ELEMENTOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA POLÍTICA CURRICULAR EN LA UNIVERSIDAD FRANCISCO DE PAULA SANTANDER
Jairo A. Ortiz G., Profesor Titular Universidad Francisco de Paula Santander Miembro del Equipo Facilitador
El Estatuto General de la Universidad Francisco de Paula Santander, Acuerdo 91 de 1993, establece claramente una política en materia curricular, entendida dicha política como una decisión permanente sobre los asuntos que conciernen a la formación y la docencia.
En efecto, en el artículo 4º, literal l, expresa que “la Universidad estará abierta…. en sus programas formativos a la diversidad de concepciones en los enfoques curriculares, a las múltiples innovaciones y alternativas en los diseños y estrategias instruccionales y reconoce que no hay una sola forma de aprender, por lo cual propiciará la flexibilidad y la creatividad permanentes en este campo.”
No obstante, este enunciado general de política requiere una elaboración e instrumentación para que sea eficaz y oriente adecuadamente la acción de los actores responsables del desarrollo curricular. Dicha elaboración, atendiendo la naturaleza corporativa de la institución universitaria, deberá ser el fruto de la participación y el consenso de la comunidad académica hasta que finalmente se interprete y formalice por los organismos de gobierno universitario, Consejos Académico y Superior.
La intención de este documento es, por lo tanto, señalar algunos elementos conceptuales y criterios para la instrumentación de esta política que han sido aportados tanto por la comunidad académica en el campo curricular a nivel nacional, como por los propios actores universitarios en numerosos encuentros y escenarios dentro de las dinámicas suscitadas por el programa de autoevaluación institucional y los procesos de registro calificado. En este sentido se somete desde ahora al análisis y discusión en los diferentes espacios con el ánimo de presentar al Consejo Académico, como resultado de estos procesos, un cuerpo coherente de políticas específicas y pautas para el desarrollo curricular que interpreten la política general mencionada.
Conviene recordar que toda política como decisión permanente, requiere necesariamente una identificación de los miembros institucionales necesaria para promover una adecuada coordinación y armonía en el trabajo colectivo. Una política construida corporativamente no se discute. Se instrumenta y se implementa. También se requiere que se manifieste explícitamente el grado de compromiso de los directivos universitarios con el desarrollo y ejecución de la política y el grado hasta el cual están dispuestos a asumir las consecuencias, positivas y negativas, de su puesta en marcha.
posibles, las calidades a alcanzar, mientras que las políticas no los determinan sino que señalan los medios para llegar a ellos.
Conviene una breve reflexión sobre el concepto de currículo. Tal como se plantea en el documento “Acciones de Autoevaluación Institucional” del Equipo Facilitador:
“existen diferentes concepciones y posiciones acerca del currículo. Entre los elementos que lo estructuran aparecen entre otros, los fines que se espera lograr con la educación, el conjunto de conocimientos (Plan de Estudios), las prácticas pedagógicas, los resultados del aprendizaje y su evaluación, los valores que se busca fortalecer, las competencias que los estudiantes deben alcanzar, los recursos y medios que apoyan los procesos formativos, la pertinencia social, las relaciones con el poder y los mecanismos de control. En síntesis el currículo y los procesos curriculares son los medios con los cuales la institución educativa espera lograr la formación integral de sus alumnos. El Plan de Estudios como organización de disciplinas y contenidos no es por lo tanto equivalente de currículo sino una parte de él.”
De esta manera, la formulación de una política curricular específica para la Universidad Francisco de Paula Santander deberá considerar al menos, entre otros, los siguientes criterios.
otras. La innovación curricular, como formulación de política debe ir necesariamente acompañada de pautas que aseguren la gradualidad de los cambios y los criterios de transición, como se ampliará más adelante.
FLEXIBILIDAD: entendida como la superación de la rigidez e inmovilismo de las estructuras curriculares tradicionales que de alguna manera desconocen la dinámica de la propia ciencia, la velocidad de los cambios tecnológicos y la necesidad de adaptación de los profesionales a problemas y situaciones cada vez más complejas y novedosas. La flexibilidad curricular nace del convencimiento de que no existe una, sino múltiples formas de aprender y que lo importante en el proceso de formación, no es tanto la extensión y complejidad de los contenidos e información que son “enseñados”, sino la apropiación por los estudiantes de las estructuras básicas de las disciplinas y de las formas particulares como se genera el saber en tales disciplinas. Flexibilidad significa el reconocimiento de que el aprendizaje puede ocurrir en espacios y tiempos diferentes al del salón de clases y que el programa curricular requiere entonces disponer de las herramientas necesarias para verificar dichos aprendizajes con los adecuados criterios de rigor, enmarcados plenamente en los propósitos de formación.
