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El amor a la vida en las ofrendas a la muerte

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Beatriz de la Fuente

EL AMOR A LA VIDA

EN LAS OFRENDAS

A LA MUERTE

Los pueblos del México antiguono se sustrajeron a ese deno-mina dorcomún a todos lospueblo s,a todoslos credosya to-daslas culturas:lapreocupaciónporlamuert e ylasideas en relación a lo que ocurredesp uésdeltérminodela vida natu-ral.Tampoco fueron ajenos a ellosen los recursosa que acu-dieron par a manifestartalesideas ypreocupacione spor me-diode construcc iones destinadas a albergar a losmuertosy de objetos de las más variadas formaspara acompa ñarlos. La conc iencia universal delfen ómenode lamuerteylo que tal conciencia implica,fueasimismo,entre nuestros antepa -sados fuente de inspiración para manifestacione sartísticas particulares.

Mehabré de ocuparahora tan sólo en un aspectode éstas:

el que ofrecenalgunosdelosdones con quelospueblos pre-hispáni cosobsequiab an a susmuert os;dej ofueraproblemas escatológicos:especu lacionesacercadelasdoctrinas religio-sas,creen cias ytradiciones enrelació nal destino último del hombre ydel mundo.Meinter esa únicamentedestacar có-mo es quea través de la ofren da de ciertosobj etoscuya índo-le puede considerarseartística, semanifiesta algocomo una preten siónde persuadira uncadáve r de que sucondición de muerte esilusor ia,deque su vida continúa.

Estasofrend as,entre las cua les haydesdelosmuy modes-tos objetosde barro hastalos otroslujosamente elabo ra dosy hechosen finos materialesde jade y deoro,ydesdelas senc i-llísimas representacione sde figurasdeaspectonaturalhasta

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lasotrasdeaspectoabstracto yde esotérica significación , es-tasofrendassedepositaron con losmuertos,en el mismo si-tio en queiban a rep osar,par a cont inuar conellos la rela-ción cotidiana,la comunica ción de lavida diar ia aque esta -ban acostumbrados.Como si rodeándolo detalesofrendas, se hiciera evidente que el muerto noestal.

También limitaré misintereses a lasofrenda s con repre-sentaciones figurativas,yaque lasimágenes crea das por los hombres e imitadasde lasque existe nen la naturalez a, co-munican algo másevidentementeprofundo de significa do vi-tal.

Los recipientes simples,destinados a gua rdar alimentos y agua, queson lasofrendasmásusuales,no hacen con ellimi-tado lenguaj ede susformas,másque comunica r elsentido de su función elemental;pero enesto mismoradicasu signi-ficación:agua y alimentosestaban destinado s apreservarla vida del muerto,demostr andoque en realidadnolo est ab a ; otras vasij as,sin embargo, tiene n mayor elocuen cia en sus formas o ensu decoración simbólicay, con frecuencia,usan decódigoscomplicadosy aludenadimensionesdivinas y so-brenat urales. Estas ylasotra sofrendasque,a mi parecer , muestrande manera clara que setrataderodea ralca dáve r dema nifestaciones de vida,viene n areforza rcon mayor am-plitudyprofundidad elsent idovita l de las vasij asguar da do-ras de alimentos.

Ahora bien;enc ue ntro,entre lasfigur acion esde las ofren-das funera rias del antig uo mundomesoamer icano,dos gra n-desconjuntostem áticos:elde lasimágeneshumanas y el de las imágenesdivinas.Amb os,ensu contexto, gua rda nen sí lamisma intención negadoradelamuerte.Me vaya refer ir a ambos,usandocomo ejemp losofrendas mortuoriasdepu e-blosyde tiemp osdifer ent es.Lasdel primer conjunto mu es-tran, copiados o estili zad os, rasgos similares a los que se aprecia nen lanaturaleza visible;las segundas, aunquepu e-den present ar se también con aparie ncia antropo morfa, se enr iq uece n, por lo genera l, con la convenció n estilíst ica y sim bólica propia del pueblo odela cultura quelasprodujo. Unasy otras reiter an elafán dela conservación de lavida;en aquéllas,dela vida hum an a ,tal comofuesobre latierra;en éstas,tra tandode ena ltece rla conelcontacto dela vida divi-na.Su presen cia en Mesoamér icarespond e a lasmuypar ti-cularescondiciones,inquietudes y orientac iones dela cult u-ra,peroestá nsin duda vincula das, en lo que conc iern ea su carácte r, con la conce pció n que se tenía del hombre y del mundo.Esas imágen es constit uye n,a su vez,lostestimonios que perduran acerca de los conceptos,costum bres y cree n-cias de talpuebloocult ura a propósito dela vidaylamu er-te.

