Índice.
8 El helenismo. ... 2
8.2.1 La escuela epicúrea ... 3
8.2.2 La escuela estoica. ... 4
8.2.3 La escuela escéptica. ... 6
8.3.1 Euclides de Alejandría. ... 7
8.3.2 Arquímedes. ... 7
8.3.3 Aristarco de Samos. ... 7
8.3.4 Eratóstenes de Cirene. ... 8
8.3.5 Hiparco de Nicea. ... 8
8 El helenismo.
Después de Aristóteles se inicia un nuevo periodo histórico denominado helenismo1 al que acompaña un cambio de rumbo en la filosofía.
Los acontecimientos políticos que van a producir el nuevo periodo histórico se inician con las conquistas de Alejandro Magno.
Alejandro conquista toda Grecia y extiende su poder por Egipto y Oriente. Su propósito es formar un vasto imperio en el que habrían de estar en igualdad griegos y bárbaros2.
A la par de sus conquistas va extendiendo la cultura griega y formando el helenismo. La expansión de la cultura griega es la que, en contacto con las nuevas culturas asimiladas, produce lo heleno.
Alejandro muere pronto (323) dejando como sucesor “al mejor”. Eso provocó que sus generales se repartieran el Imperio y se embarcaran en campañas militares, unos contra otros, que llegarían a implicar incluso a sus sucesores, los denominados epígonos.
Esta continua época de luchas internas que sufre Grecia la debilita hasta el punto de terminar siendo absorbida en el naciente imperio romano como una provincia más.
Las repercusiones sociales de estos acontecimientos son varias. En principio desaparece la polis tradicional, que había inspirado los ideales políticos de los sofistas, Platón y Aristóteles, siendo sustituida por las tiranías, o monarquías, helénicas gobernadas inicialmente por los generales de Alejandro.
Grecia, por su parte, quedará despoblada y empobrecida a causa de las guerras internas entre estas nuevas entidades políticas.
Culturalmente aparecen nuevos centros, como Alejandría y Pérgamo, que van sustituyendo el protagonismo cultural que tuvo Atenas. Incluso se establece una nueva lengua común, la coiné, que vino a ser una especie de griego de vulgar con el que se entendían los distintos ciudadanos helenos.
Todos estos cambios y guerras hacen del helenismo un periodo de inseguridad. El mundo griego tradicional se derrumba, y lo que el heleno va a pedir a la filosofía es una doctrina ética, una moral de resistencia para los tiempos duros.
Ahora las especulaciones metafísicas pierden interés como tales, sólo interesará como marco donde encajar la vida práctica y moral.
1 El helenismo va desde la muerte de Alejandro, en el 323, hasta la batalla de Leucopetra, en
el 146 a. de C. Pero esta fecha suele extenderse a la batalla de Actium, en el 31, por la que Augusto conquista Alejandría, pasando Roma a ser la capital política y cultural de Occidente.
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La filosofía, por tanto, pasa a ser un modo de vida. El conocimiento teórico se sitúa en un segundo plano; y el fin principal es encontrar la felicidad en un mundo en continua agitación, en el que la religiosidad tradicional ha visto minada su autoridad en el encuentro con las culturas y religiones bárbaras.
El ideal de hombre es ahora el del sabio práctico. Es decir, el de aquel hombre que independiente y suficiente sabe, incluso en un mundo agitado, mantener la serenidad y el equilibrio con el que conseguir vivir una vida feliz.
8.2.1 La escuela epicúrea
La escuela epicúrea fue fundada en Atenas por Epicuro, natural de Samos (341-270) aunque de padres atenienses. Funda la escuela en una casa con jardín, donde se discutía de filosofía, y por ello se la llamará la escuela del jardín; en ella se admitía a todos, mujeres, cortesanas, incluso esclavos.
La filosofía de Epicuro se encuentra encaminada a proporcionar un marco para la vida tranquila y feliz. No se propone resolver problemas especulativos sino suprimir en el hombre el temor al destino, los dioses y la muerte, que considera los grandes obstáculos para poder obtener la tranquilidad del alma; por ello el conocimiento es sólo un medio para conseguir la tranquilidad, y si el saber no conlleva esta finalidad no es más que un estorbo a suprimir. De hecho, a veces se llegaban a proponer, por parte de los epicúreos, varias posibles soluciones racionales a un mismo problema, para que se escogiera, la que se desease, y así se evitasen explicaciones o vacíos que pudieran alterar la tranquilidad humana; no interesa tanto acertar como tranquilizar.
