• No se han encontrado resultados

Primero conferencias, luego muertos y bombardeos

3. Concepción sin voz, otra víctima de la violencia

3.2.3 Primero conferencias, luego muertos y bombardeos

Me llamo Ciro Borrero Maldonado y vivo en la vereda Bomboná. A mis 65 años, he sido concejal de Concepción dos veces y en esa época fue que nos tocó recibir a la guerrilla. Primero fue el ELN y después las FARC. Yo no me acuerdo de fechas, pero sí sé que fueron periodos durísimos. Por ejemplo, tocaba salir a las citas y ellos (el ELN) una vez hicieron un paro de ocho días. Alberto Ríos llega a la casa de ‘Mono Ciro’, su amigo. Se sientan en el patio y empiezan a charlar de la poca gestión del actual gobierno municipal, el de Romualdo Reyes. De repente, Ciro mira hacia las montañas que están al otro lado del río Servitá, frente a su casa, y le pregunta a su visita:

-¿Usted se acuerda que de aquella loma era que le daban al pueblo? -No, eso era más abajo.

-De aquí también, eso las lucecitas se veían brillar.

E inicia el recuento, de lo que para ellos, fue el infortunado inicio de los grupos guerrilleros en la zona.

Las conferencias

“Esos empezaron a aparecer en el gobierno de Alejandro Reyes y en el de Alejandro Mejía”, dice Ciro. Es decir, en 1990, aproximadamente.

La vez del paro estuvo ‘jodido’. Duró como una semana, sacaron a la gente del campo y la echaron para Bucaramanga a pie. El Comandante de los elenos era ‘Santander’, no sé cómo se llamaba, pero así se presentaba. Entonces, nos tocó llamar a la Gobernación de Bucaramanga para que vinieran porque no entraba comercio, ni nada, y hasta Málaga llevó del bulto porque para allá tampoco pasaba nada de comida, sobre todo. El caso es que de la Gobernación nunca hubo presencia y fuimos nosotros quienes dialogamos con Santander para que levantaran el paro, que en realidad, nunca entendí cuál era el objetivo. Hacerse sentir y notar, supongo.

Constantemente, nos mandaban a llamar, a nosotros los concejales, con un informante y nos decía que bregáramos a subir.

Íbamos al páramo, a Piedra Azul o Cueva Grande. Allá nos atendían en alguna casa o en las escuelas del páramo y nos daban unas conferencias. Me acuerdo de las primeras, cuando nos explicaron el porqué mataron a unas ‘peladas’ del pueblo.

-A ellas tocó ajusticiarlas porque se metieron con los policías, decían.

Y en eso sí tenían razón, aunque no para matarlas, pero es que llegan esos policías casados unas 3 o 4 veces y agarran de una vez a esas ‘tontas’, las dejan embarazadas, se largaban y por aquí ni volvían.

Los elenos cogían a la gente y le decían la verdad en la cara, en parte tenían razón.

En las conferencias nos hablaban de la oligarquía colombiana, todo lo más de comunismo y de ideologías leninista, aunque uno prácticamente no tenía mucho conocimiento de eso. Pero también nos daban la palabra para que dijéramos lo que quisiéramos.

Nos hablaban del petróleo y nos decían que acá venían los gringos y se lo robaban. Que teníamos que defender eso. Y que por la misma razón era que ellos se armaban, porque tenían que luchar por lo que le pertenecía al pueblo. Que era necesario amparar las riquezas del país

Yo ese día me paré y le dije a Santander, que era un tipo preparado:

-Vea, lo que pasa es que aquí en Colombia hay muchos ingenieros, pero esos no saben coger ni una válvula. En cambio, los gringos llegan y esos sí saben. Yo vi cuando llegó un gringo en un avión, se bajó y se puso unos guantes. Nos fuimos a hacer una cerca, agarró una barra y empezó hacer unos huecos y nos enseñaba cómo era que se hacían.

-Entonces vea, le dije a Santander. Eso no lo hace un ingeniero colombiano y si los gringos están en eso, es porque saben.

