De la hist oria int ernacional a la hist oria global: ¿son
las r elaciones I nt ernacionales una disciplina en vías
de ext inción?
D ia na M a rce la Roj a s1
La hist oria const ituy e una fuent e casi inagot able de inform ación,
refe-rent es, sign ificados y ej em plos para las relaciones int ernacionales
( RI ). Podríam os resalt ar m uchas m aneras en las cu ales am bas se
en t relazan; una de las m ás evident es son los usos (y los abusos)
perm anent es que hacen los decisores y los líderes polít icos para
res-paldar, j ust ificar, legit im ar o ex cusar decisiones en m at eria de polít ica
ex t erior. Podem os m encionar t am bién cóm o en m uchas ocasiones la
act uación int ernacional de los países se explica a part ir de las
represent aciones que t ienen de sí m ism os y de sus hist orias
nacionales; t am bién encont ram os int ent os recurrent es por part e de
algunos analist as e incluso de responsables polít icos de ident ificar
“ leyes” que explicarían la perm anencia de un sist em a int ernacion al
com o el caso de Paul Kennedy o de Jean Bapt ist e Durosselle con su
t eoría del auge y la decadencia de las pot encias.2
Todo ello bast aría para señalar la est recha relación ent re las dos
dis-ciplinas; sin em bargo a m i j uicio hay un nex o ent re am bas que
resul-t a aún m ás inresul-t eresanresul-t e: las relaciones inresul-t ernacionales en resul-t anresul-t o
dis-curso racional sobre un aspect o de lo social se const it uy e en sí m ism a
1 Filósofa y pol it óloga. I nvest igadora del I EPRI . Uni v ersidad Nacional de Colom bia.
2 Para un panoram a m ás ext enso y det all ado del l os usos de la hist ori a en la polít ica int ernacional ver :
GROSSER, Pier r e. " De l 'usage de l 'Hist oir e dans l es poli ti ques ét ran gèr es" . En: Pol it i que Et ran gèr e.
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en un obj eto hist órico que, hoy por hoy, est á llam ado a desaparecer
para dar lu gar a u na com prensión dist int a del quehacer hum ano a
escala global. Est e es un lugar curioso para levant ar el act a de
defun-ción de una disciplina, sin em bargo, por las razones que
expondre-m os a cont inu ación, es j ust aexpondre-m ent e u na reflexión sobre el vínculo
en-t re la hisen-t oria y las relaciones inen-t ernacionales la que nos llev a a esen-t a
conclusión sorprendent e y a prim era vist a chocant e.
La idea cent ral de ést e ensayo consist e en que el discu rso sobre lo
in t ernacional t iene su propia hist oricidad, y que es a t ravés de ella
qu e podem os int ent ar com prender los cam bios en el escenario in t
er-nacional globalizado.
A continuación int ent arem os ubicar las RI en su periplo hist órico con
el fin de ident ificar la conform ación de t res m odelos dist int os de
sis-t em a insis-t ernacional a lo largo de los sis-t res úlsis-t im os siglos. El hilo
conduc-t or en el esconduc-t ablecim ienconduc-t o y el cam bio de un m odelo a oconduc-t ro lo consconduc-t iconduc-t
u-y e el papel que j uega la guerra com o elem ent o cent ral de t oda form a
de orden int ernacional, y consecuent em ent e, com o aspect o específico
de las relaciones int ernacionales. Est e recorrido nos con ducen de una
hist oria ent re naciones a una hist oria m undial y, finalm ent e, a una
hist oria global cuy a caract erización nos perm it irá t razar algunas
coor-denadas en el escenario int ernacional de la posguerra fría y m ost rar
los elem ent os que hacen que en est e cont ext o global lo int ernacion al
pierda su especificidad y nos plant ee el desafío de reform ular nu est ra
1 . Las r elaciones int ernacionales en su hist or ia
La hist oria de u na m anera u ot ra es un referent e perm anent e de
com prensión de lo int ernacional, al punt o que llegan a confundirse.
No resu lt a casual que, pese a los esfuerzos de la escuela francesa, no
se haya consolidado en un corpus de produ cción bibliográfica una
ra-m a específica de la hist oria denora-m inada “ hist oria de las relaciones
in t ernacionales”3; en últ im as porque en buena m edida la hist oria de
las naciones es en sí m ism a una hist oria de lo int ern acional. Es
evi-dent e que sin t om ar en cuent a sus vínculos con lo int ernacional no
podría ent en derse el periplo h ist órico de las sociedades, part
icular-m ent e en la hist oria icular-m oderna.
Pero quisiéram os ir m ás allá de la hist oria de los m anuales y m ost rar
cóm o las relaciones int ernacionales se conform an en t ant o discurso
en un m om ent o part icular; un discurso que t iene un com ienzo y que,
a nuest ro j uicio, t am bién t ienen u n fin. El m ayor aport e de la hist oria
a las RI consist e en t rat arlas com o u n obj et o hist órico, en exam inar
su discurso com o result ado de u na conj unción de fact ores en un m
o-m ento específico, en correr el velo de la reificación que los t eóricos
de lo in ternacional han querido m ant ener; la hist oria lo que nos
evi-dencia es la propia hist oricidad de las RI . Su caráct er circunscrit o y
relat ivo, sus est rech os vínculos con el discurso de la m odernidad y su
correlación con el surgim ient o y desarrollo del est ado m oderno.
