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Memoria universitaria (Año 5, No 50)

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[ LA VIDA Y EL TRABAJO DE LA UANL EN EL TIEMPO ]

c o n t e n i d o

MARZO DE 2014

AÑO V / NÚMERO 50

9

Julia Garza

Almaguer.

Vida, sueños

y legado

14

31

Reconocen

servicio de

M E M O R I A

Una publicación de la

Universidad Autónoma de Nuevo León

Dr. Jesús Ancer Rodríguez

Rector

Ing. Rogelio G. Garza Rivera

Secretario General

Lic. Rogelio Villarreal Elizondo

Secretario de Extensión y Cultura

Dr. Celso José Garza Acuña

Director de Publicaciones

Edmundo Derbez García

Director del Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL

Edmundo Derbez García Diana Alonso Palacios

Editores Responsables

Paula Martínez Chapa, Magda Isabel Hernández Garza y Cruz Bravo (investigación), Maricela Beltrán Ríos (asistente) Diana Alonso Palacios (corrección y estilo), Jacob M. Rodríguez

Redacción

Alejandro Derbez García, Marisa Bustos

Diseño

Jesús Gerardo Dávila, Efraín Aldama Villa, Juan Ramón Garza Guajardo, Narce Dalia García Partida, Juan Pablo Castro, Lizbet García Rodríguez, Angélica Garza M.

Colaboradores

Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL

Circulación y administración

BOLETÍN DEL CENTRO DE DOCUMENTACIÓN Y ARCHI-VO HISTÓRICO DE LA UANL MEMORIA UNIVERSITARIA, Año V, No. 50, marzo de 2014. Fecha de publicación: 15 de marzo de 2014. Revista mensual editada y publicada por la Secretaría de Extensión y Cultura a través del Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL. Domicilio de la publicación: Alfonso Reyes 4000 norte, planta principal de la Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Monterrey, Nuevo León, México, C.P. 64440. Teléfono: + 52 81 8329-4000, Ext. 6578 y 4265. Impresa por: Imprenta Universitaria, Ciudad Universitaria s/n, San Nicolás de los Garza, N. L., México, C. P. 66451. Fecha de terminación de impresión: 10 de marzo de 2014, Tiraje: 1,000 ejemplares.

Número de reserva de derechos al uso exclusivo del título Boletín del Centro de Documentación y Archivo Histórico de la UANL Memoria Universitaria otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2010-071509450100-106, de fecha 15 de julio de 2010. Número de certificado de licitud de título y contenido: 14,975. ISSN en trámite. Registro de marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial: en trámite. Las opiniones y contenidos expresados en los artículos son responsabilidad exclusiva de los autores.

Prohibida su reproducción total o parcial, en cualquier forma o medio, del contenido editorial de este número.

Impreso en México Todos los derechos reservados

® Copyright 2014 [email protected]

Humberto Manuel

Infante Castañeda

30

Celebra

STUANL 50

años

CRUZ BRAVO CAMARILLO

PAULA

MARTÍNEZ

CHAPAY

MAGDA ISABEL

HERNÁNDEZ

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l talento y la inteligencia llevaron a los integrantes de la Asociación Integral Universitaria El Librepensador a editar el primer número de la revista literaria

Apolodionis en 1959, cuyo copulativo y signi-ficado acuñó Alfonso Elizondo basándose en la mitología griega en la que Apolo es el dios de la luz, el entendimiento, la belleza; y Dionisos el de la fecundidad, el vino, y pudiera entenderse, la inspiración; conceptos básicos en toda obra artística.

A diferencia de sus antecesores de la revista

Kátharsis, la tarea de éstos fue sólo literaria. Es decir, aquellos hicieron grupo y de alguna manera política; mientras los Apolodionis se inclinaron sólo por su expresión creativa apoyándose en la lectura y discusión de textos, aunque algunos –a título personal– participaron políticamente en preparatoria y facultades. Aunque para ello había otros medios específicos de expresión como volantes, manifiestos, asambleas, periódicos estudiantiles, etc.

De manera extracurricular, se organizaron en el otoño de 1956 bajo el mando del ex seminarista y

maestro preparatoriano de Literatura Universal, Español, Etimologías Griegas y Latinas, Rogelio Ríos Rodríguez “El Boxer”, e integraron la Asociación Integral Universitaria El Libre-pensador, para formar equipos deportivos –entre ellos uno de soccer llamado Oplitas* que com-petía en una liga de San Pedro–, círculos de conferencias y de estudios, y se establecieron en un salón de la Preparatoria No. 1 con Elizondo como presidente y Héctor Benavides como secretario.

Ríos fue el inspirador y gurú de la Asociación. Llegó al Colegio Civil en 1954 procedente del seminario franciscano Colegio de Propaganda Fide de Guadalupe, Zacatecas, faltándole un año para terminar. Aquí conoció las bondades del quehacer universitario y abandonó su impostada vocación.

En sus sesiones semanales discutían páginas de Hesse, Nietzsche, Octavio Paz, Camus, Sartre, Carlos Fuentes, Rulfo, Juan José Arreola, García Lorca, López Velarde, Papini y otros autores; y

E

UNA REVISTA UNIVERSITARIA QUE MANTUVO

ENCENDIDA LA LLAMA LITERARIA EN ESTAS

RESECAS TIERRAS.

P

OR

J

ESÚS

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ERARDO

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ÁVILA

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APOLODIONIS

alentaban sus primicias en un taller literario que quizá no tuvo el rigor de los de ahora, pero que produjo mucha obra. Se advertía en la mayoría de las producciones un espíritu renovador acorde a los planteamientos de Kátharsis, con quienes establecieron vínculos, comenzando con su compañero de generación Jorge Cantú de la Garza, estudiante de la Preparatoria No. 2.

Por la naturaleza de los estudios de cada integrante, unos se fueron y otros asistían irregularmente, a la vez que llegaban Cantú de la Garza, Nicolás Villanueva, Fidel de la Garza, Héctor Castellanos, Roberto Escamilla Molina, Jesús Dávila, Sergio García Treviño, Eduardo Pérez de León, Horacio Salazar Ortiz, Jesús Sagaón Sepúlveda y otros.

Trabajaron de 1956 a 1962 en la Biblioteca Universitaria “Alfonso Reyes”, en domicilios particulares; en la Facultad de Filosofía y Letras de las calles Zaragoza y Espinosa; en el Centro

Universitario de Colegio Civil No. 459 sur; y luego en los edificios Salas de Zuazua No. 919 sur; y Canavati de Padre Mier y Zuazua.

Años más tarde, cambiaron su razón social por la de Arte Universitario. Al principio publicaron un modesto periódico en mimeógrafo, pero ante la acumulación de trabajos, hicieron una revista con ilustraciones de estudiantes del Taller de Artes Plásticas a quienes persuadían con una taza de café, algunas copas de tequila o una cerveza helada; así fue como llegaron Guillermo Ceniceros, Jorge González Neri, Gerardo Cantú Guzmán, Armando López, Ignacio Ortiz Cedeño, Manuel Durón, Marcos Cuéllar y Alberto Cavazos, quienes mientras dibujaban viñetas nunca le hicieron pucheros a los tragos.

Editada por la Sociedad Integral con el patro-cinio del gobierno del Estado, dieron a conocer el primer númeroen la primavera de 1959, cuando la mayoría de sus integrantes tenían 18 años. A partir

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del segundo, Elizondo, César Isassi y varios patrocinadores pagaron siete ediciones publicadas entre 1960 y 1967, que totalizaron 568 páginas.

A ese esfuerzo de por sí encomiable, sumaron la edición de once libros: Breve canto a la aurora, Una historia de septiembre y En el nombre de Eva de Horacio Salazar Ortiz; Carne de la noche, El caballero de la humana energía y El pensamiento oculto de Rubén Darío de José

María Lugo; Difícil tránsito de Andrés Huerta;

Péndulos rotos de Alfonso Reyes Martínez; y La raíz ausente, Custodia de silencios y Minusculario de Miguel Covarrubias.

Las tres primeras ediciones fueron dirigidas por Alfonso Elizondo; las siguientes por César Isassi; y Covarrubias se encargó de las últimas dos. Vale consignar que los tres fueron discípulos, en el Colegio Justo Sierra, del Prof. Sigifredo H. Rodríguez, normalista, escritor, orador y poeta, aquél que al despedirlo a nombre del magisterio nuevoleonés, el Prof. Plinio D. Ordóñez leyó un bello discurso que en su parte medular dice:

“… oración fúnebre que los egipcios hacían ante su dios Osiris, para que los elegidos fueran a ocupar su lugar en el Eterno Oriente, en donde moran las almas selectas, según apunta el ritual consignado en el llamado Libro de los Muertos en los siguientes términos: Homenaje a ti Gran Dios. Me presento ante ti para pedirte la gloria a que me considero digno porque: Nunca blasfemé, ni hablé de más. No cometí fraude ante los hombres, ni mentí ante los tribunales. No tendí celadas. No mandé injustamente. No hice llorar a nadie, ni atormenté a mis semejantes, a mis amigos y familiares. A nadie maté ni traté con crueldad. No robé ni usurpé bienes materiales. No causé hambre y di de comer al hambriento, de beber al sediento y proporcioné vestido y abrigo al que estaba desnudo. No causé turbulencias. No fui perezoso y nunca la envidia llegó a corroer mi alma”.

