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Aproximación a las Formaciones Discursivas del Discurso sobre el Nacionalismo Mexicano (1909 1920)

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(1)APROXIMACIÓN A LAS FORMACIONES DISCURSIVAS DEL DISCURSO SOBRE EL NACIONALISMO MEXICANO (1909-1920). ESTEFANÍA CORTÉS VERA. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA 2017 1.

(2) APROXIMACIÓN A LAS FORMACIONES DISCURSIVAS DEL DISCURSO SOBRE EL NACIONALISMO MEXICANO (1909-1920). ESTEFANÍA CORTÉS VERA Código: 20121160008. JAIME SARMIENTO Director. Investigación para optar al título de Licenciado en Educación Básica con Énfasis en Humanidades y Lengua Castellana. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA 2017. 2.

(3) Contenido INTRODUCCIÓN .......................................................................................................................... 4 1.. Objetivos ................................................................................................................................. 6. 2.. Justificación............................................................................................................................. 7. 3.. Construcción del discurso nacionalista en México ............................................................... 13. 4.. Marco teórico-metodológico ................................................................................................. 16. 4.1 Definición de procedimientos intradiscursivos y de sistemas de exclusión del discurso........ 18 4.2 Estrategias y formaciones discursivas del nacionalismo mexicano ........................................ 20 4.2.1 Estrategias discursivas.......................................................................................................... 21 4.2.2 Formación discursiva ........................................................................................................... 22 5.. Marco conceptual .................................................................................................................. 28. 5.1 Nacionalismo........................................................................................................................... 29 5.2 Razón de Estado ..................................................................................................................... 35 6.. Antecedentes ......................................................................................................................... 39. 7.. Presentación de Archivo/Corpus ........................................................................................... 48. 8.. Aplicación de los procedimientos descriptivos ..................................................................... 50. 9.. Descripción de estrategias ..................................................................................................... 51. 9.1.. Estrategia de pacificación.................................................................................................. 51. 9.2.. Estrategia de reivindicación popular ................................................................................. 55. 10. Procedimientos de delimitación del discurso ....................................................................... 73 10.1. Procedimientos internos .................................................................................................... 73. 10.2. Procedimientos de exclusión ............................................................................................. 75. CONCLUSIONES ........................................................................................................................ 81 Anexos........................................................................................................................................... 86 BIBLIOGRAFÍA........................................................................................................................... 91. 3.

(4) INTRODUCCIÓN Ideas, símbolos, acciones políticas e instituciones han sido consideradas históricamente como manifestaciones del nacionalismo mexicano. El concepto de nacionalismo, tal y como lo recoge la historiografía mexicana reciente, cobija tanto las causas como los efectos de acciones orientadas a la reunión nacional, de modo que se asuman como nacionalistas las intenciones políticas –a menudo erigidas como causas- y las expresiones sobre las que dichas intenciones se edifican. Concentrada en una búsqueda por las condiciones que explican el fenómeno del nacionalismo, la literatura elaborada desde la segunda mitad del siglo XX realiza un intento de interpretación de la historia mexicana, supeditado en décadas anteriores a un revisionismo político y no propiamente historiográfico (Matute, 2000). Este traslado, señalado inicialmente en los estudios de la revolución mexicana, supone en el abordaje de la problemática del nacionalismo un interés por las formas de construcción de identidad nacional, y particularmente por el desarrollo de esta identidad en momentos de álgido debate político y social. De este pormenor común se sigue que uno de los criterios de análisis del fenómeno sea, precisamente, el de caracterizar al nacionalismo mexicano de acuerdo con períodos de apogeo, o conforme al agente que origina las expresiones nacionales, sino son estas últimas las que definen el carácter nacional1. La discusión historiográfica mexicana tiende, en consecuencia, a la elaboración de análisis cuyo sustento reside fundamentalmente en una historia de las ideas. El interrogante por los pensadores y precursores del nacionalismo, lo mismo que la identificación de sectores y prácticas sociales coincidentes, demuestran tanto la reducción de las prácticas a una división sociológica preconcebida, como el énfasis otorgado a la intención y a la influencia como principios de descripción histórica (Dosse, 2007).. 1. De acuerdo con el período cronológico de origen o de manifestación del nacionalismo mexicano, algunos autores, dentro de ellos Peréz Montfort (1999), Florescano (2002) (2005), Garciadiego (2010), identifican al fenómeno como: nacionalismo porfirista, nacionalismo revolucionario, o nacionalismo posrevolucionario. En términos de las instancias de origen ha recibido denominaciones como: nacionalismo de Estado (Vizcaíno, 2004), nacionalismo popular (Béjar y Rosales, 2005), o nacionalismo oficial (Gutierrez Chong, 2012). Si por el contrario, el fenómeno es auscultado en pensadores o precursores de ideas nacionalistas, puede hablarse del nacionalismo de intelectuales como Andrés Molina Enríquez o Lucas Alamán (Brading, 1995) (Noriega, 1992).. 4.

(5) El estudio del discurso sobre el nacionalismo mexicano, abordado desde el método arqueogenealógico permite, respecto a los presupuestos anteriores, prescindir de la consideración del evento como acontecimiento a la descripción del enunciado en su singularidad. El acontecimiento, y más precisamente, el documento histórico como unidad de análisis, es descrito en función de los enunciados efectivamente formulados, situándose el estudio en el plano enunciativo inmanente al discurso. Así definido, el tratamiento del documento deriva en implicaciones metodológicas que debaten la prelación de una consciencia creadora -base de la interpretación discursiva, y la asunción explicativa de un modelo bélico de poder (Castro-Gómez, 2015). Por un lado, la arqueología relega el sujeto creador a las condiciones de saber-poder que permiten que un enunciado sea formulado, concentrándose en dos instancias de formulación paralelas: las condiciones de utilización del discurso, y las condiciones de actualización del enunciado. Por otro, presenta al enunciado como una unidad susceptible de ser articulada dentro de distintas estrategias, de modo que no pueda serle provisto un único objetivo o un único foco emisor, lo que impide la predeterminación entre instancia de enunciación y enunciado, y la correlación entre categorías sociológicas y producciones discursivas. Las implicaciones metodológicas señaladas amplían el panorama de los actuales estudios sobre análisis del discurso. Los denominados discursos oficiales o populares, estatales o marginales, caracterizados sobre la base de un análisis interpretativo, sostienen una indagación por el sentido del documento a través de recursos subjetivos y extralingüísticos, enmarcados en la mayoría de los casos en un enfrentamiento social tácito. Aunque advierte que el discurso participa de un conjunto de relaciones de fuerzas, la perspectiva arqueológica constituye una base teórica que señala desde los órdenes discursivos las posibles relaciones de poder, invirtiendo así procedimientos y presupuestos de análisis de carácter deductivo. Al ocuparse fundamentalmente del plano discursivo, el presente estudio se propone describir los objetos, conceptos, y modalidades enunciativas que conforman las formaciones discursivas del discurso sobre el nacionalismo mexicano. Para ello, se identificarán las estrategias y los procedimientos discursivos inscritos dentro de textos institucionales y artísticos formulados en el período revolucionario (1909-1920). Es decir, 5.

