Suero

87 

Texto completo

(1)
(2)
(3)

SUERO

Proyecto de grado presentado como requisito para optar al título de Maestra en Artes Plásticas y Visuales.

Estudiante: Paula Bernal García Modalidad: Creación

Director: Ángel Alfaro

Universidad Distrital Francisco José de Caldas Facultad de Artes ASAB

Artes Plásticas y Visuales Bogotá D.C.

(4)
(5)

PALABRAS CLAVE

MEMORIA, LABOR, CAMPO, FAMILIA,INDUSTRIA.

ABSTRACT

Suero proposes a dialogue around the disappearance of milking work in a rural areas, analyzing the transformations that have been genera-ted through industrialization processes, and evidencing a situation that conditions and puts the small dairy producers at risk.

The great influence of milk consumption, suggests a high demand and

some stability in this economic sector; But what is behind all this? This project proposes an understanding of some aspects about the impact of the mechanization of this trade that, as a consequence, transforms the peasant into a socially useless agent, from a local perspective and through a family memory.

RESUMEN

Suero plantea un diálogo alrededor de la desaparición del oficio del

ordeño en un ámbito rural, analizando las transformaciones que se han generado mediante los procesos de industrialización, y evidenciando una situación que condiciona y pone en riesgo al pequeño productor lechero.

La gran afluencia del consumo de leche hace pensar en una alta de -manda y cierta estabilidad en este sector económico; pero ¿qué hay de-trás de todo esto? Este proyecto propone una comprensión de algunos

aspectos sobre la incidencia que tiene la mecanización del oficio y que,

(6)
(7)

CONTENIDO NUTRICIONAL

ÍNDICE

Agradecimientos………...9 Introducción………..…...…....10

CAPÍTULO I

LOS NIÑOS EN LA COCINA HUELEN A RILA DE GALLINA

El oficio……….………...12

El sabor de la labor familiar y sus antecedentes………..…....13 La verdadera resistencia………...……...…25

CAPÍTULO II

A LA GALLINA SE LE MATA TORCIÉNDOLE EL PESCUEZO

Condicionamiento y confinamiento……….….…...…...35

(8)

CAPÍTULO III

El QUE TRABAJA NO COME PAJA, NI JARTA AGUA CÓMO BUEY

Referentes ...………...………...49

El final………...………...……...65

A modo de conclusión………...………...………....74

Contenido extra………..………...…...76

(9)

9 A los pequeños productores por resistir en el campo, pese a

cual-quier dificultad.

A las vacas por su amorosa presencia. A mi familia por sus historias.

A Matilde, Aníbal y Eduardo por ser el flujo constante de este pro -yecto.

A mi tío Darío por su amor a la tierra y a su oficio.

A la complicidad de quienes hicieron parte de este proyecto: Lina, Libardo, Lilian, Lynda, Laura, Augusto, Lucho.

En memoria de:

Mi tía Sara, por el amor a las plantas y sus conocimientos hereda-dos.

A mis abuelas Pasión y María del Carmen por entregarle sus años de vida a la tierra.

(10)

10

INTRODUCCIÓN

Suero es un proyecto basado en algunas preguntas que transitan al-rededor de una situación familiar, que hace referencia a un contexto local, en el que se encuentran insertas algunas condiciones insosteni-bles que crecen a merced de una parcela, en el que habrá un peque-ño productor realizando sus labores cotidianas. Por otra parte, existe otra amalgama de imágenes que remodelan el contenido neto de este texto, hilando paralelamente, una resumida historia de lo que ha sido el campo lechero en Colombia y como éste se ha precarizado bajo un régimen global de producción y consumo. Así pues, intento construir una voz y un lenguaje que se comunica alrededor de mi casa, en un terreno de tres fanegadas, atiborrado de paisajes, plantas de jardín,

vacas flacas, sembrados de hortalizas, gallinas y algunas memorias ca -ducas y transitorias, que reviven a partir la experiencia familiar y desde el cual traigo al presente objetos y situaciones que se han convertido en insumos visuales que narran anécdotas sobre las labores del cam-po y que sirven para hacer relecturas sobre algunas implicaciones del desarrollo rural, guiado por una mecanización industrializada que tiene una presencia en la desaparición paulatina de algunas tradiciones que

resisten con gran dificultad, conduciendo a muchas otras a un abismo

oscuro. De igual manera este caso es un eco de la multiplicación de este fenómeno en muchas otras regiones para las cuales los procesos artesanales han perdido vigencia frente a los efectos modernizadores con los que se cimienta el mundo.

Éstas y otras miradas serán revisadas alrededor de la mutación del contexto en los que se han visto envueltos los rituales del campo, para luego proceder a entender el porqué de la construcción plástica y sim-bólica que intenta devolver la mirada a lo que para muchos parece

in-significante; es decir, a esa necesidad de sobrevivencia del campesino

(11)

11

CAPÍTULO I

LOS NIÑOS EN LA COCINA HUELEN A RILA DE GALLINA

Interrogar a lo habitual. Pero si es justamente a lo que estamos habituados. No lo interrogamos, no nos interroga, no plantea problemas, lo vivimos sin pensar sobre él, como si no vehiculase ni preguntas ni respuestas, como si no fuese portador de información (…). De lo que se trata es de interrogar al ladrillo, al cemento, al vidrio, a nuestros modales en la mesa, a nuestros utensilios, a nuestras herramientas, a nuestras agendas, a nuestros ritmos. Interrogar a lo que aparentemente nos ha dejado de sorprender para siempre. Vivimos por supuesto, respiramos por supuesto, caminamos, abrimos puertas, bajamos escaleras, nos sentamos a la mesa para comer, nos acostamos en una cama para dormir. ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué? Georges Perec, Lo infraordinario.

(12)

12

EL OFICIO

Inicio este escrito haciendo un ejercicio de evocación de mis cuatro años de edad. Recuerdo unas grandes manchas voluptuosas asoma-das al alambre de púas, rumiando todo lo que está a su paso. Es tem-prano y la niebla, como de costumbre, ha cubierto el sembrado de maíz que está frente de la casa, mis pies están muy mojados, mamá está apurada alistando la lonchera. Minutos después veo a mi abuela Car-men y a mi tío Darío trasladando las carretillas con esfuerzo, su

reco-rrido finaliza en la entrada de la finca donde la espera el lechero con

su camión; allí los pierdo de vista. Mientras tanto, mi mamá toma la bicicleta y emprendemos rumbo hacia la Escuela el Chacal. Tras termi-nar la jornada escolar vuelvo a ubicar a mi abuela y a mi tío, ahora los observo, sentados en bancas de palo muy particulares en una posición incómoda; los veo en un juego con la vaca donde se equilibran con los movimientos y el ritmo que ellas producen. La leche tibia empieza a

salir de las tetas, golpeando como lluvia blanca la superficie del balde

plástico. Sus manos pesadas presionan una y otra vez la ubre con ti-bieza hasta que la leche se agota, luego se retiran, toman el balde, la

banca y la manila. Caminan con firmeza hacia Paloma y hacia Gavio -ta, dejan los objetos en el suelo, aseguran la manila para amarrar las patas traseras, las vacas esperan con paciencia a que ellos terminen

su tarea, luego se dirigen uno tras el otro a la cantina transfiriendo el

líquido blanco. Dentro de esta, hay un colador en el que se va posando una capa espumosa y algunos residuos alternos a la leche: pasto, pelos o moscas. Son las cuatro de la tarde, hora en la que continúan con su labor, dejan listas las dos cantinas sobre la carretilla, hacen una pausa y corren el alambre de la cerca eléctrica para dar la ración de pasto que alimentará a las vacas durante la tarde-noche. Regresan a la casa, sacan un poco de melaza para juntar a la ración de pasto y así comple-mentar la alimentación de las ocho vacas, tras esta operación, ambos toman rumbo hacia la alberca con las cantinas cargadas, prenden el

transformador de la luz (pues es necesario que fluya la electricidad por

el alambre para que las vacas no se escapen a media noche).Por último

recorren el tramo donde finaliza el camino, allí está la alberca en donde

(13)

