DOCUMENTOS DE TRABAJO N° 15
Retos presentes en las ciencias
sociales y humanidades de América
Latina y el Caribe
Alba Carosio
Caracas
DOCUMENTOS DE TRABAJO N° 15
RETOS PRESENTES EN LAS CIENCIAS SOCIALES Y
HUMANIDADES DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
Alba Carosio
Documentos de trabajo N° 15
Retos presentes en las ciencias sociales y humanidades de América Latina y el Caribe
Dirección de colección
Alba Carosio
Coordinación de Publicaciones
María Riera
Corrección
Ricardo Gondelles
Diseño de portada
Ricardo Verde
Montaje y edición digital
Coordinación de Publicaciones Fundación Celarg
Imagen de portada
Feliciano Carvallo, Sin título, sin fecha. Serigrafía sobre tela (16/40)
38,4 x 48,4 cm Colección Celarg
© Alba Carosio, 2017
© Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 2017
Hecho el Depósito de Ley Depósito Legal: MI2016000550 ISSN: 2344-6492
Casa de Rómulo Gallegos
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Este trabajo es un avance de investigación que los autores y autoras realizan con apoyo del Celarg. Ha sido arbitrado por el procedimiento doble ciego.
n * el Informe de la Comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales (1996), que coordinó Immanuel Wallerstein, se afirmaba que nos encontramos hoy ante una situación más esperanzadora que antes de 1945, cuando
… las ciencias sociales estaban interiormente divididas entre las dos culturas [ciencias y humanidades] y había muchas voces que afirmaban que las ciencias sociales debían desaparecer, fundiéndose ya fuera con las ciencias naturales o con las humanidades, según las preferencias de cada quien (p. 74).
Hoy
… la división tripartita entre ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades ya no es tan evidente como otrora parecía. Además, ahora parece que las ciencias sociales ya no son un pariente pobre, de alguna manera desgarrado entre los dos clanes polarizados de las ciencias naturales y las humanidades [las ciencias y la literatura]: más bien han pasado a ser el sitio de su potencial reconciliación (ídem, p. 75).
Visto con ojos contemporáneos, el concepto mismo de ciencias sociales y humanas podría considerarse como arcaísmo. Su mera designación y clasificación responde al espíritu de una época –la Modernidad– que obedece, en realidad a una larga tradición que se remonta hasta la Grecia antigua, de acuerdo con la cual, la realidad en general es binaria o dualista, y este dualismo se expresa de diversas maneras: alma-cuerpo, hombre-naturaleza, cultura-tecnología, humanidades-ciencia, ciencias naturales-ciencias sociales, res cogitans-res extensa, y otras semejantes.
Hoy tenemos más claro que no existe una línea demarcatoria clara entre lo humano y lo que no lo es. Lo humano comienza en algún lugar antes de nosotros y termina también en algún punto después de nosotros. Pensar en complejidad, como sabemos, equivale
**El título de este artículo hace referencia a la conferencia presentada en el Foro Inaugural de la III Conferencia
Clacso Venezuela, realizada en la Fundación Celarg, del 8 al 11 de noviembre del 2016.
a pensar en términos de diferencias de organización, cualitativas o de grados, pero nunca como diferencias de naturaleza. La maravilla de lo humano no puede ser entendida por sí misma, aisladamente. Hoy, las ciencias sociales ofrecen una mayor claridad a nuestra comprensión de cómo las poblaciones humanas interactúan entre sí y con el medio ambiente. Lo que no implica una concepción mecánica de la humanidad, sino más bien la concepción de la naturaleza como activa y creativa. Por esta razón, las ideas y la información que generan pueden hacer una valiosa contribución a la formulación de las políticas eficientes para dar forma a nuestro mundo por el bien común.
Desde esta interdisciplinariedad, nos preguntamos. ¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentarán las ciencias sociales en nuestro continente? ¿Cuáles son las principales preguntas que deberemos hacernos para contribuir al futuro de la democracia, de la paz y de la sustentabilidad en nuestras sociedades? ¿Serán las ciencias sociales un factor para construir democráticamente una sociedad democrática? ¿Conseguirán las ciencias sociales emanciparse de sus orígenes coloniales y de las ataduras que les impone el capitalismo? ¿Podrán las ciencias sociales ser actores de una gran minga* global que permita
impulsar el reencantamiento del mundo? ¿Cómo afirmar la capacidad de las ciencias sociales para articular resultados precisos con preocupaciones y aspiraciones más vastas? Y más aún: ¿cómo podemos explicar el regreso de fuerzas, líderes y recetas neoliberales a pesar de su sombrío historial en materia de derechos humanos, viabilidad económica y bienestar social?