(6) se afirma que en la formación de las prácticas discursivas participan condiciones de aparición y de aceptabilidad por las que es posible decir algo sobre objetos determinados, y desde instancias discursivas específicas (Foucault, 1992). El estudio, entonces, es también interrogante por la dimensión estratégica de la práctica discursiva, es decir, por las funciones que como medio le es posible ejercer dentro de determinados juegos de poder. El interrogante por: ¿Qué estrategias y procedimientos de delimitación del discurso, inscritos en los focos locales institucional y artístico, soportan las formaciones discursivas sobre el nacionalismo mexicano?, intenta partir de los puntos nodales de construcción discursiva, es decir, de los focos locales constituidos por el texto institucional y el texto artístico, y de los procedimientos de delimitación del discurso que intervienen en la producción de los mismos, para caracterizar posteriormente las estrategias globales. El objetivo que circunda al interrogante sobre las estrategias y procedimientos discursivos: Describir elementos constitutivos de las formaciones discursivas del nacionalismo mexicano durante el período revolucionario en México (1909-1920); dicta un interés por la descripción de los objetos, conceptos, modalidades enunciativas y estrategias pertenecientes a la configuración discursiva del nacionalismo mexicano, de modo que atiende primero, a la identificación de las estrategias y procedimientos de delimitación discursivos vislumbrados, para concluir en un segundo momento con la exposición de algunos elementos discursivos avizorados durante el estudio.. 1. Objetivos Objetivo general Describir elementos (conceptos, modalidades enunciativas y estrategias) pertenecientes a las formaciones discursivas del discurso sobre el nacionalismo mexicano, a través de las estrategias y procedimientos discursivos empleados durante el período revolucionario en México (1909-1920).. Objetivos específicos. 6.

(7) Describir las estrategias empleadas en la construcción discursiva de textos institucionales y artísticos, producidos en el período de 1909-1920 en México; Identificar los procedimientos de delimitación del discurso vinculados a los focos locales (institucional y artístico) durante el período señalado; La descripción de las estrategias, focos, y procedimientos tomará como objeto de estudio textos institucionales (manifiestos políticos, planes y telegramas de comunicación interna y de relaciones exteriores), y textos artísticos (caricatura e historieta política) producidos dentro del período, además de textos historiográficos de publicación posterior, dirigidos al estudio de la misma delimitación temporal (1909-1920).. 2. Justificación A continuación se introduce y justifica el marco teórico del estudio en relación con el lugar que ocupan las formaciones discursivas dentro de prácticas no discursivas y sujetos o entidades que, como muestran algunos estudios antecedentes2, se presentan como puntos de origen discursivo. La relación unidireccional de la práctica no discursiva sobre el discurso sobre el nacionalismo mexicano, permite: 1) acercamiento a la relación vertical de poder establecida por los puntos de anclaje discursivo, como a la objetivación realizada de la práctica discursiva; 2) contraste del punto (1) con la dimensión estratégica que se concede al discurso dentro del presente estudio, aspecto que introduce algunas de las categorías metodológicas de análisis (foco emisor, estrategia), y justifica la delimitación temporal y la definición del objeto de estudio. Tratar un acontecimiento histórico y analizarlo en aras de aprehender bien su veracidad, bien su valor o bien su interpretación, es a su vez, intentar reconstituir el pasado en el que aquel tuvo lugar, pues se aduce que entre más cercano sea nuestro conocimiento a la realidad que busca caracterizarse, más certero será su criterio de verdad. El documento, reconociéndose como el medio más fidedigno de información y acceso al conocimiento histórico de acuerdo con la posición tradicional de la historia, se convierte en una. 2. Véase el Capítulo 6 sobre algunas investigaciones antecedentes sobre la construcción del discurso nacional.. 7.

(8) herramienta de observación del pasado cuya interpretación e interrogación tienen el objetivo de cuestionar la autenticidad con que entreteje la realidad mostrada. La posición actual de la historia frente al documento es distinta: la pregunta frente al acontecimiento ya no reside en qué se dice, quién lo dice, o qué grado de verdad sostiene, sino cuáles son las problematizaciones que giran en torno a su construcción (Foucault, 2007a). Resulta entonces poco acertado preguntarse por la legitimidad de una verdad expuesta, por los elementos que deben precederla o justificarla, o por el nivel de certeza o confiabilidad que reflejaría uno u otro enunciador. El estudio se centra en la descripción de lo efectivamente dicho. Es ahí donde encuentra su base. La revisión o análisis del documento histórico atiende a su consideración como unidad, una unidad que, semejante al símbolo, remite y representa en sí misma su significado; no puede buscarse fuera del texto algo que es manifiesto justamente allí, y si -como es el caso- es el texto el objeto de estudio, éste debe ser estudiado desde el plano del campo enunciativo. Consideración que admite, como no las originadas bajo una historia de las mentalidades3, la sustitución de una consciencia creadora por la residencia de más de un sujeto discursivo, o la identificación de objetos y conceptos distintos a los inscritos en las cosas o en las palabras (Foucault, 2007a, p. 103). El campo discursivo se abstiene de representar los sujetos o eventos del tiempo cronológico, aunque estos últimos permitan la delimitación del campo (Foucault, 1992). Los objetos y lo que puede ser dicho sobre ellos, las circunstancias de enunciación en las que ha de ser formulado, y la disposición acerca de quiénes están autorizados para hacerlo, son prohibiciones que conforman un procedimiento externo al discurso, delimitándolo sin definirlo en su totalidad. La construcción discursiva del nacionalismo mexicano puede ejercer una función en las decisiones políticas, económicas o prácticas cotidianas, así como 3. Su objetivo, orientado a la identificación de unas representaciones mentales colectivas (por ejemplo, de aquellas relacionadas con el miedo, como lo ejemplifica el estudio de Jean Delumeau), o lo mismo, de unas creencias o pensamientos compartidos en un determinado período histórico, está anclado a la división sociológica por categorías: esta reducción de las representaciones como un reflejo de las divisiones sociales existentes, resulta enteramente desligada de la realidad histórica; no sólo existe una preconcepción de las prácticas culturales a través de su calificación en términos sociológicos, sino que dicha calificación supone la generalización de unas prácticas y la consecuente omisión de las variaciones individuales. A lo anterior, se suma el predominio en la consideración de fenómenos estables y de carácter estructural, lo que permite la vinculación de épocas a través de la continuidad de una constante. Véase Dosse (2007), La marcha de las ideas.. 8.

(9) ser objeto de apropiación o de deseo, lo que no indica que la inserción del discurso en un campo de prácticas no discursivas suponga su subordinación y restricción. El papel de las prácticas no discursivas ha de ser entendido como elemento partícipe, aunque no único, en la formación del discurso (Foucault, 2007a, p. 112). El discurso nacionalista no emana de las cabezas de gobierno o de los movimientos populares revolucionarios, útiles en la emergencia o irrupción de enunciados determinados, pero no constituyentes de la causa primera o elemental a la que podría delegarse la delimitación del discurso nacionalista, lo que evita un recorrido secuencial sobre las ideas precursoras del movimiento nacionalista. Así definidos, los sujetos se presentan como precursores de la construcción nacional, e indican por lo demás, una consideración vertical del poder alegando una oposición binaria entre dominadores y dominados (Foucault, 2007b, p. 114). El poder es un atributo ejercido por las élites para el control o regulación de aquellos desposeídos de poder. Bajo dicha oposición puede considerarse al Estado o a la iglesia como entidades que despliegan una fuerza nacionalista expresa en símbolos o personajes laudables, aunque escapen por la misma instancia que revisten, a la comprensión del fenómeno en etapas anteriores a su construcción o establecimiento institucional. ¿Qué sucede durante la configuración del patriotismo criollo, si la construcción del Estado-nación estaba en ciernes? ¿Conforma la iglesia y su participación dentro de la construcción estatal, el motivo mayor de identificación nacional durante el siglo XIX? ¿Puede la conciliación porfirista entre iglesia y Estado demostrar la manifestación nacionalista durante el gobierno del General Díaz? El nacionalismo mexicano no es un objeto dado a través de cuya genealogía puedan ser trazados los orígenes, inflexiones, o repercusiones de las acciones gubernamentales o eclesiásticas, que a modo de reacciones históricas acogen la objetivación realizada del fenómeno (Castro-Gómez, 2015). Dentro de su caracterización como campo de acción e intervención, el nacionalismo mexicano resulta de la confluencia de un conjunto heterogéneo de prácticas discursivas y no discursivas que excede las prácticas gubernamentales o eclesiásticas, y puede, en consecuencia, ser soportada por prácticas anteriores a la consolidación estatal sin considerar esta última como su generadora.. 9.