13

EL SABOR DE LA LABOR FAMILIAR

Y SUS ANTECEDENTES

Durante diecinueve años pude observar esta rutina que pasaba de una generación a otra, ordeñar en ese sentido se había convertido en algo imprescindible. Las jornadas empezaban temprano (a las 3:30 a.m.) como lo señalaba el reloj de números rojos que tenía mi abuela sobre su mesita de noche. Ella se levantaba de manera casi automática, po-nía en la estufa una jarra con café, se abrigaba completamente con un

Fig. 2. Abuelos paternos: María del Carmen Esguerra, David Bernal e hijos (Ma

(14)

14

pasamontañas, ropa de lana y botas plásticas. Luego emprendía cami-no hacia el potrero1 y en medio del panorama obscuro de la madrugada

encendía una lámpara enroscando un bombillo, para así empezar el ciclo. Le era de entera obligación, todos los días, llevar a cabo su proce-so para evitar que las vacas enfermaran de mastitis2. Progresivamente,

el paso de los años le cobró factura: “vivir del campo es difícil por eso tienen que estudiar”, nos decía a nosotros sus nietos, y de esta otra forma entendimos la importancia de la siembra y el ordeño en su vida, ya que además de gestar estrechas relaciones hacía los animales, nos hacía notar la importancia de respetarlos. Sentíamos a las vacas como de la familia. Este vínculo también le habría ayudado a mantener a sus animales con mucho esfuerzo, dándoles lo que estaba al alcance de la economía de la casa. Su ejemplo de tenacidad se anunciaba desde mucho antes de la muerte de mi abuelo David Bernal, en el año 1997, con quien habría sembrado su fe en el carácter sagrado de la tierra. Mis abuelos, desde un principio supieron que todo estaría muy crítico, incluso mucho antes de establecerse aquí. No se puede desconocer que la mayor parte de los productores en economías campesinas traba-jan en condiciones de precariedad y de riesgos de toda índole (Esteve, 2009), pensando también en los cambios climáticos, las variaciones

del mercado o la misma escasez de poder que se refleja en el ámbito

económico y el educativo.

Ambos trabajaron de manera conjunta siendo humillados y sobre explo-tados en trabajos varios asociados al campo. En su mayoría labraron la tierra, ordeñaron vacas ajenas o sembraron hortalizas durante más de

20 años, hasta que en el año 1963 decidieron establecer su vida en

la Finca Ceiland en Tenjo, Cundinamarca. Pagaron este terreno con los ahorros recaudados durante ese tiempo, con el propósito de construir

1 Extensión de terreno, donde se traslada diariamente a los animales para que puedan alimentarse.

(15)

15 un techo para sus ocho hijos. Por esta razón fue necesario empezar a

devengar un poco más de dinero, pensando en tecnificar y comprar en

algún momento un tractor y herramientas para arar la tierra, o unida-des metálicas de ordeño para tener mayor control sobre los animales. Sin embargo, esto nunca fue posible, las condiciones que les ofrecía el progreso y la economía del hogar estaban atadas a las normas e im-posiciones de precios dispuestas por grandes fábricas lecheras como: Alpina, Alquería, El Rodeo, Nestlé, Colanta, Gloria, Parmalat, El Pomar, entre otras. En cuanto a la venta de hortalizas, era de obligación bus-carle cliente en centrales de abastos o plazas de mercado de munici-pios aledaños para vender al granel3.

No obstante, mucha de la voluntad de mi abuela por sembrar e incluso por ordeñar se disipó, al sentir la soledad por el fallecimiento de mi abuelo David y la fragmentación familiar, pero ¿qué otra opción queda-ba? En la vida de mi abuela, se encontraba mi tío Darío, quien estaba a su lado cada día tras la muerte de mi abuelo. Ahora es él, quien mantie-ne las esperanzas sobre el trabajo familiar. Ambos apuntaban todas las cuentas en cuadernos amarillos, haciendo cálculos de lo que les

falta-ría para progresar y mejorar las condiciones de la finca, pero llegaban a

la misma conclusión, pasaría el tiempo y nada cambiaría.

...

Dejaré claro que mi interés por este proyecto sobrepasa la narrativa de mi historia familiar como una simple anécdota. Es la presencia de estos sucesos lo que motiva mi interés, con preguntas que se vuelven impor-tantes al intentar responderlas a medida que tengo forma de comparar los esquemas del desarrollo y el progreso rural en contra de lo que es-carbo en mi escenario cotidiano. Es así como empecé a preguntarme sobre cuáles son las opciones que da el progreso o qué cosas permiten que los sistemas artesanales campesinos pervivan en este mundo glo-balizado ¿Qué pasaría si mi tío Darío se viera obligado a abandonar el

ordeño de forma definitiva?, ¿qué sucedería con la finca en unos años?,

(16)

16

¿seguirá muriendo el aspecto fértil de los potreros?, ¿seguirán llegando vecinos nuevos, remplazando los sembrados de hortalizas con casas y urbanizaciones estrato cinco y seis?, ¿venderemos este terreno?, ¿mi-graremos...? Estas y otras inquietudes han dictaminado el rumbo de esta investigación, donde también me he hallado en aspectos asocia-dos al arraigo por la tierra y la familia, situando a estos asocia-dos conceptos como los referentes más importantes, pues ambos trabajan a la par como contenedores de memoria.

Habitar este territorio me ha llevado a reflexionar sobre la barrera invisi -ble entre la ciudad y el campo, y pese a las dinámicas distintas que se incluyen en cada espacio existe un punto común: vivimos bajo la misma

(17)

17 sociedad globalizada que hace sus esfuerzos por modernizarse a toda costa, sin importar el desvanecimiento del paisaje agrícola o del univer-so tradicional que le circunda, en el que se desarrollan trabajos de

cam-po a pequeña escala, y en cuyo espacio vemos florecer la humanidad, la humildad y la resistencia por los oficios; donde encontramos cada vez más la inclusión de espacios gentrificados4 e industriales para la

producción masiva de los objetos de consumo que deshumanizan todo tipo de resultado. La manera que encontré para empezar a vivir esa brecha invisible entre la ciudad y el campo partió de tener que despla-zarme todos los días desde la tranquilidad de Tenjo, a la hostilidad de Bogotá al entrar a estudiar artes plásticas y visuales. Fue así como en mi recorrido fui observado de manera progresiva el aumento de fábri-cas, parques industriales, zonas de acopio, entre muchas otras cosas, ubicadas por la zona industrial de Siberia, a pocos minutos de Bogotá; justamente por la vereda Parcelas donde alguna vez vivieron mis abue-los, en cuyo espacio empezaron a trabajar la tierra, en la cual ahora no queda casi nada de antaño.

Cuando inicié la carrera hacia el año 2013 ocurrieron varios hechos

significativos que dibujaron una pendiente espinosa sobre el ritmo con lo que todo fluía. Sentía un ambiente de tensión por la crisis campesi -na, ya que para ese mismo tiempo se dieron disputas por el Paro Na-cional Agrario, en el cual se unían cientos de familias en las famosas “lechadas” de los distintos territorios a nivel nacional. Estas consistían en derramar el preciado líquido a la calle, por el abaratamiento de la

leche a causa de la firma de los tratados de libre comercio, como una

respuesta simbólica a las determinaciones gubernamentales. Por esos días mi tío llevaba mucha leche a la casa, no solo por su amabilidad, sino realmente porque no quería desperdiciarla, ya que el lechero es-taba pagando muy poco por el producto. Durante esa época el clima

(18)

18

también se precipitó y rondaba entre temperaturas muy bajas de 2° hasta los -3° en la madrugada y hasta temperaturas de más de 18° por la tarde. Estas variaciones cargaban de gran aridez la tierra, donde tampoco era posible mantener en pie ningún cultivo. Eran muchas las coincidencias, dado que posteriormente hacía el mes de octubre de ese mismo año, mi abuela fallece repentinamente y se redistribuye el orden familiar.