El concepto de crédito académico promueve la flexibilidad curricular, como una estrategia que posibilita al estudiante y al programa de formación decidir los espacios, tiempos y formas en que puede suceder el aprendizaje y los mecanismos para verificarlo. La flexibilidad curricular reconoce igualmente las diferencias individuales y acepta que el programa de formación no solo debe garantizar un mínimo de competencias en el campo profesional específico, sino la oportunidad de que cada estudiante, considerado individualmente, encuentre espacios para el desarrollo de sus potencialidades como ser humano integral.
Es necesario, por lo tanto, superar la pretensión de homogeneidad y estandardización que han caracterizado algunos planes curriculares y retomar de manera efectiva y operacional los criterios de opcionalidad y libre elección, con una significación plena, y considerados como derechos del estudiante y no simples concesiones de la institución.
Si la política de flexibilidad se adopta en su plenitud, se requiere una completa transformación de las unidades académicas que sirven a los programas de formación en relación con la docencia, vale decir las Facultades y Departamentos Académicos, en cuanto a sus ofertas y acciones. En efecto, estas unidades deberán enterarse del estado del arte en cuanto a las innovaciones pedagógicas y formas de enseñanza de las disciplinas que les son propias y responder o proponer a los comités curriculares sobre vías alternativas de cumplir con los propósitos de formación.
La flexibilidad requiere igualmente un replanteamiento del trabajo del profesor universitario y de los criterios de valoración de su labor, hacia criterios más integrales y menos rutinarios que superen el concepto rígido de hora de clase presencial en el espacio del aula, e incluyan las nuevas formas de relación y comunicación como el trabajo tutorial, la supervisión y asesoría académica, el aula virtual, los ambientes estructurados de aprendizaje, el aprendizaje cooperativo, el equipo interdisciplinario de docencia y otros. Acompañando a estas nuevas formas de entender la labor docente y formativa y de su correspondiente reconocimiento en la normatividad, es necesario promover un cambio cultural relativo a la imagen que el profesor universitario ha venido construyendo de sí mismo a lo largo de los años, dentro de las estructuras rígidas e inflexibles de los programas curriculares. Este reconocimiento incluye la noción de que el profesor ya no es más el centro del poder y el control de los discursos disciplinares, sino un actor más en los procesos de aprendizaje, propios y de sus alumnos, frente a las innegables realidades de la sociedad del conocimiento y la velocidad del avance científico y tecnológico. La formación en prácticas pedagógicas innovadoras alrededor del entendimiento de los procesos de aprendizaje en las diferentes disciplinas, el desarrollo de competencias y la evaluación, se constituye en un imperativo para el nuevo profesor universitario.
Solamente en la medida que el profesor universitario esté dispuesto y preparado para el cambio y haya flexibilizado su mente y su imagen, podría hablarse de la posibilidad de una flexibilidad plena en los currículos. De lo contrario la formulación de esta política no superaría la mera retórica.
INTEGRACIÓN CURRICULAR: entendida como la declaración que hace la institución sobre la necesidad de asegurar que el programa curricular supere en su estructura el aislamiento de los saberes propio de los planes de estudio tradicionales, que segregan y jerarquizan el conocimiento en asignaturas aisladas, con escasa relación entre sí y con ausencia total de espacios de comunicación e interacción para las diferentes disciplinas que aportan a la formación.
El supuesto que aquí se maneja es que la integración de los saberes y la visión holística del mundo son procesos que se dan de manera natural en la mente de los estudiantes. No obstante, la investigación pedagógica y del aprendizaje, demuestran que no siempre ocurre y que para asegurar la comprensión y el aprendizaje significativo, el programa curricular debe él mismo generar los espacios para que estas competencias se desarrollen adecuadamente. De hecho, casi todos los planteamientos acerca de la innovación curricular giran alrededor de estos requerimientos.
La política de integración curricular, como se desprende de lo anterior, está estrechamente relacionada con los criterios de innovación y flexibilidad. No obstante conviene precisar algunos alcances particulares del significado de integración.
encajar cualquier información nueva de manera significativa. Interesa el dominio de la manera específica y propia como cada disciplina produce nuevo saber; la manera como interpreta, cuestiona, reemplaza o genera teorías de explicación del universo, la naturaleza, la sociedad o el hombre. En síntesis, el proceso curricular es un proceso de indagación e investigación y de esta manera el estudiante podrá desplazarse creativa y críticamente frente a la vasta información que tiene a su alcance.
