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NOTAS DE CLASE N° 1

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Programa

Efectividad en el Desarrollo

Curso I:

El Desarrollo y su Gerencia

NOTAS DE CLASE N° 1

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Este documento es propiedad intelectual del Banco Inter-Americano de Desarrollo (BID) y del Instituto Interamericano para el Desarrollo Económico y Social (INDES). Cualquier reproducción parcial o total de este documento debe ser informada a: [email protected]

Autores: Karen Mokate, Marcelo Ugo

Tutores del curso: Claudia Peña, Karem Sánchez, Alejandro Wilner

Coordinador del curso: Marcelo Ugo

8ª Edición

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Indice

Dinámicas del cambio social ________________________________________ 4

El concepto de desarrollo __________________________________________ 14

La dimensión valorativa del concepto de desarrollo. ________________________ 16

La evolución del entendimiento de lo que constituye el desarrollo _____________ 19

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Dinámicas del cambio social

¿En qué consiste el “desarrollo”? Difícilmente quienes estemos leyendo estas líneas en ocasión del presente curso hayamos llegado hasta aquí sin una idea aproximada del concepto. Sin embargo, si hiciéramos una pequeña encuesta entre nosotros, rápidamente veríamos que surgen distintas acepciones o matices con el término. Comencemos entonces un ejercicio de análisis conjunto del concepto de desarrollo, de modo que nos permita luego continuar este módulo compartiendo una misma noción sobre él.

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de los animales domésticos, o había recogido los frutos del mar pescando. Hacia 1950, en la mayoría de los países de Latinoamérica y el Caribe, los campesinos constituían la mitad o la mayoría absoluta de la población activa. Dos décadas después, salvo pequeñas excepciones en centroamérica y el caribe, los campesinos son una minoría. Ese crecimiento económico global, que en los países más adelantados ya se ha traducido en mejores condiciones de vida para vastos sectores sociales, en nuestra Región aún no llega a beneficiar a las grandes mayorías. No obstante, de una u otra forma, toda esta fabulosa transformación de las formas en que los hombres producen bienes y servicios ha venido a traer profundos cambios en sus formas de vida. La lógica que gobierna el

sistema económico

predominante se caracteriza por impulsar a nuestras sociedades a una búsqueda incesante por poner a disposición de la mayor cantidad de gente la mayor cantidad de bienes. Ello obliga a encontrar maneras de producir en menos tiempo y con menos costo. Así, en una historia que ya lleva poco más de dos siglos, ingresan

permanentemente al ruedo regiones antes alejadas del mundo, que logran producir bienes en forma más eficiente de lo que hasta ese

(*) Salvo indicación en contrario, los párrafos incluidos en estos recuadros corresponden al Informe sobre

Desarrollo Humano 1990 (http://hdr.undp.org/en/reports/global/hdr1990/chapters/spanish/)

En las últimas tres décadas, los países en desarrollo han progresado

considerablemente en términos de desarrollo humano. Aumentaron la esperanza de vida al nacer de 46 años en 1960, a 62 años en 1987. Redujeron las tasas de mortalidad de

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Así avanza nuestro mundo. Los hombres impulsan acciones que en el mediano y largo plazo permiten mejorar para el conjunto los bienes de que disponen. Pero ese proceso arroja, en el corto plazo, en forma casi inevitable y permanente, un saldo de ganadores y perdedores.

Más cercana en el

tiempo aún, las

transformaciones en la economía mundial por efectos de la crisis y depresión ocurridas a partir de 1930 unificó significativamente el destino de la Región: la necesidad de ajustar la actividad económica rural de exportación, que sustentaba a la gran mayoría de la población, a los bajos precios que ofrecía el mercado internacional, expulsó del campo a vastas masas de campesinos que se vieron atraídas hacia las ciudades. En ellas el mismo proceso económico global incentivaba la radicación de industrias capaces de producir bienes que sustituyan las importaciones, ahora menguadas por la carencia de las divisas que generaba la otrora próspera producción agraria de exportación. Muchos ex-campesinos encontraron allí un nuevo destino laboral que facilitó su movilidad social ascendente. Ésta permitió que sus hijos accedieran al sistema educativo, y entre otras cosas, hizo explotar la matrícula del sistema universitario, ahora masivo, del cual provenimos

