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Concepción sin voz, otra víctima de la violencia

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CONCEPCIÓN SIN VOZ, OTRA VÍCTIMA DE LA VIOLENCIA

LAURA MARÍA SANTISTEBAN NIÑO

TRABAJO DE GRADO PARA OPTAR EL TÍTULO DE COMUNICADORA SOCIAL Y PERIODISTA

DIRECTOR

DANIEL GUILLERMO VALENCIA NIETO

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE COMUNICACIÓN Y LENGUAJE

COMUNICACIÓN SOCIAL

BOGOTÁ

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Bogotá, D.C., 30 de noviembre de 2012

Profesor

JOSÉ VICENTE ARISMENDI Decano académico

Facultad de Comunicación y Lenguaje Ciudad

Respetado señor:

Formalmente hago entrega del trabajo de grado de la estudiante LAURA MARÍA SANTISTEBAN NIÑO, quien se identifica con la cédula de ciudadanía Nº 1.1018.416.843 de Bogotá, el cual se titula: Concepción sin voz, otra víctima de la violencia.

El trabajo cumple con los requisitos teóricos y metodológicos suficientes para ser aprobado por mi parte, como director del mismo, además de la suficiencia profesional junto con la constancia y responsabilidad que Laura María Santisteban Niño mostró en el desarrollo de la investigación.

Cordialmente,

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Bogotá, D.C., 30 de noviembre de 2012

Profesor

JOSÉ VICENTE ARISMENDI Decano académico

Facultad de Comunicación y Lenguaje Ciudad

Respetado señor:

A continuación le presento mi trabajo de grado titulado Concepción sin voz, otra víctima de la violencia, el cual desarrollé dentro del campo periodístico para optar el título de Comunicadora Social con énfasis en Periodismo.

Atentamente,

Laura María Santisteban Niño

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Reglamento de la Pontificia Universidad Javeriana

Artículo 23

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TABLA DE CONTENIDO

PÁG.

INTRODUCCIÓN 1

Contextualización de la violencia en Santander 5

Violencia bipartidista 5

Los inicios de las FARC y el ELN 6

Las AUC 9

Actuación de los grupos armados ilegales en la Provincia de García

Rovira 11

Concepción sin voz, otra víctima de la violencia 14

Contextualización 14

Crónicas 17

El miedo alcanzó para todos, tras el asesinato de ‘Calca’ 17

Una factura por otra 23

Primero conferencias, luego muertos y bombardeos 29

CONCLUSIONES 37

BIBLIOGRAFÍA 42

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INTRODUCCIÓN

Entenderemos el conflicto armado como la confrontación entre las Fuerzas Militares del Estado y las agrupaciones armadas ilegales, que con relativa unidad de mando, justifican su actuar por la necesidad de una transformación política, social y económica del país, así como entre estos y las fuerzas contrainsurgentes.

La provincia de García Rovira es la más aislada del departamento de Santander; allí se evidencia el desconocimiento y el abandono que el Estado ha mantenido por años con esta región y la marginación por parte mismo, que en consecuencia trajo consigo la violencia armada permanente por parte de grupos que operan al margen de la ley.

Por su ubicación estratégica, el territorio ha sido cuna de los grupos armados ilegales y por ende, víctima de múltiples hechos violentos a lo largo de los años, y no ha habido una voz que narre estas historias, lo cual implica que no haya una memoria de los hechos, ni de cómo lo vivieron sus pobladores.

El conflicto armado en la provincia de García Rovira se desarrolla mediante masacres masivas, atroces e innecesarias. Este trabajo pretender tratar el tema de la violencia en Colombia, circunscrita a un departamento como Santander, cuya historia de hechos violentos es casi dar por connatural el ánimo guerrerista de un pueblo que se convierte en objetivo mezquino de grupos alzados en armas, cuya actitud se ve reflejada en el asesinato de civiles, masacres, extorsiones y demás delitos que atentan contra los Derechos Humanos.

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Tanto la presencia de la insurgencia, como la de los grupos paramilitares, y la confrontación de las fuerzas armadas con la guerrilla de la zona, desestabiliza los asentamientos sociales que conllevan a que esta población encuentre como solución desplazarse a otros territorios del país. Adicionalmente, contribuyen a que el índice de violación a los Derechos Humanos aumente, tanto como la pobreza y la marginación de los habitantes.

Por ende, en Colombia muchas comunidades urbanas y rurales son el resultado de migraciones internas vinculadas con diferentes etapas de conflicto armado que ha caracterizado la historia nacional.

Pese a su prolongación en el tiempo y a su expansión territorial, la guerra en el departamento únicamente es el reflejo del fracaso de sus protagonistas (guerrilla, paramilitares y Estado), según el informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas.

Por tantos años de conflicto que han cobrado la vida de muchos pobladores, es preciso preguntarse ¿Por qué en Colombia, y en la Provincia de García Rovira, el conflicto armado persiste en el tiempo? ¿A qué está atada nuestra guerra? ¿Sobre qué bases se podría poner fin a la guerra interna en la Provincia? ¿Cuáles, en fin, podrían ser las claves de una paz definitiva?

Ahora bien, teniendo en cuenta esta problemática tan compleja que ha marcado la historia del país y que además ha afectado a miles de colombianos, surge la idea de realizar este trabajo, pues es el resultado de un compromiso que nació cuando empecé a reconocer gran parte del territorio donde nací, y que en medio de los recorridos y encuentros con los pobladores de Concepción y sus alrededores, terminé siendo testigo de sus memorias.

Todo comenzó como un sueño adolecente que fue madurando hasta convertirse en una obligación, tanto personal como profesional. Sin embargo, este no es el producto final de una meta propuesta, es apenas el inicio; pues las siguientes historias son el panorama del conflicto armado en el municipio de Concepción que dejó huellas imborrables en los pobladores.

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pueblo que, en algún momento, parecía fantasma; sino que arrasó con los sueños y las esperanzas de muchos que allí habitan, e instauró la cultura de la venganza y el terror.

Entonces, ante los oídos sordos de un gobierno nacional (como lo reconocen en gran parte los habitantes de Concepción y de la Provincia de García Rovira), y el desconocimiento de un conflicto que hace parte de la historia del país, surge la necesidad de plasmar las voces de aquellos que vivieron en carne propia las agresiones de las guerrillas y el paramilitarismo; ya que, luego de recurrir a varios textos en busca de información para conocer la historia de esta región, se pudo determinar que esa parte del territorio no tenía registros escritos y que las voces de los habitantes nunca se habían oído fuera del área afectada.

Asimismo, porque el país no se enteró de que la Provincia de García Rovira fue la cuna donde reposaron todos los grupos armados ilegales y que allí, así como en gran parte de Colombia, son jueces y ejercen ‘ley del monte’.

Es por esto que los campesinos, al ver una cámara, no dudaron en depositar en ella sus recuerdos y sus vivencias; pues son conscientes de lo que quieren: salir del anonimato.

De esta manera, es posible comprender que la historia de cada persona es una ficha faltante en el rompecabezas que falta en las memorias del país.

Las historias que se reconstruyen en este trabajo son las voces de sus protagonistas, porque solo así se puede conocer cómo se vivió el conflicto en esta región; desde los testimonios y los recuerdos de quienes lo vivieron.

Esas voces son el mejor recurso con el cual se puede conocer la vida de una persona y de una región; pues solo caminando y escuchando los testimonios de los protagonistas se puede conocer la verdadera historia que allí se resguarda.

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pobladores del municipio de Concepción esos años, en medio de fuego cruzado, secuestros, extorciones y asesinatos.

Para tal fin, se partió de una documentación previa sobre la violencia en Santander y luego, de un recorrido por los rincones del municipio de Concepción, Cerrito, Málaga y Capitanejo. Allí hubo encuentros con sus pobladores, largas conversaciones y reconocimiento del terreno donde vivieron sus historias.

Inicialmente, se pretendió registrar las consecuencias de las actuaciones de los violentos en cada uno de los municipios que conforman la Provincia de García Rovira; sin embargo, por la dimensión del territorio, se recopilaron tres hechos que reúnen y sintetizan el actuar de estos grupos. Además, se eligió como lugar de estudio e investigación a Concepción ya que allí, su área rural es amplia y las condiciones montañosas permitieron que las guerrillas se ocultaran en ese espacio. También porque ese municipio sufrió las consecuencias de los actos criminales de los tres grupos armados ilegales.

