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LAS VACAS SE ORDEÑAN COMO POR ARTE DE MAGIA

In document Suero (página 39-44)

Después de ver los modelos de producción presentados anteriormen- te me queda mostrar las dos caras opuestas del ordeño manual y el industrializado. Desde un inicio narré lo que ha sido una invariable en- trada económica en el ambiente de mi hogar a partir de la experiencia de mi abuela y de mi tío. Sin embargo, aún falta hablar de mis padres,

quienes también llevaron a cabo el oficio del ordeño durante un periodo

corto. Desde aquí también tuve algunas experiencias que multiplicaron

mi interés hacia el oficio desde otros puntos de vista. Lo primero fue la

cría de los terneros. Crecí viendo de primera mano el proceso de su na-

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cimiento y la totalidad de su ciclo de desarrollo hasta que se convierten en vacas. Algunas se morían tronchadas, otras se las robaban o sim- plemente las vendían. Durante este ambiente profundamente familiar, entendí que entablar relaciones con esos seres es de las cosas más importantes de esta práctica, dado que ayuda a comprender de cer- ca las necesidades de cada una. Al mantener números más pequeños de animales es posible tener un panorama de sus particularidades y brindarles su espacio merecido. La mayoría de ellas se alimenta con melaza, sal, pasto e incluso hay otras que comen concentrado. Todo de- pende, en muchas ocasiones, de cómo esté la economía del pequeño productor, pero aunque no siempre es posible alimentarlas del mismo modo, la constante de buen trato siempre se mantiene.

Hacia 1830 y 1860 se tiene registrada la primera vez que se quiso

mejorar el ordeño con la tecnología de ese momento. Esta práctica mi- lenaria necesitó un sistema mucho más rápido para optimizar el tiempo y aumentar la producción; se experimentó de distintas maneras según se registra en algunas fuentes. En ese entonces se introducía una suer-

te de pajilla o tubo por la ubre para que fluyera la leche, también se

experimentó con rodillos y objetos que exprimían el pezón al punto de rasgar y crear daños físicos para la vaca. Hodges y Brokedon (de origen británico) observaron también a partir del conocimiento hidráulico, las posibilidades del vacío, donde se han creado sistemas de succión mu-

cho más eficientes. Es así como llegan a un prototipo que desarrolla

a mayor profundidad la teoría, creado por el estadounidense Colvin, con una máquina llamada “bomba de diafragma con cuatro embudos de caucho”. Mientras tanto, se va pensando en las otras necesidades del aumento productivo, por lo cual van indagando en la conservación de tanques de leche para el enfriamiento y la posterior conservación. Desde 1920 se tiene en cuenta algunos otros principios sobre las tube- rías o cañerías como sistema de drenaje, donde se empezaba a evitar el contacto de la leche con las personas, llegando a lo que hoy vemos como máquinas de ordeño de línea baja, máquinas de ordeño de línea media, máquinas de ordeño de tarro, colectores o garras, inclusive lle-

41 gando al nivel de robots como el “Lely Astronaut A5”que propone:

El nuevo robot de ordeño Astronaut A5, compatible con el A4, encaja como un guante en la visión de Lely. Alexander Van Der Lely se sien- te muy orgulloso de presentar este nuevo y revolucionario producto: “Nunca antes ordeñar una vaca había sido tan fácil y cómodo tan- to para el ganadero como para la vaca. El Astronaut A5 contribuye a nuestro propósito de facilitarles la vida a los ganaderos, contribuir al éxito de sus negocios y ponerles en bandeja un futuro brillante tanto a ellos como a sus familias. Por eso hemos escuchado a los gana- deros a lo largo de todo el desarrollo del producto, y hemos probado concienzudamente el Astronaut A5 de Lely con ganaderos de todo el mundo. Como sucede con todos nuestros productos, son ellos quienes en definitiva determinan la medida del éxito de este nuevo Astronaut (Lely, 2019).

Sorprende bastante los avances que se han tenido frente al aumento de la capacidad productiva, no obstante, cabe decir que estas tecno- logías tienen precios muy elevados y están dispuestas en su mayoría

para países del primer mundo. Es claro que esto influye en gran manera

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sobre las relaciones productivas de los ganaderos y se relaciona a su

vez con el aumento de actividades agropecuarias masificadas, encon- trando espacio de comercialización en el mercado global de alimentos tras la agroindustria. Si pensamos en ambas miradas, las condiciones

son suficientemente dispares. ¿Qué efectos genera la máquina en el ordeñador? Y ¿Cómo se pueden comportar las vacas frente a estos

mecanismos? para responder a estas preguntas es necesario adentrar-

nos completamente en la influencia que tiene, ha tenido y seguramente

tendrá la tecnología sobre los procesos ganaderos y en general, sobre todas las industrias alimenticias. Es así como Ritzer hace foco sobre

los supuestos beneficios que la “máquina” les otorga a las vacas y, por

supuesto, a los ganaderos.

