LI
SELECT,
. A-
El criterio cun que apreciamos las cosas de la vida
v acanibiando de mornento en momento. LO~S
hechos Eeroicos, las
grandcs batallas, 10s cambios
y
mudanzas de la politica,
yano tienen B
nuestros ojos aquel poderoso relieve que presen-
taron
i10s
ojos asombrados de nuesitros abuelos; 10s acon-’
tecimientos
m&sinsignificantes en apariencia vienen
Bocu-
par
supuesto.
Refieren las memorias de la
kpoca,quc cuando el Maris-
cal
dc Castellane, a1 frente
desu cuerpo de Ejkrcito’, desfi-
laba en
1813,
por
delante de las bodegas
deClos-Vougeot,
la cklebre vifia,
sedetuvo y mand6 prescntar armas
i
si1tropa. Saludabia las cubas de vino, como hubiera podido h a
cerlo con un Emperador. Aqneltlo parece
algosintomdtico
de
un pueblo y de una 6poca en que 10s
pequefiosaconteci-
mientos van ocupanido insensiblemente el lugar de 10s grari-
des.
La moda de 10s pantalones Harem, en las mujeres, no
pasa
de serun acontecimiento insignificante A primera vista.
De ordinario, no nos preocupamos en g r a n manera de que
las mujeres uscn sombreros grandes
6
pequefios, ni de que
10s
vestidols pascn de campanas
iparaguas; all6
seavcn-
gan ellas can las incomodiddes 6 ridiculeccs de la moda.
M6s no ha sucedido lo propio con la ya cdebre moida
dc10s
pantalones Harcm, que constituye, por decirlo asi, una
verdadera revoluci6n en las costumbres y
enla vida fenie-
nina.
Vemosuna corriente moral que
seablre paso de ma-
nera silenlciosa, transformanido el orden entero de la vida
de la mujer,
&guisa de reivindicaci6n de supuestos .derc-
chols deaconocildos por 10s hoimbres. Desgraciados 10s ma-
ridos el dia en que las mujeres
aepongan 10s pantalones,
J
les
dejen solamente las agujas
parasu
consuelo. Se re-
fiere que Te6filo Gautier inici6 la oampafia del romainticismo
con el c6lebre chaleco
r o j oque enarbold,
B
guisa de bandera,
en la primera representaci6n de Hernlani, en rnedio de 10s
silbidos de 10s clisicos exasperados. L o mismo intentan ha-
ccr
las huestw femeninas con los pantlalones Harem, con-
vertidos
B
la fecha en s i p 0 del feminism0 levantado en s61i
de combate en contra de
loishombres. Aquellas que piden e1
derecho del sufragio, las llamaidas
sufraguistas,timen
r a -z6n a1 exigir
deigual modo pautaloaes; pero las que no
piensan en semejantes cosas, toman parte, sin saberlo,
enuna manifestaci6n social y politica
Bun mismo tiempo. S c
lanzan impensadamente por el camino de las reivindicaciones
destinaidias
B
t r a n s f o r m r
B
la mujer, de bella
k
indiscutida
reina del mundo, en campe6n rival del hombre en las rudas
luchas del poder, de lia politica
y
de las cuestiones ecoa6-
micas.
La mujer, arrancada del amor y de la familia,
sureino natural,
enel
cual domina sin contrapeso ni dliscusi611
alguna, pasa
B
convertirse en un guerrero armado, en un
campe6n sin escrlipulo ni temores; la atm6sfera de belleza,
de suavidad y de elegancia que la rodea, apesta con el hu-
mo
de la p6lvora del combate, y 10s suaves y encantadores
gestos griegos se transforman en
lasrudas muecas con qtx
10s
soldados chinos tratan de amedrentar
& susadversa-
rios.
Si la nueva mcda llegaia
&implantarse, deberiamos dc-
cir adi6s
6
la belleza, resorte oculto que ha movido
B
la
hcmanidad por espacio de cuatro mil aiios. 2Se concebirLt
Bla Venus de Milo adornada con pantalones turcos? Acaso
fuera
m&sficil figurarse B
Cristo armado de un buen par d?
pistolas.
Una moda insensata quicrc imponcr
&1as mujeres
t r a j e sque le asemejan
B10s hombres, sin darse cuenta de que pre-
cisamentc lo que
m6sen ellas nos agrtuda, es que seau di-
ferentes de nosotros, que
separeacan
B
nosotros lo menos
posibdc. La mujer encanta por
sudebilidad misma, por su
fragilidad exquisita, por
sufalta
de fuerza, por su timi-
dez misma,
porsu pudor. T r a t a r de hacerla semejante
a1hombre, constituyc el m6s cornpleto y fatal de
10s errores,
es
algo como hacerla descender de
supedestal.
Si nos do-
mina con su debilidad, si nos vence con su flaqueza. Las
imjeres sufraguistas, y las mujeres boxeadoras impondrian
temor
& susnovios, quienes vcrian y a
sucasa convertida en
ring, en campo de box,
sport,en extremo peligroso p a r a la
dad conyugal. Todos aquellos que tengan algfin
aprecio por la estabiliidad de
sudentadura, tendrBn far-
zosamente que huir del matrimonio. Todo sin contar que
se-ria
bien dificil para un hombre cso de enamorarse de u n
scr
con pantalones, de un anfibio que hiciera recordar
lac
focas de 10s tiempos pre-hist6ricos.
La mod’a de 10s pantalones Harem hizo su primera apa-
rici6n en el recinto de la Comedia Francesa, en Paris, ofre-
cihdose, como alguien h a dicho,
Bla
inquietud de
10s
parisienses,
6
la curiosidad del artista,
Blas mdjitaciones dc
fil6sofo,
i lasincertidumbres dcl costurero,
6
las burlas de
kste,
a1 dead& del de mds all&, a1 semi-sufragio del
otro,ti
las murmuraciones de todos. La generdidjad de las con-
versaciones no manifestaron un gusto decidido por l a mo-
da que
seiniciaba.
M i s de uno record6 la
frasedel ckle-
bre Marivaux: “Es imposible escapar
B
las hi-jas de Eva,
sin embargo, si
selas mirara dle cierto modo, pareceriari
risibles
i
nuestro coraz6n; dejarian de ser amables
paraLuis
XVI, la
revoluci6n no pudo establecer la igualdad ni
desterrar las modas, cada vez mds tirdniscas, en su tiraniit
invencible
6
impalpable.
Y
si bien se mira, se descubre en €1
origen
de muchisimm modas la necesidad de ocultar alghn
defect0 peculiar de
ciertamujer de g r a n tono, de aquellp.*
que por su situaci6n excepcional, suelen imponer sus
prichos en 10s cimulos mundanos.