De esta manera, el lector encontrará en las siguientes líneas la historia de un joven, a quien apenas siendo un adolescente, los paramilitares lo privaron de seguir viviendo junto a su padre. Una historia que representa el sufrimiento de tantas familias desintegradas a causa de la violencia.

Luego, conocerá cómo fue la incursión de los primeros actores armados en el municipio de Concepción, desde donde operaban en toda la provincia de García Rovira, y finalmente; el testimonio de una familia que sufrió uno de los delitos más comunes de estos grupos insurgentes, la extorsión.

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1. Contextualización de la violencia en Santander

1.1 Violencia bipartidista

El gran estallido de la conocida violencia bipartidista que azotó a Colombia durante 1945 y 1965, fue el asesinato del líder político Jorge Eliecer Gaitán. Esta guerra se libró entre los dos partidos políticos, liberal y conservador, quienes se disputaban el poder por dirigir la nación. Durante este periodo, los colombianos vivieron una verdadera batalla en la cual se derramó mucha sangre, y marcó el futuro del país. Esta época fue una oleada de terror, violencia, caos, corrupción, inseguridad, cobardía, miseria y la desdicha de millones de seres humanos.

Gaitán promulgaba su simpatía con el ideal de vivir en un ámbito donde primara el bienestar colectivo y la libertad, pensamientos que chocaron con los conservadores, a tal punto que el 9 de abril de 1948 fue asesinado en el centro de Bogotá. Desde entonces este hecho es conocido históricamente como el ‘Bogotazo’.

De esta manera se ilustra la lucha entre los dos partidos políticos, quienes se disputaron el poder por gobernar en país, sin tener reparo en utilizar medios violentos para lograr sus cometidos.

La búsqueda del poder político consistía en implantar las ideas de cada partido en el gobierno del país, esto se conseguía cuando en el senado la mayoría de los personajes eran de determinado partido, de esta forma las decisiones que se tomaban eran aceptadas o denegadas por una mayoría. Esto ocurría durante toda la candidatura del presidente electo, el partido perdedor mientras tanto se sometía a las leyes impuestas. Debido a esto se empezó la lucha. (Lizarazo y Cueca, 2012)

Esta situación de violencia bipartidista evidenció más aún, con los choques electorales, acción política y militar, la formación de guerrillas, bandolerismo social y grandes temores.

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Este tipo de disputas han hecho que el departamento de Santander se caracterice por ser territorio donde se expresa la violencia, que ha hecho parte de la historia del país.

Esta violencia se extendió por toda la geografía nacional con una velocidad incalculable y justamente, con la guerra bipartidista se produjo una agresión contra los campesinos y sus familias, entonces es cuando estos comenzaron a armarse para defender a los suyos.

1.2 Los inicios de las FARC y el ELN

La Revolución cubana dio una dimensión continental a la lucha guerrillera colombiana, y nuevas perspectivas a los cambios en las Fuerzas Armadas operados después del Bogotazo, cuando volvieron a dedicarse de lleno al orden público interno. (Palacios, 2003, p. 261)

El surgimiento de estos grupos se puede determinar en dos etapas. La primera corresponde al periodo de 1949 hasta 1953, la cual tiene un carácter eminentemente defensivo que responde a la violencia oficial reaccionaria y a la violencia de los conservadores.

Y la segunda, desde 1954 hasta 1957, se desliga del conflicto entre liberales y conservadores y responde a problemáticas socio económicas, en la cual se inicia una lucha por el poder y el dominio del territorio. En este momento los intereses de los guerrilleros se amplían y ya no se conforman con autodefenderse sino que ahora pretender tener el dominio de sus pueblos a través de las armas.

A partir de ese momento, la mutación de las ideologías izquierdistas llega al deterioro que hoy vive el país. Dichas ideologías se han desdibujado tanto que ahora se habla de guerrillas delincuentes y terroristas.

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selvas y montañas, que hacen posible el asentamiento de grupos insurgentes. (Alape, 1985, p. 263)

Esta forma de lucha política, cuyo origen está diversificado en muchas causas conforma una tradición que por su continuidad, configura un proceso de carácter histórico.

Para Manuel Marulanda Vélez, Marquetalia simboliza el comienzo de la lucha guerrillera desde 1964, cuando el gobierno de Guillermo León Valencia ordenó la ocupación de ese territorio donde se originó el grupo guerrillero.

Mientras tanto, el ELN argumenta la conformación de su organización como el resultado de la maduración de las contradicciones de clase en la sociedad colombiana. Así como con la radicalización de la lucha de clases que se abrió paso a través de la violencia, donde la expresión del pueblo no encontraba otra salida. Estos son pensamientos que fueron impulsados y motivados por las ideologías de Camilo Torres.

En el departamento de Santander la violencia política se materializó durante el siglo XX, esencialmente en luchas entre liberales y conservadores, por el poder político y la participación. También en confrontaciones que encontraron su origen en diferencias religiosas, concepciones sobre modelos económicos y las formas de Estado.

Partiendo de la independencia, a lo largo del siglo XX, la violencia constituyó el único mecanismo para acceder al poder, designar jefaturas políticas y candidatos a la presidencia, y expresar el conflicto generado entre los poderes locales y el poder central. (Hernandez, 2003, p. 46)

Esta violencia fue eminentemente política, en términos de confrontación por el poder entre líderes políticos y los ejércitos que conformaban y dirigían militarmente. Esas confrontaciones, en un comienzo, no intentaban sustituir el sistema político, sino acceder a la participación burocrática.

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A lo largo del siglo XX, se destaca en el contexto nacional y regional, la continuidad de la violencia partidista, hasta mediados del mismo, cuando alcanza su máxima expresión; el surgimiento de nuevas dimensiones o modalidades de la violencia, y la emergencia y consolidación del conflicto armado interno, reconocido como el más antiguo del continente. (Hernández, 2003).

Dentro de las diversas modalidades de violencia que hacen presencia en Santander durante el siglo XX, se identifican:

 Violencia directa: la cual se expresa en las reiteradas confrontaciones armadas, propias del conflicto interno.

 Violencia estructural: que se materializa en la pobreza y marginalidad que viven los campesinos; la exclusión política y el alto índice de necesidades básicas insatisfechas.

 Violencia política: la cual se evidencia en la lucha por el poder, la resistencia armada, el ‘bandolerismo’.

Además se presenta violencia de tipo económico, cultural, por territorios y por narcotráfico.

Así pues, el departamento de Santander ha registrado la consolidación de actores armados ilegales, el crecimiento del conflicto armado y los ataques e impactos sobre la población civil. Por la tipografía, el territorio ha representado diversas expresiones del conflicto armado, de confrontaciones armadas entre grupos armados ilegales y las Fuerzas Armadas del Estado.

La consolidación de la insurgencia en el departamento de Santander se evidenció en el periodo comprendido entre la década de los ochenta y mediados de la década de los noventa del siglo XX.

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Desde finales de la década de los noventa, se registran expresiones del conflicto armado en Santander, que evidencia una contención a la expansión de la insurgencia reflejada en la pérdida del control de este grupo, en territorios de tradicional influencia, como Barrancabermeja. Pues se presenta una confrontación y disputa con las autodefensas, en algunos municipios de las Provincias de Vélez y García Rovira.

De esta manera, las autodefensas inician su expansión por las zonas que conforman el departamento.

1.3 Las AUC

El departamento de Santander ha registrado desde mediados de la década de los sesenta del siglo XX, bajo el amparo de la ley de Defensa nacional, la emergencia de diversos grupos de autodefensas, y durante las décadas de los ochenta y los noventa de la misma centuria, la expansión y consolidación de este actor armado en su territorio. (Vicepresidencia de la República, 200, p. 6).

El origen de las Autodefensas Unidas de Colombia está ligado como la crisis de gobernabilidad del Estado y la incapacidad de combatir la insurgencia. Pero también fueron una organización pagada por ganaderos para que velaran por la seguridad de sus propiedades y de ellos mismos, de tal forma que garantizaran el final de las extorsiones a las cuales eran sometidos por la guerrilla.

