La política exterior argentina: de Menem a Kirchner

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Int roducción

Ef ect uar una ref lexión crít ica de los t res últ imos lust ros de la polít ica ext erior argent ina requiere, necesariament e, ef ect uar comparaciones respect o del ejercicio en sus f unciones de los dis-t indis-t os gobiernos que alcanzaron el poder en la Argendis-t ina duran-t e el período aludido, en la búsqueda de esduran-t ablecer medianduran-t e el análisis de las principales decisiones adopt adas, una t endencia, una línea de comport amient o que posibilit e la ident if icación de una polít ica general y, simult áneament e, su ut ilidad respect o a los int ereses nacionales del país.

Est ablecida la presencia de una polít ica general, en la cual, la polít ica ext erior es solo una part e, deberá indagarse la exist encia de relaciones coherent es ent re ést a y la polít ica int erior. A t al f in se ef ect uarán breves descripciones de las condiciones iniciales, t ant o en el plano int erno como ext erno en las cuales los dist int os gobiernos asumieron sus f unciones, los procesos ut ilizados para la t oma de decisiones y la permanent e int ervención de los orga-nismos mult ilat erales de crédit o, especialment e del Fondo M one-t ario Inone-t ernacional, que imponen por presiones del G7 políone-t icas económicas inviables cuyo cost o soport an millones de argent inos y condiciona severament e la acción ext erior del país.

En est e marco se sost iene como hipót esis de t rabajo que, des-de la asunción des-de M enem hast a el acceso al gobierno des-de Kirchner, si bien es ciert o con mat ices en algunos casos signif icat ivos t ant o en el gobierno de Fernando De la Rúa como en el de Duhalde la polít ica ext erior argent ina, est uvo subordinada a los int ereses de Est ados Unidos, f rut o de su propia debilidad y a una visión equi-vocada de cuál y de qué manera debería ser su inserción int

erna-“La polít ica ext erior argent ina:

De M enem a Kirchner”

Ramón Albert o Aranda*

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cional, resignando márgenes de act uación y aut onomía conside-rables sin benef icio mat erial alguno y asumiendo import ant es cost os en t érminos de inf luencia regional y en la relación Sur-Sur. Por últ imo, aparece como premat uro expresar un juicio res-pect o al rumbo adopt ado en polít ica ext erior por el gobierno de Kirchner, aún reconociendo un sesgo dist int o y promisorio, ant e el est ado act ual de las negociaciones con el Fondo M onet ario Int ernacional y el proceso de salida del def ault de la deuda ext erna con los acreedores privados que exigen un equilibrio por el cual pueden producirse cont radicciones que deben analizarse en est e cont ext o de ext rema complejidad.

Desarrollo

El gobierno de M enem

La administ ración M enem accedió al gobierno en el cont ext o de una grave y aguda crisis económica y social que producía una marcada sensación de agobio al pueblo argent ino caract erizada por períodos hiperinf lacionarios, devaluaciones, abult ado déf icit f iscal, morat oria de hecho de la deuda ext erna, saqueos y la inst auración de est ados de sit io durant e los últ imos meses del gobierno radical.

Est e panorama persist ía durant e una caót ica t ransición ent re un gobierno salient e excesivament e debilit ado y sin reservas de poder alguno y el gobierno peronist a elect o que, presumiblement e para asumir en f orma premat ura y debilit ar al máximo a la Unión Cívica Radical como f uerza polít ica, ef ect uaba por diversos voce-ros declaraciones respect o del t ipo de cambio, cuyas repercusio-nes aument aban la incert idumbre y las expect at ivas inf lacionarias.1

Sin posibilidades reales de gobernar, el President e Alf onsín decidió renunciar acort ando su mandat o y ef ect uando ant icipa-dament e el t raspaso del gobierno. Indudablement e al asumir el Dr. M enem, las demandas sociales t uvieron como eje cent ral la rest auración del orden público y, sobre t odo, la est abilidad y el crecimient o económico.

En el plano ext erno, Est ados Unidos aparecía como líder y ven-cedor sin at enuant es de la “ guerra f ría” , est ableciendo el f inal del sist ema bipolar en las relaciones int ernacionales y export aba las polít icas económicas neoliberales de lo que post eriorment e se de-nominó “ Consenso de Washingt on” . Para la cuest ión de la deuda ext erna, el diseño para el abordaje del problema f ue nuevament e

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elaborado por part e de los países acreedores y los organismos mult ilat erales de crédit o que derivaría en el llamado “ Plan Brady” . En f unción de est as demandas int ernas y ese panorama int er-nacional f ue f ormulada una “ nueva polít ica ext erior” por la cual, el int erés nacional se def inió casi exclusivament e en t érminos de desarrollo económico. Además, se consideraba esencial la elimi-nación de las conf ront aciones de nat uraleza est rat égico-milit ar e ideológico-polít ica con los Est ados Unidos por los cost os y perjui-cios económicos para el país, que t al conf ront ación acarrearía.

Aparece como f undament al una relación est recha y pref eren-cial con la pot encia hegemónica expuest a en f orma descarada, provocat iva y de exabrupt o por el ent onces Canciller Guido Di Tella, quien para despejar cualquier duda declaró: “ Nosot ros queremos un amor carnal con Est ados Unidos, nos int eresa porque podemos sacar algún benef icio” .2

En f unción de consolidar est a relación pref erencial se adopt a-ron una serie de decisiones que rat if icaa-ron el rumbo adopt ado, de las cuales, por su caráct er ilust rat ivo dest acamos : El envío de dos naves de guerra durant e la 1ª. Guerra del Golf o cont ra Irak, vo t o f avo r ab l e a l a

invest igación sobre los derechos humanos en Cuba promovido por EE.UU., r et i r o d el M ovimient o de Países No Alineados, rat if i-cación del Trat ado de Tlat elolco, adhesión al Trat ado de No Proli-f er aci ó n d e A r m as Nucleares (TNP), desac-t ivación desac-t odesac-t al del Plan

M isilíst ico Cóndor II y cambio del perf il del vot o argent ino en la Asamblea General de las Naciones Unidas aproximándolo a las post uras nort eamericanas.