L a molda
de 10s pantalones Harem ha sido recibida
C O : ~manifestaciones hostiles en
el
mundo entero, lo cual mani
fiesta, d,e manera irredargiiible, qhe
comhn de lo que generalmente se
c rBien podemois perdonar Ins modas que s610 se lirmiten
ii
ridiculas.
Asi,
y a qomienzan d mostrarse algunos sombrero$
fcmeninocs que pretenden imitar 10s gorros de armifio, tan dc
momda en P a r i s durante el pasado invierno; mds, como
set r a t a de
ui?articulo d'e l u j o
y
enormemente caro, ahn
e4
Eluropa,
el
medio pelo
de inldustria nacianal lb han substi
tuiclo con un bonete ruso de pie1 de conejo
6-
misero
gat0 chilleno. E n adelante
ya
no se
p
mente, gat0 por liebre, sino que, mediante
la
industria;
A tconvertird el gat0 en armifio.
Es
el
eterno deseo de a p a r e
cer,
la esfloresmcia d e eterna
k
invencible vanidad que pre-
telvde en vano, igualar todas las fortunas
y
todas las si
tueciones, en vez
de tomar
la
vida sencillamente
y
con viril
franqueza.
. *
- La Cr ucifisi6n
las
Obras
Maestras
de
.la
Pintura
de
1400
a.
is00
' (Continuacih)
.
Giovwnnni da Fiesole,
0'Fra
Ange'lico,
naci6 enlo.- Ga- n g 6 l i c o ) .
EL
DESALIENTO-
E n t r e las j o y a s de un j a r d i n hermoso que desplegaban
ufanas sua coroilas perfurnadas
Q
10s
besos del sol y de las
brisas, abri6 un
dia
sus pktalos exangiies, pqu,eqa,
y
dkbil flor.
en sus cdlices promesas lisonjeras del maiiana misterioso, vie-
j o s fatigados bebian en las ralchas perfurnadas que exhala-
an recuerdos dulci-dolorosos del ayer
.
Lejos de desanimarse en presencia de
florest a n galanas,
a
r e c i h nacida que no conocia
el mundo todavia y en cuyo
Habia naiciido de una semilla a r r o j a d a con desjcuido
onde habia perma-
un rayo del
solbe-
scura cuna
y
despert6 en el sen0 de la
ada un g r a n deseo, apmas dtefinido en
sus albores, de
seralgo mds de lo que
era,6
fin de parecerl?
bien
d
hilo de
o r 0que amaba desde el dia en que la despert6
profundo en que yacia olvidada
y
solitaria.
a d e ,
sinti6 ganes de acercarse
6
61, saber de d6nde
y formar p a r t e de1 mundo que besaba. Empez6
B
en su ceEda estrecha, abri6 sedienta boca
6
las
es-casas gotas de rojcio y riego que caian en torno suyo, tenldiri
un brtlcito
y
luego
dos
a1 fugitivo amaldo hasta que
a1
fin,
despuks de muchos meses de incesante lucha
k
inquietud,
lo-
gr6
ascender hasta
la
erficie (de
la
tierra, y ahi quedci
,
muchos dias confusa
y
utrnbrada ante las maravillas que
veia.
iQuk mundo t a n hermoso! Arriba
la
comba inmensildaid de
un cielo azul t w q u i ,sembrado d e blancos girones, vaporosos,
vagablumdos.
U n
6preodisco fulgurante que flotaba lentamente magey-
r
10s espa,cios somnolienitos lanzando sobse la tie-
has doradas
6
millares que envolvian en su lutnbre
t$bia, las sienes bilancas de unos montes muy distantes, loa
verdes
COPOSde 10s Brboles gigantes
del
j a r d i n que sobre ella
se inclinaban, les flores orgullosas que
cercade ella se me-
cian, levantando al cielo
la
gloria de formas y colores m65
hermosos que
la
Mente M a g n a concibi6: flores de alabastro,
de escarlata,
drnbar
y oro, flores azulinas, de perla y pur-
purinas que a1 viento quejumbroso esparcian generosas el
riquisimo tesoro de sus cklices baiialdos por
el sol.
j
oj
ardinero arrancando un p6talo quebraj ado aqui, una
hojuela marchitaida
all&, sacudiendo la tierra que cubrie
SUB
raices delicadas, mimando' d unas,
Q
otras acarici6ndolas
con mano y voz.
E,n
woompensa de
SU~Safanes y desvelos, las flores todas,
le
brindaban lo
m6shemnoso que sus senos encerraban y
6
medifda de las fuerzas que
el cielo lw coecediera, luchaba
cada una p o r cumplir m6s dignamente su destino, su t a r e z
de embeNecier
y
perfumer las horas de 10s
skresque venian
ii
v a g a r por el jardin,
y
en raras olcasiones fracasaban:
corazones destrozados, hallaban en el fonido &ecuro
de
vio-
letas ardorosas, 'consuelo
6
su dolor; amantes felices pren-
dian en capdlos tiernos d e rosas tempraneras, j u r a m n -
tos
que sus labios temian pronunciar
;j6venes alegres leiall
,
E n t r e ellas iba
y
veaia solicito, regadera en mano, u
coraz6n enidaban adbicicmes
y
esperanzas, sigui6 su as-
censo lento hacia el sol
y
tras
breve tiempo coronaron sus
esfuerzos algunas flores paliduchas que todos 10s dias, cuan-
do el jardinero pasaba por
el
rinc6n en que crelcian,
le ten-
dian sus cabezas, sedientas de una mirada de cariiio, de una
palabra de elogio, de un
sorbodel liquid0 vivificador que ver-
tia
con mano pr6diga sob,re las hojas frescas de sus herma-
nas
del
j a r d i n ; per0 en vano.
El
jardinero que nada sabiv
de
la
cruenta lucha de la pobre flor, la miraba con indtiferen-
cia, y si alguna vez
sedetuvo cerca de
ella, fuk para herirld
con palabras de reproche nunca para consolar ni alentar.
Penosa,
la
flor
buslc6 entonlces alivio entre sus iguales, pero
no
enicomtr6 en
SU~Ssenos, a1
pesarajeno indiferentes,
la
simpatia que anhelaba.
la
desgraciada
!
Condenada,
por
ninguna culpa su-
ya,
6
libar la
copaamarga
de
10s que luchan sin estimulo ni
aliciente, y wyos esfuerzos r a r a s veces satidfacen
6
las
que aman.
< A
quk decirlo? Claro est6 que para ella empez6
6
perlder su objeto la'lukha; 15 vi& misma su encanto. Son
t a n polcos
10s
seres que eniel reino de sus sentilmientos ejer-
cen algiin dominio; t a n pocas las
a h a sque se bastan y
esaera un allma
de
flor no m b con-tada
la
sed
de ternura y
simpatia que aseldia las a ' h a s
de
las flores.
