TRANSFORMACION Y COMPRENSION DE LAS DINÁMICAS DE VIOLENCIA,
PODER Y LAS CREENCIAS DE GÉNERO EN LAS RELACIONES DE PAREJA
MEDIANTE LA INTERVENCIÓN SISTÉMICA
ZARINA NARVAEZ BASTIDAS
Dirigido por:
NOHORA ISABEL GONZALEZ
Trabajo de Grado
PONTIFICIA UNIVERSIDADJAVERIANA
FACULTAD DE PSICOLOGIA
MAESTRIA EN PSICOLOGIA CLINICA
Contenido
Resumen ... 3
Justificación ... 4
Marco Conceptual ... 18
Objetivos ... 41
Metodología ... 42
Resultados ... 50
Discusión y conclusiones ... 87
Bibliografía ... 102
Anexos ... 106
Resumen
El presente proyecto de orden investigativo / interventivo, busca describir desde la perspectiva sistémica la transformación en el discurso en parejas que presentan pautas de interacción mediadas por dinámicas de poder que favorecen la aparición de la violencia
La población está constituida por tres parejas heterosexuales, sin importar su estado civil, pero que se definen en su unión como pareja constituida, con las que se realizaron aproximadamente entre 6 y 8 sesiones de acuerdo a la particularidad del caso
El objetivo principal está dirigido a describir las dinámicas de poder que existen en las parejas con conflicto conyugal e identificar las creencias de género que las mantienen para favorecer el cambio de la relación a partir de la terapia sistémica.
A partir de la utilización del análisis de narrativas se observó como las parejas que sufren conflicto debido a las creencias de género que promueven las relaciones de subordinación, al vincularse a un proceso de terapia sistémica se permiten encontrar posibilidades diferentes a partir del reconocimiento de recursos que favorecieron el cambio en las dinámicas de interacción conyugal, en las que ahora se tiene en cuenta la voz del otro y donde cada miembro que compone la pareja pueda afirmarse como individuo autónomo, responsable y libre.
Justificación
En la Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (1993) se establecen tres esferas en las que se manifiesta habitualmente la violencia contra la mujer: a)violencia física, sexual o psicológica que se produce en la familia, incluido malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violación por el marido, la mutilación genital femenina, actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia; b) violencia física, sexual o psicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares la trata de mujeres y la prostitución forzada; y, c) la violencia física, sexual o psicológica perpetrada o tolerada por el Estado donde quiera que ocurra.
La violencia intrafamiliar es problema multicausal que se asocia con varios factores sociales, individuales, políticos y comunitarios. Entre los factores individuales se incluyen el sexo, edad, otros factores biológicos y fisiológicos, nivel socioeconómico, situación laboral, nivel de educación, uso de alcohol o drogas y haber sufrido o presenciado maltrato físico en la niñez. Aunque todos estos elementos inciden, no necesariamente determinan las situaciones de violencia. La cultura es uno de los factores más significativos en el comportamiento violento.
perspectiva de género, la situación de las mujeres cuando se compara con la de los hombres, hacer el seguimiento a la aplicación de normas nacionales e internacionales vigentes, a fin de formular recomendaciones que contribuyan a eliminar las discriminaciones y la violencia contra las mujeres y a superar la falta de equidad de género en Colombia.
El Gobierno Nacional sancionó la Ley 1257 del 4 de diciembre de 2008, por la cual se dictan normas de sensibilizacíón, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, que contiene los principios que guían las acciones para garantizar a todas las mujeres una vida libre de violencia tanto en el ámbito público como en el privado, el ejercicio de los derechos reconocidos en el ordenamiento jurídico interno e internacional, el acceso a los procedimientos administrativos y judiciales para su protección y atención y la adopción de las políticas públicas necesarias para su realización.
el numeral 6 del artículo 6 de la ley 1257 de 2008 incorpora el principio de coordinación, según el cual todas las entidades que tengan dentro de sus funciones la atención a las mujeres víctimas de violencia deberán ejercer acciones coordinadas y articuladas con el fin de brindarles una atención integral. En virtud de la norma mencionada es obligación del Gobierno Nacional formular, aplicar y actualizar estrategias, planes y programas nacionales integrales para la prevención y la erradicación de todas las formas de violencia contra la mujer.
Naciones Unidas de 1993 como todo acto que resulte en, o pueda resultar en daño, sufrimiento físico, sexual o psicológico de la mujer, incluyendo la amenaza de dichos actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública como en la privada. Sumado a esto, la Convención Interamericana sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Contra la Mujer, CEDAW, en su artículo primero complementa la anterior visión planteando que la violencia hacia la mujer es cualquier acción o conducta, realizada basada en su género, y que cause muerte, daño, sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como privado. Finalmente, la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, Convención de Belem Do Para, aprobada por la Ley 248 de 1995, plantea la necesidad de que los Estados adopten políticas públicas orientadas a erradicar la violencia en contra de las mujeres.
Este marco jurídico nacional e internacional se concreta en unas políticas públicas, desde las cuales la violenciaes clasificada en tres tipos:
Violencia física: forma de agresión producida por la aplicación de la fuerza física no accidental, caracterizada por las lesiones variables sobre el cuerpo de la persona agredida, con consecuencias leves o graves, incluso la muerte, pero que siempre tiene efectos traumáticos de orden psicológico o emocional, ya que es generada con una intencionalidad específica.
(emocional, psicológico, social) en forma temporal o permanente. Este tipo de violencia además de estar íntimamente relacionada con las agresiones físicas y sexuales, puede presentarse como una relación cotidiana en la convivencia familiar expresada en tres formas: agresión verbal, la cual expresa el deterioro de las formas de comunicación entre los integrantes del grupo familiar y es utilizada para humillar, ridiculizar, amenazar o denigrar al agredido; lenguaje corporal, el cual consiste en manifestaciones exageradas y permanentes como miradas de insatisfacción, de rechazo o de burla, implica, también la ausencia de expresiones afectivas, la exclusión y el aislamiento como una forma de hostilidad y agresión emocional (chantaje afectivo); y abuso emocional o psicológico, el cual puede preceder o acompañar la violencia física, como forma de control a través del miedo y la degradación, y tiene como la base la subvaloración o descalificación de la mujer y el autoritarismo, como la imposición de ideas y deseos.
Violencia sexual: Toda acción u omisión, voluntaria o involuntaria, que causa daño físico o emocional, vulnera los derechos sexuales de la otra persona, le impide o le limita la satisfacción de sus necesidades sexuales e inhibe el pleno desarrollo de su sexualidad. La violencia sexual atenta contra la libertad sexual que se refiere a la capacidad de autodeterminación de mujeres y hombres sobre su vida sexual y reproductiva.
problemática, ésta propuesta de investigación promueve en el espacio de la conversación terapéutica, generar comprensiones respecto a las dinámicas conyugales que generan malestar en uno o en ambos miembros del sistema conyugal como propuesta de intervención en el tratamiento de la problemática que la pareja trae a consulta.
La pareja está inevitablemente influida por las expectativas culturales que existen sobre la conducta esperada para los hombres y para las mujeres. Es así como las mujeres deben, según lo estipula nuestra cultura, hacerse cargo de una serie de tareas asociadas a los niños y a la casa que definen su rol de esposa. Por otra parte, los hombres deben hacerse cargo de la mantención económica de la familia y de la protección de ésta. Hombres y mujeres validan y aceptan estas creencias.
