CESAR
FERNANDEZ
MORENO
¿EL
MAS
GRANDE
METAFISICO
DEL
PLATA?
¿No merece que se le estudie seriamente, que se pierda un año descifrando sus jeroglíficos, sus paradojas?
Eso puede hacerlo usted con sólo aplicarse a ello sin apuro; en forma tal que cuando se diga (si se dice) que fue el más grande metafísico del Plata, sepamos por qué.
Ezequiel Martínez Estrada carta aCfM, 1964.
1. Una Metafísica de la Afección
Los no muchos críticos -hoy crecientes- que se han sentido atraídos por la extraordinaria personalidad de Macedonio Fernán-dez! no se han ocupado, hasta el presente, más que de su obra literaria. Intentaremos ahora la exposición de su obra metafísica, para lo cual nos valdremos en lo posible de sus propios textos. Exposiciórt y no valoración; modesta ten ta tiva de ordenar sus ideas fundamentales, ordenación que él nunca procuró sino que, por el contrario, eludió deliberadamente. Por lo tanto, trabajaremos a la vez con Macedonio y contra Macedonio,
Comenzamos por aclarar que su obra metafísica no es el corolario de la poética, sino que, a la inversa, es el sustento mismo de su novelística, su poética y su humor ís tica. Más aún: que sus .manifestaciones literarias salen, por así decirlo, de su metafísica, como un resultado de los principios de ésta que, por no desmere-cerlo, no quisiéramos llamar mecánico. Se tra taría, en todo caso, de una mecánica muy sutil y que sólo un gran artista puede poner en marcha.
Por lo pronto, su único libro metafísico, No toda es vigilialade 1m ojos abiertos, fue editado en 1928, y escrito al mismo tiempo
que su Museo de la Novela Eterna (cuya publicación simultánea él prometía, aunque esta última sólo apareció quince años después de
sumuerte).
Vigilia cayó en el vacío y sólo alcanzó vida como mito, a
través de glosas sobre todo afectivas. Su segunda edición fue publicada cuarenta años después, en 1967, incluyendo las prometi-das "mejoras y ampliaciones" que muestran cómo la reflexión :n¡etafísica iluminó toda la vida de Macedonio. Más: definió su vida, aunque sea negativamente, tal como él mismo lo confiesa en
lapersona del Presidente, su autopersonaje de Eterna:
El fue desdichado por no ser lo que debió ser, sólo ,Pensador, e hizo la desdicha de la Eterna que fue lo que debió ser. Y ello obliga a ser escritor y lector de lo triste lE2351.
La actual edición completa de Vigilia incluye textos de tres épocas: a) Muchos de 1908, primera y fuerte poussée metafísica, a los. treinta y cuatro años de edad de Macedonio. Otros textos de 1924 y 1925. b) Vigilia mismo, ubicado axialmente en 1928.
c) Textos posteriores: de 1930, 1942, 1944, 1949 y hasta 1950, dos años antes de su muerte.
En cada una de estas tres épocas o jalones pueden señalarse ciertas características distintivas. La juvenil es más órdena,da, más metódica, y por ello menos original. La exposición asume, un carácter casi pedagógico.
La maraña pensante y expositiva que ha hecho tan dificultoSQ acercarse a la obra de Macedonio, aflora después: precisamente a la altura de Vigilia, libro contemporáneo a la convivencia del autor con el ultraísmo, y marcado por lo tanto con Uf! fuerte sabor
literario. Es el mismo terreno intelectual de la primera época, pero ahora aparece como geológicamente fracturado: los deslizamientos de las ideas se traducen en una exposición recurrente, contradicto-ria en los detalles, donde luce en toda su ejemplaridad aquel reparo del autor: todavía no es asequible un lenguaje idealista. Podríamos citar a Macedonio en su propio descargo:
No basta que algo no se entienda para que tenga mucho sentido, pero lo muy claro es muy sospechoso: casi todo lo que no dijo nada se redactó perfecto (R 164).
La tercera etapa, posterior a Vigilia, retorna a una mayor coherencia, quizá por estar limitada a ciertos temas particulares y hasta obsesivos, concretados en publicaciones ocasionales en revis-tas diversas. Es clara en esta época 'la indudable madurez de Macedonio, su creciente despojamiento. Practica ahora desarrollos en profundidad de insistidos temas precedentes, por todo ello largamente desbrozados y más dóciles a la formulación.
El conjunto de las tres etapas constituye la exposición coheren-te, lógica, de una metafísica que sólo presenta variantes internas de desarrollo, al extremarse una misma idea a través del tiempo y la meditación. Lo que desordena su exposición es más bien la riqueza del lenguaje, las metáforas, los ejemplos, los interludios poéticos o narrativos. Convencido Macedonio, sin duda, de su propia y central teoría: "lo que parece, es", suele escribir siguien-do los dictasiguien-dos de su afección momentánea, que siempre era
mucha. .
¿Qué es la metafísica para Macedonio? He aquí su respuesta de' 1908:
La Metafísica es el conocimiento del Ser, no de las leyes, relaciones o modos de ser; precisamente es la consideración' del ser ~on elimina-ción de toda relaelimina-ción y ubicaelimina-ción. Es el esfuerzo de visión no-aperci-tiva de la Realidad. Ciencia y Filosofía son Aperéepción; Metafísica es VisiónIV 36/.
Este fenómeno de la apercepclOn es tan fundamental para Macedonio que da pie a su distinción entre filosofía y metafísica: él nunca pretendió ejercer la filosofía, que se aproxima a la ciencia
por su común apoyarse en la apercepción, sino la metafísica, que no se funda en este fenómeno psicológico. Que él describe en esta forma:
Cuando con las revlvlscencias instantáneas de la apercepción llenamos todos los intervalos de la percepción, que es por su naturaleza fracciona-ria y discontinua, el Mundo y el Yo se nos aparecen como el ser en continuidad de existencia-, como una sustancia continua y permanente desenvolviéndose dentro y fuera de' nosotros sin interrupción. Mas en la conciencia y sensibilidad del hiño, y en un estado contemplativo en el hombre, cada percepción se produce suelta y desligada, como caen las campanadas de un reloj en nuestras orejas distraídas /V 33/.
En 1942, hacia el final del proceso intelectual y vital de Macedonio, su idea de la metafísica se ha desarrollado en sentido visionario. ¿Cómo se llega, existencialmente, a la metafísica')
El hombre, solitario o en sociedad, siente en un momento la turbación del desacomodo de su familiaridad con lo habiente conocido; en este estado de mortificación por desarme de la acción, busca la causa psicológica de esa perplejidad; en suma, busca cómo librarse de ese momento, cómo recobrar su sentimiento de seguridad, de familiaridad, de naturalidad de su ser. .. Esta busca de la causa a combatir o ex tirpar de esa impresión desconfortante de infamiliaridad, es la Metafísica /V 192/.
