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El desarrollo nuclear de Argentina y Brasil

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Título del Trabajo:

EL DESARROLLO NUCLEAR DE ARGENTI NA Y BRASI L. ¿DE LOS

CONTROLES EXTERNOS A LA AUTONOMÍ A?

Autor:

Silvia Quintanar

1

Mónica Rom egialli

2

Ponencia presentada en el

I I Congreso en Relaciones I nternacionales del I RI

La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina

11 y 12 de noviem bre de 2004

1 Profesora de Geografía, Master en Relaciones I nternacionales, ex – Decana de la Facultad de Ciencias

Humanas de la UNCPBA, Directora de la Licenciatura de Relaciones I nternacionales de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNCPBA, titular de las asignaturas: I ntroducción a las Relaciones I nternacionales, Teoría de las Relaciones I nternacionales I y I I , y Relaciones I nternacionales de América Latina

2 Profesora de Geografía, Maestrando en Relaciones I nternacionales, profesora adjunta en las asignaturas:

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La Argentina y Brasil después de largos años de rivalidad, de desconfianza y de autonom ía en el desarrollo de sus program as nucleares, lograron construir un com prensivo, am plio y efectivo m ecanism o de control y de fiscalización, llegando a constituirse el m odelo regional para el régim en de no proliferación.

Hasta finalizar la década de los años 70 dom inaron las rivalidades de orden geopolítico, fundadas en la m utua aspiración al liderazgo regional, a lo que se asoció la prolongada controversia por el uso de las cuencas hidrográficas com partidas.

La desconfianza entre am bos países se intensificó a m edida que la industria nuclear se desenvolvía con m ayor sofisticación y que crecía la posibilidad de producir un explosivo nuclear. Am bos eligieron distintas líneas tecnológicas para el desarrollo de su program a nuclear, lo que explica las diferencias en el grado de avance que alcanzarían. Argentina gozaba de una posición m ás cóm oda, tanto desde el punto de vista de su política energética general, com o de su estado de desarrollo en el cam po nuclear en particular, en el que desarrollaba un program a de autonom ía sobre la base de la tecnología del uranio natural. Brasil enfrentaba un drenaj e de divisas por sus im portaciones petroleras y su program a nuclear presentaba un estado de desarrollo m ás atrasado, lo que lo llevaría a la cooperación con la Republica Federal Alem ana, a partir de 1975.

Sin em bargo, m ás allá de su com petencia en el terreno nuclear, los dos países fueron, en la m ism a década, capaces de actuar coordinadam ente, en especial, cuando sus intereses se vieron am enazados desde el exterior. Esta actitud se expresó en la posición convergente que am bos Estados tuvieron, prim ero en la adhesión inicial al Tratado de Tlatelolco de 1967; posiciones que luego evolucionarían hacia la de no ratificación ( Argentina) o no ser parte com pleta del m ism o ( Brasil) .

Habría tam bién coincidencia frente al Tratado de No Proliferación, abierto a la firm a en j ulio de 1968, el que cuestionaron por su carácter discrim inatorio, que favorecía a las potencias del “ Club Nuclear” .

Una nueva etapa de convergencias se inició en los años 80 y puede decirse que fue facilitado por el Acuerdo Tripartito entre Argentina, Brasil y Paraguay sobre la com pat ibilización de las represas alcanzado en 1979. dicho acuerdo quitó al desarrollo nuclear el sentido de am enaza que habían tenido hasta entonces y fue un paso realm ente trascendente para generar un clim a de confianza entre los m ism os.

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obstante, el acercam iento estratégico, que ganaría un nuevo im pulso durante la guerra de Malvinas de 1982, tuvo algunos retrocesos. El m ás significativo ocurrió a part ir del anuncio argent ino de 1983 respect o al éxito alcanzado en la producción de uranio enriquecido. Las declaraciones desafiantes de las Fuerzas Arm adas brasileñas pusieron en evidencia el hecho de que los program as nucleares “ paralelos” no habían sido desm antelados.3

Con el advenim iento de la dem ocracia se quitó al desarrollo nuclear el sentido de am enaza. El am bos países se inicia un nuevo ciclo de confianza m utua y cooperación nuclear, el 30 de noviem bre de 1985 los presidentes José Sarney del Brasil y Raúl Alfonsín de la Argentina, firm an en Foz do I guazú la “ Declaración conj unta sobre política nuclear” .