A veces se ponían de mal genio porque uno les decía que no le parecía alguna cosa y ellos de una vez mostraban el arma. Pero un día me tocó decirle al

comandante que habláramos de hombre a hombre porque eso con armas, no. Ya el diálogo no es igual cuando un hombre está con fusil.

Otro tema que siempre tocaban, era el de los proyectos. En cada reunión, lo primero que preguntaban era sobre qué proyecto estábamos trabajando para presentárselo al alcalde y como nosotros no sabíamos hacer eso, entonces nos regañaban:

-¿Cómo así? Entonces, ¿qué diablos hacen ustedes? Esa es su labor, pasar proyectos para que arreglen las carreteras de las veredas, las alcantarillas, toda esa vaina que se necesita. La plata del pueblo es de ustedes, del pueblo. Esas conferencias, como las llama Ciro, duraban un solo día e incluían las meriendas respectivas. Alrededor de las cinco de la tarde, los guerrilleros se encargaban de llevar nuevamente a los concejales hasta un punto donde pudieran conseguir transporte hasta Concepción. Normalmente, los dejaban en la entrada del municipio vecino, el Cerrito.

Los primeros que cayeron

Después se puso más dura la situación, cuando mataron al comandante Darío, que era oriundo de acá, de Concepción. Era yerno de Candela, un funcionario de la Caja Agraria. A él lo mató el Ejército en el páramo, más arribita del Cerrito. Darío se estaba cepillando los dientes en la casa de unos campesinos, porque a eso acostumbran; a llegar e instalarse y ¿quién les dice que no? Pero la gente dice que cuando el Ejército llegó al rancho, Darío ya estaba muerto. Supuestamente lo mató el mismo compañero, un tal ‘Jimmy’. Ellos preferían un disparo de sus propios combatientes que de los otros. Es más, más de uno se tiró del puente ‘Mataperros’, que separa a Concepción del Cerrito, por donde pasa el río Servitá.

Así bautizó la comunidad el puente porque efectivamente, desde ahí arrojaban los perros que no querían tener en sus fincas; pero después, ratificaron el nombre al ver cuando los guerrilleros se tiraban de ahí porque venían huyéndole al Ejército.

Los primeros muertos que dejó el ELN fueron los cuidanderos de mi finca de Mojicones, asegura Alberto.

Mojicones es un lugar muy alejado. Zona rural del municipio de Concepción que ha sido cuna de los dos grupos guerrilleros por sus facilidades para esconderse. Esta es un área totalmente natural, está en medio de la selva, prácticamente. Allí no hay carreteras, ni puentes, ni energía eléctrica.

-Mataron a Gumersindo y a Gabriel Carvajal, padre e hijo. Al ‘chino’, que tenía por unos 16 años, le gustaban mucho las armas. Entonces, cuando pasaba por ahí el Ejército se les pegaba y lo mismo hacía con los elenos. Al papá le alcanzaron a advertir, ellos mismos:

-Pilas con ese chino. Dígale que deje la ‘compinchería’ con esos manes.

Pero Gustavo no hizo caso, cuando su papá le transmitió el mensaje. El ELN llegó a su casa y se los llevó a los dos para un campamento. Ahí le hicieron la acusación al joven y decidieron que lo iban a matar. Los pusieron a los dos a cavar el hueco y el pobre viejo dijo:

-Si lo van a matar a él, a mí también me tienen que matar. El hueco sirvió para los dos, recuerda Alberto.

Pero cuando empezó a llegar la guerrilla de las FARC, esos sí llegaron hechos unos arrechos y empezaron a desplazar a los elenos, rapiditico. Sin embargo, el ELN alcanzó a bajarse al comandante de las FARC, a un tal Rozo.

Los grandes temerarios: ‘La Flaca’del ELN y ‘Gumu’ de las FARC

Una vez hicimos un cabildo abierto y ahí llegó la nueva comandante del ELN, Yaneth, le decían ‘La Flaca’. Ella duro unos 2 o 3 años y murió en combate con el Ejército, en la vereda de Tabeta. Pero a esa vieja sí le tenían miedo, era muy estricta, muy rígida, muy matona. Esa decía que aquel que la cagara, la llevaba; recuerda ‘Mono Ciro’.