Por claras razones permanecí en medio de todas las afectaciones que estas circunstancias desencadenaron y me vi involucrada en ellas de múltiples formas. No perdí de vista esta situación agraria que permea-ba los asuntos familiares y gradualmente me fui interesando más en este tema juntándolo con los procesos creativos de la carrera. En un principio decidí pintar vacas y paisajes para narrar lo que sucedía como una experiencia personal traducida al papel, sin ningún otro objeti-vo aparente. Luego, durante los siguientes semestres opté por tomar las profundizaciones de grabado y pintura, las cuales vi como herra-mientas para dar forma a esta idea. No obstante, en algunas clases ya había tenido acercamientos someros a la investigación; recuerdo con cariño y angustia una clase de taller integral donde se nos pedía que realizáramos una acción o performance que debía involucrar un solo elemento de forma contundente, asociado al proyecto durante un minuto; así que en medio de la preocupación por el tiempo, dibujé en mi cabeza una mesa con cuatro patas, así mismo ubiqué una mesa en el espacio para instalar un guante de látex dándole a este una función de ubre, el cual llené de un líquido blanco que se asemejaba a la leche tal como aparece en la Fig.4. La acción consistía en convertir la mesa

(19)
(20)

20

presentó en su clase: “El elogio de la sombra” de Junichiro Tanizaki5,

sobre todo resaltando la frase “creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan sólo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros produci-do por yuxtaposición de diferentes sustancias” (Tanizaki, 1997). Debo agregar que desde esta posición pude ver otras posibilidades que esta-ban insertas de manera sutil en ese juego de querer mostrar un campo de la memoria.

Explorando desde mis archivos familiares, las entrevistas, los testimo-nios, dibujos u objetos como lugares de encuentro con esta historia, encontré en estas experiencias un punto de convergencia crucial entre aquello que se veía tan lejano y esta nueva realidad. Desde que traté de recuperar esta historia, empecé a tramar distintas preguntas que se vislumbraban al presenciar los objetos de mi abuela y de mi tío, ¿por qué mi atención se dirige hacia estas cosas?, posiblemente “en princi-pio” era un simple gusto estético. Sin embargo, ¿por qué debía ser en estas y no puntualmente en otras? Tratando de responderme pensaba que debía ser por la resistencia a desprendernos de lo que eventual-mente ha creado nuestro entorno, o porque existe un indudable arraigo hacia la tradición, dada su reiterada presencia cerca de nosotros. Es ahí donde pensamos que esto nos pertenece de formas entrañables debido a la cercanía forjada a su lado, la sentimos inocentemente como habitantes permanentes. Tiempo después, en la clase de prácticas an-cestrales, sembramos semillas nativas y modelamos piezas en arcilla. Allí empezó un acercamiento al ejercicio manual del modelado, que se-ría un vínculo para descubrir posteriormente mi interés por la talla en madera. En esta clase, dictada por la Maestra Nubia Roncancio, hallé herramientas y pistas mucho más concretas sobre los objetos y me vi abocada a construir y materializar algunas ideas para el proyecto. Esto me permitió visualizar el interés que tenían mis tíos y mi abuela por construir, ya que creaban juguetes en nuestra infancia: carretillas,

(21)

llas, escurridores para cantinas o cualquier cosa que facilitara su labor de manera pragmática y simple. Con un eje, una llanta, algunas tablas o un pedazo de latón “rescatadas de la intemperie” podían construir muchas otras cosas. Desde esta estética rustica y prosaica empecé a sentir entera disposición para crear un reclamo nostálgico, acudiendo a

las artes plásticas como un vínculo para reflejar lo que viven y encarnan

muchas familias en los ámbitos del campo, desde esa concepción nula de progreso o desarrollo que se ha insertado socialmente como una ne-cesidad. Destaco la posición del arte como una posible ayuda para

(22)

Fig. 5. Bocetos para crear juguetes, ideas previas para desa

(23)
(24)
(25)

25

UNA VERDADERA RESISTENCIA

El desarrollo en una escala pequeña (artesanal) ayuda a tener control sobre la vida sin llegar al punto de suprimir el carácter humano. En esta medida, se utilizan recursos que están a la mano y objetos de poca complejidad, los cuales construyen una práctica autónoma que, con su “simpleza”, observan la vida de un modo distinto a lo idealizado por el progreso y desarrollo que se ha acuñado a la evolución empre-sarial y que lleva consigo la imagen benigna del trabajo asalariado y la producción en masa. Sin embargo, estas pequeñas producciones, a pesar de su carga simbólica, se han visto obligadas a duplicar sus es-fuerzos para poder encajar comercialmente en algún lugar. Años atrás se veía gran variedad de productos de extracción manual llevados a pequeños mercados campesinos o plazas de mercado con mucha más

afluencia, hoy se ha disminuido ese interés. En Tenjo, por ejemplo pese

(26)

26

a la existencia de la plaza de mercado, desde hace mucho tiempo no se abastece con productos extraídos propiamente por campesinos del pueblo. Recientemente, el gobierno ha gestado su proyecto “Mercado campesino” que, impulsado por la alcaldía, busca incentivar una posi-ble respuesta a la seguridad alimentaria y reactivar este lugar de aco-pio con la vinculación directa de familias campesinas, dada la seria ocupación de Mini Fruver y distintas cadenas de supermercados. En su mayoría, estas comercializadoras suelen pensar “en mayor medida” en la rentabilidad que les garantiza re-vender desde precios mayoristas o de centrales de abastos; y obvian de primera mano al pequeño produc-tor, omitiendo también el origen de la extracción de estos productos agrícolas, los cuales pueden provenir de monocultivos o de semillas con carácter transgénico.

La señora Elvia Rodríguez (una vecina de toda la vida de la vereda) me ha comentado en una pequeña entrevista que tuvimos cómo funciona-ba esta costumbre mercantil hace alrededor de unos cuarenta años. Antiguamente –dice ella– “Todo lo movilizábamos en lonas o en bultos de cabulla. La papa, las arvejas y las habas más que todo dependían del tiempo y las cabañuelas. En ese entonces, vendíamos las famosas ¨puchas6¨ o “atados”, que no eran cantidades tan precisas, pero la

gente confiaba en lo que se cultivaba en nuestros patios. Yo tenía un

cajón con semillas que le pertenecían a mis progenitores y que yo tra-taba de recuperar en cada cosecha. Eran semillas limpias y libres de químicos que no necesitaban tanta cosa para mantenerlas. Tenía ha-bas, maíz, frijoles, arvejas, cilantro, la cebolla, zanahorias y me gustaba mantener las aromáticas alrededor del cultivo como para liberarlo de bichos y plagas, claro está que, cuando esas no se podían vender bien, me ponía a alistar una gallina y le torcía el pescuezo, esas se vendían muy bien por ese saborcito que tienen, y lo otro que nos tocaba hacer era jorobar con las vacas. A veces el lechero nos recogía el tris de leche

(27)

27 o la vendíamos aparte en botellas de vidrio o plásticas, pero todo ha cambiado, ya vendí todas las vacas al matarife porque esos animales son muy costosos, con mucha pena eso sí porque en algún momento son la vida de uno y ahora sí que es cierto que todo se jodió porque ya casi que solo siembro para el consumo de la casa” (Rodríguez, 11 de diciembre 2018).

Con gran tristeza en sus palabras “ la señora Elvia,” me contaba sobre la historia que le había tocado en ese pedacito de tierra que le otorgó la vida. Al igual que muchos de mis vecinos, me contó sobre el deseo

de su familia por vender la finca para repartir la plata y así poder migrar

del pueblo para alejarse de la ruralidad, aprovechando que las cons-tructoras habían llegado poco a poco a cambiar el uso del suelo para construir urbanizaciones. Sus seis hijos quieren cambiar de actividades

para establecerse en Bogotá, porque ya nadie necesita de sus oficios

aquí. Uno de ellos tenía un taller de ebanistería el cual tuvo que cerrar por falta de recursos, los demás sembraban hortalizas por temporadas o trabajaban dentro de la informalidad. En este momento recuerdo una

pregunta que me realizó la señora Elvia al finalizar la entrevista: “¿Mija,

si ahora todo lo traen de fuera del país mucho más barato, desde la Chi-na o de donde los gringos, para qué seguir desgastándose?”. Trataba de responder refutando su pregunta, pero ciertamente hallé un poco de razón en sus palabras, ya que aún no se cuenta con autonomía sobre el mercado y cada vez los procesos globales lo hacen más difícil para las economías rurales. Pensé entonces en mi situación familiar. Esta pregunta que más parecía una declaración me hace pensar en la crisis económica del hogar y veo a mi tío vendiendo litros de leche a $900 al carro tanque cada mañana. En medio de la desesperación, y dado el aumento de los gastos en vacunas y demás necesidades del ganado,

entiendo cómo gradualmente se convierte en una ficha más de ese

engranaje monumental, rebajando el valor de su trabajo de manera silenciosa y despojándose de cualquier intensión de progresar.