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APOLODIONIS

Colaboraron en la primicia de 1959 Alfonso Elizondo, Margarita García Solís, Juan Leyva Sánchez, Ignacio Camacho Casillas, Sergio García Treviño, María Cruz Alejandro, César Isassi y Miguel Covarrubias, con ilustraciones de Eduardo Pérez de León en interiores y portada, con la cabeza Apolodionis caligrafiada por Héctor Benavides. Edición en la que Elizondo colaboró con tres trabajos: Apolodión, especie de editorial;

Ensayo y Un cuento. En los últimos tres párrafos del primero escribió:

En la puerta del templo estaba la inscripción en bronce de la última ley que había quedado: “Habrá una ley para todos los hombres y habrá un hombre para cada ley”.

Y decidiéndose el hombre a entrar escuchó un sollozo contenido, un ruido leve, y levantando la

faz vio cómo una torre o almena o muro del templo se inclinaba sobre él diciéndole: “Deja ahí hombre tu cabeza y luego entra”. Y comprendiendo que aquello no era visión y que era cierto, echó de sí su cabeza fácilmente y se entró en el templo sin llorar una lágrima de dolor.

Y entonces contempló gozoso que aquel templo era el de su religión. Y recostándose en una roca durmió plácidamente soñando con la nueva aurora.

A las plumas iniciales se sumaron las catárticas de Jorge Cantú de la Garza, Carmen Alardín, Ario Garza Mercado, Ernesto Rangel Domene y el nicaragüense José María Lugo.

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APOLODIONIS

Chile y otros países, estableciendo intercambio con jóvenes escritores de todas partes en especial de la Ciudad de México. Así, la lista se incrementó con José Emilio Pacheco, Juan Vicente Melo, Abigael Bohórquez, Juan Tovar, Olga Arias y Dámaso Murúa; en tanto que en Monterrey surgían los poetas Horacio Salazar Ortiz, Andrés Huerta, Gloria Collado, Alfonso Reyes Martínez y Homero Galarza, los dos últimos se habían iniciado en La Rabia, un suplemento cultural de la Facultad de Arquitectura.

Además, publicaron un facsímil enviado por Hermann Hesse a Pérez de León dos años antes de su muerte, varios textos del novelista y cuentista francés Georges Londeix, radicado en Monterrey; y al poeta español Pedro Garfias le dedicaron el último número de la revista con tiro de mil 500 ejemplares; y en 1980, le editaron

El ala del sur, cuando Silvia Mijares era directora de la Preparatoria No. 16; y Poncho Reyes subdirector.

“Ahora Bien”, escribe Covarrubias en Desde el cerro de la Silla, “cualitativamente, ¿qué le agregó Apolodionis al desarrollo cultural de Nuevo León? Pregunta difícil para quien se comprometió con ese jubiloso, juvenil esfuerzo literario. Sin embargo, debemos intentar una respuesta, la nuestra, la mía. Creo que en el mejor de los casos contribuimos al mantenimiento y ascenso del hacer poético en estas resecas tierras. ¿Cómo? Volviendo imposible el retorno de la sensibilidad lacrimógena y declamatoria al primer

plano de lo social. Bueno ¿y si se tratara de lo opuesto? En ese caso, en el peor de los casos, creo que logramos mantener encendida la llama literaria

a pesar de los huracanes que generan los holdings

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Julia Garza Almaguer

Vida, sueños y legado

A 55 años de la partida de esta maestra y universitaria,

nativa de Santiago, N. L., aun se le recuerda con gratitud.

Tuvo una fructífera vida en pro de la educación, cuyos

frutos sembrados con un intenso trabajo, se multiplican

cada día.

CRUZ BRAVO CAMARILLO

l siglo XIX fue un momento de conquistas tecnológicas para la humanidad. Un período de nuevos paradigmas en la ciencia y la filosofía respecto al ser y el universo. De manera general, así se observaba el mundo desde el noreste de México al finalizar la centuria de 1800, cuando nació Julia Garza Almaguer.

Julia fue una de las primeras mujeres nuevoleonesas que incursionaron en el ámbito de la educación; y fue también una brillante y distinguida maestra y funcionaria de la entonces Universidad de Nuevo León (de 1942 a 1959).

Sus orígenes y familia

Vio la luz por primera vez en Santiago, Nuevo León en la extinta hacienda El Huajuquito el 13 de enero de 1886. Sus padres fueron Severiano Garza y Guadalupe Almaguer. Su familia la conformaban los padres y sus cinco hermanas, quienes tuvieron un papel muy importante en su posterior formación como docente.

En 1886 el paisaje de Santiago aún mantenía su natural y verde esencia de montaña; no había sido transformado por la urbanización en avance de Monterrey, sino hasta años más tarde (en el siglo XX) cuando la misma Julia –ya como profesionista– trabajó con ahínco por la educación y la incorporación de los nuevos avances de la tecnología en su pueblo natal, como la energía eléctrica.

Sueños convertidos en realidad

Decía Howard G. Hendricks que la enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón. Retomamos la frase de este célebre escritor estadounidense por aplicarse perfectamente a la vida y obra de la profesora Julia Garza Almaguer, según los recuerdos de quienes le conocieron.

Julia desde muy pequeñita soñó con ser maestra. Hizo su educación primaria en la Escuela Oficial de Villa de Santiago durante dos años, destacando por sus habilidades como oradora en

E

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JULIA GARZA ALMAGUER

diversas fiestas escolares con el apoyo de la directora María Serna.

Para completar su instrucción primaria, recibió también conocimientos por parte de su hermana Carmencita y del Profr. Casimiro Guajardo, director de la escuela de niños de Santiago y que le impartió clases especiales, valorando su iniciativa y entusiasmo escolar.

Ingresó a la Escuela Normal para Profesores en la ciudad de Monterrey (1903-1907), con el apoyo de Luz Benavides, una de sus protectoras; y se recibió el 20 de mayo de 1908 como maestra de instrucción primaria con elevadas calificaciones y menciones honoríficas.

En 1903 ingresó al Colegio Luz Benavides para impartir clases. A la par de distintas actividades, en este plantel fungió como directora hasta 1934. Ingresó a la Escuela Normal de Señoritas; ahí fungió como subdirectora e impartió las asignaturas de Metodología y Psicología.

Fue alumna de Pablo Livas, Fortunato Lozano, Héctor González, Antonio Moreno, Germán Treviño, José C. Villaseñor, Rosita Salinas, Mariquita Benavides, Francisca Martínez, Rosarito Treviño, Bony Galindo, Eugenia González y Elvira Vargas, entre otras personalidades.

El talento le caracterizó siempre en su búsqueda por alcanzar sus sueños. Antes de realizar su carrera profesional, laboró al lado de sus hermanas Alejandrina y Carmen, en el centro de la ciudad de Monterrey, como costurera. Con ellas, años más tarde, estimuló la creación de diversas escuelas y talleres de corte y confección en poblados como: Montemorelos, García, Hidalgo, Allende, El Cercado y Ciudad Anáhuac. La enseñanza y presencia de las hermanas Garza Almaguer en escuelas de corte y confección fue notable en la década de 1930.

En el año de 1942 fue designada directora de la Escuela Industrial Femenil “Pablo Livas”, una de las instancias de la Universidad de Nuevo León en tiempos del gobierno de Ignacio Morones Prieto. Estuvo al frente de la institución hasta 1959, cuando murió.

Desde esta escuela de la Universidad, Garza Almaguer impulsó una cocina ambulante, como servicio social a la comunidad, así como las siguientes carreras cortas: Decoración de Interiores, Nutrición Familiar, y Flores. Participó también en la instalación de un taller de costura industrial femenil en coordinación con el Patronato Universitario.

En la Escuela Pablo Livas no sólo impartió clases formativas, sino que impulsó un espíritu de ética: “Entre otros conceptos de rectitud, queremos infundir en nuestras alumnas la idea de que los actos de la vida quedan registrados en el camino de la existencia (…) Así, deseo y espero que la vida de las alumnas de esta escuela, se grabe en línea recta por el camino de la virtud” (El Porvenir, 24 de marzo de 1963).

A la par de su cátedra y funciones como directora de la Escuela “Pablo Livas”, se le otorgó la Presidencia de la Sociedad Femenina Neoleonesa de Nutrición, lo que dejó en evidencia –una vez más– su disposición y compromiso social por elevar la calidad de vida de los niños y ciudadanos de nuestro estado.

Participó en beneficio de la Escuela Normal, escuela que fue su gran amor; y más tarde trabajó en beneficio de la Universidad, su último hogar, durante las rectorías de Enrique C. Livas, Raúl Rangel Frías y Roberto Treviño González.

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JULIA GARZA ALMAGUER

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entonces gobernador de Nuevo León, Arturo B. de la Garza.

A 54 años de su fallecimiento, a Julita Garza se le reconoce como una mujer de grandes ideales sociales. Con orgullo y cariño también se le recuerda como uno de los pilares de la familia Garza Almaguer de Santiago. Así fue expresado recientemente por uno de los pioneros del teatro en Nuevo León, Rubén González Garza, su sobrino.