Es necesario precisar si las decisiones enunciadas son aisladas ent re sí o, por el cont rario, det erminan una polít ica. “ Es út il est ablecer una dist inción ent re una decisión, es decir un act o o un comport amient o único y específ ico y una polít ica, est o es un conjunt o de decisiones que, en conjunt o, revelan una línea de comport amient o.” 3

2 Report aje al Canciller Di Tella en diario Página 12 – 09 de diciem bre de 1990 – Buenos Aires- Sección Polít ica – Pág. 03

3 St ein D. – Cit ado por Raf ael Calduch Cervera – Dinám ica de la Sociedad Int ernacional – Pág. 05

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Por ejemplo, si analizamos en f orma aislada la rat if icación del Trat ado para la proscripción de las armas nucleares en América Lat ina o Trat ado de Tlat elolco, podemos llegar a conclusiones erróneas respect o del rumbo general adopt ado.

El Trat ado f ue abiert o a la f irma en el año 1967 y f ue suscrit o por la Argent ina que siempre se manif est ó de acuerdo con su espírit u y objet ivos, compromet iéndose a no ef ect uar act o algu-no que pudiera ir en cont ra de los mismos y simult áneament e objet ó algunas normas del Trat ado, mot ivo por el cual no lo rat if icó por más de un cuart o de siglo.

Las objeciones ar-gent inas se cent raban en que las salvaguar-d i as salvaguar-d el Or g an i sm o Int ernacional de Ener-gía At ómica (OIEA) a las que se ref iere el art ículo 13 del Trat a-do, no debían ser t o-t ales y o-t ambién respeco-t o del siso-t ema de cono-t rol, en lo ref ereno-t e a inspecciones especiales, las cuales consideraba lesivas para los int ereses nacionales del est ado inspeccionado puest o que podían ser solicit adas sin base seria y sus inf ormes podrían alcanzar una dif usión excesiva.

“ El problema de las salvaguardias t ot ales quedó superado con la suscripción del acuerdo cuat ripart it o (Argent ina, Brasil, la Agencia Brasileño-Argent ina de Cont abilidad y Cont rol (ABACC) y la OIEA) del 13 de noviembre de 1991, al que ya se ha hecho ref erencia. Por lo demás, el propio Direct or General de la OIEA señaló expre-sament e que ese acuerdo se adapt aba perf ect ament e a los reque-rimient os de Tlat elolco” .4

“ La segunda clase de objeciones argent inas, ref eridas al sist e-ma de cont rol, que por ot ra part e eran compart idas por Brasil y Chile, f ueron mat eria de diversas enmiendas al Trat ado, cuyo t ext o f ue cuidadosament e negociado con M éxico. Una conf eren-cia Ext raordinaria de los Est ados Part e en Tlat elolco aprobó t ales modif icaciones al Trat ado el 26 de Agost o de 1992” .5

Es decir, en est e caso, no se af ect a el int erés nacional al ef ect uarse enmiendas y correcciones al Trat ado que permit en superar las objeciones argent inas. A ello se agrega el acuerdo bilat eral con Brasil sobre uso exclusivament e pacíf ico de la

ener-4 Carasales Julio C.- Desarm e, No prolif eración e int erés nacional. Inst it ut o del Servicio Ext erior de la Nación – Cuadernos de t rabajo. w w w .isen.gov.ar

5 Ídem ant erior

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gía nuclear, renunciando a la posibilidad de ef ect uar explosiones nucleares y la creación de la ABACC. Por lo t ant o, los compromi-sos adquiridos con el único compet idor serio en la mat eria en el orden regional just if icaban la rat if icación del Trat ado con las modif icaciones ef ect uadas.

El hecho mas relevant e de est e t rat ado es que est ablece e inst it ucionaliza la primera zona del planet a libre de armas nu-cleares con el explícit o reconocimient o mundial a los países lat i-noamericanos signat arios.

Post eriorment e Cuba, el único país que no era signat ario del Trat ado, lo f irmó en el año 1995 y lo rat if icó el 8 de Noviembre de 2002.

Tampoco ent onces, puede deducirse de la rat if icación de est e Trat ado la búsqueda de una relación pref erencial con EE.UU. ya que f ue f irmado y rat if icado por t odos los est ados lat inoamerica-nos sin excepción, a pesar de las dif erencias polít icas e ideológi-cas exist ent es.

Es mucho mas opi-nable nuest ra adhe-sión al Trat ado de No Prolif eración de Ar-mas Nucleares (TNP) puest o que es un t ra-t ado discriminara-t orio que consagra una ca-t egoría privilegiada de Est ados, los cinco que poseen armas

nu-cleares, y el rest o que debe renunciar a la posibilidad de desarro-llar t ales armas. De est a manera se legit ima y acept a la posesión de est as armas de dest rucción masiva por part e de est os cinco Est ados quienes, a cambio, no adquieren obligaciones signif icat i-vas, salvo vagos compromisos de negociar de buena f e, acuerdos de desarme. La Argent ina siempre se opuso y f ue cont raria al TNP por sus caract eríst icas discriminat orias y por su avanzado grado de desarrollo nuclear que podría verse af ect ado por el mismo.

Est a adhesión de nuest ro país “ signif ica sí abandonar una po-sición f irmement e sost enida durant e veint icinco años, popo-sición f undada y con nada de caprichosa y arbit raria.” 6

Probablement e la decisión est uvo f undada en la necesidad de evit ar conf ront aciones polít icas y de realizar “ f avores simbóli-cos” a la pot encia hegemónica, en la búsqueda de la relación pref erencial y de aparecer como aliado seguro y conf iable.

En-6 Ídem Carasales Julio C.. Desarm e.

