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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

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Academic year: 2018

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Introducción al Pensamiento Científico

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

Rector Rubén Hailú Vicerrector Jaime Sorín

SECRETARIA DE ASUNTOS ACADÉMICOS

PROGRAMA UBA XXI

Directora Silvia Fridman Vicedirectora María Isabel Bontá

Material Impreso

Coordinadora Susana Lamboglia

María Alejandra Batista Patricia Bucich

Abelardo Levaggi Diseño

Coordinador Ariel Guglielmo

ORIENTACIONES para el estudio de la bibliografía obligatoria

Profesora asociada a cargo de IPC Anna Mónica I. Cerutti

Especialistas en contenidos Anna Mónica I. Cerutti Mario Di Bella

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DOCUMENTO

LA POLÍTICA CIENTÍFICO-TECNOLÓGICA EN LA ARGENTINA

Mario Di Bella

Introducción

En su obra Ciencia y Tecnología: estrategias y políticas de largo plazo, Mario Albornoz y Pablo Kreimer sostienen que la política científico-tecnológica en nuestro país se ha ido desplazando sucesivamente del centro a la perife-ria y de la perifeperife-ria al centro de la escena política. Ello significa que el actor principal en la materia ha sido, en determinadas épocas, el Estado, y en otras, los particulares que, en mayor o menor medida, estaban interesados en ella.

No hay acuerdo entre quienes han intentado establecer una cronología de la aplicación de los distintos modelos de puesta en práctica de las políticas para el desarrollo científico-tecnológico en nuestro país, en cuanto a cantidad de etapas ni límites precisos entre una y otra, pero, en líneas generales se pueden advertir algunas coincidencias entre estos autores, a partir de las cuales intentaremos formular la nuestra.

Pero antes quisiéramos dejar en claro que, cuando hablamos de desarro-llo científico-tecnológico, también hablamos de desarrodesarro-llo económico, y no lo hacemos desde una perspectiva que conciba la comprensión económica del desarrollo nacional como independiente o excluyente de la comprensión so-cio-cultural y política del mismo. Todos estos procesos se correlacionan estructuralmente y tan sólo por practicidad metodológica se puede hacer abstracción de alguno de sus planos con independencia del proceso global, dentro del cual no cobran autonomía sino en cuestiones secundarias.

Coincidimos con Helio Jaguaribe que la pretensión de identificar un pro-ceso de desarrollo nacional con el aumento de su producto, basándonos en las estadísticas económico-financieras, puede llevarnos al equívoco de con-fundir desarrollo con crecimiento económico. Sobre este tema dice el propio Jaguaribe en Desarrollo económico y desarrollo político: "Concebido en el

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cuadro más amplio del proceso social global, el proceso de desarrollo eco-nómico es un proceso de crecimiento de la renta real, que se caracteriza por el mejor empleo de los factores de producción, en las condiciones reales de la comunidad y de las ideas de la época. Se diferencia así la idea de desarrollo de la de crecimiento económico. Ésta se refiere al simple aumen-to cuantitativo de la riqueza o del producaumen-to per cepita, mientras que la idea de desarrollo tiene el sentido de un perfeccionamiento cualitativo de la economía a través de una mejor tecnología y de una mejor utilización de los recursos naturales y del capital".

Tampoco entendemos la idea de desarrollo corno progreso ilimitado, ya sea cuantitativa o cualitativamente. El desarrollo es actualización de posi-bilidades preexistentes y tiene limitaciones, tanto cuantitativas como cua-litativas. Una sociedad, durante un período histórico puede llegar hasta ciertos índices de desarrollo y ello tiene que ver con las condiciones reales de la misma.

Así, pues, cuando hablamos de desarrollo científico-tecnológico, lo conce-bimos como un proceso en el cual interaccionan factores de índole cultural, política y económica. Es decir, entendemos al desarrollo científico-tecnológico como un proceso social global e históricamente situado.

La utopía de Sarmiento

Precisamente, volviendo a la historicidad de la problemática a abordar, podemos hablar de una primera etapa en el desarrollo de la política científico-tecnológica en la Argentina que coincide con la presidencia de Sarmiento (1868-1874), en la cual el actor principal es su propio gobierno quien concen-tró todas las cuestiones de planificación del desarrollo científico y tecnológi-co del país. Por aquellos años no eran muchos los hombres de ciencia que trabajaban en el país, sumados algunos extranjeros de prestigio que nos visitaban o se habían radicado en estas tierras. De modo tal que el volumen de investigaciones, si bien tenía importancia temática, no era muy considera-ble. Por otra parte, no se podía hablar todavía ni siquiera de un desarrollo tecnológico incipiente. El proyecto de Sarmiento consistía en crear las condi-ciones propicias para trasplantar a nuestro país el modelo de desarrollo operado en los Estados Unidos. Sarmiento llega a la presidencia con la con-vicción de que había que modernizar el país mediante una profunda

transfor-mación del perfil social y económico heredado del pasado. Pensaba que era necesario promover y estimular la expansión de sectores medios y concebía

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que las llaves que abrirían la puerta del progreso serían el estímulo a la agricultura, la expansión del ferrocarril, las comunicaciones, las inversiones financieras, las industrias manufactureras y una eficiente red de servicios públicos. Le había impresionado considerablemente el desarrollo norteameri-cano durante su estadía en los Estados Unidos. Sostenía que había visto un país dinámico con una base social popular en crecimiento, a diferencia de Inglaterra donde advirtió profundas desigualdades sociales producto de la dirección que había tomado el proceso de industrialización de ese país. Tenía la convicción de que, al igual que en Norteamérica, en nuestro país, todo estaba por hacerse y debía hacerse sin pérdida de tiempo. Del unitarismo de su juventud pasa a sostener un federalismo con connotaciones económicas liberales. Creía que el esquema oligárquico de explotación agrícolo-ganadera seguiría sumiendo al país en el atraso pero su propio proyecto de desarrollo tampoco contemplaba las necesidades de las manufacturas tradicionales del interior del país. Si bien había tenido la visión de advertir las limitaciones que los sectores tradicionales imponían al desarrollo del país, tampoco tenía confianza en que los sectores populares criollos pudieran impulsarlo. La mano de obra que produciría la transformación industrial, según él, habría de ser la inmigración europea que tanto fomentó. Además impulsó una explotación más moderna y más productiva de la tierra y, a tales efectos, propuso una reforma de la propiedad rural, pero esto lo enfrentó a la oligarquía latifundis-ta. Su modelo de industrialización requería romper los lazos políticos con los ¡ sectores más tradicionales y conservadores de la sociedad argentina de aque-! líos tiempos y la ejecución de políticas sociales y económicas más liberales \, paradójicamente, para ser puestas en práctica requerían una firme y