Según mi experiencia en la atención terapéutica a parejas que acuden a consulta asociados a estos roles están ciertas conductas y actitudes que, si se rigidizan tienden a generar dificultades y problematizar a la pareja en su convivencia. Cuando las parejas son capaces de flexibilizar estos roles y compartir las tareas (no importando a quien corresponde culturalmente su realización), la convivencia mejora y se pueden enfrentar sin dificultades los pequeños detalles propios de la convivencia en pareja. Cada pareja deberá resolver a su modo qué compartir y cómo hacerlo.
de la mujer que han caracterizado una cultura patriarcal facilitando al varón mantener una postura de superioridad que le ha permitido ejercer control y dominio sobre la mujer; estas creencias han sido perpetuadas por la familia, la escuela, los medios de comunicación, entre otros más; dando lugar al desequilibrio de poder, otorgándole al varón el derecho y la obligación de mantener autoridad y poder frente a quienes se encuentran a su cargo . Menciona además la violencia de género como una forma de intentar perpetuar el sistema de jerarquías impuestas por la cultura patriarcal, tratándose de una violencia estructural que se dirige hacia las mujeres con el objeto de mantener o incrementar su subordinación al género masculino hegemónico.
Uno de los temas recurrentes de conflicto en la relación de pareja tiene relación con el ejercicio del poder al interior de un vínculo, La mayor parte de las relaciones de pareja que consultaron suele turnarse en el ejercicio del poder dependiendo del dominio de la vida a que se refiera, especialmente cuando existe además el ámbito familiar.
aprendidos en sus familias de origen. Muchas veces la influencia de éstas se configura también en un serio conflicto que influye en el ejercicio del poder al interior de la relación. Las madres y padres suelen presionar a sus hijos o hijas para que repitan el modelo que ellos entregaron y descalifican y niegan los estilos del otro integrante de la pareja y de su familia de origen.
El año 2010 fue proclamado por la asamblea general de la OEA, como el año interamericano de las mujeres, respondiendo a la preocupación por las altas cifras mundiales respecto a la violencia que contra ellas se gesta en el interior de los diferentes contextos sociales, políticos, culturales, laborales, económicos y familiares en los que tiene participación.
La violencia en la pareja es una de las modalidades en las que la mujer sufre violencia , ésta situación por años ha afectado las pautas familiares, teniendo impacto en los diferentes contextos donde interactúan los integrantes del sistema y que se ven reflejadas a diario en las parejas que consultan instituciones como IPS, comisarias de familia entre otros. El mundo de hoy vive infortunadamente la multiplicación de situaciones violentas con efectos físicos y psicológicos potencialmente devastadores para las personas y en sus relaciones
conversación, se asigna una importancia fundamental al lugar del sujeto como fuente de significación y sentido de las situaciones que vive y por lo tanto como referencia fundamental para transformar su experiencia y reorganizar un proyecto de futuro, a partir de la generación de movilizaciones que permitan a la pareja y a cada individuo que la conforma, descubrir nuevas posibilidades de relación.
Cuando se generan pautas de violencia al interior de la pareja, ya sea física, emocional o sexual, provocan cambios en la conducta, en el pensamiento, en la emoción, así como en la relación, incrementando sentimientos de confusión, de sumisión e incluso muchas veces culpabilidad. Además la autoestima se percibe lesionada. Las relaciones de abuso de poder muchas veces se instauran en la forma de relacionarse de las parejas, llegando inclusive a volverse la única posibilidad. Por lo tanto, es relevante investigar acerca de cuáles son los aspectos que llevan a prolongar está relación en el tiempo y por qué se legitima esta opción de pareja. En este sentido resulta imprescindible poder comprender a quienes cuentan sus propias historias en el contexto de la conversación terapéutica, a partir de la vivencia diaria de estas situaciones de sumisión y cuáles son las herramientas o recursos a los que se puede acudir en los diferentes contextos de interacción, especialmente en el subsistema conyugal, el cual convoca los encuentros terapéuticos de ésta investigación.
han causado sufrimiento en el interior del sistema de relación. Se tendrán en cuenta, a partir de los relatos, diferentes niveles contextuales que puedan brindarnos información acerca de los recursos con los que cuentan los sistemas conyugales y de los factores protectores que permitan construir historias diferentes y elaborar experiencias nuevas.
Teniendo en cuenta el interés por comprender a profundidad las dinámicas interaccionales de poder entre las parejas, éste proyecto titulado “Transformación y comprensión de las dinámicas de poder y las creencias de género en las relaciones de pareja mediante la intervención sistémica”, quiere realizar aportes
desde la disciplina en cuanto a estrategias de intervención que apuntan al reconocimiento y al desarrollo de habilidades para la transformación de aquellos juegos que generan malestar e insatisfacción en la relación conyugal , en el contexto de la terapia sistémica, mediante la realización de encuentros entre el sistema consultante y el sistema terapéutico en torno a un tema que por años ha venido tocando significativamente las parejas colombianas como lo es el ejercicio del poder a partir de ciertas comprensiones culturales mediadas por el género.
respecto a la idea de ser hombre y mujer en pareja, desde la perspectiva de género.
La idea de profundización en la perspectiva de género aplicada al contexto clínico de nuestro ejercicio profesional, surge con el ánimo de generar reflexiones acerca de la importancia de tener en cuenta esta perspectiva junto con sus implicaciones epistemológicas, en el momento de intervenir terapéuticamente sobre los dilemas humanos que aparecen a partir de la experiencia de la violencia en el contexto del sistema conyugal en el marco de nuestra cultura y de nuestra sociedad, que indiscutiblemente influyen sobre los sistemas humanos desde el punto de vista de la complejidad.
Es así, como la existencia de dichos dilemas convoca a los profesionales de la disciplina psicológica a asumir una postura de análisis y reflexión acerca de las comprensiones e interpretaciones de las formas de relación enmarcadas en el funcionamiento del sistema social y cultural y del contexto temporo espacial en el que nos encontramos. Es en este contexto, el contexto de la cultura en la que nos encontramos inmersos como sociedad, que tenemos ciertos marcos de referencia respecto a lo que significa ser mujer, hombre o ser pareja.
las individualidades, los significados propios, las relaciones exclusivas con los otros, con la cultura, con el tiempo, con la historia y con el contexto.
El término género se utiliza para señalar las características socialmente construidas que constituyen la definición de lo masculino y lo femenino en distintas culturas de acuerdo a factores de clase social, grupo étnico, nivel educativo etc.
Creo que la construcción social de género determina un conjunto de significantes del bienestar que generan la satisfacción también socialmente creada como la económicos, intelectuales, domésticos, éticos, morales, paradigmáticos etc. que determinan el ser y el hacer de las mujeres y de los hombres, respondiendo de manera diferente según el género, a la satisfacción de las necesidades socialmente construidas nuevamente de amor, supervivencia, protección, identidad y libertad. ¿Cuando estas necesidades entonces no son satisfechas la sensación de bienestar se encuentra comprometida? Parece que si. En cuanto creemos que no respondemos a las necesidades exigidas por nuestra cultura, por nuestro medio, por nuestros padres, por nuestros esposos, es como si no estuviéramos respondiendo a nuestra biología femenina, a aquel cuerpo sexuado que indica que somos mujeres y que debemos cumplir con lo que la cultura y la sociedad exige como por ejemplo ser la esposa esperad o la madre abnegada y sacrificada, entre otras creencias.
presente en la vida tanto de hombres como de mujeres. Como si en nuestra propia individualidad y construcción de subjetividad aquellas contradicciones perpetuaran a partir de lo que se quiere y se debe.
El género como construcción también determina la forma en que los hombres y las mujeres tienen para posicionarse frente a factores de sus vidas y que intervienen en su salud mental como por ejemplo los factores socio económicos, religiosos, políticos, su posición social, el modo en que son tratados en determinado contexto, entre otros, que se configuran como factores de riesgo de algunas alteraciones o de modos relacionales “patológicos”.