(10) La afirmación tiene que ver con la dependencia de la construcción discursiva y la consolidación estatal, vínculo esgrimido por dos falsas premisas: la conformación nacionalista es necesariamente posterior a la construcción del Estado 4, y el discurso, en tanto instrumento, es proyección de los mecanismos de poder. Una vez restituida la articulación de los mecanismos de poder y los mecanismos de saber dentro del discurso, este último deja de ser distribuido entre un discurso aceptado o excluido, para ser considerado a través de una polivalencia táctica. El discurso no pertenece a un discurso de poder o de resistencia, es un objeto susceptible de ser empleado como elemento táctico en el campo de las relaciones de fuerza existentes (Foucault, 2007b, pp. 122-125). Las condiciones de posibilidad que permiten la emergencia de la construcción discursiva del nacionalismo mexicano, dependen del entrecruzamiento de determinadas prácticas y fuerzas de poder en uno u otro período histórico. Si el propósito atañe a las posibles discontinuidades y transformaciones de la construcción discursiva del nacionalismo mexicano, ¿no correspondería su estudio a los que son mencionados como sus posibles orígenes? Problema de alcances mayores que busca la conjunción de una serie de elementos, a menudo señalados como causas, atribuidos al origen de una construcción discursiva debidamente trazada. Las técnicas, saberes y dispositivos partícipes de la construcción discursiva, no pueden ser aprehendidos como objetos cuya razón de ser se limite a la construcción nacionalista; las funciones, objetivos, orígenes o difusión de estos elementos son distintos si el rasero con el que son medidos es, dentro de otros, la división temporal o la instancia institucional de uso. La coincidencia de una corriente artística nacionalista, el predominio de un poder estatal fundamentalmente ejecutivo, o la institución de una educación anticlerical dentro de la emergencia del discurso nacionalista, y sobretodo, su proliferación, fue particularmente fecunda durante el período revolucionario y posrevolucionario, lo que no se opone a la presencia de una novelística ejemplarizante durante el siglo XIX, o al eminente centralismo de la dictadura porfirista. La proliferación de las prácticas consiste en una diversificación 4. Tal como lo supone la tesis modernista de la nación, la consolidación de las instituciones modernas funciona como un mecanismo de homogeneización cultural clave en la construcción de una población alfabetizada y culturalmente uniforme. Este objetivo, desde Gellner (2008), es provisto por el proyecto educativo que impulsa el Estado.. 10.

(11) de los focos emisores de discurso, así como en el despliegue de redes, estrategias, que los enlazan (Foucault, 2007b, p. 45). Dentro y fuera de México los sucesos revolucionarios tuvieron eco en el periodismo gráfico, la prensa de oposición, la fotografía, el documental y el noticiero cinematográfico. “A tal punto el cine se descubrió un instrumento de difusión poderoso para los revolucionarios, que cada bando procuró tener sus propios camarógrafos […]” (Florescano, 2005, p. 277). Era alcanzada, en palabras de Florescano, una difusión nacional inmediata, profunda y emotiva. El período de posrevolución, bajo el proyecto educativo y artístico impulsado por el gobierno de Álvaro Obregón, no condujo a menores focos de difusión. La „regeneración nacional‟ se propuso la reorganización de los programas educativos, la capacitación docente, la promoción de la enseñanza del civismo y el patriotismo a través de misiones culturales, el establecimiento de un Departamento de Bellas Artes, o la consagración de estereotipos a través de obras de teatro y revistas musicales (Florescano, 2005). Son inscritos dentro del período revolucionario y posrevolucionario, técnicas, saberes, prácticas, estratégicamente útiles a la construcción discursiva del nacionalismo mexicano, y relacionadas de forma tal, que la emergencia de la construcción discrimina los períodos antecedentes y subsiguientes, aunque en ellos sean percibidos otro tipo de proyectos nacionalistas. Ante tal delimitación temporal, la cuestión que se alza es la búsqueda de los objetos, específicamente documentos, que permitan la descripción de la formación discursiva del discurso sobre el nacionalismo en el período señalado. Problema enmarcado en un interrogante más amplio acerca de la división entre una historiografía que apremia una mirada local del movimiento revolucionario dentro de la esfera regional, y otra que sostiene al Estado como garante del fenómeno nacionalista, y que sugiere la pregunta por el alcance y efectos del nacionalismo mexicano: ¿fueron las regiones igualmente afectadas por la revolución que funge como foco primigenio del movimiento nacionalista?, ¿fue ésta una construcción de orden fundamentalmente estatal que no cobijó, aunque supuso hacerlo, a los estados aislados del centro geográfico de la capital? Y, a su vez, ¿debe el estudio estar sujeto a los documentos de carácter institucional, a la historiografía regional?. 11.

(12) Corroborar el tipo de articulación nacional en relación a las estrategias estatales, y desentrañar las discontinuidades y paradojas internas allí inscritas, ha de partir, primero, de la consideración de una relación recíproca y mutable entre las luchas regionales y la edificación estatal. El enfoque regional comparado utilizado por un grupo de investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana5, ejemplifica el uso del ámbito regional como nivel analítico de revisión de las relaciones entre el Estado nacional y los pueblos, municipios y agrupaciones. El resultado señala la existencia de sectores integrados y marginados por las dinámicas estatales, lo que amplía el panorama de las relaciones de fuerzas. La asunción del poder político es sólo uno de los propósitos disputados dentro del entramado de objetivos sociales: "El uso de las categorías de integración y marginación nos permite pensar en esa distribución de oportunidades de poder como un juego en el que los actores aprovechan ventajas y oportunidades, pero también resisten y negocian la preservación de algunas de sus características esenciales; todo ello a través de la redefinición de los canales y procedimientos de intermediación política y cultural." (Cárdenas, N. y Guerra, E. 2009, p. 17).. Sin referir una mirada global o local del asunto, que derivaría en una revisión parcial de la construcción y establecimiento de la formación discursiva, desde propuestas estatales o comunitarias difícilmente integradas a una perspectiva „de conjunto‟ como la que suponen las estrategias y los focos locales, la revisión del objeto de estudio debe atender a la identificación de los núcleos difusos de poder: “Pues el archivista no elige las palabras, las frases y las proposiciones de base ni según la estructura ni según un sujeto-autor del que emanarían, sino según la simple función que ejercen en un conjunto […] Si insistimos en el problema de los criterios utilizados por Foucault, la respuesta solo aparecerá de forma clara en los libros posteriores a la Arqueología: las palabras, las frases y las proposiciones retenidas en el corpus deben ser elegidas en torno a núcleos difusos de poder (y de resistencia) empleados por tal y tal problema.” (Deleuze, 1987, pp. 43-44). A tal objeto los documentos institucionales (manifiestos, planes, informes telegráficos), así como la revisión de la prensa política de la época, permiten la descripción de los enunciados que concentrarían lo que Deleuze denomina núcleos difusos de poder y de resistencia. La descripción bibliográfica concentra dos focos estratégicos que posibilitarían la conformación del discurso nacionalista. El foco institucional, el cual motiva el control de 5. Cárdenas, N. y Guerra, E. (Coord.). (2009). Introducción: poderes locales y mediación política en el México posrevolucionario. En Integrados y marginados en el México Posrevolucionario: los juegos de poder local y sus nexos con la política nacional (pp. 7-29). México: Universidad Autónoma Metropolitana, Miguel Ángel Porrúa.. 12.