decisiva acción de gobierno centralizada y, a veces, autoritaria. Más allá de la imposibilidad de calcar un modelo económico que no respondía a las caracte-rísticas propias de nuestro país, la fuerte resistencia de los sectores políti-cos que respondían a la oligarquía contribuyó a que la concreción de aquella utopía se quedara, en gran medida, en proyectos, y en la contratación de personal extranjero especializado que, al fin y al cabo, nunca pudo ponerlos en práctica plenamente. Sin embargo, no puede desconocerse que muchas de sus medidas de gobierno en cuanto a políticas de desarrollo científico-tecnológico, si bien no tuvieron repercusión inmediata, contribuyeron, mu-chos años más tarde -en marcos políticos totalmente distintos-, a sentar las o

bases de nuestro desarrollo en la materia.

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r-El modelo cientificista

\a segunda etapa en el desarrollo de las políticas científico-tecnológicas

en nuestro país se extiende desde, aproximadamente, 1880 hasta principios de la década de 1940; es una etapa descentralizada del poder político guber-namental, en la cual el actor principal es la propia comunidad científica, al principio algo inorgánica y luego institucionalizada. Esta segunda etapa podría subdividirse en dos momentos: uno, que puede llamarse cientificista propia-mente dicho, de 1880 a 1918 aproximadapropia-mente, y otro, que podemos deno-minar academicista, desde 1918 hasta 1943.

El modelo cientificista consideraba que el desarrollo económico sería la consecuencia natural del trabajo en investigaciones científicas básicas por parte de calificados hombres de ciencia en universidades de alto nivel de excelencia. El imperativo de aquellos hombres y de sus sucesores inmediatos era fomentar la actividad en ciencia pura fortaleciendo el sis-tema pedagógico en función de tal objetivo. Nuestro país, hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX, contaba con universidades que estaban a la par de las más renombradas del viejo continente y la producción científica aumentaba en cantidad y calidad. Sin embargo, el país no se desarrollaba tecnológicamente ni montaba un respetable aparato producti-vo como lo hacían los países que contaban con universidades tan presti-giosas como las nuestras. El cientificismo adolecía de graves defectos, pues la ciencia, como sostiene el investigador francés contemporáneo Jean Jacques Salomón, en sí misma y por sí misma, no garantiza el desa-rrollo. La revolución científica y tecnológica ha sido siempre, en primera instancia, una consecuencia y no la causa de profundas transformaciones estructurales. Dice el experto argentino en la materia, Amílcar Herrera, en

Ciencia y política en América Latina: "Otro factor esencial a considerar

es que la ciencia requiere, para poder ser realmente efectiva en la promo-ción del progreso de una sociedad, condiciones económicas, políticas y sociales que ella misma no puede crear y que sólo pueden darse mediante una profunda transformación de las estructuras socioeconómicas que es-tán en la base misma del subdesarrollo". O sea que la capacidad de una sociedad para incorporar la ciencia y la tecnología como factores de desa-rrollo depende de cambios estructurales que la propia ciencia no puede generar, aunque luego este avance científico pueda contribuir a acelerar estos cambios.

En función de lo dicho anteriormente, nos preguntamos: ¿constituye la ¡mplementación del modelo cientificista un error inocente de los estamentos

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dirigentes de aquella época? ¿O, por el contrario, no se contemplaron sus limitaciones de un modo deliberado?

Desde la independencia de nuestro país hasta la Primera Guerra Mundial se dio lo que se ha dado en llamar un "crecimiento hacia fuera". Hacia mediados del siglo XIX ya se había consumado la llamada "división internacio-nal del trabajo" delineada fundamentalmente por Inglaterra. El globo terráqueo había quedado dividido en dos bloques bastante bien definidos: el integrado por aquellos países que se desarrollaban aceleradamente utilizando todos los recursos científicos y tecnológicos a su alcance en función de la genera-ción de riquezas, y el formado por el resto de los pueblos del mundo, que seguían sumidos en la pobreza. Según los científicos sociales latinoamerica-nos Fernando Cardóse y Enzo Faletto, quienes distinguen la noción de

subde-sarrollo de la de carencia de desubde-sarrollo, en función de las relaciones

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sociales que adoptan tal o cual actitud ante la propuesta del centro. Sobre j este tema dice Raúl Scalabrini Ortiz, en Política británica en el Río de la \