Por lo tanto:
Metafísica es la investigación de una sola especial emoción: la de
desconocimiento de lo conocido, o falso desconocimiento . .. Cuando lo
conocido cotidiano (según todas nuestras anotaciones moviliza bies), reco-bra, se viste de la franja virgínea de recién conocido, de "nuevo", somos, o estamos, metafísicos, hay metafísicaIV 189/.
Pero, esta "investigación de una emoción", ¿no será mera psicología? Claro: sólo "hay metafísica" cuando lo conocido cotidiano recobra "la franja virgínea de recién conocido". La emoción es un fenómeno psicológico, y el soporte del conocimien-to de lo "nuevo", que es precisamente la metafísica. Pero esta metafísica, que parece reducirse a un contenido psicológico, está a un paso de la mística, que también consiste en esa reducción. Macedonio da este paso sin vacilar:
La Metafísica es el retorno a la Visión Pura, o sea al estado místico. Estado místico es vivir sin noción de comienzo de sí mismo, sin noción de cesación, sin noción de historia individual, sin noción de identidad personal, sin noción de identidad y reconocibilidad del cosmos, sin noción de unidad de la persona, sin rumbo de marcha ni perfil de unidad, sin noción de subordinación a un Creador. Estado místico es vivir como autoexistentl¡ increado; y creo que es también vivir sin la discriminación imagen-sensación, ensueño-realidad, y sin la discriminación nuevo-recordado, nuevo-ya conocido. Por todo lo cual estado místico es vivir sin motivo ninguno de acción /V 190/.
, De este modo, la metafísica de Macedonio se estructura a lo largó' del trayecto que une en el tiempo sus definiciones de la primera yla tercera época.
Esta concepción de la metafísica toma su punto de partida del hecho de que ciertas cosas parecen existir sin duda alguna (primor-dialmente, las sensaciones visuales o táctiles), y otras en cambio se presentan como dudosas (el tiempo y el espacio):
Al empezar, pues, no sabemos qué pensaremos en definitiva sobre la naturaleza del tiempo, espacio, materia, mundo exterior, sobre todo 10
que desde ya se presenta como dudoso; en cambio estamos ciertos de que las sensaciones y sentimil.:ntos que cxperimentamos existen, es decir, son, aunque sólo sean estados, fcné>menos de nuestra psique /V 29/.
Lo dudoso se transforma prontamente en negado: "El Yo, Materia, Tiempo, Espacio, son los fallalltes en el Mundo." Veamos cómo se justifican estas negaciones de ser:
Que sólo exista lo sentido es ulla mitad dcl idealismo; que no exista lo sintiente es la otra. No han visto los idealistas que la concepción del Yo es un realismo, una externalitbd al estado, tan ajena a él como a la percepción el mundo exterior.la Materia ... Dos realismos: Materia y yo, o sólo el Yo, tienen la misma virtud total: negación de efectividad de nuestros estados /V 181f.,
Instalado en este idealismo total, Macedonio debe negar total-mente la materia:
Si en lugar de impresionar se habla de causar y se dice que todo estado de sensación o idea o sentimiento tiene por causa inmediata una modificación material, ello equivale a afirmar a capricho una causa inagotable, innecesaria e irrepresentable de todo estado psíquicoIV68/.
En cuanto al tiempo:
El Tiempo nada es, y dos hechos o imágenes entre los cuales no hay otro hecho o imagen son inmediatos, aunque los separen, hablando absurda-mente, supuestos siglos IV 112/.
. "Hablando absurdamente": otra vez el inasequible lenguaje l.dealista. En cambio, la adjetivación "supuestos siglos" nos instala precisamente en ese lenguaje que no es quizá otro que el lenguaje poético adecuado para hablar de meras construcciones apercepti-vas:
Ese tiempo y espacio, que en verdad nada son, absolutamente nada más que palabras, consisten en una impresión vaga, psicológicamente hablan-do, que intrínsecamente se concreta en alguna reviviscencia táctil o visual, que se adhiere a todos los fenómenos y es eUa misma, naturalmen-te, un fenómeno, Y constituye el primer acto o producto y el más universal de la función aperceptiva, labor propia e incesante de nuestra estructura mental /V 53-54/.
Volvamos ahora a lo que existe, a lo que es, "aunque 'sólo- sean estados, fenómenos de nuestra psique". Tales estados constituyen la afirmación final de la metafísica de Macedonio, que por ello, sé confirma como psicologista: se trata precisamente de esos "estados de conciencia", que eran una de las preocupaciones predominantes ~
de la psicología finisecular:
En fin, quiero decir que todo es10 que parece y esto ya es bastante
y
hasta total; y que es un antojo irresponsable que haya algo, más que el aparecerse a la conciencia, como si los estados de la conciencia fueran una mera burla o falsifica<¡ión, cuando son el todo y un todo qúe ninguna imaginación puede superar en su intensidad de efectividad, hasta -el punto de abrumarnos y desesperarnos frecuentementeIV69/.Tales estados llegan a identificarse con el ser:
Llamo estado a toda ocurrencia de la sensibilidad, o sea: sel1timientos, sensaciones de dolor y placer e imágenes. Esto es todo10 que existe en toda forma concebible de existencia o Ser. Es todo10que somos y todo
10que es, en múltiple variedad o especificidad simplesIV173/.
Por lo demás, los únicos estados que importan son los estados presentes. A través de ellos, Macedonio llega a su idea de la sensibilidad:
La estricta concepción y quizá el límite de concebibilidad es "mi estado
presente". Un estado que no es presente o que no es mío no tiene
concepción. Es decir: falta imagen 'para la vinculación de un estado a un
tiempo, y de un estado a unotro-yo, ..como una cesación o vacío en 'mi presente. Toda concepción de existencia sin mí es concebir aqueUo donde yo no soy nada. Así definomi doctrina de plenitud, continuidad y eternidad de toda sensibilidad, de la única sensibilidadIV180/.
De este modo, el psicologismo llega a desaparecer en las fauces de la metafísica:
...La Conciencia o la Sensibilidad es10úníco que Hay: la-Conciencia es todo10Metafísico, pero en la disciplina Psicológica, quizá es nada.
Es así como Macedonio llama a su idealismo "AIIhismo Ayoi-ca". y al ser "ayoico" este "almismo", Macedonio elude el riesgo de solipsismo: no hay un "sólo ego", no hay sino la sensibilidad, y la única tarea de la metafísica será prestar atención a la experien-cia de esa sensibilidad:
La novedad que ha hallado la Metafísica Descripcionista, que no busca ni halla nada sino en la descripción (es decir atención a la experiencia)... es que el único problema metafísico, o que el problema úníco de la Metafísica, es el darse de la Experiencia, de una experiencia cualquiera, no siendo ni metafísíco ni problema siquiera, el de haber algo detrás de esa experiencia, un antojadizo e inncesario e irrepresentablealgo, ni el de la coexistencia o pluralidad de conciencias independientes, ni el de la
'¡t~·.···~I'
.¡'.