Su legado

Los 73 años de vida, alegría y entrega; y 17 de presencia y servicio en la Máxima Casa de Estudios de nuestro estado. Fueron 17 generaciones de jóvenes estudiantes de la Escuela Industrial Femenil “Pablo Livas” que se formaron con la línea académica de la profesora Garza Almaguer.

Esta escuela surgió en 1921 con el objetivo de brindar conocimientos generales, así como de cocina práctica, corte, confección, costura, bordado, pintura, cerámica, flores y economía doméstica para las jóvenes de aquella época, a quienes la maestra Julia, desde el año de 1942, impartió clases de costura.

En un relato autobiográfico, previo a su muerte, comentó lo siguiente:

“Ser maestra fue mi único anhelo. Mis pláticas y mis juegos infantiles expresaban siempre aquélla ilusión (desde niña). Yo describía fantásticos cuadros escolares que formaba con mi imaginación; y mis padres se extasiaban con el relato de mis sueños de maestra. Allí crecieron mis ilusiones y mis esperanzas” (en Villa de Santiago).

“La maestra me hablaba de la Escuela Normal de Monterrey. Mi fantasía forjaba el porvenir deseado y la fe me mantenía segura de la realización de mis sueños” (Escrito autobiográfico, publicado –pos mórtem– el 3 de marzo de 1959 por El Porvenir).

Su partida

Partió un domingo 1 de marzo de 1959, a las 10:30 de la mañana, dejando un gran legado a la Universidad y al ámbito educativo de Nuevo León. Previo al arribo en su morada final, el histórico Panteón del Carmen de Monterrey, se montó una guardia de honor en la Escuela

Industrial Femenil “Pablo Livas”, por parte de docentes y alumnas.

Luego trasladaron su cuerpo al Aula Magna del Colegio Civil, donde se le rindió un homenaje. Encabezaron su guardia el entonces gobernador de Nuevo León, Raúl Rangel Frías, a quien poco tiempo antes le había solicitado la incorporación de los servicios eléctricos para el municipio de Santiago; y el Rector de la Universidad, Joaquín A. Mora.

La Profra. Garza Almaguer tuvo una fructífera vida en pro de la educación. En 1960 se escribió un poema en su memoria, lo que habla de su gran legado intelectual en cientos de jóvenes que tuvieron la fortuna de conocerle y com-partir con ella sus nobles ideales educativos y sociales.

Cerramos este artículo con un fragmento:

Tu recuerdo inmortal

Julia Garza Almaguer Maestra buena,

que fuiste de virtudes un tesoro, para ti sea de sol el canto de oro y a tu memoria el llanto de mi pena

Fuentes consultadas:

Documentos de Julia Garza Almaguer, Centro de Documentación y Archivo Histórico de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Charla con Rubén González Garza, septiembre del 2013, Centro de Documentación y Archivo Histórico de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Fue inaugurada la tradicional exposición de la Pablo Livas, El Porvenir, 13 de junio de 1954.

Nuestra ciudad, El Porvenir, 2 de marzo de 1959.

Honda manifestación de duelo en el sepelio de la Srita. Profra. Julia Garza Almaguer, El Porvenir, 3 de marzo de 1959.

Julia Garza Almaguer, directora de la Escuela Industrial Femenil Pablo Livas, El Porvenir, 24 de marzo de 1963.

Tu recuerdo inmortal, Irene Gómez Reina, El Porvenir, 1 de marzo de 1960.

Congreso de Nuevo León:

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PERFILES

Humberto Manuel

Infante Castañeda

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Cuándo y dónde nació?

Yo nací el 9 de septiembre de 1939 en Monterrey en la calle Álvaro Obregón 325 norte.

¿Cómo se llamaban sus padres?

Mi padre don Tomás Infante Mercado y mi mamá Manuelita Castañeda de Infante.

¿Ellos a qué se dedicaban?

Mi papá siempre trabajó en Peñoles, era el encargado del departamento de afinación, donde se afinaba el oro y la plata. Hay muchas experiencias que él me contaba de cómo se robaban el oro los trabajadores y de cómo los descubría él. Por ejemplo, un día el jefe de él, Mr. Ross, le dijo “Tomás, siempre faltan tres o cuatro gramos de oro; a ver cómo le haces, Tomás”.

Y empezó a investigar y no daba, no daba, se desesperó papá hasta que fue invitando uno por uno de los dos o tres muchachos que le ayudaban.

Los invitó aparte a platicar y el que él creía que era, ya lo invitó a tomar una copita un sábado, le dijo “mira, no va a pasar nada, no te voy a demandar, vas a seguir trabajando y todo, seguimos siendo amigos, no te preocupes, pero dime cómo le haces para extraer”. “No, don Tomás, si yo desde los 14 años trabajo en Peñoles y me tiene mucha confianza”. “No tenga problema, platícame”, dijo. “Bueno, está bien, en un momento dado yo declino como una cuenta de oro por la tablita que va resbalando una bolita, e inme-diatamente me la tomo, me la como y entonces me voy a mi casa a esperar a que salga. Así es como la saco don Tomás”.

¿Y se acabó el problema?

Se acabó el problema, nunca más hubo. Mi papá habló con Mr. Ross y le dijo “Prometí esto, Mr. Ross”, “cumplido, Tomás, entonces vamos a mi casa”. Era sábado vivíamos a pocas cuadras de

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PERFILES

ahí. Lo invitó a comer y fue mi papá a comer con Mr. Ross a la casa de un servidor.

Mi mamá no estaba preparada, en esa época estaba difícil. El Padre Infante estaba en Roma, la segunda Guerra Mundial, escasez. Entonces, pues, pásele; se sentaron, comieron tan a gusto en tiempo de cuaresma, que le dijo Mr. Ross a mi mamá “señora, que rico estuvo su comidita y que caldo de pescado tan sabroso hizo”, dijo. “¡Ay! no es caldo de pescado; es machiguis, son los machiguis que hacemos en Concepción del Oro, Zacatecas”; “pues qué rico es”. Y se le grabó a Mr. Ross y le decía a papá “Tomás, a ver cuándo me invitas otra vez”.

¿Usted dónde comienza sus estudios?

De ahí de donde yo nací, en Álvaro Obregón, nos cambiamos a una colonia nueva que tenía dos casas o tres, que era la colonia Victoria. Papá compró una casa ahí en 25 mil, pero luego lo

prestó un cuñado una casa en Diego de Montemayor casi llegando al río enfrente donde vivía Helio Ayala. Entonces nos la prestaron y nos cambiamos; una casa muy grande para recibir al Padre. Estábamos muy a gusto ahí cuando llega Morones Prieto y dice “vamos a canalizar el Río, sálganse”. Pues, ni modo, nos salimos a Padre Mier, entre Mina y Naranjo; una casa grandísima, no pasó nada, la casa donde vivíamos no pasó nada. El río se canalizó. Cuando fue papá a reclamar, no le hicieron caso.

Ya llega el Padre Infante, ya lo recibimos nosotros en Padre Mier. Era una casa muy grande. Y luego, luego lo asignaron al Padre Infante al Sagrado Corazón. El padre Juan de Dios Garza era el director de la Diocesana Escuela de Música. Cuando llega el Padre, lo nombra director de la escuela de música. Entonces como que el Padre Juan se sintió; para que no estuviera sentido, lo nombraron jefe de la Plaza de Toros. Entonces el Padre Infante se hizo cargo de la escuela Diocesana de la Escuela de Música que está en el edifico en Ocampo 819, ahí esta el edificio. La escuela desapareció.

Yo ya tenía 11 años cuando el padre llegó de Roma, entonces me nombró su monaguillo y tenía que ir muy temprano a ayudarle, y desde entonces fui su compañero de 30 o 35 años. Cuando yo entré a la prepa, muy bien, ninguna reprobada. ¿Cómo fue entrar a la preparatoria, cómo se sentía?

De la primaria pasé a la secundaria y yo me sentía “no la voy a hacer”; y sí la hice. Al terminar la secundaria dije “yo voy a la Prepa 1”, y también iba yo con esa idea que no la iba a hacer; sí la hice. Como quiera me raparon porque rapaban a los que entraban de nuevo ingreso. Mis compañeros de aquel entonces: Héctor Benavides, Roger Pompa y de otros maestros que han de oír como Eleazar González, Alfredo González.

¿Cuáles eran sus maestros?

“La tenia”, pero no recuerdo su nombre, nos daba Biología. El suegro del maestro Rangel Frías, osea el papá de Elenita, muy buen maestro; el secretario de la prepa –no me acuerdo del nombre–; el maestro Alfonso Rangel Guerra un gran maestro, muy serio mis respetos, me daba Psicología. Pero un día llegó a las 7:00, como siempre, y enfrente nos sentábamos Javier de la Garza “La gaviota”,

“Yo ya tenía 11 años cuando el

Padre Infante llegó de Roma,

entonces me nombró su

monaguillo y tenía que ir muy

temprano a ayudarle. Desde

entonces fui su compañero de 30

o 35 años”.

nombraron Jefe de Padres de Familia de una escuela que todavía no existía, se iba a construir, nada más estaba la plaza trazada. Entonces, el gran maestro Arcadio Espinoza empezó a hablar con papá. Entonce papá y mamá los sábados hacían enchiladas y taquitos, empezaron a vender ahí; yo estaba muy pequeñito pero ya tocábamos, teníamos un grupo musical: Los hermanos Infantes. Todos chiquitillos, todos ahí tocábamos que El mambo número 5, La coca leca, y sacaba dinerito para construir la escuela.