(13) la producción discursiva a través del uso de técnicas y saberes útiles a las necesidades estatales, una de las cuales alude a la conservación de relaciones exteriores para el sostenimiento de la estabilidad estatal. El foco artístico, eje difusor de una información variable y dependiente del ente emisor, que degrada o exalta la imagen de personajes nacionales, sucesos recientes o eventos de tradición.. 3. Construcción del discurso nacionalista en México “[…] yo nunca he entendido por qué los mexicanos van a pintar cocotas a París, aldeanas a Bretaña, canales dormidos a Brujas o desoladas llanuras a la Mancha […] ¿no han despuntado ya Manuel M. Ponce, armonizando las canciones que de niños usted y yo y los payos todos nos hartábamos de oír de boca de los ciegos que mendigaban tocando el arpa o en las criadas que solían plañirlos al oscurecer […]? Ir a lo nuestro, observándolo […] ¡He aquí la salvación!” González Peña (citado por Florescano, 2005, p. 265). La exposición de investigaciones realizadas sobre el discurso del nacionalismo mexicano en distintas etapas de la historia de México, presenta algunos interrogantes relacionados con la búsqueda por el origen y la continuidad histórica del fenómeno del nacionalismo. Como interrogante culmen, la pregunta por la relación entre verdad y discurso enfrenta el principio de origen histórico, y vincula los conceptos de procedencia y emergencia, precisando su aporte dentro del estudio del análisis discursivo propuesto. La construcción de una simultaneidad cronológica permite la inserción en un mismo presente, de eventos situados en una división espacio-temporal diametralmente distinta. Esta simultaneidad, permitida por la difusión de información en medios de comunicación como el periódico, motiva sino la vivencia inmediata, sí la referencia y participación dentro de sucesos que crean un lazo de comunidad entre el interlocutor que se cree apenas informado, y el acontecimiento. A la inmediatez con que son leídos, vistos o escuchados los eventos, se suma el reconocimiento de que otros tantos lectores han sido o son informados de un suceso ahora compartido: “Así, antes que los nombres de Pascual Orozco, Pancho Villa y Emiliano Zapata adquirieran dimensiones mitológicas, sus hazañas se transmitieron de la boca al oído por los porosos conductos de la cultura popular, por los canales inventados por el pueblo para acercarse a ellos y convertirlos en representantes reales o imaginarios de sus pulsiones más profundas.” (Florescano, 2005, p. 275). 13.

(14) El voz a voz como mecanismo de construcción nacional, mencionado por Florescano, es aunado a prácticas rituales y de celebración. Durante el porfiriato, lo que Beezley (2008) denomina identidad nacional está relacionado con el establecimiento de la imagen de una nación moderna, progresista, apoyada por la participación de México en ferias y exposiciones mundiales, o la manifestación de celebraciones patrióticas que investían como símbolos populares a la Virgen de Guadalupe y al prócer independentista Miguel Hidalgo: "Tanto cenar con el dictador en su cumpleaños el día de la independencia como coronar a la virgen fueron actos construidos por los líderes de la élite social, hombres y mujeres, como parte de la campaña para forjar imágenes de la nación dirigidas a los públicos internacional y nacional" (Beezley, 2008, p. 119). Lo mismo sucediera durante fines del siglo XIX e inicios del XX con los grabados de José Guadalupe Posada, impresos en la Gaceta callejera o en La Patria, las canciones populares de Manuel M. Ponce, o las producciones cinematográficas de excelsas ideas nacionalistas durante la década de 1910. La incorporación de la población indígena dentro de la idea de nación, la inclusión de clases medias y del gremio obrero, el rescate de los acontecimientos de la independencia y de la Guerra de Reforma, son algunos de los baluartes de un denominado nacionalismo revolucionario, que años más tarde, bajo el cobijo de una conciliación posrevolucionaria, se transformaría en un nacionalismo cultural. Uno de los primeros propósitos del gobierno de Álvaro Obregón bajo la dirección de José Vasconcelos, es la restauración de la Secretaría de Instrucción Pública, suprimida por la Constitución de 1917 durante el gobierno de Venustiano Carranza. La Revolución „hecha gobierno‟, como señala Florescano (2002), adscribe a la institución estatal el proyecto de una integración nacional amparada por el desarrollo de un plan educativo y cultural, que impulsaría proyectos artísticos de amplio alcance como el protagonizado por los pintores muralistas. Así presentadas, una y otra idea de nacionalismo aparentan una idea homogénea de lo que constituyen la nación, la patria, y la integración nacional dentro de cada período. El simbolismo religioso y político que enmarca el período porfirista, o la manifestación cultural que integra el período revolucionario, cristalizan un supuesto nacional en cada uno de los períodos, aunque existan distintas ideas sobre la patria, la nación, y en general, sobre la imagen nacional. Si afirmamos que a la emergencia de una idea de nacionalismo le es 14.

(15) correlativa la introducción de un enunciado sobre la patria, no es más que un corolario agregar que este enunciado impera al ser generalizado sobre enunciados inadecuados a los fines nacionalistas. De ahí que durante el período revolucionario la patria sea capaz de adormecerse durante el hostigamiento de la dictadura porfirista, y de renovarse bajo los benéficos progresos logrados durante la misma6. El reconocimiento del pasado indígena como rasgo distintivo de la historia mexicana, o la evolución cristiana, fueron igualmente inscritos en un discurso construido por la élite criolla durante el siglo XVII. Como lo expone Brading (1995) en Los orígenes del nacionalismo mexicano, la religión y la historia fueron ejes en torno a los cuales el español americano, protagonista del patriotismo criollo, rechaza su status colonial. La élite criolla acepta el pasado indígena como parte de la historia del México antiguo, y enfrenta la visión evolucionista que presentan historiadores ingleses en el siglo XVII sobre el salvajismo y el nivel social prematuro de la población indígena y criolla. En relación a la religión, el guadalupanismo es presentado como uno de los primeros rasgos afines y propios del sentir criollo, pues funda la cristiandad americana en la firme revelación de la Virgen María. Su aparición en suelo mexicano confiesa su fidedigna intención evangelizadora. El nacionalismo de la revolución, distinto del patriotismo criollo: el orgullo y la devoción que inspira el propio país (Brading, 1995), profesado por la élite mexicana del siglo XVI, recurre a la tradición, mitos e ideas del periodo independentista, aunque recoja en sus inicios el repudio a sus orígenes españoles y la exaltación de la figura indígena; rasgos que comparten ambas construcciones. Esta relación, útil para la dilucidación de los puntos de. 6. Informe de León Gómez, Cónsul de México en Texas, 1911: “Siento tener que manifestar a Ud. que, en mi concepto, y sin excepción, los americanos particulares con quienes he hablado, y aún los que pertenecen a la Administración Pública, son partidarios y simpatizadores del numeroso grupo que pretende derrocar nuestra actual Administración […] sin que ni ellos ni éstas conozcan las condiciones actuales de la República ni conozcan tampoco los progresos realizados en todo el país, bajo la sabia y benéfica Administración de nuestro presidente.” (Fabela, 1964, p. 163) Francisco Madero, 1907: “En esta época de absoluto personalismo, en donde todos los partidos sólo ambicionan el triunfo de su Jefe […] se impone la necesidad de un partido de principios que empuñe la inmaculada bandera de la Constitución y con ese sagrado estandarte ataque resueltamente al despotismo reinante con la seguridad de triunfar, pues esa noble bandera tiene el mágico don de despertar en el corazón de los mexicanos el adormecido patriotismo, de elevarlos a la altura de las situaciones más críticas para vencerlas […]” (Fabela, 1964, pp. 13-14). 15.

