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De la historia internacional a la historia global: ¿son las Relaciones Internacionales una disciplina en vías de extinción?

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Academic year: 2017

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De la hist oria int ernacional a la hist oria global: ¿son

las r elaciones I nt ernacionales una disciplina en vías

de ext inción?

D ia na M a rce la Roj a s1

La hist oria const ituy e una fuent e casi inagot able de inform ación,

refe-rent es, sign ificados y ej em plos para las relaciones int ernacionales

( RI ). Podríam os resalt ar m uchas m aneras en las cu ales am bas se

en t relazan; una de las m ás evident es son los usos (y los abusos)

perm anent es que hacen los decisores y los líderes polít icos para

res-paldar, j ust ificar, legit im ar o ex cusar decisiones en m at eria de polít ica

ex t erior. Podem os m encionar t am bién cóm o en m uchas ocasiones la

act uación int ernacional de los países se explica a part ir de las

represent aciones que t ienen de sí m ism os y de sus hist orias

nacionales; t am bién encont ram os int ent os recurrent es por part e de

algunos analist as e incluso de responsables polít icos de ident ificar

“ leyes” que explicarían la perm anencia de un sist em a int ernacion al

com o el caso de Paul Kennedy o de Jean Bapt ist e Durosselle con su

t eoría del auge y la decadencia de las pot encias.2

Todo ello bast aría para señalar la est recha relación ent re las dos

dis-ciplinas; sin em bargo a m i j uicio hay un nex o ent re am bas que

resul-t a aún m ás inresul-t eresanresul-t e: las relaciones inresul-t ernacionales en resul-t anresul-t o

dis-curso racional sobre un aspect o de lo social se const it uy e en sí m ism a

1 Filósofa y pol it óloga. I nvest igadora del I EPRI . Uni v ersidad Nacional de Colom bia.

2 Para un panoram a m ás ext enso y det all ado del l os usos de la hist ori a en la polít ica int ernacional ver :

GROSSER, Pier r e. " De l 'usage de l 'Hist oir e dans l es poli ti ques ét ran gèr es" . En: Pol it i que Et ran gèr e.

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Ponen cias - Pági na 2 de 21

en un obj eto hist órico que, hoy por hoy, est á llam ado a desaparecer

para dar lu gar a u na com prensión dist int a del quehacer hum ano a

escala global. Est e es un lugar curioso para levant ar el act a de

defun-ción de una disciplina, sin em bargo, por las razones que

expondre-m os a cont inu ación, es j ust aexpondre-m ent e u na reflexión sobre el vínculo

en-t re la hisen-t oria y las relaciones inen-t ernacionales la que nos llev a a esen-t a

conclusión sorprendent e y a prim era vist a chocant e.

La idea cent ral de ést e ensayo consist e en que el discu rso sobre lo

in t ernacional t iene su propia hist oricidad, y que es a t ravés de ella

qu e podem os int ent ar com prender los cam bios en el escenario in t

er-nacional globalizado.

A continuación int ent arem os ubicar las RI en su periplo hist órico con

el fin de ident ificar la conform ación de t res m odelos dist int os de

sis-t em a insis-t ernacional a lo largo de los sis-t res úlsis-t im os siglos. El hilo

conduc-t or en el esconduc-t ablecim ienconduc-t o y el cam bio de un m odelo a oconduc-t ro lo consconduc-t iconduc-t

u-y e el papel que j uega la guerra com o elem ent o cent ral de t oda form a

de orden int ernacional, y consecuent em ent e, com o aspect o específico

de las relaciones int ernacionales. Est e recorrido nos con ducen de una

hist oria ent re naciones a una hist oria m undial y, finalm ent e, a una

hist oria global cuy a caract erización nos perm it irá t razar algunas

coor-denadas en el escenario int ernacional de la posguerra fría y m ost rar

los elem ent os que hacen que en est e cont ext o global lo int ernacion al

pierda su especificidad y nos plant ee el desafío de reform ular nu est ra

(3)

1 . Las r elaciones int ernacionales en su hist or ia

La hist oria de u na m anera u ot ra es un referent e perm anent e de

com prensión de lo int ernacional, al punt o que llegan a confundirse.

No resu lt a casual que, pese a los esfuerzos de la escuela francesa, no

se haya consolidado en un corpus de produ cción bibliográfica una

ra-m a específica de la hist oria denora-m inada “ hist oria de las relaciones

in t ernacionales”3; en últ im as porque en buena m edida la hist oria de

las naciones es en sí m ism a una hist oria de lo int ern acional. Es

evi-dent e que sin t om ar en cuent a sus vínculos con lo int ernacional no

podría ent en derse el periplo h ist órico de las sociedades, part

icular-m ent e en la hist oria icular-m oderna.