Ahora bien, los profesionales de la nueva sociedad requieren abordar el estudio y solución de viejos y nuevos problemas en contextos cada vez más cambiantes y complejos, que requieren su abordaje desde múltiples puntos de vista y para lo cual el aporte de las diferentes disciplinas es fundamental. Se trata aquí de la necesidad categórica de la investigación y trabajo interdisciplinario, para lo cual el programa curricular requiere enfatizar en el desarrollo de nuevas competencias para la comprensión holística, la argumentación desde la disciplina o profesión, las competencias comunicativas requeridas para el trabajo en equipo, para la construcción o propuesta de soluciones en armonía con la condición humana y las necesidades sociales, dentro de claros principios éticos y de respeto al ambiente.
Es claro que las estructuras curriculares actuales no favorecen estos requerimientos de integración e interdisciplinariedad y es necesaria la introducción de cambios significativos para poner a tono los currículos con las demandas de la posmodernidad y la sociedad del conocimiento. Es necesario acercar los contenidos tradicionales de las asignaturas al campo de los problemas a través de procesos de investigación y en esta dirección es hacia donde debe apuntar igualmente la política de innovación.
No obstante, como ya se afirmó, se requieren cambios definitivos en la normatividad, los desempeños de las unidades académicas responsables de la docencia y la investigación y la misma figura y desempeño del profesor universitario.
Para el conjunto de las políticas de innovación, flexibilidad e integración curricular se requieren ciertas pautas que tienen que ver con su implementación y que se refieren a los criterios de gradualidad y transición.
En otras palabras, si un programa curricular decide, por ejemplo, un cambio definitivo de su estructura curricular hacia los núcleos temáticos y problemáticos, la desaparición de las asignaturas tradicionales, la inclusión de nuevos criterios de flexibilidad, evaluación y trabajo docente y que además dicho cambio comienza con gran intensidad, la adopción de la innovación por parte de las autoridades académicas dependerá de la pertinencia y rigor de los estudios que demuestren la viabilidad de dicho cambio, independientemente de si existe a nivel de la institución una normatividad apropiada. Si no la hay, el compromiso de la institución es ajustar la normatividad a la innovación.
Lo anterior exige dedicar un esfuerzo inicial y considerable a la revisión de las actuales normas, especialmente las relacionadas con el reglamento académico y la actividad del personal docente, con el propósito de flexibilizarlas y ponerlas a tono con los desarrollos actuales acerca del currículo y la evaluación del aprendizaje. En el caso particular de la Universidad Francisco de Paula Santander, el reglamento académico actual es particularmente rígido y cerrado a la innovación, en abierta contradicción con lo expresado en el Estatuto. Igualmente muchos de los procedimientos administrativos que regulan la relación de los estudiantes y de los profesores con la institución se han caracterizado por escasa flexibilidad y adaptabilidad.
En relación con los criterios de transición, todo cambio e innovación exige el cumplimiento de los compromisos que la institución pactó con sus estudiantes cuando se produjo su vinculación efectiva a un programa de formación. En este caso, la política es procurar que todos los estudiantes obtengan el mayor beneficio posible de la innovación, sin que esto signifique cambio radical de las reglas del juego para las cohortes anteriores al cambio curricular. Se requieren por lo tanto planes de transición que aseguren la implementación de la innovación sin generar trauma excesivo para los estudiantes, o conflictos demasiado agudos con la normatividad, procurando siempre la equidad y racionalización del cambio. PERTINENCIA SOCIAL: entendida como la exigencia institucional de que el programa curricular responda a necesidades reales del macrocontexto regional o nacional, validadas con criterios académicos rigurosos y de naturaleza investigativa.
Ahora bien, interesan los métodos y procesos por los cuales los programas curriculares establecen su grado de pertinencia social y el ámbito espacial y temporal que la definen. Una política universitaria en este campo puede requerir que el programa curricular, además de las justificaciones necesarias para cumplir con la normatividad externa, (por ejemplo, registro calificado), demuestre plenamente su compromiso e impacto logrado y esperado en su región de influencia y presente los argumentos que definen a dicho programa como la mejor alternativa posible para atender dichas necesidades frente a otras posibilidades, como nuevos campos de formación, educación no formal y continuada, etc. Esto incluye también su posición frente a programas similares que se ofrecen en la región por otras instituciones o la misma universidad. En este campo deberá demostrar plenamente los aspectos que lo diferencian de dichas ofertas y los argumentos que lo definen como la solución más plausible y viable.
presente sino las que atenderá razonablemente en el futuro de acuerdo con las previsiones y posibilidades de los cambios tecnológicos, culturales, demográficos, sociales y políticos. La pertinencia del programa curricular no puede argumentarse desde el pasado y por lo tanto las razones que aducen la tradición del programa, la imagen construida a lo largo de los años y los eventuales lazos afectivos que ligan a ciertos programas con la historia de la institución, no bastarían por sí solos para justificar su pertinencia y supervivencia.