(16) encuentro entre uno y otro fenómeno, permitiría la búsqueda del origen del nacionalismo mexicano en el patriotismo criollo del siglo XVI, afirmando en este caso, que el último, debido a sus rasgos comunes y a su anterioridad cronológica incide -aunque sea parcialmente- dentro de la constitución del primero. ¿Mas, referir tal continuidad no apoyaría la instrumentalización del evento en orden de responder por la configuración de un acontecimiento que históricamente parece originar consecuencias de mayor alcance? El apoyo que brindaría el estudio del patriotismo criollo secunda la búsqueda por los orígenes de una coyuntura, a causa de la impresión de una verdad histórica que por ese mismo carácter resulta inalterable. El encuentro de esta verdad histórica es la búsqueda de una verdad fundada en el discurso, objeto de doble vía que funge como instrumento y efecto de una búsqueda en sí misma sesgada. Admite, pues, el desciframiento de la verdad inicial, aunque permita su ocultamiento posterior a través de la formulación de posibles historias (éstas sí veraces) sobre la historia. La indagación por los orígenes tropieza con una visión esencialista: no hay más que un origen primero e inequívoco que debe ser descubierto en su singularidad. Sin embargo, la inacabable búsqueda por el origen como lugar de la verdad parece afirmar la constitución de la verdad como invención. Vista como construcción y apropiación discursiva, la pregunta por el origen de la verdad vira, mejor, hacia el cuestionamiento de su procedencia, hacia la identificación de un conjunto de sucesos -sujetos a su dispersión propia- que tienen lugar dentro de las formaciones del nacionalismo mexicano como construcción discursiva. Estas marcas o sucesos que entrecruzan la complejidad de la formación, son inscritos en un estado de fuerzas, en el intersticio de un lugar de enfrentamiento que permite la aparición de la construcción discursiva, o lo mismo, la emergencia de la construcción nacional dentro de un período histórico particular, el período revolucionario y posrevolucionario, y en torno a objetivos distintos.. 4. Marco teórico-metodológico A continuación se define el enfoque arqueológico y genealógico del trabajo investigativo. Para ello, es señalada la interdependencia de las relaciones de saber y poder dentro del. 16.

(17) estudio de las condiciones de posibilidad discursivas, y presentadas las categorías teóricas y metodológicas englobadas por esa interdependencia inicial. A la emergencia de unas formas de gobernación de los hombres en el siglo xv, por las cuales estos últimos son gobernados a través de procedimientos y dominios variados se suma la asunción de una actitud crítica que rechaza unos modos particulares de gobernación: un no querer ser gobernado bajo unos objetivos y maneras precisas, lo que es también, distinguir los límites en el arte de gobernar y dudar de verdades establecidas bajo el soporte de una instancia de autoridad. En suma, si la gubernamentalización se propone la sujeción de los individuos a través de mecanismos de poder que suscriben una verdad, la crítica virará hacia el cuestionamiento de los efectos de poder de esa verdad manifiesta, y de esos discursos de verdad que el poder suministra (Foucault, 1995).. La crítica así definida, considera las posibles relaciones entre mecanismos de coerción y elementos de conocimiento: elementos que juegan en la formación de enunciados racionales, eficaces y socialmente válidos. La relación se sitúa entonces entre dos conceptos clave: el saber y el poder. Existen unos procedimientos y unos efectos del conocimiento aceptables en un determinado momento y dominio (saber), así como unos mecanismos particulares capaces de inducir comportamientos o discursos (poder). Estos conceptos son dependientes el uno del otro, un elemento de saber se convierte en tal en tanto procede de un conjunto de reglas y efectos de coerción, e igualmente, un mecanismo de poder necesita ser desplegado a través de una serie de procedimientos, medidas o instrumentos validados por unos sistemas de saber.. Este análisis del nexo saber-poder pretende la aprehensión de lo que constituyen las condiciones de aceptabilidad de un sistema, así como de las posibles líneas de ruptura o repetición que marcan su emergencia. La descripción de un sistema debe a su vez, considerarlo desde su carácter de acontecimiento, es decir, a partir de la noción de un presente singular desvinculado de su comprensión a través de la inscripción en un tiempo cronológico lineal. Lo propuesto es pues, en palabras de Foucault, una genealogía, es decir, un intento por la restitución de “las condiciones de aparición de una singularidad a partir de múltiples elementos determinantes, de los que no aparece como el producto sino como el 17.

(18) efecto.” (Foucault, 1995, p. 16). Valga decir, ¿qué condiciones permitieron la emergencia de un discurso sobre el nacionalismo mexicano?, específicamente, ¿qué estrategias y procedimientos de delimitación del discurso colaboraron para la institución de un discurso tal? De este modo, un diagnóstico del presente que encierra en sí mismo una actitud crítica ante distintas formas de gobernación, soportadas por la relación tripartita sujeto, saber y poder, debe atender a las condiciones de posibilidad de los sistemas, sin ánimo de explicar su emergencia y establecimiento a través de instancias de origen.. Sostenido por la hipótesis de que el discurso del nacionalismo mexicano es una configuración discursiva derivada de un conjunto de objetos, conceptos, modalidades enunciativas y estrategias, el trabajo se inscribe en el método arqueológico-genealógico foucaultiano. Se interesa, desde la perspectiva arqueológica, por las reglas de formación que han permitido la constitución de prácticas discursivas determinadas (Foucault, 2007a), mientras advierte, desde una perspectiva genealógica, que toda práctica posee una dimensión estratégica relacionada con el ejercicio de relaciones de poder: “[…] cuando Foucault habló de técnicas o de tecnologías se refirió siempre a la dimensión estratégica de las prácticas, es decir, al modo en que tales prácticas operan en el interior de un entramado de poder. Las tecnologías, diríamos, forman parte integral de la racionalidad de las prácticas, en tanto que son ellas los medios calculados a través de los cuales una acción cualquiera podrá cumplir ciertos fines u objetivos.” (Castro-Gómez, 2015, p. 37). El estudio de la perspectiva genealógica es apoyado metodológicamente por las categorías de procedimientos de delimitación discursiva y de estrategia, mientras la perspectiva arqueológica es abordada principalmente desde la categoría de formación discursiva. Los subcapítulos siguientes presentan el presupuesto teórico de las anteriores categorías, además de las precisiones metodológicas con las que se propone su aplicación: conceptos operatorios y cuadro de análisis.. 4.1 Definición de procedimientos intradiscursivos y de sistemas de exclusión del discurso El discurso, susceptible de ser construido bajo una serie de procedimientos que se direccionan al prevalecer de un discurso continuo y enteramente dado, puede ser limitado 18.

(19) por unos sistemas de exclusión externos al discurso, unos procedimientos de control y delimitación internos, así como por unas condiciones de utilización. La determinación y definición de los sistemas, procedimientos, y condiciones que intervienen en la configuración del discurso posibilitaría el conocimiento acerca de los objetos, conceptos, modalidades de enunciación y estrategias coadyuvantes a las formaciones discursivas del nacionalismo mexicano. Los anteriores procedimientos son expuestos y definidos de acuerdo con los presupuestos teóricos de El orden del discurso (Foucault, 1992).. Dentro del primero de los sistemas de exclusión que posiblemente participaría de la construcción del discurso que nos ocupa, se entrecruzan tres tipos de prohibiciones que delimitan las posibilidades de lo que puede ser dicho en relación al objeto de enunciación, a la circunstancia de formulación, y al derecho exclusivo del sujeto que habla. Así como puede ser restringido el uso de la palabra, ésta puede ser objeto de separación o rechazo: o bien se omite despojándola de cualquier interés, o bien el interés es exacerbado en torno a un halo de misterio o revelación, arbitrario y modificable, que condiciona regularmente la escucha. Estos mecanismos de separación y rechazo sirven al funcionamiento de una voluntad de verdad que dispone las formas en que ha de presentarse el conocimiento, así como la posición que debe asumir el sujeto conocedor para asirlo. Esta voluntad es desplegada por un soporte institucional y apoyada por las formas en que el saber es valorado y distribuido en la sociedad.. Los procedimientos de control y delimitación internos aluden a procedimientos que tienen lugar en el plano de lo enunciado, es decir, en la presencia de enunciados efectivamente formulados que ponen de manifiesto el retorno de un acontecimiento aparentemente novedoso (la exaltación de una figura heroica que había sido con anterioridad un objeto loable, por ejemplo), o que justifican el perfil y la coherencia de la obra a través de la identidad del autor. El principio de disciplina, último procedimiento interno, supone que el saber que configura una disciplina no procede de una conciencia, ni busca la validez del enunciado a través de su repetición, como lo hicieran los procedimientos anteriores. De hecho, está en disposición de ser direccionada de acuerdo a una posible utilidad: los objetos, métodos e instrumentos, responden a una especie de sistema que no delega su 19.