Es de todos sabido que si bien es cierto queúnica esla civi-liza ción enMesoarn ér ica,su manera demostr ar se esmúlt i-ple ydiversa.Circ unsta ncias locales ytemp or ale s determi-nan las diferencias ;hub o,así, puebloscon afane s depoder terrenal y dominio de activida des intelectuales, como los mayas , yotros,como los aztec as,se sujeta rona obsesiva reli-giosida d que determinó susavances políticos ymilitar es.Y hubo tambiénpueblos, sus representaciones artíst icas asílo revelan, como losquehabitaronen el Occident ede México, que gozaron de la vida cotidia na y natur a l, en tan to que otroscomo los ya mencionad os aztecas,vivieron baj ola pre-sión de un ansia abrumadora de etern idad cósmica.

De estemodo,ladimensiónhumana yla dimensióndivina de las ofrendasmortuorias están íntimament eligad as con la visión par ticularquedela natura leza terr enal ydelmundo sobrena tura l tuvieron quienes las crearon.

La conservación de la vida humana como se da naturalmente en la tierra

Desdetiemposmuyremotos,enelpreclásicotempran o(a n-tes ~e.120?a.de C),elcultofu~erario ocupó lugar de

pri-~erJS1maImportanciaentrelosritual esde los antig uos me-xicanos.Esduranteel preclásicomedi o (de 1200a500a,de

C.),en especial en laregión central de México,cuando las ofrendas a losmuert os se enriquecenconsiderablem ent e.El

númerodeobj etos,figurillasmacizasyhuecas, vasijasyco n-chas, entre otros,semultiplica ; se am p lía ta m bién la varie

-daden la imaginería.

Lo que más abundaensit ioscomoTla pacoya,ElArboli -llo,Zacaten co y Tlatilcoenel Esta do de México,y Gualup i-taen Morelos yalgomástardeChu p ícuaroenGuanaju aro. son representaciones de figuras feme ni nas . Muy conocida, son lasdelicadasfigurillasllam adas porlosarqueólogosm u-jeres bonit as;decinturaesbelta,troncoalargad o,pel visa m-pliamentesaliente ypiern as en forma deconos,den om ina-daspopularment e como de"forma de cebolla ",puedensim -bolizarlafecundidad terr estre que impedirálaexrinc iónd.-l muert o aquehacen compa ñía.Se trat ade lajovenque asíS" distinguía de la mujer madura con pechoscolgantesy pro -minentes , anc has caderas ymuslosgordísimos, cargada d,· paralelos significados. Lo que elartista delpreclásiro pre -tendiósubrayar enestas figuracion es aparentcmcnn- im:e. nuasdela realid ad visible,eslo esencial ;lascararu- ristic;" sexua les en ocasiones cruda mente representa das;la hll"nl" de la multiplicación vital.

Formalmen tehayotrasmuj ercitasdistintas,enlasrualr pier nas y cade ras crece n desmesu radamente,y púdicas1:11 -das cubrensusórga nosgenitales;variasmás,tuercc nl'l1l" 1'-pos y brazosen dinámi cas actitudes de vida ,Decxprl'si,"11 cariñosa son las madresque sost iene n en bra zosa niños('11 suscunas, olasmuj eresquese aproximananimale s1)('(11 11"

-ños a la cara.

Se ha recalcad o que las figuras femen inassim b olizan 1;1 fertilidad ;lahumana,la anima l, ladelatierra.Ik allí la a ll-chura de sus caderas yla represent ación de vientres y pe-chos .Sinembargo,losart istasque la smodelaron noSI' de

-leit ab antan to con la exubera ncia decarnescomo;u l'll"llos eur opeos quetalla ronlasVenusdeWillen dorf y de I.('SP UL: (·' Entrelas muje res del preclás ico mesoa rner icano. noha,' dosiguale s;si una lleva enelcuerpoun visto sodiseño CI"O-máti co,la otra usacollares y brazaletes,yunamásport aun