En efect o, las relaciones int ernacionales su rgen con la organización
del m undo en Est ados nacionales, fundam ent alm ent e a part ir de la
paz de West falia en 1648 . En una prim era et apa, que abarca los
si-glos XVI I , XVI I I , las RI se est ablecen com o relaciones ent re las
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ciones, y part icularm ent e las europeas, de allí que no fueran incluidas
aquellas regiones del m undo que no estaban organizadas com o t ales.
Una segunda et apa com prende el siglo XI X hast a la Prim era Guerra
Mundial y se organiza com o el Conciert o de Naciones, result ado de la
conm oción causada por la Revolución Francesa y el proyect o
napo-leónico en el cont inent e europeo. En una t ercera et apa, y de la m ano
de las dos guerras m undiales y la Guerra Fría, el discurso sobre lo
in t ernacional se conviert e en una hist oria m undial.; allí las relaciones
in t ernacionales se generalizan y ex t ienden a escala planet aria. Y en
una cuart a et apa, que se em pieza a desarrollar a part ir del fin de la
Guerra Fría, nos hallaríam os ant e la conform ación de una “ hist oria
global” en la que las relaciones “ int er- nacionales” en t re Est ados se
desdibuj an ante la int ensificación de las relaciones sociales a escala
global debido al proceso de globalización.
La idea de una hist oria global im plicaría, com o t al, la desaparición del
discu rso sobre lo int ernacional que se hallaba afincan do en la dist
in-ción fundam ent al ent re el adent ro y el afuera, así com o en la guerra
com o m ecanism o de m ant enim ient o del orden int ernacional. Nos
hallam os pues ant e un cam bio hist órico fun dam ent al que nos exige
una com prensión dist int a del sist em a int ernacional, de nosot ros m
is-m os y de nuest ra relación con el is-m undo.
2 . La hist or ia inter - nacional
a. El sistem a W estfaliano
Trat ar el discurso sobre lo int ernacional desde su hist oricidad im plica
afirm ar que lo int ernacional no ha ex ist ido desde siem pre y que t am
algunos de los m anuales de la disciplina sobre si se puede hablar de
relaciones int ernacionales en la sociedades ant igu as, lo ciert o es que
el surgim ient o del discurso sobre lo int ernacional est á est recham ent e
ligado a la conform ación del Est ado- nación m oderno y al est
ableci-m ient o de un sist eableci-m a de est ados nacionales en Europa durant e los
siglos XVI y XVI I . El sist em a west faliano surge, en efect o, del
de-rrum be del proyect o m edieval europeo de un im perio univ ersal, el
cual era una fusión de las t radiciones del im perio rom ano y de la
igle-sia cat ólica. En lugar de un im perio aparece un gru po de Est ados
equiparables en poderío. "Cuando diversos est ados así const it uidos
t ien en que enfrent arse ent re si, solo hay dos result ados posibles: o
bien un est ado se vuelve t an poderoso que dom ina a t odos los dem ás
y crea un im perio, o ningún est ado es lo bast ant e para alcanzar esa
m et a."4 Ello plant eó el problem a acerca de cóm o lograr la convivencia
en t re iguales en ausencia de una aut oridad suprem a. De allí surge el
sist em a de equilibrio de poder, el cual buscaba lim it ar la capacidad de
unos est ados para dom inar a ot ros, y con ello, el alcan ce de los
con-flict os. No se t rat aba en tonces de elim inar las guerras y alcanzar una
paz perm anent e, sino, m ás bien, de lograr un ciert o grado de est
abi-lidad en un m ecanism o de pesos y cont rapesos.
La paz de West falia fue el result ado de la Guerra de los Trein t a Años
causada por el proceso de Cont rarreform a a principios del s. XVI I ; la
gu erra se produj o a raíz del int ent o de em perador Fern ando I I de
re-vivir la universalidad cat ólica, suprim ir el prot est ant ism o y est ablecer
un dom inio im perial sobre los prín cipes de Europa cent ral. Los
Habs-bu rgo int en t aban consolidar el Sacro I m perio rom ano germ ánico
co-m o la pot encia doco-m inant e en el cont inent e baj o la égida de la religión
cat ólica; en cont rast e, la polít ica de raison d'ét at seguida por
Riche-lieu ant eponía el int erés nacional de Francia a las filiaciones
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sas. Mient ras para el em perador Fernando I I el Est ado est aba al
ser-vicio de la religión, para Richelieu, en cam bio, la religión debía
subor-dinarse al int erés del est ado.