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t onces “ debe recalcarse que nada se pierde con la abolición de la conf ront ación en la dimensión simbólica (NOAL, Cont adora, Gru-po de los Seis, Cuba, M alvinas, et c.), except o sat isf acciones emo-cionales, de manera que no debe perderse la oport unidad de hacerle “ f avores simbólicos a la gran pot encia” . 7

La polít ica ext erior de M enem respondió al sust ent o t eórico del realismo perif érico f ormulado por Carlos Escudé que, como parámet ro cent ral est ablece: ” Alineamient o con los EEUU, ent en-dido en t érminos de acept ación realist a del liderazgo nort eame-ricano en el hemisf erio occident al e ilust rado por el envío de f uerzas argent inas al Golf o Pérsico, un gest o que los adversarios de est a polít ica calif ican de indigno vasallaje.”8

Est os gest os debían exalt arse, t rat ando de ganar credibilidad, por la imagen populist a de M enem y los hist óricos desencuent ros del pe-ronismo con los EE.UU. Est e parámet ro ex-p l i car ía n o só l o el en vío d e n aves d e guerra al Golf o en una solit aria act it ud en relación al rest o de América Lat ina, violando el derecho int erno al no cont ar con la aut orización del Congreso, sino t ambién el ret iro de la Organización de Países No Alineados, el cambio de vot o en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU respect o a Cuba y la desact ivación del Proyect o M isilíst ico Cóndor II.

Ref erent e al ret iro de NOAL se obviaba la cont radicción Nort e-Sur suponiendo ingenuament e, o en f orma f alaz, la no exist encia de int ereses encont rados y hast a ant agónicos ent re las grandes pot encias y los países vulnerables, dependient es y perif éricos para lo cual podría ser út il un f oro int ernacional capaz de anali-zar los problemas comunes y elaborar las respuest as. A los plant eos y objeciones, se respondió que la Argent ina pert enecía al primer mundo, o sea al Nort e, y se equiparaba al No Alineamient o como un valor de conf ront ación con los Est ados Unidos que era cosa del pasado y que debía superarse.

Tal ret iro se present aba como gest o de valor simbólico sin cost os mat eriales, como el cambio del vot o respect o a Cuba sin

7 Gavaglio, Silvia. Angelone, Juan Pablo. Las relaciones Argent ina - Est ados Unidos ( 1983 – 1993) Universidad Nacional de Rosario . Pág. 81. 1994

8 Escudé, Carlos. La Polít ica ext erior de M enem y su sust ent o t eórico im plícit o . Am érica lat ina/ int ernacional. FLACSO. Volum en 8 N° 27 Pág. 394. Enero – m arzo 1997

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evaluar debidament e el impact o ent re las relaciones Sur-Sur y a mant ener posiciones de aislamient o en los f oros regionales.

El desmant elamient o del Proyect o Cóndor II ejemplif ica los cost os del alineamient o a rajat abla, sin que result en evident es los benef icios por t al polít ica. En ef ect o, el desarrollo de t ecnología espacial y misilíst ica aún incipient e, como en el caso que nos ocupa, puede af ect ar en caso de consolidarse, los int ereses co-merciales y milit ares de las naciones desarrolladas.

Est o es, por un lado alcanzar un grado de desarrollo t ecnoló-gico t al que permit a of recer servicios espaciales como ser la puest a en orbit a de sat élit es y la misma t ecnología sat elit al y por el ot ro, podrían desarrollarse sist emas de misiles con un alcance t al que generarían lógicas inquiet udes en el plano milit ar.

El Cóndor II f ue un misil de alcance int ermedio (1000 kilóme-t ros ) capaz de kilóme-t ransporkilóme-t ar una kilóme-t onelada de carga explosiva, objet ándose f undament alment e que sirvió para el desarrollo misilíst ico de Irak. Su desarrollo f ue coordinado por empresas alemanas con el concurso del holding Daimler Benz y con la part icipación de Argent ina, Egipt o e Irak con millonaria f inanciación de capit ales saudit as. Cabe aclarar que la part icipación iraquí t uvo lugar en los 80´ cuando los principales abast ecedores de armas del ent on-ces mimado Sadam Hussein, eran las pot encias occident ales.9

Argent ina cedió a las presiones est adounidenses y sin buscar alt ernat ivas ni of recer opciones, ordenó el desmant elamient o del Cóndor II en Falda del Carmen, provincia de Córdoba. Es int ere-sant e recordar que el propio M enem había promet ido durant e la campaña elect oral la cont inuidad del proyect o con el objet ivo declarado de react ivar la producción para la def ensa.

En concret o, “ el país había realizado import ant es inversiones en el proyect o y alcanzado un nivel t ecnológico-indust rial de los más avanzados ent re los países en desarrollo. Quedó así clausurada una vía de desarrollo t ecnológico aut ocent rado, con f uert e capa-cidad de asimilación de t ecnología del ext erior y pot encial de proyección post erior al mercado int ernacional. En el mismo t erre-no la experiencia de Brasil es exact ament e la cont raria.” 10

El segundo parámet ro de la “ nueva polít ica ext erior” era espe-cialment e grave para los int ereses nacionales ya que propugnaba la “ Renuncia a gest os irredent ist as y conf ront acionist as respect o del lit igio de M alvinas”11, al considerar que los int ereses argent

i-9 Sant oro, Daniel – Cóndor II. Cuando la Argent ina ayudó al proyect o m isilíst ico de Bagdad – Diario Clarín. Buenos Aires, Jueves 19 de diciem bre de 2002 .Sección Int ernacional

10 Ferrer Aldo. Hechos y Ficciones de la globalización. Pág. 80. FCE. 2000

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nos est aban “ nominalment e present es” y los “ benef icios para la Argent ina eran inexist ent es” .

A t al ef ect o se implement ó una “ polít ica de seducción” hacia los habit ant es de las Islas M alvinas que incluyó gest os ridículos, como el obsequio de osit os de peluche y conversaciones direct as, que const it uyeron un t remendo error diplomát ico puest o que los isleños son ciudadanos brit ánicos por Ley del Parlament o Brit áni-co q u e san ci o n ó l a Br i t i sh Naci o n al i t y (Falkland Island) Act . 1983 y, por lo t ant o, las negociaciones de-bieran realizarse con el gobierno del Rei-no Unido.

