminados con estructuras algales y ripples de ola. Entre las calizas se han observado barras de grainstones oolíticos con estratificación cruzada planar a muy gran es-cala y construcciones de Rudistas aisladas, de potencia métrica. En cuanto a las margas, corres-ponden a niveles métricos de limos dolomíticos de aspecto masivo. Por lo que respecta a la uni-dad (8), se presenta como dolomías y calizas dolomíticas con texturas packstones y grainstones en bancos masivos de orden métrico con estratificación cruzada planar de muy gran escala y ba-jo ángulo, interpretados como barras.
El depósito de la Fm. Castrojimeno tuvo lugar en una extensa plataforma carbonatada de alta o media energía, sometida a la influencia del oleaje, en la que se desarrollaban barras que prote-gerían las zonas más internas, situadas al sur de la región. El aspecto dolomítico masivo que afec-ta parcial o toafec-talmente a la unidad según los sectores, está relacionado con procesos diagenéti-cos que han borrado la mayoría de los rasgos originales de la unidad; en cualquier caso, la cau-sa de la irregular distribución de la dolomitización no es bien conocida.
No se han encontrado restos faunísticos que permitan la datación de la unidad, que en la región ha sido atribuida al Coniaciense terminal-Santoniense en base a sus asociaciones de Rudistas, Foraminíferos y Ostrácodos (ALONSO, 1981).
1.2.1.4. Dolomías tableadas. Mb. Dolomías de Peñatravesa (9). Santoniense-Campaniense
Hoces del Duratón y en el arroyo de Aldeonsancho, pudiendo observarse también en el corte de Hontalbilla, dentro del sector noroccidental. Únicamente en el paraje de La Viñaza, al NE de Fuenterrebollo, su diferenciación cartográfica no ha sido posible debido a la escasa calidad de los afloramientos, habiéndose asimilado al conjunto carbonatado infrayacente (unidad 8), con el que presenta una mayor afinidad litológica y morfológica que con el suprayacente (unidad 10).
Su límite inferior está señalado por la pérdida del aspecto masivo y la aparición de niveles table-ados, a techo del conjunto calizo-dolomítico de la unidad (8), en tanto que el superior está mar-cado por la aparición de los característicos niveles margosos de tonos amarillentos de la unidad (10).
Está integrada por un conjunto de dolomías, en ocasiones bioclásticas, con estratificación plano-paralela, agrupadas en niveles de 20 a 40 cm de espesor, reconociéndose Algas cianofíceas, ni-veles brechoides, laminación paralela, ripples y porosidad fenestral. Todos estos rasgos, junto con la presencia de yeso en otros puntos de la región, sugieren exposiciones subaéreas en un clima árido con importante evaporación, en una zona restringida; por tanto, su depósito tuvo lugar en un ambiente muy somero, inter o supramereal.
Al igual que en el resto de las unidades cretácicas, no se han hallado fósiles que permitan datar la unidad, que regionalmente se ha asignado al tránsito Santoniense-Campaniense (FLOQUET et al., 1982).
1.2.1.5. Fm. Dolomías y margas de Valle de Tabladillo (10). Campaniense
Constituye una unidad muy característica en la región, habiendo sido preservada de los procesos de erosión intraterciarios tan solo en el corte de Hontalbilla y, especialmente, en el sector nor-oriental, donde presenta buenas condiciones de afloramiento. Está constituida por una alternan-cia monótona de dolomías blancas y margas amarillas que proporcionan al terreno tonalidades amarillentas y relieves poco contrastados, mostrando una gran homogeneidad en toda la región. Ambos rasgos, morfología y color, permiten una fácil individualización con respecto de las res-tantes unidades cretácicas. Por contra, su separación de las unidades terciarias suprayacentes re-sulta mucho más compleja en ausencia de cortes, situación bastante frecuente.
Su límite inferior coincide con la aparición de niveles margosos sobre el conjunto dolomítico-ca-lizo de las unidades (8) y (9), en tanto que el superior está marcado por una discordancia erosi-va sobre la que se disponen los conglomerados calcáreos de la unidad (11). Es precisamente di-cha discordancia, acompañada por una acusada erosión, la causa de los importantes cambios de espesor que muestra la unidad entre las distintas zonas en que se ha conservado, pudiendo se-ñalarse con carácter orientativo los 10 m del corte de Hontalbilla y los algo más de 50 m al nor-te de Sebulcor.