Asi
pasaroa varias
pri
s :
en lucha ociulta contra
las desventajas que rodear
cuna, amargadas por las
gotas
de desaliento que e
jardinero vertia en ellas
G s t a que un dia, la flo
luchar porque concibi6
la idea de que el emado sol tambi6n
la
miraria con desdhn.
Y
entonces comenz6
6
esquivar
la
phlida
corola y
S~UStallos
a
iniitil' y modesta, estorbaba el creci-
e
cerca
de
ella, abrian
ci
la l u ~ .
t a n
6
ella almas &!biles mal prepa-
t o m e n t a s , mal dispuestas p a r a
,
a h a s enfermas, de sehsibilidad
dinaria timidez. Con todo, almas
nscientemente casi
6
la
influenci.1
del
m o r ,la
simpatia
y
del ejemplo corn
la
energia escasa
de que est& dotadas.
Del labio cruel del padre, del maestro
6
del emigo, cae la
palabra de desaliento que repetida, d e i l i t a
y
hasta m a t s
en ellas el deseo de
serm6s Gtiles, amables
y
mejores, que
es
la palanca de todo progreso y que t r a e consigo t a n t a ale-
aria
y polder para 10s que lnchan, t a n t a inspiraci6n
y
espe-ranza para 10s que ven llu
I Ch
a r .
laron
6
la t i e r r a . Algunos afios mds tarde,
'en
s qcuerpo todo el vigor de
ias saladas, don Germkn Segura,
!
10s gloriosos sobrevivientes de
exactitud:
lonear
las mkquinas de
la
vieja corbe.
que apenas podian tcrmarse en cuenta
-Eran
las sei
cuya tersura contrasta con
heroico.
iA1 abordaje, muchachos
!
salta
6
la cubierta del monitor pa
vosa y cobarde.
El
bravo sargento A1
ivo de
mi entrevista, las pupilas
3n en un iluminado.
en donde le habian amputado un brazo
y
ire Prlat
A
dia
21,
ouando el comandante P r a t
cli-
1) or-
&
cno ae comDate. ivias
oinen03
Ca COI , *
una pierna. Los
demks
valientes que
a:-canzan
Zi
oir el g r i t o de
Prat
y lo acom-
pafian en su intrCpido salto, c a m a1
mar que les sirve de fragorosa tumba.
El
resto de la t r i p u l a c i h , no logr6 es-
cuchar la c o n s i p a . .
.
Maerto P r a t , asume el mando de la
corbieta el teniente Uribe, cuya aoci6n
valerosa mantiene el denuedo de su gen-
te, mientras el “Hu&lcar” continha es-
polonleando
6
la
“Esmerdda” hasta
hundirla en el fonldo
Ckel
Ochno.
Ya
con 10s efectos
del
segundo espo-
Luis Uribe
las balas de
ti
300
que
nmovedora de
I
EL COMBATE D E IQUIQUE 39a
. 5
Vicente Zegers
I
el “HuLscar” dispara
6
flor de a g u a ,
el buque empieza
6
sumergirse y
B
ane-
g a r s e 10s departamientos de las m6qui-
nas en donde se encuentra de servicio
cl
cuerpo de ingenieros cornpuesto de 10s
oficiales Mutilla, Manterola
y
G u t i 4
rrez, de 10s mec6nicos T o r r e s y J a r a -
millo
y
de todois
10s
fagoneros.
E S ~ O S
buscan asilo en el entrepuente. Aqui
sehalla el hospital
A,
c a r g o del doctor Cor-
nelio Guzimkn y de su ayudante, que
lo era
yo.
Todos reunidos esperan el
desenlace.
El “Huhscar” se appesta
pa-
ra el tercer espolonazo y a1 verlo avan-
zar todos, tambikn, t r e p a n
6
la escale-
rilla que conduce uc.l.entrepuente
6
la
cubierta. E n ese ins
yo logro esqui-
v a r b s balas, detr6s del palo mayor.
E n seguida
la
vieja “Esmeralda”,
la
glorios
a“Esmer alda”, des aparece cu-
bierta p o r las olas que la envuelven en
inmortal sndario de espumas.
. .
Asi pereci6 el cuerpo de ingenieros,
de cuya suerte poco
6
nada se h a dichn,
concluy6 don Germ&, respiranfdo f a t i -
gosamente
y
vohiendo
B
echarse en su
si116n, como si el esfuerzo de su entu-
siasmo
le
hubiese gastado
10s
nervios.
-Y
en seguida iquk fuk de 10s
so-
brevivientes
?
-Las
lanchas del “Hu6scar” nos r e -
cogierop. D e mi s610 puedo decir que
habiendo concluido el comblate
6
la3 do-
ce
del
del dia. Apenas tuvo conciencia de
que vivia coimo
6
las cinco de la tarde,
cuando
el
doctor T 6 b a r a me desatabn
el tornisquete que me habian atado pa-
r a que a r r o j a s e
agua. Pero bien re-
c u e d o que,
en
medio de mis adormeci-
mientos,
alguien fuk
6
sorprenderme
capciosamente p a r a preguntarme
i.1
andar de la “Covadonga”.
-?
Cu6nto tiemyo permanecieron en
el “HuBscar”?
‘-s61o
algunas horas. E n la noche
nos desembarcaron en Iquique
y
nos
tendencia, en donde nos
iches
+
una t a z a de
t k .
-Ah!
El
cuerpo de P r a t . .
.
El
P r a t fuk desembarcado en
la
cha que nos llevaban
6
no:
sotrois y recogido en Iquique p o r un
comerciante esyafiol que se m c a r i 6 de
darle s e p u l t a c i h .
-Y
de la Intendencia
26
d6nde
p-
saron
?
-A
un cuartel de bomberos. Ahi
llostuvieron algunos dias, sin camas, pues
10s malos colchones que nos presenta-
ron, se nos dijo que eran traidos del
hospital
y
naudie quiso utilizarlos. Des-
puCs
el
“Hu&scar”, burlando
la
vigi-
lancia del puerto, denertrh sorpresiva-
mente
y
una noche nos embarcaron
pd-
ra
conducirnos a1 Callao
y
desde ahi,
6
pel0 de caballo, veinte leguas hacin
a d e n t r o . .
.
el
cuerpo de P r a t ?
,-2Y
ahi permanecieron.
. .
?
-H.asta
que Chile pudo canjearnos,
en Febrero de
1880,
danldo trescientos
soldadmos peruanos p o r 10s nueve sobre-
vivientes de
la
“Eemeralda” que
lo
eran
el teniente
1.0
don Luis Uribe, el te-
niente
2.0
don Francisco S h c h e z ,
104guarldia-marinas
don
A r t u r o Ferntinder
Vial, don Vicente Zegers
-ydon Arturi,
Wilson, el cirujano don Cornelio Guz-
mAn, el coatador don J u a n Oscar
Go-
fii, el oficilal d e l a p r n i c i h n de
artille-
ria don Dionisio Antonio Hurtado,
T-el que habla, cirujano ayudante. T o d o
el
resto de
la
tripulacihn hahia pereci-
do asi como el bravo Serrano
y
el he.
roico Riquelme.