Su doctrina física se basa en el atomismo de Demócrito. Tres son los elementos que constituyen el universo; la materia, constituida por infinitos átomos, el vacío, que viene a ser el espacio, y el movimiento de los átomos. El universo es infinito, y está poblado por una infinidad de mundos, esféricos, cónicos, etc.; poblados de plantas y animales semejantes y distintos a los nuestros.
El destino no existe, la razón básica de esto es que no hay en él ninguna finalidad, y por tanto no hay una predestinación de los acontecimientos, más bien existe el azar.
Respecto a la muerte mantiene que el alma, que se compone de átomos más sutiles que los corporales, no sobrevive al cuerpo, sino que con la muerte sus átomos se disgregan dejando de existir juntamente con el cuerpo; por tanto no debe inquietar la muerte ya que no hay nada después de la vida.
“La muerte, pues, el más horrendo de los males, en nada nos atañe. Pues mientras nosotros vivimos no ha venido ella, y cuando ella ha venido ya no vivimos nosotros, Así la muerte no es contra los vivos ni contra los muertos, pues en aquéllos todavía no está y en éstos ya no está”3
De los dioses afirma que sí existen, pues lo atestiguan las apariciones, los sueños y el
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consentimiento universal. Residen en vergeles entre los mundos, su número es incalculable, pero ni crearon los mundos, ni los conocen, ni ejercen ninguna providencia en el curso de los acontecimientos humanos, ni para bien ni para mal; ni nuestros bienes ni nuestros males dependen de ellos. Siendo así es inútil sacrificar u orar a los dioses, sin embargo Epicuro afirma que debe dárseles culto por su excelente naturaleza, aunque excluyendo, por lo dicho, toda posible causa de temor que de ellos proviniera.
Respecto a la ética propiamente dicha, Epicuro afirmará que el fin del hombre, y de hecho lo único importante, es alcanzar la felicidad, que consiste en vivir evitando el dolor, que es el único mal, y conseguir la mayor cantidad posible de placer.
Esta doctrina, la que pone al placer como el supremo bien, se denomina hedonismo, sin embargo Epicuro va a matizar su hedonismo, que va a denominarse epicureísmo, frente a otras formas más groseras (cirenaicos).
Según Epicuro somos un compuesto de materia y alma, aunque ambas sean materiales, pues bien, así como hay un placer para el cuerpo también hay un placer para el alma que Epicuro denomina gozo (´), por ello el hombre debe refrenar el placer corporal mediante la prudencia (), y conseguir el equilibrio y tranquilidad interior. Dentro del placer distingue dos aspectos, uno negativo que consiste en la ausencia de dolor, se refiere al descanso y al reposo que es lo que proporciona realmente la ataraxia, o tranquilidad del alma, este placer que procede de la ausencia del dolor es el principal y recomendable, el otro, el positivo, no debe buscarse si pone en peligro la ataraxia producida por el primero.
No todos los dolores son absolutamente malos, sino que a veces son preferibles a los placeres pues pueden, a la larga, reportar mayor placer que el evitarlos; igualmente con los placeres, algunos puede convenir evitarlos porque de no hacerlo, a la larga, podemos sentir mayor dolor. En todo esto se impone un cálculo sobre los placeres y dolores que hace el sabio, y a ese cálculo acompaña la capacidad de abstenerse de los placeres no convenientes, este poder sobre sus pasiones es la virtud. El sabio debe ser siempre libre y conservar su paz interior, debe contentarse con poco y lograr la autosuficiencia.
Epicuro recomendaba una vida muy austera. Distinguía entre necesidades naturales y no naturales o innecesarias, el sabio debe asegurarse las primeras, de fácil consecución, y evitar las últimas ya que se acostumbrará a unos placeres que dependen, por su lujo, de la fortuna y si ésta le falta no podrá conseguirlos y su tranquilidad se echará a perder.
Consideraba que en política no se debía participar, ya que sólo era fuente de ambiciones, egoísmos y en nada ayudaba a mantener la tranquilidad de ánimo del sabio.
8.2.2 La escuela estoica.
Igual que en los filósofos epicúreos, primero se ofrecen ciertas nociones físicas y metafísicas sobre las que luego se asentará la ética.
El supuesto básico de la filosofía estoica es la existencia de un finalismo o teleología en la naturaleza. Este finalismo supone una predeterminado de los sucesos a partir de un Logos, o Razón Universal, que con su providencia se encarga de conducirlo por un rumbo determinado por su sabiduría.