I -~ -~J ...palabra comunicabilidad del pensamiento, ni de la palabra como necesa-ria al pensamiento solitario /V 236 . . 239/.
Sin embargo, MacedoIÚo no se conformará con esta designación de su metafísica como un "descripcioIÚsmo", donde la descripción se reduce a la atención. Propone también otras designaciones:
He aquí por hoy presentada la Metafísica de la Afección u Ostensibilis-mo Inexistencialista, cuya verdad es: ...Todoeslo que parece (ostensibi-lismo). Nadaes (sino aquí, allá, tanto, cuando); todo es sentir pero nada .sesiente(inexistencialista) /V 208/.
LaSensibilidad global de que habla Macedonio, que él iden tifica con el Ser, ha llevado su metafísica a lo que podríamos llamar un "sensibilismo", (así como la de Schopenhauer es llamada "volunta-rismo"). Quizá, con más simpatía, podríamos decir que es un "afeccionismo", o un idealismo afectivo, una Metafísica de la Afección, nombre éste quizá el más adecuado entre los muchos que él propone. La afección, en efecto, resulta ser lo esencial de cualquier estado:
.. ' .Todo fenómeno o estado es afectivo, y quizá es sólo afección, es decir, placer o dolor. Todo lo que sucede, todo lo que existe es placer o dolor. ..IV50/.
Esto es válido, desde luego, para el mundo de la Vigilia:
En cuerpo despierto (Vigilia), la afección, que es constante en nuestro ser, pues quien se observe verá que no hay un solo instante en que no estemos o conformes o descontentos con nuestro ser, exige cosmos (visual-táctil total o principalmente) que la presencia. Este pequeño capricho de la afección es la famosa Realidad, Materia... el mundo de la Representación que tiene tan amedrentados a los metafísicos no-místicos. El mundo (material) es un sueño de la Afección; el Ensueño es idénticamente un mundo de la Afección /V 168/.
Veamos ahora por qué también la Afección es lo único válido para el mundo del Ensueño:
El Mundo (material) es un sueño de la Afección; el Ensueño es idénticamente un mundo de la Afección. Lo que es típicamente ensueño es toda imaginación o ideación... que durante el dormir del cuerpo es suscitada por estados de ese cuerpo que, en primer término, engendran en la conciencia Afección, la que inmediatamente tiene, en la conciencia, un comentario causalista en imágenes. Es el proceso inverso al de la VigiliaIV169/.
Pero esta Metafísica de la Afección se sitúa, por definición, al margen de toda causalidad (que es asunto meramente científico):
La Afección es lo único que nos importa en realidad, pues la Presenta-ción nos. importa secundariainente y para los fines de la AfecPresenta-ción. Está
fuera del Cosmos-Presentación, y existe sintiente con la misma intensidad • y variedad haya o no el Mundo o Presentación, asunto de la .ciencia causal. En el Ensueño el Mundo cesa, pues fluye libre y variadamentela
Afección, y nuevamente se le asocian las imágenes de la Presentación,sir ninguna eficiencia causal /V 234/.
En síntesis:
Si considero lo esencial del mundo de la representación: Tiempc Espacio, este mundo, todo él es inescncial, como ocurre con la Vigilli que sólo tiene de valio o lo que le es común con el Ensueño: la Afecció¡ /V 113/.
11. él desafio de Mari¡I/ez Estrada
Me pedía Ezequiel Martínez Estrada, en su carta de preniuerte qUl me atrevo a utilizar como epígrafe de este artículo, que estudiar. y explicara como es debido la obra de Macedonio, quien "hasid~
utilizado hasta ahora para pasar el ralo":
lIe reencontrado una obra que coincide puntualmente con el autor: original, estrambÍltic;t, sin parientes ni amigos en las letras. , ¿No merece que se le estudie seriamente, que se pierda un año descifrando sus
jeroglíficos, sus paradojas'! I'~~o puede hacerlo usted con sólo aplicarsea ello sin apuro; en furma tal que cuando se diga (si se dice) que fue el m:is grande metafísico del Plata sepamos pur qué. .
La carta se ex tend ía en otras consideraciones que trataré más adelante, y terminaba con algunas palabras personales, de las que sólo transcribiré dos. las de despedida: "lo quiere ... Ezequiel Mart ínez Estrada".3
Así compulsado por tan irresistibles argumentos, sobre todoel de la despedida, no he podido menos que recoger este desafíode uno de los grandes maestros argentinos contemporáneos, por provenir de él y por referirse a otro de esos grandes maesw. Estoy plenamente consciente, sin embargo, de la inaudita dificul-tad que representa juzgar en su conjunto la obra de Macedonio, Para un filósofo, su metafísica resulta demasiado poética; para un literato, su poesía es demasiado filosófica. En rigor, el únicO crítico adecuado para Macedonio tendría que ser. .. otro Macedl> nio.
Es por todo esto, sin duda, que ninguno de los historiadores dI nuestra literatura, y menos aún de nuestra filosofía, se ha plantea-do el problema del desciframiento integral de Maceplantea-doIÚo, proyec tado hacia mí por el exigente Ezequiel. En la crítica fIlosófica argentina y aun latinoamericana, la tónica dominante resPectoI Macedonio es el silencio.4
· ..Yo no soy filósofo nihallo ningún sentido a la palabra J:ilosofía: ·soy metafísico, o psicólogo o lógico, no simpatizo con el rótulo helado de Filosofía...
Creo, sin embargo, que debemos comenzar el tratamiento de esta cuestión sobre '~el más grande metafísico del Plata", a su nivel más1
general en cuanto a las disciplinas, que es el de la "filosofía prime-· ra", o, si se quiere, el de la metafísica concebida como el género más característico de la filosofía. Análogamente, el nivel geográfico -o mejor dicho cultural- debe ser extendido, para comenzar, desde el río de la Plata hasta la América Latina en suconj~nto.
Encontramos aquí que la pregunta que Ezequiel Martínez Estrada me formulaba en 1964 debe en rigor transformarse en la que tan correctamente se estaba formulando a sí mismo Augusto Salazar Bondy: ¿exi~te una filosofía de nuestra América?5 Para
responderla, Salazar Bondyindaga la presencia o no de tres condiciones que determinarían la existencia de tal filosofía regio-nal: la originalidad, la genuinidad o autenticidad yla peculiaridad. Trataremos de ver si algunas de estas condiciones aparecen en nuestro metafísico, sea el primero o no.