Los países en desarrollo también dieron acceso al 61% de sus habitantes a la atención médica primaria y al 55% de ellos al agua potable (80% en las áreas urbanas). Además,

aumentaron el aporte calórico per cápita en aproximadamente 20%, entre 1%5 y 1985. Su progreso en educación fue igualmente sorprendente. Las tasas de alfabetismo adulto aumentaron de 43% en 1970 a 60% en 1985 (el alfabetismo masculino de 53% a 71%, y el

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muchos de los que hoy leemos estas líneas. Sin embargo, en la ciudad, siempre la demanda de empleos fue superior al número de plazas vacantes en esos nuevos sectores, alimentando permanentemente a un abigarrado sector informal de la economía, que encuentra grandes barreras para mejorar sus condiciones de trabajo y de vida.

Aquél éxodo rural se despliega, con distinto ritmo, aunque sin pausa, hasta el presente, ocasionando el crecimiento demográfico incesante de nuestras ciudades, algunas de ellas desde hace varias décadas convertidas en metrópolis; la otra cara de la moneda muestra que el mismo proceso sumía en una decadencia sin remedio a innumerables zonas rurales, dejando tras de sí una

secuela de aldeas, pueblos y pequeñas ciudades empobrecidas, que habían encontrado su prosperidad en el ciclo de auge agrario.

En aquellas sociedades urbanas –nuestras actuales ciudades– que dieron asiento a los grandes contingentes migratorios de origen rural, se produjo –y aún se produce– una fuerte transformación de la fisonomía urbana. Y en donde antes había una ciudad, esto es, una sociedad urbana, con reglas y códigos tácitos compartidos, sobrevino la yuxtaposición de guetos incomunicados, en donde dejaron de tener vigencia verdadera las viejas normas sociales originadas en las comunidades rurales de las que provienen sus integrantes. A pesar de

La brecha Norte-Sur en materia de desarrollo humano se redujo

significativamente durante este periodo, aunque la brecha del ingreso tendió a aumentar. En 1987 el promedio de ingreso per cápita en el Sur todavía representaba sólo un 6% del promedio del Norte, pero esperanza promedio de vida equivalía al 80% y su tasa promedio de

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ese abandono de los viejos códigos, estos nuevos grupos encuentran dificultades elevadas para asumir o construir nuevas costumbres, capaces de permitirles una inclusión digna en la vida social.

Quienes vivieron, o

vivimos, estas

transformaciones radicales, solemos permanecer ajenos a la magnitud de los cambios pues los experimentamos en forma progresiva, más allá del cambio drástico que supone ¿Por qué razón quien vivió en el campo y acudió a buscar trabajo en la ciudad habría de suponer que estaba encarnando una revolución permanente, llamada a transformar integralmente su tradicional forma de vida y de pensar? Quienes iniciaron –y aún inician- las migraciones del campo a la ciudad, no buscaban cambiar para siempre sus estilos de vida, aunque eso fue lo que luego sucedió.

Ambas dimensiones de este proceso de cambio son abordadas por la temática de la promoción del desarrollo: por un lado, hablamos de iniciativas de desarrollo cuando, por ejemplo, impulsamos cambios para mejorar la producción de bienes y servicios en una región o localidad deprimida. Ellos están dirigidos a modificar el entrono material de las personas, proveyendo oportunidades de acceso a bienes y consumos antes inexistentes: escuelas, servicios de salud, agua potable...; por otro, referimos a iniciativas de desarrollo cuando promovemos acciones que les permitan a una nueva población,

En 1985 los rendimientos de la educación primaria en el Hemisferio Sur fueron casi seis veces superiores a los de 1950, y aquéllos

correspondientes a la

educación secundaria fueron 18 veces mayores. El

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recientemente afincada en los márgenes desolados de alguna gran ciudad, afrontar con el menor costo posible la siempre dolorosa desestructuración de la forma de vida que poseían, ofreciéndoles elementos que les permitan en el menor tiempo posible adoptar una concepción de la vida económica y social acorde al distinto medio que ahora la rodea, en el que inevitablemente se desenvolverá su vida y la de sus hijos: sensibilización sobre la importancia de la educación formal en los hijos, capacitación para el trabajo, prácticas saludables alimentarias...