La política de pertinencia social en el campo curricular, deberá permitir a la institución asumir decisiones de implementación de nuevos programas, de modificaciones y ajustes a los existentes y de eventuales decisiones de terminación de otros, si la evaluación de impacto y resultados, como proceso definitorio de la autoevaluación curricular así lo determina y recomienda.
La política y principios expresados en el Estatuto General y en la Estructura Orgánica determinan igualmente su temporalidad cuando definen a los programas de formación como proyectos contingentes, es decir que tienen un principio, un desarrollo y un fin y no corresponden a estructuras organizacionales permanentes, sino que se estructuran alrededor de un comité curricular. Lo permanente aquí en este caso es el conocimiento, asumido por estructuras más estables de naturaleza organizacional, definidas como Facultades por campos del conocimiento, y departamentos organizados alrededor de disciplinas y áreas del saber. Se destaca en consecuencia, la estrecha relación de las decisiones sobre pertinencia de los programas con los procesos de Autoevaluación Institucional y dentro de ella el campo específico de la evaluación curricular, cuyos actores principales son las Facultades y comités curriculares.
TRANSVERSALIDAD: Este concepto está fuertemente arraigado en los propósitos de formación que la institución ha definido para sus programas. Se trata aquí de la generación y concertación, a través de la participación de la comunidad académica, de las intencionalidades últimas del currículo que de una u otra forma deberán expresarse en todos los egresados de la institución, a través de una “impronta”, “huella” o “sello” particular que los caracterizan frente al conjunto de los profesionales.
Este propósito que expresa en términos de intencionalidades formativas, la propia filosofía, misión y visión de la institución, constituye de alguna manera el currículo básico que servirá de referencia al conjunto de los programas de formación en cualquiera de los niveles y modalidades y del cual se ha carecido hasta el momento, no obstante que existen elementos que a lo largo de los años se han venido construyendo pero cuya especificación y discusión no se han formalizado adecuadamente.
Estos elementos constituirían los determinantes para la adopción de un modelo curricular para la Universidad Francisco de Paula Santander que deberá enmarcar y referenciar el conjunto de los programas de la institución, en busca de una identidad propia y una pertenencia social a las cuales deben responder los propósitos particulares de cada propuesta curricular.
ejemplo del papel de la ciencia como una práctica social, donde interesan no solamente los métodos, sino esencialmente sus propósitos por los efectos que genera en la cultura y la sociedad. No obstante, cabría preguntarse si este enfoque social del currículo y del papel de la universidad como conciencia crítica de la sociedad, han tenido respuesta en las estructuras y prácticas curriculares.
Se habla con mucha frecuencia también de formar un profesional para la región de frontera, con visión crítica, liderazgo, iniciativa, espíritu empresarial y una sólida formación humanística para la comprensión, desde una visión global, de las particularidades de la propia cultura regional y binacional. No obstante esta transversalidad deseable en el currículo, debería asegurar espacios concretos que la operacionalicen en todos y cada uno de los programas formativos de la institución y dejar de ser una mera expresión de intencionalidades.
Lo mismo ocurre con muchos otros elementos que podrían considerarse como transversalidades en el currículo, pero que la mayor parte de las ocasiones no superan el discurso académico al no encontrar espacios concretos para su desarrollo: se habla de conciencia ambiental, capacidad para el trabajo en equipos interdisciplinarios, desarrollo de competencias comunicativas y otros. Ahora bien, estos espacios no necesariamente requieren formalizarse en asignaturas, como es la costumbre, bajo el supuesto de que su mera inserción en el currículo asegura el cumplimiento del propósito y la apropiación por los estudiantes. La noción misma de transversalidad, aunque no rechaza algún grado de formalización, significa comunidad de propósitos, intereses, discursos y prácticas de todos los actores curriculares y su presencia en todos los procesos formativos.