Francisco Romero, el más influyente filósofo argentino de los últimos tiempos, ha acuñado por su parte una expresión que ha hecho carrera: los "fundadores de la filosofía en América ". Estos fundadores, a diferencia de los profesores de la colonia, serían los que "filosofan por su cuenta"; los que, preocupados a la vez por la teoría y por la vida,· "fueron comienz9 y raíz de los movimientos actuales en nuestros países". Esta última es," quizá, la única nota que los caracteriza como fundadores: tautológicamente, haber fundado. Porque las demás virtudes con que los adorna Romero (''veracidad y fervor de la vocación, la altura de la inteligencia", saber, continuidad, conducta), son, en realidad, propios de todo verdadero ftlósofo -'Íe cualquier tiempo y lugar.
"La primera gran ampliación del interés filosófico ... -explica
Romero- la trae el Positivismo".La segunda, es la reacción contra éste: "en la Argentina... libraron la batalla antipositivista Alejan-dro Korn y Coriolano Alberini." Nacido en 1860, o sea, en la generación anterior a Macedonio, "Korn era -sentencia Romero-un filósofo absoluto, esto es, Romero-un filósofo por entero, el más grande -a mucha distancia de los demás- que hayamos tenido por estas tierras" .
Si alguna figura pl1ede contraponerse a la de Korn es la de José Ingenieros, coetáneo ya de Macedonio. Korn negaba redondamente la metafísica, pero Ingenieros la admite, aunque no llega a formularla:
Es circunstancia curiosa y será sorprendente para algunos saber que Ingenieros, generalmente tenido por positivista, sostuviera la reducción de la mosofía a la metafísica y la legitimidad de ésta como conjunto de hipótesis verosímiles...
Con Ingenieros, por consiguiente, nos acercamos a Ma cedonio, no sólo en su aceptación de la metafísica, sino también en el hecho de no ser Ingenieros un filósofo académico. Macedonio era amigo de chistes y farsas; Ingenieros eni también amigo de las bromas tanto ligeras como de gran envergadura. En alguna forma, este carácter se traslucía en su tarea intelectual, acarreándole un duro reproche de Romero:
Su ligereza e incomprensión ante la tradición filosófica es acaso la mayor debilidad de su pensamien to y la causa de sus errores...
En cuanto a Macedonio, el simple hecho de proponerse una metafísica lo apartaba sin más ni más del positivismo; que esta metafísica fuera además idealista lo colocaba ya en la vereda de enfrente. El fue muy cIaro además de muy brillante en su posición antipositivista:
Metafísica y Agnosticismo o Positivismo son antagónicos. Estos... son el ascetismo intelectual adoptado por fatiga. Son treguas, transacciones, es decir, cansancios... Cuando existe exuberancia de energías se intenta nuevamente la interrogación metafísica. En los períodos de depresión pónese enbOgael positivismoIV36/.
Al rechazar la metafísica, el positivismo "había en general sobrevalorado la ciencia y había convertido en dogma el mecanicis· mo" (Romero); Macedonio, en cambio, manifiesta claro desprecio por la ciéncia, a la que identifica virtualmente con la técnica:
La ciencia. es un pasatiempo de descriptiva del Ser, con esperanza de praetieidad y sin asom bro-de-ser / E62/.
La más reciente historia del mundo ha venido a dar bastante razón a Macedonio en esto de la practicidad. Para él, la ciencia es
una especie de chismosa que sólo se preocupa de "los vecinos":
La Ciencia es ante todo Industriosa; IIldustria humana para escapar al Dolor, alean/.ar el Placcr. Nole 1I11nesan los fenómenos, el "ser" sino sus
rdacione~. No quiere ni desc;¡ conocer el fenómeno. Busca el antesyel después de cada fenómeno; no sc interesa por persona alguna sino por los vecinos de toda persona. Provoca o suprime el "fenómeno-antes", o fen 'meno causa de G.lda rCl1l1l1lel1(), sq~ún que le convenga suscitar o impedir la producción dc éstl'IV 36/.
Al analizar todo este proceso de la fundación, Romero, que admira a Ingenieros, ignora lil1lpi<.lmente a Macedonio, a pesar de todas las aproximacioncs quc hemos sCllalado entre ambos. ¿Por qué? Sin duda que no sólo por una tácita valoración negativade su obra, sino también por las circunstancias en que ésta se produce. En 1929, un aiio después de Vigilia, se había fundadola Sociedad Kan liana de Buenos Aires, rama de la homóloga berline-sa, siendo Korn la figura central de la porteña. Tanto Korn como el kantismo argentino están en el centro de las creenciasde Romero; Ma cedonio, en cambio, se presenta como un agresi10 antipositivista y antikantista. Sin duda, todo esto contribuye aq~
Romero excluya de "los fundadores" a tan irreverente autodidacta, a quien debe haber considerado más "ligero e incomprensivo"aUl que al propio Ingenieros, ante la tradición ftlosófica.
La omisión de la obra metafísica de Macedonio continúa enUDl
En todos ellos, y aún en el caso del último mencionado /Macedonio/, es posible ver con claridad la fuen te de la cual surgen las diversas escuelas y tendencias que agitan el interés fllosófico argentino ..,.
Estos desdenes pasivos encubren en realidad el juicio claramente negativo de la mosofía "normalizada" sobre la genuinidad y/o autenticidad de la filosofía de Macedonio. Las más recientes generaciones fIlosóficas comienzan a asumir claramente la voz activa de esas omisiones.
Francisco Romero ha impuesto a nuestra filosofía una justa exigenCia de escolaridad: "la naciente filosofía tiene que ir mucho a la escuela todavía". Correlativamente, rechaza las precocidades, que "son peligrosas, y en los casos menos graves, se resuelven en lamentables pérdidas". El propio Salazar Bondy se pronuncia en· términos que pueden imaginarse alusivos a escritores del tipo de Macedonio:
El complejo de inferioridad del hispanoamericano o su tendencia a la precipitación en la tarea intelectual,0, en fin, su sobreestimación de la
inspiración personal, son ejemplu de estos impedimentos que entraban la obra reflexiva.
Nada más plausible que estas responsables posiciones, pero no si éstas se exageran hasta retirar prácticamente la atención sobre un esfuerzo ftlosófico tan inten l) y sostenido como el de Macedonio,
en quien se advierte cabalmente esa "gran distancia entre quienes practican la filosofía y el conjunto de la comunidad", que es para Salazar Bondy una de las barreras a superar por el pensamiento fIlosófico latinoamericano. Esa distancia se da casi arquetípicamen-te en Macedonio y él la explicita en forma muy clara con su irrisión humorística del escritor activo, de los discursos, de las ediciones, los premios y los banquetes.
Observa Salazar Bondy que "nuestras más relevantes figuras fIlosóficas han sido expositores o profesores ..." ¿Por qué, enton-ces, tampoco él analiza, ni siquiera menciona, las tentativas de creación, aisladas y difíciles como la de Macedonio? En su caso, sin duda, por falta de información. Ya que la originalidad que se desea para nuestra América significa "el aporte de ideas y planteos nuevos, en mayor o menor grado, con respecto a las realizaciones anteriores, pero suficientemente discernibles como creaciones y no como repeticiones de contenidos doctrinarios".