Las AUC se constituyeron en un actor militar y político en medio de esa contienda a mediados de los años noventa, oponiéndose a cualquier negociación entre el gobierno y la guerrilla, y frenando cualquier proyecto reformista que afectara el statu quo, en particular en el sector rural. (Romero, 2003, p. 35)

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narcotraficantes y esmeralderos, tal es el caso de Cimitarra. (Hernández, 2003, p. 53)

Su consolidación en el departamento data de mediados de los setenta y los ochenta del siglo XX, caracterizada por la conformación de estructuras aisladas en el territorio.

Su incursión se puede segmentar en tres periodos. El primero que se caracterizó por su capacidad ofensiva a principios de los años ochenta en Cimitarra; el segundo que comprende desde 1885 hasta 1995, donde las AUC avanzan hasta San Vicente de Chucurí y Camen de Chucurí, y la tercera, desde mediados de los años 90 hasta su desmovilización. En este último periodo lograron expandirse por casi todo el departamento.

En la Provincia de Mares, concretamente en el Magdalena Medio Santandereano, este actor armado emergió con gran capacidad ofensiva en 1980 donde se presentaron y se dieron a conocer como el MAS (Muerte a Secuestradores), grupo que se recuerda y se relaciona con el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria.

La primera estrategia de las AUC en la Provincia de Mares fue ejercer dominio territorial en las áreas que bordean Barrancabermeja, pero luego incursionaron en el municipio, a sangre y fuego, tomando posiciones donde la insurgencia dominaba anteriormente. Asimismo, fue su expansión por las demás regiones del departamento.

Finalizando la década de los noventa, en el 2000, este actor incursionó en la Provincia de García Rovira, Guanentina, Comunera, Soto y Vélez, y asumieron el control casi total, como actor armado dominante.

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2. Actuación de los grupos armados ilegales en la Provincia de García Rovira

La Provincia de García Rovira está conformada por 12 municipios que son: Málaga (su capital), Concepción, Cerrito, San José de Miranda, Carcasí, Enciso, Capitanejo, Guaca, Macaravita, Molagavita, San Andrés y San Miguel.

La principal actividad y fuente de ingresos de los pobladores es el cultivo de la tierra, la ganadería en pequeña escala, y el comercio informal. Sin embargo, estas costumbres se han visto afectadas a lo largo de los años como consecuencia de la presencia de grupos insurgentes y paramilitares en la región.

Al día de hoy, el municipio más desarrollado o donde fluye un poco más el comercio es Málaga, la capital de provincia. Este cuenta con sucursales bancarias, mayor número de colegios en comparación con los demás municipios, terminal de transportes, microempresas y es el lugar a donde llega todo el cultivo de las tierras aledañas para su venta.

Ahora bien, respecto al conflicto armado que ha vivido la Provincia, se puede identificar que así como lo registra el segundo informa de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación sobre la reintegración, las formas de actuar de los grupos armados ilegales en la Provincia de García Rovira, no distan mucho de las que efectuaron en otros territorios de la geografía nacional, así los escenarios de control social fuesen distintos, el tipo de violencia ejercida era la misma.

Los grupos armados ilegales que han emergido buscan reproducir escenarios de control represivo contra los pobladores, en especial contra comunidades rurales y urbanas donde concentran su acción y contra determinados sectores sociales y poblacionales.

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bombardeos hacia el casco urbano de los municipios y las sádicas masacres colectivas.

Además, estas agrupaciones ejercen control social y político con diferente intensidad. Se constituyen en poderes locales de facto, imponen reglas, atacan violentamente cualquier oposición o resistencia y aplican la llamada ‘limpieza social’. (Alape, 1985).

Según la Defensoría del Pueblo, el impacto se concentra contra comunidades más vulnerables, donde estos grupos utilizan el terror y la violencia como método de control social y como mecanismo para someter a la población civil, despojarlas de sus tierras, generar una nueva dinámica de poblamiento e imponer prácticas productivas y culturales que no son propias de las comunidades en su territorio.

Los ataques y las víctimas producidas por estos grupos no se limitan a los llamados ‘ajustes de cuentas’ ocasionados por sus propias confrontaciones, sino que la gran mayoría de las amenazas y muchos de los homicidios, desapariciones, atentados y desplazamientos forzados se han producido contra líderes comunitarios, campesinos, indígenas, sindicalistas, lideresas, opositores políticos, defensores de derechos humanos, integrantes de ONG y dirigentes sociales.

En la Provincia de García Rovira, de acuerdo a la Defensoría del Pueblo, estos grupos armados ilegales impiden la consolidación de las bases organizativas de las comunidades y los sectores sociales del ámbito popular, en especial de quienes realizan movimientos de exigibilidad de derechos. Por tanto, atacan sus liderazgos, procesos comunitarios de participación y, en particular, contra las víctimas, puesto que resultan ser ellas quienes exigen la restitución de sus tierras, la posibilidad del retorno y la atención de sus derechos.

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Dicho lo anterior, se puede determinar que el departamento de Santander se destaca por registrar elevados nivel de intensidad del conflicto armado. Durante 1987 y 1995, Santander ocupó el segundo lugar, después de Antioquia, en expresión de intensidad del conflicto armado; como consecuencia de su escalamiento por la convergencia de movimientos insurgentes y grupos paramilitares, según lo reportó la Oficina del Alto Comisionado para la Paz.

El conflicto armado se ha expresado en la Provincia de García Rovira, así como en el departamento, en dos dinámicas que comprende el dominio de un actor armado y el escalamiento o desarrollo del mismo.

Por parte de las guerrillas, en las localidades y zonas donde alcanzó su consolidación, ejerció de forma excluyente un control social, político y militar sobre la población civil, y realizó prácticas como la extorsión, el secuestro, el boleteo y los asesinatos selectivos.

Este es el caso de varios municipios como Concepción, El Cerrito, San José de Miranda y Capitanejo, los cuales fueron algunos de los más afectados y que vivieron cada uno de los crímenes mencionados.

El conflicto armado presenta diversos aspectos que lo caracterizan en la zona García Rovirense:

Uno de estos es cuando emergen grupos de autodefensa o incursionan, en localidades y zonas donde las guerrillas ejercían control anteriormente, y es entonces cuando este actor armado entra a disputarle a la insurgencia el poder y la influencia que alcanzó durante su consolidación.

Otro aspecto es cuando la fuerza pública realiza acciones contrainsurgentes, en zonas de dominio de la guerrilla, quedando la población civil atrapada en las sospechas de colaboración con el adversario o colocándose como objetivo militar. O en su defecto, soportando la violación de sus Derechos Humanos.

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Dicho lo anterior, es preciso apuntar que el conflicto que han soportado los pobladores de la Provincia de García Rovira, ha sido prolongado y que hasta hoy, se mantiene, en diferente escala y con la ausencia del ELN y las AUC, pero aún así se mantiene.

Asimismo, este ha sido un conflicto degradador de la sociedad García Rovirense por su prolongación, desarrollo y fortalecimiento dentro del territorio, y por utilizar a la población civil como una ficha para complementar su estrategia de guerra.

En consecuencia, bajo el aprovechamiento de los civiles, estos grupos logran desarrollar una economía basada en crímenes como la extorsión y el secuestro, y a su vez degradan y perturban el óptimo desarrollo económico del sector, coadyuvando así al aumento de la pobreza y a la disminución de oportunidades de crecimiento de esta comunidad.

Así pues, las pérdidas humanas, la ruptura del tejido social, las transformaciones culturales y demás dinámicas que construye una sociedad se ven afectadas por la cultura del terror y la venganza que estos grupos siembran en el territorio al cual invaden.

3. Concepción sin voz, otra víctima de la violencia

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Mapa de Concepción, Santander. Disponible en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Concepci%C3%B3n_(Santander)

El municipio de Concepción fue fundado en 1722 por Pedro José Angarita y José Manuel Cáceres. Está localizado en un terreno llano y despejado, con temperaturas de alrededor de 18°C. Concepción 686 km², y limita por el norte con el departamento de Norte de Santander y el municipio de Cerrito, por el sur con Málaga; Boyacá por el oriente, y San Andrés por el occidente.

El territorio es atravesado por los ríos Servitá y Sartanejo, y tiene aproximadamente 7.130 habitantes, de los cuales 2.508 pertenecen a la zona urbana y 4.625 a la rural.