(28)

reempla-28

zar la leche con lacto sueros, como ha invitado a pensar el senador Jorge Robledo. Dice la Superindustria, en este mismo estudio: Los em-paques son similares a la leche líquida y la leche en polvo”, “Traen en algunos casos imágenes de vacas o de productos del campo”, “Em-plean marcas denominativas que indican que el origen o el principal de sus ingredientes es la leche, tales como Agroleche, Tropileche, Puro Campo y Pura Vida”, “Se mercadean en las estanterías de la leche, ya sea en polvo o líquida”, “Los tiquetes de compra que se generan en

las pequeñas y grandes superficies los denominan leche”, “Hacen uso

de descriptores tales como UAT, UHT, pasteurizado, ultra pasteurizado, propios de la leche”, “En las góndolas de los supermercados se publici-ta el lacto suero como leche en promoción”. Unos “tienen según su

ro-tulado como ingrediente principal leche”. Y hay un caso que si no fuera

tan doloroso, sería hasta cómico. Dice la Súper: “Tiene como elemento principal agua, y, con todo se le denomina alimento lácteo7”.

7 Lo de los lacto sueros y el re empaque de leche, un engaño al consumidor. Transcripción de la intervención del senador Jorge Enrique Robledo en el debate so-bre lacto sueros y leche reempacada, Comisión Quinta, 31 de mayo de 2011. (Roble-do, 21 de junio de 2011)

(29)

29 Miremos además cómo la actitud de cálculo encaminada a confundir al consumidor genera una problemática que no se queda simplemente aquí. Proviene desde los ingresos de leche en polvo y lacto sueros de

países donde la tecnificación es alta como en el caso de Nueva Zelan -da, donde obtienen otros aditamentos que pueden adecuarse en un la-boratorio y que además, les evitan hacer uso de los productos extraídos por el pequeño productor, los cuales frente a la competitividad son vis-tos como leche sucia y enferma. Volviendo a ver al campesino promedio desde su minucia, sabemos que no imagina el producto de su trabajo como una empresa y que sus necesidades se orientan mayormente a cubrir y mejorar la economía del hogar.

Claramente hay una repetición en el oficio de quien trabaja en el cam -po pero a pesar de la rutina, se logra estar anclado a la humanidad de la familia. Sin embargo, como menciona Daniel Faucher a manera de

definición sobre el carácter de la rutina en el mundo rural y el colap

-so del mundo tecnificado: “Es una forma de resistencia pasiva que se

obstina en las prácticas habituales, cualquiera que sea la fuerza de los argumentos que se le pueda oponer. Es un rechazo a acoger, una es-pecie de oclusión del espíritu”[…] “Podemos observar que ningún otro grupo de trabajadores independientes, con capacidades de elegir la

naturaleza y la técnica de su trabajo, mantienen esta potente fidelidad”

(Faucher, 1982) Desde este punto, debemos manifestar cierta preocu-pación por la desaparición de estas prácticas repetitivas artesanales, oponiéndonos a la competencia entre los hombres y las máquinas, que

aunque puede sonar como algo traído de la ciencia ficción, no está tan

alejado de la realidad.

Las pequeñas familias de campesinos8 del mundo, que producen la

(30)

30

mayor parte de nuestros alimentos (más del 80% de la producción glo-bal) son las más afectadas por las altas temperaturas, las sequías y los desastres naturales. Sin embargo, para la industria, la solución se basa solo en unas semillas y unos cultivos altamente seleccionados, costosos y exigentes en términos de insumos químicos y tecnológicos. Dice la agroindustria que los agricultores y defensores de semillas nati-vas9 necesitan innovación, pero ellos –los agricultores piensan que no

necesitan acoplarse fuertemente a un modelo industrial.

Finalmente, en lo que sí tenemos claridad, es que los campesinos no son los únicos sujetos que resisten junto a sus familias para no extin-guirse con el movimiento continuo de la modernidad10, a esta

resisten-cia también se suman otro tipo de minorías, unas de las cuales son relatadas por Eduardo Galeano en su Libro de los Abrazos:

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la bue-na suerte, por mucho que los bue-nadies la llamen y aunque les pique la

el trabajo), la ansiedad por el veloz transcurso del tiempo es grande, como lo es la preocupación por la falta de tiempo para hacer las tareas.

9 Esta red se ha creado de la mano de custodios y guardianes de semillas que en su mayoría velan por mantener el carácter de sus territorios liberándolos de los agroquímicos, los miembros de la Red Semillas Libres de Colombia, han tenido que huir de la ley, por la cobertura legal que rige en el país semillas, sin embargo crea una resistencia dentro de la autogestión y la soberanía alimentaria sembrando en chagras y activando de otro modo la economía orgánica y rural. (Red semillas, 2019).

(31)

31 mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos. Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos hu-manos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata (Galeano, 1989).

En consecuencia, por su condición de minoría, estos sectores son los más desprotegidos por los grandes sistemas económicos, los cuales cargan consigo la peor paradoja. A nivel nacional, e incluso global,

exis-te la cantidad suficienexis-te de alimento para poder suplir a toda la pobla -ción y, sin embargo, en muchas zonas regionales la agroindustria ha llevado a la quiebra a campesinos, que se dedican a la agricultura de forma artesanal. Con la destrucción de los recursos naturales, la explo-tación desaforada de fuentes de agua y suelos, e incluso con el despla-zamiento forzado de estas comunidades; este monopolio ha logrado expropiar y desvincular casi totalmente de su labor a estos campesinos que han construido su vida en las zonas rurales del país. Muchos, como ya se sabe, terminan recurriendo a la mendicidad en ciudades capita-les, mientras otros terminan entregándose completamente a otra labor (mayormente informal) y alejada de cualquier proyecto de vida estable-cido con anterioridad. Tal como menciona Montaña:

La descomposición de las comunidades ha ampliado la oferta de mano de obra para los mercados laborales de las agroindustrias y empresas urbanas, pero la articulación de trabajadores a estas opciones ocurre en condiciones de informalidad y envilecimiento de la remuneración del trabajo (Fajardo, 2010, p.123).

Esta enajenación11 del “espacio cultivable” impulsada por la economía

(32)

32

global y las políticas públicas, conduce convenientemente a la pobla-ción (agricultora o no) a tener la necesidad de estar insertos en el siste-ma. A través de importaciones de alimentos, tratados de libre comercio y demás variantes, han incidido incluso en un cambio de dieta en la población crecientemente urbanizada.

...

En este punto quisiera añadir algunos discursos políticos que se han instaurado desde las teorías del desarrollo rural y la imagen de progso a nivel global, para observar otros aspectos que también pueden re-sultar corrosivos para las propuestas artesanales de los pequeños agri-cultores y productores lecheros. Claramente es necesario acercamos al contexto nacional para entender la razones del supuesto “atraso” del gremio campesino y, en últimas, de mi entorno familiar.

-Desde mediados de 1991 podemos recordar las reformas que tuvieron lugar con el presidente de ese entonces, César Gaviria Trujillo, quien abre uno de sus discursos con su frase célebre “Bienvenidos al Futuro”. Con estas palabras se dirigía a abrir camino a la internacionalización de la producción interna del país, con políticas de carácter neoliberal y la apertura de las fronteras económicas. Se abrió paso a una competencia injusta con productos importados, además de la entrada de productos a bajos precios y de alta calidad que impidieron la continuidad de empresas locales (muchas de las cuales se vieron obligadas a cerrar). Se empiezan a privatizar las empresas y los servicios públicos, la reducción de las importaciones y la apertura a los mercados externos. Esta economía hizo “ajustes necesarios” teniendo como resultado un descenso en los niveles de vida de la población, se prioriza el mercado dejando de lado el bienestar de

(33)

33 las personas (Escobar, 1994).