Salazar Bondy ha seguido también las ideas de Romero sobre la fundación de la filosofía en nuestra América, aunque él es mucho más claro en la señalación de los caracteres distintivos de tales fundadores:
Los fundadores, cuya obra llena las primeras décadas del siglo actual, no sólo coinciden en el rechazo del positivismo; comparten, asimismo, el tipo de orientación que quieren imprimir al pensamiento fIlosófico y los mentores occidentales que eligen para esta empresa. En lo fundamental
son antinaturalistas, con marcadas simpatías idealistas y vitalistas (posi-ciones éstas no siempre fáciles de distinguir la una delaotra); tienen una clara preferencia por los conceptos dÍJ!lÍmicos y por el pensamiento intuitivo, no rígidamente lógico, y en consecuencia, solÍ por lo general condescendientes por la especulación metafísica. De allí su admiración por autores como Boutroux, Croce, James, y sobre todo, Bergson.
Por cierto que este párrafo parece claramente descriptivo de la personalidad de Macedonio: antipositivista, idealista y vitalista a la -vez, intuitivo, metafísico,. gran admirador de Wllliam James ... ¿No' deberíamos entonces, por lo menos, admitir que la metafísica de Macedonio es lo que más se acerca, en. nuestras tierras de profesores y expositores, a aquella deseada originalidad? Que -constituye, por lo menos, una tentativa de originalidad, la que debería ser juzgada con altura por los fIlósofos que están -en condiciones de discernirla.
¿Y cuál sería la peculiaridad de la metafísica de Macedoniof Una que es en cierto modo general en la fIlosofía de América:: su relación con lo literario. Pero este tema merece capítulo aparte, . que nos permitirá acaso responder provisionalmente a la urticante pregunta de Martínez Estrada: ¿es Macedonio el más grande metafísico del Plata?
IlI. De la metafísica ala poesía
El propio Macedonio fue consciente del problema que sin querer había de legar a la posteridad. En el supuesto diálogo de su personaje Domínguez con Hobbes (Thomas Hobbes, el filósofo inglés, en el caso también personaje de Macedonio), en la supuesta visita de Hobbes a Buenos Aires (perfectamente posible puesto que el tiempo no existe), Macedonio se autocalifica como el primer. metafísico de su barrio. Los vecinos lo habrían dejado encargado, . con toda confianza, de cuanto se refiere a la metafísica. Explica Domínguez a Hobbes:
En el barrio.de él, Macedonio Femández, a quien me refiero, goza confianza de haber resuelto todo el problema metafísico, y es tanta la seguridad del vecindario que ya nadie allí estudia ni sabe nada de metafísica... Se ha hecho cargo de saberlo todo tan bien, que el barrio, " fiado en él, ha llegado a una perfección tan extraordinaria de no saber _ nada de metafísica, que es cosa de no creer que haya alguna vez sabido alguien algo, una pizca de ello IV 96-97)
Nadie estudia metafísica en. el barrio; Macedonio la sabe, pero... ¿la hábía el propio Macedonio estudiado? No, quizá no todo lo necesario, según me contesta sobre el punto un testigo calificado, Jorge Luis Borges:b
JLB: ...Yo no digo que Macedonio imitó, yo diré que Macedonio repensó lo que había pensado Berkeley y lo que había pensado Schopenhauer y lo que pensaban los hindúes. Ahora, a él no le gustaba
esa idea, le parecía pedante. . .
CFM: ¿Cuál idea?
JLB: La idea de otras .literaturas y de otras épocas. El pensaba que un hombre puede llegar por sus propios medios a todo, ¿no?
CFM: y Macedonio, al amparo de esa creencia, descuidó, digamos, su formación fIlosófica. ¿Se lo puede considerar un improvisado filosófica-mente, o es un hombre de gran cultura que leyó mucho?
JLB: No. Macedonio había leído poco, pero esos pocos los había . leído mucho. Después conseguimos que leyera a Bergson. ALprincipio no
quería leerlo, simplemente porque no lo había leído antes.
He aquí explicada y aun justificada la clásica dicotomía del latinoamericano sub o semidesarrollado. Macedonio, como tanto de nuestros escritores, era abogado y aun doctor en jurisprudencia. Su disciplina universitaria (esto es; su personalidad social) lo hab ía llevado en una dirección, su personalidad auténtica lo llevaba en la opuesta, la que precisamente no pudo rumbear en los claustros universitarios. Macedonio era esa cosa perspicaz y ciega, admirable y triste que es un autodidacta. "Que un hombre pueda llegar por sus propios medios a todo" es la creencia básica del autodidacta. De esta creencia descuelga Macedonio su juicio sobre la profUsa metafísica escrita:
En pocas páginas es posible, y debido, decir toda la Metafísica, y no una de inconocibles -de las cuales hay muchos volúmenes pero no la página blanca, que parece la diría tOOa- sino una conocibilista que debe decirlo todo sin márgenes dy misterio, y no obstante no necesitará un volumen
[V 171].
La publicación de Vigilia -un volumen, aunque breve- provoca la apodíctica bienvenida de Raúl Scalabrini Ortiz en su artículo
Macedonio Femández, nuestro primer metafísico, publicado en el número de mayo de 1928 de la siempre abierta revista Nosotros:
Ahora Macedonio nos llega ennoblecido con el primer libro argentino de metafísica. Es el resumen de una meditación sostenida en el anonima to durante 30 años y cuyos primeros pasos merecieron la aprobación y la sorpresa de James. Bajo el tíhllo deNo toda es lligilia la de los ojos abiertos, Macedonio viene a demostrarnos, en un estilo noble y severo, que hay una evidencia más allá de la vigilia: el abrir de ojos al ensueño, camino de la mística que ofrece en su extremo la clave del misterio del mundo.
Casi medio siglo después de su publicación, es curioso compro-bar qué impacto produjo esta nota crítica en los intelectuales argentinos del momento, impacto derivado sin duda de todo lo que significó el propio pensamiento de Macedonio, como fuerza de choque, en aquella década de los 20.
Por lo pronto, la acuciosa memoria de Ezequiel Martínez Estrada en su carta de 1964 transformó en "el más grande" aquel mero "primer metafísico" del título de Scalabrini (rebajado aun en su artículo a "el primer libro argentino de metafísica"), como así también transformó el localizado "nuestro" en el binacional "del Plata".