Plata: "El Estado argentino fue armado por los políticos que estuvieron ;

proscriptos durante la tiranía del general Rosas. En 1853 subieron al poder ; Con apuros de que la Argentina, entonces desierta, imitara la maravillosa '• Europa que ellos conocieron. Para conseguir los capitales extranjeros, que i supusieron indispensables, forjaron un Estado seduciente para ellos. Como | puede leerse en Sistema Económico y Rentístico de la Confederación de don Juan Bautista Alberdi, para atraer los capitales ingleses y proporcionarles mano de obra barata, se fomentó la inmigración. Para que vivieran sin sobre-saltos, se domeñó, educándola, a la brava población nativa. En una palabra, se les brindó el país generosamente. Se les concedió absoluta libertad de comerciar, de contratar, de comprar, de vender, de locar, alquilar, conchavar y despedir, de acaparar y hasta de destruir. El capital inglés no se mostró remiso a tanta tentación, y para actuar más desenvueltamente procedió a conquistar la parcialidad de los dirigentes. De los honrados, facilitándoles empréstitos para que gobernaran holgadamente. De los venales, por corrup-ción personal. Consiguieron así privilegios extraordinarios y garantías de ga-nancias sobre capitales que jamás sufrieron contralor alguno. A partir de 1853 la historia argentina es la historia de la penetración económica inglesa, voluntaria al principio, forzada al final." El Estado se convirtió en el sirviente de la oligarquía terrateniente-vacuna y los propietarios extranjeros que esta-ban conectados con el comercio de exportación. El crecimiento económico dependió de la actividad productora de materias primas, fundamentalmente carnes y cereales, para la exportación que se desarrolló sobre la base de la inversión externa. Prácticamente no hubo innovación tecnológica sino que el aparato productivo se expandió mediante el aprovechamiento de la mano de obra para la explotación de los recursos naturales, en función de la demanda exterior. El desarrollo de las industrias manufactureras fue muy escaso por-que con los recursos provenientes de la exportación se podían comprar pro-ductos industrializados en los países centrales a precios convenientes. Los mayores beneficiarios de este intercambio eran los países capitalistas cen-trales, fundamentalmente Inglaterra, y la oligarquía productora de materias primas exportables. El país seguía en el estancamiento y no se desarrollaba independientemente. Los grandes recursos provenientes del sector exportador no se canalizaron para desarrollar sectores productivos más dinámicos. No hubo transferencias de recursos del agro a un desarrollo industrial. Las ca-pas dominantes de nuestro país, hacia fines del siglo XIX, eligieron seguir siendo una aristocracia conservadora en lugar de convertirse en una burguesía

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progresista, al estilo de la soñada por Sarmiento, camino que siguieron los sectores dominantes en los Estados Unidos luego de su independencia. Dice Arturo Jauretche, en El medio pelo en la sociedad argentina: "Las generacio-nes que se propusieron el 'progreso indefinido', y lo fundaron en el exclusivo desarrollo agropecuario, actuaron como si estuvieran en presencia de un horizonte cuyos límites fugan delante del que marcha. Fueron congruentes con el pensamiento filosófico de la época, como el personaje de la zarzuela: 'hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad'. La superstición cientificista se alimentaba de una gran simplicidad que suponía que entre la lente del microscopio y la del telescopio podía caber todo el universo. Pero mayor simplicidad fue ignorar que el límite de la expansión económica agropecuaria estaba dado por la extensión de las pampas, su fertilidad y la curva de las precipitaciones pluviales".

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gobernadas por los propios científicos. El modelo político-cientificista es des-centralizado: la ciencia es cosa de científicos y a ellos Íes cabe el poder de decidir acerca de su planificación política que por otra parte, debido a esa armonía preestablecida en la que se confiaba, quedaba librada, en la mayoría de los casos, a la acción espontánea de los individuos y los grupos. Paulati-namente la comunidad científica fue asumiendo la necesidad de afianzar su institucionalización y se constituyeron estructuras orgánicas "más homogé-neas. El control político de las instituciones científicas por parte de los propios científicos, que respondían al modelo de país de los sectores socia-les dominantes, garantizaba la reproducción permanente del perfil dado a los proyectos de investigación.

El cientificismo academicista

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sector social tiene marcadas diferencias con la oligarquía terrateniente-vacu-na, no se puede decir que constituya una burguesía industrial progresista como la que tuvieron algunos países centrales. En líneas generales, no lo-gran, por sus contradicciones internas y sus alianzas con otros sectores más acomodados, romper con el modelo de desarrollo dependiente diseñado por los sectores conservadores.

Estos sectores medios logran su reconocimiento político con la ley Sáenz Peña de 1912, luego de algunos intentos revolucionarios del Partido Radi-cal. En esos años el Estado nacional ya se había consolidado pero el régi-men político era restrictivo. El gobierno estaba en manos de una minoría conservadora pro-oligárquica. Los candidatos eran impuestos arbitrariamen-te medianarbitrariamen-te el fraude electoral y el voto no era ni obligatorio ni secreto. La mayoría de la población se manifestaba indiferente y no concurría a votar. Durante el gobierno de Julio A. Roca (1898-1904) se ensayó una reforma que no prosperó. Al descontento social se sumó la protesta política y duran-te el gobierno de Manuel Quintana (1904-1906) se produjo una insurrección popular liderada por la Unión Cívica Radical que fue duramente reprimida. El conflicto político continuó durante el gobierno de José Figueroa Alcorta (1906-1910). Se cerró el Congreso y se apeló al estado de sitio para contrarrestar el clima de protesta social. Roque Sáenz Peña es elegido presidente en 1910 y decide encarar reformas para ampliar la participación política y revertir los conflictos existentes. Esta reforma, conocida como Ley Sáenz Peña, fue promulgada en 1912. Se confeccionó el padrón militar para evitar todo intento de fraude electoral. Se instituyó el voto universal, obligatorio y secreto, que, sin embargo, estaba restringido a los varones nativos mayo-res de dieciocho años (recién en 1947, durante la primera pmayo-residencia de Perón, las mujeres obtuvieron ese derecho). En 1916 se efectuaron los primeros comicios con el nuevo sistema electoral. Hipólito Yrigoyen logró un holgado triunfo y pasó a ocupar la presidencia.