Figura 1: aproximación a la lógica de trabajo tras la promoción del desarrollo Las ID buscan transformar el entorno material dentro del cual se desenvuelve el grupo social El grupo social va adaptando su forma de vida para poder

afrontar el entorno material en que se mueve

A medida que el grupo social adapta su forma de vida, va reelaborando las representaciones que se hace del entorno material. Así

va dando cuenta de la experiencia vivida dentro del nuevo estilo de vida que ese distinto entorno

material le permite

¿Qué estrategias de cambio impulsan las iniciativas de desarrollo (ID)

El entorno material ejerce presión sobre la forma de

vida del grupo social, modifícándola

La exposición a otras formas de comprender las prácticas sociales

y a otras escalas de valores ejerce influencia sobre la

mentalidad del grupo social, modificándola Las ID buscan que el grupo social tome contacto con prácticas y valores acordes a su nueva forma

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Con nuestras acciones les pedimos a estas personas, ni más ni menos, que contemplen el mundo desde una nueva óptica, un prisma que les permita entender las claves del entorno y operar eficazmente en él. Nuevas prácticas y nuevos valores que deberán reemplazar a aquellos otros que portan, fruto de las formas de vida “tradicionales” destinadas a perecer, heridas de muerte por cambios económicos y sociales insoslayables. Mutaciones éstas que cualquier sociedad en particular hallará plenamente fuera de sus posibilidades revertir.

Las líneas precedentes intentan ser un esbozo inevitablemente incompleto de las principales fuerzas que animaron y animan aún los procesos de transformación que signaron el curso de nuestra historia reciente como sociedad. Como habrán podido apreciar, hay un patrón en ellos: somos parte de un mundo que permanentemente transforma e incrementa los medios materiales de que disponemos

para vivir. Esas

transformaciones surgen en el seno de aquellas sociedades que en cada momento histórico poseen los recursos de conocimiento más

avanzados y,

consecuentemente, mayores medios para invertir en la implementación de esos nuevos conocimientos. Y más temprano que tarde, esas transformaciones

La brecha Norte-Sur en cuanto a la esperanza de vida disminuyó de 23 años, en 1960, a 12 años, en 1987, y la brecha de alfabetismo de 54 puntos porcentuales, en 1970, a menos de 40 puntos

porcentuales, en 1985. Los países en desarrollo

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generadas en otros lugares arriban a estas tierras e impactan en nuestra forma de vida, en lo que producimos para vivir, en lo que aspiramos a poseer o en cómo nos parece razonable vivir. Nuestras sociedades afrontan esos cambios y, junto con ello, los problemas que aquellas transformaciones ocasionan en nuestra vida cotidiana. Así las cosas, la historia de nuestra región es un permanente diálogo entre, por un lado, las presiones que generan los cambios originados en el resto del mundo –y que indefectiblemente llegan a nuestras playas– y por el otro lado, las respuestas que como sociedades particulares podemos articular para asumir esos cambios de manera positiva.

¿Qué sentido adoptan esas respuestas que generamos como sociedades? En principio, nuestras diversas comunidades tratan de definir –con base en los

valores o cultura que poseemos– cuáles son esas nuevas realidades y cuáles los problemas que ellas nos presentan. Pero para hacer ello encontramos un obstáculo considerable: a cada una de nuestras sociedades les es muy trabajoso construir una visión común sobre cuáles son los problemas que las desafían. Y más aún acordar

las soluciones válidas para afrontarlos. Muchas de nuestras sociedades aún debaten acaloradamente, en forma explicita o implícita, sobre cuál es el problema y cuál su solución. Y la razón por la cual esta tarea se vuelve muy difícil radica en que nuestras comunidades están

La historia de nuestra región es un permanente diálogo entre, por un lado, las presiones que generan los cambios originados en el resto del mundo – y que indefectiblemente llegan a nuestras playas- y por otro lado, las respuestas que como sociedades

particulares podemos articular para asumir esos cambios de manera

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compuestas por sectores sociales o regiones muy heterogéneas en cuanto a sistemas de valores y costumbres, en parte por los procesos de desestructuración mencionados antes, en parte porque carecemos de arenas de diálogo y de construcción de un sentido compartido sobre la razones que nos obstaculizan el avance. Aunque los distintos grupos de los que formamos parte en nuestras sociedades afrontamos una misma situación problemática, como portamos culturas y valores diferentes y adolecemos de suficientes mecanismos de intercambio de razones con fines a una puesta en común, no podemos sino dar a luz puntos de vista muy distintos con respecto a las causas de la situación problemática y, consecuentemente, con relación a la respuesta deseable para superarla. La inconstancia en el rumbo de las políticas y las iniciativas de desarrollo tal vez sea la manifestación más visible de dichos desacuerdos.