. .
-
Dr. Cornelio Guzm&n
h
Juan O s c m Gofii
L a fervorosa narraci6n del viejo
SO-breviviente, habia hecho circular un in-
tenso calofrio p o r todo mi skr:
tal
era
la
realidad con que se levantaba ante
mis ojos
la
visi6n maravillosa de aque-
lla lucha t i t h i c a que asombmra a1
mundo
.
En
mi
mente perdur6 l a r g o r a t o esa
visi6n y la gallarda figura de P r a t
J‘de sus esforzados compafieros, se me
aparecieron en la inmensa apote6sis de
su gloria, rindiendo
la
vida sobre el a r a
santa de la patrila, a n t e
la
saberbia
majestad del m a r y del cielo, de esos
dos
misteriosos infinitos.
Y a1
alejarme, pensando‘ que aquel
hecho mil veces glorioso habia dado
A
mi p a t r i a su m6s a l t a fariia
y
que
t l
nombre iriinortal de
Prat
era el l i b a r o
m6s puro del soberbio heroismo
de
nixes
t r a raza, vi levantarse, coimo m a som-
bra, la ingratitud con que se han de
j a d o perdidos en el fondu del mar
10.
restos sagrados de l a
da”, cuando no debie
tido sacrificio algun
conservar-
10s como preciada r
TOMAS
GATiIC
E r n e s t o R i q u e l m e
Corno
en
10s
bellos
tiernpos
de
antaiio
(En el cumpleaiios de d o h Emilia Herrera de Toro)
.
. ..
. . ..I.. . . .
.. . .
. . . .Como, CL n u e s t r o parecer,
c u a l q u i e r a tiempo pasado
fu6 m e j o r
...
S
tendencia n a t u r a l y mu
de elchar de menos las
llas
y
pa.triarcales de
otras6pocas.
La
hospitalidad afectuosa,
la
sana alegria,
la uni6n
de chicos
y
grandes a1 calor de
un hogar, en
el
ambiente pur0
de
la na-
turaleza y el campo, eran cosas t a n comunes en 10s
nuestros abuelos
y
cosas t a n escasas en nuestros dias, que
slempre aparecer&n
6
nuestros ojos envueltas en la dulce
Y
melanc6lica poesia de lo que se fuk p a r a no
v0l’i;k.r. +en la d i i f a n a atm6sfera su recta cdumnilla de hum0
co;
y
como tel6n de fondo, a116
6
lo lejos, un cerro
acampanado
y
esbelto que se perfila sobre el blanco fond0 de
la cordillera, se tice de rosa
y
violeta b a j o la caricia del sol
poniente
y
envia, p o r
reflejostornasoles irisadoa
Q
]as aguas
agitadas por
10s
remos.
.
de
2Y
centro
de
todo aquello? U n a anciana sencilla
,s
admirable, que reina sobre
lo
que
la
rodea
por la s0berani.i
del carifio
y de
la distinci6n exquisita,
y
que, b a j o la cofi:,
de
susochenta y s i d e afios, cobija un alma
de
veinte, todL
entusiasmo, toda frescura en la mirada inteligente de sus
La
mo&rna, con su agitaci6n semi-histkrica, con
frivolidaid
casiconstante
y
suencarnizada Incha
de vanida-
des y egoislmos, va dejando en
el alma de 10s que
la
vivimos
cierto sediment0 aimargo y frio:
-nostalgia
de m6s altos idea-
les, de m&s hondos sentimientos,
de intimidades m6s reales.
Por eso
cuanldo alguna que
otra
vez, la vida que hoy vivi-
mos artificial y prosaica abrbre
un p a r h t e s i s p a r a dejarnos ver
un rleflejo de lo que fu6
la
de
antaco,
escomo si una racha de
aire p r o , cargado de tornillo
y
de albahaca, viniera
B
acari-.
ciar
la frente de un condenadu
a1
gris6 de las minas
6
a1 humo
sulfuroso de las f6bricas.
c
Parece un suefio y fuk una,
realidad.
U n a casa solariega de am-
plios corredores, de salas enor-
mes, de incontables departa-
Y
ojos
y
en el pliegue bondndoso
de sus labios, siempre sonrien-
tes .
P o r
la
noche,
la
fiestatomx
caracteres de apote6sis.
Qui-
nientas personas presencian
10s
tuegos artificiales
6
orillas del
lago
;setenta
sesientan
6
la hos-
pitalaria mesa, entre 10s hijos
y
10s
nietos,
-y10s parientes
y
log
almigos;
el
g r i t o de “Viva
Mi-
sia Emilia!” resuena p o r
t d a sp a r t e s ;
y
cuando la respetabi-
lisima anciana
selevanta
y
con
voz entera
y
en palabras llenas
de sencillez y
de
sinceridad de-
sea la felicidad de todos
10s
pre-
sentes
ypide
6
Dios que
la
con-
serve con vida para tener el gus-
t o
de verlos
Q
todos reunidos
a
su
ladoen su cumpleafios si-
g u i e n t e , u n
i h u r r a !
unison0
mezcla su acento de entusiasmo
y de emoci6n con loa acordes del
Dofi#a Emdli’a Hesrrera de Toro
himno de
la
p a t r i a .
cilla
y
sincera, culto familiar
Patria y hogar, amistad sen-
[nentos que, en su sencillo
comfort,parecen decir a1 visitante
“Se bienvenido, y d e j a a1 lado afuera la etiqueta”
;jardines
y
bosques, praidbos y c o h a s ; un lago orillado
deverdura, sal-
picado
de islas que desaparecen b a j o las flores
y
10s 6rbo-
les
;pintorescos chalets y cenadorea reflej6ndose en sus
aguas,
y,
p d u l a n d o por ellas, una flota
de
botes
6
remo,
chalupas
6
vapor y yatcbs
6
la
v d a
;el silencio armonioso de
10s
campos interrumpido, y a por 10s acordes de fin orfebn,
y a For
el
silbato del tren que cruza un puente all6 a1 extre.
mo del lago, y a por las risas argentinas que
la brisa t r a e
desde 10s botes; rumores de canto,
guitarra
y tambores quo
suben d e d e una hondonada vecina, donde, b a j o las enrama-
das, bailan, treinta parejas
de
inquilinos y empleados, en
msdio de una multitud abigarrada
y
alegre;
el
tricolor n a -
cional onideando
por todas parkes, mientras
algGn
volado
fraternidad de pobres y ricos
10
m6s bello de la natura1ezu
y
lo
m6s
p u r o
del
alma hulmana.-reciben
alli
todos
10s
afios
consagraci6n solemne.