Este instrum ento inicia una etapa caracterizada por una serie de hechos políticos a través de visitas presidenciales y de equipos técnicos a las plantas de cada país, declaraciones conj untas, firm as de protocolos en el ám bito del Program a de I ntegración, creación de grupos de trabaj os y reuniones periódicas.

Argentina y Brasil se com prom etieron al uso pacífico de la energía nuclear y reafirm aron su voluntad de cooperación en el área, invitando a los dem ás países a participar activam ente de ese m ism o proceso de cooperación en el cam po nuclear. En ese m arco, Am érica Latina en general, y Am érica del Sur en particular crearon escenarios donde fueron dadas iniciativas políticas de cooperación, integración y concertación, com patibilizando políticas y patrones técnicos que consolidaron la estabilidad regional sobre la base de m edidas de confianza en el área nuclear.

A partir de entonces, nuevos instrum entos aproxim aron aun m ás los program as conj untos de cooperación y consolidación de los m ecanism os de confianza m utua, con pasos decisivos hacia la etapa de verificación.

En tal sentido podem os citar, la Declaración de Brasilia ( 1986) , que abre cam ino a la transparencia ante los otros actores regionales e internacionales. Se intensifica la práctica de intercam bio de visitas, se procede a “ fortalecer la coordinación de posiciones políticas en el ám bito internacional para la defensa de intereses com unes y para preservar la región del riesgo de la introducción de arm as nucleares” .4

La Declaración de Viedm a ( 17 de j ulio de 1987) se corresponde con uno de los hitos fundam entales en este proceso de aproxim ación com o lo es la visita del presidente Sarney a la planta de enriquecim iento de uranio de Pilcaniyeu-Argentina. En ella se destaca el “ inam ovible com prom iso de am bas naciones de utilizar la energía nuclear con fines exclusivam ente pacíficos” así com o los

3 Quintanar, Silvia, Romegialli, Mónica (2000) “Relación Argentina-Brasil del conflicto nuclear al

fortalecimiento de la confianza mutua” CARTA I NTERNACI ONAL, nº 93, año VI I I , Sao Paulo, Brasil.

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avances del Grupo de Trabaj o conj unto y los “ progresos alcanzados para perfeccionar los aspectos legales y ténicos de la cooperación nuclear” .5

La Declaración de I peró ( 8 de Abril de 1988) representa la segunda etapa de este proceso de “ transparentización” de los respectivos desarrollos nucleares con la visita del presidente Alfonsín al Centro Experim ental de Aram ar- I peró y la inauguración de la planta de enriquecim iento isotópico de uranio de Brasil. Se destaca en la m ism a los avances logrados en m ateria de técnicas de salvaguardias, seguridad nuclear, reactores rápidos e intercam bios. Tam bién la “ plena coincidencia de las posiciones argentino-brasileras en las principales cuestiones internacionales del área nuclear” .6 Se t ransform a adem ás, en perm anent e el Grupo de Trabaj o creado por la Declaración de I guazú.

Finalm ente, en la Declaración de Ezeiza ( 1988) se reafirm a la decisión de encarar un proyecto conj unto en m ateria de reactores reproductores rápidos, constituyendo un caso único de colaboración técnico- científica entre países en desarrollo.

Los dos países expresaron su disposición a extender la cooperación nuclear a todos los países latinoam ericanos que estuvieran interesados en participar de ella, y reafirm aron el derecho inalienable de desarrollar sin restricciones externas sus program as nucleares para fines pacíficos, com o una respuesta a las presiones internacionales para que am bos países adm itieran controles de la Agencia I nternacional de Energía Atóm ica. Se m ostraron dispuestos a trabaj ar en el sentido de llegar a un nuevo Tlatelolco, en el cuál ellos m ism os ofrecieran las salvaguardias necesarias y establecieran la m archa hacia la utilización pacífica de la energía nuclear.7

El conj unto de los Acuerdo Nucleares Bilaterales hizo que la problem ática nuclear en la subregión sur dej ase de ser un obstáculo para la am pliación de las relaciones entre los estados que form arían parte del futuro Mercosur, finalm ente firm ado en el Tratado de Asunción de 1991.