(20) validez o sentido a la conciencia creadora. Asimismo, en lugar de la repetición que legitima un saber, la disciplina parte de la posibilidad de formular nuevas proposiciones, por lo que puede afirmarse que la disciplina no se define únicamente en función de la veracidad de lo dicho, sino que sus proposiciones responden a un plan de objetos, a unos instrumentos conceptuales y teóricos, y a un horizonte teórico; condiciones que han de ser satisfechas para su integración dentro de una disciplina. Antes de considerarse verdadera o falsa, la disciplina debe atender a la verdad propia del discurso imperante, es decir, derivarse de unas reglas de formación discursivas determinadas. Así, la disciplina funciona como un control de producción discursiva, en donde la producción y reactualización de las reglas delimita aquellos enunciados pertenecientes a „la verdad‟.. Existen igualmente unas condiciones que restringen o habilitan la utilización de determinados enunciados. A través de tales condiciones le es impuesto al sujeto un conjunto de reglas cuyo cumplimiento determina el acceso irrestricto a ciertas regiones del discurso, de donde se sigue que quien no cumpla debidamente las reglas estipuladas, sea considerado un individuo no calificado para entrar en el orden del discurso (Foucault, 1992). Dos procedimientos pueden distinguirse dentro de las mencionadas condiciones. Primero, el intercambio y la comunicación como signos de una difusión de conocimiento restringida, debido a los requerimientos que implica la utilización del discurso, o lo mismo, la construcción de rituales que definen la cualificación que deben poseer los individuos para la formulación de un tipo de enunciados, o la ubicación en una instancia de enunciación particular. Segundo procedimiento, el secreto y la producción de discurso en un espacio cerrado que se propone la producción y conservación del discurso, dependiente de reglas particulares de distribución, o de apropiación del secreto y la no intercambiabilidad de las unidades discursivas, como lo que sucede con el discurso científico, el económico o el político.. 4.2 Estrategias y formaciones discursivas del nacionalismo mexicano El señalamiento a los procedimientos de delimitación internos y externos al discurso introdujo el análisis a los procesos de control del discurso. Se propuso, primero, advertir los principios de exclusión o de enrarecimiento del discurso, perspectiva crítica que responde a 20.

(21) la pregunta por qué procedimientos de delimitación del discurso participan en la construcción discursiva del nacionalismo mexicano. Segundo objetivo, este desde una mirada genealógica, definir las categorías de estrategia y formación discursiva, lo que permitirá la identificación de las estrategias que admiten la introducción de un determinado conjunto de enunciados en el discurso sobre el nacionalismo mexicano.. La propuesta metodológica, señalada con posterioridad a la definición de las categorías indicadas (acápite 4.2.2), precisará tanto los focos locales escogidos y el porqué de su selección, como las formas de identificación de los procedimientos de delimitación del discurso, y de las estrategias: el empleo de los criterios de caracterización de la función enunciativa para la identificación de los primeros; vinculación de disciplinas, y prácticas discursivas y no discursivas para la descripción de las segundas.. 4.2.1 Estrategias discursivas Las relaciones de fuerza o relaciones de poder que permiten la emergencia de determinados enunciados, son intencionales, aunque no subjetivas (Foucault, 2007b, p. 115), lo que indica que estas relaciones son ejercidas bajo objetivos específicos que no pueden ser identificados bajo la forma de un sujeto individual. Los fines perseguidos por estas relaciones de poder son orientados por estrategias de conjunto, a menudo implícitas, cuyo soporte reside en una serie de encadenamientos que aseguran la efectividad de la estrategia establecida.. El encadenamiento de tácticas es inscrito en una estrategia de conjunto que orienta su proceder, mientras esta última es apoyada por tácticas locales, de modo que exista entre estrategia y táctica un doble condicionamiento. Debido al carácter mudable de las relaciones de poder y saber articuladas dentro de tal andamiaje, las tácticas y las estrategias pueden responder a objetivos opuestos e incluso contradictorios, razón por la cual no hay un discurso dominante o un discurso excluido, sino elementos discursivos dispuestos en múltiples estrategias y objetivos (Foucault, 2007b). La conservación de la soberanía estatal o su alcance, se presentan como posibles objetivos, aunque no únicos, dentro de las estrategias que permitirían la formación de la construcción discursiva del nacionalismo 21.

(22) mexicano. Del mismo modo, si las relaciones de saber y poder no se encuentran sujetas a una relación vertical de poder entre discurso imperante/abatido, sujeto de poder/desposeído, se amplía la consideración de los focos locales, y se excluye la instancia del sujeto discursivo. No hay pues, una élite de Estado o una élite de minorías que origine la transformación de objetos tradicionales en símbolos patrióticos a través de la construcción de un discurso nacionalista; todo lo más, Estado y minorías populares serían afluentes en la determinación de las estrategias que participan en la construcción discursiva del nacionalismo mexicano.. 4.2.2 Formación discursiva Se entiende por discurso historiográfico, de acuerdo con Dellarciprete (2013), una construcción conformada, más que por la realidad histórica, por la propia enunciación, que sería en este caso su referente. El discurso como producto de procedimientos formales se inscribe en un ámbito puramente discursivo que se reconoce desde el documento histórico como „creación‟. De allí que se cuestione el tratamiento secuencial de los acontecimientos y la formación de unidades mayores –como la época- como “efecto de la elaboración, metodológicamente concertada, de las series” (Foucault, 2007a, p. 12), pues omiten las discontinuidades propias del devenir histórico. La pretensión de estudiar al discurso como unidad, y más que a éste, al enunciado como base de aquel, es también pretensión de considerarlo como acontecimiento partícipe de una apropiación y dispersión temporal: “Estar dispuesto a acoger cada momento del discurso en su irrupción de acontecimiento; en esa coyuntura en que aparece y en esa dispersión temporal que le permita ser repetido, sabido, olvidado, transformado, borrado hasta en su menor rastro, sepultado, muy lejos de toda mirada, en el polvo de los libros. No hay que devolver el discurso a la lejana presencia del origen; hay que tratarlo en el juego de su instancia.” (Foucault, 2007a, pp. 40-41). Lo anterior no reside en un análisis del sentido. Si bien el discurso no puede ser analizado a través de las unidades lingüísticas de la frase o la proposición -aunque el enunciado como modalidad propia de los signos y unidad primera del discurso, les dé lugar, adquiriendo así un carácter de visibilidad, pues hacerlo significaría indagar por la validez lógica o el sentido del enunciado; tampoco puede analizarse desde un análisis polisémico en el cual la. 22.