Esa comenzó a ordenar los hostigamientos. Esa era una ‘caca’. Era de las que veía al Ejército y les peleaba, si le daban papaya les daba bala. Yo me la

encontré en la finca y allá duraron como unos diez días, luego pasaron y se instalaron en la de don Enrique Castellanos, agrega Alberto.

Pero esa nos ponía unas tareas medio jodonas, interviene Ciro. Una vez nos mandó a llevar unas matas de aquí para sembrarlas por allá arriba, y yo si me le arreché y le dije:

-Es que esto debería ser tarea del UMATA

Ahí me atreví a rezongar, pero donde Yaneth hubiera estado con el tal ‘Bateman’, me hubiera quedado calladito.

-¡Uy, sí! A ese man lo mataron en Capitanejo, pero era de los que si pasaban 8 días sin matar a alguien, se volvía loco. Él fue quien mató a William Niño Redondo, sobrino del ex contralor nacional, Rodolfo González. Dice Alberto. Y continúa narrando cómo fue la muerte del loco de las armas.

A él lo mató la policía. Lo venían persiguiendo porque acababa de matar a un taxista al que le decían ‘Chapa de Oro’, y se metió en unas arroceras, pero como estaban llenas de agua, no pudo correr y la policía le disparó.

Pero de los malos, malos; ‘Gumu’, continúa Alberto.

Yo venía ese día del campo con Fabio Gallo y en el Cucharito, una vereda de Concepción, cuando empezó una balacera entre el Ejército y ellos (las FARC). Esa fue una balacera pero ‘arrecha’, como a las 3 de la tarde.

El Gumu estaba enmarihuanado y borracho. Y eso usted lo viera. Era un bobo, un bobo, un bobo; es que ni para limpiarse las babas, dice cuenta Alberto, con cara de sorprendido.

En fiestas de Servitá se lo topaba uno, agrega Ciro.

Una vez me tocó ir a una cita con la guerrilla y allá fue donde lo conocí, y me pregunté ¿esta es la guerrilla? ¿Para qué le sirve un bobo de esos? Pero ¡ja!, la gente oía ‘Gumu’ y salía a volar.

Por ejemplo, a mí me gustaba irme a tomar unas cervezas con Eliecer Bello y con Arturo Peña, a la tienda de don Álvaro, y cuando eran por ahí las 7 de la

noche, hora en la que estábamos medio entonados y contentos, empezaba Álvaro a decir:

-Bueno, para la casa

-Ahorita, no empiece a ‘joder’, le contestábamos. -Ahí viene ‘Gumu’

Y todos hágala, recuerda Alberto y empieza a reír.

La vez que tuve que reunirme con ellos fue porque el hijo del cuidandero de la finca me había robado un toro. Era el hijo de don Moisés, se llamaba Raúl. Pero a él lo había mandado otro tipo y el chino vino y lo trajo al pueblo para venderlo.

Yo estaba durmiendo y vino a llamarme un muchacho que se llamaba Alfonso: -Oiga, que allá en la plaza hay un toro, que ¿en cuánto lo da?

-Yo no estoy vendiendo nada

-Entonces fue que se lo robaron, respondió

El toro lo reconoció un señor y dijo “ese es de Alberto Ríos y él nunca trae animales al pueblo para vender”.

Yo nunca puse en conocimiento eso porque sabía que aquí no pasaba nada, entonces yo esperé que viniera el viejo, el papa, y le hice el reclamo, pero él estaba inocente de eso. Y lo volvieron a subir a la finca.

Después empezó la gente a criticarme, me decían que yo tenía ladrones metidos en la finca. Pasó el tiempo hasta que me mandaron llamar.

Me tocó ir al Cedro, una vereda. Había varios ‘guerrillos’, entre esos ‘Gumu’, quien me dijo:

-Si quiere amarramos a ese hijueputa y lo pelamos. -No, no, no.