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y yo; “La gaviota” se casó con Ilsa Linda Chapa, hermana de Diana Perla Chapa. Entonces, Javier y yo sentados adelante; y pasa el maestro lista y se pone de pie; y nos reímos nosotros, y volteó. Entonces baja la vista él y ve que trae un zapato de un color y otro de otro y tomó su lista y se fue. Ese detalle nunca se nos olvidó.

El maestro Dr. Mateo A. Sáenz Garza también llegó a darnos clase; dio clases y me dijo “¿qué trae ahí?”, y le dije “la virgen de Guadalupe”; “¿y por qué la traes?”; “no, nada más es un adorno”. Y le dije a papá “el Dr. Mateo Sáenz Garza…”, le conté lo sucedido y él se rió. Papá me dijo “no te preocupes, hijo, el Dr. es como mi subalterno, trabaja para mí. Yo administro la clínica de Peñoles y él es el doctor de la clínica, no te preocupes”. ¿Y usted nunca tuvo problemas con los maestros? Nunca, al contrario, afortunadamente el apellido de nosotros empezó a funcionar para cuando nosotros ya estábamos en la parte social. Trabajamos todos los sábados en la XET. Trabajamos a las 7:00 am, era la primera bomba que decía el maestro Méndez “niño, niño, levántese a la escuela, ahí va la primera bomba”, ¿cuál es? El mambo número 5.

¿Quiénes eran los que tocaban ahí?

Mis hermanos, Fernando, un servidor, César y el Dr. Edmundo Lozano Paz, que era prestado, y Américo Lozano Paz también doctor. Éramos así, el profesor Méndez nos llevaba y nos traía para que tocáramos tres piezas para levantar a los niños; a las 7:00 am era la primera canción y decía: “levántense, niños, para la escuela para la primera ¡bomba!”.

¿Esto sucede cuando está en la Prepa?

No, esto es al salir de primaria para entrar a la secundaria, como sexto año. En esa época asistir al programa y de ahí del programa salieron trabajos. Íbamos al restaurante CINTOY, había un teatro que ahora está la Santísima Trinidad, era de la CTM; y ahí nos llevaban muy seguido, cada sábado y domingo ahí había un festival. Ahí las personas hacían fritos y papitas y todo. ¿Y qué eran lo que tocaban cada uno?

Yo tocaba el contrabajo pero se llamaba marimbo, que es un instrumento de Cuba, que está hecho con cerchas. El alma está adentro de un cajón, como un huevo, que tiene tres o cinco cerchas; ahí da uno tono, pero como tiene alma, el do mayor

y es dom, dom dom; y yo tenía que cambiarle cuando es otro ritmo ta tam tam, ta tam tam; o un vals yo me encargaba. Fue una época maravillosa, ya andábamos trabajando en algunos lugares. Cuando usted llega a la prepa ¿ya era conocido? Pues, trabajamos en la Revista Musical Universitaria con Leobardo Benavides. No nos soltaba Leo; Fernando era acordeón y piano. ¿Cómo fue ese contacto?

Al terminar la secundaria, automáticamente llegamos a la prepa, ahí estaba Fernando, mi hermano, ya seguía yo y luego Mundo y luego “El Cisne”; un arquitecto que fue subdirector de la Facultad de Arquitectura, Jaime González Martínez; Javier de la Garza Huerta “La gaviota”; el Arq. Héctor Benavides, y ya desde entonces venía Chucho y lo sacaba de clases Dioniso Gon-zález del canal 12. Desde que entró a la Facultad de Arquitectura don Chucho, vio que tenía buena voz, cultura. Cuando don Chucho vio que el arquitecto tenía cultura, pues dijo “vente”.

Y en aquel entonces hubo una especie de conflicto que, yo diría, fue una especie de celos porque Horacio Álvaro Ortiz ya era locutor de la XEFB; y era muy amigo de la familia de nosotros y él decía que su voz era más penetrante; hasta Pepe Reyna que tiene una voz muy bonita, también decía “este muchacho [el arquitecto Benavides] está muy verde”.

¿Cómo surgió la invitación a participar en la

Revista Universitaria?

Eso fue espontáneo porque Fernando estudiaba con Leo, que era el director de la revista, en la vida universitaria. No es como ahora, pues antes nos conocíamos todos, nos íbamos a “la Venada”, así le decíamos a la Benavides, que nos íbamos a tomarnos el cafecito y ahí salían las pláticas y nos íbamos a practicar.

No recuerdo qué muchachas formaban parte de la revista: Aracely, Inés Rodríguez de León, las cuatas, que tal vez por mi calidad de niño de joven, me inclinaba más por los juegos de fútbol americano que ya estaban. Juan Payanes era el que nos animaba, era el dueño de Transportes del Norte.

¿Recuerda en cuáles obras participó?

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¿Cuánto tiempo participó en la revista? De la revista pasamos a cubrir el servicio militar, primero tocando caja tambor ahí mismo los sábados y domingo; y luego el clarín y luego pasé a la Facultad de Contaduría. Entonces mi paso por la revista fue muy corto, fue del 1957 a 1959; en 1958 cumplió 100 años Colegio Civil. “El perico” era un compañero que tocaba, el licenciado Alfaro era el que nos instruía, y otro compañero era el que nos dirigía, que después se lo llevó Mexicana de Aviación. Vino ya como capitán Óscar Altamirano.

¿Usted entrenaba cuando estaba en la Prepa? Entrenábamos futbol americano; y en la cuestión musical un poco tiempo en la revista, después me fui a la facultad.

¿Tiene algún recuerdo de la preparatoria? Me dejó muchos. El secretario, después del maestro González, entró el maestro Carrillo y me hizo mucha amistad; y después Manir González Martos y la cuñada Yolanda Maldujano era secretaria de Manir González Martos. Hicimos mucha amistad, todo estaba envuelto en la parte musical porque nos conocían.

De la preparatoria a la facultad ¿cómo escogió su carrera, qué fue lo que lo motivó?

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tenía ciertos añitos –y él también– y nos hicimos buenos amigos, porque él traía su carro, un vocho; y yo traía el mío también, un vocho.

Nosotros nos fuimos a dar de alta a la Facultad de Medicina, a hacer el examen, y pasamos. Y ahí estaba yo en Medicina, que no me sentía a gusto porque yo tenía tres tienditas de abarrotes; sacaba buen dinerito. Por seguir a mis amigos ahí estoy, nada más duré un año, porque al terminar el año me hicieron una jugada que nada más no.

Nos pusimos a estudiar en el anfiteatro, dijo Fernando “vamos a estudiar para el examen en el anfiteatro, porque ahí está todo calladito”; “pues, vamos”. Ahí estamos Ulises, Fernando y yo en las gradas; y una señorita estudiante más avanzada estaba arriba tomándose un lonche y su refresco y estudiando para el examen. Y luego se retiran los dos y yo sigo ahí; y cierran la puerta.

lugar está México en cuanto a la moneda? Treceavo lugar. ¿El Presidente de Estados Unidos? John F. Kennedy. Esas preguntas hicieron que la balanza pasara.

Usted se va a estudiar a Medicina y decide ir a Contaduría, ¿qué fue lo que le motivó irse a Contaduría y no otra carrera?

Por mis amigos Alejandro Elizea y don Ramón Cárdenas, cada vez que me veía y tocaba yo en todas las fiestas de él: casamiento, cuando él cumplió años, todo; nos hablaba. Yo tenía mucha amistad porque yo nací el 9 de septiembre y él también. Yo nací en 1939, y él –tengo entendido– fue cuando se recibió don Ramón. Fue el primer contador.

¿Cómo surgió la amistad con don Ramón? Don Ramón fundó la Sociedad de Contadores, las oficinas estaban en el edificio Santos; y ahí

“Y ahí estaba yo en Medicina, que no me sentía a gusto porque yo

tenía tres tienditas de abarrotes; sacaba buen dinerito”.

Y en eso que entra –no me acuerdo como le decíamos pero parecía Frankenstein– con los cuerpos, porque seguía la clase de Disección; entró, dejó los cuerpos, cerró y se fue. A mí me dio mucho miedo.

Entonces, me dice la compañera “no te preocupes, no pasa nada”. A la media hora llegó el maestro y los alumnos. Yo me salí y de ahí me fui a la Facultad de Contaduría, y me recibe don Ramón Cárdenas Coronado con mucho gusto.