El proceso argentino- brasileño tuvo un cam bio de rum bo hacia 1990. Brasil abandonó sus program as de desarrollo de arm as nucleares, casi al m ism o tiem po que en la Argentina el gobierno de Carlos Menem desactivaba el proyecto para la fabricación de un m isil de alcance m edio ( Cóndor I I ) .

Existían fuertes presiones de la com unidad internacional para contar con m edidas de verificación que fueran aj enas e independientes a sus acuerdos bilaterales.

5 Bocco, H; (1989), Pág.28 6 Bocco, H (1989), Pág.28

7 El Tratado de Tlatelolco es un acuerdo impulsado para la no proliferación de armas atómicas en

América Latina que no fue firmado ni por Brasil, ni por Argentina, por considerarlo como una intromisión de las potencias centrales en la política de desarrollo nuclear de los países del área. El Tratado de

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Los nuevos presidentes Menem y Collor, elevaron el nivel de fortalecim iento de la confianza m utua en el cam po nuclear, en Foz de I guazú, el 28 de noviem bre de 1990 firm aron la Declaración Conj unta de política Nuclear Brasilero- Argentina con la presencia del Director General de la OI EA y del Secretario General de la OPANAL ( Organism o para la proscripción de la arm as nucleares en Am érica Latina) . Esta Declaración m arcó una nueva etapa del acercam iento anunciando los pasos que debían ser dados para consolidar definitivam ente la continuidad del proceso en que los dos países se hallaban em barcados.

La Declaración incluye tres decisiones fundam entales:

1. “ Aprobar un Sistem a Com ún de Contabilidad y Control ( SCCC) que sería aplicado a todas las actividades nucleares de am bos países, de m odo de que se supiera cabalm ente qué instalaciones y qué m ateriales nucleares tenía cada Estado.

2. Los dos m andatarios resolvieron tam bién em prender negociaciones con el O.I .E.A. con vistas a la celebración de un Acuerdo Conj unto de Salvaguardias basado en el SCCC.

3. Una vez concluido el Acuerdo precedente, gestionar el ingreso pleno de los dos países al régim en del Tratado para la Proscripción de las Arm as Nucleares en Am érica Latina o Tratado de Tlatelolco, previa “ la actualización y perfeccionam iento de su texto” .8

Con esta segunda etapa del proceso de acercam iento estaba decretado el fin de la concepción de desarrollo nuclear autónom o, para dar inicio a un nuevo ciclo de relaciones de cooperación, transparencia y confianza m utua baj o los parám etros del régim en internacional de no- proliferación.

Dando continuidad a la política de convergencia, los dos países firm aron el Acuerdo Bilateral para el Uso Exclusivam ente Pacífico de la Energía Nuclear ( j ulio de 1991) firm ado en Guadalaj ara ( México)9 que determ inó para los dos países y ante la com unidad internacional el com prom iso de utilización pacífica del átom o.

Para adm inistrar el SCCC ( Sistem a Com ún de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares) , el Acuerdo crea la Agencia Brasileña- Argentina para la contabilidad y control de Materiales Nucleares ( ABACC) , con persona j urídica internacional e integrada por técnicos de los dos países ( 1992) , cuyo obj etivo es verificar que la totalidad de los m ateriales nucleares existentes en los dos países no sean desviados hacia usos explosivos. La creación de ABACC es considerada com o una innovación en m ateria de control de las actividades nucleares “ …ya no se trató de un m ecanism o m ultilateral, con un órgano central de verificación, sino de una institución binacional en la que los dos socios se inspeccionan a sí m ism os, significando en la práctica que cada uno