Las ciencias sociales y las humanidades en América Latina han sido expresión de una región golpeada por invasiones, dictaduras y sucesos que han afectado directamente a sus sociedades. Así, en el pensamiento social latinoamericano, siempre hubo permanente
tensión entre el principio de universalidad de las ciencias –característica esencial de las ciencias sociales modernas– y la
particularidad de los procesos sociales y políticos propios de las sociedades latinoamericanas. La preocupación por las realidades concretas y los intentos de explicación/transformación de las injusticias patentes de nuestras organizaciones de vida ha sido central en la conformación de las ciencias sociales y las humanidades en nuestros países. El conocimiento de buena fe es siempre “situado”; es decir, que está condicionado por determinaciones espacio-temporales, históricas, sociales y culturales. Y precisamente del carácter situado se deriva la conexión entre conocimiento y poder.
En este punto nos preguntamos: ¿cuál es la relación de las ciencias sociales y humanidades con el pensamiento crítico? Carlos Altamirano, en una entrevista publicada en Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano Nº 46 (2011), señaló que lo opuesto del pensamiento crítico es el conformismo cínico y resignado y la ideología que emana de los poderosos y sus dependencias. En América Latina hay una rica tradición de discurso que responde a esta rápida caracterización y se ha desarrollado básicamente en torno a dos temáticas: la opresión social, a menudo combinada o conjugada en nuestros países con la opresión racial, y la condición dependiente de los países. Las ciencias sociales tienen un carácter reflexivo, es decir, el conocimiento social, en principio, da cuenta de la realidad y, a la vez, influye en ella misma, la constituye e incluso la modifica. De allí que Pablo González Casanova señale que las ciencias sociales son «reflexiones para la acción» (2004, p. 88), es decir, un conocimiento que impulsa por sí mismo la transformación.
sociales latinoamericanas se constituyeron a partir del conocimiento sobre la sociedad y la identidad latinoamericana producida por ensayistas, caracterizados por pensamiento crítico propio y la impugnación de las formas establecidas, más que por la descripción de hechos. Nuestras ciencias sociales latinoamericanas se diferencian de las desarrolladas en países cuyas comunidades científicas se orientan más por los principios de la neutralidad que por objetivos normativos. El papel crítico que han jugado no ha hecho resentirse sino más bien ha alimentado su condición científica.
Nuestra investigación parte de situarse en el Sur, no como geografía sino como condición de existencia, como condición de partida de la producción de conocimientos, para pensarnos como sujetos y sujetas encarnadas que producen conocimiento de la sociedad, humana y natural que nos rodea. En este sentido, se destacan los aportes creativos de esta producción desde el sur, porque nuestras realidades constituyen laboratorios sociales privilegiados.
Sin embargo, en este momento, en una América Latina y un Caribe que están desandando el rumbo con el que habían comenzado el siglo, nos encontramos en la situación que describió Carlos Monsiváis, cuando afirmó «O ya no entiendo lo que está pasando o ya pasó lo que estaba yo entendiendo». Durante la primera década del XXI se propusieron modelos acerca del día en que nuestro sistema
Hay enormes disparidades en la capacidad instalada de investigación y la fragmentación del conocimiento, que obstaculizan las posibilidades de las ciencias sociales para responder a los desafíos de hoy y de mañana. Si como todas y todos estamos de acuerdo, el problema social es urgente, parecieran necesitarse ciencias sociales y humanas fuertes que ayuden a interpretar lo que sucede y contribuyan a la mejor toma de decisiones en el ámbito de lo público. La desconfianza, entre decisores y comunidad académica, es una vía de dos puntas:
1. Desde las ciencias sociales hacia los tomadores de decisiones, considerándolos excesivamente prácticos y con un desconocimiento generalizado de los grandes temas científicos y nacionales.
2. De los tomadores de decisiones y de los representantes de la sociedad civil hacia los cientistas sociales, a quienes consideran demasiado teóricos, totalmente alejados de la realidad y poco prácticos en la formulación de propuestas de cambio, e incluso demasiado autónomos con respecto a objetivos políticos.
investigación se realiza a nivel de posgrado, donde algunas instituciones públicas tienen un papel importante.
La organización institucional de los sistemas universitarios no alienta a luchar contra la fragmentación y el rechazo de inscribir toda investigación en un espacio general y amplio de debates, a pasar de la monografía precisa y aislada o de la identificación de una nueva variable asociada a una participación en la reflexión filosófica, histórica y política más general. Porque en la universidad, las ciencias sociales están organizadas por disciplinas y lo que se valora no es la participación intelectual en la vida de la ciudad, sino la integración científica dentro del medio profesional.