El universo estoico es un todo continuo, material, sin vacío, esférico y dinámico, rodeado de un vacío exterior. Los distintos elementos, como el aire, el agua o la tierra, son transformaciones de un elemento primero y divino que es el fuego. Todo el universo está sometido a ciclos repetidos e iguales de destrucción y nacimiento en el que todo vuelve a ser fuego y todo vuelve a originarse del fuego, a través de un proceso de rarefacción y condensación. El fuego es identificado con el Logos, es decir con Dios, éste es la razón del universo, al que también llaman pneuma.
El universo entero es un organismo viviente, por tanto con un alma que es material, que es el pneuma, y que impregna todo. Al unirse el pneuma a la materia pasiva la vivifica, actúa como la activa forma aristotélica, mientras que los otros elemento son la materia aristotélica en su vertiente pasiva, en ellos están depositadas, como semillas, las maneras de organizarse esa materia para constituir, en el momento indicado, los distintos seres que van apareciendo a lo largo del tiempo.
Todo en el universo es Dios (panteísmo), y todo en él está vivo. Ese pneuma toma distinto nombre dependiendo de la materia que anime, si es un objeto es cohesión, si es un ser vegetal es la naturaleza vegetativa (fisis), si es animal es el alma (sique) con percepción, imaginación y movimiento, en el hombre es la razón. Como todo tiene el soplo de dios, y dios es el logos, todos los seres naturales obrarán de forma teleológica obedeciendo la razón del dios.
Ni su recurso al fuego, ni el finalismo son originales, lo original está en la coherencia del sistema ético que sobre tales doctrinas físicas se construye.
Todo se encuentra determinado por esa razón universal, no existe el azar. Y así el hombre no puede modificar su destino, sólo puede aceptarlo. Todo lo que ocurre es lo mejor que podría ocurrir para el conjunto total que es el cosmos, aunque el hombre no vea la necesidad de lo que ocurre desde la limitada perspectiva del momento presente, o del punto de vista personal; sin embargo siendo el hombre, como el dios, un ser racional, puede intentar comprender el sentido de lo que acontece; no necesita ser arrastrado por los acontecimientos naturales, puede someterse a ellos por su propia decisión, sabiendo que en todo caso ocurre lo mejor, aunque en su perspectiva localista no acabe de verlo. Es por ello que el sabio estoico acepta todo lo que suceda. No se trata de inacción, hace lo que puede hacer para conseguir sus fines, pero una vez hecho esto se desentiende del resultado, si obtiene éxito bien, y si no también bien, porque lo que ocurre está determinado por el dios que hace lo mejor para el todo, de esto resulta un amor al destino, pase lo que pase es bueno y amable que pase (amor fati).
razón, debe vivirse conforme a la razón, ésta se hace guía de actuación del hombre, el animal, por naturaleza se dejará llevar por el instinto, el hombre como ser racional por naturaleza, lo debe hacer por la razón.
Al vivir conforme a la naturaleza se consigue el bien supremo del hombre que es la virtud, y entiende por virtud la capacidad del sabio estoico para controlar deseos y pasiones, dominarlos, y así conseguir un estado de vida de serena imperturbabilidad llamado apatía, en la que se da la autarquía o autosuficiencia del sabio al que ningún acontecimiento exterior le afecta. La apatía es la ausencia de pasiones, se trata por tanto de erradicarlas en la medida de lo posible, ya que podrían atentar contra la serenidad. El estoico está dispuesto a ayudar al prójimo, no a sufrir por él.
El bien y el mal no radican fuera del sujeto sino en su albedrío, en su libre voluntad. Todo lo que no depende de la voluntad es indiferente para el sabio. Sólo hay un bien, asentir con la voluntad a lo que el Dios decreta que suceda, y mantenerse, siempre, virtuoso, ya que esto es lo único que depende del hombre, lo demás, sea lo que sea, no afectará al sabio.
Los estoicos, en contraposición a los epicúreos, participaron en la política de su tiempo, ellos mantendrán el concepto de cosmopolitismo. Aristóteles mantenía que el hombre es un animal político, es decir de la polis; con Alejandro esa concepción es superada, ahora se trata de ser ciudadano del mundo, no de la localidad de origen, por tanto la hermandad de los hombres, todos son racionales e hijos del dios, es explícitamente afirmada.
8.2.3 La escuela escéptica.
Se inicia con la escuela fundada por Pirrón de Elis (365-270). En su desarrollo terminó por imponerse como el pensamiento dominante en la Academia platónica.