8 Foz de Iguazú, 28 de noviembre de 1990.

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controla al otro. Este es uno de los aspectos en que la experiencia argentino-brasileña es m irada con m ayor interés en los círculos internacionales”10 . La entidad tiene sede en Río de Janeiro, es dirigida por una Com isión com puesta por delegados oficiales de los dos países y trabaj a en la Secretaría un conj unto de funcionarios y varias decenas de inspectores binacionales, dirigidos por un secretario que rota anualm ente entre un ciudadano argentino y otro brasileño. ABACC viene cum pliendo su m isión con eficiencia, reúne la inform ación m ás com pleta posible sobre todas las instalaciones y m ateriales no som etidos a salvaguardias del OI EA que existen en uno y otro país, y realiza inspecciones sobre el terreno, adem ás de establecer contactos con instituciones afines del m undo entero, com o OPANAL, EURATOM, y el OI EA.

Con la firm a del Acuerdo Cuatripartito, entre Argentina, Brasil, la Agencia Brasileña Argentina para la Contabilidad y Control de Materiales Nucleares y el Organism o I nternacional de Energía Atóm ica am bos estados aceptaron la supervisión internacional de todas sus instalaciones y m ateriales nucleares en 1991. En 1994 ratificaron el Tratado de Tlatelolco, previa actualización y perfeccionam iento de su texto.

Con relación a la posición com ún contra el Tratado de No Proliferación, Argentina y Brasil han m anifestado diferencias. Argentina m ás com placiente, ratificó el TNP y participó en la Conferencia de Revisión y Extensión de 1995, m ientras que Brasil perm aneció apartado del TNP hasta 1998. Pero las m edidas de confianza m utua sobre los planes nucleares de am bos países se han profundizado m ás allá de lo que m uchos observadores no latinoam ericanos habían esperado, a pesar de la falta de estím ulo externo y las severas restricciones derivadas de sus respectivos program as de aj uste que debilitaron las posibilidades de proyectos conj untos.

Continuando con el im pulso inicial de la cooperación el 14 de agosto de 2001, Argentina y Brasil firm aron en Buenos Aires una Declaración Conj unta que crea la Agencia Argentino Brasilera de Aplicaciones de la Energía Nuclear ( ABAEN) que abre un nuevo capítulo en la relación de am bos países al intensificar la cooperación en las aplicaciones nucleares, tales com o: el del ciclo del com bustible nuclear, la producción de radioisótopos, la gestión de desechos radioactivos y la participación en el desarrollo de tecnología innovadoras para reactores generadores de energía eleçtrica.11

Con la llegada de Luiz I . Lula da Silva al poder, el desarrollo nuclear regresa al escenario latinoam ericano, Brasil revisa actualm ente sus program as de desarrollo nuclear, el anuncio se produce después que el citado program a saltase a la portada de los periódicos por el rechazo de éste país a las inspecciones de la Agencia I nternacional de Energía Atóm ica.

10 Carasales, Julio (1997) “De rivales a socios”.I SEN

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Con el fin de conocer los adelantos tecnológicos brasileños para el enriquecim iento de uranio, Estados Unidos convierte en tem a de seguridad un asunto netam ente com ercial, desde hace años, Brasil desarrolla con éxito investigaciones sobre la m ateria, en las que ha invertido m il m illones de dólares.

La inquietud norteam ericana com enzó cuando, a partir del año pasado, las I ndustrias Nucleares de Brasil ( I NB) , con sede en la localidad de Resende, a 160 km . de Río de Janeiro, com enzaron a desarrollar la tecnología por centrífugas.

Citando fuentes anónim as del Departam ento de Estado norteam ericano, el 4 de abril del corriente año, The Washington Post publicó en prim era página una nota en la que se exponía sospechas sobre la negativa brasileña a firm ar un protocolo adicional al Acuerdo de No Proliferación ( TNP) .