com plicado adorno en la cabeza. No se tra taba de reitera r símb olos establecido s;lafrescura creativa presen teenca da unade ellasindica la inspiració n directa en la vida.Yviva sy animadas son todasest asfigur illas,que no se encajona nen rígid as convenciones,sinoque aler tasmiran y se com unican. con el mundode la natu raleza que las envue lve,a tra vésde susgra ndesojos,nunca oquedadesvacías,form.a?ospor file-tesque enc ierra n la pelot illa que represe nta eliris.En tant o que brazos ypiern aspueden estarestilizados,losrasgos es -pecíficos de lo femenino lucen realista mente,expresand(~,la riqueza de su etern o sent ido.Se ha dich o que la expresl0n más ant igua del dualismo,principioesencial del mundopr e-hispá nico, seencuentra en las figurillas femeninas del pre -clásico.En muchasde ellasse muestrandos ca bezas sobre -salientesde un cuerpo común odosrost ros contres ojosde los cualescom parten elcentral. . '

Elnacer y el perecer,según dice PaulWestheim,lasl. em-bra y lacosecha,elnacimientoyla muerte,seh~cenu.mdad enellas.Se da asícuerpo humanoalco ncepto primordialdel

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Figura bailando y jugando.

proceden de Navarit.Barro.

Madre que sost iene a un niño en sus brazos, procede de Chupícuaro.Barro.

mundoque, dota do de vida nat ura l, se convierte enobje to cotidia no para elhomb re del preclásico, y por ello loaco m-paña en la tumb a resistiendo a la muerte.

Auncuando má s aus te ras y care ntes dela sens ua lida dy del refina doerotismoqueseve en lasmuj er es,las f iguracio-nes masculinas son tam bié n porta d oras del impulso vita l. Rara vez exhibe nsu cuerpo y menos aún susórga no ssexua -les;amenu do usan máscaras,y suvestidoparecereproducir mant astejid a s o pielesde anima les.Es posibl eque se trat e, como se ha dicho, de repr esent a cionesdelosmás anti guos sacerdo tesde Mesoarnérica ; en tod ocasotend ríanun lugar imp ort ant e en lasocied ady alguna actividad especí fica;su vestuario y tocado así lo sugieren.

Entrelasfigur as masculinasdestaca naq ue llas dema yores dimensio nes,queseprese nta n enlas más extrañasydin á mi-caspostu ras.Aquí la vidase manifiestaen el din amism o ex -cepcional,revelad o por mediodelmovim iento realde lasfo r-mas;por otrapart e,im presio nan la verac idad reali stade su expresión, y el mod elad otridimensional. Se lesha lla m ad o acróbata s o danza rines; sea cua lfuere la ent idad que repr e-sentan,su función ydestino alacomp a ñaralosmuertosco n-sisteen ma nten er y co m unicarel movimien to como p erma-nente e infa tiga ble sínto ma de vida.

ElOccidente de México

En tiemposno muy remotos,posib lemente entre losdos s i-glos que antecediero nala Era Cristianaylos cuat ro conque éste princ ipi ó,existióenelOccide nte de México unaregión poblada de ho m br es ligad os por gra n afini da d artíst ica y cult ural. :\[e refiero a la zona cons tit ui da por losmodernos

Hombre tocando el tambor.procede

de Navarit.Barro.

Figurafemeninadel preclásicomedio.procede

del Altiplano central deMéxico.Barro.

estados de Colima, Jali scoyNayariten la parte nor oestede la costa del Pa cífico de nuestra República.

Lo que unifica ala zona,encierta medi da,eslafrecuente presen cia de tumbas especialesconocidascomo tumba sde tiro,que contiene nensus cáma ras,depos itadasallíam ane-ra de ofre ndas, figuras de ba r ro que comparte n caracteres expres ivos,tiene n rasgos semeja ntesy fue ro n reali zad a s con idénticafinalidad y obe dientes al mism o estím u locult u ra l. Talesfigura srevelanunaparti cular conce pc ió n de lavida, dela muertey delmundo,quetiene solame nte,acaso, cier to parent esco,for m al y espirit ua l,con otrasimá gen esde bar ro: lasofrendasdelpreclásico enelAltip lano deMéxi co yla sde los ceme nter ios de la isla deJaina en la costa del Golfo de México frent e alesta do de Campec he. Pero en ellasesinsu -perabl e elsent ido delamora la vida,la vida consusdiari os afa nes,consu multiplicidadcotidiana,singular y colect iva, por medi o dela cua l,alofrendarlasen lastum bas, se inte n-taba apa rta r para siemp rela ame nazadelamuert e defin iti-va.