Una de las características culturales que enorgullece a los pobladores del municipio es su reconocimiento como Capital Lanar de Colombia y porque aún conservan habitantes pertenecientes a la comunidad indígena de los Uwas.

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 Área urbana. Segmentada por barrios:

Santander, Los Olivos. El Centro, Miraflores, García Rovira, Los Alares, Bolívar, La Quinta, Las Villas, Villa Carolina, El Barranco.

 Área rural. Segmentada por veredas:

Centro Apure, Pichincha, Palacé, Bomboná, Ayacucho, Bárbula, Junín, Tenerife y Carabobo.

La vereda de Carabobo corresponde a una zona de páramo, en la cual se ha resguardado por más de 25 años la guerrilla de las FARC y el ELN. Esta se divide, a su vez en sectores:

Tabeta, Tanacuta, Nitaga, Río Colorado, Piedra Azul, Chamaca, Bajo Chamaca, Cueva Grande, Mojicones, Solón Wilches y Tamara.

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3.2 Crónicas

3.2.1 El miedo alcanzó para todos, tras el asesinato de ‘Calca’

Éibar Gustavo Hernández tiene 24 años y recuerda fielmente aquel diciembre de 2001 cuando, por razones desconocidas, le arrebataron a su papá.

Eso fue para un primero de diciembre. Yo estaba recuperando en el Instituto porque como el estudio nunca me ha gustado, me tocaba ir. Iba de sexto, hasta ahora. Mi hermano ya se había graduado y estaba por ahí en la casa, desocupado, como siempre. Mi papá, cuando eso, trabajaba para la Alcaldía manejando el Bulldozer, porque esas elecciones las había ganado Ciro Merchán y le dejó la máquina.

Era un jueves. Yo me acuerdo que la última vez que lo vi fue en el parque, ahí donde ‘Piña’. Él siempre se levantaba, se bañaba, se vestía y se iba para la calle; nunca se despedía de uno ni nada. Y ese día yo estaba durmiendo cuando me dijo:

 ¡Levántese!

Ahí me armó juego y todo.

Mi papá iba para la finca, para el Cucharito, a castrar y a vacunas unos toros con Willian ‘Mamarro’, don Hermes y su hijo. Yo bajé y me lo encontré en el parque y le dije que me diera para la gaseosa. Sacó dos mil pesos y me los regaló.

 Vaya porque va como tarde, me dijo.

Fue raro porque él a uno no le decía nada del estudio, ni de lo que pensara. Él decía: “ahí vera que hace con su vida… cada quien para su lado”. Y pasó así.

Me fui para el Instituto, era temprano, como las diez de la mañana. Yo estaba en coordinación. No me acuerdo que diablura había hecho y me llevaron para allá, cuando llegó Ramiro ‘Tachiboque’, que estaba estudiando todavía, y me dijo:

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 ¿Qué pasó, ‘Miro’?

 ¡Vamos! Mandaron un taxi para irnos para pueblo  ¡Uy! pero usted si esta botado. ¿Pagó un taxi?  Sí, vamos.

El hombre no me quiso decir nada, pero sí tenía una cara…

Y me insistió:

 ¡Vamos! ¡Vamos!.

Yo cuando eso estaba muy chino, por ahí pendejo. Tampoco analicé el porqué me trajo y no me dejó recuperar.

Y repitió:

 Vamos. Es que toca irnos ya.

Entonces no analicé la vaina y dije:

 ¡Ah, bueno! Entonces, vamos.

A mí se me hizo raro y cuando íbamos por el lado de la ‘zancarrona’ me dio como un recelito y pensé ¿qué pasaría? Eso fue que se jodió alguien porque para que le mande a uno carros es como ‘arrecho’.

Y le dije, allí en el puente:

 ¿Qué, qué pasó luego? ¿Quién se enfermó o qué?  No. Ahí que vino este taxi y lo convidé.

Y nos vinimos. Me dejó en el parque, en la caseta de don Hermes y se despidió:

 Ya vengo.

Volteó el cuerpo y se fue caminando hacia la alcaldía. El caso es que ahí estaba Adelso y Julio ‘Tachiboque’, el papá de Ramiro, y tenían esos ojos rojos de tanto llorar.

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 Nada, nada, nada.

Adelso no me quiso dar la cara, pero de todas maneras le pregunté:

 ¿Qué pasó, Adelso?

 En la alcaldía lo necesitan.

Me fui para allá, inocente. Por ahí ni pensar que…que…

Llegué y en el Concejo estaban mi mamá y mi hermano llorando.

 ¿Qué pasó, mamá?  A su papá le pasó lo peor.

Pensé, ¿lo peor? No, pues lo ‘pelaron’ porque qué más.

 Pero, ¿por qué? ¿Qué fue?, insistí.  Por allá en la finca lo jodieron.

Ahí estaba doña Elvira Villarraga y doña Jenny, las empleadas de la alcaldía, pasé por el lado de ellas y salí corriendo para la finca.

Salí ‘arriado’ de una vez porque mi papá había quedado en la finca. Iba que corría frente al puesto de policía, cuando subía Manuel ‘Cutada’ y le gritaron para que me atajara. Él se me atravesó, me agarró y me llevó otra vez para adentro.

Si no es por ‘Cutada’, salgo arriba a la finca y encuentro a mi papá, porque lo recogieron como a las tres de la tarde.

Luego, nos llevaron para el apartamento de don Romualdo, el ex alcalde, y nos encerraron porque todo el mundo pensaba que venían por nosotros también.

¡Todo el día allá metidos, asustados porque de pronto nos jodían!

Sobre eso nunca se supo a ciencia cierta, qué fue lo que pasó. Cuando mi mamá y mi hermano intentaron hablar con William, él solo se ponía a llorar y no quiso contar.

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 Ustedes ya bajaron y, ¿Gustavo?, preguntó.  Él se quedó.

 ¿Qué se quedó haciendo, si ese no se demora? Si acaso echa sal y ya, él no pone ni un ‘tinal’ porque paga para que le hagan todo y se viene.  No, él se quedó allá, repitió Hermes.

 Pero, ¿por qué se quedó?  Es que a Gustavo lo jodieron

Y de ahí, no sé quién se la llevó para la alcaldía.

A él lo mataron a la salida de la finca, cerca a una escuela, en toda la curva. La gente dice que fueron los ‘paracos’. Y tal vez, sí. Aunque no se sabe en realidad. Lo mataron y ahí se quedó.

Según cuentan, don Hermes fue el que soltó la boca, así medio, medio; porque a William ‘Mamarro’, usted lo cogía y le preguntaba, y eso se le desgranaban las lágrimas y no contaba, no contaba.

Él era muy amigo de mi papa, habían sido ‘cachas’ toda la vida. Entonces le dije a mi mamá, como dice el dicho: “no lo torturemos más”.

Yo sí tengo la intriga por saber qué pasó; pero ya, ¿a quién le pregunto?

Ellos venían saliendo de la finca. En el carro de don Hermes, se subió él y el chino. Y mi papá dijo:

 Yo me voy con ‘Mamarro’. Y se subió a la moto.

Cuando ya iban a arrancar, salieron cuatro manes; dos, por debajo de la alcantarilla, y dos, por la parte de arriba, y dizque gritaron:

 ¡Gustavo! ¡Gustavo!

Mi papá respondió:

 ¿Qué fue?

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Lo apartaron de los otros, como unos 100 metros, pero no se sabe qué le dijeron. Lo echaron por delante, y a los otros les tocó tirarse al piso.

 Al piso, gran hijueputas, les dijeron.

A mi papá como que le iban a pedir plata, pero también querían que se humillara, que se pusiera de rodillas y eso él no lo haría nunca; entonces, sacó la mano y se la templó a uno de esos.

De una le devolvieron el ‘tiestazo’ con dos tiro; uno en el pecho y otro en el oído. Cayó en toda la mitad de la carretera, lo arrastraron hasta la cuneta, le colocaron el lazo de cabecera y ahí lo dejaron botado, con el lacito que le tenía.

Los ‘paracos’ ya llevaban rato, pero por aquí casi no se sentían. Estaba en Capitanejo y en Enciso, pero al poco tiempo ya eran los que reinaban en todo esto, entonces eso es lo más seguro. ¡Eso es lo más seguro!

Aunque unos dicen también que era por envidia de la política, porque para ese tiempo habían ganado Ciro las elecciones. Eso no se sabe.