A partir de la epistemología feminista la mujer establece una relación íntima como sujeto que percibe el objeto que comprende, esta comprensión está atravesada por significados, de aquí la creencia de lo implícito propio del género, como constructos avalados por la comunidad científica pero también por la colectividad social, pues el sujeto del género es un ser de conocimiento con una pre concepción del mundo, inmerso en una historia, en una familia, en un lugar físico que contiene una mirada particular de lo que es entendido por género.
En conclusión creo que nuestra labor en el contexto de la clínica teniendo en cuenta la perspectiva de género está en co construir un discurso acerca de la mujer como un sujeto que se construye a diario en interacción con los hombres, la cultura, las relaciones, a partir de una comprensión compleja sin caer en idealizaciones o sumisiones, reconociendo la construcción de la subjetividad como un proceso de interacción como la experiencia de ser mujer, que emerge día a día, con nuestras diferencias, similitudes, angustias, cuestionamientos, deseos, sueños.
Comprender los estilos de vida de hombres y mujeres, la conciliación trabajo y familia y el impacto que estos aspectos tienen para la salud física y mental de los individuos. A veces los seres humanos bien sean llamados hombres o mujeres se sienten limitados presentando dificultades precisamente por esa forma obligatoria y única que la cultura determina. Tanto en la comprensión de los dilemas humanos como en la intervención, es necesario tener presente el entorno socio-cultural de la persona como contexto que define lo esperado de hombres y mujeres, en cuyo espacio adquieren significado las creencias y los marcos de referencia en los que interactúan.
potenciados y poder mejorar la salud mental tanto de la pareja, como de cada uno de los si mismos que configuran ese “nosotros” del sistema conyugal; a través de la intervención terapéutica y del reconocimiento de éstas habilidades.
De acuerdo con la comprensión de Minuchin (2000: 58) quien afirma: “entendemos a la familia como un sistema capaz de transformarse y de generar cambio” , la intervención entonces, es entendida como ese espacio de conversación que invita a la pareja a re pensarse en su relación, a encontrarse de manera diferente ante el conflicto, construyendo nuevos significados que les permita entenderse como sujetos con sentido de las situaciones que viven y que son tenidas como referencia fundamental para transformar su experiencia y re organizarse, y no como sobreviviente de la situación.
Comprender aquellos factores que permiten enfrentar la situación de adversidad entendida como el ejercicio de poder de modo que es percibido por el otro como invasivo, hiriente y humillante ( según relatos de los consultantes), para que en los encuentros terapéuticos se generen movilizaciones al punto de mejorar la calidad de vida, da origen al interés de realizar este estudio, a partir de una postura compleja y ecológica acerca de la capacidad de enfrentar y re construirse a pesar de la dificultad en el fenómeno del ejercicio del poder.
¿Cómo se evidencia la transformación y el cambio del ejercicio de las dinámicas de poder en la pareja a partir de la intervención sistémica?
Marco Conceptual
Teniendo en cuenta que esta propuesta se lleva a cabo a partir de el método de investigación – intervención, se realizó una revisión teórica acerca de los diferentes conceptos que acuden a los intereses de este proyecto en sus dos modalidades. Se da inicio con la comprensión de lo interventivo a partir de la perspectiva epistemológica del enfoque sistémico. Cuando se habla de sistema consultante se hace referencia a un sistema complejo, integrado, organizado, diverso, dinámico y relacional, consigo mismo y con los demás, en el cual se encuentra presente el contexto y la relación entre el sistema consultante y el terapéutico. En tal sentido, durante este proceso se encuentra inmersa la realidad de quien observa y del observado, lo que Maturana (1995) denomina observación con paréntesis, la cual tiene en cuenta las múltiples voces o multiversos, incluyendo las del terapeuta, lo cual permite un contexto que logre procesos reflexivos de segundo orden, que interactúen entre los sistemas inmersos de la intervención. De este modo, uno de los focos centrales de la misma es la movilización de recursos y potencialidades del sistema terapéutico y consultante, con el fin de construir y desarrollar hipótesis generativas y circulares, con base en las cuales se despliega el proceso y el plan de intervención a lo largo del proceso (Padilla 1997).
las cuales se establecen como la primera puntuación del profesional ya que es su primer contacto con el sistema consultante y con todos los elementos implicados, que se tienen en cuenta para la construcción de la lectura ecosistémica del contexto; primer encuentro o entrevista, es el espacio donde se establece el motivo de consulta, el cual debe ser lo suficientemente claro y evidenciar la queja, la demanda y el problema del sistema consultante, permitiendo redefinirla y organizarla, para lograr, desde ese instante, la generación de un proceso interventivo; evaluación, en este punto se utiliza la técnica del genograma la cual permite la lectura de las relaciones e interacciones de los miembros del sistema, en sí mismo y con los demás sistemas y redes; hipótesis circulares y reflexivas, las cuales se van resignificando en la medida que transcurre la terapia, y que apuntan a un proceso de cambio en las siguientes sesiones con el sistema consultante. Logrando esto, se establece el cierre y seguimiento. (Padilla 1997)
Desde esta perspectiva, la terapia sistémica permite generar cambios en la estructura y en el funcionamiento de la pareja, vista como un sistema conyugal, al reorganizar los comportamientos que desde allí se gestan, afectando la manera en que se posiciona en la vida y en la familia cada uno de los miembros del sistema.
Se encuentra entonces, que desde el postulado epistemológico en el pensamiento sistémico, planteado desde la Teoría de los Sistemas por Bertalanffi, se involucra la comprensión y el análisis del fenómeno de la violencia física conyugal, tanto desde lo holístico como desde el paradigma de la complejidad. Este postulado plantea el abordaje del objeto de estudio no como un producto estático sino como conjuntos de relaciones, lo cual significa que el pensamiento sistémico está llamado a “concebir a los fenómenos y seres que distinguimos en el mundo, como entidades complejas que están interconectadas y son interdependientes, es decir, como sistemas que hacen parte de sistemas más amplios, y que a su vez están conformados por subsistemas, como lo explica Pérez (2001).
La psicología clínica compleja presupone que lo humano es una emergencia que se engendra en la interdependencia creadora entre lo cultural, lo subjetivo, lo cerebral y lo biológico. Por tanto, su objeto emerge y opera a través de la rituallización de la interacción y de la atribución de significado a lo vivido como operadores temporo espaciales de los vínculos. Hernández (2010)
los sistemas desde un punto de vista ecológico. Así, siguiendo a Capra (1998), las seis características fundamentales que definen este pensamiento son las siguientes:
Es circular: Este término debe ser comprendido dentro de las interacciones, de modo que, cuando cambia una de las partes el efecto se propaga a todas las demás, las cuales, a su vez, experimentan transformaciones que terminan afectando a la parte en la que se originó el cambio.
Es integrador: esta característica plantea la paradoja del todo y las partes, el todo es más que las partes, pero la suma de las partes es más que el todo. Se puede afirmar, entonces, que las partes no pueden verse de forma aislada, pues están inmersas en otro sistema o hacen parte de una red.
Es procesal: los fenómenos son asumidos como resultados de procesos. De esta manera, cada estructura es la manifestación de un proceso que podría definirse como una acción progresiva, conformada por muchas pequeñas acciones.
Es contextual: la comprensión del individuo, y de los colectivos que conforman, implica entenderlos como productos y productores de los diversos contextos en los que operan, y que los afectan.
Es rédico: Pues asume que los seres, y sus relaciones, son redes dentro de redes, y que las unidades son sistemas, dentro de sistemas, interconectadas en forma de red.
las circunstancias en las que se produce la observación empiezan a jugar un papel relevante.