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seguidores de Alvear y políticamente estaban más vinculados al modelo

tradi-cional de país. Alvear vuelve a favorecer a los intereses extranjeros, funda- Ql

mentalmente ingleses, y al sector agroexportador tradicionalmente ligado a Y ellos. El conflicto entre yrigoyenistas y alvearistas llegó a agudizarse de tal aj m9do que en las elecciones de 1928 presentaron candidatos con listas sepa- al radas. Pero, a pesar de la división, Yrigoyen volvió a ganar ampliamente ai sobre la fórmula antipersonalista. c< Durante el yrigoyenismo se crearon las bases para la independencia d económica nacional, que por aquellos años parecía muy lejana, se crea la ir empresa estatal petrolera nacional YPF e intenta darle impulso a la indus- d tria textil y metalúrgica. Yrigoyen vuelve al gobierno en 1928 sustentando ¡r

una nueva alianza entre las burguesías regionales y sectores medios urba- e nos. Sin embargo, las intrigas del sector conservador tradicional, la crisis le económica y, a causa de ella, las revueltas obreras que se daban mientras r< el radicalismo no lograba controlar los sindicatos, contribuyeron al debilita- ti miento y la caída del yrigoyenismo. Si bien algunos sectores radicales visio- d narios perciben la necesidad urgente del cambio de perfil socioeconómico P del país, no logran presentar una alternativa coherente al modelo tradicio- ¡ v nal agroexportador. Estos sectores, con mentalidad progresista pero sumi- \ dos en la indecisión política estaban fuertemente condicionados. Nuestro r país, por un lado, necesitaba capital para impulsar el desarrollo y, al mismo P tiempo, no se debían bajar las banderas de la afirmación y consolidación i nacional. Se necesitaban inversiones extranjeras para complementar la ca- f pacidad deficiente de inversión propia. Pero esto significaba que los gran- : I" des consorcios internacionales lograran mucho más control de los resortes \ fundamentales de nuestra economía. Se daba la paradoja de que buscando I el desarrollo autónomo podríamos seguir hipotecando nuestro futuro. Para ¡ < acumular capital propio, la solución del ajuste económico traería mayor \ descontento social del que ya existía entre los sectores económicamente ; 1 más empobrecidos y la capacidad de ahorro interno de nuestro país era, por ' • ese entonces, insuficiente para sustentar el modelo deseado. El auge revo- ! lucionario a nivel continental y mundial paralelo a la gestión nacional del : radicalismo yrigoyenista signó de cierto anacronismo al proyecto burgués nacional. La clase obrera adquiría cada día mayor dinamismo y protagonismo ; social que la burguesía que pretendía dirigir tal proceso. La represión de su ¡ gobierno a los sectores proletarios que manifestaban su disconformidad i por la crisis social fue un importante factor político negativo que coadyuvó a i que Yrigoyen no pudiera consumar el proyecto nacional independiente que la historia le reclamaba.

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La caída de Yrigoyen se consuma con el golpe militar del general Uriburu que constituye un gobierno formado por conservadores, radicales alvearistas y sectores pseudoprogresistas que tienden a restablecer el perfil económico agroexportador a contramano de la historia. Esos sectores debieron recurrir al poder militar y al fraude electoral para llevar a cabo tal designio. Aquellos años son recordados como la tristemente célebre "década infame". La con-centración del poder monopólico de las empresas extranjeras aumentó consi-derablemente pero el modelo agroexportador del país se resentía sensible-mente. La crisis internacional de 1929 pone de relieve las limitaciones de dicho modelo. A medida que la crisis se extendía, se reducía el comercio internacional y los precios de los productos agrícolas y ganaderos bajaban en el mercado internacional. Muchos países de Europa cerraron sus mercados a los productos procedentes del exterior. Además, para Inglaterra ya no le era rentable seguir comprando el mismo volumen de producción agrícola a nues-tro país sino que se volcó a sus ex colonias Australia y Canadá. Las capas dirigentes de nuestro país intentaron recomponer el modelo para que se pudieran recuperar los mercados tradicionales y se pudieran ganar otros nue-vos. En esa línea de acción el tratado Roca-Runciman le otorgaba a Inglaterra grandes concesiones para recuperarlo como principal cliente. Sin embargo, el modelo agroexportador estaba herido de muerte. Esta crisis motivó que el presidente Castillo, de extracción conservadora, se moviera en dirección de un progresivo cambio de perfil que nunca llegó a concretarse por las fuertes presiones de los sectores oligárquicos de su partido. Sin embargo, algunos hechos significativos de importancia, en función de un modelo superador fueron instrumentados; por ejemplo, la creación de la marina mercante del Estado. Ello le permitía al país tomar protagonismo en el transporte y el comercio internacionales. Al mismo tiempo comenzaba a asomarse un inci-piente proceso de industrialización por sustitución de importaciones. Cuando finalizó la crisis comenzaron a crecer algunas empresas industriales de capi-tal extranjero que ya operaban en el país desde la época de Yrigoyen y Alvear y se radicaron otras registrándose algunas inversiones considerables de capi-tal norteamericano y alemán que empezaron a competir con Inglaterra. Pero aún nuestro país se hallaba muy lejos del desarrollo industrial que los nuevos tiempos requerían.

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de los programas de estudio. Relacionaba por primera vez la ciencia como la actividad académica con el orden social. Los estudiantes rebeldes del 18 pe sostenían que el cambio del orden académico debía estar acompañado de d¿ cambios sociales y económicos que posibilitasen responder a los sectores tu mayoritarios de la población y a los valores y necesidades del país. Además E< el' movimiento reformista reconoce una identidad americana y afirma los valo- gi res y necesidades nacionales. El Manifiesto Liminar de la Reforma proclama: efe "Estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora

america-na. El sacrificio es nuestro mejor estímulo, la redención espiritual de las el juventudes americanas, nuestras única recompensa, pues sabemos que núes- p-t tras verdades lo son -y dolorosas- de todo el continente. El ministro de p¿ Instrucción Pública del gobierno de Yrigoyen, José S. Salinas, Interventor de sí la Universidad Nacional de Córdoba, dijo sobre el significado de la Reforma lu de 1918: "Forjar una universidad genuinamente argentina, grande y