(23) formulación visible de las cosas dichas es precedida por una serie de significaciones ocultas, o aquello no dicho. Sin incurrir en ningún tipo de tratamiento interpretativo, la arqueología pretende un análisis descriptivo de aquello que efectivamente fue dicho, razón por la cual la pregunta de análisis está ligada más bien a la modalidad de aparición del enunciado, que a las formas de su ocultamiento. El enunciado debe aislarse del sistema de la lengua y el pensamiento, para ser estudiado a partir de sus condiciones de emergencia y posibilidad, o lo que es lo mismo, a partir de las reglas de su aparición y formación. Describir el enunciado desde el campo del discurso es a su vez, describir las relaciones que son susceptibles de formarse entre los enunciados. Mas, ¿qué es aquello que permite hablar de los enunciados como un grupo, y en esa misma medida, discernir las relaciones que los constituyen? ¿Qué elemento es capaz de articularlos en función de sus sistemas de dispersión? Se denominará formación discursiva a las regularidades (de transformación, correlación, orden) que logren establecerse dentro de un sistema de dispersión a través de los objetos, las modalidades discursivas, los conceptos o las elecciones teóricas. Las reglas de formación referirán las condiciones de existencia (coexistencia, conservación, modificación y desaparición) a las que se ven supeditados dichos elementos. Éstos, conforman un sistema de formación a partir de su relacionamiento en una práctica discursiva singular, es decir que existen relaciones de interdependencia entre los niveles del sistema, y en consecuencia, la ausencia o aparición de una modalidad enunciativa, un objeto, un concepto o una elección teórica -sin que importe sustancialmente su posición, pues sea inferior o superior a otro, el elemento resulta igualmente influyente, y autoriza la existencia de aquellos que, sea el caso, le preceden o le suceden- determina las condiciones de posibilidad de uno u otro tipo de elemento dentro del sistema. Así, el sistema de formación prescribe las relaciones en una práctica discursiva para dar lugar a un determinado objeto, concepto, modalidad enunciativa, o elección teórica. Lo anterior quiere decir que el objeto, sea éste un caso cualquiera, no es el elemento a partir del cual se define un conjunto de enunciados, sino que está constituido por la suma de esas formulaciones. Si se busca definir a la soberanía como objeto, no se ha de buscar en ella la 23.

(24) unidad del discurso sobre el nacionalismo, sino en el conjunto de enunciados que la nombran, la describen, la explican, etc. No basta tampoco con la definición de un objeto como base de la unidad del discurso; ¿se diría entonces que es la soberanía su constituyente pleno? ¿Qué sucede con el resto de conjuntos enunciativos que conformaron igualmente un objeto del nacionalismo? La individualidad del discurso tiene que ver con las relaciones de coexistencia de los distintos objetos que lo constituyen. Cosa semejante puede ser descrita con respecto a los conceptos, las modalidades enunciativas y las elecciones teóricas o estrategias. La descripción del campo enunciativo que es, en últimas, el objetivo propuesto: definir las condiciones en que se ejerce la función enunciativa, la cual da una existencia específica a una serie de signos (Foucault, 2007a), atiende a tres instancias discursivas: las prácticas discursivas, el apriori histórico, y el archivo. Las condiciones de ejercicio de la función enunciativa se ven entonces supeditadas por las prácticas discursivas, en tanto estas últimas refieren un conjunto de reglas históricas que determinan para una época determinada dichas condiciones de ejercicio, pero asimismo, la formación y transformación de estas prácticas discursivas depende del apriori histórico: las condiciones históricas de posibilidad, regulares y contingentes que hacen posible la existencia de un enunciado en un intervalo histórico determinado. “Al sistema general de aprioris históricos lo denomina Foucault el archivo. Éste es propiamente el objeto de la arqueología, pues precisa el régimen enunciativo del saber en una época dada” (Vázquez, 1995, p. 105); rige la aparición, conservación, reactivación y apropiación de los enunciados. Las relaciones entre los enunciados no existen pues de manera indeterminada, y si se acogen a las reglas de formación intrínsecas al discurso, es justamente en la medida en que estas reglas están rodeadas por condiciones y prácticas no discursivas que participan en la apropiación o asignación de funciones al discurso, delimitando su formación: En todo caso, el análisis de esta instancia [la de las elecciones teóricas o estrategias discursivas] debe mostrar que ni la relación del discurso con el deseo, ni los procesos de su apropiación, ni su papel entre las prácticas no discursivas, son extrínsecos a su unidad, a su caracterización y a las leyes de su formación. No son elementos perturbadores que, superponiéndose a su forma pura, neutra, intemporal y silenciosa, la reprimiesen e hiciesen hablar en su lugar un discurso disfrazado, sino más bien elementos formadores. (Foucault, 2007a, p. 112). 24.

(25) El encuentro de elementos (objetos, conceptos, modalidades de enunciación) incompatibles o contradictorios dentro de una misma estrategia discursiva, el tipo de relaciones establecidas entre discursos contemporáneos, o la apropiación del discurso por la designación de una serie de criterios mínimos de enunciación, son expresiones de un juego estratégico que delimita los enunciados posibles de acuerdo con unos principios de determinación como los expuestos (Foucault, 2007a, pp. 105-112). La delimitación interna y externa al discurso ejemplificada en tales principios, pone en discusión la procedencia de la formación discursiva del nacionalismo, así como las estrategias y las modalidades de establecimiento de estas últimas. Sin embargo, debido a la incapacidad de aprehensión de estas estrategias de otro modo que a través de las relaciones de saber que actualizan dichas relaciones de poder, el estudio ha de concentrarse en agenciamientos concretos (Deleuze, 1987, p. 64) como los llevados a cabo por el foco institucional y el foco artístico, y en específico por los enunciados formulados. La selección del tipo de texto artístico está vinculada a la amplia producción y difusión de la prensa política en el período revolucionario, y de la proyección cinematográfica en el período sucesivo. Como señalan Aurrecoechea y Bartra (1988), desde 1826 hasta finales del siglo XIX, con la introducción de la técnica del fotograbado, la caricatura política mexicana es esencialmente litográfica. El auge de la litografía comercial de imitación norteamericana, difícilmente política durante el período porfirista, contrasta con la propaganda política producida con el alza de los partidos de oposición. La asociación entre periódicos de información y de entretenimiento y partidos políticos, lo mismo que las subvenciones destinadas, disputan la legitimidad de los sujetos y acciones de gobierno.. Para la década de 1920, las imágenes que se identificarían con la representación de lo nacional, son objeto de promoción de los medios de comunicación: “Gracias al teatro de revista y las carpas y más tarde la radio, el cine y la historieta, se transforman en arquetipos y cobran trascendencia y legitimidad cultural, imágenes artificiosas pero aceptadas y reconocibles como el „payo‟ o „charro‟, que sintetiza y unifica arbitrariamente la diversidad campesina del país […] Muchas de estas imágenes existían ya cuando menos desde el siglo xix, pero durante los años veinte y treinta son promovidas por los nuevos medios masivos y se fijan definitivamente en la cultura popular como representaciones emblemáticas de lo „mexicano‟.” (Aurrecoechea y Bartra, 1988, p. 186). 25.