-La baja capacidad de enfrentar a los grandes estándares tecnológicos son obvios a primera vista, comparándonos con

países como EE. UU., Nueva Zelanda o la Unión Europea,

convirtiéndose en los primeros productores agrícolas en la lista a nivel global. Hacía los años ochenta y noventa se empezaron a estandarizar muchos procesos productivos, creando así un sesgo sobre el control de la producción en masa en la distribución de la leche y demás productos hortícolas adquiridos de la tierra. De esta manera, el pequeño productor empezó a padecer bajo la adhesión forzada de dichos intereses. Para Latinoamérica se abrió un conjunto de políticas compartidas a nivel global con el interés de abrir las economías y tranzar acuerdos de libre comercio con el también llamado Consenso de Washington, con el cual intentan lograr restructuraciones económicas de los sistemas quebrados, producto de las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, dadas las distancias culturales y diferencias sociales,

geográficas y económicas este proyecto tuvo un impacto.

-En muchos aspectos se incentivó el uso del modelo extranjero como muestra del camino correcto de esta manera se puede observar que el discurso del desarrollo económico tiene fuerte presencia dentro de la sociedad latinoamericana, provocando la aceptación y seguimiento de la ideología consumista proveniente de países “desarrollados como potencias mundiales”.

-La temida Revolución Verde desarrollada como una propuesta de aumento de la producción agrícola por medio de la inserción

de tecnologías imponentes tiene como finalidad beneficiar

(34)

34

-La creación del D.R.I (Desarrollo Rural Integral) se da hacía el

año 1976, con el objetivo de otorgar un apoyo total al campesino

por medio de entes capacitadores y educadores, mediante apoyo tecnológico; para así poder involucrar activamente estas pequeñas economías campesinas; en una vista general es algo positivo sin embargo no resultaba serlo por el direccionamiento que este programa contenía. Para participar había que tener cierta cantidad de terreno y demostrar una producción aceptable para poder responder satisfactoriamente con el objetivo. En el desarrollo normal del proceso llegado el año 1980, se disparó el efecto del neoliberalismo y se dio una absurda reducción presupuestal.

Para cerrar este fragmento, es importante señalar la situación agraria que sostuvo Colombia en el siglo XX, en la cual el desarrollo capitalista de varias regiones del país involucró la explotación de distintas pro-puestas agrícolas, que pasaron por épocas de violencia y bonanza en medio de reformas agrarias. Desde este periodo, alrededor de 1957, en las diversas regiones hubo un estancamiento industrial, con una alta migración de campesinos a la ciudad, ante lo cual, como

(35)

35

CAPÍTULO II

A LA GALLINA SE LE MATA TORCIÉNDOLE EL PESCUEZO

CONDICIONAMIENTO Y CONFINAMIENTO

En esta parte del texto me es de entera necesidad poner en la balan-za estas dos preguntas: ¿Cómo afecta la industrialibalan-zación del trabajo y la producción en serie a las pequeñas producciones artesanales? y ¿Cómo sus estándares de calidad imponen normativas y condicionan las formas de actuar de los agricultores? Para responder a estas inda-gaciones es fundamental tener presente la desaparición casi silenciosa de ciertas labores artesanales y es necesario pensar, también, qué su-cede dentro de los sistemas productivos y el posible infortunio que pue-den generar las nuevas tecnologías. Junto con la llegada de las largas bandas de producción o “producción en serie” que instaló el modelo “Fordista”, se vieron llegar cantidades de maquinarias especializadas que estarían dispuestas a dar un giro de 180° en toda la cadena pro-ductiva. Las necesidades que acarrean el crecimiento poblacional han ido gestando o acoplando nuevos espacios laborales diseñados con

propósitos específicos, divididos en tiempos concretos y para ejercicios

mecánicos funcionales. Estos nuevos ambientes laborales no sólo han

mutado los antiguos, sino que también se establecen como una figura

de poder inamovible para el campesino. Como dice Antunes:

(36)

36

Hacía los años sesentas y setentas, luego de La Segunda Guerra Mun-dial, se podría decir que hay una evolución en Asia, Europa y EE.UU. que busca la estabilización de los sistemas económicos y la optimización

de los flujos de trabajo. En Japón, para este tiempo, nace la idea de la

creación de los sistemas de producción en cadena, que según algunas

teorías, estaría inspirado en la filosofía Kaisen, cuyo propósito es elimi -nar residuos y desperdicios de forma sistemática para generar estabili-dad y mejoras desde unos principios básicos acuñados a:

-Un sistema de calidad completo.

-Un sistema de producción que se mueve “Justo a tiempo”. -Mantenimiento productivo total.

-Mejora continua.

-Sistema Jidoka /procesos automatizados. -Poka-Joke /a prueba de errores.

-Reducción de costos.

-Trabajadores multifuncionales que puedan ayudar a mejorar la

eficiencia del sistema.

Estos sistemas de producción capitalistas incorporan la fuerza de tra-bajo como una mercancía, produciendo una relación alienante con las experiencias laborales. Todo el espectro de la complejidad humana que-da relegado bajo el motivo funque-damental de la subsistencia. Pensemos entonces en los rezagos que deja la explotación laboral, al pagar con salarios denigrantes por jornadas de trabajo que a veces suman más de ocho horas. Esta constante desvalorización conduce a una inestabi-lidad económica que genera diariamente la sensación de incertidum-bre, dado que en cualquier momento la posibilidad de un remplazo es inminente. Muchos de los sectores económicos tienen que lidiar con estas condiciones o asumir (en últimas) la vida desde la informalidad,

como lo identifico desde mi nicho familiar o mi propia experiencia. Es

de esta manera que los conglomerados industrializados y anclados a la

idea de progreso modifican drásticamente la intervención de la mano

(37)

37 con los pequeños mercados y las tierras productivas de familias cam-pesinas se vuelve cada vez más desalentadora.

Entendiendo ya de por sí, que la mano de obra humana se desgasta

fácilmente y que no resulta eficaz para las necesidades veloces de las

sociedades contemporáneas, su intervención se convierte en un bache para la producción y es remplazada con un chasquido de dedos por una

máquina. Ya teniendo a la mano una cadena que es capaz de suplir

ciudades enteras, pensar en volver a la fabricación artesanal tanto de alimentos como de herramientas se vuelve impensable.

Como todos los sistemas racionales, la organización científica del tra -bajo tenía sus propias irracionalidades. Sobre todo, se trataba de un sistema deshumanizador en el que se trataba a las personas como animales o robots. Esto es, a los trabajadores sólo se les exigía realizar una o muy pocas operaciones, con lo cual no utilizaban la mayoría de sus capacidades. Finalmente, esta situación provocó desastrosas con-secuencias cuando la industria estadounidense se vio superada por la japonesa, que encontró una manera no sólo de ser formalmente racio-nal, sino también de utilizar al máximo la capacidad de sus trabajado-res. Aunque ya no se oye hablar de Taylor y del taylorismo, sus ideas han conformado la manera en que se lleva a cabo el trabajo,

(38)

38

mente el manual. Los restaurantes de comida rápida, al menos implí-citamente, se han inspirado en el taylorismo al organizar el trabajo de sus empleados. En este tipo de restaurantes el trabajo se encuentra altamente racionalizado, con el objetivo de descubrir la mejor y más eficaz manera de hacer una hamburguesa a la plancha, freír un pollo, o servir un menú. McDonald’s no inventó estas ideas, pero las puso en práctica -junto con los principios de la organización burocrática (de la que ya hemos hablado) y los de la cadena de montajes para contribuir así a la creación de la Mcdonalización12 (Ritzer G,1996).

Este último modelo de trabajo citado anteriormente, ha tratado de convencer al comprador-consumidor sobre la garantía que va adquirir sobre los productos, ofreciéndole comodidad en los establecimientos, confort, límites e indicaciones funcionales sobre el espacio con los que va a interactuar y arabescos que ya hacen parte de toda una cultura de consumo. La “Mcdonalización” está inserta en el sistema, del mismo modo que el “Time Management13” y ambas representan el mismo objetivo. Establecer un flujo de trabajo rápido y juntarlo al imaginario

de que el producto (por como se ve) está en el mejor estado para con-sumirse.