Corresponde est a-blecer que el realis-mo no es una t eoría sino una cosmovisión la cual “ considera que la realidad t iene vida propia, t iene una ló-gica propia y debe ser descubiert a a los ef ec-t os de explicarse su comport amient o y saber como act uar sobre ella”12 y que no

im-plica, en base a las relaciones de poder exist ent es, somet imient o aut omát ico ni renunciar al concept o de un orden int ernacional injust o que est ablece legalidades en los ejes polít icos y económi-cos con el objet o de convalidar dependencias que gest an subde-sarrollo. Lo que se pret ende es concebir “ una perspect iva del realismo perif érico que puede conducir a su ut ilización como inst rument o de orden polít ico - ideológico, en la medida que acept a un papel menor y subordinado para un país perif érico sin cuest ionar el t ipo de relación con EEUU ni la t ext ura misma del Sist ema Int ernacional” .13

El “ realismo perif érico” es, por ant onomasia, la polít ica ext e-rior de un Est ado comercial. Un Est ado que pone énf asis en la especialización económica a part ir de sus vent ajas comparat ivas lo cual signif ica, para el Est ado argent ino, la prof undización del modelo agro-export ador proveedor de mat erias primas y

produc-12 Dallanegra Pedraza Luis- Tendencias del Orden M undial. Pág. 48 . Argent ina 2001

13 M eza Bernal, Raúl. Am érica lat ina en la econom ía polít ica m undial. El realism o perif érico en la visión de Bernal M eza. 1995

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t os de escaso valor agregado, af ect ados por el permanent e det e-rioro de los t érminos de int ercambio. Es casi la renuncia a pro-pugnar un modelo indust rial capaz de compet ir en los exigent es mercados mundiales.

Tal def inición del Est ado y el alineamient o a EE.UU. est uvieron basados en “ la creencia largament e dif undida en el gobierno (y en vast os sect ores sociales del país) de que la inserción exit osa de Argent ina en el mundo a f ines del siglo XIX y principios del XX, se hizo de la mano de una relación pref erent e con Gran Bret aña y siguiendo un modelo de polít ica ext erior que se ajust ó conf or-me, a las circunst ancias de la época, a lo que hoy llamamos un est ado comerciant e.” 14

Est e modelo de polít ica ext erior t uvo su correlat o en la polít i-ca int erior con la acept ación lisa y llana de medidas f uncionales a los int ereses dominant es en el sist ema económico y f inanciero int ernacional, de polít icas “ amist osas” para los mercados con el objet o de at raer f lujos de inversión.

Ellas incluyen: la apert ura indiscriminada de la economía, el achicamient o del Est ado a su expresión mínima, las privat izacio-nes, la desregulación de los mercados reales y f inancieros, la reducción de los cost os de seguridad social y la f lexibilización del mercado laboral. Sin embargo, en mat eria de inversiones ext ran-jeras predominaron las provenient es de Europa, sobre t odo de España y Francia.

Est a visión economicist a primó en la relación con el Brasil reduciendo la int egración a t ravés del M ERCOSUR a sus aspect os económicos, sin avances signif icat ivos en lo cult ural, social y con un not orio déf icit en lo polít ico, como la insólit a solicit ud menemist a de ser miembro pleno de la OTAN con el not orio desagrado del Brasil, sin coordinar acciones comunes en el plano ext erno y la dif erenciación permanent e en disput a por el liderazgo regional, generando t ensiones innecesarias .

La máxima t ensión en la relación bilat eral se produjo con la crisis brasileña que condujo a la devaluación del real a mediados de enero de 1999, mient ras la Argent ina desde 1998 iniciaba un período recesivo que culminaría recién en los primeros meses de 2003. La devaluación provocó bruscas variaciones de los precios relat ivos de ambos países y se t emió una avalancha de product os brasileños.

Fue necesario para implement ar t ales polít icas, una f orma de ent ender la democracia que permit iera avanzar ant e la previsible oposición por los cost os sociales y polít icos que ese proyect o

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exigía. Así se acuñó el concept o de “ democracia delegat iva” que sirvió para caract erizar al gobierno de M enem y Fujimori. Est e concept o, básicament e consist e en una compet encia ent re líderes por el libre vot o de los ciudadanos quienes son reducidos a la condición de meros vot ant es que, ent re elección y elección, no part icipan de la cosa pública. Por t ant o, dejan de ser sujet os para ser objet os de la polít ica y no ejercen ningún cont rol horizont al del líder elegido, quien t iene derecho a gobernar sin honrar el cont rat o social adquirido con los ciudadanos que vot aron su pro-grama. Tampoco hay cont rol vert ical puest o que las inst it uciones que deberían ejercer t ales f unciones, el Congreso y la Suprema Cort e de Just icia, son domest icadas acorde a las necesidades del gobernant e.

El element o común en ambas polít icas, la ext erior y la int erior, es la f alt a de principios, evidenciados de manera concluyent e a t ravés de las vent as de armas a Croacia y a Ecuador.

La Argent ina ef ect uó la vent a de cinco mil f usiles FAL y set en-t a y cinco en-t oneladas de municiones a Ecuador en aviones de la empresa nort eamericana Fine Air durant e la guerra ent re Ecua-dor y Perú por la Cordillera del CónEcua-dor, a pesar de nuest ra condi-ción de garant e de la paz y habiendo Est ados Unidos est ablecido un embargo de armas. Tal operación se realizó mediant e un decret o, cuya f alsedad ideológica es evident e, que est ablecía dichas vent as a Venezuela. Desde 1991 a 1995, seis mil quinient as t oneladas de armas argent inas se enviaron a Croacia violando el embargo de la ONU sobre los países beligerant es que int egraban la Ex–Yugoslavia, a pesar del despliegue de ochocient os cascos azules argent inos cont rolando la zona en operaciones de mant e-nimient o de la Paz. 15

En ambos casos, es presumible el conocimient o direct o de EEUU en t ales acciones: en el primero, por la presencia de una empresa de aviación nort eamericana con base en M iami y en el segundo, por el volumen de los envíos y el cont rol ejercido en la zona de Los Balcanes, es poco creíble que no est uvieran al t ant o de las operaciones y probablement e, lo alent aron para equilibrar el poderío bélico serbio.