El Trat ado de West falia que puso fin a la confront ación religiosa les
ot orgó la soberanía a los pequeños est ados de Europa cent ral y , con
ello, volv ió al Sacro I m perio Rom ano Germ ánico inv iable. De acuerdo
con el Trat ado, el Em perador no podía reclut ar soldados, recaudar
im puest os, hacer leyes, declarar la guerra o rat ificar los t érm inos de
la paz sin el consent im ient o de los represent ant es de t odos los est
a-dos que conform aban el I m perio. De la Guerra de los Treint a Años los
gobernant es europeos sacaron dos lecciones: la prim era consist ió en
qu e se respet aría la elección religiosa que hiciera cada país; se adm
i-t ió que el rey (y no la I glesia) sería la suprem a aui-t oridad religiosa en
su propia nación. Est e acuerdo confirm ó que el t errit orio era el
requi-sit o clav e para t om ar part e en la polít ica int ernacional m oderna,
con-form ando el concept o de est ado territ orial. La segunda lección
provi-no de la peligrosidad de apoyarse en ej ércit os m ercenarios, lo cu al
dio lugar a la conform ación de ej ércit os nacionales, com andados y
financiados por los m onarcas. Ello suscit ó a su vez la necesidad de
organizar las finanzas públicas y crear una bu rocracia civil para adm
i-nist rar las nuevas fuerzas y los recursos n ecesarios para sost enerlas.5
Los est ados m odernos se con st ruyen ent onces en rupt ura con el
prin-cipio universal religioso de la Edad Media. El concept o m edieval de
m oral universal fue reem plazado por el de int erés nacional sust ent
a-do la raison d'ét at, y la nost algia de un a m onarqu ía universal fue
desplazada por la doct rina del equilibrio de poder. Est a doct rina se
cont rapuso a la t radición universalist a apoyada en la suprem acía de
5 KNUTSEN, Tor bj orn. A hi st or y of I nt ernat ional Rel at ions t heor y. Great Br it ain, Manchest er Uni ver sit y
la ley m oral. El problem a que heredan las relaciones int ernacionales a
part ir del m odelo equilibrio del poder es el de una polít ica que no t
ie-ne una base m oral. En adelant e, la religión y la m oral quedarán
so-m et idas a la raison d'ét at. Los defensores de ést a idea invirt ieron la
crít ica de los universalist as asegurando que una polít ica de in t erés
nacional represent aba la suprem a ley m oral.6 De est e m odo, el
pri-m er sist epri-m a int ernacional pri-m odern o se const it uye sobre un aut ént ico
t rast ocam iento de valores.
El legado problem át ico del sist em a west faliano consist e en que, para
m uchos t eóricos y analist as de las relaciones int ernacionales, y en
part icular los realist as, el equilibrio del poder t erm inó siendo asum ido
com o la form a nat ural de las relaciones int ern acionales, válido para
t odo t iem po y lugar. Com o lo señ ala Kissinger, ést a solución part
icu-lar, m odern a y europea, se conv irt ió en " el principio rect or del orden
m un dial" ya que concordaba con la epist em e de la época. En efect o,
para los pensadores racionalist as, est e sist em a en el que ciert os
prin-cipios racionales se equilibraban en t re sí era el que m ej or concordaba
con la visión m ecanicist a del universo, im perant e en la época. El
equilibrio de poder cont inuaba el m ism o t ipo de razonam ient o de
Adam Sm ith , Mont equieu o Madison en la idea de que las fuerzas
de-j adas en libert ad para que cada uno buscase realizar de m anera
egíst a su propio int erés condu cía, a t ravés de u n m ecanism o casi aut
o-m át ico, al equilibrio del sist eo-m a y , con ello al bien coo-m ún. El sist eo-m a
del equilibrio de poder ent re naciones se basaba en la creen cia de
qu e la arm onía derivaba de la com pet encia ent re int ereses egoíst as.
Sin em bargo, est e m odelo no fue el result ado de una decisión
expre-sa de los act ores int ernacionales de la época sino consecuencia de la
bú squeda de poder por part e de los est ados europeos. Serán los
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sofos de la I lust ración en el siglo XVI I I quienes post eriorm ent e in t
er-pret en el sist em a int ernacional result ant e de la paz de West falia
co-m o part e de un universo que fun cionaba coco-m o una gran co-m aquinaria
de reloj en una m archa incesan t e de progreso: " los filósofos est aban
confundiendo el result ado con la in t ención. Durant e t odo el siglo
XVI I I los príncipes de Europa ent ablaron innum erables guerras sin
qu e haya la m enor prueba de que la int ención conscient e fuera
apli-car algún concept o general de orden int ernacional."7 Los príncipes
europeos est aban guiados por cálcu los de beneficio inm ediato y com
-pensaciones específicas y no por un prin cipio t rascendent al de orden
in t ernacional. No obst ant e, fu e j u st am ent e esa act it ud y el hecho de
qu e ningún est ado est uv iera en capacidad de dom inar a los ot ros y
conform ar un im perio, lo que t erm inó dando form a a un orden in t
er-nacional basado en el equilibrio de poder. Est e sist em a fue reforzado
por la polít ica ext erior seguida de m anera m uy conscient e por Gran
Bret aña durant e los siglos XVI I I y XI X. A part ir del reinado de
Gui-llerm o I I I , I nglat erra asu m ió com o su int erés nacional el m ant
eni-m ient o del equilibrio en Europa.