Después de que mataron a mi papá, los manes dizque iban a coger la moto de ‘Mamarro’ para llevársela, pero encender esa moto era con gallo, y le dieron pata pero no fueron capaces. Entonces, botaron ese tiesto para la mierda y se desaparecieron. No se sabe qué se hicieron. Eso fue lo que don Hermes contó porque de lo contrario, no sabríamos nada.

Porque también, a las profesoras de la escuela les dijeron que colocaran el equipo a todo volumen y se encerraran con los niños en el salón. Ellas no vieron nada.

Volví a ver a mi papá en la casa, ya en el cajón. No me dejaron ir al levantamiento y en el anfiteatro, tampoco pude verlo. Murió de 42 años.

Después de esa muerte, habían dicho que iban a seguir con el resto de la ‘gallada’, y todo el mundo a volar, porque qué más.

(31)

Mi papá nunca tuvo amenazas. Por ahí cuando era joven, como que le gustaba mucho la pelea, pero imposible que tuviera enemigos desde entonces.

Él nos daba todo. Yo estudie un año más y me retiré. Me puse a hacer lo que hago ahorita: ‘vaguiar’ porque qué más. -Éibar sonríe- Por ahí me pongo a arriar ganado y eso.

Mi hermano, al poquito tiempo empezó a negociar ganado, a comprar y a vender. Esa es la profesión de él.

Sin embargo, todo era un rollo completo porque a la finca no se podía ir. Pues se podía ir, pero el miedo no dejaba, porque imagínese que lo pelen a uno. El miedo alcanzó para todos. Nadie iba por allá. La finca duró abandonada como ocho meses.

Mi mamá fue la que se echó la cruz al cuerpo y se fue. Iba a ver qué pasaba y a recoger la poquita plata que había para pagar deudas. En ese momento, más de uno brincó aludiendo que mi papá debía. Les tocó aguantar y poquito a poco se fue pagando todo.

Desde esa vez, volvimos a ir a ver los tres animales que tenemos, pero eso ya no es igual. Sin embargo, decidimos mantener la finca, mejor dicho, los dos potreros que son lo único que nos queda.

A mi papá le gustaba la política. Ciro había ganado y se posesionaba el ocho de diciembre, pero él nunca estuvo porque lo mataron un primero.

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3.2.2 Una factura por otra

Después de varios años de violencia generada por el ELN y las FARC, llegaron a Concepción los paramilitares con ansias de sangre y dinero. Mataron cruelmente a quienes llamaban colaboradores de la guerrilla, extorsionaron y amenazaron a los que consideraban ‘con billete’.

Me gustaba ver el piso de mi casa brillante, por eso le echaba montones de cera, y justo ese día, un martes o miércoles, más o menos, estaba en mi oficio cuando un tipo, que nunca había visto, preguntó por mi papá. Quedé fría… Estaba segura de que era un ‘paraco’.

En el pueblo decían que esa gente era terrible, que eran muy malos. Yo los imaginaba tal cual los veía en las noticias: mandones, malgeniados, pero sobre todo, matones.

Alejandro Calderón y Marcela Flórez llevan 27 años de casados y tienen dos hijos, Mariana y Alejandro. Ellos nunca tuvieron la oportunidad de entrar a una universidad; sobretodo Marcela, a quién la guerra bipartidista la dejó huérfana de padre cuando apenas tenía 10 años, junto a sus siete hermanos.

Pero esta pareja de trabajadores incansables se propuso darles la mejor educación y formación académica a sus hijos, y emprendieron la lucha contra el desempleo que reina en su municipio, Concepción. Alejandro aprendió a trabajar en el comercio, comprando y vendiendo mercancía, y su esposa se dedicaba al hogar y a cortar pelo.

De esta manera, poco a poco, iban pagando los estudios de sus ‘chinos’, como les dicen normalmente, que para entonces estaban próximos a entrar a la universidad. Pero el panorama cambió con la incursión del paramilitarismo en el alejado municipio de Concepción, y más aún, cuando tocó las puertas de su casa, aquella época decembrina del 2002.

“Estábamos los dos con Alejandro, la primera vez”, asegura Marcela.

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-¡Ah, sí! El primero que llegó a buscarlo fue el bobo ese, el que trabajaba sacando cal en Málaga. Me preguntaba por Alejandro, que necesitaba yo no sé para qué, y yo le dije:

-Pero es que no está ¡Entienda! No está.

Con ese ‘malparío’ nos alcanzamos a agarrar porque me decía que yo lo estaba escondiendo y que si se le daba la gana se lo llevaba a la fuerza; recuerda Marcela, muy enojada.

Cuando yo llegué, Marcela me contó que habían ido por mí y esa tarde volvió a buscarme el mismo man, agrega Alejandro.

-¿Usted es Alejandro?, me preguntó en su segunda visita.

-Sí

-Lo necesita el comandante ‘Flechas’, de la organización, en la Bomba a las 4 de la tarde. Deme el número de teléfono.

-Y ¿para qué?

-Necesitamos hablar con usted.

De una vez se fue. Pasadas las 3 me llamaron para que no fuera porque no podían estar, pero me advirtieron que no me fuera a salir de la casa, que en el transcurso de la semana venían a buscarme.

Yo no comía, no dormía, era una sensación horrible y no entendía qué carajos estaba pasando. Sin embargo, tenía que actuar y ¿qué hice? Al otro día me fui con Marcela para Málaga; yo tenía una plata en el banco, la sacamos y la guardamos en la casa de mi suegra. Eran como 7 u 8 millones nada más, pero esos tipos miraban cuentas.

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Ya después fue cuando llegó el tal Flechas, como a los 8 días. Yo le di la mano y me preguntó:

-¿Esta casa es suya?

Y la miraba.

-No, es de una hermana.

Y dice Marcela: “el tal vez traía en la cabeza otra cosa. Pensaría que nosotros teníamos esto llenito de mercancía”. Y le dije:

-Señor, es que ni siquiera la casa es de nosotros.

Después supimos que la Peñaranda les había dicho que, mejor dicho, éramos ricos.

La Peñaranda, como dice Marcela, era una secretaria de la alcaldía municipal. Al parecer, y según muchos concepcioneros, una mujer un poco amargada y chismosa, que se relacionaba con el grupo armado de turno.

Un día que fui a Málaga, un amigo mío, al que le decimos ‘Manga Floja’, sí me dijo: “ojo que lo van a joder y la de eso fue Elvira Peñaranda”. Ella les había dado la lista de todos los que le vendían a la alcaldía; entre esos yo, que apenas estaba comenzando en ese negocio.

Cuando llegó el ‘Flechas’ a la casa estaba, mis hermanas, que había venido de vacaciones a visitar a mi mamá, apenas lo vieron, se fueron. Yo pensé ¡cómo son de hijueputas! Lo ven y me dejan solo.

-¡Uy, sí! Nosotros dijimos ¡cómo son de hijueputas! Sabían de la situación y nos dejaron ‘soliticos’, añade Marcela.

A Marcela ni la saludó, yo le di la mano, pero le vi semejante pistolón y ¡uy!, cuenta Alejandro.

Después me dijo:

-Usted es un testaferro.

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-Que usted le saca plata la guerrilla

-Eso es falso. Yo lo único que hago es comprar y vender. Le vendo al municipio.

Duramos como 10 minutos en esa conversación y finalmente me dijo que tenía que darle una plata a la organización.

-Y eso ¿cuánto?

- Treinta millones.

-Nooo, yo no tengo eso. Ni porque me dedique el resto de mi vida a trabar para ustedes reúno esa cantidad.

E insistía que eran 30.

-Un día de estos mando por ella.

Y volteó el ‘culo’ y se fue.

Ahí fue cuando yo le dije a Alejandro, digámosle a Ciro, el alcalde, que nos ayude. Y él fue el que habló con ese miserable, dice Marcela.

Todo pasó tan rápido. El tipo me volvió a citar y Ciro me dijo que él arreglaba eso. El caso es que después de ese encuentro, entre ellos dos, supe que la orden era grave y dura: si no daba la plata me mataban y mataban a los de mi casa.

Volvieron y me citaron a las 8 de la noche en un potrero, cerca al cementerio. Me tocó ir solo. Iba a llevar a la perra pero no me dejaron. Ellos fueron por mí. Yo me eché 2 millones de pesos en la pretina del pantalón y me puse la ruana.