Mediante el rígido control del tamaño del establo y de la dieta, los productores de carne pueden incrementar dos factores cuantificables: la producción de la mayor cantidad de carne en el tiempo más breve posible y la obtención de una carne de vacuno más tierna, más blan- da y, por tanto, más deseable. Los terneros a los que se les permite pastar libremente por el campo tienen una carne más dura y menos apreciada. De esta manera, la producción de pollos, huevos y carne ha sido testigo de la transición desde unas granjas y unos ranchos pequeños y más humanos a la utilización de la tecnología. Como es obvio, tales tecnologías conllevan un mayor control sobre los animales que producen la carne, incrementando, por tanto, la eficacia, el cálcu- lo y la previsión de esa producción. Además, de esta manera se ejerce un control sobre los trabajadores de las granjas. Por ejemplo, dejados a su libre albedrío, los rancheros pueden proporcionar a una ternera una alimentación equivocada, o darle muy poca comida o permitirle hacer demasiado ejercicio. Estas posibilidades quedan eliminadas en los ranchos-factoría estrictamente controlados. De hecho, como estos ranchos presentan un elevado grado de automatización, se elimina virtualmente la intervención de la mano humana (y sus imprevistos) (Ritzer, 1996).

Sumado a ello podemos contrastar lo que revela por una parte la publi- cidad sobre industria de alimentos para la economía del país y compa- rarla con las situaciones que realmente viven las granjas lecheras, al

43 menos a nivel mundial. Lo podemos condensar en un final trágico para

las vacas por los tiempos que sufren de explotación y sufrimiento desde donde podemos observar:

- Terneros arrancados de sus madres unas horas después del nacimiento.

- Terneros y vacas en condiciones precarias. - Vacas con mastitis y heridas por las máquinas. - Vacas con heridas de pezuñas.

- Vacas obligadas a vivir en espacios estrechos y sucios, cubiertas de caca y barro.

- Vacas sin acceso a pastales, a diferencia de lo que se muestra constantemente en los anuncios de granjas lecheras.

- La sistematización y mecanización de todo el proceso productivo, alienante y mecánico para animales como lo vimos anteriormente. Con esto, es notorio cómo la visión tecnológica de las labores se esta-

blece como un beneficio para ambas partes. Según lo citado por Ritzer,

no existe duda alguna de que el control absoluto sobre la vida y crianza de los animales (o las vacas en este caso) es un avance para la huma- nidad y algo que no se podría poner en duda de forma razonable. Es así

como la tecnificación de estas prácticas se ha vuelto ya una especie de

lucha de poderes entre la industria y el ganadero que decide si estar o no en contra.

Notablemente desde el tránsito de los años 60’s y 80’s el desarrollo

rural ha dado un vuelco irracional, ese intento de igualdad del Banco Mundial con los países latinoamericanos por hallar puntos de estabi- lidad y desarrollo a partir de su consideración sobre este continente como subdesarrollado. Vemos grandes problemas que involucran esta utilización de recursos abusivamente, para nutrir a todo el mundo y las acciones someras por contrarrestar dicho impacto. Para nadie es un secreto que la industrialización de la ganadería asume la responsabili- dad de la desforestación y la destrucción del uso del suelo.

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También es de primera necesidad tener compasión con ese mundo animal, el cual sufre las consecuencias de nuestro consumo desafo- rado, del mismo modo en las consecuencias de la industrialización de la producción de carne y otros subproductos animales, podemos ver la presencia de dos elementos fundamentales: la mecanización de los procesos de cría, transporte y matanza de los animales son una fuen- te de apreciable dolor físico, sufrimiento psicológico y maltrato para todos los animales (Donoso, 2014).

Con la Revolución Verde se ha intensificado los grandes criaderos de

animales para: pollos, cerdos, vacas, estos han sido sacados del cam- po, donde podían pastar con un poco más de espacio, a ser encerra- dos en condiciones hostiles para mataderos o criaderos o plantas de procesamiento. Este proyecto modernizador comenzó a tratar al campo

y sus productos bajo la misma premisa de eficiencia y eficacia en la

producción de alimentos para una sociedad que planteaba una cre- ciente demanda de productos al sector agrícola. En ese sentido es de entera necesidad destacar la importancia de la producción campesina artesanal, ya que entiende desde el autoconsumo su responsabilidad frente a sus labores al obligarse a producir de una forma agroecológi- ca14 responsable.

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