Est e origen del discurso sobre lo int ernacional hará que el act or
cen-t ral, y el único, sea el Escen-t ado-nación m oderno. La soberanía que lo
consagra designa el poder últ im o, sin lim it aciones que ej erce el est
a-do t ant o hacia adent ro com o h acia fuera. Est a reificación hará
abs-t racción de abs-t odos los elem enabs-t os que parabs-t icularizaban a los esabs-t ados y
est ablecerá con ello un m odelo de organización social aplicable a la
diversidad de experiencias hist óricas. En buena m edida, las t eorías de
las RI se han apoy ado hast a h oy en una visión reificada ( y deificada)
del Est ado que lo supone un act or racional, hom ogéneo y at em poral.
El sist em a in ternacion al m oderno est ará conform ado por Est ados
cu-y a caract eríst ica principal es el at ribut o de soberanía. Nuevam ent e
ot ra ficción que le perm it e plant ear un sist em a unificado y h om
ogé-neo.8
Durant e ést e prim er período la preocupación cent ral será por el “
or-den int ernacional” , un oror-den concebido baj o un m odelo m ecanicist a
de balance ent re pot encias regido por una lógica racionalist a de
ade-cuación de m edios a fines. Un orden de t odos m odos circunscrit o al
escenario europeo de las naciones.
b. El Concierto Europe o
La m ism a lógica de relaciones ent re las naciones regirá durant e el
siglo XI X aunque diversos fact ores vendrán a com plicar el j uego de lo
in t ernacional y el sist em a de equilibrio de poder. El Conciert o Eu ropeo
fue la respuest a al designio de Francia de hacer la guerra al rest o de
Europa para conservar su revolu ción y difundir por t odo el cont in ent e
los ideales de la República. Los ej ércit os napoleónicos casi logran el
obj et ivo de est ablecer una com u nidad europea baj o la égida de
Fran-cia. Ant e t al am enaza, Gran Bret aña, Prusia, Aust ria y Ru sia est
able-cieron una alianza perm anent e con m iras a garant izar un nuevo
arre-glo territ orial en Europa. El Congreso de Viena de 1815 est ablece
en-t onces, por prim era vez y de m anera conscienen-t e, un orden inen-t
erna-cional basado en el equilibrio de poder. Allí, el equilibrio que el siglo
an t erior había sido el result ado de la búsqueda egoíst a y anárquica
del int erés nacional por part e de cada Est ado; ahora era com plem
en-t ado con el acuerdo sobre unos valores com paren-t idos.
8 Com o nos lo r ecu er da Badie, “ princi pi o am bi guo y ut ili zado de m an era cont radi ct oria por par t e de
act or es con racionalidades opu est as, l a soberanía es pu es en pr im era inst ancia una fi cci ón, en el sent ido
pleno del t ér m i no: en l ugar de diri gi rse a lo real, hace un ll am ado al i m agi nar io y nos proporciona una
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El nuevo orden europeo se basaba en la idea de que, en aras de la
est abilidad, era preciso conservar las cabezas coronadas legít im as,
suprim ir los m ovim ient os nacionales y liberales, y lograr que las
rela-ciones ent re los est ados est uv ieran regidas por la búsqueda del
con-senso ent re gobernant es de ideas afines. Así, au nque el Congreso de
Viena reafirm ó el equilibrio de poder com o m ecan ism o de m ant
eni-m ient o del orden internacion al, se apeló no solo al recurso a la fuerza
sino que adem ás se busco m oderar la conduct a int ernacional a t ravés
de v ínculos m orales y polít icos. El poder y la legit im idad se const it
u-y eron en las bases del orden int ernacional que im peró durant e el
si-glo XI X en Europa.
Así, y a diferencia del sist em a est ablecido con la paz de West falia, la
San t a Alianza consagrada en los acuerdos de Viena int roduj eron un
elem ent o de freno m oral en la relaciones ent re las grandes pot encias.
Para ést as ú lt im as y ant e una am enaza m ay or a su propio sist em a de
organización social, " los int ereses creados que aparecieron en la
su-perv ivencia de sus inst it uciones int ernas hicieron que evit aran todo
conflict o, que en el siglo ant erior; habrían abordado com o cosa nat
u-ral."9 La legit im idad y la perm anencia de los regím enes m on árquicos
se conv irt ieron pues en los garant es del orden int ernacional. Un
or-den qu e duró m edio siglo hast a cuando la guerra de Crim ea disolvió
la Sant a Alianza. Si bien en la segunda m it ad del siglo XI X Europa se
m ant uv o en una relat iva calm a, las relaciones ent re las naciones
es-t arían regidas m ás por la Realpolit ik que por los valores com part idos.
3 . El sist em a int er naciona l se vuelve m undia l
Las dos guerras m undiales alt eraron los principios que sust ent aban el
orden int ernacion al forj ado con el Conciert o Europeo. El equilibrio
lo-grado a t ravés del sist em a de alianzas se t orno en un m ecanism o
dem asiado com plej o y rígido que t erm in ó arrast rando a las pot encias
eu ropeas a las guerras cat ast róficas de la prim era m it ad del siglo XX.
La perv ersión del sist em a de alianzas se debió en buen a m edida al
im pact o que los cam bios t ecnológicos t uvieron en la est rat egia m ilit ar
así com o al hecho de que las pot encias enfrent adas pusieron al
servi-cio de la guerra todo el pot encial que brindaba el desarrollo indust rial.
Así m ism o, el em puj e im perialist a del siglo ant erior am plio los
esce-narios incorporando apart adas regiones del planet a al j uego int
erna-cional.