Las figurascerám icasdelastumbasdetiro delOccide nte deMéxicomuestran laespontá nealozaní ade gru pos hum a-nos que aún conviven con la natu raleza circu ndante; son también piezasdeunarte que,por rep roducirinnumer abl es facet a sdela vida cotidia na,fue ded icad oinva ria bl em en te a acom pa ña ralos cad á veres.Arte biofílico destinadoa g uar-dar se con la muerte ycomp rens iblesólosise co nsidera que su funció n primordialesreconstruirento rn oalosdifuntosel acontece rde todoslosdías,delcualellosdebensegu irpa rti -cipa ndo .

Aunque ha y ofre ndas con repr esent acion es de anima les,

lo que refuer za el pens ami ent o de que, par a qui enes tal es

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ofrendas fabricaban,la idea de que la vida en la

natura-leza se establece por encima

de la muerte, las

figuracio-nes 'huma nas son mucho

más abundantes. Aspectos

amables del ciclo vital son anecdóticamente ilustrados:

mujeres embarazadas,

ma-ternidades,figuras juveniles

en desempeños cotidianos ,

rituales y guerreros,

comple-tas escenas de momentos del diario convivir.

Las figuras femeninas, "

aparte de los significados que se enunciaron ya al

tra-tar de las del preclásico,

ma-nifiestan un posible ca mbio

en la organización social,

que se integra al concepto de la vida.Su lugar aquí, al-terna en igualdad con el del hombre; aparecen en parte

desnudas, ocupadas en

la-bores que les son propias (molenderas o con un

reci-piente en las manos) o en

condiciones que le son

inhe-rentes (maternidades). A

ve-ces el estilo local,como el de

Ixtlán del Río,pone énfasis

en algunos rasgos fisonómi-cos y corporales que les dan

cierto aspecto de caricatura.

Las imágenes femeninas

de mayor tamaño,por lo

ge-neral de más de 30 cm, son

huecas; se diferenciande las

masculinas en que estas

últi-mas son recipientes.El

cue-llo de los mismos se disi-mula al sustituir alguno de

los rasgos de la cabeza,

como la oreja,o al ser la parte posterior de la misma cabeza.

Las imágenes masculinas exhiben mayor variedad formal

y temática; en diferentes posturas,se las mira siempre en

ac-tividad.Algunos fingen beber y por estose les llama

popu-larmente bebedores;otros son guerreros entre los cuales los

hay llamativamente cubiertos con camisas protectoras y con cascos, y más humildes, de poco vestuario y simplemente ar-mados con hachas, garrotes y palos. Hay otros hombres

sen-tados, son los menos frecuentes;de manera discreta,indican

el movimiento levantando uno de sus brazos.

Los individuos anormales,jorobados, desnutridos o con

malformaciones de otro tipo, fueron también frecuentemen-te representados en las ofrendas cerámicas de los pueblos precolombinos del Occidente; el carácter visible del padeci-miento se acentúa como para no dejar duda de su existencia. Todas estas representaciones revelan con claridad la índole social de la vida cotidiana que se quería dar en participación a quien había muerto.

Reforzando este sentido, hay otro tipo de representacio-nes en el mismo Occidente, que comunican, acaso de modo

más directo, gracias a su narración escénica,la cotidian a

energía vital de estos pueblos.Se trata de diversid ad dec

om-posiciones en donde las figuras, reducidas a diminutas

pro-porciones y colocadassobre una pequeña plataformadeba

-rro, muestran la vida en comunidad.Algunasson muy s

im-ples, se componen de unas cuantas figuras, la familiamenor

en sus actividades domésticas y con el perro, su impres

cindi-ble acompañante.Otras se constituyen por gruposde

indivi-duos que dialogan o ejercen actividades rituales dentrode

una casa o templo. Hay otras más, verdaderos modelos de

casas y de aldeas con sus habitantes humanos y animalesen

regocijado despliegue de actividad.En general,casas y

figu-ras fueron hechas con descuido,pero la crudeza de la factura

está compensada por el mensaje de vida floreciente que

lo-gran transmitir a través de la cándida narración de un

mo-mento de la existencia diaria,que se mira como si hubiera

quedado para siempre suspendido e inmóvil en el tiempo.