Pero quisiéram os ir m ás allá de la hist oria de los m anuales y m ost rar

cóm o las relaciones int ernacionales se conform an en t ant o discurso

en un m om ent o part icular; un discurso que t iene un com ienzo y que,

a nuest ro j uicio, t am bién t ienen u n fin. El m ayor aport e de la hist oria

a las RI consist e en t rat arlas com o u n obj et o hist órico, en exam inar

su discurso com o result ado de u na conj unción de fact ores en un m

o-m ento específico, en correr el velo de la reificación que los t eóricos

de lo in ternacional han querido m ant ener; la hist oria lo que nos

evi-dencia es la propia hist oricidad de las RI . Su caráct er circunscrit o y

relat ivo, sus est rech os vínculos con el discurso de la m odernidad y su

correlación con el surgim ient o y desarrollo del est ado m oderno.

En efect o, las relaciones int ernacionales su rgen con la organización

del m undo en Est ados nacionales, fundam ent alm ent e a part ir de la

paz de West falia en 1648 . En una prim era et apa, que abarca los

si-glos XVI I , XVI I I , las RI se est ablecen com o relaciones ent re las

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Ponen cias - Pági na 4 de 21

ciones, y part icularm ent e las europeas, de allí que no fueran incluidas

aquellas regiones del m undo que no estaban organizadas com o t ales.

Una segunda et apa com prende el siglo XI X hast a la Prim era Guerra

Mundial y se organiza com o el Conciert o de Naciones, result ado de la

conm oción causada por la Revolución Francesa y el proyect o

napo-leónico en el cont inent e europeo. En una t ercera et apa, y de la m ano

de las dos guerras m undiales y la Guerra Fría, el discurso sobre lo

in t ernacional se conviert e en una hist oria m undial.; allí las relaciones

in t ernacionales se generalizan y ex t ienden a escala planet aria. Y en

una cuart a et apa, que se em pieza a desarrollar a part ir del fin de la

Guerra Fría, nos hallaríam os ant e la conform ación de una “ hist oria

global” en la que las relaciones “ int er- nacionales” en t re Est ados se

desdibuj an ante la int ensificación de las relaciones sociales a escala

global debido al proceso de globalización.

La idea de una hist oria global im plicaría, com o t al, la desaparición del

discu rso sobre lo int ernacional que se hallaba afincan do en la dist

in-ción fundam ent al ent re el adent ro y el afuera, así com o en la guerra

com o m ecanism o de m ant enim ient o del orden int ernacional. Nos

hallam os pues ant e un cam bio hist órico fun dam ent al que nos exige

una com prensión dist int a del sist em a int ernacional, de nosot ros m

is-m os y de nuest ra relación con el is-m undo.

2 . La hist or ia inter - nacional

a. El sistem a W estfaliano

Trat ar el discurso sobre lo int ernacional desde su hist oricidad im plica

afirm ar que lo int ernacional no ha ex ist ido desde siem pre y que t am

(5)

algunos de los m anuales de la disciplina sobre si se puede hablar de

relaciones int ernacionales en la sociedades ant igu as, lo ciert o es que

el surgim ient o del discurso sobre lo int ernacional est á est recham ent e

ligado a la conform ación del Est ado- nación m oderno y al est

ableci-m ient o de un sist eableci-m a de est ados nacionales en Europa durant e los

siglos XVI y XVI I . El sist em a west faliano surge, en efect o, del

de-rrum be del proyect o m edieval europeo de un im perio univ ersal, el

cual era una fusión de las t radiciones del im perio rom ano y de la

igle-sia cat ólica. En lugar de un im perio aparece un gru po de Est ados

equiparables en poderío. "Cuando diversos est ados así const it uidos

t ien en que enfrent arse ent re si, solo hay dos result ados posibles: o

bien un est ado se vuelve t an poderoso que dom ina a t odos los dem ás

y crea un im perio, o ningún est ado es lo bast ant e para alcanzar esa

m et a."4 Ello plant eó el problem a acerca de cóm o lograr la convivencia

en t re iguales en ausencia de una aut oridad suprem a. De allí surge el

sist em a de equilibrio de poder, el cual buscaba lim it ar la capacidad de

unos est ados para dom inar a ot ros, y con ello, el alcan ce de los

con-flict os. No se t rat aba en tonces de elim inar las guerras y alcanzar una

paz perm anent e, sino, m ás bien, de lograr un ciert o grado de est

abi-lidad en un m ecanism o de pesos y cont rapesos.