Asi
semantiene siempre viva
la
flophermosa dse
la
tradilci6n, que une
lo mejor del pasado con
lo mejor del presente, preparanido
e1porvenir
.
iBendita la noble dama que h a sabido edtivarla, reunien-
do en torno suyo, en un acorde de armoniosos afectos, lo
grande y lo hurnillde,
lo antiguo y lo nuevo
!
Bendita y bene-
mkrita, p o r que en sus largos afios, t a n bien llevados,
ha
profesado como n d i e
la
mbs dificil
y
la nids benkfica de todas
las ciencias
:la
de hacerse querer
.
c.
s. c.
L
1
CUA 3 D E F. B l T A X
DE
‘HOPIN
Q u C o t i n WBC I W W C W C ~ I L Z : oscribia de-de all8 & un amlgo
a r k . Si no comienzo mis jeremiadas e s porque t d no podrias cortsolarme, t d que lo sabes t o d o . .
.
y ademas porque si co- mienzo n o terminaria nunca; siempre, siempre lo mismo. Di. go mal; no, no es l o mismo, cada dia empeoro mas. Me sientom&s dBbil; estoy incapacitado para compocer, no porque me fal- te el deseo, sin0 por falta d e fuerza fisica.
. .”
Antes de volver & Paris prest.6 su concurso para un concierto de beneficencia en Londres. FuB Bsta la Iiltima vez que se pre- sent6 en pdblico. i Y en que fatales circunstancias! Chopin eje-
cutaba en una sala mientras afuera una parte d e la conciirren- bailaba a1 son d e una orquesta. Su presencia pas6 t a b des- cibida que 10s diarios n i siquiera la anotaron en s u s reia- BS del dia siguiente.
?gres6 8 Paris en Enero d e 1 8 4 9 . Comenzaban ya 8 f a l t a r b
10s recursos y s u estado d e salud le impedfan e n absloluto com- poner 6 d a r lecciones. Hub0 necesidad d e colectar fondos entre
SUB amigos para atender & 10s gastos d e s u enfermedad. Una j u n t a d e mBdioos reunida en Septiembre pronostic6
--
pr6ximo fin. Entra desde entonces Chopin en la lenta y dolorosa agonia de 10s tisic.os. Para dist,raerse de BUS torturas, solia pedir8 Guttmann, el fie1 amigo que n o l e abandon6 u n instante e n sus horas d e amargura, que,ejecutara a1 piano algan trozo d e ma- sica 6 leyera capitulos del Diccionario Filosbfico d e Voltaire.
Su hermana Jedrzejewiez, avisada de la gravedad del enfermo, acudi6 8 su ladvo desde Varsovia. Dos dias antes del tragic0 ties- enlace lleg6 tambien & l a alcoba del desdichado masico la con- desa PotoGlra. iAh, que felicidad seria oir una vez m8s vuestra voz! balbuced el ilustre moribundo. Y la condesa, p8lida de emocibn, elev6 su canto a1 cielo como una suprema plegaria. Es- ta es la escena que Barrias h a inmortalizado en su celebre cua- dro.
El 1 7 d e Octubre, & l a s cuatro de la mafiana, Chopin expirb.
(41)
LA VUELTA DE L A PESCA CUADRO DE ETTORE T I T 0
' I
FRAGONARD
IMPROVISADO
CBGONARD es el filtimo de 10s
“im,ppovisadores~’. Habia en otw tic&po en Italia y en Proven- za de esas genies dve he palaibm &s(puestas siemprfe hacer Idisoursos llenlow ‘de ai y d e reouendos delaiite de no imrporta qui&, sobre ccualquie:
tema y en cualquier parte. A
da paerta de
las
posadas, en un r k 6 n d e pailacio, en 10s patios6
enISS
plazas sle inst,:- daban Irroldeados ,de oyentes be-nCvolos y d woes geiierosos. S e bs ,dabs un tama, halblaban so- :bye 61 Idtesenvolviendo periodw s oiioros, haoien d o en
t
rechocci c!ideas ingeniosas, y enicendiendo en 10s ojos de 10s oyentes lli- amas ‘de c u r i o d a d . Mguntt.; lmonedars <los reioompentssa?ban por su trabajo, un poco ,de tglorh que ee extenldia b veoes hasta
B
diez parrrquias a1 rededor, pe-
(de luego, 81 impromisa
s u
vida. Na4a 10 d e - lt%aa b Ber pintor, niB
vivir en Paris. Nface en G r w e
en
1732 y lo destinfan para h a w r dd 61 un guan’tero 6 u11q y i que s u padre hA- biendo ,puesto ldioero e11 un negocio ,parisianse y ,avenbmado la "(bombs
de fuego”, se lme lltam?
6 Plaris para que eepa lo qee se haoe de s u di. nero, y eil joven F r a gcmarrd sigue d su ‘pa- dre. Recorre lm cdles,
10s talleres, trabaja muy poco, husmea b 10s
&andin, s e xoza con 12s Buucrer y se iqprovisJ pintor. E n cuatro afios conqulista el pnemio de
I
fiLcymia, y comod
gusito de , a t e tiempo esth enias
“grandes mhquinas” s e improvka pintor de historia. C m o e n rotrasoosas
II.
historia do fas- tidia y s e -vuelve bru+ axmnente haciael
laid0de ias escenas ‘de g h - no, die fiestas galantes, y dtespul& Ide Wattean, nsda ha aparecido de tan ligero y #de tan vi- vo. I g u a h e n t e ilapro-
,
e n d o . Haibiendo veni-
( T r a d u c i d o esneoinlmente p a r - “Selmecta”, p a r J a v i e r P S r e 7 )
nmhimoniio, s e hproiviua papLibliaiiiito. S u mujer c o r n
B
depasita7- en la Asamblea, sdbre i o que entonces Ilaimalban“d
altar de la Pa- tria” sus d b a j a s ofreci6nldoilas d 111 naci6n. El {pinta oo8as tricolo- r e , gorros frigim, atributos revoiujcionai-ios en las paredes de J Jcasa en La que va i& viviir ten Gnisse, en las e s c J e r a s y hastn en 10s iiltiimos rin,oon&. Pasalda la Rmoiucibn y wgidto el Imtperio, s e improvisa griego romano, y d e un &a
6
otro se fastidia t a n + ) como David.Hasta
slu muerte l a iaprovisa. E n 1806,B
la eda3 d*e setenta y ,cuat,ro a h s , en plena sarlinld, t m a un x s f r i o a1 volver de un paseo del Campo $de Marte, y wcumbe vietima de una con- gesti6n. Parece ,qule n s d a de told0 eso b hca oostado un solo miiiuto de p r a p a m c i h.
iPero lo que sobre tosdo limprwka F r q o n a r d , es su pintura. “Le- moine decia que eran n8eoesarim treinta aiios Ide trabajo $para coq- servar w molquis y Lamaine no era Ian toiito.