En est as vent as de armas se evidencia la convergencia de int ere-ses de t raf icant es y gobernant es en circunst ancias de caract eríst icas delict ivas y la ausencia de principios para violar disposiciones de la ONU, compromisos asumidos ant e t erceros países y la hipocresía de enviar t ropas para el mant enimient o de la paz y simult áneament e exponerlas a las armas que enviaba su propio gobierno.

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Est os act os const it uyeron un papelón int ernacional y un bal-dón para la República sumado a la percepción en el plano int erno de una corrupción abrumadora que at ravesaba sin dist inciones a la dirigencia polít ica y social de la Nación.

El gobierno de la Alianza

Transcurridos más de diez años de menemismo en el poder, en Oct ubre de 1999 una het erogénea coalición ganó ampliament e las elecciones presidenciales derrot ando al candidat o peronist a Eduardo Duhalde, ent ronizando en el poder a Fernando de la Rúa. La Alianza recogió y canalizó, elect oralment e, el hart azgo de una población que no rechazaba la polít ica económica de la década menemist a pero que no est aba dispuest a a soport ar los int olerables niveles de corrupción exist ent es en el gobierno.

Las expect at ivas de cambio no eran demasiadas a pesar que los sect ores más progresist as concibieron est a f uerza como una alianza est rat égica para const ruir una alt ernat iva al modelo neoliberal, pero los hechos indican que f ue un inst rument o merament e co-yunt ural con f ines elect orales y, simplement e, una versión “ más prolija” de las polít icas ant eriores.

Los element os f undament ales que explicarían la debilidad po-lít ica desde el inicio mismo de asumir el gobierno, serían la conf ormación legislat iva con abrumadora mayoría peronist a en el Senado por una part e y por ot ra, el hecho de no gobernar en diecisiet e provincias, ent re ellas las más import ant es por número de habit ant es, cont ribución al PBI nacional e incidencia polít ica como Buenos Aires, Sant a Fé y Córdoba. Debemos agregar la propia concepción conservadora de De la Rúa y sus caract eríst icas personales medrosas, con ausencia de un f uert e liderazgo y sin carisma, que lo hacían depender en exceso de ot ros líderes part i-darios y de un círculo f amiliar y de amist ades est recho y cerrado que inf luía not oriament e en sus decisiones. A lo ant erior se sumó la pront a rupt ura con el vicepresident e de la Nación Carlos Alvarez por un hecho de corrupción y sobornos en el Senado, en el t rat a-mient o de la ley de ref orma laboral. Cabe consignar que la lucha cont ra la corrupción, presunt ament e, era una de las prioridades del gobierno así como t ambién la promesa elect oral de mayor t ransparencia.

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No obst ant e y a pesar de las primeras voces de alert a, se implement ó por recomendación del FM I, primerament e un “ impuest azo” y pocos meses después un severo ajust e y recort es al sect or público que incluyó rebajas salariales a los empleados est at ales del orden del 12 por cient o, generando import ant es prot est as sociales.16 Lo

paradójico f ue que est a poda del gast o público signif icó un aho-rro de 690 millones de dólares, que se evaporaron al aument ar, la Reserva Federal de EEUU, medio punt o las t asas de int erés y elevar en un mont o similar, los servicios de la deuda ext erna.

Lo inexplicable eran las recomendaciones rest rict ivas del Fon-do para un país sumiFon-do en recesión desde 1998 que prof undiza-ban ese proceso y que, por la lógica aplicada necesit aría del ajust e sobre el ajust e.

En el plano ext erno, en líneas generales, no se abandonó la polít ica impuest a por M enem de relaciones pref erenciales con los Est ados Unidos, que se denominaron “ int ensas” en un int ent o dif erenciador de las relaciones “ carnales” del gobierno ant erior y de las relaciones “ maduras” de Alf onsín.

Respect o a Cuba se mant uvo el vot o de condena en la Comi-sión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que produjo f uribundas y dest empladas crít icas de Fidel Cast ro, inicialment e esperanzado en la posibilidad de un cambio en el vot o después de una década de encont ronazos con M enem y el supuest o carác-t er progresiscarác-t a del gobierno de la Alianza. Sí debe consignarse que se recompusieron en el inicio, las relaciones con el M ERCO-SUR, resist iendo las proposiciones nort eamericanas de acuerdo bilat eral como el negociado por Chile, en un claro int ent o de aislar a Brasil y rat if icando la posición de negociar el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) desde el M ERCOSUR.

Con relación a la polít ica respect o a M alvinas se ret omó la práct ica de est ablecer negociaciones bilat erales con el Reino Unido, considerando correct ament e a los isleños ciudadanos brit ánicos en un cambio import ant e y necesario.17

Un hecho que merece dest acarse por sus implicancias en Amé-rica Lat ina f ue el rol jugado por el M ERCOSUR ampliado y de la Argent ina en part icular, para abort ar el golpe de est ado en Para-guay en M ayo de 2001, imponiendo la cláusula democrát ica del acuerdo, act uando con llamat iva f irmeza y celeridad.

En mat eria de polít ica nuclear, se concret ó un import ant e y posit ivo acuerdo con Aust ralia sobre “ Cooperación en los Usos Pacíf icos de Energía Nuclear” muy resist ido en su moment o por

16 El Recort e f ue m as f uert e de lo esperado. Diario Clarín Buenos Aires. Sección Polít ica. M art es 30 de m ayo de 2000

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organizaciones ecologist as y ambient alist as int ernacionales bajo los cargos de ser violat orio de la Const it ución Nacional, que implicarían t raslados al país de desechos radiact ivos y la cons-t rucción de un basurero nuclear.