Al finalizar la I Guerra Mundial, el sist em a int ernacional est aba
que-brado y no era posible volver a la m ism a solución v igent e durant e
t res siglos para garant izar el orden y la est abilidad. El gran desafío
para los líderes polít icos del m om ent o consist ía en encont rar ot ro
principio regulador que ya no solo rest ableciera el equilibrio sino que
ev it ara un a nueva guerra. Es así com o se llega a la idea de un
go-bierno m undial en el que part iciparían t odas las naciones y a t ravés
del cual se est ablecerían m ecanism os pacíficos de resolución de los
conflict os.
El president e nort eam ericano Woodrow Wilson fue uno de los im
pul-sores de la visión de una organización universal, la Sociedad de
Na-ciones (SDN) , que conserv aría la paz por m edio de un sist em a de
se-gu ridad colect iva y no a t ravés de alianzas10. Dicha visión se
10 Los concept os de " seguridad colect i va" y de " al ianza" son diam et ralm ent e opu est os: " las ali anzas
t radi cional es i ban diri gidas cont ra am enazas específ icas y defi nían obli gaci ones pr ecisas para grupos
específi cos de países uni dos por int er eses nacionales com part idos o por pr eocu paciones de seguri dad
com un es. La seguri dad colect i va no defi ne una am enaza en part icular, no garant i za a ni nguna naci ón en
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m ent aba en la idea de que la paz dependía de la difusión de la dem
o-cracia, que los est ados debían est ar som et idos a las m ism as norm as
m orales que las personas y que el int erés nacional debía ser com pat
i-ble con un sist em a universal de derecho; Est ados Unidos (EU)
recha-zaba la idea europea de qu e la m oral de los est ados debía ser j u
zga-da con norm as dist int as de la m oral de los indiv iduos. Así, los
nor-t eam ericanos se rebelaron desde el principio connor-t ra el sisnor-t em a y los
valores de Europa, desdeñaron el concept o de equilibrio de poder y
consideraron inm oral la práct ica de la Realpolit ik. Los dirigent es est
a-ban conven cidos de que EU t enían la responsabilidad especial de
di-fundir sus valores com o cont ribución a la paz m undial:
" al proclam ar la ruptura radical con los precept os y las ex periencias del
Vie-j o Mundo, la idea wilsoniana de un orden m undial se derivó de la fe
nor-t eam ericana en la nanor-t uraleza esencialm ennor-te pacífica del hom bre y una
sub-y acent e arm onía del m undo. De ahí se colegía que las naciones dem ocrát
i-cas, por definición, eran pacíficas; los pueblos a los que se ot orgara la
auto-determ inación y a no t endrían razón alguna para ir a la guerra o para
opri-m ir a ot ros. Y una vez que t odos los pueblos hubiesen probado los
benefi-cios de la paz y la dem ocracia, sin duda se levant arían com o uno solo para
defender sus logros."11
Así, luego de la I Guerra Mundial, Wilson propuso defender el orden
in t ernacional m ediant e el consenso m oral en t orno a la paz. En
ade-lant e, el nuevo orden int ernacional est aría basado en un régim en de
seguridad colect iv a que elim inaría la guerra com o form a de
regula-ción de los conflictos ent re los paises. La Sociedad de Naciones
ani-m ada por los principios de ext ensión de la deani-m ocracia y defensa a
paz por cual qui er a qu e la l anzara, y cont ra cualquiera a qui en fuese di rigida. Las ali anzas siem pr e pr
e-suponen u n adv ersar io pot enci al det er m inado; l a seguri dad colect iva defien de el der ech o int ernacional
ult ranza de la paz se proponía resolver las crisis int ernacionales sin
gu erras. Los arquit ect os de est e nuevo sist em a int ernacional
confia-ban en la fu erza m oral de la opinión publica m undial. Esperaconfia-ban que
la conserv ación de la paz y a no dependiera del acost um brado calculo
del poder, sino de un consenso universal apoyado por un m ecanism o
de vigilancia. Las naciones dem ocrát icas en conj unt o serían las
ga-rant es de la paz, reem plazando los viej os sist em as de poder y de
equilibrio de alianzas. El fundam ent o de la seguridad colect iva
radica-ba en el est ablecim ient o de derechos iguales en t re los est ados y la
idea de que t odas las naciones considerarían de igual m odo cada
am enaza a la seguridad y est arían dispuest as a correr los m ism os
riesgos al oponérsele. En est e orden m undial serían las
consideracio-nes m orales y no los im perat ivos geopolít icos las qu e frenarían la
gu erra.