Esta afirmación remarca el cambio del paradigma clásico del investigador como externo y permite que en la solución de las dificultades que estudia, éste no acuda a una mera observación lineal (causa-efecto), sino que se dé el espacio para que el observado participe como parte de la solución. Pero esto va más allá pues, como lo expone Maturana (1992), al no existir una realidad independiente del observador, nada existe más allá del lenguaje. Así, a la vez, se es observador y objeto de observación. No obstante, es el observador el que le da sentido a lo que observa, hecho para el cual Maturana acuña el término autopoiesis (autos: sí mismo; poiesis: producir), refiriéndose con éste a la organización que define y constituye a los seres vivos. De esta manera, Maturana (1992) explica la autopoiesis como un sistema, es decir, "Una unidad compuesta cuya organización
puede ser descrita como una red cerrada de producciones de componentes que en sus interacciones constituyen la red de producciones que los producen, y especifican su extensión al constituir sus fronteras en su dominio de existencia"
una realidad objetiva sino la forma en que el ambiente es percibido por cada individuo en particular.
El ambiente ecológico es un conjunto de estructuras concéntricas, cada una de las cuales está incluida dentro de la siguiente, es decir, existe un nivel interno, un nivel medio que contiene al primero y un nivel mayor que contiene a los dos anteriores. Estos se han denominado microsistema, mesosistema y macrosistema respectivamente y se comportan como los entornos en los que interactúa la persona
Cabe señalar que en el mesosistema pueden presentarse vínculos débiles. Esa situación se da en aquellos casos en que los vínculos entre las personas en los distintos entornos no sirven de apoyo o no existen. El macrosistema está formado por entornos en los que la persona no interviene pero que “la influyen” o la afectan. Es decir, lo constituyen cultura o subcultura determinada; el micro, el meso sistema y cualquier sistema de creencias o ideologías. Estos sistemas, que constituyen el macrosistema, responden a patrones de un esquema común: la ideología y la organización de las instituciones sociales de una determinada cultura o subcultura.
Desde la perspectiva sistémica la familia es considerada un sistema complejo, abierto, dinámico, diverso y múltiple. Esto quiere decir que está este posee continuo movimiento y está en constante transformación, lo cual genera diversas relaciones, e interrelaciones, entre los miembros del sistema y con el contexto. Una familia, entonces, vive cambios y modificaciones en cada momento de su etapa evolutiva, y como no permanece aislada experimenta interacción ininterrumpida tanto con otros sistemas, como entre sus subsistemas interiores.
De acuerdo con Hernández (2009) la familia es un sistema, en la medida que está constituida por una red de relaciones; es natural, porque responde a necesidades biológicas y psicológicas inherentes a la supervivencia humana, y tiene características propias, en cuanto a que no hay otra instancia social que hasta ahora haya logrado reemplazarla como fuente de satisfacción de las necesidades psico afectivas tempranas de todo ser humano. “Una definición
aspectos de composición, jerarquía, roles, límites, subsistemas etc; otra funcional, relacionada con los patrones y fenómenos de la interacción; y otra evolutiva donde se considera a la familia como un sistema morfogenético en creciente complejidad.”(Hernández 2009)
Dentro de la familia se establecen relaciones e interrelaciones caracterizadas como circulares, es decir que dentro y fuera de la familia existe una conexión directa, y recíproca, con los demás integrantes del sistema. De este modo, cuando se afecta una de las partes, esto involucra a toda la familia, y viceversa. Por este motivo, es relevante tener en cuenta que dentro de ésta se desarrollan procesos recursivos, que dan cuenta de los dominios, dinámicas y diálogos internos del sistema, con el fin de retomar, buscar o reformular recursos basados en sus propios pensamientos, acciones, vínculos, redes, relaciones e interrelaciones. (Hernández 2009)
Dentro del sistema también es relevante la manera en que cada persona expresa sus pensamientos y/o sentimientos en forma dialógica, es decir, a través de lo lingüístico, pues la utilización de un lenguaje explícito que contenga códigos verbales o escritos, o a través de una comunicación analógica, por medio de mensajes no verbales (gestos, expresiones y posturas corporales). Es de considerarse que un modo no excluye al otro pues pueden presentarse, paralela y complementariamente, ambos tipos de comunicación. Lo fundamental de este proceso es la hermenéutica del mismo, ya que es quien escucha, y no quien habla, el que determina el significado de una expresión o mensaje, siendo esto determinante en el proceso de interrelaciones del sistema familiar. (Hernández, 2009)
De acuerdo con lo visto, para un abordaje sistémico, el conflicto conyugal debe ser visto como un fenómeno que afecta tanto a la pareja como al resto de la familia (hijos, hermanos, padres) puesto que cualquier situación que toque a uno de los miembros de la familia, de manera inmediata, impacta al núcleo, en general e incluso incidiendo en contextos ecológicos como sistemas de salud, de educación, en la cultura y en la configuración social del momento histórico en el que nos encontramos.
y violencia , se puede ejercer violencia en nombre del amor, la protección y la ayuda.
El poder es un tema que se ha trabajado a lo largo de la historia siendo Foucault su mayor exponente en el mundo contemporáneo del siglo XX, quien sostiene que es un error hablar del poder como una cosa, institución o estructura; el poder es más bien, una compleja relación de estrategia-táctica su carácter es de tipo intencional a la constitución de un fin determinado, la cual se presenta en un espacio micro y/o macro-relacional en una sociedad dada. El poder está compuesto por la red de relaciones particulares con historias propias del sujeto, que se conforman de manera jerarquizada y/o coordinada (Foucault 1996).
hombres se aseguran de mantener a la mujer exhausta, cansada de cuidar a la familia y mantener el sistema conocido como patriarcado.
Los hombres en la sociedad patriarcal, por el hecho de haber nacido varones, nacen con poder social. La sociedad les da ventajas y derechos con todas las posibilidades de ejercer poder y de decidir tanto en los contextos públicos, como en los privados. (García 2009).
Ahora bien, antes de que los seres humanos nos constituyamos como pareja somos seres independientes, con historias familiares, creencias y experiencias diferentes. Es por esta razón que al unirnos con una pareja y al compartir esa infinidad de vivencias, éstas se comienzan a mezclar, generando acoples o desacuerdos con respecto a cada circunstancia nueva que se presente. Es de esta forma que se comienzan a generar las luchas de poder en la relación, ya que los miembros del sistema, en este caso la pareja, comienzan a discrepar entre lo que desean y lo que reciben, en donde uno termina generando presión sobre el otro, logrando el control de la relación y en otros casos llevándolos a generar pautas de relación violentas para enmarcar su posición.
Gran parte de los actos de poder, no son planificados ni maquinados por los hombres, si no que aparecen naturalizados y se adoptan en forma de emociones, pasiones, sentimientos y gustos. Muchas expresiones de subordinación son confundidas con el amor, el respeto, el deber etc. (Bourdieau, 2000)
y lo que de ella deriva. Es necesario tener recursos como bienes y afectos que aquella persona que quiera controlarse valore y además no tenga, así como medios para sancionar y premiar a quien obedece.
El control puede ejercerse sobre cualquier aspecto de la autonomía de la persona a la que se busca subordinar (pensamiento, sexualidad, economía, decisión, etc). La desigual distribución en el ejercicio del poder sobre otros conduce a una asimetría relacional. La posición de género es uno de los ejes por donde transcurren las desigualdades de poder y la familia, es uno de los ámbitos en que se manifiesta. Esto es así porque la cultura ha legitimado la creencia en la posición superior del varón. (Corsi, 1995)
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Madanés (1997) refiere cuatro dimensiones de la interacción familiar, éstas dimensiones son: control y poder, cuya emoción principal es la de miedo; deseo de ser amado es la segunda dimensión que puede sacar a la luz las mejores cualidades de una persona pero también puede desembocar en irracionalidad, egoísmo y daño, la emoción que predomina es la de deseo, frustración y malestar; la tercera dimensión es el deseo de amar y proteger a otros. Este deseo puede suscitar intrusividad, posesividad, dominación y violencia, la emoción prevalente es la de desesperación; arrepentimiento y dolor es la cuarta dimensión de la interacción de la familia violenta, la emoción que sobresale es la de vergüenza por lo que se ha hecho o dejado de hacer o por no poder perdonar.
que la primera no advierte que produce daños, que va de un malestar psíquico hasta lesiones físicas concretas. Quien ejerce el abuso no aprende a regular , a medir, a decir, a escuchar y respetar mensajes de sí mismo y del otro, como son “no quiero”, “no va más”, “solo hasta ahí”, o se encuentra en contextos donde estos aprendizajes se le borran, se le diluyen o pierden firmeza. (Ravazzola 1999)
Hernández (2010) considera que algunos profesionales explican las pautas de maltrato, abuso y falta de responsabilidad en el manejo del hogar por la repetición transgeneracional, sin que medien procesos reflexivos que las detengan y las modifiquen.