Estados Unidos desea que la AI EA esté en conocim iento de todos los equipam ientos e instalaciones de la planta de energía nuclear de Resende. Conform e el propio docum ento del gobierno brasileño, “ los principales equipam ientos de esa planta son ultracentrífugas desarrolladas con tecnología brasilera” . Estas ultracentrífugas con tecnología m ás avanzada y tam bién m ás barata, poseen alta eficiencia en el enriquecim iento del uranio, o sea, en convertir el elem ento de la form a m ás abundante en la naturaleza ( U- 238) , del cual Brasil posee la quinta m ayor reserva m undial) en la variante m ás rara, pero con m ás potencial de fisión, y con esto la liberación de energía con la fisión del núcleo ( U- 235) .

Según inform es del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil: “ En las negociaciones sobre la planta de Resende, la parte brasilera ha buscado garantizar que los procedim ientos a ser adoptados respeten dos principios establecidos en los acuerdos m encionados: por un lado, posibilitar a las Agencias la aplicación de un control efectivo del m aterial nuclear utilizado y, por otro, garantizar que el país pueda preservar sus secretos tecnológicos e intereses com erciales consecuentes”12

El recado parece dirigirse claram ente a la posibilidad de que Estados Unidos o cualquier otro país quiera apropiarse de m anera indirecta de esa tecnología. Sin em bargo existe tam bién la preocupación estadounidense de que Brasil com ience a exportar las ultracentrífugas a países con intenciones declaradas o veladas de producir arm as nucleares, o bien, que el origen de la tecnología de las ultracentrífugas brasileñas pertenezca a la red del program a nuclear de Pakistán.

En el com unicado oficial em itido por I tam araty ( Cancillería) , se resalta que en la planta de Resende se posibilita a la AI EA un control efectivo del m aterial nuclear, garantizando en todo m om ento la preservación de secretos tecnológicos e intereses com erciales.

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Esta posición, que según analistas es m otivo de fricción con Estados Unidos, obedece a una política de preservación de los derechos de soberanía que el Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño adelanta en las discusiones com erciales com o los referentes a tratados de libre com ercio.

Uno de los hechos que m ás llam ó la atención fue que casi sim ultáneam ente a este entredicho con Brasil, México se convirtió en el prim er país latinoam ericano con un im portante program a nuclear que suscribe en Viena el Protocolo que perm ite las visitas sin previo aviso de los inspectores de la Agencia I nternacional de Energía Atóm ica.

Hasta ahora, 81 países han suscrito el Protocolo. Entre los m ás recientes I rán y Libia,

Moham ed El – Baradei, director general de la AI EA, ha m anifestado en repetidas ocasiones que la firm a del Protocolo Adicional al TNP por todos los países del m undo sería uno de los m ej ores instrum entos para com batir la proliferación de arm as nucleares y alentó la esperanza de que Argentina y Brasil suscriban en breve el Protocolo.

Las visitas de los inspectores de la AI EA sirven para asegurar que el m aterial utilizado con fines pacíficos no sea desviado para usos bélicos.

A la fecha, Brasil abre sus plantas nucleares a la Agencia I nternacional de Energía

Atóm ica con condiciones, aseguró que su com prom iso de respetar el T.N.P. quizá no sea incondicional, y que continuará negándole a los inspectores de la Agencia el acceso visual com pleto, no obstante Brasil negocia el alcance de futuras inspecciones, el 15 de octubre del corriente año llegará al país un equipo de expertos enviados por la Agencia I nternacional, quiénes podrán acceder a la “ carcasa” de la centrífuga, pero no a su cuerpo interno.13

En vísperas de las inspecciones, y con m otivo de la visita oficial del Secretario de Estado Norteam ericano, Colin Powell, el tem a nuclear vuelve a escena. Powell recordó al gobierno brasileño que aún está pendiente un acuerdo con la Agencia I nternacional de Energía Atóm ica y “ deslizó una sutil recom endación en tono de advertencia: el país tiene que perm itir las inspecciones de su tecnología nuclear” .14

La com unidad internacional está alarm ada por la propagación de las plantas de enriquecim iento de uranio y regeneración de plutonio dado que constituyen la pieza clave para desarrollar cualquier program a de arm as nucleares. La AI EA fortalece su política en los sistem as de control y verificación y llam a a los países para la firm a del Protocolo Adicional al TNP, tal vez “ reiteración de un estilo político de presión construido a lo largo de

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casi cincuenta años por las potencias nucleares para m onopolizar un m ercado de tecnología que aún tiene m ucho de prom etedor” .15

A M OD O D E CON CLUSI ÓN :

Lo expuesto relata la experiencia argentino- brasilera sobre los orígenes y la evolución de un proceso de creciente confianza m utua y estrategia nuclear com partida de dos países en principio rivales y com petidores.

