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Paul K. Feyerabend
CONTRA ÉL MÉTODO
Esquema de una
teoría anarquista del conocimiento
f C f c r r r f f f f t t f r c c c c t c t c
-~ VTítulo original: '
Agaínst Method: Outline oí an Anarchistic Theory oí Knowledge
(Minnesota Studies in the Philosophy ofSócttce, vol. TV)
Traducción de FRANCISCO HERNÁN
1.a edición en Colección Ariel Quincenal:
febrero 1974
1.a edición en Colección Ariel:
julio 1987
2.a edición: noviembre 1989
© 1970: University oí Minnesota, Minneapolis, Minnesota, USA
Derechos exclusivos de edición en castellano reservados para todo el mundo
y propiedad de la traducción: © 1974 y 1989: Editorial Ariel, &.-A.
Córcega, 270 - 08008 Barcelona
Diseño colección: Hans Romberg
ISBN: 84-344-1072-9
Deposito legal: B. 38.423 - 1989
Impreso en España
1989. - Talleres Gráficos DÚPLEX, S. A. Ciudad de Asunción, 26 - 08030 Barcelona
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso
previo del editor.
¿Para qué es buena toda esta conmoción? Lo más que puede lograr es arruinar la propia paz mental en donde uno tiene sus pequeños com-partimientos. En ellos todo es conocido, se ha ido instalando cosa por cosa, hasta llegar a ser apreciado y querido. ¿Debo estar alerta por fi el reloj arroja fuego en mi cara o por si el pája-ro sale de su jaula y ataca vorazmente al perpája-ro? No. El reloj da las seis cuando son las seis como han sido las seis durante tres mil años. Esto es lo que yo llamo orden. Esto es lo que a. uno le -gusta, aquello con lo que uno puede iden-tificarse.
PREFACIO
El siguiente ensayo ha sido escrito desde la
convic-ción de que el anarquismo —que no es, quizá, la
filo-sofía política más atractiva— puede procurar, sin duda,
una base excelente a la epistemología y a la filosofía
de la ciencia. ~ •
No es difícil mostrar por qué.
"La historia en general, y la historia de las
revolu-ciones en particular, es siempre más rica en contenido,
más variada, más multilateral, más viva y sutil de lo
que incluso el mejor historiador y el mejor
metodólo-go pueden imaginar." * * "Accidentes y coyunturas, y
curiosas yuxtaposiciones de eventos"
2son la sustancia
misma de la historia, y la "complejidad del cambio
humano y el carácter impredictible de las últimas
consecuencias de cualquier acto o decisión de los
hom-bres",
8su rasgo más sobresaliente. ¿Vamos a creer
verdaderamente que. un racimo de simples e ingenuas
reglas sea capaz de explicar tal "red de
interaccio-nes"? * ¿Y no está claro que una persona que
partici-pa en un proceso complejo de esta clase tendrá éxito
sólo si es un oportunista sin contemplaciones y si es
capaz de cambiar rápidamente de un método a otro?
Ésta es en verdad la lección que han sacado
inteli-gentes y cuidadosos observadores. "De este [carácter
Nota del autor. — Estoy en deuda con la National Science
Foun-dation por el apoyo prestado a esta investigación.
0 Dada su desusada cantidad y extensión, y a pesar de su
f f f f f C C
f f C f f C t t t t *
del proceso histórico]", escribe Lenta continuando el
pasaje acabado de citar, "se siguen dos aportar**
prácticas, primera, que para lleva, : , i cabo
se
ciones extemas -escribe Einstein
tan por medio de los hechos *Vf
miten [al científico] ser demasiado estricto ^ en la cons
trucción de su mundo conceptual mediante la
adhe-sión a un sistema epistemológico. Por eso tiene que
aparecer ante el epistemólogo sistemático como un
°
P°La1SrS .SSS epistemológica (política,
teológicatTpráctica científica (política, religiosa) que
emerge de estas citas se formula Cálmente como ^na
¿tfprpncia entre regios o standard* ciertos e mtaliDies
^STSa^^o! claros, sistemáticos y ob^vos)
as icgiaa vjuw ~
-peligrosas. La ciencia como realmente I
en la historia es una combinación déjales
error. De lo que se sigue que el científico q™
en una situación histórica particular debe -F^er
reconocer el error y a convivir con el, teniendo,
siem-pre siem-presente que él mismo está su,eto a añadir nuevos
errores en cualquier etapa de la investigación.
Necesi-ta una teoría del error que añadir a las reg as cierNecesi-tas
e infalibles" que definen la «aproximación a la verdad .
8
Ahora bien, el error, por ser expresión de la
idio-sincrasia de un pensador individual, de un observador
individual, e incluso de un instrumento individual de
medida, depende de las circunstancias, de los
fenóme-nos o teorías particulares que uno quiere analizar, y se
desarrolla según formas altamente inesperadas. El
pro-pio error es un fenómeno histórico. Una teoría del error
habrá de contener por ello reglas basadas en la
expe-riencia y la práctica, indicaciones útiles, sugerencias
heurísticas mejor que leyes generales, y habrá de
relacionar estas indicaciones y estas sugerencias con
episodios históricos para que se vea en detalle cómo
algunas de ellas han llevado al éxito a algunas personas
en algunas ocasiones. Desarrollará la imaginación del
estudiante sin proveerle de prescripciones y
procedi-mientos ya preparados e inalterables. Habrá de ser
más una colección de historias que una teoría
propia-mente dicha, y deberá contener una buena cantidad de
chismorrees sin propósito de los que cada cual pueda
órganos, garganta, cerebro, diafragma, posaderas, antes
de saber realmente cómo usarlos, y debe aprender de
sus reacciones el modo de aprender que le es más
apro-piado. Y esto es cierto de todo aprendizaje: al elegir
una determinada vía, el estudiante, o el "científico
ma-duro", crea una situación desconocida hasta entonces
para él de la cual debe aprender cómo aproximarse lo
mejor posible a situaciones de este tipo: Lo cual no
vendrá a ser tan paradójico como parece siempre que
mantengamos abiertas nuestras opciones y siempre que .
rehusemos sentirnos cómodos con un método
particu-lar, que incluya un conjunto particular de reglas, sin
haber examinado las alternativas. "Que la gente se.
emancipe por sí misma", dice Bakunin, "y que se
ins-truyan a sí mismos por su propia voluntad".
9En el
caso de la ciencia, el tacto necesario sólo puede
desa-rrollarse mediante una participación directa (donde
"participación" significa cosas diferentes para
diferen-tes individuos), o, si tal participación directa no puede
lograrse, o no parece deseable, ese tacto puede
desarro-llarse partiendo del estudio de los pasados episodios de
la historia del tema. Teniendo en cuenta su grande y
difícil complejidad, estos episodios deben ser
aborda-dos con el cariño de un novelista por los caracteres y
por el detalle, o con el gusto del chismoso por el
es-cándalo y las sorpresas; deben ser abordados con una
visión profunda de la función positiva tanto de la
fuer-za como de la debilidad, de la inteligencia como de
la estupidez, del amor a la verdad como de la voluntad
de engañar, de la modestia como del orgullo, más que
con los crudos y risiblemente inadecuados
instrumen-tos del lógico. Pues nadie puede decir en términos
abs-tractos, sin prestar atención a idiosincrasias de persona
y circunstancia, qué es lo que precisamente condujo al
progreso en el pasado, y nadie puede decir qué
inten-tos tendrán éxito en el futuro.
Por supuesto que cabe simplificar el medio histórico
en el que trabaja un científico con sólo simplificar a sus
principales actores. Después de todo, la historia de la
ciencia no sólo consiste en hechos y en conclusiones
extraídas de ellos. Se compone también de ideas,
inter-pretaciones de hechos, problemas creados por un
con-flicto de interpretaciones, acciones de científicos, etc.