Esas macropolíticas alimentarias mundiales ya están siendo parcial-mente consolidadas, se considera que (...) las mayores empresas alimenticias del mundo (Nestlé, Monsanto, Bungue, Dreyfuss, Kraft Foods, Pepsi-cola, Coca-Cola, Unilever, Tyson Foods, Cargill, Marte, ADM, Danone) controlan el 26% del mercado mundial, y 100 cadenas de venta directa al consumidor controlan el 40% del mercado global (...) Resumiendo, una absurda minoría de empresas y unos cuantos multimillonarios que poseen sus acciones, controlan gran porcentaje de los alimentos, agroindustrias y de los mercados básicos para la

12 Ritzer postula la idea de la influencia social de la vida burocratizada del siglo XXI, es un reflejo claro de los restaurantes McDonals ya que se han convertido en un espejo del condicionamiento social en la relación

instrumental y automática que influye negativamente en las personas.

(39)

39 sobrevivencia, como los de la alimentación y de la salud. Eso permite una pesada injerencia sobre las políticas nacionales e internaciona-les, amoldando a su conveniencia las regulaciones y los modelos de producción y consumo que se aplican en los países (Ribeiro, 2008).

LAS VACAS SE ORDEÑAN COMO POR ARTE

DE MAGIA

Después de ver los modelos de producción presentados anteriormen-te me queda mostrar las dos caras opuestas del ordeño manual y el industrializado. Desde un inicio narré lo que ha sido una invariable en-trada económica en el ambiente de mi hogar a partir de la experiencia de mi abuela y de mi tío. Sin embargo, aún falta hablar de mis padres,

quienes también llevaron a cabo el oficio del ordeño durante un periodo

corto. Desde aquí también tuve algunas experiencias que multiplicaron

mi interés hacia el oficio desde otros puntos de vista. Lo primero fue la

cría de los terneros. Crecí viendo de primera mano el proceso de su

(40)

40

cimiento y la totalidad de su ciclo de desarrollo hasta que se convierten en vacas. Algunas se morían tronchadas, otras se las robaban o sim-plemente las vendían. Durante este ambiente profundamente familiar, entendí que entablar relaciones con esos seres es de las cosas más importantes de esta práctica, dado que ayuda a comprender de cer-ca las necesidades de cer-cada una. Al mantener números más pequeños de animales es posible tener un panorama de sus particularidades y brindarles su espacio merecido. La mayoría de ellas se alimenta con melaza, sal, pasto e incluso hay otras que comen concentrado. Todo de-pende, en muchas ocasiones, de cómo esté la economía del pequeño productor, pero aunque no siempre es posible alimentarlas del mismo modo, la constante de buen trato siempre se mantiene.

Hacia 1830 y 1860 se tiene registrada la primera vez que se quiso

mejorar el ordeño con la tecnología de ese momento. Esta práctica mi-lenaria necesitó un sistema mucho más rápido para optimizar el tiempo y aumentar la producción; se experimentó de distintas maneras según se registra en algunas fuentes. En ese entonces se introducía una

suer-te de pajilla o tubo por la ubre para que fluyera la leche, también se

experimentó con rodillos y objetos que exprimían el pezón al punto de rasgar y crear daños físicos para la vaca. Hodges y Brokedon (de origen británico) observaron también a partir del conocimiento hidráulico, las posibilidades del vacío, donde se han creado sistemas de succión

mu-cho más eficientes. Es así como llegan a un prototipo que desarrolla

(41)

lle-41 gando al nivel de robots como el “Lely Astronaut A5”que propone:

El nuevo robot de ordeño Astronaut A5, compatible con el A4, encaja como un guante en la visión de Lely. Alexander Van Der Lely se sien-te muy orgulloso de presentar essien-te nuevo y revolucionario producto: “Nunca antes ordeñar una vaca había sido tan fácil y cómodo tan-to para el ganadero como para la vaca. El Astronaut A5 contribuye a nuestro propósito de facilitarles la vida a los ganaderos, contribuir al éxito de sus negocios y ponerles en bandeja un futuro brillante tanto a ellos como a sus familias. Por eso hemos escuchado a los gana-deros a lo largo de todo el desarrollo del producto, y hemos probado concienzudamente el Astronaut A5 de Lely con ganaderos de todo el mundo. Como sucede con todos nuestros productos, son ellos quienes en definitiva determinan la medida del éxito de este nuevo Astronaut (Lely, 2019).

Sorprende bastante los avances que se han tenido frente al aumento de la capacidad productiva, no obstante, cabe decir que estas tecno-logías tienen precios muy elevados y están dispuestas en su mayoría

para países del primer mundo. Es claro que esto influye en gran manera

(42)

42

sobre las relaciones productivas de los ganaderos y se relaciona a su

vez con el aumento de actividades agropecuarias masificadas, encon -trando espacio de comercialización en el mercado global de alimentos tras la agroindustria. Si pensamos en ambas miradas, las condiciones

son suficientemente dispares. ¿Qué efectos genera la máquina en el ordeñador? Y ¿Cómo se pueden comportar las vacas frente a estos

mecanismos? para responder a estas preguntas es necesario

adentrar-nos completamente en la influencia que tiene, ha tenido y seguramente

tendrá la tecnología sobre los procesos ganaderos y en general, sobre todas las industrias alimenticias. Es así como Ritzer hace foco sobre

los supuestos beneficios que la “máquina” les otorga a las vacas y, por

supuesto, a los ganaderos.

Mediante el rígido control del tamaño del establo y de la dieta, los productores de carne pueden incrementar dos factores cuantificables: la producción de la mayor cantidad de carne en el tiempo más breve posible y la obtención de una carne de vacuno más tierna, más blan-da y, por tanto, más deseable. Los terneros a los que se les permite pastar libremente por el campo tienen una carne más dura y menos apreciada. De esta manera, la producción de pollos, huevos y carne ha sido testigo de la transición desde unas granjas y unos ranchos pequeños y más humanos a la utilización de la tecnología. Como es obvio, tales tecnologías conllevan un mayor control sobre los animales que producen la carne, incrementando, por tanto, la eficacia, el cálcu -lo y la previsión de esa producción. Además, de esta manera se ejerce un control sobre los trabajadores de las granjas. Por ejemplo, dejados a su libre albedrío, los rancheros pueden proporcionar a una ternera una alimentación equivocada, o darle muy poca comida o permitirle hacer demasiado ejercicio. Estas posibilidades quedan eliminadas en los ranchos-factoría estrictamente controlados. De hecho, como estos ranchos presentan un elevado grado de automatización, se elimina virtualmente la intervención de la mano humana (y sus imprevistos) (Ritzer, 1996).

(43)

43 menos a nivel mundial. Lo podemos condensar en un final trágico para

las vacas por los tiempos que sufren de explotación y sufrimiento desde donde podemos observar:

- Terneros arrancados de sus madres unas horas después del nacimiento.

- Terneros y vacas en condiciones precarias. - Vacas con mastitis y heridas por las máquinas. - Vacas con heridas de pezuñas.

- Vacas obligadas a vivir en espacios estrechos y sucios, cubiertas de caca y barro.

- Vacas sin acceso a pastales, a diferencia de lo que se muestra constantemente en los anuncios de granjas lecheras.

- La sistematización y mecanización de todo el proceso productivo, alienante y mecánico para animales como lo vimos anteriormente. Con esto, es notorio cómo la visión tecnológica de las labores se

esta-blece como un beneficio para ambas partes. Según lo citado por Ritzer,

no existe duda alguna de que el control absoluto sobre la vida y crianza de los animales (o las vacas en este caso) es un avance para la huma-nidad y algo que no se podría poner en duda de forma razonable. Es así

como la tecnificación de estas prácticas se ha vuelto ya una especie de

lucha de poderes entre la industria y el ganadero que decide si estar o no en contra.

Notablemente desde el tránsito de los años 60’s y 80’s el desarrollo

(44)

44

También es de primera necesidad tener compasión con ese mundo animal, el cual sufre las consecuencias de nuestro consumo desafo-rado, del mismo modo en las consecuencias de la industrialización de la producción de carne y otros subproductos animales, podemos ver la presencia de dos elementos fundamentales: la mecanización de los procesos de cría, transporte y matanza de los animales son una fuen-te de apreciable dolor físico, sufrimiento psicológico y maltrato para todos los animales (Donoso, 2014).