Pirrón considera que la felicidad está en darse cuenta de que no hay ninguna verdad que conocer; la verdad no existe y por eso carece de sentido iniciar su búsqueda y todos los sinsabores que esta acarrea. Consecuentemente hay que abstenerse de todo juicio y una ataraxia, o impasibilidad, frente a cualquier acontecimiento.
Mientras que la filosofía helénica florecía en Atenas, al otro lado del mar, en Alejandría, se producía un gran desarrollo del pensamiento científico.
Alejandría, como parte de Egipto, había quedado bajo el dominio de los Ptolomeos. Allí se funda el Museo, o Casa de las Musas, que ejerce como centro educativo provista de una enorme biblioteca4.
Allí se reúnen pensadores de todas partes del mundo heleno. Se disponía de salas de estudios dedicadas a diversas áreas: matemáticas, literatura, astronomía, medicina…, pero no, al menos inicialmente, filosofía. Además también había
4 La biblioteca de Alejandría contenía más de 700.000 libros. Un incendio en 48 a. de C. la
laboratorios de disección de animales, observatorio astronómico, jardines botánicos. Los Ptolomeos favorecían las ciencias, pero obstaculizaron tanto las discusiones filosóficas como las políticas.
La ciencia helénica contó con matemáticos: Euclides y Arquímides, astrónomos: Aristarco de Samos, Eratóstenes, Hiparco y Claudio Ptolomeo.
8.3.1 Euclides de Alejandría.
Euclides (330-270) fue educado en la Academia platónica. Recoge el material matemático de Pitágoras y lo sistematiza de forma lógica y deductiva, lo que le lleva a establecer el primer sistema axiomático en matemáticas en sus Elementos de Geometría. Este libro tuvo una influencia enorme y fue el libro de texto de las escuelas y universidades hasta el siglo XIX.
Euclides estable 10 axiomas desde los que deducir la geometría. El axioma venía a ser una proposición hipotética, sin demostración pero aceptada por sentido común (pensamiento discursivo en Platón). Cinco de los primeros axiomas se pensaban comunes a toda ciencia, y los otros cinco sólo a la geometría, entre ellos se afirmaba el 4º postulado: por un punto exterior a una recta sólo cabe trazar una paralela.
8.3.2 Arquímedes.
Arquímedes (267-212) fue matemático y físico. Como físico estableció su Principio de Arquímedes, que dice que un cuerpo sólido sumergido en un líquido experimenta una fuerza, que lo empuja hacia arriba, igual al peso del líquido que desplaza.
Además establece el concepto de peso específico, según el cual cada cuerpo sumergido desplaza una cantidad de líquido proporcional al propio peso.
Como leyenda ilustrativa de lo anterior se cuenta que el tirano de Siracusa encargó a un artesano una corona de oro, dándole el oro necesario para realizarla. Sin embargo dudó de que el artesano hubiera utilizado todo el oro y no hubiera sustituido parte del oro por plata. Por ello encargó a Arquímedes investigar el asunto. La leyenda cuenta que Arquímedes encontró la solución mientras se bañaba, y que exclamó “Eureka, eureka (lo he encontrado)” al idear el método para solucionar el problema. El método consiste en sumergir en agua la misma cantidad de oro para hacer la corona, ya que sumergido en agua desaloja menos agua que la plata, debido a su diferente peso específico.
Como inventor ideó el tornillo de Arquímedes, máquina cuya función era bombear agua del interior de los barcos. También el desarrollo de la palanca y la polea, de ahí la frase que se le atribuye “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”.
8.3.3 Aristarco de Samos.
Aristarco (310-230) no vive en Alejandría, pero recibe su influencia. Contra el pensamiento generalizado en su época defendió el heliocentrismo.
8.3.4 Eratóstenes de Cirene.
Eratóstenes (276-196) realiza la hazaña de medir la circunferencia de la Tierra.
Eratóstenes es informado que durante el solsticio de verano –21 de junio- la luz del sol entra en un pozo situado en Syene –la moderna Assuan- y es capaz de alcanzar el fondo del mismo. Eratóstenes razonó que, si tal cosa ocurría, era porque en esa fecha el Sol se situaba justamente encima del pozo, haciendo que los rayos entraran perpendicularmente; en cambio, los demás días del año, el Sol no
iluminaba el fondo del pozo, sólo las paredes, por no estar situado encima, sino hacia un lado.
Y por tanto, si clavásemos un palo en Syene, a las doce del mediodía –cuando el Sol está en su punto más alto- éste no haría sombra, ya que tendría al Sol justamente encima. Ahora bien, un palo clavado en la localidad de Alejandría –donde residía Eratóstenes- el mismo día 21 de junio, y a la misma hora, sí producía una pequeña sombra. Esto sería debido a la curvatura de la Tierra.