En un análisis más ajustado encontramos incluso que
no hay "hechos desnudos" en absoluto, sino que los
hechos que entran en nuestro conocimiento se ven ya
de un cierto modo y son por ello esencialmente
teóri-cos. Siendo esto así, la historia de la ciencia será tan
compleja, tan caótica, tan llena de error y tan divertida
como las ideas que contenga, y estas ideas serán a su
vez tan complejas, tan caóticas, tan llenas de error y
tan divertidas como lo son las mentes de quienes las
inventaron. Recíprocamente, un ligero lavado de
cere-bro conseguirá hacer la historia de la ciencia más
sim-ple, más uniforme, más monótona, más "objetiva" y
más accesible al tratamiento por reglas "ciertas e
infa-libles": una teoría de errores es superflua cuando se
trata de científicos bien entrenados que viven
esclavi-zados por un amo llamado "consciencia profesional" y
que han sido convencidos de que alcanzar, y luego
conservar para siempre, la propia "integridad
profesio-nal" es algo bueno y que a la postre también
re-compensa.
10Tal y como hoy se conoce, la educación científica
tiene este propósito, que consiste en llevar a cabo una
simplificación racionalista del proceso "ciencia"
me-diante una simplificación de los que participan en ella.
Para ello se procede del siguiente modo. Prinaeramen»
te, se define un dominio de investigación. A conUOBj*
ción, el dominio se separa del resto de la historia
física, por ejemplo, se separa de_U roetafirica y
la teología) y recibe una "lógica propia.» Don
un entrenamiento completo ea csajópc ^^^^ ^
aquellos que trabajan en el dominio en CoetUon pez*
que no puedan enturbiar involuntariamente k panza
(léase la esterilidad) que se ha conseguido. En el
- r e c r e c e r
r r r r e r e c r e c e t r . ' c c c t c c r c c c r c c c c c c c
C i Xtrenamiento, una parte esencial es la inhibición de las
intuiciones que pudieran llevar a hacer borrosas las
fronteras. La religión de una persona, por ejemplo, o
su metafísica o su sentido del humor no deben tener
el más ligero contacto con su actividad científica. Su
imaginación queda restringida
12e incluso su lenguaje
deja de ser el que le es propio.
13.
Es obvio que tal educación, tal compartimentación,
tanto de los dominios del conocimiento como de la
consciencia, no puede reconciliarse fácilmente con una
actitud humanitaria. Entra en conflicto "con el cultivo
de la individualidad, que [es lo único que] produce o
puede producir seres humanos adecuadamente
desarro-llados";
14"comprime, como el pie de una dama china,
cada parte de la naturaleza humana que descuella
sobre las otras y tiene la tendencia a hacer a la
per-sona marcadamente distinta en líneas generales
15del
ideal de racionalidad que está de moda entre los
meto-dólogos.
Ahora bien, es precisamente este ideal el que
en-cuentra su expresión bien en "reglas ciertas e
infali-bles", bien en standards que separan lo que es correcto
o racional o razonable u "objetivo", de lo que es inco
-rrecto o irracional o irrazonable o "subjetivo".
Abando-nar el ideal como indigno de un hombre libre significa
abandonar los standards y confiar enteramente en las
teorías del error. Pero entonces estas teorías, estas
su-gerencias, estas reglas basadas en la experiencia y la
práctica, han de recibir un nombre nuevo. Sin
stan-dards de verdad y racionalidad universalmente
obliga-torios no podemos seguir hablando de error universal.
Podemos hablar solamente de lo que parece o no
pa-rece apropiado cuando se considera desde un punto
de vista particular y restringido; visiones diferentes,
temperamentos y actitudes diferentes darán lugar a
juicios y métodos de acercamiento diferentes.
Seme-jante epistemología anarquista —pues en esto es en lo
que se resuelve nuestra teoría del error— no sólo
re-12
sulta preferible para mejorar el conocimiento o
enten-der la historia. También para un hombre libre resulta
más apropiado el uso de esta epistemología que el de
sus rigurosas y "científicas" alternativas.
No hay necesariamente que temer que nos veamos
conducidos al caos por la menor atención a la ley y
el orden en la ciencia y la sociedad que conlleva la
utilización de filosofías anarquistas. El sistema
nervio-so humano está demasiado bien organizado para enervio-so.
16Puede llegar, desde luego, una época en la que sea
ne-cesario dar a la razón una ventaja temporal y en la
que sea prudente defender sus reglas con exclusión de
cualquier otra cosa. Pero no pienso que la nuestra sea
una época de este tipo.
Cuando vemos que hemos llegado a la más grande extensión del [entendimiento] humano, quedamos satisfechos. HUME 17
Cuanto más sólido, bien definido y espléndido es el edificio erigido por el entendimiento, más imperioso es el deseo de la vida... por escapar de él hacia la libertad. [Al mostrarse como] la razón este edificio es negativo y dialéctico, porque reduce a la nada las detalladas determinaciones del entendimien-to. HECEL *8
Aunque la ciencia es latosa considerada en su conjunto, todavía podemos aprender de ella. BENN 19
I. INTRODUCCIÓN:
LOS LÍMITES DE LA ARGUMENTACIÓN
La idea de un método que contenga principios
cien-tíficos, inalterables y absolutamente obligatorios que
rijan los asuntos científicos entra en dificultades al ser
confrontada con los resultados de la investigación
his-tórica. En ese momento nos encontramos con que no
hay una sola regla, por plausible que sea, ni por
fir-memente basada en la epistemología que venga, que
no sea infringida en una ocasión o en otra. Llega a ser
evidente que tales infracciones no ocurren
accidental-mente, que no son el resultado de un conocimiento
in-suficiente o de una falta de atención que pudieran
haberse evitado. Por el contrario, vemos que son
nece-sarias para el progreso. Verdaderamente, uno de los
hechos que más llaman la atención en las recientes
dis-cusiones en historia y filosofía de la ciencia es la toma
de consciencia de que desarrollos tales como la
revolu-ción copernicana o el surgimiento del atomismo en la
antigüedad y en el pasado reciente (teoría cinética,
teoría de la dispersión, estereoquímica, teoría cuántica)
o la emergencia gradual de la teoría ondulatoria de la
luz ocurrieron bien porque algunos pensadores
deci-dieron no ligarse a ciertas reglas metodológicas
"ob-vias", bien porque las violaron involuntariamente?
0Esta práctica liberal, repito, no es meramente un
hecho de la historia de la ciencia. Ni una simple
mani-festación de la ignorancia e inconstancia humanas. Es
razonable y absolutamente necesaria para el desarrollo
del conocimiento. Más específicamente, puede
demos-trarse lo siguiente: considerando cualquier regla, por
"fundamental" que sea, hay siempre circunstancias en
las que se hace aconsejable no sólo ignorar la regla,
sino adoptar su opuesta. Por ejemplo, hay
circunstan-cias en las que es aconsejable introducir, elaborar y
defender hipótesis ad hoc, o hipótesis que
contradi-cen resultados experimentales bien establecidos y
ge-neralmente aceptados, o hipótesis cuyo contenido es
menor que el de las alternativas existentes
empírica-mente adecuadas, o hipótesis autoinconsistentes,
etcé-tera, etcétera.
21Hay incluso circunstancias —y ocurren más bien
frecuentemente— en las que la argumentación pierde
su prometedor aspecto y se transforma en un
obstácu-lo para el progreso. Nadie está dispuesto a afirmar
22que enseñar a niños es exclusivamente materia, de
ar-gumentación (aunque la arar-gumentación puede entrar
en ello y debería entrar en mayor proporción de lo que
es habitual),
28y casi todo el mundo coincide ahora
en que lo que parece un resultado de la razón —el
do-minio de un lenguaje, la existencia de un mundo
per-ceptual ricamente articulado,
24la habilidad lógica—
es debido en parte a indoctrinación, en parte a un
proceso de crecimiento que se desarrolla con la fuerza
de una ley natural. Y donde los argumentos parecen
tener efecto, éste debe frecuentemente adscribirse a su
repetición físicamis que a su contenido semántico,
26Una vez admitido todo esto, debemos conceder
tam-bién la posibilidad de crecimiento no-argumentativo
en el adulto así como en (las partes teóricas de) tas- <
tituciones tales como la ciencia, la religión y la
de reacción de los adultos, incluidos importantes
mo-delos de argumentación.