prestigio-sa, identificada con la vida nacional, con su desenvolvimiento político, qi institucional y social, con sus necesidades económicas, industriales y comer- ci< cíales" (Nuestro Siglo, número 73, 1986). pr Ese interés por vincular la ciencia con los valores y necesidades de núes- pr tro país no fue una preocupación exclusiva de los estudiantes reformistas de ríe 1918. Con motivaciones y perspectivas distintas, los jóvenes egresados y ai estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos y Aires fundan en ese mismo año el Colegio Novecentista. Estos jóvenes propo- re nían un nuevo tipo de pensamiento científico que tuviese en cuenta nuestra si originalidad histórica, en oposición al universalismo y mecanicismo positivis- p| ta imperante en los medios científicos y académicos de la época. j ra Luego de la caída de Yrigoyen, sectores reformistas universitarios intenta- rn ron mantener altas las banderas de 1918, con mayor o menor éxito, pues a : g'¡ pesar del ingreso a las altas casas de estudio de miles de jóvenes pertene- : lo

cientes a las capas medias de la población, aún seguían teniendo fuerte i ¡n influencia los sectores conservadores ligados al esquema de poder político y ; s< económico tradicional. Por otra parte, las contradicciones internas de los di propios sectores que impulsaron la Reforma atentaron contra su perdurabili- \ dad en el tiempo y su concreción efectiva. Sobre este tema, en su artículo : ci

"La Reforma Universitaria de junio de 1918 y su impronta universal" dice ! e

Alberto J. Lapolla: "La Reforma sería una revolución cultural que se extende- l s< ría por América Latina y el mundo con su mandato de revolución cultural, de \< democratización popular de las repúblicas oligárquicas del continente y de j e acceso democrático de los pueblos a la educación superior todavía reducto \ cerrado de las oligarquías y el pensamiento confesional". "La Reforma sería j c¡

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la bandera de varias generaciones de jóvenes latinoamericanos que lucharían por conquistar sus demandas de libertad de cátedra, libre elección de autori-dades, cogobierno democrático, reforma de los sistemas de enseñanza, aper-tura ideológica, autonomía y aperaper-tura de las universidades a sus pueblos. Esta lucha abarcaría prácticamente todo el continente y luego de la segunda guerra llegaría a Europa, no así a los EE.UU., que perduran en sus universida-des elitistas y antidemocráticas. "

"El movimiento reformista perdería en la Argentina su impronta revolu-cionaria por las limitaciones del radicalismo, por el reformismo medular del Partido Socialista y por la necedad a reiteración de los comunistas que a partir de 1922-24 darían la espalda a la Reforma, siguiendo las pautas sectarias de la III Internacional, acusando al movimiento por contrarrevo-lucionario y pequeño burgués..."

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En esta etapa se sentaron las bases de un sistema científico-tecnológico que se desarrollaría, tomando otra dirección, años más tarde en un escenario político muy diferente.

El desarrollo tecnológico

En la tercera etapa del desarrollo de la política científico-tecnológica en la Argentina se concreta la de implementación del proyecto tecnológico estatal y, a partir de él, comienza la reflexión acerca de qué es lo politizable de la investigación científica. En este período, que tiene lugar entre,

aproximadamen-te, comienzos de los años 40 y mediados de los años 70 el actor principal es el < Estado, quien desarrolla políticas científico-tecnológicas fuertemente central!- < zadas. También esta etapa podemos desdoblarla en dos momentos: el primero,

desde 1943 hasta 1955, y el segundo, desde 1955 hasta 1976.

En el año 1943, mediante una revolución militar llevada a cabo por oficia-les de extracción nacionalista, el Partido Conservador y sus aliados son desalojados del gobierno. En 1946 accede al poder político Juan Domingo Perón, con el apoyo de los sectores obreros y populares mayoritarios y am-plios sectores medios. Su advenimiento al gobierno se da mediante eleccio-nes en las cuales triunfa sobre la fórmula de la llamada Unión Democrática, apoyada por los sectores ligados al orden tradicional oligárquico, monopolios extranjeros y el propio embajador norteamericano Braden.

Durante el gobierno conservador de Castillo estaba al frente de la Di-rección de Fabricaciones Militares el general Manuel Savio. Producida la revolución del 43, debido a su iniciativa se crean los altos hornos de Zapla y Pálpala y se sientan las bases para la industria pesada en el país. Ya durante el gobierno de Perón se crea el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) para monopolizar la oferta exportadora del agro, que ante-riormente detentaban los consorcios extranjeros o nacionales privados per-tenecientes a las familias más acomodadas, logrando precios más conve-nientes al concertar operaciones de gobierno a gobierno. Así, pues, el Esta-do obtenía una diferencia en la comercialización de las exportaciones que derivaba hacia la industria otorgando divisas a precios diferenciales para la adquisición de maquinarias y materias primas. Esta voluminosa transferen-cia de recursos del agro a la industria significó un singular impulso a la industrialización del país. La formidable acumulación de capital propio per-mite al país proclamar su independencia económica saldando la herencia de la deuda externa heredada del siglo XIX, que había hipotecado hasta el

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territorio nacional. Esto posibilitó, entre otras cosas, impulsar la industria siderúrgica con la creación de la empresa SOMISA; y la creación de la empresa Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado permitió fabricar aviones, automóviles, tractores, máquinas agrícolas, vehículos de pasaje-ros, etc. La industria siderúrgica pesada funcionando a pleno fue fundamen-tal, pues sobre ella reposaba la construcción y las industrias mecánicas, entre otras.

Si bien es cierto que este perfil industrial que se delineaba para la Argen-tina fue posible gracias a una situación internacional favorable, éste no fue el único factor sino que intervino la decisión política de transferir recursos económico-financieros allí donde se necesitaban y la ejecución de un plan económico y políticas sociales que acompañaran tal decisión. De modo tal que este proceso abarató los productos y se favoreció el consumo interno. Esto favoreció a los sectores más populares y al comercio, lo que a su vez redundó en una reactivación del mercado nacional.

Coherentemente con este proyecto de desarrollo tecnológico, en este pe-ríodo se crea la Universidad Obrera, hoy Universidad Tecnológica Nacional, y numerosos colegios secundarios de orientación técnica.