Me hacen el examen de admisión, paso, y los compañeros míos que habían estudiado conmigo en el Colegio Comercial Inglés, que era Magdiel; que fue director de la facultad, Horacio Bernal presentó, y otro más, y no pasaron; yo sí pasé y usted me va a preguntar ¿por qué? Resulta que mi papá me decía “hijito, usted lea todo lo que le ponga encima”, porque mamá decía “no, que no lea esto”; mi papá decía “usted lea todo”. Me puse a leer todo lo que me caía, me puse a leer todo los periódicos que le mandaban al Padre Infante; se los leía, y las revistas, ese es el secreto. Cuando presenté el examen de admisión, respondí muchas preguntas de cultural general. Pregunta número uno que a mí no se me olvida ¿Quién era el Presidente de Rusia? Nikita Jrushchov. ¿En qué

me invitaban mis amigos Alejandro Elizea, Juventino Elizea, y fui y me di de alta como contador privado; don Ramón me había invitado. En ese entonces habían muchos contadores; las reuniones éramos de 15 o 20. A la facultad le faltaba mucho, salían todos de la escuela. Don Ramón me invitó y comencé a ser socio y ahí después se cambió a Padre Mier entre Diego de Montemayor y Mina, por ahí estaban las oficinas de la Sociedad de Contadores.

Y como había mucha amistad, dije ¿yo qué estoy haciendo aquí? Me fui a la facultad y saludé a don Ramón sobre mi intención, le dio mucho gusto, por supuesto; luego, luego me aceptó. Antes eran exámenes de admisión, no de selección, y eran por año, no eran por semestre. Si usted reprobaba una materia, la tenía que llevar todo el año; una de las materias más difíciles para mí fue Impuestos, porque el maestro Mena era un excelente maestro, pero bueno.

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regreso al salón, le digo “maestro”, entonces me vio y le muestro la ley; y entonces con la cabeza me hace una seña de “pásele”, y comienzo a leer; y de ahí me agarró en carilla, y le aprendí al maestro.

Cuando termina el año ¿sabe qué me dice?: “Infante 71, espérese, no se vaya”. Se fueron todos, me dice: “Don Tomás Infante, su papá, es mi jefe. Y me quedé frío cuando leí que usted estaba aquí”. Le dije “Don Tomás, tengo un alumno que se llama Humberto Manuel”; dijo “es mi hijo y apriétele”. Ya para ese entonces llevaba varios negocios como contador: un taller lavado y tres tienditas.

Maestro, ¿primero estuvo en Colegio Comercial? Primero estudié en la Académica Comercial Magdiel Martínez, que ahora es de la Junta de Gobierno. Estuve dos años como contador privado, después continué en la preparatoria, después a la Facultad de Contaduría.

¿A cuáles maestros recuerda de la Facultad de Contaduría?

En 1971 nombran director de ingresos de municipio al maestro Juan Zamudio Camacho, entonces deja la facultad para irse a ese puesto el 9 enero de 1971. El que se queda en lugar de él, era el secretario administrativo, que era José Cárdenas Cavazos; y me habla por teléfono a las 7:00 am –yo acaba de llegar de trabajar, era domingo, creo que del Casino de Monterrey–, en época era por enero y había mucho trabajo.

Entonces yo llegaba como a las 5 o 6 de la mañana; me habla José Cárdenas “compadre, vente de volada a la facultad, después te explico”. Pues, ni modo, como pude, un friazo que estaba haciendo, de Santa María Goretti a la facultad son tres minutos, en aquel entonces. Y llego yo y están parados el Lic. Ávila Domínguez, que era el Secretario Académico; Juan Zamudio Camacho; Sr. Director, Francisco Garza Ponce estaba alrededor del calentador, entonces llegó Pepe Cárdenas y yo casi detrás de él.

Entonces dice el licenciado Ávila Domínguez “ya podemos empezar, maestros”, eso quiere decir que ya tenían tiempo ahí; y dice Garza Ponce “sí, ya vamos a empezar”, me estaban esperando a mí, que vergüenza. El maestro Zamudio dice “Sr. Secretario Administrativo, José Cárdenas, entrego las llaves de la facultad y los libros, ya que un servidor ha sido nombrado funcionario público y

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no es posible continuar”. Lo recibe, se queda, con permiso, adiós y se van y nos dejan –en domingo a las 9:30 am– solos en aquella facultad a José Cárdenas y a un servidor.

Y se sienta en su oficina, no quiso entrar a la dirección; y me siento yo a un lado, y dice Pepe “oye, compadre, ¿y ahora qué hacemos?”, y le digo “pues a ver qué haces tú”, le digo, “no te creas, ya sabes que cuentas conmigo”.

A ver si me puedo explicar, el maestro José Cárdenas Cavazos, hasta ese momento, un gran contador, un gran amigo pero de oficina: oficina a su casa y de su casa a la escuela. Yo era contador y en toda la ciudad de Monterrey trabajaba, conocía desde el rector hasta el que estaba abajo. No quisiera yo pecar, pero en mi interior yo pienso que fui quien le abrió las relaciones a José Cárdenas Cavazos.

¿Pero entonces él era el director y usted qué puesto ocupó?

Entonces en cuanto a relaciones, un servidor las tenía. Le dije “yo vengo de trabajar muy cansado”; me dijo “sí sé, y te agradezco, vámonos”, dice Pepe “arregla para las cinco de la tarde una carnita asada con estas personas”. Y nombrábamos a 10 que iban a entrar como Secretario Académico y otros más. Y me dice “Humberto, vas a relaciones”; y le dije “no, déjame fuera del grupo”; me dijo “yo quiero que seas de relaciones”; “no te preocupes, organizo todo para las cinco de la tarde, carne, todo lo que hacía falta”.

Les habla a todos Carlos Elizondo, Juan Manuel Chora Guardado, Alfonso Quiroga Díaz, a todos les habló, citó a las cinco de la tarde y a las cinco estaban todos. Pepe les dijo que iba a ser director interino, y que los iba a nombrar para que el lunes inmediatamente empezaran a trabajar: Manjarrez Santos fue Secretario Académico, Miguel el Tesorero, así a todos, y yo me quedé fuera y le dije, “ya veremos”.

Empezó a funcionar y él me dijo “no, yo quiero que estés aquí pegado”. Y entonces la facultad enfrente tenía una pecera muy bonita, le dije “mira, Pepe, si quieres que esté cerca de ti, déjame arreglar esta pecera: quitar plantas y todo”; y quedo elegantísima y ahí quede yo.

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me dio de alta como asistente de dirección, aunque yo le dije “no, yo quería libertad”. Mi vida transcurrió a partir de ese momento entre tres pilares muy fuertes: Fernando Infante y su grupo musical; yo era el baterista; José Cárdenas Cavazos como director de la facultad; y el Padre Infante con su Comedor de los Pobres.

¿Usted siguió colaborando, no se desligó? Cuando había exámenes y necesitaba yo prepararme, terminaba la parada y tomaba el libro, me ponía a estudiar entre parada y me decían los maestros ¿cómo le haces? Un maestro un día me dijo “¿cómo le haces?”; “mire, maestro, yo tengo este problema, yo sirvo a fulano y a fulano (y fulano todavía no era Pepe Cárdenas director) sirvo a mi hermano el Padre, y a mi hermano del conjunto y me queda muy poco tiempo. Además llevo los libros de contabilidad de la parroquia”. Un día me dijo Pepe Cárdenas “tienes mucho trabajo, organízate”. Entonces empecé a preparar a uno de los muchachos, a Esteban Rodríguez lo empecé a preparar en la batería para cuando yo no podía ir, él fuera. Es que a Fernando no le gustaba que tenía que abrir yo y cerrar, pero como Esteban Rodríguez era un gran baterista, pero moderno, puro rock. En esa época en 1974 ya me fui retirando hasta que ya me retiré de la música y me concentré en la facultad y con el Padre Infante. Hace un momento decía que usted no sabía si contar de atrás hacia delante o de adelante hacia atrás.

Porque tengo muchas experiencias, desde que yo recuerdo desde abajo, pero toda mi vida ha sido así. Claro que la riqueza es a partir de que yo entro a la facultad, porque la facultad me formó, la facultad es mía. Cuando don Ramón dice que ya les asignaron el terreno en Ciudad Universitaria, y dice que va a venir el gobernador; me invita y vengo yo; y se quita su saco y anda viendo aquí y allá, y empieza la construcción. ¿De dónde irá a sacar el dinero, cómo le hizo el maestro?

Pues fíjese, a las empresas que les pedía donativos y se los daba luego, luego, “El Gallo”, “Rivero y Gracian”, el Sr. Jesús Villarreal; empresas que venden materiales de pisos, Cementos Mexicanos, cuando nos regalaba nos decía: “tráete alumnos con sacos, unas dos palas y un camión”. Entonces los sacos iban llenos de cemento, pero el que a ellos se les caía, era el que nosotros recogíamos, y ese nos regalaban. Uno de ellos,

que no me acuerdo bien el nombre –creo que se llamaba Guadalupe–, me dijo “cuando necesites todos los durmientes que quieran, regalados”. Él era el jefe de tráfico de New York, y conocía toda la ruta y tenían que cambiar todos los durmientes de madera del ferrocarril, por nuevos, entonces él los recogía.

Un día le pedimos para no sé qué cosa, le dije a Lupe, “oye, fíjate que necesitamos unos 50”; y me dijo: “ya está, tráete un camión”. Y allá en los patios tenían cantidad, y dije yo ¿pidiendo 50?, hubiera pedido 500. Entonces Cementos Mexicanos nos dio muy buena mano, todo lo que pavimentamos también nos lo dio en aquella época; estoy hablando del 70.