Eratóstenes mide el ángulo que hace el palo en Alejandría. Y a través de sus conocimientos de geometría deduce que ese ángulo (debe ser igual al que formaría, en el centro de la Tierra, la proyección imaginaria de la línea de los palos (.
Halla que el ángulo es igual a 7,2º. Como un círculo posee 360º, al dividir los 360º del círculo entre los 7,2º ángulos hallados, tendremos que la distancia que hay entre Alejandría y Syene –al dar 50 la división- forman una cincuentava parte de la longitud del círculo de la Tierra.
Lo único que le hace falta es averiguar la distancia que hay entre Alejandría y Syene para hallar la longitud de la superficie de la Tierra. A tal fin contrata a una persona para ello. Y éste le informa que entre Alejandría y Syene hay 5000 stadia, o 787,5 km (cada stadia son 157,5 metros). Por tanto, multiplica la distancia hallada por 50, y encuentra que la longitud de la superficie de la Tierra es de 39.690 km.
Una vez obtenida la circunferencia, Eratóstenes, pasa a ocuparse del diámetro. La fórmula geométrica dice que éste es igual a la longitud de la circunferencia dividida por (d = lon./); es decir, diámetro = 39.690 / 3,1416. A Eratóstenes le termina saliendo que el diámetro terrestre es de unos 12.631 km. Mediciones actuales estiman que la longitud de la circunferencia de la Tierra es de unos 40.000 km, y su diámetro de 12.800 km.
8.3.5 Hiparco de Nicea.
Hiparco (190-120) midió la distancia de la Tierra al Sol y los tamaños de esos astros.
Descubrió la precesión de los equinoccios, según la cual el eje de rotación de la Tierra describe un círculo alrededor del eje de los polos.
Además mejoró el cálculo de la distancia entre la Luna y la Tierra, realizada por Aristarco de Samos, y halló que la distancia era de treinta veces el diámetro terrestre, calculado previamente por Eratóstenes. Es decir, unos 384.000 kilómetros
8.3.6 Claudio Ptolomeo.
Ptolomeo (138 al 180 d. de C.) sintetizó, pasada la época helenista, todos los conocimientos astronómicos realizados en Alejandría en un espacio de tiempo que va desde el siglo II a. de C., al siglo II d. de C; y creando un nuevo modelo que será conocido, a partir del nombre de su último y más importante artífice —Ptolomeo— como modelo astronómico ptolemaico.
El modelo ptolemaico sustituye las esferas homocéntricas, es decir con un mismo centro, por una combinación de diferentes clases de círculos denominados: excéntricos, epiciclos, deferentes y ecuantes.
El círculo excéntrico sería una órbita que no tiene como centro exacto a la Tierra, sino que, respecto a éste centro, se encuentra algo desplazada.
Y así, aplicando el círculo excéntrico al movimiento del Sol, puede explicarse que cuando esté más cerca de la Tierra, lo que se denomina apogeo, su diámetro se vea más grande desde la Tierra, y cuando estuviera más separado — perigeo— se vea más pequeño.
Los círculos epiciclo y deferente tenían como función explicar el movimiento de retrogradación de los planetas, así como su cambio de brillo.
El círculo deferente sería el círculo descrito por la órbita del planeta respecto a la Tierra. El círculo epiciclo sería un círculo que puede tener como centro cualquier punto del deferente.
De esa manera a veces el planeta describiría un movimiento de retroceso, visto desde la Tierra, que correspondería al momento en que, siguiendo la órbita del epiciclo, se dirige en dirección contraria al movimiento de la órbita del deferente. Cuando el planeta terminara de dar la vuelta del epiciclo, por la parte más cercana a la Tierra, volvería a recobrar su movimiento normal. La combinación del movimiento del planeta, a través del círculo epiciclo y del deferente, le haría describir una trayectoria helicoidal, o de muelle, que es lo que parece verse desde la Tierra.
La hipótesis de un círculo deferente excéntrico, aunque se generalizase para todos los planetas, no podían explicar porqué éstos, aparentemente, variaban su velocidad en su rotación por el zodiaco, ni tampoco conseguía explicar la diferencia de tamaño en los bucles de los planetas. Para resolver esos problemas Ptolomeo incorpora la noción de círculo ecuante. Éste círculo, tenía como centro un punto respecto al cuál, el planeta en su movimiento por el epiciclo, se mantenía con velocidad constante.