Para que la violencia pueda ser ejercida, no basta la voluntad de someter al otro, tienen que haber condiciones de posibilidad, que se basan en la existencia de un desbalance de poder físico, económico, político o cultural. Entonces la violencia es desatada por quien ostenta ese mayor poder, cuando interpreta que su posición de superioridad está en peligro o encuentra obstáculos para el ejercicio de ese poder. (Ramos, M, 2006).
Para Corsi (1995) las situaciones de poder que desde la normativa genérica desfavorecen a las mujeres suelen ser invisibilizadas en las relaciones de pareja, llevando a la creencia de que en ellas se desarrollan prácticas recíprocamente igualitarias y velando la mediatización social que adjudica a los varones, por el hecho de serlo, un plus de poder del que carecen las mujeres.
los guiones pre escritos anteriormente frente a la forma de ser pareja. Ahora la motivación principal para establecer la relación de pareja se da en el escogerse libremente a partir del amor, y en congruencia con esto, las personas enamoradas deciden como vivir la relación marital y familiar en todas las dimensiones. Sin embargo, el decidir cómo se quiere ser pareja queda condicionado por los marcos de la normalidad asignados social y culturalmente.
Caillé (1992) menciona que la relación de pareja tiene la propiedad de adquirir diversas formas sin dejar de ser identificable como tal. Las parejas representan otro de los sistemas humanos naturales que ante dificultades internas solicitan ayuda en el contexto de la terapia. Cada uno de los cónyuges piensa que la intervención del terapeuta puede modificar la situación en un sentido favorable, o por el contrario desfavorable.
El terapeuta puede actuar como un guarda agujas comunicacional cuidando que cada cónyuge pueda expresarse libremente sin interrupciones, controlando la lógica y la claridad de las respuestas o solicitando las aclaraciones necesarias para evitar cualquier confusión, o puede usar otro método más sutil, y por eso mismo más eficaz, es decir, la entrevista circular. (Caillé 1992)
El entrevistador se dirige a un miembro del sistema para pedirle su opinión, no sobre su relación personal con otro miembro del sistema, si no sobre la relación que existe entre otros dos miembros del sistema. El interrogado no responde entonces como actor si no como observador de la relación. (Caillé, 1992)
una intervención sobre la relación de pareja en presencia de dos personas que son a la vez las creadoras de esa relación y creaciones de ésta. (Caillé, 1992)
La concepción de la perspectiva de género influye en las distintas construcciones de los individuos para conformar pareja. Según los planteamientos de Corsi (1995), la identidad masculina se construye por oposición, por un proceso de diferenciación de lo femenino, lo cual hace que la masculinidad sea entendida como una reacción más que el resultado de un proceso de identificación.
El exosistema implica las características actuales de la sociedad industrial, concerniente al mundo de lo laboral, del trabajo. Entonces el hombre está menos tiempo en la casa debido a esta actividad, y cuando la mujer también entra en el mundo laboral, entonces el cuidado de los hijos queda al cuidado de otra mujer como la niñera, la abuela o la maestra. (Corsi,1995)
Sin embargo, el tener en cuenta los factores mencionados anteriormente no constituye una hipótesis relacionada entre el ser hombre y la violencia, si no que es necesario conservar una mirada compleja, ecosistémica, incluyente de los diferentes contextos y factores que intervienen en la interacción relacional.
Recientemente la violencia de pareja se está considerando como una cuestión pública que ataca la salud y la dignidad de las mujeres y de los hombres. Según Matud (2009) no debe normalizarse el fenómeno de la violencia sobre las mujeres, aunque históricamente se haya generalizado con explicaciones derivadas de las diferencias biológicas y factores hormonales de los hombres que los predisponen a situaciones violentas y de control.
En términos generales, el uso del poder en la relación conyugal implica el uso de la fuerza de uno de los miembros de la pareja con el fin de hacer daño sobre el otro. En este sentido, es una expresión de relaciones de poder pues, en la mayoría de los casos, uno ejerce autoridad sobre otro (un arriba y un abajo). Para que la conducta violenta sea una posibilidad es necesario que exista un cierto desequilibrio de poder, que puede estar definido culturalmente o por el contexto, o producido por maniobras interpersonales de control de la relación (Corsi, 2001). En otras palabras, la violencia toma forma a través de las actitudes culturales, por ejemplo en el machismo, en el cual el hombre es aquel que ostenta poder sobre su conyugue, manejando y sometiendo la relación. (Corsi, 2001)
mentalidades, en la cual se destaca la violencia física conyugal como una manifestación cultural aprendida, y que se legitima en la familia por medio de la distribución de poderes, en tanto que se genera un sentido de propiedad de una persona sobre otra. De esta forma, se reproducen dinámicas de subordinación que generan relaciones de abuso y agresión que lleven a que una parte esté en desventaja respecto a la otra.
En tal virtud, a través de diferentes autores se observa que existen tres formas posibles de relaciones que se establecen dentro de la relación conyugal violenta. La primera de ellas, se denomina terrorismo patriarcal, el cual se caracteriza por un ejercicio del poder, por parte del hombre, para lograr dominar y controlar a la otra persona (Johnson 1995, en Pérez 2002). De otro lado, también se encuentra un segundo tipo de relaciones en las que el poder lo ejercen las mujeres, con el fin de dominar y controlar al hombre (Cook 1997, en Pérez 2002), y la tercera, abarca las relaciones en las que, ambas partes, utilizan la agresión como una forma de establecer límites o de solucionar problemas, manifestando por medio de esta la frustración, el rechazo, la hostilidad o la rabia, lo cual se establece como la violencia común de pareja (Johnson 1995, en Pérez, 2002).
empatía pero, también, se produce una pérdida del espacio para la identificación, por lo cual se anula la posibilidad de una relación entre iguales. Por consiguiente, al no ser capaz la persona de ponerse en los zapatos del otro, entra en una lógica de control y sometimiento de actos, sentimientos, y hasta de pensamientos, del otro como forma de autoafirmación.
A pesar de los riesgos que este tipo de situación genera, se encuentra que muchas personas permanecen en una relación caracterizada por la violencia conyugal. (Torres, 2001). Frente a esto, Rodríguez (2004) explica que existen aspectos sociales, económicos, culturales, religiosos y/o legales, que mantienen, especialmente a las mujeres, dentro de estas dinámicas de relación. Ahora bien, se encuentra que no necesariamente esta situación se presenta en estratos bajos, pues en familias en las que su económica es solvente, existen situaciones, tales como la mentalidad obtenida por medio de la cultura, que no permiten que la mujer sea autónoma y tome decisiones libres, perpetuando este tipo de relaciones. Según Matud,M (2009), es muy común que el maltrato a la mujer empiece desde el comienzo de la relación de noviazgo, y es frecuente que aumente su intensidad y frecuencia con el tiempo. Otra de las características del maltrato es que pese a su frecuencia y gravedad, la mayoría de las mujeres permanecen con su pareja durante muchos años o vuelven con ella aunque hayan sido capaces de abandonar temporalmente, dadas condiciones emocionales, económicas, familiares, legales y sociales que la unen a él.
sumisión. Para Pérez (2002) estos son “la subordinación, la pobreza, el desempleo, el hambre, la marginación, la inseguridad y las ideologías segregacionistas”. Estas características inciden altamente en el sistema familiar, ya que al presentarse alguna de estas, el sistema debe asumirlas y manejarlas, lo cual puede desestabilizarlo y reorganizarlo produciendo cambios en la dinámica familiar y en las interrelaciones que pueden resultar en la aparición de la violencia.