¿Qué puesto ocupaba en la facultad?

Era asistente del director José Cárdenas. Es que cuando yo presenté mi examen el 24 de octubre y

“Tengo muchas experiencias,

desde que yo recuerdo, toda mi

vida ha sido así. Claro que la

riqueza es a partir de que yo entro

a la facultad, porque la facultad me

formó, la facultad es mía”.

salí de mi examen a las 10 de la noche; me estaba esperando el Sr. Director Juan Zamudio Camacho y me dice “Humberto, quiero hablar con usted, vamos a la dirección. Oye, Humberto, supe que le fue bien en su examen, hasta acá se escucharon los aplausos. Mire, señor Infante, tengo un problema con el grupo 4to. A, ese grupo es de Control Interno de los Negocios, lo he estado observando a usted y parece que usted tiene ese don, puede conducir la cátedra, ¿me puede ayudar?”, y le digo “Maestro, es un honor para mí poder colaborar con usted en la facultad de lo mucho que me ha dado. Yo traigo la camiseta de FACPYA bien puesta”.

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Interno. Desde ahorita le digo que el problema que tengo es que son personas ya grandes en el grupo”. Y al día siguiente me presenté y les dije de qué era la materia, y gracias a Dios me fue muy bien; y le presenté al maestro Zamudio un informe que decía, “Maestro Zamudio, por este conducto le informo a usted los resultados de esta materia”, calificación y todo y lo entregué.

Me dice “mira, Humberto, eres el primer maestro que me entrega informe y resultados, ningún maestro lo hace. Me haces favor de pasar con el Secretario Académico para que te entregue el horario del próximo semestre”. Llego con el maestro y me dice: “me acaba de hablar el director por el teléfono interno y me dijo que son 11 clases: Control Interno de los Negocios, y Contabilidad 1”; y como yo era ya contador privado, pues ya me sabía eso.

Ahí comencé recién titulado y le empecé a agarrar el gusto a la cátedra. Cuando ya entrega Zamudio y entra Pepe Cárdenas él me decía “recibe la nómina, depúrala y entrégala”. ¿Con el maestro José Cárdenas qué vínculo lo unía?

Pues éramos amigos y nos conocimos del grupo. Él estaba al lado de mi grupo, yo era el grupo D y él creo que el E, algo así, éramos de generación.

Cuando faltaba el maestro que daba Impuestos, él lo sustituía y me invitaba y entre los dos dábamos la clase, siendo alumnos los dos. Me habló para que le ayudara y fueron cinco años; hasta que se fue a México, donde lo nombraron sub jefe de Recursos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Se tuvo que ir a México y yo me quedé aquí.

Yo no dije nada, nada más me quedé sentado en mi oficina y la limpié toda. Entonces llega aquí Quiroga Díaz abre la puerta y me dice “¿Qué pasó?”, y le digo “nada, aquí nada más”, y me dice “¿me puedes ayudar unos 15 días mientras encuentro a alguien?” Y le dije que sí y ahí empecé. Un día me dice: “Infante, ¿dónde están los periódicos?” Y le digo “en mi casa; yo los pago”. Y entonces ya ordenó que trajeran los periódicos y me los pasaba a mí y yo rápidamente recortaba lo importante y se los llevaba. Y pasaron 15 días y siguió pasando más tiempo y ahí me quedé apoyándolo. Yo nunca dejé de dar clases.

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a mi compadre Pepe Cárdenas que me haya dado la media planta, porque le dijo a Conrado Ríos, “oye, Conrado, vamos a darle la planta”, y dice “es que no se puede, pero le vamos a dar la media planta y un poquito más”, y dice Todd “el día 15 te vamos a dar tu cheque”; y el día 15 salió.

Y luego termina Quiroga porque lo nombran Tesorero del Estado; don Víctor Gómez lo nombra de Finanzas del Estado; y se va y entonces entra Juan Manuel Chora Guardado. Y como me quedé yo un lapsus sin trabajo en la facultad, yo terminaba mis clases y me iba a la dirección. Y llega Chora “¿Qué estás haciendo aquí?”, y le dije “mira, Chora, yo tengo dos horas de estancia pero no me las han dado, entonces aquí estoy y aquí te voy a firmar”. Y me dice “pásale a la oficina. Me puedes ayudar con la corrección?”, y le digo: “sí”.

Entonces, la secretaria hacía un escrito, me lo pasaba a mí, yo lo corregía y luego él lo firmaba. Como vio que yo tenía facilidad, pues entonces ahí me dejó. Y luego un día, era semana santa, estaba sola la facultad, siempre me dejaban cuidándola, me dice “tengo problemas, me voy a operar, ahí te encargo”. Era un quiste que tenía benigno, pero el doctor le dijo que tenía que tener reposo.

Un jueves santo, parece, y estaba platicando con el señor que cuida los carros en el estacionamiento, y va llegando su camioneta y se baja Chora, pero muy despacito, y le pregunto: “¿qué paso? ¿cómo está?” Y me dice “bien, vamos a la dirección… dame el maletín”, y lo abre y me dice “ten”. Y le digo “¿qué es esto?”, y me dice “es la otra media planta, ya tienes planta completa”.

Quiere decir que la tramitó antes de irse y no dijo nada, sólo me dijo que me encargaba la facultad. Después vino Gumersindo Cantú y él también me dijo que si podía ayudarle; y seguí yo ahí con las clases y estuve en todos los puestos: fui coordinador, menos en finanzas y en deportes, estuve en servicio social y becas, yo fui el que inició el servicio social el 10 de octubre de 1974, a partir de esa fecha se hizo obligatorio. También hice la primer ley interna, el reglamento, y ahí estuve con el maestro Gumersindo Cantú.

Y ya me presenté con el doctor Medellín, platicamos, y en esa época el doctor Carlos Canseco me buscó y me dijo que le ayudara como

Jefe de Relaciones Públicas del Club Rotarios de Monterrey. Ahí tuve muchas experiencias, porque un día le pedí un programa y me dijo “no, aquí nunca se ha hecho un programa de relaciones públicas”. Entonces al día siguiente le llevé uno y me dijo: “qué completo está”. Y ya me quedé cinco años en ese club y del club a la facultad y de la facultad a otro lado, entonces andaba como rehilete cuando terminó Gumersindo.

Luego entró Ramiro Soberón y me dijo que si podía quedarme en Servicio Social y Becas, y le dije que me estaba gustando mucho lo que estaba haciendo con el Dr. Canseco; y me dijo “¿tú traes celular, verdad?”; y le dije “sí”; “ya está, que al cabo donde andes, si te necesito, te marco”. Entonces, venía, checaba, daba clase y me iba a hacer lo que yo tenía que hacer, porque el programa lo hice en tres niveles: el nivel federal, invité a los que tenían puesto en la federación; el nivel estatal; y el municipal, ahí invité a todos los presidentes municipales y todos fueron, fue Natividad González, Fernando Canales Clariond, y todos. Cuando yo los invitaba todos iban, por eso Canseco estaba muy contento, porque siempre había mucha gente.

Pero llegó el momento también en que me dice Soberón “¿y en dónde estás?, ¿cuánto tiempo te vas a tardar?”, tenía que andar corriendo de un lado a otro. Yo le agradezco a todos los directores, porque yo trabajé con todos, nada más con Horacio Bernal muy poquito. Yo tenía que gastar gasolina, tenía que comer y ellos me apoyaban muchísimo, sólo me decían “tráeme el boucher”; y para mí era una cosa fabulosa que tuvieran esa confianza, eso no tiene precio, esa confianza.

Y ya después de eso, Horacio Bernal –que fue compañero mío– en la cena de despedida de Soberón, dijo algo enfrente de todos, que lo traigo muy grabado, dijo “muchas gracias a todos por haber colaborado conmigo como director. Yo sé que con el único con el que no me podía equivocar era con Infante”, eso lo traigo muy grabado.

Y la facultad siguió, por eso es una cosa fabulosa este sistema de enseñanza-aprendizaje de la Universidad, porque es tan noble y estamos en un lugar privilegiado.

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a Alemania a ver la carrera de Contador Público, pero resulta que allá era Facultad de Economía y de Contaduría, entonces él la dio de alta aquí en Rectoría como Facultad de Economía y de Contaduría Pública y de Administración; así nació la Facultad de Comercio y la Facultad de Economía. Los primeros contadores salieron muy buenos economistas.

El problema surgió despuecito porque don Ramón contrató a una gran maestra que él conoció allá, la Srita. Meyer. Y ella vino y se hizo cargo del área de Economía, pero algo vio que no funcionó y se llevó a los muchachos; y fundó la Facultad de Economía en la calle de Abasolo, y se quedó como Facultad de Comercio y Administración.

Yo creo que usted me está preguntando ¿qué hubo de impacto? Cuando José Cárdenas Cavazos quiere dar de alta la Maestría en Administración Pública, venimos aquí con el Dr. Todd; y Pepe se iba a quejar porque el director de la Facultad de Economía, mis respetos, nos había prestado unas aulas para que se impartieran las clases de la maestría. Pero como vio Severo que la carrera estaba muy bien ahí, cuando va Pepe y le dice Severo “mándame las cosas con Infante”; dijo: “no, la maestría se queda aquí”.