Dentro de estas representaciones narrativas,ca be incluir

las únicas escenas mortuorias en Mesoarnérica.El cadáver

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I

de blanco, y rodeado y contemplado de figuras con vesti-menta ytocado decolores.Es excepcionalque estas figuras manifiesten con su actitud sentimientos de pena;,el ambien-te de la escena impresiona,más bien,como una situación tan natural ydiaria como la que se aprecia en lasescenas de lo que ocurre en las casaso en lasaldeas. No es extraño que junto al muerto haya cesta s con alimentos, o que éstos le sean presentados por alguno de los dolientes. Escenas fune-rarias también son las procesionesde numerososindividuos que dispuestos en hilera,cargan sobre andas un vistoso cata-falco.Las escenas de rituales funerarios tienen el mismo sig-nificado que las otras escenas de danza,de juegos,de ritua-les,de cosas que se hacen y ocurren todos los días; por eso están allí junto a los enterrados:su función es recrear,en otro ambiente,la dinámica interminable de la vida humana.

Jaina

Separada de la tierra firme de la península de Yucatán tan sólo por un estrecho canal, la isla de Jaina fue durante el Clásico y el Postclásico temprano un pequeño centro cere-monial y una importante necrópolis. A ésta fueron llevadas figurillas, primordialmente humanas,representativasde di-ferentes estilos mayas,para ser depositadas como ofrendas funerarias.Hay tamb.i.,én,como en Tlatilco y en el Occiden-te, platos y vasijas, ~e tuvieron alimentos y bebidas; al muerto se le seguía tratando como si estuviera vivo. A dife-rencia de la simplicidad figurativa de las imágenes de las ofrendas antes mencionadas,las de Jaina muestran mucho mayorcomplejidad técnica en la representación de los ras-gos físicos y del atavío. Los temas se restringen en su casi to-talidad a figuras humanas únicas, ya 'que rara vez se encuen-tran animales y escenas compuestas por más figuras. Su ca-racterística principal, en cuanto a los asuntosrepresentados, es la exhibición de clases,condiciones y actividades sociales por medio de la particular riqueza de los vestuarios:son, en fin,una demostraciónmás de la vida humana que continúa. Se trata tal vez de una vida humana diferente a las yavistas con anterioridad,ya que los hombresymujeres de Jaina se presentan colmados de poder terrenal; no se trata de repro-ducir las sencillas actividades diarias y la vida comunitaria elemental;se pretende mostrar la importancia que a sus ac-tividades les confieren los arrogantes señores mayas. Son también,no me cabe duda,expresiones biofílicas que niegan a la muerte y revelan el amor por la vida,aunque ésta se muestra a distinto nivel de culturayde organización social. Pero el principio que da sentido a estas ofrendas es,en esen-cia , el mismo: la vida humana puede revestirse con distinto ropaje,pero es siempre permanente.

No hay en Mesoamérica un conjunto artístico que tenga

lascondiciones que se aprecian en las figurillas deJaina. Se

ven plenas de vida,vida confiada y poderosa,y establecen en 'sus formas cuidadosamente acabadas la existencia

perma-nente de la condición humana.

Se miran,entre ellas, la mujer delicada que se vuelve al mundo con discreta sonrisa, y la sedente que posa con afec-tada dignidad;la que al ocuparse en sus cotidianos quehace-res no se despoja de su arrogancia, la que por su rico atavío parece haber sido poderosa dama,y la vieja solitaria con ges-to enérgico.

En las representaciones masculinas los asuntos son más variados:el músicotocando sus sonajas,el guerrero con su escudo y en actitud de desafío, el pensador que solemne me-dita,el que con brazos levantados parece arengar a la gente,

y el gran señor,sacerdote o gobernante,con losatributosy atavíosque le confieren individualidad.Era imprescindible que la rica comunidad maya,a la cual pertenecía el muerto, se mantuviera con él, conservá ndole su lugar, su posición, sus ininterrumpidas actividade s.

La imagen humana que serevela en las figurasretratadas deJaina, es vigorosa, segura,dominante.Esla imagende un mundovivoypoderoso,con terrenalespasionesy sentimien-tos; es también la imagen de una socieda d complicada y aristocrática que tiene en comúncon otrospueblos de Me-soamérica la fundamental convicción de la eternidad de la

Ivida humana.

Centro de Veracruz

En las tierras centrales de Veracruz se depositaron,durante el periodo Clásico, numerosas ofrendas acompañando a los muertos y constituidas de figuras de barro.Su tamaño varía entre los 20 y los 40 cm de altura, son huecas, por lo general están de pie o sentadas, y algunas acusan en aliento supremo de vitalidad su realismo figurativo.