Paradójicamente, en espacios ubicados fuera de la academia, en el mundo de las redes y de las organizaciones de muy variada índole, se genera una gran cantidad de conocimiento social, el cual, al estar liberado del ritualismo academicista, posee una gran potencialidad y frescura, pero que en muchos casos resulta de difícil organización y sistematización. En un mundo reflexivo todos somos productores de conocimiento. Los movimientos tienen un ideario, un proyecto histórico, crean nuevas identidades sociales que acompañan nuevas praxis cognitivas: como espacios públicos temporales y momentos de creación colectiva son productores de conocimiento social. Los movimientos sociales forman sus propios intelectuales y educadores.
practicantes. En la actualidad se ha producido una disociación entre estos tres aspectos de las ciencias sociales:
• La vocación científica ha sido desprendida de la vocación intelectual,
lo que en consecuencia permite obtener ciertos conocimientos parciales de lo social, pero no necesariamente comprenderlo.
• La vocación crítico-intelectual, desprendida de la científica y
profesional, tiende a convertirse en una pura retórica testimonial.
• La dimensión profesional separada de la dimensión científica deviene
en pura técnica instrumental, lo que se torna eficiente para realizar cosas, sin conocer su real “sentido”. Se trata de una desviación tecnocrática.
Religar estas tres dimensiones en el ejercicio de las ciencias sociales y humanidades es también un desafío principal de nuestra época. Se trata de encontrar las mediaciones entre saberes y políticas que permitan hacerlas más fértiles, también determinar mejores relaciones entre las estructuras de poder y las conceptualizaciones que proporcionan las ciencias sociales, además de enriquecer lo que se piensa y estudia mediante la vinculación con organizaciones y movimientos sociales.
inferioridad insuperable, que no puede representar una alternativa creíble frente a quien es superior. La modernidad y la racionalidad fueron imaginadas como experiencias y productos exclusivamente europeos. Desde ese punto de vista, las relaciones intersubjetivas y culturales entre Europa, es decir Europa Occidental, y el resto del mundo, fueron codificadas en un juego entero de nuevas categorías: Oriente-Occidente, primitivo-civilizado, mágico/mítico-científico, irracional-racional, tradicional-moderno.
Las epistemologías, metafísicas, éticas y políticas de las formas dominantes de la ciencia son eurocéntricas, androcéntricas, blancocéntricas y se apoyan mutuamente. Como afirma Boaventura de Sousa: «Como un producto del pensamiento abismal, el conocimiento científico no es distribuido de modo equitativo: fue diseñado para convertir este lado de la línea en un sujeto de conocimiento, y el otro lado en un objeto de conocimiento» (2010, p. 59). De este lado de la línea están todos los conocimientos populares, campesinos, femeninos, indígenas, urbanos y de los movimientos, a los que se considera más allá de la verdad y la falsedad. No cuentan como conocimiento sino como opiniones, creencias, idolatrías, magia, mitología de un conocimiento. La búsqueda de alternativas y justicia epistémica exige un esfuerzo de deconstrucción del carácter universal y natural de las relaciones sociales de dominación en todos sus aspectos: económicos, raciales, de género, etc. Incorporar estas visiones, hacerlas visibles con respeto y aprecio, y producir conocimiento descolonizado es el tercer desafío importante de las ciencias sociales y humanas.
quienes movilizan saberes populares, tradicionales, indígenas y se dedican preferentemente a la práctica de la emancipación y la transformación social, y aquellos otros que movilizan saberes académicos y se dedican prioritariamente a la producción teórica. Dos son los objetivos que tiene el diálogo intercultural: comprensión y confianza recíproca. Pero de cara a las nuevas realidades para las epistemologías del Sur: ir más despacio, con menos confianza en que las ideas nuevas crean realidades nuevas.
La integración del conocimiento científico con el conocimiento popular implica trascender las disciplinas. Supone el reconocimiento de problemas sobre los que se necesita comprensión, con miradas que trasciendan las disciplinas, con metodologías plurales, con nuevas formas de comprensión desde nuevas categorías. Se trata también de superar problemas aislados que han silenciado los diálogos entre los investigadores del continente, diálogo que tiene consecuencias políticas. Es un saber construir problemas, y no romper la teoría con
la práctica. Elementos indispensables para lograrlo son: 1) reconceptualizar la función universitaria y su compromiso político;
2) desarrollar líneas de investigación relevantes que rompan fronteras. Las universidades deben constituirse como escenarios de debate, para proponer alternativas viables de condiciones de vida. La educación va creando el uso social de la investigación a través de la democratización del conocimiento.
con la utilización de ese mismo conocimiento social producido, la producción y la apropiación.