La conciencia crítica no se garantiza con el ofrecimiento de una asignatura sino por una adecuada contextualización de los discursos disciplinares y la comprensión de que todos los desarrollos científicos y tecnológicos generan en algún momento efectos sobre la sociedad, la economía o la cultura y que esta responsabilidad no le compete exclusivamente al campo de formación social y humanística sino a todos los actores docentes. No se enseña solamente la química, la matemática, la física o la ingeniería, como quehaceres abstractos o neutros, sino o también como prácticas sociales y expresiones de la cultura, en las cuales podría estar en juego incluso el destino de la humanidad.
Lo mismo ocurre con los demás aspectos que pueden ser considerados como transversalidades. Por ejemplo la competencia comunicativa aunque pueda tener espacios específicos en las estructuras curriculares, en la realidad la responsabilidad del desarrollo de tales competencias debe incluir a todos los actores docentes y a todas las disciplinas. Solamente en este momento podría empezar a considerarse que existe un proyecto curricular genérico para todo el conjunto de la universidad. La identificación de todas estas transversalidades que complementan y aseguran los propósitos de formación es una tarea fundamental para la construcción de una política curricular, que por definición debe ser generada corporativamente y mediante el aseguramiento de una participación plena y eficaz de la comunidad académica.
partida para esta construcción colectiva de un currículo con calidad y pertinencia que desarrolle en los profesionales formados, como ya se dijo, una impronta común, un valor propio, una autonomía personal y un compromiso con la ciencia y la sociedad. Este modelo curricular propio, es la garantía que presenta la institución ante la sociedad de que sus profesionales formados actuarán siempre constructiva y creativamente en contextos complejos y conflictivos, dentro de sólidos principios personales y valores sociales y que sus propuestas siempre serán racionales y pertinentes.
CONSIDERACIONES FINALES: Los criterios desarrollados en este documento, pretenden aportar algunos elementos de juicio para la urgente necesidad que tiene la Universidad Francisco de Paula Santander, de construir una política curricular integral que sirva de referencia a las Facultades y Programas de Formación para sus procesos de Autoevaluación y registro calificado. Sin embargo, este no debería ser el motivo principal de la urgencia, sino el convencimiento de que la construcción de dicha política es un imperativo categórico de toda institución que asuma la responsabilidad social de educar y formar a las personas, independientemente de la existencia de requerimientos y normatividades externas. No obstante, la ocasión es propicia para iniciar estos procesos entendiendo igualmente que se corre un gran riesgo que amenazaría incluso la supervivencia institucional, si no se adelantan las acciones necesarias en este campo para cumplir al menos con los estándares mínimos de calidad.
Conviene aclarar que la discusión acerca de los elementos para la construcción de una política curricular, no se agota en los presentados aquí, a saber, innovación, flexibilidad, integración, pertinencia y transversalidad, sino que existen muchos otros aspectos que podrían ser considerados como interdisciplinariedad, praxis, participación, racionalidad, eficacia, etc.,. No obstante los elementos propuestos incluyen en buena medida el conjunto de los demás criterios y se perciben como tópicos generativos de nuevos desarrollo y elaboraciones.
La intención, como ya se aclaró en un principio, es que el presente documento, generado a partir de la discusión y acuerdo en el seno del equipo facilitador para la Autoevaluación Institucional, sea considerado por las autoridades académicas, vale decir el Consejo Académico, y por el conjunto de la comunidad universitaria, especialmente por los responsables del desarrollo curricular y la docencia, Facultades, Comités curriculares y departamentos académicos, para que corporativamente se comience la construcción de una política curricular.
En el caso del Consejo Académico, la pretensión es que disponga dentro de su autonomía y autoridad, de los espacios y procesos para que las discusiones alrededor de estos tópicos se generen y que por algún mecanismo de consulta y participación, finalmente se disponga de un Acuerdo u otro documento donde se exprese formal y taxativamente cuál es la política curricular para la Universidad Francisco de Paula Santander.
mediante la utilización de los canales de comunicación y representación ante los organismos de gobierno académico, Consejos de Departamento, Consejos de Facultad y Consejo Académico la comunidad debe procurar que estas propuestas sean elementos determinantes de las políticas curriculares que finalmente adopte el Consejo Académico. Se trata de una construcción corporativa de la política, atendiendo a la naturaleza autónoma y participativa de la institución universitaria y como igualmente ya se afirmó, una política así construida no se discute, se implementa, hasta tanto nuevos procesos de Evaluación Institucional, determinen la necesidad de nuevas formulaciones.