(26) El texto institucional, segundo foco local, comporta un empleo orientado a la satisfacción de las relaciones internas y externas a la razón de Estado. Procura el sostenimiento de las relaciones diplomáticas y de las libertades de orden individual, regulando aunque no restringiendo las latentes manifestaciones de oposición. Los textos institucional y artístico conforman núcleos difusos de poder y de resistencia, en donde son superpuestos y enfrentados procedimientos de configuración del discurso, lo que permite concentrar el estudio en focos locales que suponen al discurso como un objeto de control, distribución, y deseo (Foucault, 1992).. Los focos locales, puntos nodales de despliegue estratégico, son aquí relacionados con documentos institucionales y documentos artísticos, es decir, los documentos institucional y artístico se definen como instituciones materiales (Foucault, 2007a) en que convergen técnicas de saber y de poder, y especialmente, como órdenes en los que puede ser identificado el enunciado en sus posibilidades de reinscripción o transcripción. La definición de bajo qué nociones es referido lo nacional no es base anterior a la revisión documental; por el contrario, los enunciados de análisis de lo nacional han de ser identificados desde su materialidad repetitiva: “En lugar de ser una cosa dicha de una vez y para siempre –y perdida en el pasado como la decisión de una batalla, una catástrofe geológica o la muerte de un rey-, el enunciado, a la vez que surge en su materialidad, aparece con un estatuto, entra en unas tramas, se sitúa en campos de utilización, se ofrece a traspasos y a modificaciones posibles, se integra en operaciones y en estrategias donde su identidad se mantiene o se pierde.” (Foucault, 2007a, p. 177).. El no establecimiento de categorías iniciales o anteriores a la revisión de los datos, permite la observación de los documentos al nivel mismo del enunciado. Mas, situar la unidad de estudio en el nivel discursivo, no se aleja todavía de la consideración del enunciado como una forma cargada de sentido. En La arqueología del saber (2007a), al definir el carácter de la función enunciativa, Foucault señala cuatro elementos que permitirían la distinción de esta función con independencia de las formas lingüísticas que atraviesa. Estos elementos que bien pueden entenderse como criterios de definición del enunciado, pueden ser retomados en función de su afinidad con los procedimientos internos y externos al discurso al presentarse como conceptos operativos para su identificación.. 26.

(27) El campo adyacente al enunciado permite la identificación de un conjunto de formulaciones que acompañan la aparición del enunciado, adscribiéndole posibilidades de transcripción o modificación. La selección de tales formulaciones permitiría la descripción de los posibles objetos o conceptos que participan del entramado discursivo, y el modo en como la relación establecida entre las formulaciones admite la existencia u omisión de un enunciado particular. Tal configuración que parece situarse únicamente desde el nivel enunciativo, es formada igualmente por un campo de utilización sobre el que descansan los enunciados, relativo al uso y manipulación estratégica de estas unidades así como a las formas de apropiación del enunciado (Foucault, 1992). La identificación de estos procedimientos de delimitación internos y externos al discurso ha de considerar, por último, las reglas de existencia o el correlato que hace posible las relaciones o elementos asociados a un mismo enunciado, y las modalidades enunciativas, o modos por los que el hablante puede formular determinados enunciados: el estatuto otorgado, el ámbito institucional al que es inscrito, o a la posición del sujeto dentro del enunciado (de interrogación, declaración, orden).. La tabla de clasificación utilizada para la organización de los enunciados, retomará los siguientes criterios:. Cuadro 1 Criterios de clasificación de la función enunciativa ENUNCIADO Cita del enunciado seleccionado. CAMPO ADYACENTE. Campo de aparición y circulación del enunciado: formulaciones en que se inscribe o que refiere el enunciado.. CORRELATO. Reglas de formación de enunciados asociados.. MODALIDAD ENUNCIATIVA. Condiciones de existencia de la modalidad: estatuto, ámbito institucional, posición del sujeto en relación con el enunciado.. CAMPO DE UTILIZACIÓN. Apropiación del enunciado: asignación de funciones dentro de prácticas no discursivas; reglas de empleo.. 27.

(28) El enunciado sobre lo patriótico es inscrito en un conjunto de enunciados previos, como la participación del pueblo de su soberanía, o de enunciados actualizados como el de „Sufragio efectivo, No reelección‟ (campo adyacente). Estas formulaciones asociadas participan de unas reglas de existencia (correlato): ¿qué relación permite la vinculación de símbolos, actitudes y deberes con el enunciado de lo patriótico?; así como de unas instancias específicas de enunciación (modalidad enunciativa): ¿quién y bajo qué sustento institucional o de saber puede formular lo patriótico? Por último, qué estrategias permiten la identidad o la variación del enunciado (campo de utilización): ¿difiere la identidad de lo patriótico si es relacionado con atributos del pueblo o con la instancia de autoridad política que lo enuncia? ¿es la descripción de la dimensión cualitativa o cuantitativa del territorio una de las reglas de empleo del enunciado?. La identificación del funcionamiento a través del cual son dirigidos los focos locales, redunda en la descripción de las estrategias. Es a través de la caracterización de dichas estrategias como es posible advertir cuál es la técnica ejercida por el foco local, cuál es la intervención de una disciplina en la configuración de los procedimientos de delimitación del discurso, o cuáles las elecciones discursivas de prácticas económicas o políticas. La descripción de las estrategias en que se inscriben los focos tácticos de saber-poder, se dirigirá a la identificación de:. 1. Disciplinas que participen en el funcionamiento de focos locales. La utilización del saber, particularmente vinculado a un umbral de cientificidad; 2. Prácticas no discursivas de formación del discurso, y relativas al funcionamiento de los mecanismos de seguridad (diplomático-militar y de policía); 3. Articulación de formulaciones –o enunciados delimitados- derivadas de los focos locales, y disposiciones de saber (1) y poder (2).. 5. Marco conceptual Los acápites siguientes, relacionados con los conceptos de nacionalismo y razón de Estado, presentan la estructura conceptual en la que se inscriben las categorías de estrategia y foco 28.

(29) local, es decir, sitúa el análisis de las categorías metodológicas y su vinculación, en tanto que categorías operativas, al estudio de producciones discursivas afines al cumplimiento de objetivos estratégicos relacionados con prácticas de gobierno y dinámicas de orden nacional. La definición de nacionalismo tiene origen en la revisión de algunos paradigmas y teorías enfrentados sobre la base de la definición de los rasgos de identidad nacional, y de la precedencia de la nación a la constitución del Estado moderno. La exposición concluye con algunas consideraciones sobre los conceptos de nación y nacionalismo; última noción acerca de la cual se matiza la participación del sujeto como origen discursivo, y se subraya al núcleo de poder como instancia de análisis. Por lo que toca al concepto de razón de Estado, son expuestos sus orígenes lo mismo que sus objetivos y los mecanismos que bajo la dirección de la razón de Estado se proponen llevarlos a cabo. Esta ilustración precisa los posibles alcances de los objetivos estratégicos de gobierno en la delimitación de las formaciones discursivas sobre el nacionalismo mexicano.. 5.1 Nacionalismo Ni despertar de un adormecimiento histórico ni condición inherente a una cultura, el nacionalismo, ya lo decía Gellner (2008), no posee un carácter universal ni es producto de la conjunción de meros „accidentes‟ históricos, pero necesita de una dirección institucional básica que lo lidere: el Estado. Fuera de las condiciones de homogeneidad cultural que ha de garantizar un gobierno centralizado y que precisa la sociedad industrial para su funcionamiento, no puede hablarse de nacionalismo. Este último no es más que la consecuencia de la organización social propia de la sociedad industrial, y sin convertirse en objeto de una homogeneidad impuesta, es la expresión de la necesidad objetiva de la homogeneidad. El nacimiento del nacionalismo tiene lugar dentro de las exigencias estructurales de la sociedad industrial. La organización de esta sociedad y su funcionamiento sólo puede ser garantizada si existe una homogeneidad cultural –en términos de la construcción de una población móvil, alfabetizada, y culturalmente estandarizada- y ésta a su vez, es posible 29.

Figure

Figura 1. Categorías teóricas y categorías metodológicas
Figura 2. Heráldica modernista. El Ahuizote Jacobino, 3 de abril, 1904, Núm. 12, página 192
Figura 3. La cucaña reeleccionista.
Figura 4. Un recurso.
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Referencias

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