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y científica, se intimó a la Universidad para que difundiese el saber y toda i forma de cultura a los sectores populares y propusiera soluciones para ios c diversos problemas sociales y económicos del país. Un grave problema que

aquejaba a la Universidad era su distanciamiento de un proyecto moderno de s Nación y la imposibilidad de los sectores más humildes de acceder a ella. ? Aún no habían llegado los sectores populares a las aulas de las altas casas t de estudio. Este fenómeno se consumaría recién a fines de los años 60 y i principios de los años 70 como consecuencia del ascenso social de sectores ( tradicionalmente postergados, producto del proceso de transformación del í país operado entre 1943 y 1955. Así, pues, años más tarde, los obreros, los < empleados de clase media baja y los pequeños comerciantes habrían de ver a ' sus hijos accediendo a las universidades por primera vez en la historia argén- i tina. En virtud del desencuentro entre la comunidad universitaria y el proyecto f estatal de industrialización no hubo una significativa colaboración de la inves- I tigación científica con este proyecto y muchos investigadores que se pusieron t a disposición del gobierno no pudieron colaborar efectivamente por las limita- < ciones de su formación cientificista academicista que no contemplaba las ; 1

reales necesidades y pautas culturales del país. Sin embargo, es digno de ¡ mencionar, en el área científica, el trabajo del Dr. Ramón Carrillo, tanto en la | Universidad como al frente del Ministerio de Salud Pública durante el gobierno ' del presidente Perón. El mencionado hombre de ciencia puso a nuestro país a

la vanguardia de las investigaciones neurológicas en América Latina y fue uno

de los pioneros de la concepción sanitarista de la medicina a nivel ¡nternacio- 1

nal. La doctrina sanitarista del doctor Carrilllo concibe a la medicina, fundamen- I talmente, como una disciplina social. Esta filosofía de la salud generó una 1

nueva actitud de la comunidad científica ante el problema de la enfermedad. 1 Ésta no debía considerarse como un mal susceptible de ser abordado ' unilateralmente desde el laboratorio, sino que era necesario inscribirla en el < contexto social en que se producía. Así pues diseñó una meritoria política ¡

sanitaria que dispuso la utilización de los recursos científicos y técnicos en (

función del mejoramiento de las condiciones alimenticias e higiénicas de la ;

población. "A la salud la defienden los anticuerpos y no los antibióticos" era su

lema. Asimismo, multiplicó considerablemente la infraestructura hospitalaria ¡

de nuestro país (ver Documentos de E. González Bazán y de C. Asinellí). \a etapa se interrumpe con el golpe 1955 alentado por una alianza ;

integrada por sectores ligados a intereses extranjeros; por estamentos I oligárquicos tradicionales; por una burguesía nacional que creció a expensas del Estado pero que no estaba dispuesta a ceder el poder a la burocracia ¡ política y a los sindicatos, ni tampoco a resignar terreno en la distribución de

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la renta interna con los sectores populares; y, también, por ciertos sectores de una clase media temerosa y carente de conciencia nacional.

Como hemos visto, este período se caracterizó por la implementación del sistema tecnológico a través de instituciones oficiales que orientaron su actividad en función de un proyecto político de gobierno que consideró priori-tario sentar las bases de la industrialización del país sin comprometer su independencia económica ni su soberanía política a los poderes de las poten-cias centrales. Para ello, juntamente con la creación de instituciones tecnoló-gicas, propició la conformación de una nueva clase industrial que dio trabajo a crecientes sectores sociales, reactivando el mercado interno y favoreciendo la integración de segmentos de la población que tradicionalmente habían tenido escaso protagonismo político y económico. No existió, sin embargo, por las razones apuntadas, una efectiva colaboración entre la actividad tecno-lógica y la científica. De todos modos, el importante desarrollo de la primera permitirá que, posteriormente, la complementación de ambas comience a ser considerada imprescindible por diversos autores cuyas reflexiones sobre el tema en cuestión abordaremos a continuación.

La reflexión acerca de lo poiitizable en la investigación científica

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en la actividad productiva, que, al fin y al cabo, debió constituir su razón de ser. Se trató de un sector social que no equiparó el creciente nivel de prospe-ridad que pudo alcanzar con cierta inserción cultural ni claprospe-ridad ideológica, fue falto de espíritu crítico ante los esquemas importados y carente de senti-do nacional, tampoco operó como vehículo de innovación tecnológica. Por ello, y debido a la carencia de proyectos a largo plazo, prácticamente no demandó a las instituciones del área planes de investigación científico-tecno-lógicos y, cuando lo hizo, tuvieron carácter puramente tecnocrático. Esa bur-guesía nacional sufría de complejo de inferioridad con respecto a la capaci-dad extranjera. A coro con las voces que expresaban la mentalicapaci-dad colonizada de los sectores más conservadores de la sociedad, hacía suya y repetía la fábula de la incapacidad y la inutilidad criolla.

Ese mercantilismo "hacia afuera" de la burguesía nacional de principios de los 60, ligada, de algún modo o de otro, al sector residual de la oligarquía tradicional y a los intereses extranjeros, tiene sus raíces en el conflicto unitarios-federales del siglo XIX, que tanto retardó la integración nacional, cuyo largo proceso desembocó, pasando por el radicalismo yrigoyenista, en el advenimiento del peronismo. En esas circunstancias, el gobierno "desarrollista" de Arturo Frondizi (1958-1962) incurre en la grave contradicción de sostener una posición teórica de un capitalismo nacional independiente, mientras que, al mismo tiempo, le confiaba al capital extranjero un papel preponderante en la promoción del desarrollo del país cediendo, consecuentemente, espacios de poder político y económico en favor de los monopolios internacionales. Tal contradicción se hace manifiesta cuando Frondizi incorpora a su gabinete al economista liberal Alvaro Alsogaray. Durante este gobierno, inspirados en la llamada "teoría del despegue", desde los Estados Unidos llegaron propues-tas de desarrollo prácticamente inviables para los países de América Latina. Es muy difícil sostener que el desarrollo económico pueda alcanzarse median-te proyectos diseñados copiando pautas de crecimiento de otras sociedades, en función de variaciones coyunturales y carentes de una decisión de lograr una creciente autonomía nacional y un cambio en las relaciones de clases. Proyectos de tal naturaleza fueron incapaces de alterar las relaciones de dependencia. La esfera política del comportamiento social, subestimada por tales proyectos, influyó necesariamente en la forma que adoptaba un proceso de desarrollo económico que pudo haber resultado exitoso en otros tiempo y en otras latitudes pero no en la Argentina de principios de los 60.