Pérez (2002) explica que: “La cultura no solo permite sino que también
legitima la violencia dentro del hogar. El espacio familiar, es un espacio en el que normalmente se fomentan las relaciones afectivas y es igualmente un medio violento reproductor de relaciones autoritarias y de explotación, en donde se ejerce la violencia como un derecho del agresor. En las familias existen factores que promueven las agresiones entre las parejas: la relación de poder desigual y dominio de un miembro de la familia sobre otro, el manejo inadecuado de conflictos, una tensión emocional fuerte de uno o varios miembros progenitores que vienen de familias violentas y una condición especial de alguno de los integrantes, pues ello genera sobrecargas materiales y afectivas”.
Madanés (1990) menciona la dimensión del control en la que a las personas les interesa principalmente dominarse unas a otras y luchar por el poder. El control y el dominio, dice, se logran por medio de la intimidación y la explotación. En el ámbito de la terapia es necesario re distribuir el poder entre los miembros de la familia y cambiar el modo de usarlo a fin de que, en lugar de temor al castigo, prevalezcan la protección y la atención.
La misma autora afirma que cuando las personas tratan de dominar y controlar, es necesario que se generen ayudas para negociar y llegar a acuerdos sobre el dinero, los hijos, tiempo libre, sexo etc. Entonces el rol del se dirige a ayudar al sistema a expresar sus preferencias y a negociar, estableciendo tipos de contratos que deben cumplirse.
Por su parte Perrone, R., Nannini, M.(1997), refieren “que el comportamiento violento forma parte de una estructura de personalidad relacionada con el tipo de educación recibida, las circunstancias familiares, las creencias y mensajes sociales que el hombre asimiló en cuanto a lo que es la masculinidad. La otra cara de la moneda, es la sumisión que las mujeres interiorizan en su socialización de la feminidad”.
y al deber ser sobre las características propias de los sexos tanto en el plano de su comportamiento social como de lo individual o personal.
La expresión Violencia de Género es la traducción del inglés gender-based violence o gender violence, expresión difundida a raíz del Congreso sobre la Mujer celebrado en Pekín en 1995, bajo los auspicios de la ONU. Con ella se identifica la violencia, tanto física como psicológica, que se ejerce contra las mujeres por razón de su sexo, como consecuencia de su tradicional situación de sometimiento al varón en las sociedades de estructura patriarcales.
La violencia de género es definida por la ONU como “todo acto de violencia que se ejerce contra la mujer por el simple hecho de serlo y que tiene como
resultado posible o real un daño físico, sexual psicológico o emocional, ya sea en la vida pública o en la privada.
A pesar de la creación de políticas públicas a nivel nacional e internacional y de la preocupación de diferentes entidades por combatir la violencia de género, es real que en el interior de las parejas ocurren manifestaciones que atentan contra la dignidad de las mujeres.
Como he dicho que las comprensiones acerca de la perspectiva de género se produce a partir de la interacción con el mundo y que tiene mucho que ver con las diferentes historias de vida, es necesario que también se tengan en cuenta las particularidades del sujeto que comprende y significa como sujeto de conocimiento. Estas particularidades responden a preguntas como de que sujeto se trata?, Cuales son sus intereses?, Como se posiciona en el mundo?, entre otras particularidades.
Desde el enfoque sistémico la comprensión del sufrimiento emocional que aqueja a mujeres y hombres con referencia a las relaciones de género, lo han abordado autores como Peggy, P (1991) coincidiendo en que el síntoma es tan solo la percepción de los miembros del sistema de lo que está pasando, mas no está centrado solo en ella, por lo que sería más bien una queja, para hacer resistencia a los sistemas establecidos, que generalmente es el patriarcal, en el que la mujer se siente sobrecargada, teniendo en cuenta las exigencias de lo cultural, lo social, traducidos a como debe ser la mujer y los discursos dominantes de la cultura del debe ser mujer.
de la sesión desde su marco de referencia que construido a partir de la cultura patriarcal en la que aún nos encontramos inmersos.
De igual forma en los escritos de Thelma Goodrich (1989) se encuentra que la reciente Terapia Familiar Feminista surge con la finalidad de combatir la diferencia, haciendo una crítica a la terapia más tradicional, pues no cree que pueda surgir un buen resultado de una terapia si no se desvanecen estas relaciones desiguales de género, las cuales son causa de muchas problemáticas de la mujer y de la familia.
Finalmente, el reflexionar sobre las implicaciones que tienen las creencias de género sobre la salud mental, tanto de hombres como de mujeres permite ampliar la mirada y facilita la comprensión de los consultantes en su dilema, el entender su sufrimiento, y saber desde donde estamos parados para responder a su pedido.
Objetivos
Objetivo General:
Describir las dinámicas de poder que existen en las parejas con conflicto conyugal e identificar las creencias de género que las mantienen para favorecer el cambio de la relación a partir de la terapia sistémica.
Objetivos específicos:
Identificar las creencias que existen en las parejas que consultan respecto a los roles de género.
Describir el proceso de transformación de las dinámicas de poder que favorecen el cambio en la relación conyugal.
Metodología
La presente investigación/intervención es de tipo cualitativa, la cual según Miranda (1995) aborda el estudio de la construcción social de la realidad elaborada por los individuos en sus actos de habla (individuales y colectivos) dada la reflexividad de las practicas discursivas, permitiendo, por medio de los actos de habla y de lenguaje la re significación de la realidad a través de espacios conversacionales que le dan sentido y valor a las experiencia vividas por parte de las personas y las familias.
La investigadora establece el rapport adhiriéndose a los siguientes principios:
Solidaridad como medio para ganar confianza.
Interesarse por lo que dicen y hacen los consultantes que asisten a terapia. Preguntar y alentar a la gente a que manifieste sus vivencias.
Empatizar con el contexto socio lingüístico que los consultantes traen.
Contexto:
vidas, experiencias o situaciones derivadas de una problemática particular, que en este caso es la dificultad en la relación de pareja.
Las conversaciones terapéuticas, se llevaron a cabo a través de diferentes encuentros, donde en un primer encuentro con cada una de las parejas, se estableció en conjunto, los posibles temas a tratar, derivados de los motivos de consulta que cada sistema consultante traía para trabajar en la terapia. Además, la investigadora señaló los lineamientos en los que se fundamenta la presente investigación. Es decir, se pide consentimiento para que la intervención terapéutica pueda ser tenida en cuenta para nutrir elementos de la investigación en curso con pretexto de opción a grado de Magister en Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Javeriana.
Es importante señalar que las parejas y personas individualmente son tenidas en cuenta como expertas en su problemática, ya que son ellas quienes se han visto enfrentadas a esta realidad del conflicto en la pareja a partir de interacciones que generan malestar en el contexto de la vida conyugal, por lo cual son los ojos y los oídos del sistema investigador, a partir de las revelaciones de sus propios modos de vivirla, y describiendo a través de sus experiencias, relatos y modos conversacionales las experiencias de violencia en las que se han visto involucradas.
Participantes:
que acuden voluntariamente y que han experimentado conflicto en la relación de pareja, llevando a cabo un aproximado de 6 sesiones acordadas previamente. Los participantes firman consentimiento informado para autorizar la grabación en audio de las sesiones.