La índole delicada de la m ateria involucrada hace sorprendente la rapidez y el éxito con que se pasó de un intento de generar confianza y transparencia en los program as nucleares de uno y otro país a un com plej o de instrum entos j urídicos de cum plim iento obligatorio y a la creación de una agencia de control m utuo considerada com o una innovación en m ateria de control de las actividades nucleares en el escenario internacional. A pesar de sus accidentados y sinuosos trayectos, Argentina y Brasil tienen acuerdos bilaterales y m ultilaterales que aseguran el uso exclusivam ente pacífico de la energía nuclear y descartan cualquier desvío para el uso no pacífico. No obstante, Brasil hizo saber a la com unidad internacional su intención de construir una planta de enriquecim iento de uranio16. La prim er sem ana del gobierno de Lula no pasó desapercibida, las polém icas declaraciones del Ministro brasileño de Ciencia y Tecnología sobre la prioridad del gobierno en las inversiones para el program a de investigación nuclear sin lím ites en el conocim iento resultó una actitud provocadora para los organism os de inspección de la Agencia I nternacional de Energía Atóm ica. Brasil tiene que dom inar la tecnología de la bom ba atóm ica, lo aseguró el Ministro Roberto Am aral, si bien el país está en contra de la proliferación nuclear y es signatario del TNP debe dom inar dicha tecnología, “ estar preparado” , dado que la fortaleza m ilitar de Brasil depende de los desarrollos tecnológicos propios en el área de Defensa.

A la fecha, Brasil continúa desarrollando sus program as de investigación nuclear, tales com o los destinados a la finalización de la central nucleo-eléctrica Angra I I I , el desarrollo de la m edicina nuclear y de em presas com o Nuclebras y Nuclerpe, que producen insum os, m áquinas y equipos para el sector atóm ico, asi com o los destinados a fines m ilitares conducidos por la Marina y que apuntan a la construcción de plantas de propulsión nuclear para subm arinos y los proyectos espaciales en convenio con China.

Por su parte Argentina m uestra una actitud m ás pasiva y silenciosa, herm etism o que de alguna m anera avala la conducta brasileña. La CNEA ( Com isión Nacional de Energía Atóm ica de la República Argentina) lleva adelante, entre otras de sus actividades, tareas en m edicina nuclear, gestión de residuos radioactivos, política am biental, form ación de recursos hum anos,

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fabricación de agua pesada, acuerdos de cooperación con Australia, exportación de tecnología nuclear y construcción de Atucha I I .

En los años 90, Argentina y Brasil siguieron los lineam ientos de las grandes potencias y en particular de Estados Unidos, aceptando los controles externos de sus respectivos program as nucleares, por lo que estaba decretado el fin de la concepción de desarrollo nuclear autónom o para los países del Cono Sur.

Hoy el Gobierno de Lula plantea el desarrollo atóm ico en Brasil y anuncia a la Com unidad I nternacional la fórm ula que perm ite el despegue de las dos puntas de su program a, la fabricación de uranio enriquecido y la term inación del reactor que debe im pulsar el subm arino, am bas con tecnología que el país se resiste a m ostrar a los inspectores de la AI EA y que apunta a un nuevo desafío de autonom ía en el desarrollo su program a nuclear.

La cuestión planteada por Brasil debe encarrilarse con delicados equilibrios ante la voluntad de m antener un desarrollo nuclear autónom o, com o al que tienen derecho las potencias del Club Nuclear y los controles externos para sus usos pacíficos; con m ás razón, si Brasil aspira a ser un j ugador global y apostar al m ultilateralism o en cuestiones de seguridad.

BI BLI OGRAFÍ A:

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Referencias

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