Entonces me dijeron que los sacara de ahí. Y tuve que hacerlo porque si no el problema iba a ser para mí.

Siempre era así. Nadie acudía acá a la policía, ni mucho menos al juzgado. La ley era la del monte.

Por ahí robaban ganado, pero no era muy común y cuando empezó a llegar la guerrilla, a los primeros que mataron era esos ‘pícaros’. Sobre todo en el páramo, donde era tradición que entre vecinos se robaran.

Así fue como conocí al famoso ‘Gumu’. Ese hizo historia y más, cuando se robó 20 millones de pesos del Banco Agrario y salió como si nada de ahí, pasó por la estación de policía, bajó por el río y salió a la loma llevando la plata en un costal.

Lo contradictorio era que la guerrilla mataba a los ladrones, pero ellos después empezaron a robarse las cargas de los camiones, entonces eso terminó convirtiéndose en delincuencia.

Por esa razón, interviene Ciro, es que los que entendemos un poco, no les creemos nada. Terminaron saqueando a lo loco, cuanto camión pasaba por el páramo.

Los dos amigos, quedan en silencio durante un par de minutos. Alberto toma nuevamente la palabra y comenta:

Al principio querían ser ideólogos (el ELN); con la llegada de las FARC empezaron con las vacunas y ahí fue cuando mataron a Argemiro, el alcalde, porque él sí era de izquierda, de los tiraba piedra en Bogotá y no les ‘comía’. Es más, en varias oportunidades, cuando se lo llevaban, para el monte, él terminaba dándoles cátedra, les abría la mente porque ese sí sabía lo que significaba ser de izquierda.

Los elenos no le quitaban nada a la gente del pueblo, ni de las veredas; de hecho, uno pensaba que por acá no iban a operar porque esta es una zona muy pobre, entonces ellos se limitaron a robar y las FARC a bombardear el pueblo para quedarse con el control absoluto y poder caminar por las calles del pueblo, como si fuera su casa.

También, a matar a la gente en las calles, a cualquier hora y por chismes que nunca confirmaban.

La primera toma guerrillera de las FARC

Alberto es un hombre de 60 años, que nació y se crió en el campo, pero ahora vive en el casco urbano de Concepción.

La primera balacera, a la que le dieron al pueblo con todas las ganas, fue a las tres de la tarde, hace como unos 20 años.

Mis hijos estaba pequeñitos, tenían 3 y 4 años, y nos habíamos ido a caminar hasta el puente, con mi mujer, Nelly, la que nos cuidaba a los ‘pelados’ y ellos. En el trayecto, nos encontramos con unos siete tipos y más arriba, ya había otros cuantos disfrazados. De una vez, nos devolvimos. Alcanzamos a llegar a la casa cuando empezó la ‘fiesta’. Después le daban al pueblo cada 8 días. Otra día yo venía de Mojicones y estaba oyendo música en la loma, ya llegando al pueblo, y vi aun man. Pensé que era Nelson ‘Babario’ que venía de trastear los terneros, cuando se acercó y ya le vi el fusil y dije ¡mierda, la guerrilla!

El tipo se me acercó y me preguntó: -¿Usted tiene dónde quedarse por aquí? -No.

Yo traía bolsa de duraznos y le di

-Es que vamos a echar plomo, toca que se regrese -¿Para dónde diablos me regreso si no tengo a donde ir?

Y ahí ya llegó ‘Charuzo’, un guerrillero que era del pueblo, y me conoció -Este ‘pingo’ ¿qué hace por aquí?

-Vengo de Mojicones.

-‘Mano’, déjeme llegar al pueblo

-Le doy 15 minutos. La demora es mientras estamos en aquella loma. Hágale y no le cuente a nadie ¡a nadie!

Yo que hijuemadre, eso fue en bombas que llegué y al único que le dije fue a José ‘Chiquito’ que me lo encontré entrando al pueblo.

-“Guárdese, ‘Chiquito’”.

Y el viejo sí pescó el mensaje y salió a toda carrera.