Muchas son, como las deJaina,retratos de personajes; en general,contrasta en ellas la animada expresión de los ros-tros con la quieta rigidez de los cuerpos.Es pues, en aqué-llos,donde se concentra el impulso vital. De entre esta pode-rosa corriente figurativa de carácter realista, que da tono in-confundible a los dones mortuorios del centro de Veracruz, destacan las famosas"caritas sonrientes".Rostros de niños de ambos sexos,tienen en común la franca expresión de la sonrisa que en ocasiones,se convierte en risa plena. Sus ojos brillan y sus bocas se curvan entreabiertas mostrando dien-tesylengua;son representaciones excepcionales de la emo-ción humana en Mesoamérica.Se ha dicho que la función de estos acompañantes de los muertos era la de bailarles y can-tarles; recordarles, en fin la alegría de vivir.En estos rostros se afirma,a travésde la expresión de los sentimientos huma-nos,la necesidad de demostrar la durabilidad de la vida.La emoción alegre es la característica que define el sentido de las ofrendas de la región de que se trata.

Palenque

Tumba extraordinaria, con ofrendas únicas e irncompara-bIes,es la que se encuentra en el interior del Templo de las Inscripciones en Palenque. Tumba real se la ha llamado, he-cha por mayas clásicos.En ella las ofrendas de imágenes hu-manasyde imágenes divinas sugieren la necesidad de alcan-zar el nivel del dios,superando el nivel humano. Además de procurar que la vida humana sea permanente, se pretende que alcance las condiciones de la vida divina.

Las imágenes humanas representan,tal parece, a hom-bres reales. Son cabezas que posiblemente decoraban frisos ycresterías de algún templo. La divina es una pequeña figuri-lla de jade que representa al dios solar.Hay una imagen más que considero aquí como ofrenda: es la máscara que cubría el rostro del personaje enterrado. Retrato funerario de cuali-dades excepcionales;sobre una capa de estuco colocada en la cara del difunto, para preservar sus rasgos reales y otor-garles la eterna perfección de la materia más preciosa, se ar-mó la imagen de mosaico de jade,con los ojos de concha y obsidiana.

Dejo fuera de estas consideraciones los problemas que ofrece el recinto en el cual se guardó al muerto:la decoración simbólica en los muros, en el sarcófago y en la lápida que lo cubría; me atengo, así, a lo que son los dones que se coloca-ron para afirmar al hombre en su perenne existencia. Tales

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dones obsequiados al gran señor palencano, posiblemente elevado a categoría divina por su hereditario rango ances-tral, señalan la continuidad de su vida humana dentro de su vida divina, vidas que en este caso se encuentran en su infini-tud; no hay distinción entre las dos dimensiones, la humana y la divina: ambas se concilian y reiteran la preservación de

la vida dual.Ylas imágenes divinas, la figura del dios solar y

la máscara del individuo ya deificado, ponen énfasis en su di-mensión infinita: están hechas de la luminosa condensación del jade, que no es otra cosa que la vida misma.

Laconservación de la vida humana en su unión conla

vida divina. .

Voy a referirme ahora a otras ofrendas que parecen mostrar casi exclusivamente el anhelo de la prolongación de la vida

humana en la vida.dívina ;las imágenes de los'dioses sqn en

las ofrendas mortuorias, compañeras de los hombres. Su presencia en las tumbas sugiere la consecución de rasgos de existencia divina por medio de la superación de la humana.

No setratayade la prolongación de la vida humana con sus

diarias costumbres y actividades; es más bien la manifesta-ción de la infinitud de la divina.

, Urnas zapotecas

Duranteelperiodo clásico en Oaxaca, conocido como

Mon-te Albán lIla y IIlb, los zapoMon-tecas institucionalizaron la cos-tumbre de colocar, como acompañantes de sus muertos,

ur-nas con efigies de dioses o de sacerdotesataviados como

dio-~s.Lacostumbre, cuya trayectoria se inició en épocas

ante-riores a aquella a que me refiero, se convirtió en uno de los

patrones constantes de la cultura zapoteca. . .

Las'urnas están configuradas por un recipiente cilíndrico,

sellado en la baseyabierto en la parte superior, en cuyo

fren-te se encuentra en posición sedenfren-te la figura divina.Esta, por

lo general, seinscribe dentro de las convenciones formales

propias a la imaginería de seres sobrenaturales: el cuerpo simplificado contrasta con la complejidad del tocado. La

fi-gura, modelada para ser vista de frente, ocultaelrecipiente

que en ocasiones contenía a su vez otras ofrendas de objetos menores y preciosos como navajas de obsidiana o pequeñas piezas de jade tallado; no hay datos para pensar que

hubie-ran contenido alimentos yagua o que hubiehubie-ran servido para'

llevar en su interior restos o cenizas humanas.