Uno de los desafíos de mayor calado lo constituye la inclusión de las ciencias sociales y humanidades en la política científica. La política científica determina las relaciones entre las ciencias y el Estado; las funciones y los poderes que ejerce el Estado, se condensan y culminan en la política científica. La política científica engloba el conjunto de intervenciones, decisiones y actividades de los poderes coexistentes en una sociedad y época dadas, tendientes ya sea a ignorar, subestimar, u obstaculizar, o bien a promover o estimular el progreso de la investigación científica y la aplicación de sus productos con referencia a objetivos de diferente naturaleza. Subyace a toda política una concepción de la sociedad a mantener, modificar y reemplazar. A través de la política científica se da prioridad a ciertos progresos; se eligen focos o polos de formación e incremento de la información científica, itinerarios de propagación y formas de concreción de los progresos en el seno del conjunto. Los recursos se reparten de determinada manera para obtener, al menor costo, el mejor resultado deseado. Se trata de un sistema de control de las ciencias sociales y las humanidades.
científico: preservar el carácter de bien público de los resultados de la investigación. Respaldar y promocionar a nivel internacional el acceso al conocimiento como un derecho, y su gestión como un bien común por parte de la comunidad científica y académica.
América Latina se distingue de otras regiones del mundo por considerar la información científica como un bien común, y toda la información de acceso abierto es financiada con fondos públicos y gestionada por la misma comunidad académica, a diferencia de Europa y Estados Unidos donde se han tercerizado y comercializado gran parte de las comunicaciones científicas, principalmente las revistas. La lógica mercantilista aplicada al conocimiento representa
per se una importante contradicción. Mantener esta visión del conocimiento implica su sostenimiento vía políticas públicas, en este momento sin embargo, se observan retrocesos en varios países.
Referencias bibliohemerográficas
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Montevideo: Trilce.
Stavenhagen, Rodolfo (1971). «Cómo descolonizar las ciencias sociales». En Sociología y subdesarrollo. México, D.F.: Nuestro Tiempo.
Sobre la autora de este título
Sobre la Colección Documentos de Trabajo
La Colección Documentos de Trabajo tiene como objetivo publicar y difundir en forma digital los avances y aportaciones de los estudios que se desarrollan en la Coordinación de Investigaciones de la Fundación Celarg. Se trata de una serie monográfica de trabajos inéditos, producidos por investigadores e intelectuales de la Casa de Rómulo Gallegos, que se ponen a disposición del público interesado con la finalidad de aportar a la reflexión y el debate sobre la sociedad y la cultura venezolana y latinoamericana.
Se parte de la consideración del conocimiento como un bien común. Los textos publicados en la Colección Documentos de Trabajo son de acceso abierto, libre y gratuito. Su reproducción y distribución es permitida con la condición de que sean adecuadamente reconocidos y citados.
Esta Colección de la Fundación Celarg se enriquece de manera permanente con la producción intelectual de sus equipos de investigación e intelectuales invitados, enmarcados bajo una mirada crítica y multidisciplinaria. Las contribuciones incluidas en la Colección Documentos de Trabajo se enraízan en el marco de los ejes estructurantes de la práctica de
investigación. Son éstos: movimientos sociales y prácticas
Otros títulos de la colección
N° 1. De la sociedad, del Estado: latitudes del poder en la insurgencia democrática, de
Carolina Guerrero.
N° 2. Subjetividades femeninas y fundación nacional: una aproximación a María de
los Ángeles (1944), de Virginia Carreño y Constanza de Menezes, de Mariana Libertad Suárez.
N° 3. Piratas imperiales, escritura y territorio nacional, de Alejandro Bruzual.
N° 4. Disputar el intersticio. Aproximaciones etnográficas a las dinámicas
motorizadas de la ciudad de Caracas, de Enrique Rey Torres.
N° 5. La crisis del capitalismo rentístico y el neoliberalismo mutante (1983-2013), de
Emiliano Terán Mantovani.
N° 6. Democracia participativa y seguridad ciudadana: ¿un paralelo pertinente?
Reflexiones preliminares a partir del estudio comparativo entre Venezuela, Brasil y Ecuador, de Mila Ivanovic.
N° 7. El capitalismo dependiente: una propuesta teórica latinoamericana, de Yasmín
Rada.
N° 8. En medio de la guerra. Apuntes para intentar la comprensión de la
independencia en Venezuela 1812-1814, de Lionel Muñoz.
N° 9. Pistas para una genealogía decolonial de la poesía en Venezuela, de Luis
Delgado Arria.
N° 10. Treinta años de democracia en América Latina: procesos de democratización y
amenazas, de Alba Carosio.
N° 11. El amor, las palabras… de Marina Tsvietáieva, de Gioconda Espina.
N° 12. Identidad en discordia. Una lectura de Don Pablos en América, de
Alejandro Bruzual.
N° 13. La condición trágica en el pensamiento de Dostoievsky y Unamuno: el sentido de
la vida del hombre que padece, de Nelly Prigorian.
N° 14. Crisis textual como propuesta narrativa en La galera de Tiberio de Enrique
Documentos de trabajo N° 15. Retos presentes en las ciencias sociales y humanidades de América Latina y el Caribe se terminó de editar en Caracas, Venezuela,