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El concepto de desarrollo

Vayamos ahora en busca de una definición normativa del concepto. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua indica que el desarrollo consiste en la acción y efecto de “acrecentar, dar incremento a una cosa del orden físico, intelectual o moral”. El Diccionario Webster’s (del idioma inglés) señala que “desarrollar” consiste en “facilitar las posibilidades; mover de una posición original a otra de mayores oportunidades”.

Ambas definiciones sugieren que el desarrollo no se trata de una meta finita ni de un umbral de determinados alcances. Más bien, se trata

de un proceso de

transformación que agrega valor, incrementando en las dimensiones físicas, intelectuales y/o morales o abriendo nuevas posibilidades.

La literatura académica y las políticas públicas asociadas con el desarrollo nacional presentan miles de interpretaciones del desarrollo y, por ende, del objetivo de los procesos que conducen al desarrollo. Por supuesto, las

“Lo que es y no es considerado un caso de „desarrollo‟ depende inevitablemente de la noción de lo que resulta valioso promover. La dependencia del concepto de desarrollo en el juicio de valor llega a ser un

problema en la medida de que (1) las funciones de valoración aceptadas por diferentes personas son diferentes entre sí y (2) el proceso de cambio que conlleva el desarrollo altera las valorizaciones de las personas involucradas”. (Amartya Sen, “The Concept of Development”, en

Handbook of Development Economics, Volume I, compilado por Hollis Chenery y T.N.

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diversas interpretaciones corresponden a distintas bases ideológicas o teóricas. Su elemento común radica en asociar los fines o las razones de ser del desarrollo con el mejoramiento de las condiciones o la calidad de vida de las personas.

No obstante, el “mejoramiento de las condiciones o calidad de vida” es un fenómeno amplio y ambiguo y por tanto, no ofrece a los que trabajan en la promoción o gestión del desarrollo un terreno común lo suficientemente claro y delimitado como para construir pautas y guías al momento de diseñar, programar, implementar y/o evaluar iniciativas a favor del desarrollo. Por un lado, desde un punto de vista general, un concepto así tan ampliamente definido implica que el desarrollo tendrá tantas dimensiones como espacios y fenómenos incidan sobre las condiciones de vida de los individuos, las familias y las comunidades. El desarrollo se manifiesta a través de logros materiales, culturales, societales, emocionales y espirituales. Depende de dimensiones económicas, políticas, sociales, culturales y ambientales (entre otras, seguramente) y de las interacciones entre estas diversas dimensiones. El desarrollo depende de –y afecta a– los individuos en sus roles de trabajador, miembro de sus respectivas familias, miembro de su comunidad, consumidor, y ciudadano, entre otros.

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Ese acervo cultural es quien establecerá los contornos de aquello que cada comunidad aceptará, en cada momento histórico, como “mejoramiento de las condiciones o calidad de vida”. En definitiva, una iniciativa concreta de desarrollo debe ser definida con atención a los rasgos que adopta la cultura de aquella sociedad en cuyo seno se llevará a cabo.

La dimensión valorativa del concepto de desarrollo.

Dado que un elemento constituyente del desarrollo es su aporte a “mejoras en las condiciones o la calidad de vida”, a “mayores oportunidades”, o a logros de una “vida mejor”, el reconocimiento e interpretación del desarrollo depende de juicios de valor con respecto a lo que constituye una “vida mejor” o una “sociedad mejor”. Y es en esta naturaleza del fenómeno del desarrollo que surge buena parte de su complejidad.