La cont roversia se plant eó respect o al Art . 12 del t rat ado que est ipula la posibilidad que Aust ralia remit a el combust ible gast a-do a la Argent ina para su t rat amient o y recuperación con post e-rior devolución del mat erial radiact ivo para disposición f inal en ese país. Al respect o se señala: en primer lugar que, conf orme a la normat iva int ernacional de la Convención Conjunt a sobre Se-guridad en la Gest ión

de Combust ible Gas-t ado y sobre Seguri-dad en la Gest ión de Desechos Radiact ivos, adopt ada en Viena el 5 de Sept iembre de 1997 y que nuest ro país rat if icó por la san ci ó n d e l a l ey 25.279, exist e una cla-r a d i st i n ci ó n en t cla-r e

combust ible gast ado y desechos radiact ivos cuyo ingreso prohíbe la Const it ución Nacional en su Art . 41. A nuest ro país ingresaría combust ible gast ado con la obligación por part e de Aust ralia de acept ar dicho combust ible t rat ado para su disposición f inal en ese país. De acuerdo con est os crit erios se han pronunciado t ant o Procurador General de la Nación como reconocidos const it ucio-nalist as de diversas ext racciones: el radical Jorge Vanossi, el peronist a M ariano Cavagna M art inez y el socialist a Félix Loñ.

Respect o a la f inalidad, el react or producirá radioisót opos para uso medicinal y se ut ilizará para invest igaciones cient íf icas. Lo sust ancial es que la Argent ina concret ó una export ación de alt a t ecnología de gran valor agregado, superando proyect os presen-t ados por empresas f rancesas, espresen-t adounidenses, japonesas y rusas obt eniendo una de las más alt as inversiones en mat eria cient íf ica de Aust ralia aproximada a los doscient os millones de dólares.18

Producido el at ent ado t errorist a del 11 S el gobierno condenó el hecho y se solidarizó ef ect ivament e con los Est ados Unidos. Apo-yó una iniciat iva brasileña de convocar al Trat ado Int eramericano de Asist encia Recíproca (TIAR) para t rat ar en ese ámbit o la res-puest a al t errorismo, a pesar de las rest ricciones legales que

Un hecho que merece destacarse por

sus implicancias en América Latina fue

el rol jugado por el M ERCOSUR

amplia-do y de la Argentina en particular, para

abortar el golpe de estado en Paraguay

en M ayo de 2001, imponiendo la

cláu-sula democrática del acuerdo,

actuan-do con llamativa firmeza y celeridad.

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plant ea el propio t rat ado para elaborar dicha respuest a y el f racaso rot undo que la Argent ina obt uvo en la convocat oria del TIAR en ocasión de la guerra por las Islas M alvinas. El gobierno manif est aba una ingenua apreciación acerca del respet o a la legalidad int ernacional por part e de Bush, pero sin declaraciones alt isonant es mant enía reservas respect o al Plan Colombia y a eliminar la sust ancial dist inción ent re narcot ráf ico y guerrilla.

La prof undización de la crisis económica ant e la imposibilidad del gobierno de apart arse del rumbo elegido, por la sujeción a los dict ados del FM I, en f unción del cumplimient o de condicionalidades impuest as por Facilidades Financieras Ext endidas por miles de millones de dólares que no rest it uyeron la conf ianza ni, mucho menos, det uvo la const ant e salida de divisas disminuyendo en grado sumo las reservas del país, condujeron al desast re elect oral de Oct ubre de 2001. Producida la amplia derrot a elect oral en manos del peronismo, ést e impuso al President e Provisional del Senado, primero en la orden de sucesión presidencial de acuerdo a la ley de acef alía, of reciendo un claro indicio de lo que se produciría breve t iempo después. Los últ imos días del gobierno en diciembre de 2001, est uvieron signados por una crecient e ebullición popular y el f enómeno “ piquet ero” cuyas manif est a-ciones crecieron en f uerza y violencia sumado al oport unismo desest abilizador de los dirigent es t errit oriales del peronismo bo-naerense, alent ados por el propio gobernador Ruckauf , quienes ant e la pasividad de la policía y la inacción del gobierno nacio-nal, organizaban saqueos de comercios generando un clima de verdadera anarquía que af ect aba a la sociedad t oda.

El president e renunció a sus f unciones luego de una represión indiscriminada con saldo de muert os y heridos en Plaza de M ayo y de un espont áneo y masivo “ cacerolazo” en la Capit al Federal de sect ores medios af ect ados por las rest ricciones al ret iro de depósit os en cuent as corrient es, cajas de ahorro y a plazo f ijo llamados popularment e “ corralit o” y “ corralón” .

Se iniciaba así la semana de los cinco president es.

El gobierno de Duhalde

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pero-nismo y la ausencia de un proyect o real de país. En est e bre-ve período y durant e su mensaje a la Asam-blea Legislat iva se pro-dujo el anuncio del inevit able def ault re-cibido con aplausos y vít ores por los legis-ladores, causant e des-de ent onces des-de una animadversión cons-t ancons-t e y enconada del Direct orio y la buro-cracia del FM I.

Producida la

renun-cia de Rodríguez Saa asumió Eduardo Duhalde quien era el líder del dist rit o con mayor peso elect oral donde se concent raban las mayores t ensiones sociales. Al asumir y por la gravedad sin prece-dent es de la crisis, con cost os sociales de una magnit ud nunca vist a en el país, en t érminos de pobreza y desempleo, dispuso el abandono de la convert ibilidad y una devaluación sin planif ica-ción que produjo nuevas incert idumbres y los peores pronóst icos. Est a sit uación indujo nuevament e a solicit ar el apoyo de los EE. UU con el objet ivo de f acilit ar un nuevo acuerdo con el FM I encont rando poco eco en el gobierno de Bush, cent rado exclusi-vament e en la lucha cont ra el t errorismo int ernacional. Est a de-bilidad ext rema por la crisis económica y la necesidad de no agregar ot ros mot ivos de cont roversia con la administ ración nor-t eamericana y mosnor-t rar señales posinor-t ivas, monor-t ivó la connor-t inuidad del vot o cont ra Cuba que se cambiaría el año siguient e por mot i-vos elect orales.