El gobierno radical de Arturo Illia (1963-1966), quien llega al poder con escasa representatividad por la proscripción del peronismo, tomó algunas me-didas de corte nacional en materia de política económica. Anuló los contratos

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petroleros mediante los cuales Frondizi había beneficiado a los consorcios internacionales e impulsó una ley de medicamentos para regular el funciona-miento de los grandes laboratorios transnacionales. Sin embargo, la inestabi-lidad política y las indecisiones de su propio gobierno terminaron por alentar un golpe militar que lo desalojó del poder cuando aún faltaban tres años para la culminación de su mandato.

La progresiva entrega de la economía nacional comienza a acelerarse hacia fines de los años 60. El gobierno de facto del general Juan Carlos Onganía (1966-1970), que, a pesar de pertenecer al sector autodenominado "nacionalista" del Ejército, contaba en su gabinete con la presencia del minis-tro de economía liberal Adalbert Krieger Vassena y del canciller Nicanor Costa Méndez, ambos miembros del directorio del monopolio Swift-Deltec. Al igual que en la "década infame", el país vuelve a ser gobernado por los gerentes del capital financiero transnacional. En este período comienza un sistemático intento de destrucción de la infraestructura científico-tecnológica estatal. El 29 de junio, Onganía toma una de sus primeras medidas coherentes con el proyecto de entrega del patrimonio nacional: intervenir la Universidad. El hecho es recordado como "la noche de los bastones largos" por la dura represión que ejerció la policía contra los estudiantes, profesores y funciona-rios que resistieron la intervención atrincherados en el edificio de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. La Univer-sidad perdió su autonomía y una buena parte de los profesores e investigado-res fueron cesanteados.

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Estados Unidos de derrocar a los gobiernos no confiables para sus intereses y sostener a los fieles a su política. Finalmente, un elemento decisivo lo constituye la crisis del petróleo a nivel internacional, consecuencia de la guerra entre Israel y algunos países árabes. Los países productores de petró-leo aumentaron su precio en el mercado internacional y esto generó una crisis económica global que repercutió en nuestro país. Estos factores facilitaron el reagrupamiento de los sectores reaccionarios ligados al capital financiero internacional. Al poco tiempo de fallecido el presidente Perón, el pacto social entró en crisis. Durante la etapa final del débil gobierno de Isabel Martínez de Perón (1974-1976), aprovechando y estimulando las graves contradicciones internas y la pérdida de consenso social y político del gobierno, esos secto-res antinacionales comenzarían a planificar e implementar su proyecto de destrucción del aparato productivo nacional y la entrega de los resortes fun-damentales de la economía y las finanzas a las empresas y bancos transnacionales, proceso que se agudizaría a partir del golpe militar de 1976. Durante esta etapa, que hemos visto, fundamentalmente hacia fines de los años 50 y principios de los años 60, comienza por primera vez en nuestro país una reflexión seria acerca del papel de la ciencia y la tecnología y sus vínculos con la economía y la sociedad. Se recalca la necesidad de vincular los proyectos de investigación al aparato productivo. Todas estas reflexiones se realizan al amparo de las llamadas "teorías de la dependencia y el desa-rrollo". Pensadores como Jorge Sábato, Amílcar Herrera, Osear Varsavsky y Rolando García postulan sus críticas al cientificismo y al academicismo tradi-cional. Sostienen, criticando al cientificismo, que la tecnología no es simple-mente ciencia aplicada. No basta tener buenos investigadores que desarro-llen su trabajo en universidades de alto nivel de excelencia. Ellos sostienen la opinión de que no existe una división tajante entre ciencia pura y ciencia aplicada ni hay un pasaje lineal desde la ciencia a la tecnología. La tecnología no está predeterminada por la investigación científica. Ciencia y tecnología ¡nteractúan entre sí y ambas con el aparato productivo, entablando además nexos con el poder político y el sistema pedagógico. La investigación científi-ca -dice Sábato- es condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo. El desarrollo no vendrá por añadidura a partir de un buen volumen de investi-gación científica básica. Por esos años, Jorge Sábato propone su conocido

triángulo de relaciones. Para asegurar su desarrollo un país debe articular

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consideran que primero hay que definir qué perfil de país se quiere. Y en función de ese proyecto de país se deberá pensar en un modelo de industria-lización que contemple nuestras necesidades sociales y nuestras pautas cul-turales. A partir de allí se sabrá qué tipo de tecnología es la adecuada y ello requiere investigación científica, a cuyos proyectos habrá de concurrir tam-bién el sistema pedagógico. De modo tal que se supere el divorcio entre universidad y aparato productivo. Se critica a la pretendida neutralidad de la investigación científica y la supuesta carencia de responsabilidad ética y política por parte de quien desarrolla ciencia pura.

Osear Varsavsky rompe con la creencia en una supuesta libertad de inves-tigación. O bien el investigador trabaja, en temas prioritarios (salud, alimen-tación, vivienda, educación, etc.) para un proyecto nacional financiado por el Estado o por un empresariado con visión de independencia, o bien lo hace para las empresas multinacionales que le proponen temas de investigación de escasa o nula importancia para el país pero de vital importancia para sus intereses económicos. Y Varsavsky denuncia que la carrera de investigador es evaluada por ¡a cantidad de artículos publicados en revistas especializadas editadas por fundaciones financiadas por esas empresas multinacionales. ¿Cómo pretender así que un investigador comprometido con el país ascienda en el escalafón?