Sin em bargo, una diferencia fu ndam ent al ent re las visiones nort
ea-m ericana y europea se puso de present e; el orden int ernacional
eu-ropeo no se basaba en la bondad esencial del h om bre; suponía, por el
cont rario, el caráct er esencialm ent e egoíst a de la natu raleza hum ana
y la propensión nat ural de los Est ados a la guerra, la cual era preciso
cont rarrest ar o equilibrar. Para los nort eam ericanos en cam bio no era
la aut odet erm inación la qu e causaba la gu erra sino su au sencia. Ant e
t ales divergencias de fondo, rápidam ent e la SDN m ost ró las dificult
a-des para organizar un gobierno m undial pues cada pot encia ant
epo-nía sus int ereses nacion ales a los int ereses colect ivos y no est aban
in t eresadas en renunciar a su capacidad de aut odefen sa en aras de
principios m orales m axim alist as ni de una ideal "paz perpet ua" . Para
m uchos, fue j u st am ent e ese pacifism o a ult ranza prom ovido por la
SDN y los t érm inos del Trat ado de Versalles los que perm it ieron el
ascenso de Hit ler, el expan sionism o j aponés y el consecuent e est
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En 1945, al t érm ino de la gu erra, el problem a respect o a cuáles
debí-an ser los fundam ent os de un nu evo orden int ernacional seguía sin
respuest a. El ensayo de la Sociedad de Naciones parecía irrepet ible
sobret odo si se m ant enía el idealism o a ult ranza de una com plet a
pa-cificación de la vida int ernacional. La creación de las Naciones Unidas
surge de la necesidad de est ablecer un m ecanism o colect ivo de
regu-lación de la vida int ernacional qu e part iera del reconocim ient o de la
diferencia de poderío ent re los países, y que com binara un principio
dem ocrát ico ( la Asam blea de Naciones) con un principio realist a ( el
Consej o de Seguridad) en la gest ión de las crisis int ernacionales. Una
organización que aspirara al m ant enim ien to de la paz pero sin
renun-ciar al recurso a la guerra, el cu al sería regu lado a t ravés del Consej o
de Seguridad.
No obst ant e, el orden int ernacional que se est ablecerá durant e los
siguient es cincuen t a años no est ará regido por el sist em a de Naciones
Unidas sino en realidad por la lógica de confront ación bipolar est
able-cida durant e la Guerra Fría. Allí, un régim en de seguridad colect iva se
va configurando no t ant o com o product o de una decisión de los
paí-ses sino por la fuerza de las circunst ancias. Durant e ést e período, las
dos superpot encias operan a part ir de principios diferent es a los del
equilibrio de poder: " en un m undo con predom inio de dos pot encias,
nadie puede decir que el con flict o conducirá al bien com ún; t odo lo
qu e gane un bando lo perderá el ot ro."12 El recurso a las arm as
nu-cleares va a cam biar las reglas del j uego int ernacion al de una m anera
radical; en adelant e, evit ar la guerra se convert irá en el obj et ivo
pri-m ordial de la polít ica ext erior de las pot encias. En la era nuclear solo
la Unión Soviét ica y los Est ados Unidos t endrán los m edios t écnicos
para iniciar una guerra general en la que los riesgos serían t an cat
t róficos que ninguna de las dos superpot encias se at revió a poner en
m anos de ningún aliado; por m uy cercano que fuera t an at errador
poder.13
En virt ud de la am enaza ext rem a del ext erm inio de la hum anidad y
de la devast ación t ot al, la hist oria se hizo verdaderam ent e m u ndial;
t odos los rincones del planet a, aún los m ás alej ados, sufrirían las
consecuencias de una guerra n uclear, t odos t erm inarían alineados,
direct a o indirect am ent e con alguno de los dos cam pos. La confront
a-ción de los dos m odelos de organizaa-ción social, polít ica y económ ica,
el capit alist a y el com unist a, m oldeó así la vida int ernacional casi por
com plet o; ella fij ó unas reglas de j uego vigent es por varias décadas
y, sobret odo, garan t izó la est abilidad de un sist em a int ernacional a
t ravés de la doct rina de la cont ención .14 El orden in t ernacional no
es-t ará garanes-t izado ya por m edio de la guerra com o form a corrienes-t e de
relación ent re los est ados, ni del consenso a t rav és de valores com
-part idos ni m enos aún por m edio un sist em a de seguridad colectiva
qu e renegaría de aquella y buscaría erradicar t odo recurso a la
fuer-za; el orden int ernacional de la Guerra Fría se m ant endrá en virt ud
del t error a desencadenar el holocau st o nuclear j ust am ent e porque, a
t ravés de la carrera arm am ent íst ica, se alim ent an perm anen t em ent e
las posibilidades reales de que una conflagración t al tenga lugar.
4 . La hist or ia global: el act a de defunción de las
relacio-nes int ernacionale s
El fin de la Guerra Fría t iene el efect o de una caj a de Pan dora para el
orden in ternacion al; una serie de t enden cias que se ven ían gest ando
13 ARON, Raym ond. Pai x et gu err e ent r e les nat i ons. Par is, Calm an- Lévy, 1962, 19 84; p. 4 71. 14
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desde los años sesent a en diversos cam pos confluy en y sin cronizan
sus t iem pos a principios de la década de los nov ent a, dando lugar a
t ransform acion es de grandes dim ensiones en la vida social en t odo el
m un do. El proceso de globalización ha producido durant e las t res
úl-t im as décadas una inúl-t ensificación de la in úl-t erdependencia dan do lugar
a la conform ación de una especie de " sociedad global" . Ello t iene
en orm es consecu encias no solo en el j uego int ern acional sino en la
concepción m ism a de las relaciones int ernacionales. En una hist oria
global com o la que est am os v ivien do la idea de relaciones int
er-nacionales pierde sent ido y capacidad explicat iv a. Y ello por dos
razo-nes fundam ent ales: la prim era, porqu e en la m edida en que la dist
in-ción ent re lo int erno y lo ext erno se desdibuj a en m ayoría de las
di-m ension es de la vida social planet aria, la polít ica int ernacional se
vu elve dom ést ica y viceversa. Y la segunda, porqu e la guerra, com o
problem a fundam ent al a resolv er en el j u ego int ernacional
desapare-ce com o un asunt o ent re Est ados. Los at ent ados del 11- S nos han
hecho aún m ás pat ent es est as dos con diciones.