Con la Revolución Verde se ha intensificado los grandes criaderos de

animales para: pollos, cerdos, vacas, estos han sido sacados del cam-po, donde podían pastar con un poco más de espacio, a ser encerra-dos en condiciones hostiles para mataderos o criaderos o plantas de procesamiento. Este proyecto modernizador comenzó a tratar al campo

y sus productos bajo la misma premisa de eficiencia y eficacia en la

producción de alimentos para una sociedad que planteaba una cre-ciente demanda de productos al sector agrícola. En ese sentido es de entera necesidad destacar la importancia de la producción campesina artesanal, ya que entiende desde el autoconsumo su responsabilidad frente a sus labores al obligarse a producir de una forma agroecológi-ca14 responsable.

SOCIEDAD ULTRAPROCESADA

Partiendo de algunos apuntes de la sección anterior, pude observar algunos propósitos del aumento acelerado en la oferta agroindustrial de productos y objetos de consumo, nacidos en el arquetipo idealizado de la estandarización de los procesos. Desdé aquí se pueden entender

(45)

45 algunos aspectos que han naturalizando la inestabilidad y precariedad del campo partiendo de una perspectiva cuya visualidad se traslapa de utilidad y competitividad, en aras de vender y producir más. Por lo tanto y desde esa postura de la agroindustria, se ha jugado con la imagen publicitaria, por lo que en algunos casos se romantiza la visión del cam-po, creando una pantalla para desdibujar las brechas de desigualdad que establece ella misma, desde la economía y la desprotección social sobre la condición campesina.

Esta proyección se ha realizado desde el marketing por distintos ca-nales de difusión ofertando: mantequillas, quesos frescos, leche, are-quipes, margarinas, leche en polvo, leche desnatada, deshidratada, deslactosada, en polvo, yogurt, queso, leche condensada, semidescre-mada, UHT, entre otros subproductos. Desde la perspectiva de amino-rar costos, resultan ser carentes en su contenido nutricional al no tener valores verídicos, puesto que son diseñados en laboratorios, quitando en muchos casos los valores nutricionales de derivados de la leche, lo que se ha entendido para algunos autores como una banalización de la calidad nutricional.

Desde luego este modo de ver ha creado una naciente, artificialización de la agricultura por el uso creciente de insumos de origen industrial, la agro industrialización15 de los alimentos, la estandarización mundial

de los hábitos alimenticios de la población y la manipulación industrial

(46)

46

para la oferta de alimentos con sabores, olores y apariencias similares a los naturales, sumados al aumento de la oligopolización16 de los

controles corporativos de las cadenas productivas alimentarias, nos indican, entre otros factores, que inversamente a la construcción de soberanía alimentaria, se encamina a una tiranía de la dieta, homoge-neizada y manipulada, en búsqueda de altos lucros para las grandes corporaciones agroindustriales (Martens De Carvalho y Stedile, 2010).

Desde esta manipulación tenemos todo el tiempo estereotipos que im-peran sobre nuestros deseos, en nombre de lo que debemos consu-mir, para cuidar nuestro estómago, nuestras defensas, para mejorar nuestro organismo; todo el tiempo estamos siendo conducidos a llevar dentro de nosotros ansias vacías de consumir más.

Nuevamente puedo establecer otro par de preguntas que me surgen al

16 Es la forma que halla la industria para establecer acuerdos con mercados con la finalidad de establecer acuerdos entre vendedores para reducir la competencia y elevar los precios en los productos.

(47)

47 ver distintos productos lácteos en una nevera de un almacén de cade-na, ¿qué es, realmente, eso que consumimos?, ¿la leche y sus demás productos derivados son lo que realmente dicen ser?, desde mi niñez empecé a ubicar famosos anuncios comerciales. En los cuales se intro-ducían (y aún hoy lo hacen) contenidos pegajosos con una publicidad llamativa, en las que se advertía la inclusión campesina del trabajo ma-nual o de la felicidad de la familia, con emblemas de campaña como: en el aviso publicitario de la margarina Campi ¨el sabor real del campo¨ en él se presentan a los animales conversando sobre la importancia de consumir lo que aparentemente viene del campo, al igual que la publi-cidad para leche entera de la empresa Colanta y Alpina:

- Colanta muestra a un campesino con un equipo tecnificado

diciendo:

desde niño mis padres me enseñaron a cuidar las vacas, porque dán-doles amor ellas nos dan lo mejor del campo, por eso lo que yo hago sabe a tradición” (…). En este fragmento se introduce a una familia y se resalta la figura de la madre diciendo “por eso alimento a mi familia con esta leche, nutritiva, deliciosa y natural como el campo colombia-no (…) Colanta sabe más a campo (Colanta, 2017).

- Alpina muestra a un joven con unas cantinas montadas en una bicicleta, saludando a un campesino y empieza la narración de fondo:

No todas las leches son iguales, leche Alpina es especial y en cada vaso ponemos toda la naturaleza ¿sabes por qué?, empezamos apo-yando nuestro campo, para tener vacas saludables, apoyamos a nues-tros campesinos y los ayudamos a tecnificarse, para entregarle la me -jor calidad.

(48)

48

por eso recogemos leche cincuenta veces más limpia, luego la refrige-ramos el 100% de su camino y la enriquecemos para maximizar sus beneficios con los mejores estándares de calidad, de esta forma te ofrecemos un porfolio amplio y te garantizamos, la única leche Colom-biana, premiada por su sabor en el mundo. Ahora ya lo sabes, hacerla nos cuesta, por eso cuando la sirves, la ves más cremosa, no es agua-da; darle lo mejor a tu familia no tiene precio; no te conformes con darle leche a tu familia, ¡Dale leche Alpina, Alpina alimenta tu vida! Lo anterior se menciona mientras introducen la imagen de una familia (Alpina, 2018).

A mi parecer esta insistencia para mantener atada la imagen de la na-turalidad del campo, no sólo se reproduce corporativamente en estas dos empresas, muchas otras también basan su publicidad en este

mis-mo principio, para justificar mis-moralmente la producción masificada. Pero

(49)

49

CAPITULO III

El QUE TRABAJA NO COME PAJA

NI JARTA AGUA CÓMO BUEY

REFERENTES

En este fragmento, espero unificar un poco el aspecto sistematizado de

la modernidad con el aspecto artístico. Ambos campos parecen

des-ligados el uno del otro, pero realmente se unifican con las reflexiones

y experiencias de las que parten algunos artistas. A estos artistas los resalto por su astucia para comprender el mundo que abre las puertas de cada época, desde los distintos niveles de desarrollo, enfrentados a cambios sociales y tecnológicos, donde se ve inserta la parte humana.

Georg Andreas Böckler

Para este primer acercamiento hallé gran interés en unos grabados que

(50)

50

(51)

51 Francis Picaba

Como se recuerda, hacia el año 1915, se abre campo el Dadaísmo

Neo-yorquino, el cual empieza a cuestionar la figuración de las escuelas tra -dicionales con Marcel Duchamp. Este encuentro sucede paralelamente con las ironías del progreso que se va haciendo notorio en Europa para este momento, por lo cual, Picabia, por su parte empieza a desarrollar un periodo de máquinas inútiles y de anti-mecanismo, haciendo alusión al vació del progreso. Podemos pensar que su interés se vio atravesado por la automatización y la creación de máquinas industriales, lo cual condujo a la evidente transición progresiva del capitalismo construyen-do para sí una hegemonía técnica y un aumento económico, construyen-donde se involucró grandemente los sistemas eléctricos, la ciencia y la ingenie-ría de forma productiva. Este progreso sistemático reveló posibilidades materiales al Fordismo, que como lo comentamos en fragmentos an-teriores, condujo a una gran alienación del sujeto donde se produjo una condición proletaria que no tuvo escapatoria a las desigualdades sociales.