Entonces Pepe me dice que vayamos a hablar con Todd, y él le dice: “Señor Rector, fíjese que pasó esto. Yo quisiera que hablara con Severo”, y le dijo que no, que él le autorizaba para que abriera una Maestría en Contaduría ahí en la facultad.

Luego nos pusimos a trabajar y abrimos la Maestría en Administración Pública; y me dice Pepe “viene Zorrilla a la inauguración, viene el señor Rector, el Dr. González que viene de Francia, trae el doctorado, pero ve tú por él –porque estaba haciendo mucho frío–”. Y ahí voy al aeropuerto, yo iba pensando ¿cómo le haré, pondré una pancarta?, porque no lo conocía. Y ahí estoy esperándolo. Llega el avión y empiezan a bajar todos y veo a un amigo mío de toda la vida y le digo “¿Qué pasó Nati? Oye felicidades”, y me pregunta: “¿Qué andas haciendo?” Y le digo: nombre estoy esperando al Dr. González y me dice: “yo soy, Infante; vengo a dar la primera clase”. Era el Lic. Natividad González Parás.

Ya me lo traje y veníamos platicando de cuando él era monaguillo y todo eso. Y llegué a la facultad y veníamos riéndonos; y estaban todos ahí muy

serios el gobernador y el director. “Dr. González a la hora que quiera empezar”, y entramos. Luego me dice el director “¿ya lo conocías?”; y le digo “sí, es Nati”.

¿Estuvo presente en algún cambio de construcción de la facultad?

Don Ramón llega y construye la facultad ¿cómo? quién sabe. Cuando lo obligan a dejar la dirección, entra el maestro Francisco Díaz Puebla; y los conozco tan bien a ellos. En el argot, entro yo y no me da la entrada; me dice que me espere, y se me hizo tan raro y dije “bueno, mañana regreso”. Y al día siguiente vuelvo y me dice “pásale, Infante, ¿qué se te ofrece?”. Y le digo “nada, maestro, nada más para decirte que en lo que te pueda ayudar”, y me dice “ah, ¿ya estás aquí?”. Y le digo “sí, creías que venía a pedirte? No. Maestro, ¡desde cuándo que estoy aquí!”. Y ya le ayudé con don Victor Gómez, fue una gran persona, ese desde que entró le dí todo mi apoyo, él me buscaba y me decía “¿Qué te falta?”; “Pues, los taquetes de la puertas”, y cosas así.

Yo trabajé con él pero fuera de la facultad, cuando era contador privado yo, y con él también porque ambos fueron presidentes de la sociedad de alumnos, de contadores de Monterrey. Con don Victor era muy buena relación, era un gran hombre ese señor. Con Díaz Puebla tengo una anécdota, todavía no era aceptada la facultad aquí, todavía no había cheques. Entonces le dice él a la secretaria Paulita, “Paulita, tráeme la lista para hacer los cheques y entregar la nómina a los maestros”; y le dice “no”; y dice “¿Cómo que no?”; y le dice la secretaria “es que don Ramón pagaba de su chequera”. ¡Se fue para atrás! Y ya con don Victor Gómez se aprobó y entró con presupuesto.

Entonces Díaz Puebla no pudo pagar, pero los maestros que estaban en aquel entonces eran maestros de alto nivel, era Santiago Roel, Trinidad Toscano, Madero, González Irigoyen, gente que venían de otro nivel, que no necesitaban dinero. En la época de él no cobraban, regresaban el cheque, les pagaban $125; lo cobraban y regresaban el dinero, pero ahí quedaba asentado que lo recogían. No fue hasta don Victor Goméz, porque como él fue tesorero, por su influencia ya se hizo lo de los cheques y ya tenían fondos.

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“Y empezó a crecer y se fue

pidiendo más presupuesto y más

carga de maestros; y en la época

de los setenta ya era muy grande la

facultad”.

un principio que yo me dediqué a la Institución. Claro que había problemas políticos y grupos; ninguno de ellos me rechazó, al contrario, todos ellos cuando llegaban a la dirección, me ratificaban. Yo duré 26 años como administrativo, estuve muy ligado.

La semana pasada murió la esposa de un maestro y fui, y se acordó de mí; todos me recuerdan.

Yo termino con Horacio Bernal con un puesto administrativo. Y seguí dando clases, ahorita estoy asignado a Sabinas Hidalgo, fuimos a levantar Sabinas. Hubo problemas muy fuertes allá, al grado de que un día llegamos y no vimos un alma en la calle; fíjese lo fuerte que estuvo el hampa o los malitos. Llegamos a Sabinas y el los bailes, porque era muy grande, fue Pérez

Prado.

Claro, empezó a crecer la facultad y don Ramón nos regaló la primera computadora que tuvo la facultad, que era bull, que era de la fundidora. El maestro Rogelio, que estuvo en Informática, él la instaló y yo le daba mantenimiento, vigilando que todo estuviera bien. Y empezó a crecer y se fue pidiendo más presupuesto y más carga de maestros; y en la época de los setenta ya era muy grande la facultad, y la facultad se sumió.

Un día estábamos en Rectoría esperando que el Dr. Todd nos recibiera; y Pepe Cárdenas se recargó en la pared y se abre la puerta y dice: “perdón, se abrió la puerta”, y dice: “no, se movió la Rectoría”. Estaba oscilando y nos dio miedo, y ya nos regresamos. Pero cuando regresamos, llegamos a la facultad y llegamos a la dirección; pedimos un café y en eso llega Modesto, que era el encargo de la imprenta –la imprenta estaba al final de segundo piso–, llega y abre la puerta de la dirección, pero cuando entró se veía blanco, y nos dice: “¡tembló!”; “¿Cómo que tembló?”; dice “sí, se sumió la facultad”.

Y dice Pepe, “¿pero cómo?”. Sí, se sumió dos metros y pues luego, luego a hablarle a Ernesto Marroquín Toba, que era el de mantenimiento. Y voy y le digo: “ingeniero, le habla el Lic. José Cárdenas”; y me dice: “sí, ahorita voy”; y yo “¡no!, ¡vámonos ya!”.

Y me lo llevé y le dije: “mira”, y se asustó y me pregunta: “¿alguien sabe de esto? …ni les digas, ahorita mismo te arreglo esto”. Y trajo unas personas, por los jardines, llevó unos gatos hidráulicos, pero grandísimos; y subieron a la facultad, vaciaron unas pilas con bastante mezcla, y taparon para que no se viera.

Ya como a los dos o tres meses vino y quitó todo, y luego ya fuimos a revisar. No sé si ustedes han ido a esa parte, está en el segundo piso; si ponen una canica, se va de lado porque está desnivelado. Me imagino que Marroquín Toba fue lo que más pudo levantar, porque levantarla un metro, es mucho. Pero ese evento nadie supo, mas que Marroquín Toba, Pepe Cárdenas, un servidor, y los muchachos que le ayudaban. ¿Algo que nos quiera compartir de alguna persona o director?

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chofer se comunica a la facultad y le dice la encargada “maestro, regrésese, por favor”. Y nos regresamos y ya después supimos que andaban ahí los malitos y que la gente estaba en sus casas. Pasa el tiempo y cuando estaba Eliud Palacios de director, tuvo problemas allá, y me dice Eliud “vinieron los alumnos y quieren que vayas allá porque hay problemas”. Y me fui y llegué y no vi yo ningún problema y seguí; y luego se me acercó una muchacha y me dice “me dijeron que usted es el único que puede arreglar un asunto que traemos aquí. Es que queremos salir a las 9 de la noche, porque aquí hay mucho peligro y nosotros somos de Bustamante, pero nadie nos hace caso”. Y empecé yo a sacar mis conclusiones y le dije “mañana hablamos, tu asunto se va a solucionar”. Al día siguiente trato yo de buscar una explicación, llegué a clase y se presentó la muchacha y le dije: “necesitas hacer un oficio firmado por la mayor parte de estudiantes. Ese oficio tienes que presentarlo en la facultad para que la facultad la presente a la junta directiva; la junta directiva lo apruebe y lo mande a rectoría y rectoría lo mande al consejo técnico y el consejo técnico decide si corren el horario, porque es

oficial”. Y dice: “¿ay, maestro, y cuánto se tarda eso?”; “pues, mínimo, un par de años. Pero, mira, vamos a hacer una cosa, deja le muevo al asunto, a ver si hay oportunidad”.

Y como cosa caída del cielo, a los dos o tres días por orden del señor Rector, nos ordenó que saliéramos más temprano.

¿En dónde más dio clases?

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me ayudó un poquito fue José Luis Esquivel, después fue subdirector, me ayudó, me calmó, porque era mucha la tensión. Quedó el Lic. Ernesto Rocha Ruiz y él me dijo “Infante, hasta ahora tienes clases”, y llega Obed Jiménez, que era secretario académico, y le dije “¿ya supiste?”, y me dice “sí”. Y nos fuimos, estábamos con él, Carlos Elizondo, Joel, un servidor, mi hermano Hugo y nos fuimos a la Prepa 16, porque el director Jaime Vallejo nos habló porque necesitaba un equipo, y ahí vamos.