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Los países periféricos no reproducen, de ninguna manera, con retraso el perfil social, cultural, político y económico de los países centrales. La metá-fora biológica del crecimiento con retardo es incorrecta. Hay una situación estructural de por medio: los fuertes lazos de dependencia entre unos y otros hacen imposible, siquiera, una aproximación mediante la imitación de tal modelo de desarrollo.

La "reconversión" industrial y el proyecto neo-liberal. Situación actual y perspectivas

Podemos hablar de una cuarta etapa, que corre desde 1976 hasta 2001, que ha sido calificada por algunos con el eufemismo de "reconversión indus-trial", expresión que en última instancia esconde la despiadada destrucción del aparato productivo nacional, fundamentalmente de las Pymes, la entrega de las empresas estatales al capital financiero transnacional y el remate de las empresas familiares, con el consecuente deterioro del poder adquisitivo de los sectores populares y medios, y la desestructuración del tejido social de nuestro país. El golpe militar de 1976, liderado por el general Jorge R. Videla, comienza a asegurarle a los sectores dominantes, ligados a los cen-tros de poder extranjero, el control político del Estado y el manejo de la economía que pone en manos de un representante de esos intereses, el ministro de economía José A. Martínez de Hoz. Esta situación, como hemos dicho anteriormente, se venía gestando desde mediados de 1975. Durante la etapa final de la presidencia de María E. M. de Perón estos centros interna-cionales de poder, que estaban empeñados en eliminar la competencia y ganar los mercados de los nuevos países industrializados, entre ellos el nuestro, con la complicidad de sus aliados vernáculos, comenzaron a deses-tabilizar a su gobierno, ya muy debilitado. La grave crisis económica desembo-ca en el quiebre del frente social que, hasta ese entonces, todavía legitimaba al gobierno. Así pues, a principios de 1976, los sectores ligados al poder económico-financiero transnacional acceden plenamente al poder mediante la instauración del régimen militar. Esta situación se va dando en el marco de la llamada globalización cultural, de la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y del establecimiento de una economía neoliberal a nivel planetario. La brecha tecnológica entre los países centrales y los periféricos se vuelve abismal y debido a la prioridad dada a la especulación financiera por encima de la producción son excluidos del mercado laboral millones de personas que van traspasando la línea de pobreza. En esta

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etapa, la denominada "burguesía nacional" paga sus culpas por no haber cumplido con su misión histórica de acompañar un auténtico proceso de desarrollo nacional y haber consentido jugar el papel de furgón de cola de los intereses oligárquicos y extranjeros. La mayoría de sus empresas son destrui-das o fagocitadestrui-das por las transnacionales.

Con respecto a la relación ciencia-tecnología-sociedad, esta etapa tiene las características de un Estado prácticamente ausente en la materia y la comunidad científica disgregada por la dura represión y el sistemático proyec-to de destrucción de las instituciones de investigación científico-tecnológica. Las universidades no tuvieron prácticamente ninguna demanda significativa de investigación por parte del gobierno. Aunque es ingenuo pensar que con el mero sostenimiento de instituciones de investigación, carentes de una direc-ción política adecuada, se pueda impulsar ei desarrollo, la situadirec-ción, ade-más, fue diametralmente opuesta, se cerraron o quedaron paralizados la mayoría de los organismos del sector.

Fueron perseguidos y expulsados del país aquellos hombres que pudieran contribuir con su trabajo y con una capacidad de decisión propia en los proyec-tos de investigación y desarrollo. Los sectores empresariales, en su mayoría, tampoco contribuyeron a desarrollar la investigación. Tan sólo se estimularon proyectos privados desconectados entre sí, en función de intereses inmedia-tos de algunas grandes empresas.

Ante la carencia de políticas científico-tecnológicas bien definidas y cohe-rentes, si se pudiera hablar de algún actor en la temática, según algunos autores, han sido algunos pocos empresarios innovadores que pudieron so-brevivir desorganizadamente a la crisis.

Este cuadro de situación económica, consolidado plenamente durante el régimen militar dictatorial (1976-1983), no pudo ser revertido por el gobierno democrático de Raúl Alfonsín (1983-1989). Intereses sociales y económicos enfrentados generaron una situación de inestabilidad política aprovechada por poderosos intereses financieros internacionales y sus aliados locales que, en 1989, dieron un certero "golpe de mercado". Dicha circunstancia desencadenó una grave crisis social que el gobierno no pudo pilotear. Alfonsín no pudo concluir su mandato presidencial dejan-do el espacio político a los representantes de los intereses económicos que lo desalojaron del gobierno.

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deterioro del aparato productivo se sumó la entrega a grandes consorcios transnacionales de las grandes empresas estatales de servicios públicos, transportes, siderúrgicas, petrolíferas, etc. El Estado cedió los resortes fundamentales de la economía y las finanzas al capital financiero internacio-nal y no ejerció el más mínimo contralor sobre sus actividades en nuestro país. El breve gobierno de Fernando De la Rúa que lo sucedió (1999-2001) continuó con la misma política económica que su antecesor. Domingo Cavallo, ministro de economía de estos dos gobiernos, fue el artífice ideológico de la continuación y consolidación del -proyecto ejecutado a partir de 1976 por Martínez de Hoz.

Con el giro de la política económica operado en nuestro país a partir de 2002 y las políticas en investigación y desarrollo implementadas por el gobierno de Néstor Kirchner a partir de 2003, podemos hablar del comienzo de una nueva etapa en el desarrollo de las políticas científico-tecnológicas. Vuelve a reconocerse el papel protagónico de los investigadores en la con-creción de proyectos ante la necesidad de reindustrializar el país. Y el Estado nuevamente es concebido como el actor principal en el diseño de políticas científico-tecnológicas.

Habría mucho por decir y discutir acerca de las características que debería tener y la dirección que debería tomar en materia de desarrollo científico-tecnológico este incipiente proceso. Pero ésa es una historia que recién empieza a escribirse.

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Referencias

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