Por su parte, el ponderado historiador de las ideas José Luis Romero (citando' sin duda, también de memoria) caIPbió la expresión de Scalabrini en "el primer metafísico de Buenos Aires". Pero José Luis comprende el fundamento de Scalabrini Ortiz, y dice que el pensamiento de Macedonio "es un alegato propasión, un ataque al intelectualismo extenuante". Y esto contribuye a confinnar una importante peculiaridad argentina: el predominio del sen timien to y de las emociones sobre la racionalidad. Añade José Luis que el propio Scalabrini, "enEl hombre que está soloy
espera, de arr liaba la teoría del carácter argentino siguiendo
el
hilo de esa reOexión".7
Es sobre e tas m vedizas bases, por lo tanto, que debo preparar-me a revisar aquella vieja afirmación de Raúl Scalabrini Ortiz:
¿puede ser considerado Macedonio el más grande metafísico de su "barrio", esto es, "nuestro" según Scalabrini; "del Plata", según Martínez Estrada; "de Buenos Aires", según José Luis Romero? A la inversa, ¿qué otros metafísicos, según los compulsados historia-dores de la filosofía latinoamericana, podrían disputar a Macedo-nio el tamailo de ser el ll1,ís grande de ellos?
Empezando por nuestra orilla del Plata, donde Macedonio "a4n no se ha secado del todo", ya que en la uruguaya estuvo, "pero era sólo de pase : no de nacer" (R 47), encontramos en primer término que el monumental Alejandro Korn no puede ser nuestro primer metafísico, puesto que no creía en esta disciplina, como lo explica su entusiasta Francisco Romero. Menos aun Coriolano Alberini, profesor e historiador de la filosofía; ni siquiera José Ingeniero, uno de e o multiforme intelectuales latinoamericanos de fin de siglo, atraído por diversísimas otras disciplinas,yque,si bien afirmó la posibilidad de una metafísica, nunca se ocupóde instituirla. .. Quizá Alberto Rouge s (si Tucumán pudiera ser sumergida en el Plata), pero su metafísica no alcanzó forma escrita hasta 1943 con su único libro, Las jerarquías del ser y 10 eternidad. Por lo demás, es Roig, su propio exégeta, quien se encarga de destrozar las jerarquías del ser de Rouges cuan.do explica que "su vida entera la dedicó a las tareas industriales, relacionadas con la explotación de la caña de azúcar";
y para complementar ahora la especificación "del Plata", conviene mencionar algunos uruguayos, empezando por Carlos Vaz Ferreira; es eviden te que este psicólogo, esteta, sociólogo, pedag~
go, lógico, moralista (sigo las especificaciones de Romero) no era por cierto un metafísico. De los otros uruguayos de que se ocupan nuestros historiadores de la filosofía, tampoco puede entrar en esta competencia Pedro Figari, pintor y en todo caso esteta; tampoco J osé Pedro Massera, neto positivista spenceriano; menos aun José Enrique Rodó, quien, más acá y más allá de la metafísica,_es difinido vaga y acertadamente como el "organizador de un estilo de pensar".
regiones de la Argentina, en ninguna de las orillas del Plata aparece el metafísico capaz de disputar el puesto a Macedonio. En cambio, su metafísica está ahí, no obstante el silencio de los tratadistas; su imagen estrictamente adecuada al hombre metafísÍco también está ahí.
y ésta puede ser la base de mi respuesta a la incitación de Martínez Estrada, respuesta que se origina y produce por exclu· sión. Por la misma razón que lo era en el barrio suyo durante la visita de Hobbes, resulta efectivamente ser Macedonio el primer metafísico del Plata... porque no hay otro, por lo menos no lo hay antes que él. Observará el lector que mi respuesta a Martínez Estrada difiere algo de su pregunta: volviendo a Scalabrini, no hablo del "más grande" metafísicQ sino del "primero", adjetivo ambiguo que deja en la duda si menciono al primero como mejor o más grande, o sólo al primero ordinalmente. Me atrevo, pues, a confirmar que Macedonio es el primer metafísico del Plata, por lo pronto en existencia: él mismo se calificó de "el Existidor de profesión"
IC
122/.¿Podría aventurarme a agregar que (en razón acaso de esa misma calidad de "existidor") Macedonio vendría a ser también el
último metafísico del Plata? Este nuevo problema merece un empuje final de atención que puede llevarnos a una respuesta que trascienda al carácter estadístico de saber quién es el primero y quién es el último. En realidad, los filósofos del Plata que vienen después de Macedonio los que Francisco Romero promociona y en cierto modo aniquila como "normalizados", podrían a su vez ser considerados o como repetidores y bordadores de las viejas metafí-sicas, o como epígonos de actitudes más modernas pero no del todo metafísicas, o como pensadores que trabajan más cerca del campo social, económico, político.
La metafísica, surgida en Grecia como una necesidad de superar los límites de la física, se desarrolló plenamente durante el feudalismo medieval, para permanecer lue.go subyacente en las diversas formas del idealismo burgués. Es Carlos Marx quien, al pronunciarse contra todo idealismo, rechaza también a la metafísi-ca como una de sus más flagrantes manifestaciones. El siguiente párrafo de La sagrada familia traza una tensa síntesis de los
avatares de la metafísica, desde el siglo XVII hasta el XX, donde perecerá "para siempre" a manos del rnaterialismo:8
"En rigor yhablando en un sentido prosaico ", la Ilustración francesa del siglo XVIII y, concretamente, el materialismo francés, no fue solamente una lucha tanto contra las instituciones políticas existentes como contra la religióny la teología imperantes, sino también y en la misma medida una lucha abierta y marcada contra la metafísica del siglo XVIIy contra
toda metafísica, especialmente contra la de Descartes, Malebranche,
Spinoza y Leibniz. Se oponía la filosofía a la metafísica, como
Feuer-bach, en su primera salida resuelta contra Hegel, oponía a la embriagada
especuwción la sobria filosofía. La metafísica del siglo XVII, derrotada
por la Ilustración francesa y, concretamente, por elmaterialismo francés
del XVIII, alcanzó su victoriosa y pletórica restauración en la filosofía alemana y, especialmente, en IJ filosofia alemana especulativadel siglo
XIX. Después que Hegel la hubo fundido de un modo genial con todala metafísica anterior y con el idealismo alemán, instaurando un sistema metafísico universal, al ataque contra la teología vino a corresponder de nuevo, como en el siglo XV 111, el ataque contra la metafísica especulati-va y contra toda metafisica. "sta sucumbirá a.hora para siempre a la acción del materialismo, ahora llevado a término por la labor misma de la especulacióny coincidente con elhumanismo.
Esta predicción resultó válida aún para filósofos tan combatidos por el marxismo como el positivista Ernst Mach, que enseñó y escribió duran te el úl timo cuarto del siglo XIX, predicando una ciencia sólo a tenida a los fenómenos, incontarrunada de toda metafísica. La influencia de Mach se hace sentir hacia 1910 en el e írculo de Viena, que considera imposible la existencia de un lenguaje metafísico, por lo que toda proposición metafísica sólo es una "seudoproposición" y toda metafísica una serie de "errores de lenguaje".