Si el enfoque del desarrollo fuera para el mejoramiento de un individuo, el discernimiento de lo que se considera una mejora de la calidad o las condiciones de vida sería una tarea relativamente sencilla. No obstante, por tratarse de la transformación de la sociedad, estamos trabajando con múltiples segmentos de la población actual que se caracterizan por necesidades y preferencias diferentes, y por

La historia de nuestra región es un permanente diálogo entre, por un lado, las presiones que generan los cambios originados en el resto del mundo – y que indefectiblemente llegan a nuestras playas- y por otro lado, las respuestas que como sociedades

particulares podemos articular para asumir esos cambios de manera

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diversas oportunidades de acceso a los medios para expresar y hacer conocer sus necesidades y preferencias. Nos enfrenta al desafío que, en muchos casos, no todos los

grupos o individuos serán “ganadores” en el proceso de desarrollo que se elige, por lo menos, en el corto o mediano plazo, y que por ese sólo hecho, quienes conciben iniciativas de desarrollo deben contemplar acciones que compensen a esos grupos. Asimismo, la transformación social nos obliga a contemplar

no únicamente las

generaciones actuales, sino las pasadas y las futuras, reconociendo que forman parte integral de lo que denominamos “sociedad”.

Referenciar la “sociedad” como una colectividad es una abstracción que nos permite plantear teorías y pensar en síntesis y agregaciones. No obstante, la colectividad no cuenta con canales de expresión de preferencias colectivas: las preferencias y los deseos se expresan por determinados individuos, familias o grupos de interés. Y como plantea Sen (1988), las preferencias (y por ende, las valoraciones) de los diferentes individuos, familias o grupos de interés son diferentes, lo que implica que necesitamos contar con la arena política para interpretar y representar las preferencias “societales” y

El desarrollo humano es un proceso en el cual se

amplían las oportunidades del ser humano. En

principio, estas

oportunidades pueden ser infinitas y cambiar con el tiempo. Sin embargo, a todos los niveles del desarrollo, las tres más esenciales son disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y tener acceso a los recursos necesarios para lograr un nivel de vida decente. Si no se poseen estas

oportunidades esenciales, muchas otras alternativas continuarán siendo

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para la adopción de los juicios de valor con respecto a lo que se entenderá y lo que se priorizará como resultados esperados del proceso de desarrollo. Podríamos agregar que también será necesaria la arena política para mediar entre los intereses de las partes o actores que estarán, de una y otra manera, involucrados en la iniciativa.

En el nivel de una política de desarrollo de alcance amplio, corresponde a nuestros ámbitos políticos la definición de aquello que constituirá “la posición mejorada” por lograr. Ámbitos políticos que a su vez reciben el compromiso y la responsabilidad de promover mejoras en las condiciones y en la calidad de vida de la sociedad. Análogamente, frente a iniciativas de desarrollo impulsadas por actores locales y de alcance más acotado, deberemos postular que la definición de aquello que constituirá una mejora social surgirá del diálogo y la negociación entre los grupos sociales que deberán involucrarse efectivamente en la iniciativa.

Todos estos procesos de decisión colectiva mencionados redundan en la inexistencia de definiciones objetivas que permitan calificar incontrovertiblemente lo que constituye el desarrollo. Ello ha conducido a la elaboración de un vasto y rico acervo de reflexiones, teorías e interpretaciones que se refieren a los resultados que se deben esperar del proceso de desarrollo.

El desarrollo humano tiene dos aspectos. La formación de capacidades humanas – tales como un mejor estado de salud, conocimientos y destrezas- y el uso que la gente hace de las

capacidades adquiridas – para el descanso, la

producción o las actividades culturales, sociales y

políticas. Si el desarrollo humano no consigue equilibrar esos dos

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Estas consideraciones han evolucionado en el tiempo, reflejando no sólo un aprendizaje empírico de lo que constituye y/o contribuye a lo que se podría entender como mejoramientos en la calidad de vida, sino también reflejan su correspondiente momento histórico y el resultado de la maduración del pensamiento sobre los fines y los medios del desarrollo. Por tanto, vamos a continuar nuestra reflexión en este curso mirando cómo el entendimiento de lo que constituye el desarrollo ha cambiado en tiempo.

La evolución del entendimiento de lo que constituye el desarrollo

El desarrollo económico surgió como un campo especializado dentro de la economía en los años que siguieron a la finalización de las segunda guerra mundial, a partir de 1945. Era ese un escenario mundial en que la relación entre las mejoras de las condiciones de vida y el crecimiento de las economías era poco controvertida: el dinamismo del proceso de industrialización previo y la reconstrucción de posguerra vinculaba fuertemente el concepto de desarrollo con la satisfacción de necesidades materiales, la inversión en infraestructura productiva, la transformación de la estructura productiva de las economías y, por ende, con el crecimiento del producto interno bruto (PIB). El objetivo de los esfuerzos por promover el desarrollo en ese momento histórico se centraba en el crecimiento del PIB.