.
.”
Asi habla Qhmdi ien el curao d e una conversaci6n ‘eon Didserot, y cien aiios m&s tarde, I?daeroix Bn
su
diario escrito en Chmprosey se promete reflejaT “so- bre la dificultad de oonservar la iqpresidn del craquis prhitivo”. Es ese el proMema que en told0 t i m p o ha preocupudoB
10s pintoras. Fragonard lo resusehe de (la maiieramBs
wnciilla: no dejdndola descansar. No hay 8difieultald pani ieonservar lad
a n i m o tiempo #que &as cosas porque no illedsose
B
su iimpresi6n ‘primera. Desded
momento qae l e viene la ides die un ieuadlpo; nn juego de oolores, un p a s i j e d e tornos, A1 se pr-- eipita, n o refllexioasa, arroja Lo puede en e1 lienao. Lo pane corn3owpujtindodo, d3buja de un golpe, modela en pjlena pasta, no espera para ponw un tono fresoo, que e1 jainterio1* est6 8ec.0, pone toda 811
cocina ten acn movimiento infernal, no respira hasta no haber ter- minado
y
dando vuelta4
su
lienzo ewribe triunfaheiite en la es-do de Grasee ‘una1 joven p a r a pedide leocioliies de pintura, se m s a eo’?
Cuando Illega la Re- pfibliaa en l a qme pen-
saba tanto oomo en el LA CITA
( 4 4 )
Las siete @bras que v e m s aiqui neprodu,ci- das, son poco mt&
6
menos ?de la miisma Bpma
dle Fragonard. E n 176!1 pinta ios r e t r a t w titulados
“E1
Estudio”Y
“La
Imnspirarci6n” quese eulleuenstran holy en ai Museo dmel Louvpe, 21i
l a g d e r i a Larcaze. Son
‘de ha m b a genera.&%) y estilo que los del ve- &no,
bI.
de la Br’et$-de, IdeLrBs del mail lest& e s c r i t o “Pintado e:] 1769”.
Los
lcinlco m : t -tdros : “La Smpresa”, “El Amor (. coroaado”,
“La L e ~ t u r a ‘ ~ y “A,bai:- ( d o n o ” , l l a m a d o s
10s
“C’uadros d’e Grasste” fueron pintados igual- mente
6
a1 menos m p o - za,dos e n 1 7 7 0 y 1771.L a historia d e esta obra, es
d
natural, la historia d e l a (‘Bdlld dunmiente dse1 bosquie”.
Todaslas
hadas de la pintura se h i m inclina-s e r h llalmadta por el
R’ey
d e Franlcia y pl-serda por 4 reyl del Mar.
%ti
enamtarBs a1 Gltimo i d d o de lamo-
nanauia v
fi
kas reinas d e i a s Repfihliicasj6-
v e n a .
Tu
s e r h el es-plendor v ‘el movimien-
to,
h
indecisi6n d e lo que pasa y la soledad de CUADRO DE FRAGONARD l u que queda: gozarlsCUADRO DE FR.4GONARD
J
&A SORPKESA FRAGO
trajado
1 Bib
LAS SEGADORAS CUADRO DE A. SEIFERT
EL
MOTIN
DE
FIGUE
(1.0 d e Abril d e 1911)
ARTINEZ d e Rozas le t e n f a miedo 5 la trOPa se VOlVerfan 1 encontrar sino despues d e la refriega, cuando espafiola, B F,gueroa, compadre suyo, 1 no el uno irfa a1 patfbulo por orden del otro.
le impedfa creerlo capaz, e n un mom A pesar de la violenta oposici6n d e 10s jefes y corifeos espa- d e cortarle l a cabeza. Vela modo, el les, B pesar de las perplegidades d e 10s moderados, Martfnez alejar 6 dispersar las .tropas que habfa fie1 Rozas se dispuso B hacer cumplir 10s acuerdos d e la J u n t a : la monarqufa. elecci6n d e diputados a1 Congreso fijada p a r a el 1.0 de Abril,
llido AlvBrez Jonte. E s t e pidiendole a1 Dr. ROZaS Figueroa Pens6 coma Mackenna, q u e habfa llegado “la hora fuerzas d e Chile p a r a ayudar el movimiento revolucionario e n que debfa hablar l a boca del cafidn”.
d e Buenos Aires, le sugirid una idea. E l doctor, con l a PreSteza L a s elecciones se hablan verificado ya en las provincias. E n que le e r a pmpia, vi6 e n el pedido que AlvArez J o n t e un medio Santiago debfan tener lugar el 1.0 d e Abril d e 1 8 1 1 , e n el edifi- p a r a alejar sue tropas del Rey. cio del Consulado,-monte Aventino d e nuestra revolucidn
.
Este asunto habfa q u e resolverlo d i s i m u l h d o l o . C’On Su mafia A1 efecto, se dispuso que B las 7 de la manana del citado acostumbrada, el d>octor R,oz.as cit6 B 10s jefes militares 2 Una d f a se encontraran en ese punto (plazuela de la Compafifa), 6 conferencia q u e tuvo l u g a r el 2 0 d e Marzo. De e&a conferen-
fin
de resguard9r el orden d u r a n t e la votacidn y escrutinio, cin- cia, 10s historiadores s610 tuvieron noticia,-por hallazgo d e do- cuenta Dragones de la F r o n t e r a a1 mando del coronel B e n e cumentos e n la familia Figueroa. Larrain (descendiente del co- vente.ronel) ,-harB cosa d e veinticinoo afios
.
A1 poco d e haber llegado, 10s soldados del pelot6n dieron E n la reuni6n les dijo el doctor Rozas B 10s militares que la muestras d e indisciplina. Luego le desobedecieron d e hecbo J u n t a h a b f a r w u e l t o enviar fuerzas e n ayuda de! l a J u n t a d e a1 coronel Benavente, poniendose B las Brdenes de dos cabos Buenos Aires, p a r a consolidarla, y a q u e estas J u n t a s eran, en (SBez.
Y Molina).