20Éste puede ser también un
proceso enteramente natural y la argumentación
ra-cional no puede sino incrementar la tensión mental
que precede y causa la explosión en la conducta.
Ahora bien, si son los eventos, no necesariamente
los argumentos, la causa de que adoptemos nuevos
standards, incluyendo formas nuevas y más complejas
de argumentación, ¿no forzarán a los defensores del
status quo a suministrar no sólo argumentos, sino
tam-bién causas contrarias? (La virtud, sin el terror, es
ine-fectiva, dice Robespierre.) Y si las viejas formas de
argumentación se hacen demasiado débiles para servir
como causa, ¿no deben estos defensores bien
abando-nar, bien recurrir a medios más fuertes y más
"irra-cionales"? (Es muy difícil, acaso completamente
impo-sible, combatir mediante argumentos los efectos del
lavado de cerebro.) Incluso los racionalistas más
puri-tanos se verán forzados entonces a dejar de razonar
y a utilizar, por ejemplo, la propaganda y la coerción,
no porque alguna de sus razones haya dejado de ser
válida, sino porque las condiciones psicológicas que
las hacen efectivas, y capaces de influir sobre otros,
han desaparecido. ¿Y cuál es la utilidad de un
argu-mento que deja a la gente impertérrita?
27Por supuesto, el problema nunca surge exactamente
de esta forma. La enseñanza de standards no consiste
nunca en su mera colocación ante la mente del
estu-diante y en hacerlos tan claros como sea posible. Se
supone que los standards tienen también máxima
efi-cacia causal. Esto hace muy difícil distinguir entre la
fuerza lógica y el efecto material de un argumento. Al
igual que un perrillo amaestrado obedecerá a su amo
sin que importe lo confuso que él mismo esté y lo
ur-gente que sea la necesidad.de adoptar nuevos
esque-mas de conducta, un racionalista amaestrado será
obe-diente a la imagen mental de su amo, se conformará
a los standards de argumentación que ha aprendido,
16
mostrará adhesión a esos standards sin que importe
la dificultad que él mismo encuentre en ellos y será
poco capaz de descubrir que lo que él considera como
"la voz de la razón" no es sino un post-efecto causal
del entrenamiento que ha recibido. Vemos aquí muy
claramente cómo trabajan las llamadas a la "razón".
A primera vista, estas llamadas parecen dirigirse a
al-gunas ideas que convenzan al hombre en lugar de
pre-sionar sobre él. Pero la convicción no puede
permane-cer en estado etéreo; se supone que conduce a la
ac-ción. Se supone que conduce a la acción apropiada, y
se supone que sostiene esta acción el tiempo que sea
necesario. ¿Cuál es la fuerza que permite mantener tal
desarrollo? Es la eficacia causal de los standards a los
que se hizo la llamada, y esta eficacia causal no es a
a su vez más que un efecto del entrenamiento, como
hemos visto. De aquí se sigue que la llamada a la
ar-gumentación o bien no tiene contenido en absoluto, y
puede ponerse de acuerdo con cualquier
procedimien-to,
28o bien tendrá frecuentemente una función
conser-vadora: pondrá barreras a lo que esté a punto de
con-vertirse en un modo natural de conducta.
20En el
úl-timo caso, sin embargo, la llamada no es más que una
maniobra política oculta. Esto aparece muy claramente
cuando un racionalista quiere reconstruir un punto de
vista anterior. Al basar su argumentación en hábitos
naturales de razonamiento que o están extinguidos o
no tienen utilidad en la nueva situación, dicho
cam-peón de la "racionalidad" ha de reconstruir las
condi-ciones materiales y psicológicas pasadas. Al hacer esto
se ve envuelto, sin embargo, en "una lucha de
intere-ses y fuerzas, no de argumentos".
80Que intereses, fuerzas, propaganda y técnicas de
lavado de cerebro juegan en el crecimiento de nuestro
conocimiento y, a fortiori, de la ciencia un papel
mu-cho mayor de lo que comúnmente se cree puede verse
también a partir de un análisis de la relación entre
idea y acción. A menudo se da por supuesto que un
nítido entendimiento de las ideas nuevas precede y
debe preceder a cualquier formulación y cualquier
ex-presión institucional de ellas. (Una investigación
em-pieza con un problema, dice Popper.) Primeramente,
tenemos una idea, o un problema; después actuamos,
es decir, hablamos o construimos o destruimos.
81No es
éste ciertamente el modo en que los niños se
desarro-llan. Los niños usan palabras, las combinan, juegan
con ellas hasta que atrapan un significado que hasta
ese momento ha permanecido fuera de su alcance. Y la
actividad inicial con carácter de juego es un
presupues-to esencial del acpresupues-to final de entendimienpresupues-to.
32No hay
razón para que este mecanismo tenga que dejar de
funcionar en el adulto. Por el contrario, debemos
espe-rar, por ejemplo, que la idea de libertad sólo pueda
hacerse clara por medio de las mismas acciones que se
supone que crean libertad. La creación de una cosa, y
la creación más el completo entendimiento de una idea
correcta de la cosa, son muy a menudo partes de un
mismo e indivisible proceso y no pueden separarse sin
llevar el proceso a un estancamiento. El proceso mismo
no está guiado por un programa claramente definido;
y no puede ser guiado por tal programa porque es el
proceso el que contiene las condiciones de realización
del programa. Mejor se diría guiado por un vago
im-pulso, por una "pasión" (Kierkegaard). La pasión da
lugar a una conducta específica que a su vez crea las
circunstancias y las ideas necesarias para analizar y
explicar el desarrollo total, para hacerlo "racional".
33El desarrollo del punto de vista copernicano desde
Galileo hasta el siglo xx constituye un perfecto
ejem-plo de la situación que queremos describir. Se parte
de una fuerte creencia que va contra lo que en la
épo-ca se considera razonable. La creencia se extiende y
encuentra apoyo en otras creencias que son igualmente
irrazonables, si es que no lo son más (ley de inercia,
telescopio). La investigación se disgrega ya en nuevas
direcciones, se construyen nuevos tipos de
instrumen-tos, la "evidencia" se relaciona con las teorías en
for-mas nuevas, hasta que surge una nueva ideología que
es lo bastante rica para proporcionar argumentos
inde-pendientes para cualquier zona particular de ella y lo
bastante móvil para encontrar tales argumentos en
cualquier ocasión que parezcan necesitarse. Hoy
pode-mos decir que Galileo siguió el camino acertado,
por-que su persistente empeño en lo por-que en tiempos
pare-ció una estúpida cosmología creó el material que se
necesitaba para la defensa de esta cosmología, contra
aquellos de nosotros que sólo aceptan aquella visión
de las cosas que se expresa de un cierto modo y que
confían en ella sólo si contiene ciertas frases mágicas,
llamadas "informes observacionales".
3* Y esto no es
una excepción, sino el caso normal: las teorías llegan
a ser claras y "razonables" sólo después de que partes
incoherentes de ellas han sido utilizadas durante largo
tiempo. Tal irrazonable, sin sentido y poco metódico
prólogo resulta así ser una inevitable condición previa
de claridad y éxito empírico.
86Al intentar describir desarrollos de esta clase de un
modo general, nos vemos obligados desde luego a
recu-rrir a los modos de hablar existentes, los cuales no
tie-nen en cuenta esos desarrollos y deben por tanto ser
deformados, mal empleados y forzados a entrar en
nue-vos esquemas con objeto de ajustarse a situaciones
im-previstas (sin un constante mal empleo del lenguaje no
puede haber ni descubrimiento ni progreso). "Además,
puesto que las categorías tradicionales son el evangelio
del pensamiento cotidiano (incluido el pensamiento
científico ordinario) y de la práctica cotidiana [tal
in-tento por entender] presenta en efecto reglas y formas
de un pensamiento y una acción falsos —falsos, claro
está, desde el punto de vista del sentido común
[cien-tífico]—."