Sentí mucho miedo. Creí que me iban a matar. Empezamos a hablar pero el comandante no se bajaba de los 30 millones. Duré como media hora tratando de que me rebajara pero él insistía en que sobre mí había información grave.

Sacó un radio y llamó a un tal ‘Douglas’, el matón más duro que había, y hablaban en cable. ‘Flechas’ le decía:

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-Pero el precio es el que ya se dijo y si no, hay que proceder, decía ‘Douglas’.

Yo no sé si sería matarme o qué. Después, apagó el radio y de una le dije:

-Mano, ¿pero a usted no le gusta la plata?

-Claro que sí

-Entonces yo le doy algo, pero bájele a la letra porque de verdad, toda esa plata no la tengo. Nunca me he ganado eso, tampoco he cobrado un cheque por 50 millones, como usted dice. Yo no puedo declarar toda esa cantidad.

-Usted cobró cheques por 70 millones

-El contrato más grande ha sido de 30 millones, la ley tampoco lo permite y yo no voy a caer en la trampa de los torcidos.

Me decía también que yo era colaborador de la guerrilla.

-No es sea colaborador, es que estamos bajo la ley de ellos y ahorita ya llegaron ustedes y nos toca bajo la ley de ustedes. Ya mañana ustedes se van, llegan otros y la misma cuestión.

Me recibió los 2 millones y me dejó claro que el resto se los tenía que dar en una semana. Quedamos en que serían 15.

-Y que no le vaya a faltar nada a esa cuota porque se agrava la situación, aclaró.

Pagué en tres contados. Ahí entregué el trabajo de un montón de años. Ahí se fueron las matrículas de mis hijos. Me salió caro retomar las noches de tranquilidad.

Cuando terminé de pagar todo me dijo:

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A mí también me había alertado Tito, mi amigo. Él había escuchado muchos comentarios en las oficinas de Cotrans, una empresa de transporte intermunicipal.

Pero a ellos nos les bastó con sacarme la plata. También fui su mensajero. Para ese entonces yo había comprado, en sociedad, un camión de carga con mi primo y nos tocó, durante un mes, recoger las ‘vacunas’ por todo el pueblo. Eso a todo el mundo le sacaron plata, hasta a un zapatero, como de a 10 mil pesos. Eso era una ‘chichigua’. Duro me tocó a mí y todo por mala información.

-Necesito una carrera, dijo ‘El Chulo’

-Sí señor, contestó el taxista

-Espéreme aquí que voy para donde un ‘hijueputa’ que tiene billete, agregó.

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3.2.3 Primero conferencias, luego muertos y bombardeos

Me llamo Ciro Borrero Maldonado y vivo en la vereda Bomboná. A mis 65 años, he sido concejal de Concepción dos veces y en esa época fue que nos tocó recibir a la guerrilla. Primero fue el ELN y después las FARC. Yo no me acuerdo de fechas, pero sí sé que fueron periodos durísimos. Por ejemplo, tocaba salir a las citas y ellos (el ELN) una vez hicieron un paro de ocho días.

Alberto Ríos llega a la casa de ‘Mono Ciro’, su amigo. Se sientan en el patio y empiezan a charlar de la poca gestión del actual gobierno municipal, el de Romualdo Reyes. De repente, Ciro mira hacia las montañas que están al otro lado del río Servitá, frente a su casa, y le pregunta a su visita:

-¿Usted se acuerda que de aquella loma era que le daban al pueblo?

-No, eso era más abajo.

-De aquí también, eso las lucecitas se veían brillar.

E inicia el recuento, de lo que para ellos, fue el infortunado inicio de los grupos guerrilleros en la zona.

Las conferencias

“Esos empezaron a aparecer en el gobierno de Alejandro Reyes y en el de Alejandro Mejía”, dice Ciro. Es decir, en 1990, aproximadamente.

La vez del paro estuvo ‘jodido’. Duró como una semana, sacaron a la gente del campo y la echaron para Bucaramanga a pie. El Comandante de los elenos era ‘Santander’, no sé cómo se llamaba, pero así se presentaba. Entonces, nos tocó llamar a la Gobernación de Bucaramanga para que vinieran porque no entraba comercio, ni nada, y hasta Málaga llevó del bulto porque para allá tampoco pasaba nada de comida, sobre todo. El caso es que de la Gobernación nunca hubo presencia y fuimos nosotros quienes dialogamos con Santander para que levantaran el paro, que en realidad, nunca entendí cuál era el objetivo. Hacerse sentir y notar, supongo.

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Íbamos al páramo, a Piedra Azul o Cueva Grande. Allá nos atendían en alguna casa o en las escuelas del páramo y nos daban unas conferencias. Me acuerdo de las primeras, cuando nos explicaron el porqué mataron a unas ‘peladas’ del pueblo.

-A ellas tocó ajusticiarlas porque se metieron con los policías, decían.

Y en eso sí tenían razón, aunque no para matarlas, pero es que llegan esos policías casados unas 3 o 4 veces y agarran de una vez a esas ‘tontas’, las dejan embarazadas, se largaban y por aquí ni volvían.

Los elenos cogían a la gente y le decían la verdad en la cara, en parte tenían razón.

En las conferencias nos hablaban de la oligarquía colombiana, todo lo más de comunismo y de ideologías leninista, aunque uno prácticamente no tenía mucho conocimiento de eso. Pero también nos daban la palabra para que dijéramos lo que quisiéramos.

Nos hablaban del petróleo y nos decían que acá venían los gringos y se lo robaban. Que teníamos que defender eso. Y que por la misma razón era que ellos se armaban, porque tenían que luchar por lo que le pertenecía al pueblo. Que era necesario amparar las riquezas del país

Yo ese día me paré y le dije a Santander, que era un tipo preparado:

-Vea, lo que pasa es que aquí en Colombia hay muchos ingenieros, pero esos no saben coger ni una válvula. En cambio, los gringos llegan y esos sí saben.

Yo vi cuando llegó un gringo en un avión, se bajó y se puso unos guantes. Nos fuimos a hacer una cerca, agarró una barra y empezó hacer unos huecos y nos enseñaba cómo era que se hacían.

-Entonces vea, le dije a Santander. Eso no lo hace un ingeniero colombiano y si los gringos están en eso, es porque saben.

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comandante que habláramos de hombre a hombre porque eso con armas, no. Ya el diálogo no es igual cuando un hombre está con fusil.

Otro tema que siempre tocaban, era el de los proyectos. En cada reunión, lo primero que preguntaban era sobre qué proyecto estábamos trabajando para presentárselo al alcalde y como nosotros no sabíamos hacer eso, entonces nos regañaban:

-¿Cómo así? Entonces, ¿qué diablos hacen ustedes? Esa es su labor, pasar proyectos para que arreglen las carreteras de las veredas, las alcantarillas, toda esa vaina que se necesita. La plata del pueblo es de ustedes, del pueblo.

Esas conferencias, como las llama Ciro, duraban un solo día e incluían las meriendas respectivas. Alrededor de las cinco de la tarde, los guerrilleros se encargaban de llevar nuevamente a los concejales hasta un punto donde pudieran conseguir transporte hasta Concepción. Normalmente, los dejaban en la entrada del municipio vecino, el Cerrito.

Los primeros que cayeron

Después se puso más dura la situación, cuando mataron al comandante Darío, que era oriundo de acá, de Concepción. Era yerno de Candela, un funcionario de la Caja Agraria. A él lo mató el Ejército en el páramo, más arribita del Cerrito. Darío se estaba cepillando los dientes en la casa de unos campesinos, porque a eso acostumbran; a llegar e instalarse y ¿quién les dice que no?

Pero la gente dice que cuando el Ejército llegó al rancho, Darío ya estaba muerto. Supuestamente lo mató el mismo compañero, un tal ‘Jimmy’. Ellos preferían un disparo de sus propios combatientes que de los otros. Es más, más de uno se tiró del puente ‘Mataperros’, que separa a Concepción del Cerrito, por donde pasa el río Servitá.

(41)

Los primeros muertos que dejó el ELN fueron los cuidanderos de mi finca de Mojicones, asegura Alberto.