Asimismo cambiamos nuest ra posición en Junio de 2002 de no post ularnos a la presidencia de la Organización Para la Prohibi-ción de Armas Químicas de la ONU (OPAQ) con la máxima respon-sabilidad en la verif icación de la exist encia de armas químicas en Irak19,después de un encuent ro sost enido por el canciller Ruckauf

y Collin Pow ell durant e una reunión en Barbados de la OEA, desplazando al embajador brasileño que encabezaba el organis-mo, resist ido por los EEUU. No obst ant e est os gest os, lo que convenció al FM I y los EE.UU. a buscar un acuerdo f ue, evit ar el

19 Tornadiza posición Argent ina en la OPAQ. Diario La Nación. Buenos Aires Sección Polít ica. Dom ingo 23 de junio de 2002

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ef ect o cont agio en los países de la región, part icularment e de Uruguay af ect ado severament e por la crisis de la Argent ina y del Brasil.20

Est e acuerdo exigía nuevament e recort es f iscales, en especial de las provincias y la eliminación de cuasi monedas emit idas por ellas. Además, debían aprobarse cambios considerados f unda-ment ales en la ley de quiebras y la de subversión económica que produjeron t ensiones en el gobierno.21

En la primera de est as leyes debía rest ablecerse el mecanismo que f acilit ara a un acreedor o a un t ercero adquirir a bajo cost o una empresa endeudada en un sist ema denominado “ cram dow n” . Est a sit uación af ect aba a muchas empresas por la sit uación económica y por la devaluación, las colocaba en desvent aja ant e un acreedor ext ranjero. La segunda ley signif icaba, llanament e, la impunidad para direct ivos de bancos que f acilit aron la f uga de capit ales del año ant erior; ambas leyes f ueron aprobadas a f ines de ese año con ribet es polémicos.

Duhalde, en f orma expresa y de hecho, revalorizó al M ERCO-SUR como est rat égico para la Argent ina y recibió la comprensión brasileña por los ef ect os de la devaluación en el int ercambio comercial y el apoyo por sus esf uerzos en est abilizar la economía. Un hecho con import ant e part icipación Argent ina a t ravés del Grupo Río de president es lat inoamericanos, f ue la cont undent e y unánime condena al int ent o de golpe de est ado en Venezuela procurando derrocar a Chávez con la anuencia y probable apoyo de EE. UU.22 Fue lament able la act uación del ent onces president e

del gobierno español Aznar y en ese moment o president e en ejercicio del Consejo Europeo que of reció “ su disponibilidad y apoyo al nuevo gobierno” . 23

El objet ivo cent ral de Duhalde f ue est abilizar la economía y producir las condiciones necesarias para un t ránsit o ordenado hacia las elecciones presidenciales de 2003, objet ivo que cumplió acept ablement e.

Producido el acuerdo con el FM I en el mes de Abril de ese año, ef ect uó un giro en su polít ica ext erior acerca de Cuba y los EE. UU. Respect o de Cuba, que había ef ect uado graves

violacio-20 El ef ect o cont agio convenció al FM I. Diario La Nación. Buenos Aires Sección Econom ía. 02 de julio de 2002

21 Bonelli M arcelo. Tensión en el gobierno por el acuerdo con el Fondo. Diario Clarín. Buenos Aires Sección Econom ía. Dom ingo 14 de abril de 2002

22 Gercheson Ana. Duhalde lo calif icó de un golpe de Est ado cont ra Chávez. Diario Clarín. Buenos Aires Sección Int ernacionales. Sábado 13 de abril de 2002

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nes a los derechos humanos reprimiendo la disidencia cubana, mereciendo la condena de diversos países e incluso de dest acados int elect uales af ines a Cast ro, decidió abst enerse de común acuer-do con el Brasil cambianacuer-do su vot o de condena del año últ imo alegando que,“ Es muy inoport uno hacerlo t eniendo en cuent a est a guerra unilat eral violat oria de derechos humanos”24 con

f uert e decepción de los EEUU.

Sin duda, en la decisión pesó la opinión de Kirchner como candidat o presidencial y ciert o cálculo elect oral ant e las inmi-nent es elecciones.

Del mismo modo suspendió un ejercicio milit ar combinado con la f uerza aérea nort eamericana y sus pares del M ERCOSUR am-pliado, denominado Águila III y donde la mayor dif icult ad se cent raba en el pedido de inmunidad que habit ualment e solicit a los EE. UU. para sus ef ect ivos milit ares luego de la creación de la Cort e Penal Int ernacional.25

El gobierno de Kirchner

El result ado elect oral det erminó que el candidat o peronist a más vot ado f uera a su vez el que más rechazo generaba. De allí que, a pesar del 25% de los vot os obt enidos, M enem decidiera no present arse al ballot age, accediendo de ese modo Nést or Kirchner a la presidencia de la Nación con apenas el 22% de los vot os

Desde el principio, int ent ó superar las dudas respect o a su legit imidad de origen y ampliar su magro sust ent o elect oral con iniciat ivas de amplios consensos, como modif icar la composición de la Cort e Suprema con razón t ildada de menemist a y una polí-t ica acpolí-t iva, haspolí-t a la sobre acpolí-t uación en mapolí-t eria de derechos hu-manos e imprimió un rit mo vert iginoso e hiperkinét ico a su ges-t ión, para dif erenciarse de la imagen adormilada de De la Rúa. Pero el verdadero sust ent o de su popularidad, aunque menguada por el problema de la seguridad ciudadana, es la sit uación econó-mica con import ant es índices de crecimient o basados en la sust i-t ución de impori-t aciones, originadas por el ali-t o i-t ipo de cambio y un cont ext o int ernacional f avorable con alt os precios para los product os primarios que export amos: la soja, el t rigo, el maíz, la carne y el pet róleo t ienen f uert e demanda en el mercado int erna-cional y f act ores climát icos en el hemisf erio Nort e sost ienen el alza de precios.