30Así es cómo surge el pensamiento
dialéc-tico, como una forma de pensamiento que "reduce a
r f r r
c f f f f t r r
.r r r í
Está claro, pues, que la idea de un método fijo de
una (teoría de Fa) racionalidad fija surge ^ uñaron
del hombre y de su contorno social demando ingenua
A quienes consideren el rico material de que nospro
vee
1la historia y no intenten empobrecerlo para dar
satisfacción a sus más bajos instintos y al **eo de
se-guridad intelectual que P
roP
orc^
an\P^Sá ^ue
claridad y la precisión, a esas personas lesparecer a que
hay solamente un principio que puede ser Defendido
bajo cualquier circunstancia y en todas ]™ *?f
s™[
desarrollo humano. Me refiero al principo todo vale.
Este principio abstracto (que es el único principio
de nuestra metodología anarquista) debe ahora ser
elucidado y explicado en sus'detalles concretos.
II CONTRAINDUCCIÓN(I):
TEORÍAS
\
Hemos dicho que cuando se considera cualquier
re-gla, por fundamental o "necesaria para la ciencia" que
sea, pueden imaginarse circunstancias en las que es
aconsejable no sólo ignorar la regla, sino adoptar su
opuesta. Apliquemos esta afirmación a la regla que
dice que "la experiencia", o "los hechos", "los
resul-tados experimentales" o cualesquiera otras palabras
que sean utilizadas para describir los elementos
"sóli-dos" de nuestros procedimientos de contrastación,
mi-den el éxito de una teoría, de tal modo que el
acuer-do entre la teoría y "los datos"- se considera como
be-neficioso para la teoría (o. que al menos no altera la
situación), mientras que el desacuerdo la hace
peli-grar o quizás incluso la elimina. Esta regla es una
par-te esencial de todas las par-teorías de la inducción, así
como de algunas teorías de la corroboración. Tomando
el punto de vista opuesto, sugiero la introducción,
ela-boración y propagación de hipótesis que sean
incon-sistentes o con teorías bien establecidas o con hechos
bien establecidos. O, dicho con precisión, sugiero
pro-ceder contrainductivamente además de propro-ceder
induc-tivamente.
No es necesario discutir la primera parte de la
su-gerencia que está en favor de hipótesis inconsistentes
con teorías bien establecidas. El principal argumento
ha sido ya publicado en otro lugar.
30Se puede resumir
diciendo que la evidencia relevante para la
contrasta-ción de una teoría T a menudo sólo puede ser sacada
a la luz con la ayuda de otra teoría T' incompatible con
T. Así que el consejo de posponer las alternativas hasta
que haya ocurrido la primera refutación es lo mismo
21
NOTAS
1. V. I. Lenin, "Left Wing" Communism, an Infantile
Disorder, Pekín, Ediciones en lenguas extranjeras, 1965, p. 100.
(Hay trad. castellana con el título de El "izquierdismo",
enfer-medad infantil del comunismo, Buenos Aires, Cartago, 1965,
tomo VI de las Obras Escogidas de Lenin.) El libro se publicó primero en 1919 con el propósito de criticar a ciertos elementos puritanos del comunismo alemán. Lenin habla de partidos y de vanguardia revolucionaria y no de científicos y metodólogos. La lección es, no obstante, la misma.
2. H. Butterfield, The Whig Interpretation of History, Nueva York, Norton, 1965, p. 66.
3. Ibid., p. 21. 4. Ibid., p. 25.
5. Lenin, "Left Wing" Communism, p. 100. Es interesante ver cómo una pocas sustituciones pueden transformar una lec-ción política en una leclec-ción para la metodología que, después de todo, es parte del proceso mediante el cual nos movemos de una etapa histórica a otra. Vemos también cómo un individuo que no está intimidado por las barreras tradicionales puede dar un consejo útil a todos, filósofos de la ciencia incluidos. Cf. notas 27 y 33, 35 y 38.
6. P. A. Schilpp, ed., Albert Einstein,
Philosopher-Scien-tist, Evanston, 111., Tudor, 1948, p. 683.
7. D. Hume, A Treatise of .Human Nature, Oxford, Oxford University Press, 1888, p. 180.
8. Popper y sus seguidores distinguen entre el proceso sociopsicológico de la ciencia donde los errores abundan y las reglas se infringen constantemente y un "tercer mundo" donde el conocimiento cambia de manera racional y sin interferirse con la "psicología de masas", según la expresión del propio Lakatos. Para más detalles y un esbozo de crítica de este pla-tonismo de pobre véase el texto correspondiente a la nota 194. 9; E. H. Carr, Michael Bakunin, Londres, Macmillan, 1937, . pp. 8-9.
10. De este modo la presión externa es reemplazada por la mala conciencia, y la libertad permanece restringida como 128
antes. Marx describe un desarrollo similar en el caso de Lulero con las siguientes palabras: "[...] Lulero elimina la religiosidad
externa y hace de la religiosidad la esencia interna del
hom-bre [...] se niega a aceptar al airado párroco separado del laico, porque pone un párroco en el propio corazón del laico"
(tfatio-naloekonomie ttnd Philosophie, cilado de Marx, Die Fríihschrif-tcn, ed. S. Landshul, Stuttgart, Kroner, 1953, p. 228. (Hay
trad. cast.)
Cualquier resto de irracionalidad en la historia es suprimido por el modo quasi-histórico y verdaderamente bastante mitoló-gico en el que los científicos describen la génesis de sus descu-brimientos, o de los descubrimientos de otros. "[...] la historia está completamente subordinada a las necesidades del presente, y en verdad sólo sobrevive en tanto y en la forma en que sirve a las necesidades presentes." Entre las necesidades presentes, sin embargo, la propagación de lo que se piensa que es bueno para la ciencia es la más importante. De aquí que la historia sea sustituida por mitos "que tienen que estar en consonancia con lo que [se piensa que] es bueno para la física, y tienen que ser internamente consistentes" (Paul Forman, "The Discovery of the Difraction of X-rays by Crystals: A Critique of the Myths", Archive for the History of the Exact Sciences, 6 (1969), 68-69). El trabajo de Forman presenta un ejemplo interesante que ilustra esta afirmación. Otro ejemplo es el de los mitos inventados para explicar el origen de la teoría especial de la relatividad. Puede verse una excelente descripción con abundan-tes fuenabundan-tes en G. Holton, "Einstein, Michelson, and the 'Crucial' Experiment", /sis, 60 (1969), 133-197.
11. "Esta preponderancia única de la lógica interna de una materia sobre las influencias extemas no [...] se encuentra al comienzo de la ciencia moderna" (H. Blumenberg, Die.
Koper-nikanische Wende, Frankfurt, Suhrkamp, 1965, p. 8).
12. "Nada es más peligroso para la razón que los vuelos de la imaginación..." (Hume, A Treatise of Human Nature, p. 267).
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tes. Sin embargo, estas actividades son aberraciones de su vida privada; no tienen relación alguna con lo que está haciendo como experto. La afición por Mozart, o por Hair, no hará más melodiosa su física ni le dará un mejor ritmo. Ni dará un affaire más colorido a su química.