Dichos cabos e r a n 10s agentes d e la Real America, representantes del Rey en ese momento destronado. Audiencia y del partido godo.Agreg6 que, con este objeto, h a b f a pedido 6 Penco el resto del La tropa amotinada se volv.i6 a1 cuartel d e San Pablo, donde regimiento Dragones d e T a Frontera, el cual venia ya e n marcha tenia s u cantbn, dejando con 10s brazos cruzados a1 coronel repartido por mar, y tierra: algunas oompafifas se habian Bm- Benavente. P o r la calle 10s soldados gritaron que no querian barcado hacia Valparalso en el bergantfn Begofia; las otras Junta, ni Congreso; que q u e r i a a Presidente como antes, y que c a m h a b a n “hacia arriba”, como entonces se decfa por l a regidn Bste 10 f u e r a Figueroa, d Olagner y Felid, 6 Reina, per0 ningdn
central. “insurgent
E l palique del doctor le pas6 a1 coronel Rein3 per0 no B E n San Pablo el pelotdn se reuni6 a1 resto del cuerpo y sali6 Figueroa. Este era rudo pero estaba lejos d e ser torpe. Ya formado, 6 laS drdeaes d e Figueroa, q u e habfa acLidido. Sigui6 bastante lo habfa engafiado su compadre Martinez d e Rozas, la calle. d e Teatinos hasta l a de Compafiia. Por dicha calle pe- y lo trafa violento. &Que era e m ? No era ya tal J u n t a repre- netr6 en la Plaza d e Armas y se pus0 e n lfnea al pie del edificio sentativa del Rey, pero si Gobierno propio que derogaba l a d e la Real Audiencia, cuyos oidores ya estaban reunidos, alto constitucidn colonial, organizaba un pais llegando hasta t o m a r el copete, p a r a sancionar la reacci6n. E l coronel Figueroa su- acuer,dos internacionales e n connivencia oon las otras J u n t a s re- bi6 l a escalera, Y en el umbral d e la sala de la Au9.iencia grit6 volucionarias. Tal. era el proyecto d e enviar tropas B Buenos “iAqui s s t B F i g u e r o a . . . ! ” A esto u n a voz contentd: “ i Y el Aires. Claro estaba que eso lo hacia el mafioso fiscal con el s01,o Ijueblo que dice?’* (Declaracibn del emisario Toro, quien subi6 objeto d e m a n d a r B paseo las pocas fuerzas no contaminadas con E’
por la ravoluci6n. E l hasta ese mornento, nada decla. Estaba atdnito,
Figueroa vi6 todo eso y se lo dijo 6 Martinez d e Rozas en la aonfundido. Luego dirfa algo, su palabra definitiva de abierta reunidn del 20 d e Marzo, la cual fu6 borrascosa. De ella 10s rebeli6n
B
Espafia.“AQUI NO HAY MAS GALL0 QUE
YO’’
-
o
q u e CiprianilIo, C 6 I I V II caporal d e la prdximaconspiraci6n de Capacho, hz+bia resuelto no decirle B a l m s nacida. cho, el l u g a r e j o leia
ria del Sefioq. -Ya VerBn-dijo y pidiendo o t r a copa, la del es
~~
“Cachifos”! ( 2 ) . - - ista mafiana j e h ?
“ -*---
d t l
Le hacia, pues, mucha f a l t a u n a revoluci6n
:
se cansaba d eE s t a b a a1 dia siguiente muy alegre u r r i d a l a cancha de esperar.
La revoluci6n no venia 6 venia r e t r a s a d a .
. .
Tendr€a, que lan- gallos. A l a s dos, lleg6 Ciprianillo bien fresco y chapeado, y des- zarse por s u cuenta. No habia m a s remedio.io
querian que we PUGS d e m i r a r con autoridad B s u alrededor se sonri6, limpihn- llevara toda l a vida esperando? No podia a g u a r d a r mBs. Ni dose la boca con l a m a n g a : estaban todos s u s nifios, no faltaba e r a patri6tico porque tenfa pensado regenerarlo todo y hacer , ni uno solo, corn0 que tambien e r a n buenos gallos, escogidos pol”l a s corns bien y de nuevo. Corretearia B 10s e x t r a n j e r o s que, segtin- persona competente en l a materia.
el, &610 servian p a r a 1lev.arse haciendo redamaciones y si, en Ciprianillo se sent6 y aguard6 porque, como e r a n a t u r a l , se es- efeeto llegaba ; a h ! s~ llamaria asi, d e u n hilo: “Cipriano Cas- peraba p a r a d a r comienzo B la rifia 0 la ilegada del gobernador. tro, Presidente Constitucional y Regenerador d e Venezuela.” Lleg6 por fin con u n gallito ingles, legftimo, debajo de cada lado d e l a “ r u a n a ” ( 3 ) ;y cuando s u sefioria ech6 en l a -ancha su pri- mer animalito, salt6 Ciprianillo a1 medio del redondel y amarti- Registr6 bien el gaznate de su trabuco, COmPr6 algUnOS mBS
Drepar6 s u gente, jPara que?
“ Y a verian”, si tambien era u n “cachifo”, como esos gene- llando xu rev6lver dijo, acogotando a1 gobernador:
Y a1 h a b l a r asf, secreteandose con s u gente, e n e l cafetIn, pa- -Viva Cipriano! --gritaron, disparando s u s armas, 10s ami- ales liberales B quienep nadie lograba ver el polvo! -Preso, y sepa que aqui no hay m&s gallo que yo!
sado B aguardiente d e caiia Y humo d e tabaco f u e r t e , V O l V f a B
escupir por el colmillo p a r a envalentonar m8s B sus circunstan- bernador d e Capacho. tes medio intoxicados.
S610 les pedia el mBs completo sigilo y que a1 d i a . s i g u i e concurriera c a d a cual a r m a d o B l a pelsa de gallos,; B la c
=istiria,
como
d e costumbre, el gobernador. Ya no e r a Cipriani Luego se veria quienes e r a n hombres Y quienes no lo e r a nMucho silencio, eso si, y no confiar el p l a n
ni
B l a almohada como que se i b a B j u g a r l a cabeza.j P e r o e n que consistia ese p l a n ?
u _ _ del nuevo caudillo, qu
n t a el doctor de paso p a r a Popayhn.
E. RODRIGUEZ MENDOZA.
sentimental y la palpitacidn rltmloa, eacribi6 eon mucha pro-
piedad Francisco Contreras diciendo q u e de poderlos romper, “saldrIa s a n g r e d w e l l o s Como d e u n corm&n”. Alguien le h a lla- mado u n a l m a que llora, q u e aolloza como el lunatico Pierrot evocando sus a m a r e s e n u n parque olvidado a1 c a e r el otofio. L a desesperanza y el dolor e t e r n o lnspiran sus3 canciones. Y a evoaue 6 ya describa el t o n o elegiaco, hondamente triste, es
a
m a n e r a d e un leit-moth sentimental q u e valoriza el -itmode estrofa:
L’etang reflete pirofomd m4rcrirl- la &‘hauette du saule ncoir ou Te v e n t &uce.
La a r m o n i a del r i t m o no decae u n instante. Es la suprema vaguedad evocativa
ou I’indecis au precis se p o i n t . .
.
q u e con tal maestrla h a quedado e n la siguiente estrofa:
r - 11 comme pleure 11 d a w p l m t mon sur coeur la ville; qu’elle est w t t e l a n g u ~ u r
q u i pen6tx-e mon co eu r?