Características socio demográficas:
Se trata de 3 parejas conformadas cada una por un hombre y una mujer. Los miembros de las tres parejas oscilan entre los 28 y 39 años de edad, siendo todos profesionales. Las tres parejas consultantes pertenecen a estrato socio económico 4. Dos de los sistemas conyugales se encuentran unidos por la institución de matrimonio católico y otra está configurada como unión libre.
Recolección de la información:
La información analizada en este documento se obtiene a través de sesiones realizadas en el contexto de psico terapia. Se realizan transcripciones de las sesiones efectuadas con los consultantes. Esta información fue sistematizada en matrices de información y comparadas con sistemas conceptuales tomados de la bibliografía consultada.
Instrumentos:
Análisis de los datos:
El análisis de los datos se realiza a partir de los relatos obtenidos de los consultantes en el contexto de la terapia, teniendo en cuenta la complejidad de las relaciones de pareja frente al constructo de poder, la identidad y la subjetividad de los consultantes, reflejados en sus creencias en distintas dimensiones como:
Autonomía, que en este proceso, se ha entendido a partir de las construcciones conversacionales hechas con las y los consultantes como la independencia que posee cada individuo para pensar, decidir, actuar y moverse en el mundo.
Libertad, percibida como la capacidad para elegir y tomar decisiones entre múltiples posibilidades de acuerdo a las propias necesidades y no a las del mundo externo, la habilidad de expresarse sin temor.
Responsabilidad: la cual se entiende en el marco del proceso terapéutico con las parejas como la habilidad para actuar entendiendo que esos actos posibilitan o no los resultados que deseamos, permitiéndonos reflexionar sobre éstas consecuencias reconociendo las propias expectativas y las de los demás.
Una vez identificadas las dimensiones anteriores en los relatos de los consultantes, éstas se organizaron en matrices de información que dan cuenta de cada categoría en los niveles de pensamiento, acción y emoción así:
Matriz No 1
Relatos sobre creencias de género:
Creencias de genero Discurso del hombre Discurso de la mujer
Pensamiento
Acción
Emoción
En ésta matriz se agrupan los relatos sobre creencias de género que dan cuenta de pensamientos, acciones y emociones respecto a la manera de significar el rol de género develado en la narración de las historias personales. Se identifican semejanzas o diferencias en los diferentes niveles.
Se entienden las sub categorías así:
Pensamiento: Se refiere al significado que los consultantes dan a las situaciones de la experiencia narrada por ellos mismos.
Acción: Se refiere a los comportamientos, al hacer frente a una situación particular narrada por los consultantes.
Matriz No 2
Dimensiones de los relatos:
Categoría Relato del hombre Relato de la mujer
AUTONOMIA
LIBERTAD
RESPONSABILIDAD
En ésta matriz se identifican los relatos que dan cuenta de los niveles de autonomía, libertad y responsabilidad en la relación de pareja, teniendo en cuenta las creencias de género.
presencia de pautas de poder en el interior de las relaciones de pareja que generan conflicto familiar, individual o conyugal.
La información obtenida de las transcripciones de sesión, de la intervención terapéutica, fue analizada a partir de la metodología de análisis de narrativas.
Roberts, (2002) señala que el estudio narrativo de las vidas de la gente se ha convertido en un área sustantiva para el análisis de las experiencias de vida y la identidad conectada con los grupos sociales, las situaciones y los acontecimientos. Las narraciones también proporcionan una estructura para nuestro sentido de la identidad, porque a la vez que contamos relatos sobre nuestras vidas creamos una identidad narrativa. El giro narrativo también se ha considerado adecuado para comprender los significados con el que las personas componemos el mundo. El significado resulta básico para el ser humano y su naturaleza humana supone la construcción activa de significado. El estudio del relato y las historias permiten comprender el significado. (Bruner 2002)
Una de las formas de análisis estructural es la categórica, es decir, la que examina los aspectos formales de diferentes secciones o categorías y se centra en la práctica narrativa en acción de varios relatos buscando similitudes y diferencias en cómo se cuentan las historias. (Lieblich 1998)
manera en qué están organizadas es objeto de preocupación por parte de los investigadores narrativos.
El análisis de datos durante el proceso de ésta investigación se desarrolla en tres etapas; la primera es una fase de identificación en la que a partir de lo escuchado en los relatos, se identifican los temas prevalentes en las tres parejas; es decir, se tienen en cuenta discursos, emociones y comportamientos en común. La segunda etapa, se desarrolla a partir de la categorización de la información anteriormente encontrada en las historias narradas. Se eligen categorías en las que se incluyen los elementos en común de los sistemas consultantes, este proceso permite a la investigadora obtener mayor claridad y nutrición en el análisis de las experiencias relatadas por quienes asisten a consulta. En la última etapa la investigadora da a conocer la interpretación de los resultados luego de realizar el proceso de categorización, triangulación y análisis de los estamentos.
Este proceso de análisis de resultados es útil en la medida que permite a la investigadora dar origen a diferentes reflexiones en torno a la problemática tratada en cruce con la información documental encontrada como resultado de la
Resultados
A continuación se darán a conocer los resultados obtenidos de las conversaciones en las que las parejas comparten sus historias respecto a la forma en que se ejerce el poder en la relación, favoreciendo la aparición del conflicto conyugal.
La información fue recopilada principalmente a través de la conversación terapéutica la cual permitió obtener información respecto a la percepción que tienen las mujeres de su relación de pareja que han experimentado manifestaciones de poder y sumisión por parte de sus parejas, a partir de técnicas como preguntas circulares, reflexivas, estratégicas entre otras, grabación en audio, etc.
Se mostrará lo hallado en las tres parejas que asistieron a proceso de intervención terapéutica manifestando motivos de consulta como “ Estamos a punto de separarnos, no nos aguantamos mas” “ La relación está pasando por un momento difícil…es como si ya no nos estuviéramos entendiendo…nos queremos mucho pero sentimos que algo anda mal”, “ Queremos darnos una oportunidad a nosotros y también a nuestra familia…no lo merecemos porque hemos trabajado mucho para conseguir lo que somos hoy como familia”.
proceso se evidenció cambios en la narrativa de los hombres a partir de la de construcción de algunas creencias y la construcción de otras nuevas .
A lo largo de la investigación-intervención se comprendió que en la relación de pareja, el ejercicio del poder se manifiesta en la existencia de un sistema de emociones, experiencias, pensamientos y mundos compartidos fruto de la construcción en el vínculo conyugal, que se refleja en modos particulares de relación. Estas dinámicas particulares de relación, generan en quienes componen el sistema conyugal de las parejas consultantes, miedos e incertidumbres, así como deseos de dominación mediante mecanismos de anulación, invisibilización, control, etc. que se manifiestan en las esferas emocional, comportamental y del pensamiento.
Para la realización del análisis de resultados la investigadora identificó categorías, a partir de los discursos escuchados , que favorecen la interpretación más clara los resultados.
En primer lugar se describe la categoría creencias de género de la cual se derivan sub categorías como pensamiento, acción y emoción, evidenciándose lo que significa para los consultantes el ser hombre o mujer. Así mismo, se tienen en cuenta roles de género, creencias sobre el deber ser y el deber hacer. Ej: el esposo de la pareja 1 dice: “Yo por ejemplo sé que mi responsabilidad es cumplir
que los niños estén limpios, que si hace falta algo ella me lo haga saber para darle la plata”.
En los siguientes hallazgos se da cuenta de la primera pregunta de investigación ¿Cuáles son las creencias con respecto a la identidad de género que favorecen la aparición del conflicto en la pareja?
Las creencias tanto en hombres como en mujeres están principalmente fundamentadas en sus historias provenientes de sus familias de origen, es así, como el tipo de familia de origen de cada uno de los consultantes juega un papel muy importante en la construcción de subjetividad femenina o masculina.