Esta separación de ámbitos tiene consecuencias muy desa-fortunadas. No sólo las materias especiales están vacías de los ingredientes que hacen una vida humana hermosa y digna de vivirse, sino que estos ingredientes están también empobreci-dos, las emociones se hacen romas y- descuidadas, tanto como el pensamiento se hace frío e inhumano. En verdad, las partes privadas de la propia existencia sufren mucho más que lo hace la propia capacidad oficial. Cada aspecto del profesionalismo tiene sus perros guardianes; el más ligero cambio, o amenaza de cambio, se examina; se emiten advertencias, y toda la maqui-naria de opresión se pone inmediatamente en movimiento con objeto de restaurar el status quo. ¿Quién cuida de la calidad de nuestras emociones? ¿Quién vela por aquellas partes de nues-tro lenguaje que se supone que mantienen a la gente más unida, que tienen la función de dar confort, comprensión y quizás un poco de crítica personal y de estímulo? No hay encargados de tales cosas. Como resultado, el profesionalismo también sienta plaza en este dominio.
Por citar algunos ejemplos:
En 1610 Galileo da cuenta por primera vez de su invento del telescopio y de las observaciones que hizo con él. Éste fue un acontecimiento científico de primera magnitud, mucho más importante que cualquier cosa que hayamos logrado en nuestro megalomaniaco siglo xx. No sólo se introducía así un muy misterioso instrumento para el mundo de los entendidos (se introdujo para el mundo de los entendidos, porque el ensayo estaba escrito en latín), sino que el instrumento fue dedicado inmediatamente a un uso muy poco común: fue dirigido hacia el cielo; y los resultados, los asombrosos resultados, parecían apoyar de manera clara la nueva teoría que Copérnico había sugerido unos sesenta años antes, y que estaba todavía muy lejos de ser generalmente aceptada. ¿Cómo introdujo Galileo su pen-samiento? Leamos: "Hace unos diez meses llegó a mis oídos la noticia de que cierto holandés había construido un anteojo por medio del cual los objetos visibles, aunque estuviesen muy dis-tantes del ojo del observador, eran vistos con claridad, como si estuviesen cerca. Varias experiencias se contaban de este efecto verdaderamente notable, a las cuales algunas personas daban crédito, mientras otras se lo negaban. Pocos días después la información me fue confirmada por una carta de un noble fran-cés que residía en París, Jacqués Badovere, que hizo que me aplicase concentradamente para averiguar los medios por los
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cuales poder llegar a inventar un instrumento similar [...]" (citado de Stillman Drake, ed., Discoveries and Opinions of Galileo, Nueva York, Doubleday Anchor Books, 1957, pp. 28-29).
Empezamos con un relato personal, un encantador relato, que nos conduce lentamente a los descubrimientos, y éstos son referidos en la misma forma clara, concreta y llena de colorido: "Hay otra cosa —escribe Galileo, describiendo la cara de la Luna— que no debo omitir, porque la vi no sin cierta admira-ción, a saber: que casi en el centro de la luna hay una cavidad más grande que todas las demás, y de forma perfectamente redonda. La he observado cerca, tanto del primero como del último cuartos, y he intentado representarla tan correctamente como me ha sido posible en la segunda de las figuras de arri-ba [...]". Citado de Drake, ed., Discooeries and Opínions of Galileo, p. 36. El dibujo de Galileo atrae la atención de Kepler, que fue uno de los primeros en leer el ensayo de Galileo. Y co-menta: "No puedo evitar preguntarme acerca del significado de la gran cavidad circular en lo que yo usualmente llamo el ángulo izquierdo de la boca. ¿Es obra de la naturaleza o de una mano adiestrada? Supongamos que hay seres vivos en la Luna (siguiendo los pasos de Pitágoras y Plutarco me divertía jugar con esta idea, hace tiempo [...]). Seguramente no es contrario a razón que los habitantes expresen el carácter del lugar en que viven, que tiene montañas y valles mucho más grandes que los de nuestra Tierra. Por consiguiente, dotados de cuerpos muy pesados, también construirán proyectos gigantescos [...]" (citado de Kepler's Conversations with Galileo's Sidereal Messenger, traducción de Edward Rosen, Nueva York, Johnson Reprint Corporation, 1965, pp. 27-28).
"He observado"; "he visto"; "me ha sorprendido"; "no puedo evitar preguntarme"; "me encantó": así es cómo uno habla a un amigo o, en cualquier caso, a un ser humano vivo. El terrible Newton, que es más que nadie responsable de la plaga de profesionalismo que sufrimos hoy, empieza su primer escrito sobre los colores en un estilo muy similar: "[...] al principio del año 1666 [...] me procuré un prisma triangular de cristal, para emprender con él los celebrados fenó-menos de los colores. Y para ello, una vez ensombrecido mi aposento y hecho un pequeño agujero en la ventana para dejar pasar una cantidad conveniente de luz solar, coloqué mi prisma a la entrada de la luz para que pudiera ser refractada hacia )a pared opuesta. Constituyó al principio un entretenimiento muy agradable ver los vivos e intensos colores que allí se producían; pero al cabo de un rato me apliqué a considerarlos con más. circunspección. Quedé sorprendido al verlos en una forma alar-gada [...]" (citado de The Correspondence of Isaac Newton, vol. I, Cambridge, Cambridge University Press, 1959, p. 92).
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Recuérdese que todos estos relatos son acerca de la naturaleza inanimada, fría, objetiva, "inhumana"; que son acerca de estre-llas, prismas, lentes, la Luna, y que sin embargo están escritos de la manera más viva y fascinante, comunicando al lector un interés y una emoción que son los que el descubridor sintió al aventurarse inicialmente en los extraños mundos nuevos.
Comparemos ahora con esto la introducción a un libro re-ciente, un "best "seller", Human Sexual Response, cuyos autores son W. H. Masters y V. E. Johnson, Boston, Little, Brown, 1966. He elegido este libro por dos razones. En primer lugar, porque es de interés general. Destierra prejuicios que influyen no sólo en los miembros de alguna profesión, sino en la conducta coti-diana de una gran cantidad de gente aparentemente "normal". En segundo lugar, porque trata de un asunto que es nuevo y sin una terminología especial. También porque trata del hom-bre y no de las piedras o los prismas. De modo que podría esperarse un comienzo aún más vivo e interesante que el de Galileo, Kepler o Newton. En lugar de ello, ¿qué leemos? Tome nota, paciente lector: "En vista del obstinado apremio gonadal en los seres humanos, no deja de ser curioso que la ciencia muestre su singular timidez en el punto sobre el que pivota la fisiología del sexo. Quizás esta evasión [...]", etcétera. Esto ya no es un modo humano de hablar. Es el lenguaje del especialista.
Obsérvese que el sujeto ha desaparecido enteramente. Ya no hay "Me sorprendió mucho encontrar" o, puesto que los autores son dos, "Nos sorprendió mucho encontrar", sino "Es sorpren-. dente encontrar", sólo que no expresado con términos tan senci-llos como éstos. Obsérvese también hasta qué punto se mezclan en el discurso irrelevantes términos técnicos y llenan las frases de ladridos, gruñidos, aullidos y regüeldos antediluvianos. Se levanta un muro entre los escritores y sus lectores, no en virtud de una falta específica de conocimiento, ni porque los escritores no conozcan a sus lectores, sino de la intención, por parte de los autores, de expresarse con arreglo a algún curioso ideal profesional de objetividad. Y este feo, inarticulado e inhumano idioma se hace presente en todas partes y ocupa el lugar de una descripción más simple y directa.