Porque pasó un detalle y le dice a Obed “necesito urgentemente un latinista porque no hay; hablé a rectoría y no hay”. Y le dice Obed “aquí está Humberto”; y me pregunta “¿tú sabes?”. Y le digo “déjame ver el programa”. Y como eran Etimologías y era la primera y segunda declinación, “pues sí”, le dije, “sí te doy la mano”. El Padre Infante nos obligaba a estudiar latín para las misas, todo era en latín, y ahí me quedé 30 años, me dieron mi anillo y todo. Hasta que dije “ya”; y entonces le dije a Vallejo que ya me

que se les pagara 1.25 a 1.50, y que se acabaran las tiendas de raya; pero él decía que no se podían quitar porque no hay dónde surtir. Entonces, los dueños de la empresa Peñoles surtían toneladas de mercancía y él era el pagador; surtía el mandado y les daba su efectivo aparte, y ahí se lo surtían. Esos detalles los hacía saber a los alumnos para que pensaran dos veces antes de dar su opinión, para que vieran qué sistema era mejor o no; también decía que don Porfirio Díaz cuando era presidente, el peso mexicano valía 2 dólares por 1 peso. Cuando la Revolución Mexicana, subió a 4 por 1; y luego se fue a 6 y tanto; y luego a 8.75, entonces la Revolución sería muy buena pero no trajo beneficios como se esperaba, al contrario, se fue reduciendo todo hasta que ya estamos un poco atrasados en la vida de los mexicanos, porque no es muy agradable.

¿Y ahorita sigue dando alguna clase?

Sí, Ética para el Desarrollo Profesional en la FACPYA en Sabinas. Después el maestro Castillo me dijo que le ayudara con esa materia allá, porque

“La FACPYA no la he dejado. Yo me jubilé, y me dice Castillo

‘ayúdame con esa materia’; y sigo ahí”.

iba y me dijo que me iba a dar permiso indefinido. Dejé esa actividad para descansar un poquito, porque me encargaron que revisara un libro de Ética. Lo revisé, lo aprobaron y yo me retiré de la prepa dando esta clase, fue como en el 80 y tantos. Cuando era Silos el Rector quitaron muchas materias y me dieron Historia de México, y seguí dando esa porque yo sé una historia que me han transmitido a través de los dichos, y que yo viví. Yo viví un tiempo con el general Herrero. Todo mundo en la historia dice que fue quien asesinó a don Venustiano Carranza. Y él nos decía que no, que su hermano era el que había dado la orden, y él estaba ahí porque así convenía la cosa. Entonces acotaba y les decía a los muchachos “en la colonia San Jerónimo vive el general Herrero, entonces hay testigo, Anita Peña Hernández, cuñada de él y sus demás cuñadas son testigos”. Pero eso queda así en la historia.

Mi papá me contaba que en la huelga de Río Blanco y Cananea, donde pedían los trabajadores que bajara la jornada de trabajo de 18 horas a 12,

yo estaba asistiendo a la Normal del Estado en Sabinas “Pablo Livas” a dar Maestría en Administración los sábados, y terminé ahí. Me pasé a la facultad pero la FACPYA no la he dejado. Yo me jubilé, y me dice Castillo “ayúdame con esa materia”; y sigo ahí.

¿Para usted qué significa la UANL?

La traigo adentro, muy adentro. La Universidad es tan amable, tan sublime; cuando decimos alma máter, realmente sí lo es; y a veces nos estira las orejas pero merecido lo tenemos, pero es una gran Institución que se renueva solita y crece.

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28 MEMORIA / MARZO DE 2014

Embargadas por el Gobierno Federal

A REMATE PÚBLICO

BUTACAS DEL AULA MAGNA

9 DE MARZO. La Oficina Federal de Hacienda en Monterrey, al frente de Francisco E. Velasco, publica la convocatoria del remate de las 600 butacas del Aula Magna del Colegio Civil, embargadas al Comité Organizador de la Universidad de Nuevo León por el Gobierno Federal. Esto debido a la falta de pago de seis mil 450.30 pesos de los derechos de impuestos causados por su importación de Estados Unidos. El valor es de 15 mil pesos; y la postura legal para el remate, programado el 25 de marzo, por siete mil 500. Esta acción económica coactiva es de

conformidad con el artículo quinto y demás relativos de la Ley Orgánica de la Tesorería Federal del 30 de diciembre de 1932, pese a que el mobiliario lo importan con el amparo de una exención de impuestos aduanales a materiales educativos que expide el Gobierno Federal.

Del Instituto Mexicano de Cultura

HOMENAJE AL BENEMÉRITO COLEGIO CIVIL

13 DE MARZO. En la Ciudad de México el Instituto Mexicano de Cultura rinde homenaje al Colegio Civil en solemne ceremonia en el salón de actos de la Asociación Nacional de Abogados. Genaro Salinas Quiroga fue director y catedrático de la centenaria institución nuevoleonesa. El presidente del Instituto, Amílcar Bonilla, resaltó la valiosa aportación del Colegio Civil al progreso material y cultural del país. Godofredo Beltrán hizo una sentida evocación de las vicisitudes de su creación. Felipe López Rosado, profesor de la Escuela Nacional Preparatoria, elogió su lucha por abrir nuevos y mejores horizontes para los mexicanos. Salinas Quiroga participó como maestro huésped (foto) conferencista en los Cursos de Invierno de la Facultad de Derecho de la UNAM.

EFEMÉRIDES

15/marzo/1993. En el 80 aniversario de su natalicio, la UANL rinde homenaje a Raúl Rangel Frías en el auditorio de la Facultad de Contaduría Pública y Administración. El ex rector no puede estar presente por encon-trarse delicado de salud, pero se le otorga una presea de reconocimiento y se lee su sem-blanza. El Rector Manuel Silos, y el director de la escuela, Ramiro Soberón Pérez, le dedican sentidos mensajes. Por su parte, la Facultad de Filosofía y Letras publica el libro

Raúl Rangel Frías. Escritos juveniles (1929-1934).

7/marzo/1974. A petición de la Coordinación de Preparatorias, el Consejo Universitario acuerda la necesidad de crear y abrir una preparatoria en el sur de la ciudad; de estudiar la demanda de alumnos para septiembre y cómo hacer frente a ella, así como planear e incrementar el sistema específico en las preparatorias foráneas. El estudio quedará a cargo del Departamento de Planeación, la Comisión de Presupuestos junto con la Rectoría y la Coordinación de Preparatorias.

18/marzo/1982. El proyecto, presentado por la Rectoría, para establecer un área académica en arquitectura naval, lo aprueba el Consejo Universitario. Esta carrera relacionada al diseño, proyecto, construcción y explotación de buques, embarcaciones y otros sistemas navales y estructuras marinas como plataformas petroleras, se ofrecería en la nueva extensión de Linares, NL; sin embargo, el proyecto no prosperó.

28/marzo/2007. El Consejo Universitario aprueba la carrera de ingeniero en aeronáutica. Esta carrera está orientada a formar pro-fesionistas capaces de proveer soluciones y satisfacer los requerimientos de alta exigencia de la creciente industria aeroespacial en México. En la sesión, el director de la FIME, Rogelio Garza Rivera, toma la palabra para exponer las acciones emprendidas y la necesidad de participar en el boom de esta industria.

SUCEDIÓ EN MARZO

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B I B L I O G R A F Í A

U N I V E R S I T A R I A

L E C T U R A R E C O M E N D A D A

Julián Guajardo. Un hombre de teatro. Tomo I

ARMANDODE LEÓN MONTAÑO

UANL, MARZODE 2014

Este libro está dedicado a una leyenda viva del teatro regiomontano al cumplir 80 años de vida; y más de 60 dedicados a los escenarios. En este primer volumen, el Premio UANL a las Artes, además de abordar el aspecto biográfico por medio de una serie de entrevistas que formula el autor, comparte sus secretos teatrales como bailarín, actor, director y productor.

ISBN: 978-607-27-0219-6 18.8 x 24.3 cm

Variaciones sobre un mismo amor. Vivencias: Gerardo Cantú

ÉRIKADEL ÁNGEL (EDICIÓN)

Esta reedición de la obra, que se publicó en 1993 y 2007, puede definirse como una autobiografía con anécdotas divertidas de la ciudad de Monterrey en la

década de los cincuenta, cuando el artista expresionista era un niño y un joven estudiante en la

entonces recién fundada Escuela de Artes Plásticas de la Universidad. “El Chato”, como le dicen su familia y amigos, describe esa década como hermosa

y artísticamente efervescente.

ISBN: 978-607-95643-3-9 21.8 x 21.8 cm

Julián Guajardo. Un hombre de teatro. Tomo II. Bajo la lupa de la

prensa

ARMANDODE LEÓN MONTAÑO

UANL, MARZODE 2014

Este segundo volumen es una recopilación de material hemerográfico. Misión casi imposible por lo

prolífica y larga trayectoria del maestro; pero sí representativa de su trabajo que, como afirma el autor, refleja a través de las notas de prensa a favor o en contra “el rompecabezas que es su vida artística”. El material está ordenado cronológicamente desde

1960 hasta 2000.

Referencias

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