24 La Argent ina no condenará a Cuba. Diario La Nación. Buenos Aires. Sección Polít ica M iércoles 16 de abril de 2003

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En comercio int ernacional la decisión f ue una est rat egia con-junt a con el Brasil en la procura de eliminar los subsidios a la agricult ura que aplican la UE y los EE. UU, ampliando y f ort ale-ciendo el G-22 y est rechando f ilas con el Grupo Cairns.26

Est a polít ica ya produjo algunos avances al respect o en la OM C, luego del f racaso en la reunión minist erial de Cancún, abriéndose expect at ivas f avorables.27 La incorporación de

Colom-bia, Venezuela y Ecuador como socios del Bloque M ERCOSUR más Perú, crea un mercado común de 350 millones de habit ant es que f avorece a la Argent ina la que podrá colocar manuf act uras de export aciones no t radicionales en ese mercado.28 Se ef ect úan

negociaciones para concret ar el demorado acuerdo con la UE y se rat if ica la alianza est rat égica con el Brasil para negociar el ALCA desde el M ERCOSUR. Al mismo t iempo se aceleran acuerdos para acceder al gigant esco mercado chino y se promueven visit as de ese gran país al máximo nivel.

Se busca, en virt ud de las buenas relacio-nes con Cuba, dupli-car las export aciones a ese país y la posibi-lidad de cancelar par-t e de la deuda impa-ga por los cubanos para lo cual se f irmó un con-venio marco para in-t ercambio de medicamenin-t os y in-t ecnología médica cubana por ali-ment os argent inos en un mont o aproximado a los doscient os millones de dólares.29 La Argent ina además, apoyó una iniciat iva

de Brasil para iniciar diálogos con Cuba y est udiar la posibilidad de su post erior incorporación al Grupo Río de países lat inoameri-canos, mot ivado por la preocupación de la Cuba post Fidel.

Quizás las mayores carencias de la polít ica ext erior sean la ausencia de acciones concret as respect o a los f ocos conf lict ivos en Sudamérica como son Colombia y la Triple Front era, sin haber impulsado debidament e est rat egias de def ensa de caráct er regio-nal que morigeren y at enúen la probable inf luencia nort

eameri-En comercio internacional la decisión

fue una estrategia conjunta con el

Bra-sil en la procura de eliminar los

subsi-dios a la agricultura que aplican la UE

y los EE. UU, ampliando y

fortalecien-do el G-22 y estrechanfortalecien-do filas con el

Grupo Cairns

26 OM C. La Argent ina alient a la am pliación del G- 22. Diario La Nación. Buenos Aires. Sección Int ernacionales. M art es 15 de sept iem bre de 2003

27 Redrado, M art ín. Hacia un Com ercio m undial m as just o. Diario la Nación. Buenos Aires Sección Opinión. Dom ingo 01 de agost o de 2004

28 Redrado, M art ín. La Int egración genera t rabajo. Diario Clarín Buenos Aires. Sección Int ernaciona-les. M art es 07 de sept iem bre de 2004

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cana, además de me-canismos regionales ef icaces para preve-nir crisis como la bo-liviana o la recient e-ment e superada ve-nezolana y t ambién, r esp ect o a t em as como el narcot ráf ico y la preservación de los recursos nat ura-les. Ot ro aspect o a considerar es la po-sibilidad de acordar con Brasil una polít i-ca conjunt a para ob-t ener un asienob-t o en el Consejo de Segu-ridad para el M ERCO-SUR y no para un país

en part icular, que sería benef icioso para t odos, y no generaría resquemores por el liderazgo regional.

La relación con los Est ados Unidos aparece como cont radict o-ria puest o que, a dest empladas respuest as of iciales a dichos de f uncionarios nort eamericanos se suceden decisiones como el en-vío de t ropas a Hait í en un caráct er y modalidad que parece f uncional a la polít ica de Bush de desplazar a Arist ide; si bien la sit uación de la población hait iana es desesperant e nada impedía el envío de ayuda humanit aria en vez de t ropas para la imposi-ción de la paz, si bien es ciert o con mandat o de la ONU, en un cont ext o que podría ser ut ilizado para convalidar un golpe de Est ado.

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e incent ivar la f uga de capit ales y la presencia de capit ales espe-culat ivos por sobre las inversiones product ivas. Sobre t odo, el monit oreo de las cuent as nacionales en la década de los ´90 indica carencia de análisis y rigor prof esional por part e de sus f uncionarios.

En est e sent ido, la aut ocrít ica recient e del Fondo es aut o com-placient e y más dest inada a preservar la carrera de algún buró-crat a que a reconocer su responsabilidad compart ida en el daño inf lingido a millones de argent inos.

Conclusión

Toda polít ica ext erior es una proyección en el plano ext erno de un proyect o de país, que debe est ar por encima del gobierno circunst ancialment e en el poder, y que no es simplement e expre-sión de int ereses sino además, de principios y valores basados en la ident idad cult ural y la hist oria propia.

En est e sent ido, las decisiones iniciales del gobierno en f uncio-nes aparecen como promisorias sin const it uir un lineamient o de-f init ivo, mucho más a la luz del pasado inmediat o cuando ant e sit uaciones int ernacionales complejas y las crónicas dif icult ades económicas adopt amos polít icas seguidist as y alineamient os acrít icos con grandes cost os en mat eria de credibilidad.

La au sen ci a d e o b j et i vo s cl ar am en t e exp l i ci t ad o s y perseverant ement e buscados en mat eria de polít ica ext erior son causa de incert idumbre y pot encia, el rasgo de impredecibilidad at ribuida por nuest ra hist oria recient e .

Debemos ser coherent es con nosot ros mismos al est ablecer nuest ros objet ivos permanent es abandonando ut ópicos e irreali-zables propósit os, por lo menos en el mediano plazo, de ser part e del conciert o de naciones poderosas respet ando la proporción lógica ent re f ines y medios.

Si creemos en los derechos humanos debemos condenar su violación en cualquier part e que ocurriera sin oport unismos y pragmat ismos, del mismo modo si creemos en la legalidad int er-nacional debemos rechazar enf át icament e su violación y los unilat eralismos f anát icos y si creemos en nuest ra vocación lat i-noamericana debemos acordar polít icas conjunt as en el plano regional sin perjuicio de disent ir en t emas punt uales de caráct er bilat eral.

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