S e p e n s a r l de u n a a n g u s t i a con-
. tenida q u e M exteriariza e n el
dolor d e u n a mirada perdida. El
verso
no
es ya p a r a el poeta un mero instrumento descriptivo, co- mo lo comprendieron 10s parnasia- nos. E l n o odia, cam0 Baudelaire “le mouvement q u i deplace la lig- ne”. El verso e n s u o b r a t r a d u c e todas u
potlencia emotfva, tiene, .segdn e1 decir d e Barr&, “el acen-to
comunicativo d e SUB dolores”. Verlaine, despues d e e r r a r por todos 10s campos d e lapoesfa,,
des- d e el P a r n a s o h a s t a el simbolismo, crey6 e n c o n t r a r primer0 sn ver- d a d e r o camino d e Damascoen
el paganism0 ( d e esta +oca son “Fetes galants” y “Valmes satur- nieus”) y, luego e n el catolicis- mo, c u a u d o encerrado e n u n a pri- sidn belga, sintid abrirse 10s ojosde su espfritu
a
la luz del divino Cordero. Entonces nacid para e1 a r t e el poem% mas g r a n d e y do- loroso de la moderna poesia: “Sa- gesse”. Nunca e n versos m& pu- ros y cristalinos se c a n t 6 lamiento se entonaron sonetos de
u n a t a n s e r e n a belleza fi la glo- ria del Seiior. Despues d e leer las I Virgen; nunca con mayor recogi-
PAUL VERLAINE RETEATO DE E. cARRIERE
“
admirables versos d e
este
libro se preguntaba J u l e s .Lemaitre, e n u n a ocmi6n: “ i H a b 6 f s encon- trado, ya sea e n S a n t a Catalina de Sena 6 e n S a n t a Teresa, efu- siones m‘isticas de u n a mayor belleza? Y p e n d i s que un s a n t o h a y a j a m a s hablado d e Dios mejor q u e Mr.PauI Verlaine? Yo creo q u e es talvez la p r i m e r a vez q u e la poesfa francesa h a ezrpresado verdaderamente el amor de Dios”.E n su calabazo de la.Prisi6n d e Mons, donde iperaanecid die- ciocho m a e s el poets, escribi6 10s poemas de “Jadis et N a p & - re”, y la m a y a r p a r t e de s u s poesias religiosas.
Pauvi-e LeliBn, como se llam6 sf mismo e n “Poetes Mau- dits”, era u n decepcionado. La vida le h a b f a t r a t a d o muy d u r a mente. Cual u n nuevo Job, n o tuvo m a s caricias q u 5 las de 10s besos compasivos d e Ias estrellas, e t e r n a s compafieras de s u s lar-gos desvelos.
Sin embargo, pesar d e su lamentable estado de a n i m o e n el preeidio de Mons, u n a SerenB conformidad espiritual comienaa nacer e n ’61, q u e h a de convertirse luego e n u n aincero mis- ticismo. El viejo satiro maldito d e “FBtes Galants” como,
u n oiseau s u r l’arbre qu’on wit chainte sa p l a i n t e . .
.
I
:ggi -Proyecto de CBrdova q u e obtuvo el primer premio
O’Higgins
en
Buenos
Aires
O B
ver
la
ami&
5 8 O’HIGGINS E N BUENOS AIRES
t
S e g u n d o premio. Gmo. C d r d o v a T e r c e r ‘ p r e m i o . V h g i n i o A r i a s
destinaba
Q
su madre para la vuelta
Q
Chile.
De
la Cruz se
adjudic6 el piano en la suma de ciento cincuenta pesetas.
P e r 0 el hkroe, en cambio tuvo con quk comer durante algGn
tiemPo.
El
joven O’Higgins no supo, a1 principio, cuhles
P d i e r a n ser las causas del rigor paterno.
La
historia ~610
cuent‘s de
itud de su hijo, y separado a1 mismo tiempo
de
SUIelev
uesto. Por aquel mismo tiempo debia tener
l u g a r uno
episodios romQnticos y sentimentales de
la
.vilda !de O’Higginis. Se habia enamorado en M a r g a t e de la
h i j a de un hotelero, llamado Heal. Muchos aiios m& tarde,
cuando
va
cubrian sus sie-
1
-
vino
Q
revelarnos el secret0
muchos afios m i s
tarde;
to-
do aquello
erael f r u t o de una
intriga iniciada desde Lima.
Era
que
la
designaci6n de
don Ambrasio O’Higgins, en
su cardcter de virrey del Pe-
rG,
le hahia suscitado nume-
rosas envidias, llegando has-
ta
formarse un partido en l a
iiobleza limeiia en contra del
nuevo gobernante,
Q
quien se
acusaba de proteger
6
10s in-
gleses, sus compatriotas.
El
vlrrey
del Plata,
don Gabriel
de Avilez, que deseaba ser
transladado
Q
Lima, no omi-
t i a medio alguno para minar
la posici6n de su rival. E n
es-ta situaci6n Ueg6
Q
su noticia
que el hijo
del
virrey de
Li-
ilia
se encontraba en intimo
contact0 con 10s revohciona-
rios de Londres, y particu-
larmente con Miranda. Na-
turalmente,
la
noticia lleg6
en el acto
Q
la
cortede Es-
pafia, y en seguida a1 propio
virrey O’Higgiris:
LA
6debia producir la mQs honda
mas victorias,
y
seencontra-
ba
completamente alejado
del poder, recibi6 el ilustre
I‘general una
cartade su an-
tiguo compaiiero de armas,
el
general O’Brian, que le
enviaba
a1
mismo tiempo un
retrato, j u n t o con estas pa-
labras:
“Os
envio el retrato
de Miss Carlota Heal, vues-
t r a
antigua amada (your
old sweet h e a r t ) . Debieron
caer
melancblicamente sobre
cl
desencintado caudillo 10s
rccuerdos
del
amor de su- in-
fancia. Habia dado libertad
Bsu patria, habia combati-
do en numerosas batallas
rc-cibiendo muchisimas heridas,
habia organizado el ejkr-
cito
chileno
-argentino que
diera libertad a1 PerG, y co-
mo
consecuencia de t a n g r a n -
des hazaiias marchaba a1
destierro.
Y
luego,
de las
penumbras lejanas de su vi-
’da
surgia el recuepdo de un
antiguo cariiio, con
el retra-
t o
enviado
i o run compafie-
ro
de armas.
.
P ’ R
-
impreSi6n en un padre que
SP
distinnuia
z)orsu fidelidad
I
pafida-
El
viejo servkdor
de
Espaiia fuC llamado
Q
rendir
N e n s i d n h o n r o s a .olislaciiloi. El Ro m
tado
su
romarloiia 1 en qu e