Mojicones es un lugar muy alejado. Zona rural del municipio de Concepción que ha sido cuna de los dos grupos guerrilleros por sus facilidades para esconderse. Esta es un área totalmente natural, está en medio de la selva, prácticamente. Allí no hay carreteras, ni puentes, ni energía eléctrica.

-Mataron a Gumersindo y a Gabriel Carvajal, padre e hijo. Al ‘chino’, que tenía por unos 16 años, le gustaban mucho las armas. Entonces, cuando pasaba por ahí el Ejército se les pegaba y lo mismo hacía con los elenos. Al papá le alcanzaron a advertir, ellos mismos:

-Pilas con ese chino. Dígale que deje la ‘compinchería’ con esos manes.

Pero Gustavo no hizo caso, cuando su papá le transmitió el mensaje. El ELN llegó a su casa y se los llevó a los dos para un campamento. Ahí le hicieron la acusación al joven y decidieron que lo iban a matar. Los pusieron a los dos a cavar el hueco y el pobre viejo dijo:

-Si lo van a matar a él, a mí también me tienen que matar.

El hueco sirvió para los dos, recuerda Alberto.

Pero cuando empezó a llegar la guerrilla de las FARC, esos sí llegaron hechos unos arrechos y empezaron a desplazar a los elenos, rapiditico. Sin embargo, el ELN alcanzó a bajarse al comandante de las FARC, a un tal Rozo.

Los grandes temerarios: ‘La Flaca’del ELN y ‘Gumu’ de las FARC

Una vez hicimos un cabildo abierto y ahí llegó la nueva comandante del ELN, Yaneth, le decían ‘La Flaca’. Ella duro unos 2 o 3 años y murió en combate con el Ejército, en la vereda de Tabeta. Pero a esa vieja sí le tenían miedo, era muy estricta, muy rígida, muy matona. Esa decía que aquel que la cagara, la llevaba; recuerda ‘Mono Ciro’.

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encontré en la finca y allá duraron como unos diez días, luego pasaron y se instalaron en la de don Enrique Castellanos, agrega Alberto.

Pero esa nos ponía unas tareas medio jodonas, interviene Ciro. Una vez nos mandó a llevar unas matas de aquí para sembrarlas por allá arriba, y yo si me le arreché y le dije:

-Es que esto debería ser tarea del UMATA

Ahí me atreví a rezongar, pero donde Yaneth hubiera estado con el tal ‘Bateman’, me hubiera quedado calladito.

-¡Uy, sí! A ese man lo mataron en Capitanejo, pero era de los que si pasaban 8 días sin matar a alguien, se volvía loco. Él fue quien mató a William Niño Redondo, sobrino del ex contralor nacional, Rodolfo González. Dice Alberto. Y continúa narrando cómo fue la muerte del loco de las armas.

A él lo mató la policía. Lo venían persiguiendo porque acababa de matar a un taxista al que le decían ‘Chapa de Oro’, y se metió en unas arroceras, pero como estaban llenas de agua, no pudo correr y la policía le disparó.

Pero de los malos, malos; ‘Gumu’, continúa Alberto.

Yo venía ese día del campo con Fabio Gallo y en el Cucharito, una vereda de Concepción, cuando empezó una balacera entre el Ejército y ellos (las FARC). Esa fue una balacera pero ‘arrecha’, como a las 3 de la tarde.

El Gumu estaba enmarihuanado y borracho. Y eso usted lo viera. Era un bobo, un bobo, un bobo; es que ni para limpiarse las babas, dice cuenta Alberto, con cara de sorprendido.

En fiestas de Servitá se lo topaba uno, agrega Ciro.

Una vez me tocó ir a una cita con la guerrilla y allá fue donde lo conocí, y me pregunté ¿esta es la guerrilla? ¿Para qué le sirve un bobo de esos? Pero ¡ja!, la gente oía ‘Gumu’ y salía a volar.

(43)

noche, hora en la que estábamos medio entonados y contentos, empezaba Álvaro a decir:

-Bueno, para la casa

-Ahorita, no empiece a ‘joder’, le contestábamos.

-Ahí viene ‘Gumu’

Y todos hágala, recuerda Alberto y empieza a reír.

La vez que tuve que reunirme con ellos fue porque el hijo del cuidandero de la finca me había robado un toro. Era el hijo de don Moisés, se llamaba Raúl. Pero a él lo había mandado otro tipo y el chino vino y lo trajo al pueblo para venderlo.

Yo estaba durmiendo y vino a llamarme un muchacho que se llamaba Alfonso:

-Oiga, que allá en la plaza hay un toro, que ¿en cuánto lo da?

-Yo no estoy vendiendo nada

-Entonces fue que se lo robaron, respondió

El toro lo reconoció un señor y dijo “ese es de Alberto Ríos y él nunca trae animales al pueblo para vender”.

Yo nunca puse en conocimiento eso porque sabía que aquí no pasaba nada, entonces yo esperé que viniera el viejo, el papa, y le hice el reclamo, pero él estaba inocente de eso. Y lo volvieron a subir a la finca.

Después empezó la gente a criticarme, me decían que yo tenía ladrones metidos en la finca. Pasó el tiempo hasta que me mandaron llamar.

Me tocó ir al Cedro, una vereda. Había varios ‘guerrillos’, entre esos ‘Gumu’, quien me dijo:

-Si quiere amarramos a ese hijueputa y lo pelamos.

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Entonces me dijeron que los sacara de ahí. Y tuve que hacerlo porque si no el problema iba a ser para mí.

Siempre era así. Nadie acudía acá a la policía, ni mucho menos al juzgado. La ley era la del monte.

Por ahí robaban ganado, pero no era muy común y cuando empezó a llegar la guerrilla, a los primeros que mataron era esos ‘pícaros’. Sobre todo en el páramo, donde era tradición que entre vecinos se robaran.

Así fue como conocí al famoso ‘Gumu’. Ese hizo historia y más, cuando se robó 20 millones de pesos del Banco Agrario y salió como si nada de ahí, pasó por la estación de policía, bajó por el río y salió a la loma llevando la plata en un costal.

Lo contradictorio era que la guerrilla mataba a los ladrones, pero ellos después empezaron a robarse las cargas de los camiones, entonces eso terminó convirtiéndose en delincuencia.

Por esa razón, interviene Ciro, es que los que entendemos un poco, no les creemos nada. Terminaron saqueando a lo loco, cuanto camión pasaba por el páramo.

Los dos amigos, quedan en silencio durante un par de minutos. Alberto toma nuevamente la palabra y comenta:

Al principio querían ser ideólogos (el ELN); con la llegada de las FARC empezaron con las vacunas y ahí fue cuando mataron a Argemiro, el alcalde, porque él sí era de izquierda, de los tiraba piedra en Bogotá y no les ‘comía’. Es más, en varias oportunidades, cuando se lo llevaban, para el monte, él terminaba dándoles cátedra, les abría la mente porque ese sí sabía lo que significaba ser de izquierda.

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También, a matar a la gente en las calles, a cualquier hora y por chismes que nunca confirmaban.

La primera toma guerrillera de las FARC

Alberto es un hombre de 60 años, que nació y se crió en el campo, pero ahora vive en el casco urbano de Concepción.

La primera balacera, a la que le dieron al pueblo con todas las ganas, fue a las tres de la tarde, hace como unos 20 años.

Mis hijos estaba pequeñitos, tenían 3 y 4 años, y nos habíamos ido a caminar hasta el puente, con mi mujer, Nelly, la que nos cuidaba a los ‘pelados’ y ellos. En el trayecto, nos encontramos con unos siete tipos y más arriba, ya había otros cuantos disfrazados. De una vez, nos devolvimos. Alcanzamos a llegar a la casa cuando empezó la ‘fiesta’. Después le daban al pueblo cada 8 días.

Otra día yo venía de Mojicones y estaba oyendo música en la loma, ya llegando al pueblo, y vi aun man. Pensé que era Nelson ‘Babario’ que venía de trastear los terneros, cuando se acercó y ya le vi el fusil y dije ¡mierda, la guerrilla!

El tipo se me acercó y me preguntó:

-¿Usted tiene dónde quedarse por aquí?

-No.

Yo traía bolsa de duraznos y le di

-Es que vamos a echar plomo, toca que se regrese

-¿Para dónde diablos me regreso si no tengo a donde ir?