Una de las cosas que me parece importante destacar es el increíble manejo visual de este artista, quien se remitía fuertemente a la iro-nía del Dadaísmo para rebatir de forma estética, el ritmo creciente del desarrollo técnico encontrando belleza e ironía en el obrero y su rela-ción con la máquina. Los observaba como dos cuerpos, que se podían

engranar de forma artificial, cuestionando la visión de las clases altas

por hacer proliferar las utopías del progreso. Esto lo llevó a empezar a componer metáforas distópicas, sobre la sexualidad de las máquinas en la unión necesaria entre la máquina y su humanidad, observándolas también como un sistema huérfano e inútil; en este periodo desarrolló máquinas solteras, masturbatorios, retratos hechos a partir de engra-najes que no realizaban ningún trabajo concreto, quizás para poner su

postura de lo que significa la producción como un esquema lleno de

(52)

52

(53)

53 Arthur Ganson

Atrapados en una relación simbiótica, tanto el wishbone17 como la

máquina son incapaces de manifestarse plenamente sin el otro. Arras-tramos nuestros pasados con nosotros y nos movemos según fuerzas invisibles. Cada vez más, nos conectamos con el mundo a través de nuestras creaciones mentales y tecnológicas (Ganson, 1998).

Me parecen muy interesantes los aspectos de creación y diseño que emplea este artista en su propuesta plástica; sugiere un profundo in-terés por la mecánica y la ingeniería, moldeando sus conocimientos desde el arte, en el cual descubre gran entusiasmo por simplicidad, cómo primordial insumo para mecanismos y esculturas inspiradas en sueños alegres, e infantiles, moldeados por la materia metálica, guiada

por la insignificancia de un pequeño hueso. En su trabajo, hallo bas -tante planeación, ningún engranaje sobra, todo ayuda a darle fuerza a sus estructuras; sin embargo, es preciso entender que cada una de sus

creaciones no llevan a un fin, y también se vuelven inútiles. Pienso que la coherencia de su obra, es la de un creador de artefactos ficcionales

que evocan una respuesta emocional de quien observa, de igual ma-nera empecé a ver su obra para hacerme a una idea de la visibilidad y

flexibilidad de los mecanismos en su ejercicio plástico.

(54)

54

(55)

55 Michael Wolf

Curiosamente encontré a este fotógrafo, al buscar en Google, “líneas

de producción”. Me llamó la atención, la Fig.18 en particular por el flujo

y las características de la foto, creí que haría parte de algo relacionado a un punto de entrega de un restaurante. Pero al observar la galería de

imágenes, descubrí esta serie fotográfica llamada The Real Toy Story,

con la cual este fotógrafo alemán, posteriormente haría una instalación de muchos juguetes anclados a una pared, sumados a las fotografías

para crear un efecto masificado de producción. Me parece un referente por la perspectiva que genera sobre el efecto rutinario y masificado

del trabajo. En la Fig.17 ubiqué un contraste llamativo, tanto por el co-lor como el contenido de la imagen, hace pensar en: ¿esta foto habría sido captada en su tiempo de descanso? ¿Cuántas vacas tendrá que hacer al día? ¿Qué tantos personajes pasarán por sus manos a diario? ¿Cuánto tiempo tardará cociendo y ensamblando cada parte de ese juguete? ¿Disfrutará de su trabajo? En general esta serie me produjo preguntas similares, ya que me parece que en todos los casos, se re-trata la situación de enajenación del proceso, pero me gusta realmente

porque detienen por unos segundos el flujo industrial para dejar ver el

(56)

56

Fig. 17. Chinese Factory Workers. Michael Wolf. (Sin fecha).

(57)

57 Colectivo C.A.D.A

Me interesó este grupo de artistas interdisciplinares chilenos que re-visaron e intentaron poner frente a los problemas alimentarios y de pobreza dotando de un valor simbólico al insumo lácteo básico para la alimentación. Con esto buscaron enfrentarse a la situación política represiva hacia el ciudadano promedio y al gremio de artistas censura-dos en medio de la dictadura de Pinochet en los 70tas. De este modo, deciden salir a la calle a retratar por medio de la fotografía y el video encontrando un cotidiano quebrado, con las esperanzas rotas;

contraa-tacando los límites establecidos para generar una re significación a los

imaginarios políticos dado el momento crítico, resaltamos una acción colectiva titulada: “Para no morir de hambre en el arte” la cual se reali-zó en conjunto, llevando de casa en casa bolsas de leche para la pobla-ción por medio de la empresa Soprole. Las bolsas de leche que fueron entregadas, fueron estampadas en su mayoría con ½ litro de leche, algunas de estas no fueron repartidas de modo que empezó su proce-so de descomposición siendo un insumo que refería simbólicamente la descomposición de los cuerpos sociales, la deformación del estado.

¨Imaginar esta página completamente blanca accediendo a todos los rincones de Chile como la leche diaria a consumir”.

(58)

58

(59)

59 Interferencia. Net

Nace como un proyecto de autogestión que toma dirección por medio de los correlatos de campesinos de Guasca Cundinamarca. Son ellos los actores detonantes en el proceso de resistencia enfrentada a los sistemas industriales con el fuerte trabajo de la tierra y el ordeño en aras de preservar la seguridad alimentaria. Algunos de los proyectos que han realizado dan cuenta de un acercamiento respetuoso sobre las prácticas tradicionales. Me parece importante traerlo aquí, porque me acerqué a este colectivo por un taller de Odeón donde se explicarían algunas contradicciones del campo, desde la realización de comida de forma comunitaria, dónde, además, se invitó a pequeños productores a contar desde su propia experiencia cómo se ven enfrascados en el progreso.

Glosario de términos para la vida

Este proyecto liderado por Jimena Andrade mezcla el conocimiento eru-dito de conceptos como: trabajo, capital, autogestión, neoliberalismo por medio del video arte; partiendo de la explicación pragmática de un sujeto que convive con estos conceptos de manera directa.

(60)

60

Fig.20. Glosario de términos para la vida. Glosario de térmi

(61)

61 Abel Barroso

En medio del proceso creativo por sugerencia del maestro Ángel Alfaro, encontré a este artista cubano, quien tiene gran sensibilidad por el tra-bajo del grabado en la inclusión de objetos tridimensionales como plan-chas entintadas que al ser ensambladas se convierten en objetos, pese a que la inclinación de su trabajo tiene una óptica un poco más pun-tual hacia el arraigo de su territorio en la lucha migratoria, entiende las fronteras como un medio de diálogo surrealista, desde el cual se cons-tituyen las condiciones arbitrarias que tiene cada nación, referenció la dicotomía existente entre países y continentes. Posicionado desde la frontera, en esas injusticias traídas desde su contexto, empezó a cons-truir objetos preguntándose por la precariedad de su nicho, inventando desde la escasez, para crear las herramientas que necesita la isla, en

cuestiones tecnológicas. “Yo me creé, además, una especie de marca

tecnológica Mango Tec, en el año 2000 aproximadamente. Empecé a hacer computadores, cajeros automáticos y actualmente hago móviles y tablets, también todos de madera” (Barroso, 2018).

Su poderosa obra emerge desde la década de los noventa, tomando en cuenta el giro que empezaba a tener el arte latinoamericano, des-entrañando las miradas existentes desde la otredad, propiciando gi-ros en los discursos de las imágenes de poder y dominación de países del primer mundo. Este tipo de subversión se torna muy interesante al ver la dimensión política que tiene a su alrededor, con la que convi-ve, desde la cual se encarga de crear un chiste sobre su propia

condi-ción tercermundista, con una doble intensión, en la que él filtra a una reflexión crítica sobre las condiciones que aún perviven en las ansias

de desarrollo. La autenticidad de su crítica observa detenidamente las

desigualdades y las desventajas como un vehículo para resignificar los

(62)

62

Es franja de rebote de los patrones y modelos, generadores de hetero-geneidad (de diversidad y de multiplicidad) en la medida que descom-ponen el imaginario previamente estratificado al modificar la superpo -sición de sus capas (Richard, 1989).

Esta última cita la tomo desde la postura de reacomodar los roles de su lenguaje para trastocar las complejas condiciones de Cuba, entendien-do a fonentendien-do el legaentendien-do histórico de su nación, para rediseñarlo por medio de la técnica y la imaginación.

Abarcando mis intereses hacia la obra de este artista, de forma más concreta, pude ubicar algunas piezas que a mi parecer son altamen-te contundenaltamen-tes y que permitieron ver otras perspectivas y formas de abordar la problemática del territorio. Dentro de sus propuestas hay una gran insistencia por crear máquinas o artefactos que puedan ser

Figure

Actualización...

Referencias

Actualización...

Related subjects :