Así, en la página 65 del libro leemos que la mujer, al ser capaz de orgasmo múltiple, tiene a menudo que masturbarse una vez retirado su compañero para conseguir así la culminación del proceso fisiológico que le es característico. La mujer sólo se detendrá, quieren decir los autores, cuando se encuentre cansada. Esto es lo que quieren decir. Lo que realmente dicen es: "Por lo común, el agotamiento físico pone fin por sí solo a la sesión masturbatoria activa". Usted no se masturba, usted tiene una "sesión masturbatoria activa". En la página siguiente se
acon-seja al hombre preguntar a la mujer lo que quiere o no quiere en lugar de intentar averiguarlo por su cuenta. "Él debería preguntarle a ella": esto es lo que nuestros autores quieren hacernos saber. ¿Cuál es la frase que aparece en realidad en el libro? Lean: "El hombre será infinitamente más efectivo si anima a" Su compañera a vocalizar". "Anima a vocalizar" en vez de "le pregunta". Bien: acaso alguien diga que los autores quieren ser precisos, que quieren dirigirse a sus compañeros de profesión más que al público en general y, naturalmente, tienen que emplear una jerga especial para hacerse entender. Por lo que respecta al primer punto, esto es, a la precisión, recuérdese, sin embargo, que los autores también dicen que el hombre será "infinitamente más efectivo", cosa que, considerando las circuns-tancias, no es ciertamente un enunciado muy preciso de los hechos. Y en cuanto.al segundo punto, hay que decir que no se trata de la estructura de los órganos, ni de particulares procesos fisiológicos que puedan tener un nombre especial en medicina, sino de un asunto tan ordinario como preguntar. Además, Galileo y Newton se las arreglaron sin una jerga especial aunque la física de su tiempo estaba altamente especializada y contenía muchos términos técnicos. Se las arreglaron sin una jerga espe-cial, porque querían empezar de nuevo y porque eran lo sufi-cientemente libres e inventivos como para, en lugar de dejarse dominar por las palabras, ser capaces ellos mismos de dominar-las. Masters y Johnson están en una situación muy parecida, pero no pueden hablar ya de manera directa, su sensibilidad y su talento lingüístico han sido deformados hasta tal extremo, que uno se pregunta si serán siquiera capaces de volver alguna vez a hablar un inglés normal.
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tíempo libre y cuyas vidas tratan de mejorar? ¿Son capaces de superar las barreras del profesionalismo al menos en esta oca-sión? ¿Son capaces de hablar? No.
Los autores quieren decir que los policías hacen detenciones en circunstancias en que la gente no tiene más remedio que enfadarse. Dicen: "Cuando la sublevación de los que están pre-sentes es la consecuencia inevitable [...]". "Sublevación"; "con-secuencia inevitable": ésta es la jerga del laboratorio, éste es el lenguaje de la gente que habitualmente maltrata a las ratas, ratones, perros y conejos y anota cuidadosamente los efectos'de este mal trato, pero el lenguaje que pellos emplean se aplica ahora también a seres humanos, a seres con los que, no obstan-te, se simpatiza, o se dice que se simpatiza, y cuyas pretensiones se apoyan. Los autores quieren decir que los policías y los huel-guistas raramente se hablan entre sí. Y dicen: "La comunicación entre los huelguistas y los policías no existe". El centro de aten-ción no son ni los huelguistas, ni la policía, ni la gente, sino un proceso abstracto* "la comunicación", acerca de la que uno ha aprendido una o dos cosas y con la que uno se siente más cómodo que con los heres humanos vivos. Los autores quieren decir que más de 80 personas tomaron parte en la empresa, y que el informe contiene los elementos de lo que unos 30 de ellos han escrito. Y escriben: "Este informe trata de reflejar un consenso de los 30 informes emitidos por los 80 junto con obser-vadores facultados que participaron". ¿Es preciso que continúe? ¿O no está ya suficientemente claro que los efectos, los misera-bles efectos, del especialismo son mucho más profundos y mucho más viciados de lo que podría esperarse a primera vista? ¿Que algunos profesionales han perdido incluso la capacidad de hablar de una manera civilizada, que han vuelto a un estado mental más primitivo que el de un joven de dieciocho años que es toda-vía capaz de adaptar su lenguaje a la situación en la que él mismo se encuentra, hablando el lenguaje de la física en su clase de física y un lenguaje completamente diferente con sus amis-tades en la calle {o en la cama)?
Muchos colegas que están de acuerdo con mi crítica general de la ciencia encuentran forzado y exagerado este énfasis en el lenguaje. El lenguaje, dicen, es un instrumento del pensamiento que no influye en él hasta el extfemo que yo supongo. Esto es cierto en tanto que una persona tenga diferentes lenguajes a su disposición, y en tanto que todavía sea capaz de cambiar de uno a otro cuando la situación lo requiera. Pero aquí no es éste el caso. Aquí un único y más bien empobrecido idioma tiene a su cargo todas las funciones y se usa en todas las circunstancias. ¿Se está dispuesto a insistir en que el pensamiento que se oculta tras este feo exterior ha permanecido ágil y humano? ¿O más bien debe estarse de acuerdo con V. Klemperer y otros que han
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analizado la deterioración del lenguaje en las sociedades fascis-tas en que "las palabras son como pequeñas dosis de arsénico: son ingeridas sin darse cuenta, no parecen tener ningún efecto digno de mención, y sin embargo la venenosa influencia estará ahí al cabo de algún tiempo. Si alguien sustituye con suficiente frecuencia palabras tales como 'heroico' y Virtuoso' por 'fanático' terminará por creer que sin fanatismo no hay heroísmo ni virtud" (Die Unbewaeltigte Sprache, Munich, Deustcher Taschenbuch Verlag, 1969, p. 23). De manera semejante el uso frecuente de términos abstractos de disciplinas abstractas ("comunicación", "sublevación") en asuntos que tratan de seres humanos obliga a que la gente crea que el ser humano puede reducirse a unos cuantos procesos asépticos y que cosas como la emoción o el entendimiento son elementos molestos, o, mejor aún, erróneas concepciones pertenecientes a un estadio más primitivo del conocimiento.
En su búsqueda de un lenguaje aséptico y standardizado con una ortografía y una puntuación uniformes, con referencias standardizadas, etc., los expertos reciben creciente apoyo por parte de los editores. Idiosincrasias de estilo y expresión a las que un observador neutral no presta atención son advertidas con seguridad por impresores o editores, y se derrota mucha energía en disputas sobre una frase o sobre la posición de una coma. No parece sino que el lenguaje ha dejado de ser propiedad de escritores y lectores y ha sido adquirido por las casas editoras, de modo que a los autores ya no se les permite expresarse como ellos consideran adecuado ni hacer sus contribuciones al enri-quecimiento de la lengua.
14. John Stuart Mili, On liberty, citado de The Philosophy of John Stuart Mili, ed. Marshall Cohén, Nueva York, Modern Library, 1961, p. 258 (hay trad. cast.).
15. Ibid., p. 265.
16. Incluso en situaciones indeterminadas y ambiguas la uniformidad de acción se logra pronto y la adherencia a la mis-ma es tenaz. Cf. M. Sherif, The Psychology of Social Norms, Nueva York, Harper Torchbooks, 1964.
17. A Treatise on Human Nature, p. xxii. La palabra "ra-zón" ha sido sustituida por "entendimiento" con objeto de esta-blecer una coherencia con la terminología de los idealistas alemanes.
18. La primera parte de la cita, hasta "al mostrarse como" se ha tomado de Differenz des Fichte'schen tmd Schelling'schen Systems der Philosophie, ed. G. Lasson, Hamburgo, Félix
Mei-ner, 1962, p. 13. La segunda parte es de Wissenschaft der Logikt
vol. I, Hamburgo, Félix Meiner, 1965, p. 6.
19. Carta a Gert Micha Simón de 11 de ocfubre de 1949.
Citado de Gottfried Benn, Lyrik und Prosa, Briefe und
Doku-ments, Wiesbaden, Limes Verlag, 1962, p. 235.
20. Para detalles y literatura adicional véase "Problema of Empiricism, II", en The Nature and Function of Scientific
Theory, ed. R. G. Colodny, Pittsburg, University of Pittsburg
Press, 1970.
21. Uno de los pocos físicos que han visto y comprendido este rasgo del desarrollo del conocimiento científico es Niels Bohr: "[...] nunca intentó dar un cuadro acabado; recorría, por el contrario, pacientemente todas las fases del desarrollo de un problema, partiendo de alguna paradoja aparente, y yendo gra-dualmente a su elucidación. De hecho nunca consideró los resultados conseguidos de otro modo que como puntos de par-tida para una posterior exploración. Cuando especulaba" sobre las perspectivas de alguna línea de investigación, despreciaba las usuales consideraciones de simplicidad, elegancia e incluso consistencia, haciendo notar que tales cualidades sólo pueden juzgarse propiamente después [el subrayado es mío] del suce-so [...]" (L. Rosenfeld en Niels Bohr, His Life and Work as Seen
by his Friends and Colleagues, ed. S. Rozental, Nueva York,
Interscience, 1967, p. 117).