Y ahí ya llegó ‘Charuzo’, un guerrillero que era del pueblo, y me conoció

-Este ‘pingo’ ¿qué hace por aquí?

-Vengo de Mojicones.

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-‘Mano’, déjeme llegar al pueblo

-Le doy 15 minutos. La demora es mientras estamos en aquella loma. Hágale y no le cuente a nadie ¡a nadie!

Yo que hijuemadre, eso fue en bombas que llegué y al único que le dije fue a José ‘Chiquito’ que me lo encontré entrando al pueblo.

-“Guárdese, ‘Chiquito’”.

Y el viejo sí pescó el mensaje y salió a toda carrera.

Llegue a la casa, toqué y empezaron los primeros disparos. Lo primero que pregunté fue ¿los chinos? Y estaba adentro, porque esos se la pasaban en la calle jugando. Y empezaron con esa pistola que tiene patas y eche plomo.

Ellos cortaban la luz y siempre tenían unos carros más arriba en las carreteras para volarse, y ya.

Las FARC se adueñaron de toda la zona y desplazaron al ELN. Algunos de ese último grupo, se cambiaron de bando porque estaban aguantando hambre. Es que los primeros (ELN) sí daban risa porque si usaban camisa camuflada, no tenían pantalón y ni gorra. En cambio las FARC sí se veían bien ‘engallados’, hasta por el tipo de armas, uno se daba cuenta.

(47)

CONCLUSIONES

La historia de Colombia ha estado marcada por la violencia y el departamento de Santander fue uno de los territorios desde donde ésta se gestó, iniciando con la guerra bipartidista y luego, con la incursión de grupos armados ilegales como el ELN, las FARC y las AUC.

A pesar de que la Provincia de García Rovira hace parte del departamento, esta no cuenta con registros bibliográficos de los hechos violentos que vivieron y fueron víctima sus pobladores, a causa del conflicto armado, entre dichos actores y la fuerza pública; lo cual genera un desconocimiento y olvido de una población.

La violencia que se vivió en la región santandereana, se puede conocer desde las experiencias de los concepcioneros, pues en su municipio, ocurrieron tantos acontecimientos atroces, que de una u otra manera, se replegaron y se vieron afectados los pueblos aledaños. Además, por Concepción pasaron todos los grupos armados ilegales y hasta hoy, aún se convive con uno de ellos, las FARC.

Esta problemática, que lleva más de 25 años, según las narraciones de sus pobladores, tuvo varios matices.

El primer grupo guerrillero que hizo presencia en esta región fue el ELN, quien pretendió desempeñar un rol de ideólogo. No obstante, esta faceta no perduró ya que se dedicaron a delinquir y a cometer asesinatos. Por tal motivo, la población que en algún momento simpatizó con ellos, perdió toda credibilidad por sus actuaciones.

(48)

No obstante, el desconocimiento de la figura estatal se debió a la incapacidad de combatir la violencia y los actos terroristas que allí ocurrían. Pero, sobre todo, los habitantes del municipio de Concepción culpan al Estado por su abandono y desconocimiento.

Luego del ELN, incursionó la guerrilla de las FARC en este territorio, y se caracterizaron por ser aún más crueles y despiadadados. Con su presencia, el miedo y el terror se empezaron a apoderar de la población. Y con ellos se ratificó que la ley judicial no existía en el municipio; la que en realidad operaba era “la ley del monte”.

Las FARC es el grupo que se ha mantenido en la región por más tiempo, a pesar del desplazamiento temporal que vivió con la llegada de los paramilitares. Con ellos inició la modalidad de atacar el casco urbano a través de bombardeos. Todo por la lucha por el territorio.

Este objetivo lo lograron en los municipios de Cerrito y Capitanejo, pero no en Concepción. Por eso, han sido tan insistentes. Incluso, se pudo determinar que ese era su fin y para ellos debía debilitar a la policía con bombardeos constantes y cada vez, más fuertes.

Con la presencia de las FARC a la provincia de García Rovira, los pueblos se volvieron sumisos y vulnerables a sus actuaciones. Allí no había juez o entidad que tuviera más poder que ellos; poder que lograron gracias a las amenazas y asesinatos. De esta manera, lograron que muchas personas recurrieran a ellos para denunciar robos, inconvenientes con los vecinos y demás problemas que se presentaban en la comunidad, rural y urbana.

Debido al impacto generado por los actos terroristas de este grupo guerrillero, su nombre quedó grabado en la memoria de todos los habitantes. Asimismo, su reconocimiento como ente de poder se difundió con rapidez por la región.

(49)

Ese municipio presenta serios problemas sociales, que se agudizaron por la presencia de los actores violentos. Su desarrollo y crecimiento es mínimo y las posibilidades de tener una vida digna, con empleo, salud, educación de calidad, como mínimo, son prácticamente nulas.

Más adelante, hacía el año 2001 la situación de orden público empeoró con la aparición de las Autodefensas. El paramilitarismo, a diferencias de las guerrillas que operaban y vivían refugiadas en zonas rurales, se instaló en el casco urbano, de distintos municipios de la Provincia.

Asimismo, su modo de actuar distó mucho del de las guerrillas. Sus agresiones contra la población civil fueron más silenciosas y macabras. Las AUC fueron protagonistas de las torturas, las extorsiones y las amenazas.

También fue un aspecto distintivo, los espacios de acción de cada organización ilegal. A pesar de que todos ellos ejecutaron acciones delictivas en el área rural y urbana, las guerrillas; por su parte, se refugiaban en los campos del municipio, mientras que los paramilitares se instalaron en el casco urbano, donde eran identificados como tal y aún así, paseaban por las calles sin ninguna persecución por parte de la policía o el ejército nacional.

Los grupos armados ilegales han tenido mayor poder de decisión sobre la población de la región García Rovirense, que las figuras judiciales del Estado. Ellos fueron ‘los jueces’ que ajusticia con o sin motivos, de maneras sangrientas.

Finalmente, es preciso resaltar que las dinámicas de acción de los pobladores de la región se modificaron, luego de la presencia de los actores armados (ELN, FARC y AUC). El comercio disminuyó significativamente, pues si una familia cultivaba y comercializaba sus cosechas, fácilmente podía ser señalada como adinerada y posteriormente extorsionada. Por ende, era preferible comprarlo todo porque tener un poco de estabilidad económica podía ser motivo suficiente para los insurgentes secuestraran, extorsionaran y hasta asesinaran.

(50)

las costumbres de hacer visitas, de charlar sobre temas políticos o de pronunciarse ante alguna inconformidad, porque quien lo hiciese podría ser denunciado con la organización delictiva de turno y víctima de sus métodos de ajusticiar.

Respecto a la temática de crear memoria histórica como papel fundamental del periodismo sobre conflictos de gran nivel de afectación, se puede concluir que en la región no se evidencia una comunicación ni un interés por parte de los medios de comunicación con la ciudadanía, puesto que los registros bibliográficos sobre los hechos que han marcado la historia, tanto de la Provincia de García Rovira como de cada uno de los municipios que la conforman, son prácticamente nulos.

Por lo tanto, la responsabilidad del periodista de visibilizar a las víctimas como uno de sus papeles fundamentales, así como de investigar los hechos que afectan a la población, también se ven afectados a falta del oficio en esta región.

Con lo cual se impide que la historia del país cobre vida cuando a través de las memorias de sus víctimas se reconstruya, para conocer la verdad, o lo más cercano y fiel a ella, ese rompecabezas que conforma una historia de país, dentro del cual cada ficha es una pieza clave para formar el conglomerado que lo identifica como nación.

Sin embargo, la falta de garantías en el oficio del periodismo se puede identificar como una de las principales causas que generan la ausencia de la labor periodista en el territorio señalado.

(51)

Bibliografía

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Castro, G. 2011, Colombia amarga, Bogotá, Editorial Planeta Colombiana S.A.

Castro, G. 2011, El Karina, Bogotá, Editorial Planeta Colombiana S.A.

“Derechos Humanos” (2012) -en línea-, disponible en:

Gutiérrez, J. y Martínez, A. 1996, La Provincia de García Rovira. Orígenes de sus poblamientos urbanos, Bucaramanga, Ediciones UIS.

Hernández, E. 2003, Inocencia silenciada…Niñez afectada por el conflicto en Santander, Bogotá, Editorial Códice.

Referencias

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