En su m ayoría, las reglas que regularon la vida int ernacional desde el
sist em a de Wesphalia han perdido su validez. Varios elem ent os nos
perm it en sust ent ar est a posición.
En prim er lugar, los act ores int ernacionales son m últ iples y m uchos
de ent re ellos no reivindican ni necesit an declarar su caráct er de
so-beranos. Est am os en un m u ndo poblado por actores m uy diversos y
de t odas las gam as: est ados, quasi- est ados, est ados fallidos, em
pre-sas m ult inacionales, organizaciones regionales, organism os int
ergu-bernam ent ales, grupos sociales, ONG, individuos, et cét era. Con t al
cant idad de act ores y con t ant a diversidad en su nat uraleza, int
relacio-nes int er-nacionales. Com o lo señala Rosenau15, est aríam os pasando
de un a m at riz est at ocént rica a una sociocént rica en el m anej o de los
asunt os pú blicos. En con secuencia, la polít ica se “ desest at aliza” y por
ést a m ism a vía se "desin t ernacionaliza"; el Est ado dej a de t ener el
m onopolio de la represent ación de su com unidad polít ica, lo cual im
-plica replant ear el problem a de la represent ación, el de la com unidad
polít ica, y en sum a, el de la dem ocracia m ism a.
En segundo lugar, ello pone de present e que no todas las art
iculacio-nes locales y globales de los asunt os hum anos est án m ediadas por
los Est ados. Mient ras el Est ado evoca u na polít ica espacial y t errit
o-rialm ent e definida, la polít ica m undial ev oca la velocidad y la t em
po-ralidad. Hacia afuera ya no habría un a única com unidad represent ada
por el Est ado, la idea m ism a de int erés nacional se pone en cuest ión.
Nos encont raríam os ant e int ereses fragm ent arios que conform arían
com unidades ad hoc m ás allá y m ás acá de los referent es territ
oria-les.
No t iene sent ido ent onces hablar de relaciones int ernacionales com o
opuest as a relaciones nacionales, com o si se t rat ara de dos procesos
dist int os, diferenciables. En t ercer lugar, la polít ica se “ dest errit
oriali-za” : la dist in ción t aj ant e ent re el adent ro y el afuera se desdibuj a y
pierde sent ido para la com presión de varias de las dinám icas polít icas
act uales. Hay una m ult iplicidad de escenarios en los que fluy en los
dist int os act ores. No im port a t ant o en el t errit orio en que se
desen-v u eldesen-ve la acción , sino m ás bien los escenarios de didesen-v ersa nat uraleza
en donde se discu te y los efect os práct icos qu e t ienen las decisiones.
Los m edios de com unicación, por ej em plo, se conviert en , a su vez, en
un escenario crucial del debat e y no en m eros reproduct ores de
15
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form ación. En esa m edida, se relat ivizan y a veces se diluy en las
front eras ent re la polít ica dom ést ica y la polít ica int ernacional.16
El orden int ernacional en las condicion es act u ales y a no puede apelar
a ningu no de los principios que sust ent aron los sist em as int
ernacio-nales ant eriores; se t rat a de un escenario dem asiado com plej o, con
m uchos act ores de diversa nat uraleza y con u na ext rem a dispersión y
sofist icación en los m edios que perm it en el uso de la fuerza; así en
cuart o lugar, en el act ual escen ario global hay una ext ensión y una
banalización del recurso a la guerra represent ado en el t errorism o.
El t errorism o ya no es com o en el pasado una form a m enor de
reivin-dicación de obj et ivos polít icos; es, m ás bien , la nu eva form a de
rra, la guerra de la era de la globalización. Est a nueva form a de
gue-rra adquiere las caract eríst icas m ism as de la sociedad en la que se
desarrolla: es dispersa, m ultiform e, accesible, fragm ent aria, y
sobre-t odo logra a parsobre-t ir de recursos pequeños generar grandes efecsobre-t os;
ello gracias al desarrollo t ecnológico y al gran im pact o de los m edios
de com unicación. Una guerra a la m edida de la sociedad del riesgo
global com o lo señala Ulrich Beck.17
Por prim era vez en la hist oria m oderna, la guerra que j ugaba, com o
m ecanism o regulat orio de las relaciones int ernacionales dej a de ser
capacidad ex clusiva de los Est ados. El recurso a la v iolen cia com o
po-t espo-t ad de los espo-t ados dej a de ser un elem enpo-t o defin ipo-t orio y específico
de las relaciones int ernacionales y se diluy e en el t ej ido social
globali-zado de m anera indiscrim inada. A nu est ro j uicio, la guerra ent re
es-t ados, poes-t encial o real, ya no es garanes-t e del orden ines-t ernacional y
16 Hu elschoff, M. G. ( 1994) . “ Dom est ic Poli tics and Dynam ics I ssue Li nkage: A Ref or m ul at ion of I nt
egra-t ion Theor y” : I n I nt er nat i onal St udi es Quart erly, 3 8, 255- 27 9.
desaparece com o elem ent o específico de las relaciones int
ernaciona-les en la m odernidad.