Es bien sabido que en Mesoamérica las representaciones de la divinidad se revisten de apariencia antropomórfica; pero en estas urnas, los símbolos que llevan en el vestuario y sobre todo en el tocado y en el elemento que sostienen entre las manos, indican su carácter sobrenatural. No siempre es fá-cil distinguir la identidad de las imágenes divinas; su deidad se

ve más claramente cuando se presenta en aspectos

teriornórfi-cos, fitomérficos o fantásticos.

Algunas urnas de Oaxaca se ven alteradas en su aspecto

humano, como los Cocijos de nariz prominente, lengua

bífi-da y rasgos faciales abstractamente geometrizados, en cierta urna que representa a Xipe Toree, se llega al extremo aleja-miento del dato visual, en tanto que en otra, llamada del "dios del moño en el tocado", se combinan la

transforma-ción de la fisonomía con el símbolo clave en esa prenda.En

ocasiones, una máscara animal encubre el rostro; pero las más de las vecesel signo indicador de la deidad de que se

tra-ta~muestra en el tocado, coronando las impávidas y

majes-tuosas figuras.

P~oralmlxtecc.rrepresentaal dios da los muertos. procede de Oaxaca. Oro.

En las tumbas de Monte Albán se encontraron , entre

otras cosas, además de esas urnas, platos y recipient es pues la vida divina parece requerir también del sustento

funda-mental:Sediríaquecon sus figuras las urnas de dioses

vie-nen a mostrar que el hombre prolonga su vida en una vidas

u-perior tocada por principios trascendentes.

I '

El oro de los mixtecas

En una época muy tardía de la civilización de Mesoam érica,

posiblemente poco antes de la conquista española,losrnix

te-cas, pueblos que habitaban en las tierras altas de Oaxaca,se

aposentaron en los valles y volvieron a hacer uso de lasant

i-guas tumbas zapotecas. Depositaron en ellasa sus muertos y

los obsequiaron con delicados recipientes po1fcromos ycon

exquisitas joyas de oro y de piedras preciosas.Las imágenes

representadas en éstas son divinidades o figuran sitios

deifi-cados. Oro para pectorales,broches, anillos y pendientes ;

oro combinado con turquesas, corales,cristal de roca,para

collares y orejeras -materias preciosas que son en sí mismas

expresión de vida eterna. De la tumba 7 de Monte Albán

proceden 121 objetos mixtecas de oro trabajados en láminas martilladas o en formas huecas y resaltadas mediante la téc-nica de cera perdida. Uno de los más notables es el pectoral

con un personaje portador de una corona,y,en las mejillas,

una máscara que representa el maxilar descarnado;las dos

placas que simulan su cuerpo llevan fechasjer~glíficas

sin-crónicas de los días en los estilos zapo teca y rruxteca. Otro pectoral de oro compuesto de cuatro secciones articuladas

entre sí por medio de anillos,figura el universodeific::ado,La

parte superior en forma de tlachtli,juego depelo~a,tiene una

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"Carita sonriente". procede del Centro

de Veracruz. Barro.

Urna zapoteca.representa a Xipe Totec. procede de Oaxaca. Barro.

Mujer maya. procede de Jaina. Barro.

tanto que la otra parece ser la del de la oscuridad: en el cen-tro aparece una calavera, es la sucesión rítmica de la vida cósmica que ha de rodear al hombre en su vida de futuro ili-mitado. En las placas inferiores se ve al sol mismo -la luz transmutada en oro- a la luna y a la tierra.' .

Pectoral también es el de la representación de Xipe, el dios de la primavera, con la piel humana del desollado cu-briéndolo para significar la renovada vegetación de esta épo-ca del año.Pero es también el dios de los orfebres, el que cu-bre objetos de barro, de madera o de piedra con una piel amarilla:la lámina metálica. En un pendiente pequeño se reitera la presencia del dios solar en su forma de águila que cae, el sol en su descenso, y de su símbolo guerrero, la mari-posa de alas extendidas. El oro es la imagen de la luz solar y por consiguiente dela inteligencia divina; el oro es la imagen del sol en la tierra; el oro es transmisor de la cualidad supe-rior, la vida infinita y la iluminación suprema, ofrendadas para garantizárselas,convocadas, al que yace entre ellas.