La pen dulación dd pensamien to occiden tal sobre la metafísica es también seguida por la evolución filosófica hispanoamericana, en
la que Salazar 130ndy encuentra este caráctervndulatorio:
Así, a la escol:ísti';1siguel'I sensualislllO ilustrado y a éste el pensamiento m:ís conservador y metafísico de los filósofos partidarios de la escuela escocesa, del espiritualismo y el krausismo. Este pensamiento será desplaz:ldo por el positivismo alltimetafísieo que, a su vez, será combati-do con éxito por el vitalismo bergsoniano de cepa especulativa, que dará paso a la fenomenología y al existl'ncialiSlllo, más críticos aunque' abiertos a la problem¡ítica metafÍsico-ontológica, que encuentran hayal frente la crítica de las corrientes marxistasy analíticas,
La filosofía de nuestra América, señala por otra parte Salazar Bondy, "ha e tado vinculada siem pre a deterrrunadas áreas de actividad culturaL.. La vinculación con la literatura, que
se
percibe a comienzos de la colonia en ciertos círculos platonizantes, se deja sentir también en esta etapa Ila positivistal y a comienzos Jel sigloXX, en coincidencia con la reacción espiritualista". En este mismo sentido, el autor invoca a José Caos, para quien el pensamiento de Hispanoamérica se caracteriza por ser "predomi· nantemente estético", o sea "de tono e intención literarios ypropensos al ensayismo o a la expresión periodística u oratoria", Hasta tal punto que puede señalarse en él un crecirruento cuando "con Sartre y otros pensadores de la línea existencialista, la filosofía se ha acercado a la literatura y, por ende, al modo de pensar típico hispanoamericano",9
Aplicando ahora estas coordenadas a Macedonio, se advierte que los comienzos del siglo XX y [a reacción espiritualista son cabal· mente las suyas, Ya hemos visto que él también enfatizaba la distinción entre filosofía y metafísica, pero con un sentido
ta) inverso al materialista: él se proclamaba metafísico y rechazaba "el rótulo helado de Filosofía", disciplina ésta que consideraba estrechamente emparentada con la "chismosa" ciencia preocupada de causas y efectos. El lenguaje de Feuerbach: Macedonio desdeña-ba la "sobrina filosofía", y lo único que admiradesdeña-ba y quería practicar era precisamente la "embriagada especulación" propia de la metafísica.
Por eso, Macedonio se mostraba hostil al círculo de Viena y criticaba el "sensacionalismo puro" de Mach calificándolo de "neoumenismo dualista, doble contradicción con un sensacio-nalismo" IV 89
ni.
En cuanto al existencialismo, no alcanzó a registrar la boga de Sartre -que se produce después de la segunda guerra mundial, cuando Macedonio se aproxima ya a su muerte-, pero Kierkegaard y Heidegger son citados más de una vez con la simpatía que corresponde a un "existidor".En este punto, la especi::t1ísima índole de Macedonio y su obra me llevan a intercalar una disquisición sobre las significaciones de las palabras "metafísica" y "filosofía", en lo que se relacionan con "poesía" y "literatura."Io La distinción entre metafísica y poesía
es en rigor correlativa y en alguna medida equivalente a la distinción más general entre filosofía y literatura. Metafísica y poesía son disciplinas en cierto modo homólogas, por representar más típicamente o con mayor intensidad las actitudes respectivas del fIlósofo y el literato: la met:Jfísica vendría a ser a la filosofía lo que la poesía es a la literatura.
Ahora bien: los "errores" (o forzamientos, o distorsiones) señalados por el círculo de Vien:J en el lenguaje metafísico, sólo son errores para la lógica formal, no para el discurso poético. Es más: podríamos afirmar que son el fundamento mismo que posibilita expresar, con el lenguaje, un pensamiento poético. La poesía, en efecto, debe hacerse siempre contrala estructura lógica del lenguaje, prácticamente consiste en eso. Esta condición es llevada al extremo en las escuelas de vanguardia, tanto en la línea hipervital como en la hiperartística:11
Una y otra terminan por despalabrizar las palabras: la hipervital, obligándolas a recorrer un camino inverso al que siguieron al nacer, retrocediendo de la esfera racional, donde viven su ad ultez, a la irracional donde se gestaron; la hiperartística, queriendo desvincular el lenguaje de sus significados convencionales. La poesía, que es lenguaje, viene parado-jalmente a atacarse a sí misma, en su propio cuerpo de palabras, se suicida. Esta condición ya extrema de la rebelión contra el lenguaje, común al surrealismo y al creacionismo, produce una obra lírica de apariencia lógica (en cuanto conserva las estructuras formales de la creación), pero de contenido no representativo, deslizante, arbitrario, que actúa sobre el lector a manera de ráfaga.
Vemos así cómo, en el terreno puramente lingüístico, la señalada "fraternidad" entre metafísica y poesía llega práctica-mente a constituir una unidad. Por lo tanto, y aún aceptando
todos los reparos formulados contra la combatida metafísica, sería quizá posible salvarla a veces como poesía, puesto que tiene de común con ella esa calidad de ser una "embriagada especulación". Ya hemos notado que estas afinidades entre filosofía y poesía constituyen una característica general en nuestra América. En el caso de Macedomo, el trasvasamiento de una a otra disciplina (en sus formas más agudas de metafísica y poesía) se produce a dos niveles: el primero psicológico, el segundo lingüístico. El primero es consecuencia de su idealismo, que lo conduce a este psicologis-mo:
Como la investigación de la emoción de desconocimiento de lo conocido o falso desconocimiento, ha de ser por entero intra-conciencial, es un capítulo de la Psicología, como lo son la estética, la ética, la teoría del chiste o del melodismoIV196/.
Es en este nivel donde coinciden las definiciones de la Metafísi-ca y de la Belarte Conciencial. Todo consiste en conmover la conciencia del lector en distintas regiones, a distintas alturas:
El Arte se produciría lo mismo que la Metafísica: sería una forma diversa de provocar el estado místico, que es la enucleación de la noción de ser, de la de identidad personal y la de continuidad histórico-personal /C 22/.
En un segundo nivel -originado, sin duda, en el primero-, lo que en metafísica interesa, apasiona y asedia a Macedonio es quizá nada más y nada menos que un problema de lenguaje. Escuché-mosle esta afirmación, esencial para comprender toda su obra, aunque él la formula en una nota al pie de página:
Uso provisionalmente las vocessubjetividad, materia, nuestro, porque el
lenguaje estrictamente idealista no sería asequible todavía /V 88 n/.