Las tres parejas consultantes manifestaron provenir de hogares conformados por madre, padre e hijos en donde el varón asumía rol abastecedor y la mujer se ocupaba de las tereas domésticas y del cuidado de los hijos. Aunque los padres de los seis consultantes obtuvieron nivel de escolaridad superior, las madres sólo alcanzaron el nivel de bachiller en dos de los casos mientras que en uno de ellos ni si quiera se terminó la básica secundaria. Los hombres de las tres parejas coinciden al inicio del proceso en que existen actividades diseñadas estrictamente para hombres y otras para mujeres. Además creen que existen ciertos espacios sociales en los que las mujeres no deben participar como fiestas.
comportamientos propios de las mujeres como el arreglo personal y el aprendizaje de oficios domésticos y culinarios entre otros.
Por otro lado, las familias de origen de los varones fueron descritas como familias tranquilas, relajadas, en donde desde niños fueron educados para conducir autos, ganar dinero, conquistar mujeres mientras que las mujeres de la casa, ósea las hermanas de los consultantes varones, no tuvieron acceso a estos aprendizajes por considerarlas no aptas o simplemente por considerar que no era necesario la existencia de éstos saberes en el repertorio de las mujeres. Además recuerdan como era importante la interacción social en torno a fiestas, bebidas alcohólicas y amigos, mientras que a sus hermanas este tipo de actividades les era restringido o supervisado.
Paradójicamente, tanto hombres como mujeres no comparten éste modo de crianza para las hijas de la pareja, pues consideran que en la actualidad el mundo ofrece un sin número de alternativas y posibilidades para captar las capacidades de sus hijas, es decir, ni padres ni madres están de acuerdo en que sus hijas se conviertan en cuidadoras exclusivas del hogar. Por el contrario, las tres parejas comparten la idea de brindar diferentes oportunidades tanto a hijas como a hijos para explorar el mundo con independencia, autonomía y responsabilidad de las decisiones tomadas de acuerdo a sus intereses y proyectos para la vida.
cuenta de estas creencias esté acorde con la manera en que las mujeres quieren sentirse amadas, respetadas, valoradas y tenidas en cuenta en la familia, mientras que sus esposos consideran que éstas creencias simplemente son las que tradicionalmente han hecho que las familias funcionen de la misma forma en que han funcionado las suyas.
Entonces surgen tensiones en la pareja en donde cada miembro de la misma desea continuar funcionando como familia de una manera armónica, pero éste funcionamiento choca o va en contra de los deseoso individuales de realización o de formas de querer ser en el mundo, especialmente por parte de las mujeres.
Ahora bien, la primera sub categoría de la categoría de creencias de género, hace referencia a la esfera del pensamiento entendido como la forma en que comprendemos y significamos. En ésta sub categoría se evidencian relatos de creencias de género presentes en este nivel. Además la sub categorización se hace teniendo en cuenta al género femenino así como al masculino. De ésta forma se obtienen análisis en el nivel del pensamiento respecto a la comprensión de género tanto en hombres como en mujeres que conforman la pareja.
malestar aparece entonces las mujeres experimentan la emoción de culpa por ser “desagradecidas” frente al hombre que vio en ellas la capacidad de ser buena esposa y buena madre. Por otro lado, las creencias familiares nutren la idea subjetiva femenina de tener como deber el atender a su esposo, satisfaciendo sus necesidades físicas (salud y sexualidad) y emocionales (apoyo incondicional)
Se pudo observar en las conversaciones como la construcción de subjetividad femenina está centrada en el que hacer doméstico, la responsabilidad del ámbito de lo privado está en la mujer. De acuerdo con Grosman (1992) estas parejas experimentan Una organización jerárquica fija e inamovible, basada en la creencia muchas veces, explícita en desigualdades naturales. Para las consultantes el hecho de ser mujer implica una actitud de obediencia frente a sus esposos, y aunque la responsabilidad de lo privado está en ellas, incluso es necesario solicitar aprobación en aspectos como la comida, un ejemplo está en relato de la mujer que compone la pareja número 2 “Yo no puedo preparar de
comida lo que yo quiero o lo que a mi me gusta porque viene un problema, es lo que a él le gusta, incluso a veces tengo que hacer varios menús para darle gusto a todo el mundo.”
(Entel 2002). Es aquí donde la emoción aparece como afectada fundamentalmente en la relación de pareja de quienes asistieron a consulta con relatos como: “Es que yo no soy afectuosa para nada y a él le gustaría que yo fuera así toda melosa “
“Ella parece un macho, nunca tiene un cariño para uno ni un detalle especial como uno ve que las esposas de los compañeros hacen”. Existe inconformidad masculina por la ruptura de esquema que representa el que una mujer nos sea afectuosa. Maternalización de la mujer. Corsi (1995) Además este hombre que conforma la pareja número uno manifiesta sentirse inconforme con la falta de nutrición emocional por parte de su esposa, reclamando manifestaciones de afecto por parte de ella.
En el nivel de la acción Las labores domésticas son consideradas por los varones como un oficio que se desarrolla en un ambiente de tranquilidad y que no trae consigo grandes esfuerzos, entonces el hombre considera un favor especial hacia su mujer que ésta se quede en el hogar y no sufriendo los dilemas laborales que son tan poco deseables para sus mujeres. El hombre de la pareja número uno relata: “Yo por ejemplo sé que mi responsabilidad es cumplir con la casa, por eso
sesión se percibe que lo mencionado no trae consigo alguna dificultad, sino que por el contrario el ocuparse de estas tareas debería ser un privilegio para su esposa.
El varón de la pareja número dos expresa: “Hacer todo lo posible desde las posibilidades de uno para poner el granito de arena en la familia…que llevarlos de viaje, que coman rico, que el colegio sea bueno…” El esposo de la pareja número dos considera que en él está la responsabilidad de brindar a su familia espacios de bienestar que se consiguen a través del dinero, lo económico continúa siendo lo más importante de su rol, incluso en los momentos de esparcimiento y diversión.
En cuanto a la percepción del esposo de la pareja número tres frente a que su esposa no trabaje tiempo completo dice: “Menos mal tenemos la bendición
de que ella pueda estar la mayor parte del tiempo en la casa… porque es que no tenemos la necesidad de eso …eso es un lujo que hoy en día no se pueden dar muchas familias”.
En estos relatos los hombres de estas parejas legitiman el deber hacer de las mujeres en los que haceres domésticos, ellos por su parte se siguen ubicando en el rol de proveedor que les otorga el beneficio del uso del poder en la relación conyugal y familiar.
devengar un salario para responder económicamente por la manutención de la casa y de quienes componen la familia.
Como respuesta a la pregunta de investigación ¿Cuáles son las características de las dinámicas de poder que se evidencian en los conflictos conyugales? Se observa como aparecen las conductas “micromachistas” (Corsi 1995) de subordinación y a la vez creando un fértil territorio para que la mujer desarrolle incondicionalmente su maternidad y sostenga toda la carga doméstica. El hombre es el dueño del conocimiento, es quien sabe, decide, la hace callar y la culpa. Cuando están juntos durante las primeras sesiones son frecuentes frases de este tipo: “Cállate, no digas lo que no sabes”, “Así no son las cosas”, “Esa es tu responsabilidad, los niños están a tu cargo todo el día” como menciona el varón de l apareja número dos.
En el siguiente relato contado por la mujer de la pareja número tres se evidencia una forma de micro machismo en el que el dinero se configura como una fuente de poder (Corsi 1995) “Cuando él era el que aportaba mas a mí
también me tocaba aguantarme sus desplantes y comprar lo que él quisiera por que como el de la plata era él. La verdad es que el que tiene la plata si tiene como unos derechos diferentes en la casa”.