La vida cósmica

Quiero,por último, referirme,de manera breve, a cómo el concepto de la ininterrupción de la vida alcanzó su plenitud. T.~ negación de la muerte que se aprecia en las imágenes.de las ofrendas mortuorias culmina una vez que, superada la vida humana por medio del sacrificio, ésta se vuelve totaliza-dora, eterna,cósmica.

El hombre,que no puede existir sin la creación de los dio-ses,los mantiene,a su vez, con su propio sacrificio y les pro-porciona como alimento la sustancia mágica, la vida que se encuentra en la sangreyen el corazón humanos.El hombre se convierte en colaborador indispensable de los dioses; su

vida se supera y adquiere un sentido superior, de modo que los dioses subsisten en su vida infinita porque son alimenta-dos diariamente con vidas antes eflmeras.

"El azteca ",ha dicho Alfonso Caso, "es el pueblo elegido porelsol; es el encargado de proporcionarle su alimento ... " Alimento que consiste en la propia vida del hombre.Es por medio del sacrificio que la vida humana se vuelve sagrada, que el hombre comulga con la eternidad.

La humanidad entera tiene como misión estar aliado del solyproveerlo de su alimento cósmico vital; los poderes lu-minosos existirán así para siempre, sobre los poderes de ti-nieblas.El sol eselfuego, el brillo,elesplendor; esel princi-pio activo, la vida joven que todos los días se renueva; es en suma la fuente de la energía vital. Los aztecas vivían para el sol y éste nacía diariamente para iluminarlos de vida.

Entre las ofrendas recientemente encontradas en las exca-vaciones del Templo Mayor de Tenochtitlan, hay una de particular significación para lo que aquí me interesa señalar. Se trata de un par de urnas de forma cillndrica, de color na-ranjaycon relieves que representan divinidades. En su inte-rior contenían restos de huesos humanos cremados y objetos de obsidiana. Su carácter de urna funeraria es, por lo tanto, indudable.Pero lo que parece más notableyque viene a con-firmar el sentido cósmico que la vida humana adquiere es :precisamente que es el dios el recipiente mismo de los restos humanos; así,la vida humana que se diviniza en su muerte es contenida por la divinidad.La vida trasciende lo humano

y

se continua

y

es parte de la vida divina.Aquí, los restos hu-manos no sólo están acompañados P9r las imágenes de los dioses, sino que son contenidos por ellas,yasí reciben la pro-tección de la divinidad que los guarda como si fueran parte suya.La vivificadora ofrenda mortuoria alcanza, de este mo-do,la perfecta plenitud de su sentido.

En resolución, las ofrendas mortuorias de las cuales he ha-blado hasta aquí, parecen manifestar en sus varias formasy contenidos,un solo sentido esencial: el amor a la vidayla necesidad de su preservación. El arte de las ofrendas funera-rias es un arte esencialmente biofílico, que niega a la muerte a través de múltiples expresiones de vida. En los pueblos del preclásico,la vida humana que se prolonga en sus ofrendas es primordialmente la vida procreadora, la de la fecundidad humana, de la fecundidad terrenal. En las ofrendas del Oc-cidente, la vida humana se prolonga en las costumbres coti-dianas, en los hechos a diario compartidos;la afectividad, la alegre emoción, la vida pasional, prosiguen en las ofrendas del centro de Veracruz,en tanto que la vida que se perpetúa en las ofrendas de Jaina es la de la aristocracia de un pueblo arrogante. Vida humana también, pero con necesidad de al-canzar el nivel divino, es la que se mira en los obsequios mor-tuorios de la tumba de Palenque. A su vez, las urnas de dio-ses zapotecas vienen a mostrar queelhombre se establece en una vida superior tocada por principios trascendentes. El oro, la vida eterna, la luz imperecedera, es lo donado a los hombres mixtecas en su tránsito. Por último, para darle la, infinita existenciayla vida cósmica, esa queelhombre llega a alcanzar por medio del sacrificio,y en la cual se sumerge como parte suya en la infinitud de los dioses, los aztecas lo incorporan a los dioses mismos,unificándolo con éstos, al guardarlo en sus vasos funerarios, de una vezypara siempre. De esta suerte, la fecundidad de la naturaleza, los valores vi-tales de la comunidad en sus diversos grados, las fuerzas de la alegre sensibilidad, los varios impulsos hacia laprese~ci.a divina, se condensanyse unen para hacer evidente la pOSIbI-lidad de que el hombre realice su afán de ser eterno.

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Figura bailando y jugando .

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