No existen restos paleontológicos que permitan determinar la edad de la unidad, que regional-mente se ha enmarcado en el Campaniense (FLOQUET et al., 1982) sin que deba descartarse que en ella esté representado parcialmente el Maastrichtiense.
1.2.2. Terciario
Los materiales terciarios de origen continental, constituyen el relleno sedimentario de la Depresión del Duero y su subcuenca, el Corredor de Cantalejo, dominios geológicos a los que pertenece la mayor parte de la Hoja. No obstante, una buena parte de dicho relleno se encuen-tra oculta bajo los extensos mantos arenosos cuaternarios característicos de la región.
La ausencia de yacimientos fosilíferos que permitan su datación, unida a la baja calidad de los afloramientos, con la consiguiente ausencia de estudios estratigráficos, hacen que su conoci-miento sea muy deficiente. Por ello, una buena parte de las interpretaciones relativas a las uni-dades terciarias de la Hoja se han realizado por correlación con otras zonas.
Existe un claro predominio de los sedimentos de naturaleza detrítica, que tienen como área ma-dre los afloramientos de materiales hercínicos y cretácicos del Macizo de Zarzuela del Pinar y del borde septentrional del Sistema Central. A grandes rasgos, el Terciario de la Hoja pertenece a tres ciclos sedimentarios diferentes:
- Inferior (unidad 11). Está constituido por conglomerados calcáreos depositados en el intervalo Oligoceno-Mioceno inferior.
- Medio (unidades 12 - 15). Es el de mayor representación superficial, estando integrado por conglomerados polimícticos, areniscas y arcillas, que evolucionan hacia los sectores centrales de la cuenca, así como en la vertical, a un mayor predominio de arcillas y niveles carbonata-dos. Se atribuye al Mioceno inferior-medio.
- Superior (unidad 16). Está representado por mantos de gravas cuarcíticas atribuidas al Mioceno superior-Plioceno.
Como se ha señalado anteriormente, un sondeo efectuado en Cabezuela (IGME, 1991) ha puto de manifiesputo la presencia de un conjunputo de arenas silíceas, gravas y arcillas de 38 m de es-pesor, sobre la serie carbonatada cretácica y bajo los conglomerados calcáreos del ciclo inferior terciario. Dicho conjunto, no aflorante dentro del límites de la Hoja, es asimilable al intervalo Maastrichtiense-Eoceno medio por correlación con diversas unidades de las Hojas de Nava de la Asunción (456) y Sepúlveda (431).
1.2.2.1. Conglomerados calcáreos (11). Oligoceno-Mioceno inferior
La unidad está integrada por un conjunto de cuerpos conglomeráticos tabulares de espesores de orden métrico, con esporádicas intercalaciones de arcillas grises en niveles decimétricos; los nive-les conglomeráticos carecen de ordenamiento interno, estando cementados por carbonatos; los cantos son de naturaleza carbonatada, con formas redondeadas y tamaños muy variables, en-contrándose bloques que superan los 20 cm de diámetro, si bien no suelen sobrepasar 10 cm.
Se apoyan discordantemente sobre diversas unidades cretácicas, a través de un contacto fácil-mente identificable en corte, pero no sobre el terreno, debido a la homogeneidad litológica exis-tente entre los cantos calcáreos de la presente unidad y los fragmentos rocosos de las unidades infrayacentes, también de naturaleza calcárea. Por lo que respecta al techo, coincide con una nueva discordancia, sobre la que se apoyan los materiales detríticos de la unidad (12); la existen-cia de niveles conglomeráticos en ambas unidades y la deficiente calidad de los afloramientos ha-cen que la delimitación de su contacto sea compleja, estableciéndose en la pérdida del carácter calcáreo de los cantos, coincidente con el predominio de los de naturaleza ígnea y metamórfica.
Su depósito se interpreta en relación con facies proximales de abanicos aluviales con área madre en los relieves integrados por materiales mesozoicos. Las condiciones de afloramiento no permi-ten establecer excesivas precisiones sobre su dispositivo sedimentario, pero parece bastante pro-bable que la cuenca tuviese una configuración algo semejante a la actual, pese a no haber al-canzado su estructuración definitiva. En cualquier caso, las facies más distales del Corredor de Cantalejo han de encontrarse ocultas bajo depósitos terciarios más recientes, por lo que nada puede señalarse acerca de ellas.