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Los años setenta trajeron un nuevo enfoque, que seguía incluyendo la preocupación por el crecimiento del producto nacional, pero con un mayor énfasis en las dimensiones distributivas del desarrollo. Así, se incluía la preocupación por asegurar que los beneficios del crecimiento llegaban a “las grandes masas de la población que han sido dejadas atrás en el proceso de desarrollo económico” (Raúl

Prebisch, en un discurso al Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas, 15 abril 1971).

A través de los años, los enfoques de desarrollo centrados en capital humano, desarrollo humano, reforma estructural, gobernabilidad democrática y fortalecimiento institucional, entre otros, han traído variaciones y han echado luces sobre otras dimensiones en el entendimiento del fenómeno del desarrollo y en las prioridades para lograrlo.

Asimismo, estos enfoques reconocen diversos matices según las bases ideológicas y teóricas que se han aplicado para su maduración. En el campo del desarrollo económico, las propuestas de las escuelas estructuralistas, marxistas, neoclásicas y neo-institucionales (y seguramente otras) han llevado a priorizar diversas dimensiones y/o resultados esperados del desarrollo. Han propuesto y probado

El desarrollo humano tiene dos aspectos. La formación de capacidades humanas – tales como un mejor estado de salud, conocimientos y destrezas- y el uso que la gente hace de las

capacidades adquiridas – para el descanso, la

producción o las actividades culturales, sociales y

políticas. Si el desarrollo humano no consigue equilibrar esos dos

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hipótesis muy diferentes con respecto a los posibles medios (inversiones, políticas, alianzas y programas) que podrían ser eficaces en generar dichos resultados.

Uno de los enfoques más en boga es el adoptado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, y difundido a través en la elaboración de sus Informes sobre el Desarrollo Humano. Describimos a continuación tres de los principales índices que a juicio de esta concepción permiten dar cuenta del nivel de de un país:

El índice de desarrollo humano (IDH): el IDH es una medida sinóptica del desarrollo humano. Mide el progreso medio conseguido por un país en tres dimensiones básicas del desarrollo humano:

 Disfrutar de una vida larga y saludable, medida a través de la

esperanza de vida al nacer.

 Disponer de educación, medida a través de la tasa de alfabetización

de adultos (con una ponderación de dos terceras partes) y la tasa bruta combinada de matriculación en primaria, secundaria y terciaria (con una ponderación de una tercera parte).

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Esquema de construcción del IDH:

El índice de pobreza humana para países en desarrollo (IPH-1): así como el IDH mide el progreso medio, el IPH-1 mide las privaciones en los tres componentes básicos del desarrollo humano que refleja el IDH.

 Vida larga y saludable: la vulnerabilidad de morir a una edad relativamente temprana, medida según la probabilidad al nacer de no vivir hasta los 40 años.

 Educación: exclusión del mundo de la lectura y las comunicaciones, medida según la tasa de analfabetismo de adultos.

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Esquema de construcción del IPH-1:

El índice de desarrollo relativo al género (IDG): mientras el IDH mide el progreso medio, el IDG ajusta el progreso medio para reflejar las desigualdades entre hombres y mujeres en los siguientes aspectos:

 Una vida larga y saludable, medida por la esperanza de vida al

nacer.

 Conocimientos, medidos por la tasa de alfabetización de adultos y

la tasa bruta combinada de matriculación primaria, secundaria y terciaria.

 Un nivel de vida decoroso, medido por la estimación de ingreso

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Bibliografía

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Einhorn, Jessica. (2001) “The World Bank’s Mission Creep” En Foreign Affairs, Octubre. Vol. 80. No 5. pp. 22-35.

Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica, 1995.

Romero, José Luis. Latinoamérica. Las ciudades y las ideas. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2004.

Sen, Amartya. 1988. “The Concept of Development” en H. Chenery y T.N. Srinivasan, and Paul Streeten, Handbook of Development Economics. Vol. I, Amsterdam: Elsevier Science Publishers, B.V

____________. 2000. Development as Freedom. New York: Anchor Books.

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Figura  1:  aproximación  a  la  lógica  de  trabajo  tras  la  promoción  del  desarrollo  Las ID  buscan  transformar  el entorno  material  dentro del  cual se  desenvuelve  el grupo  socialEl grupo social va adaptando su forma de vida para poder afront

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