Llegue a la casa, toqué y empezaron los primeros disparos. Lo primero que pregunté fue ¿los chinos? Y estaba adentro, porque esos se la pasaban en la calle jugando. Y empezaron con esa pistola que tiene patas y eche plomo. Ellos cortaban la luz y siempre tenían unos carros más arriba en las carreteras para volarse, y ya.

Las FARC se adueñaron de toda la zona y desplazaron al ELN. Algunos de ese último grupo, se cambiaron de bando porque estaban aguantando hambre. Es que los primeros (ELN) sí daban risa porque si usaban camisa camuflada, no tenían pantalón y ni gorra. En cambio las FARC sí se veían bien ‘engallados’, hasta por el tipo de armas, uno se daba cuenta.

Desde entonces, se amañaron acá. Es que la ‘Concia’ es un vividero, definitivamente, puntualizan los amigos.

CONCLUSIONES

La historia de Colombia ha estado marcada por la violencia y el departamento de Santander fue uno de los territorios desde donde ésta se gestó, iniciando con la guerra bipartidista y luego, con la incursión de grupos armados ilegales como el ELN, las FARC y las AUC.

A pesar de que la Provincia de García Rovira hace parte del departamento, esta no cuenta con registros bibliográficos de los hechos violentos que vivieron y fueron víctima sus pobladores, a causa del conflicto armado, entre dichos actores y la fuerza pública; lo cual genera un desconocimiento y olvido de una población.

La violencia que se vivió en la región santandereana, se puede conocer desde las experiencias de los concepcioneros, pues en su municipio, ocurrieron tantos acontecimientos atroces, que de una u otra manera, se replegaron y se vieron afectados los pueblos aledaños. Además, por Concepción pasaron todos los grupos armados ilegales y hasta hoy, aún se convive con uno de ellos, las FARC.

Esta problemática, que lleva más de 25 años, según las narraciones de sus pobladores, tuvo varios matices.

El primer grupo guerrillero que hizo presencia en esta región fue el ELN, quien pretendió desempeñar un rol de ideólogo. No obstante, esta faceta no perduró ya que se dedicaron a delinquir y a cometer asesinatos. Por tal motivo, la población que en algún momento simpatizó con ellos, perdió toda credibilidad por sus actuaciones.

Inicialmente, el ELN pretendió inculcar en los concejales de Concepción, ideales de lucha, de inconformismo con las políticas establecidas por el Estado, y de rebeldía. Asimismo, se mostró como una organización que vela por los intereses de una comunidad; cosa que les funcionó, aunque por poco tiempo, porque los pobladores llegaron a creer más en ellos que las autoridades gubernamentales.

No obstante, el desconocimiento de la figura estatal se debió a la incapacidad de combatir la violencia y los actos terroristas que allí ocurrían. Pero, sobre todo, los habitantes del municipio de Concepción culpan al Estado por su abandono y desconocimiento.

Luego del ELN, incursionó la guerrilla de las FARC en este territorio, y se caracterizaron por ser aún más crueles y despiadadados. Con su presencia, el miedo y el terror se empezaron a apoderar de la población. Y con ellos se ratificó que la ley judicial no existía en el municipio; la que en realidad operaba era “la ley del monte”.

Las FARC es el grupo que se ha mantenido en la región por más tiempo, a pesar del desplazamiento temporal que vivió con la llegada de los paramilitares. Con ellos inició la modalidad de atacar el casco urbano a través de bombardeos. Todo por la lucha por el territorio.

Este objetivo lo lograron en los municipios de Cerrito y Capitanejo, pero no en Concepción. Por eso, han sido tan insistentes. Incluso, se pudo determinar que ese era su fin y para ellos debía debilitar a la policía con bombardeos constantes y cada vez, más fuertes.

Con la presencia de las FARC a la provincia de García Rovira, los pueblos se volvieron sumisos y vulnerables a sus actuaciones. Allí no había juez o entidad que tuviera más poder que ellos; poder que lograron gracias a las amenazas y

Documento similar