No existe dato paleontológico alguno que permita establecer la edad de la unidad, por lo que para ello ha sido necesario recurrir a criterios de carácter regional. Por una parte, el presente conjunto calcáreo muestra una deformación, más o menos acusada, que sugiere su depósito con anterioridad a las últimas fases de estructuración alpinas en el borde septentrional del Sistema Central, a diferencia del conjunto detrítico suprayacente, claramente posterior a dicha estructuración; por correlación con algunos puntos del borde meridional del Sistema Central, es-te límies-te podría situarse en el Mioceno inferior, sin descartar un posible Mioceno medio basal. Por lo que respecta a su base, su ubicación cronológica parece en principio más sencilla, ya que en el afloramiento de la ermita de la Virgen de Vargas (Hoja de Sepúlveda, 431) el conjunto con-glomera tico calcáreo se dispone sobre un conjunto de arcillas rojas, yesos y areniscas asignado al Maastrichtiense-Oligoceno inferior, que en cualquier caso descarta una atribución preoligoce-na para la unidad, que, de acuerdo con lo anterior, debe incluirse en el Oligoceno-Mioceno in-ferior.
1.2.2.2. Conglomerados, areniscas y arcillas (12). Aragoniense
Constituyen la unidad terciaria con mayor extensión de afloramiento, integrante de la mayor par-te del relleno del Corredor de Cantalejo y de la Depresión del Duero en el ámbito de la Hoja. Da lugar relieves poco contrastados, escaseando los cortes de calidad que, en cualquier caso, mues-tran aspectos muy parciales de la unidad.
Su muro coincide con una acusada discordancia con paleorrelieve, bajo la que se dispone cual-quiera de las unidades anteriores. En cuanto a su techo, su naturaleza es variable, estando repre-sentado por una superficie de discontinuidad que la separa de las gravas de la unidad (16) o por un tránsito a las arcillas y carbonatos de las unidades (13-15). Su espesor, muy variable debido al paleorrelieve preexistente, puede sobrepasar 250 m, si bien los afloramientos únicamente ponen de manifiesto los 60 m superiores.
A grandes rasgos, la unidad está integrada por una sucesión de cuerpos arenosos tabulares de or-den métrico, entre los que se intercalan conglomerados polimícticos, que son su principal rasgo distinto en aquellos casos en los que es posible su confusión con las restantes unidades; incluye, con menor frecuencia, niveles arcillosos. Proporciona tonos rojizos y asalmonados al terreno, con puntuales tonalidades blanquecinas coincidiendo con tramos conglomeráticos. En la base de los cuerpos conglomeráticos se reconocen cicatrices erosivas y, en los de menor granulometría, estra-tificación cruzada de surco y planar; en los niveles arcillosos se observan señales de bioturbación.
La granulometría y la composición de las areniscas varían según las zonas, pero en cualquier ca-so, los constituyentes fundamentales son los fragmentos de rocas sedimentarias, que pueden al-canzar el 60 % del total, cuarzo (> 30 %) y feldespato potásico (> 10 %). Entre los pesados, los más frecuentes son turmalina, circón y granate, generalmente con contenidos comprendidos en-tre 20 y 30 %.
En las proximidades de los afloramientos del zócalo hercínico, especialmente en el sector Rebollo-Muñoveros, aumenta la proporción de cantos y bloques, que llegan a superar los 20 cm de diá-metro, agrupándose en paquetes de orden métrico a decamétrico, con frecuencia carentes de ordenamiento interno. Verticalmente, se observa una disminución granulométrica con aparición de areniscas de grano fino y arcillas en el sector de Rebollo-Aldeosancho (unidad 13), areniscas calcáreas en los entornos de Aguilafuente (unidad 14) y calizas al suroeste de Aldea Real y sur de Hontalbilla (unidad 15).
Son pocas las precisiones sedimentológicas que pueden realizarse debido a la escasez de cortes de detalle, pero la distribución de litofacies sugiere que el depósito de la unidad debió llevarse a cabo mediante sistemas de abanicos aluviales cuyos ápices se situarían en los relieves generados durante las fases de plegamiento alpinas (Sistema Central y Macizo de Zarzuela del Pinar), en tan-to que las facies distales se localizarían hacia el interior de las cuencas (Depresión del Duero y Corredor de Cantalejo); con el paso del tiempo, la disminución energética daría lugar a la insta-lación de los ambientes palustres y lacustres correspondientes a las unidades (14) y (15), a la vez que la colmatación de las cuencas permitió la conexión entre ambas.