Deberíamos darnos cuenta desde luc'jjo cíe que la ciencia no obtiene resultados finales y que por ello está siempre "antes" del suceso, nunca "después" de él. Simplicidad, elegancia, consistencia nunca son, por tanto, una conditio slne qua non del conocimiento científico.
Consideraciones como éstas son usualmente criticadas por la observación infantil de que una contradicción se transmite a todo enunciado y que los puntos de vista autoinconsistentes son por lo tanto inútiles para la ciencia. Considero infantil esta observación porque supone que una ciencia autoinconsistente es una posibilidad realista, que la regla que conduce, al resul-tado acabado de mencionar es la única regla posible, y que el científico está obligado a jugar los juegos de pensamiento del lógico. Desde luego que no hay tal obligación. Muy al contrario, el científico puede criticar al lógico por proveerle de instrumentos inadecuados que hacen que no tengan sentido las complejas, delicadas y a menudo autoinconsistentes teorías que él emplea.
Para más información relativa a la filosofía de Bohr véase mi ensayo "On a Recent Critique of Complementarity",
Phílo-sophy of Science, 35 (1968), 309-331,, y 36 (1969), 82-105.
El ensayo también cita literatura sobre el tema.
22. Los niños "aprenden a imitar a otros [...] y así apren-den a considerar los standards de comportamiento como viniendo formados por reglas dadas, fijas [...] y cosas tales como la sim-patía y la imaginación pueden jugar un importante papel en
este desarrollo [...]" (K. R. Popper, The Open Societtj And lis
Enemies, Nueva York, Harper Torchbooks, 1967, II, 390).
También debería compararse el resto del apéndice i/15, que da una clara descripción de los elementos irracionales de nuestro conocimiento.
23. En una de sus numerosas elucubraciones en alabanza del Inglés Ordinario ("Moore and Ordinary Language" en The
Philosophy of G. É. Moore, ed. P. A. Schilpp, Nueva York,
Tudor, 1952, pp. 354 y siguientes), Malcolm hace el siguiente comentario: "[...] si un niño que está aprendiendo el lenguaje dijera, en una situación en la que estuviéramos sentados en una habitación con sillas, que era 'altamente probable que allí hubiera sillas, sonreiríamos y corregiríamos su lenguaje" (sub-rayado en el original). Sólo puede esperarse que los niños a los que Malcolm se dirige en estos términos no sean tan crédulos como la mayoría de sus estudiantes y conserven su inteligencia, su imaginación y, sobre todo, su sentido del humor ante éste y otros "métodos" de educación.
24. Cf. más abajo, el texto correspondiente a la nota 208. 25. Comentando su temprana educación a cargo de su pndrc, y especialmente Ins explicaciones que recibió en materia de lógica, J. S. Mili lince Ins siguientes observaciones: "Las explicaciones no hicieron el asunto en absoluto claro para mí por aquel entonces; pero no por ello fueron inútiles; permane-cieron como un núcleo sobre el que cristalizaron mis observa-ciones y reflexiones; la importancia de estas observaobserva-ciones gene-rales se me manifestó por medio de ejemplos particulares que llamaron mi atención posteriormente" (Autobiography, Londres, Oxford University Press, 1963, p. 16). En "Problems of Empi-ricism, Part U" he tratado de explicar que el desarrollo de la - ciencia muestra diferencias de fase de este tipo precisamente. Un nuevo principio extraño e incomprensible sirve a menudo de "núcleo sobre el que observaciones y reflexiones cristalizan" hasta que obtenemos una teoría que es comprendida incluso por el empirista más entrenado. Para una discusión general del problema abordado en esta nota, véase Hegel, Wissenschaft der
Logik, I, 51-64. Véase también san Agustín, De Doctrina Chrístiana, 11/9: "Lo primero es conocer estos libros [es decir,
los libros del Viejo y del Nuevo Testamento]. No podemos todavía entenderlos por completo, pero mediante su lectura podemos memorizarlos, o llegar a familiarizarnos de alguna ma-nera con ellos". El modo por el cual conversaciones aparente-mente sin propósito pueden conducir a nuevas ideas y a un nuevo estado de consciencia ha sido descrito breve, pero exqui-sitamente, por Heinrich von Kleist, "Ueber die allmaehliche Verfertigung der Gedanken beim Reden", en Meisterwerke
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Deutscher Literaturkritik, ed. Hans Meyer, Stuttgart, Goverts,
Neue Bibliotek der Weltliteratur, 1962, 741-747.
26. "El recurso a la acción directa cambió por c'ompleto el tenor de la lucha, porque la confianza en sí mismos de los trabajadores creció enormemente (y su conocimiento se trans-formó) una vez que actuaron sin delegar nada de su poder en los partidos políticos o en los sindicatos. 'La fábrica es nues-tra, ¿necesitamos empezar a trabajar para los patronos de nue-vo?' Esta idea surgió espontáneamente, no por una orden, o bajo la égida de la llamada vanguardia del proletariado [con sus métodos especiales, sus reglas, sus prescripciones y su idea especial de la racionalidad], sino simplemente como una
res-puesta natural a una situación concreta" (D. Cohn-Bendit, Obso-lete Communism: The Left Wíng Alternative, traducción de
A. Pomerans, Londres, André Deutsch, 1968, p. 67). El énfasis de Cohn-Bendit en "la espontaneidad [...] el principal enemi-go de todos los burócratas" (p. 154) concuerda con el tono general del presente trabajo, que desea eliminar la excesiva burocracia, no solamente del gobierno, sino también de la
admi-nistración del conocimiento (donde aparece como una llamada
a la racionalidad). Para la formación de respuestas naturales a situaciones ambiguas, véase también Sherif, The Psuchologij of
Social Norms.
27. (A) K. R. Popper, cuyos puntos de vista tenía en la mente al criticar la omnipresencia de la argumentación, ha admi-tido que "el racionalismo está necesariamente lejos de ser com-prehensivo o completo en si mismo": The Open Socicíy and
Its Ennemies, II, 231. Pero lo que estoy preguntando no es si hay límites a nuestra razón. La cuestión es dónde están situados
estos límites. ¿Están fuera de las ciencias, de modo que la ciencia misma permanece enteramente racional (aunque la deci-sión de hacerse científico puede ser una decideci-sión irracional) o son los cambios irracionales una parte esencial incluso de la empresa más racional que el hombre haya inventado? ¿Contiene el fenómeno histórico "ciencia" ingredientes que desafíen un análisis racional? ¿El objetivo de aproximarse cada vez más a la verdad puede alcanzarse de una forma completamente racio-nal, o es quizás inaccesible para aquellos que deciden confiar solamente en la argumentación? Éstas son las preguntas de las que quiero ocuparme en el presente ensayo.
(B) Puede encontrarse una profundización sorprendente tanto en lo limitado de la validez de las reglas metodológicas como en su dependencia de un cierto estadio de desarrollo de la huma-nidad en los escritos políticos de Lenin y Mao y, desde luego, en la filosofía de Hegel. Se requiere sólo un poco de imagina-ción para hacer que los consejos positivos contenidos en estos
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escritos sean consejos para el científico o para el filósofo de la ciencia.