Macedonio no deja de aludir a esta imposibilidad cada vez que su pensamiento lo lleva a una encrucijada que él considera inexpresable. Los ejemplos podrían multiplicarse (el subrayado es nuestro):
En lenguaie provisorio -pues niego el Yo y el Futuro- la ciencia anuncia
la repetición del orden de aparición de las variedades (de lo sentido) antes percibidas /V 154/.
Querido soñado lector: es dificilísimo como inmensamente verdadero lo
que te diré•..IV 171/.
(Va urgente, borroneado, para antes que se acabe el Mundo-aunque no
existe-)/V202/.
En este "lenguaje provisorio" dirigido a un "soñado lector" en un "mundo que no existe", es precisamente donde radica aquella "embriagada especulación", aquella metafís ica considerada como un conjunto de "seudoproposiciones", de "errores de lenguaje". Y
11
el problema metafísico que implica la búsqueda de este inaccesible lenguaje no es otro que el de la poesía, cuando se debate y revuelve queriendo crear un arte independiente de la realidad: la naturaleza representativa del lenguaje reenvía hacia esa realidad, al parecer invenciblemente, tanto al metafísico como al poeta.
Este problema cumbre de la poesía podría hallar solución en el idealismo absoluto de Macedonio. Con su creencia de que el ser es sólo y exclusivamente la sensibilidad, tanto en la forma de vigilia como en la de ensueño, se llega a la final identificación de estos dos términos tradicionalmente antitéticos: la conciliación de los contrarios que perseguía el surrealismo.
Si el ensueño y la vigilia son iguales, dice Macedonio, no es obligatorio "sentar que toda imagen sea posterior a una percepción o sensación, que la invención absoluta de imaginación no sea perfectamente posible". He aquí el único fundamento viable para que podamos aceptar al metafísico como creador de un lenguaje idealista, al poeta como ese "pequeño dios" que pretendía Vicente Huidobro: si son capaces de crear realidad, pero más "adentro" del campo lingüístico, en el de la realidad misma. Ello supuesto, el problema de dar forma escrita a tales invenciones se vuelve ya puramente literario y quizá resoluble.
Es precisamente en estos callejones lingüísticos tantas veces sin salida donde Macedonio luce su exquisitez, su todopoder literario: suscitando aquel inaccesible lenguaje idealista, con la materia de un lenguaje dado que constitutivamente no lo es. Y esta creación ya es poética tanto o más que metafísica.
Ya en Recienvenido, Macedonio comenzaba a internarse audaz-mente en esta trasmutación de disciplinas:
Además este libro 1Vigilial será seguido dos meses después por otro: los originales de ambos han estado tan juntos en mi mesa de trabajo (de martirio, puedo asegurarlo) que aconteció trastrueque de carácter entre ellos: el primero, de ciencia metafísica, me ha salido fantástico, y el segundo, una novela, me ha salido verdadero IR 98/.
Y retoma luego, con toda desenvoltura, variaciones sobre el tema en los infinitos prólogos de Eterna. Por ejemplo:
Si fracasa como tal la que llamo novela, mi Estética salvará el caso: admito que se la tome por novela, por fantasía de buen género, por novela suplente. Si falla la novela como novela puede ser que mi Estética haga de buena novelalE 40/.
En suma: debemos ampliar lo que dijimos al internarnos en la metafísica de Macedonio, y afirmar ahora, después de haberla vivido, que ella no sólohace su poesía, sino que se hace poesía. Y
conste que este atractivo resultado final no sería, por cierto, el más favorable sino precisamente el más desfavorable a esa metafísi-ca: aquel que la pone en duda como tal y sólo la propone como
poesía. En cualquier caso, ambas revierten sobre su autor, para hacerlo el doble actor de un apasionado duelo - ¿metafísico, poético? - entre el misterioy su expresión.
La Habana, julio 1975
Notas
I Nacido y muerto en Buenos Aires, 1874-1952. Sus principales obras, que citamos en este trabajo en sus ediciones publicadas en Buenos Aires bajo el cuidado de su hijo Adolfo de Obieta, son: Papeles de Recienvenido; Poemlls, Relatos. CI/entos. Miscelánea (1966); No toda es vigilia la de los ojos abiertos y otros escritos (1967); MI/seo de la Novela de Eterna (1967); OJadernos de todo y nado (1972). Abreviaturas: R, Y, E, y C, respectiva-mente.
2 Carta inédita de Macedonio a IIdefunso Perera Yaldés.
3 Martínez Estrada me escrihía después de haber leído mi Introducción a Macedonio Femández (Buenos Aires,
oo.
Talía, 1960): véase el capítulo XV de mi libro La realidad y los papeles(Madrid, ed. AguiJar, 1967). En ambas obras incurría yo, al exponerlade Macedonio, en la señalada omisión desuobra metafísica, la que tratu ahora de reparar, con esta nota y con la revisión "sin apuro" que he emprcndido de aquella vieja e insuficiente
Introducción.
4 Me rcfieru especialmente a las siguientes obras: Francisco Romero,Sobre la filosofía CII América, Lluenus Aires, Raiga!, 1952; Luis Farré;Cincuenta
afios de filosofía de la Argentina, Buenos Aires, ed. Lenser, 1958, Juan Carlos Torehia Estrada, La filosofía en la Argentina. Washington, Unión Panamericana, 1961; Juan AdolCo Vázquez, Antología filosófica argentim del siglo XX. Buenos Aires, Eudeba, 1965; Los "fundadores" de la mosafía
de América Latina, Washin¡,'1on, Organización de los Estados Americanos, 1970; AlbertoCaturelli, La filosofía argentina actual, Buenos Aires, Sudame-ricana, 1971.
5 Esta interrogación es el nombre del ensayo de Salazar Bondy editadq en 1963 y reeditado en 1973 por Siglo XXI Editores, México.
6 Entrevistas del autor con Borges, en Revista Nacional de Cultura, No. 187, Caracas, 1/111-1969. Contra el "conseguimos que leyera a Bergson", de Borges, puede aducirse la nota de Y 156·157, donde Macedonio declarala edad "de veinte años que tenía yo cuando hice conocer Bergson al pensador Malaganiga a cambio de regalarme él a Schopenhauer". A los veinte años de Macedonio, Borges no había nacido todavía.
7 José Luis Romero: El deso"ollo de las ideas en la sociedad argentinadel
siglo XX: México, Fondo de Cultura Económica, 1965; pág. 168.
8 Marx y Engels: La ¡ngrada familia y otros escritos filosóficos dela primera época; México, ed. Grijalbo, 1960; pág. 191-192. Los subrayados son de la fuente.
9 Obra citada, págs. 35, 28 y 78·79, respectivamente.
10 Para precisar las transiciones de significado entre los conceptos de
literatura -literatura poética- poesía, me remito a mi libroIntroducción a la poesía(México, Fondo de Cultura Económica, 1962), pág. 99-110. 11 Sobre las actitudes hipervital e hiperartística, en general, véase: Las