Seguir hablando en t onces de "sist em a in t ernacional" en el m undo de
hoy nos ev oca, qu erám oslo o no, la carga de sent ido de los siglos
an-t eriores: la de la inan-t eracción enan-t re Esan-t ados que deciden sus polían-t icas
ex t eriores, la de la gu erra com o m ecanism o de regulación de
conflic-t os por excelencia, la de diplom acia clásica. Lo cierconflic-t o es que el j uego
hoy es m ucho m as com plej o que se desarrolla en m últ iples
escena-rios y a part ir de lógicas que van m ás allá de los referent es t errit
oria-les; un escenario m uy dist int o y no forzosam ent e ligado a la lógica
t errit orial; un j uego en el que la reglas han sido com plet am ent e t
ras-t ocadas, en donde se m ezclan elem enras-t os de los sisras-t em as anras-t eriores y
se con form an al m ism o t iem po nuevas reglas ad hoc frent e a las
cua-les hay y segu irá habiendo un puj a perm anent e ent re div ersos t ipos
de act ores. Ant e t al com plej idad ya no podem os sost ener una visión
m ecanicist a del sist em a int ernacional, ni siqu iera de una orgánica y
ev olut iva, la im agen del m undo que est am os viviendo se aprox im a
m ás a aquella form ulada por la t eoría del caos. Una im agen que, a la
m anera de las ondas en un est anqu e, se com pone y recom pone en
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Consideraciones f inales
Est e int ent o de caract erización de los sist em as int ernacionales que se
han configurado en la m odernidad, m ás que enm arcarse en una
his-t oria de las relaciones in his-t ernacion ales lo qu e ha buscado es llam ar la
at en ción sobre el caráct er hist órico que rev ist e el discurso sobre lo
in t ernacional y la m anera com o ese discurso se ha ido m odelan do de
acuerdo con los im perat ivos, int ereses, y circunst ancias de cada
épo-ca. Aunque en ello no hay ninguna novedad, m ucho m enos para
aquellos quienes, com o los hist oriadores, est án habit uados a esa m
i-rada en perspect iv a, lo ciert o es que para las relaciones int
ernacio-nales com o disciplina, la ausencia de sensibilidad hist órica la ha
ence-rrado en una visión m onolít ica y acrít ica de su propio obj et o de est
u-dio volviéndola en m uchas ocasiones est éril para responder a los
de-safíos de una nueva época.
Los t eóricos y analist as int ernacionales no salim os aún de nuest ro
es-t ado de perplej idad anes-t e la velocidad y la com plej idad de los cam bios
qu e est am os v iviendo; varias hipót esis se m anej an para t rat ar de
darle coherencia a est e m undo caót ico y, aparent em ent e,
inaprehen-sible. Para algunos, el nuevo orden int ernacional que se est aría
confi-gu ran do corresponde m ás a la idea de una h egem onía por part e de
una " hiperpot encia" o una "m egapot encia", los Est ados Unidos, quien
se irá encargando de est abilizar y regular el escen ario internacion al
act ual, ya sea a t ravés de la const it u ción de una form a renovada de
" im perio", o de una form a m ás benevola de cooperación con las ot ras
pot encias18. Desde ot ra posición, algunos han plant eado que, frent e a
18 Ver NYE, Joseph. Las paradoj as del poder nor t eam eri cano. Bogot á, Taurus, 2003. KAGAN, Robert .
la im posibilidad del dom inio pleno de un solo act or int ernacional,
es-t aríam os anes-t e un resurgim ienes-t o del sises-t em a de equilibrio de poder. De
m odo que, t arde o t em prano t endríam os que llegar a la in st auración
de un sist em a de dem ocracia cosm opolit a pues sería la ún ica form a
de regular un m undo t an com plej o en el que los Est ados ( y sobret odo
las pot encias) han dej ado de ser los únicos act ores del j u ego int
erna-cional.
Est a baraj a de posibilidades y, sobret odo los alt os n iveles de incert
i-du m bre que se nos present an, nos revelan la urgen t e necesidad de
cam biar nuest ro inst rum ent al concept ual pues un a y ot ra vez nos
re-sult a inadecuado para explicar la novedad frent e a la que nos
encon-t ram os. En esencon-t a encon-t area la hisencon-t oria com o disciplina encon-t iene un papel crucial
pu es nos perm it e relat ivizar, poner en perspect iva, cont ext ualizar, en
sum a, "hist orizar" , el discurso sobre lo int ern acional y, con ello,
su-perar la noción m ism a de " relaciones int ernacionales" . Es est e t ipo de
reflexión el que nos perm it irá com prender los alcances de la vida
polí-t ica y social a escala global. Una polí-t area en la qu e apenas nos h allam os