Así, en la página 40 y siguientes de "Left Wíng"
Commu-nism, de Lenin (un libro muy útil como base teórica para la
crítica del radicalismo de izquierdas contemporáneo, radicales de campus, izquierdistas puritanos y otros superizquicrdistas de la poco dialéctica edad de piedra política), Icemos: "Podemos (y debemos) empezar a construir el socialismo no con un mate-rial humano imaginario [como lo hace la doctrina del raciona-lismo crítico], ni con un material humano especialmente prepa-rado por nosotros [como hacen todos los stalinistas, tanto en política como en filosofía de la ciencia], sino con el [muy espe-cífico] material humano que el capitalismo nos ha legado. Es verdad que esto es muy 'difícil', pero ningún otro modo de acercarnos a esta tarea es lo bastante serio para justificar su dis-cusión". Cambíese "socialismo" por "racionalidad del futuro", "capitalismo" por "racionalismo crítico" y nuestro caso está expresado con perfecta claridad.
Me parece que esa atención al más amplio contexto político . liberará' al filósofo de la ciencia del carrusel Nagel-Carnap-Popper-Kuhn. El único filósofo que secretamente bebe el vino prohibido del leninismo es Lakatos y los resultados son evi-dentes en su magnífica obra. Todo lo que se requiere es 'que confiese sus vicios abiertamente para que ptros puedan apren-der a deleitarnos e iluminarnos de un modo semejante.
(C) Un excelente ejemplo de la necesidad de poner en mo-vimiento fuerzas además de argumentos lo proporciona la histo-ria de la brujería desde el siglo xni al xvn. "Ni el mero escep-ticismo ni el mero 'racionalismo* podrían haber acabado con la vieja cosmología", escribe H. Trevor-Roper en su análisis The
European Witch Craze, Nueva York, Harper Torchbooks, 1969,
p. 181. "Una fe rival fue necesaria [...]" A pesar de todos los argumentos en contra suya "la base intelectual de la bruje-ría permaneció firme a lo largo de todo el siglo xvn. Ningún crítico había mejorado los argumentos de Weyer; ninguno había atacado la .sustancia del mito [...]" (pp. 160-161). Tales ataques no ocurrieron, y no podían haber sido efectivos. No podían haber sido efectivos, porque la ciencia de las escuelas estaba "empíricamente confirmada" (p. 191); porque "creaba su propia evidencia" (p. 160); porque estaba firmemente enraizada en la creencia común (p. 124), llevando a experiencias potentes, a "ilusiones" que estaban "centralizadas alrededor" de los prin-cipales caracteres del mito dominante como por ejemplo "el diablo" (p. 125), y porque las potentes fuerzas emocionales se expresaban también por medio del mito. La existencia de evi-dencia empírica hacía difícil argumentar contra la brujería de una manera científica. La existencia de la fuerza emocional
habría neutralizado incluso un contraargumento científico efec-tivo. Lo que se necesitaba no era simplemente una crítica for-mal, o una crítica empírica; lo que se necesitaba era un
cambio de consciencia, una "fe rival" como el propio
Trevor-Roper expresa, y esta fe rival tenía que introducirse contra tre-mendas dificultades, e incluso frente a la razón. Desde luego es correcto que una educación general y obligada en las reglas del racionalismo, dogmático, crítico, o el que sea, hará que los argumentos salgan victoriosos con más facilidad —los perros amaestrados se someten más rápidamente que sus .contrapues-tos anarquistas— pero la discusión del valor de la argumen-tación será entonces considerablemente más difícil, y acaso com-pletamente imposible. Además el hombre no tiene por qué ser sólo un animal racional. En todo caso no fue destinado a ser castrado y puesto aparte. Pero cualquiera que sea nuestra posi-ción en este asunto, tendremos que admitir que los argumentos racionales van bien sólo con la gente racional y que una apela-ción a la argumentaapela-ción racional es por tanto discriminatoria. Las personas racionales están especialmente preparadas, han sido condicionadas de manera especial, su libertad de acción y de pensamiento ha sido considerablemente restringida. Si nos oponemos a la restricción mental y a la discriminación, enton-ces la omnipresencia de la razón no puede ser garantizada por más tiempo y nuestra afirmación del texto se mantiene. Cf. tam-bién la carta de Burr a A. D. White, citada de George Lincoln
Burr, His Life and Selected Wrítings, Ithaca, N. Y., Cornell
University Press, 1943, p. 56 [los subrayados son míos]: "En mi opinión —y aquí difiero ampliamente tanto de Bucklc como de Lecky [...]— no fueron ni la ciencia ni la razón quienes pusie-ron fin a la inhumanidad en tantos terrenos: los pedantes fuepusie-ron
tan crueles como los fanáticos. La razón vino aquí sólo a
san-cionar reformas que se hubiesen producido a pesar de ella.
El antagonista real de la teología y el racionalismo indistinta-mente [y no hay aquí diferencia si hablamos de racionalistas
dogmáticos, o de escépticos, o de racionalistas críticos como se muestra por el ejemplo de Clanville] fue el impulso, no guiado
por la razón, de la benevolencia humana".
(D) El ejemplo de la brujería muestra que el contexto más
amplio que necesitamos para ver la ciencia, o la "búsqueda de la verdad", en perspectiva no es necesario que sea la política. Puede ser la religión, la metafísica, la teología, o lo que sea. En "Classical Empiricism" (en The Mcthodological llcritage of
Newton, ed. R. E. Butts, Toronto, University of Toronto Press,
1970), he puesto en conexión los desarrollos de la ciencia con los desarrollos en teología y he comentado la más amplia perspec-tiva de los teólogos cuando se compara con la de los científicos. Hoy día los políticos son, desde luego, mucho más populares.
Además el profesor Imre Lakatos, el secretario general del par-tido popperiano, en lenta desintegración, es primeramente un político, y.sólo mucho después un teólogo, y conoce a Lenm mejor que a santo Tomás. He ahí por que he sacado mis «tas extracientíficas de la política revolucionaria y no de la teología revolucionaria {además, todo el mundo ha olvidado que santo Tomás fue también un revolucionario).
28 Según Popper no necesitamos ' ningún sistema de rele-rencia definido para nuestra crítica"; podemos revisar incluso las reglas más fundamentales y abandonar los requisitos mas fundamentales si surgiera la necesidad de diferentes medidas de excelencia (The Open Society and Its Ennemies, II, 390).
29 "Ninguna época progresiva nueva se ha definido en si misma por sus propias limitaciones [...] En nuestro caso, sin embargo, se considera más virtuoso observar las barreras que traspasarlas" {Alocución de Milán Kundera en el IV Congreso de Autores Checos, Praga, junio de 1967. Citado de Redera Zum IV Kongress des Tschchoslowakischen Schnftstellervsrbandes, Frankfurt, Suhrkamp, 1968, p. 17). "Nuestro caso" es también desde luego el caso de los desarrollos revolucionarios en la ciencia y la metodología. En su introducción a la traducción alemana a los escritos de Burke sobre la Revolución Francesa, comenta Gentz con una inclinación similar (citado de P. G. Gooch,
Germany and the French Revolution, Londres, Longmans, 1920,
p 95)' "[ 1 el encomiasta de los nuevos sistemas siempre encuentra la" opinión de su lado tloptimistal], mientras que el -defensor de los viejos debe [léase: quiere] apelar a la razón . La "opinión" de hoy es, por supuesto, la "razón de mañana, la cual está ya presente en una forma ingenua, inmediata, no desarrollada. .' , ., ,
30 León Trotsky, The reoolutton Betrayed, traducción de M. Eastman, Carden City, N. Y., Doubledáy, 1937 pp. 86-87. 31 La prioridad de la idea sobre la conducta, del problema sobre la adaptación física, del cerebro sobre el cuerpo: éstas son otras versiones de la ideología que estoy criticando, yetadas ellas han sido refutadas por la investigación más reciente. Así/el descubrimiento del australopitecus nos pone ante un ser que combina el cerebro de un mono con una dentición, una postura del cuerpo y (posiblemente) una conducta casi humanas. Tal combinapión "no fue anticipada por la especulación previa, (George G. Simpson y otros, Life: An introductor» to Coüege
Biology, Nueva York, Harcourt, Brace, 1957 p. 793) en la que