La paz de West falia fue el result ado de la Guerra de los Trein t a Años

causada por el proceso de Cont rarreform a a principios del s. XVI I ; la

gu erra se produj o a raíz del int ent o de em perador Fern ando I I de

re-vivir la universalidad cat ólica, suprim ir el prot est ant ism o y est ablecer

un dom inio im perial sobre los prín cipes de Europa cent ral. Los

Habs-bu rgo int en t aban consolidar el Sacro I m perio rom ano germ ánico

co-m o la pot encia doco-m inant e en el cont inent e baj o la égida de la religión

cat ólica; en cont rast e, la polít ica de raison d'ét at seguida por

Riche-lieu ant eponía el int erés nacional de Francia a las filiaciones

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Ponen cias - Pági na 6 de 21

sas. Mient ras para el em perador Fernando I I el Est ado est aba al

ser-vicio de la religión, para Richelieu, en cam bio, la religión debía

subor-dinarse al int erés del est ado.

El Trat ado de West falia que puso fin a la confront ación religiosa les

ot orgó la soberanía a los pequeños est ados de Europa cent ral y , con

ello, volv ió al Sacro I m perio Rom ano Germ ánico inv iable. De acuerdo

con el Trat ado, el Em perador no podía reclut ar soldados, recaudar

im puest os, hacer leyes, declarar la guerra o rat ificar los t érm inos de

la paz sin el consent im ient o de los represent ant es de t odos los est

a-dos que conform aban el I m perio. De la Guerra de los Treint a Años los

gobernant es europeos sacaron dos lecciones: la prim era consist ió en

qu e se respet aría la elección religiosa que hiciera cada país; se adm

i-t ió que el rey (y no la I glesia) sería la suprem a aui-t oridad religiosa en

su propia nación. Est e acuerdo confirm ó que el t errit orio era el

requi-sit o clav e para t om ar part e en la polít ica int ernacional m oderna,

con-form ando el concept o de est ado territ orial. La segunda lección

provi-no de la peligrosidad de apoyarse en ej ércit os m ercenarios, lo cu al

dio lugar a la conform ación de ej ércit os nacionales, com andados y

financiados por los m onarcas. Ello suscit ó a su vez la necesidad de

organizar las finanzas públicas y crear una bu rocracia civil para adm

i-nist rar las nuevas fuerzas y los recursos n ecesarios para sost enerlas.5

Los est ados m odernos se con st ruyen ent onces en rupt ura con el

prin-cipio universal religioso de la Edad Media. El concept o m edieval de

m oral universal fue reem plazado por el de int erés nacional sust ent

a-do la raison d'ét at, y la nost algia de un a m onarqu ía universal fue

desplazada por la doct rina del equilibrio de poder. Est a doct rina se

cont rapuso a la t radición universalist a apoyada en la suprem acía de

5 KNUTSEN, Tor bj orn. A hi st or y of I nt ernat ional Rel at ions t heor y. Great Br it ain, Manchest er Uni ver sit y

(7)

la ley m oral. El problem a que heredan las relaciones int ernacionales a

part ir del m odelo equilibrio del poder es el de una polít ica que no t

ie-ne una base m oral. En adelant e, la religión y la m oral quedarán

so-m et idas a la raison d'ét at. Los defensores de ést a idea invirt ieron la

crít ica de los universalist as asegurando que una polít ica de in t erés

nacional represent aba la suprem a ley m oral.6 De est e m odo, el

pri-m er sist epri-m a int ernacional pri-m odern o se const it uye sobre un aut ént ico

t rast ocam iento de valores.

El legado problem át ico del sist em a west faliano consist e en que, para

m uchos t eóricos y analist as de las relaciones int ernacionales, y en

part icular los realist as, el equilibrio del poder t erm inó siendo asum ido

com o la form a nat ural de las relaciones int ern acionales, válido para

t odo t iem po y lugar. Com o lo señ ala Kissinger, ést a solución part

icu-lar, m odern a y europea, se conv irt ió en " el principio rect or del orden

m un dial" ya que concordaba con la epist em e de la época. En efect o,

para los pensadores racionalist as, est e sist em a en el que ciert os

prin-cipios racionales se equilibraban en t re sí era el que m ej or concordaba

con la visión m ecanicist a del universo, im perant e en la época. El

equilibrio de poder cont inuaba el m ism o t ipo de razonam ient o de

Adam Sm ith , Mont equieu o Madison en la idea de que las fuerzas

de-j adas en libert ad para que cada uno buscase realizar de m anera

egíst a su propio int erés condu cía, a t ravés de u n m ecanism o casi aut

o-m át ico, al equilibrio del sist eo-m a y , con ello al bien coo-m ún. El sist eo-m a

del equilibrio de poder ent re naciones se basaba en la creen cia de

qu e la arm onía derivaba de la com pet encia ent re int ereses egoíst as.

Sin em bargo, est e m odelo no fue el result ado de una decisión

expre-sa de los act ores int ernacionales de la época sino consecuencia de la

bú squeda de poder por part e de los est ados europeos. Serán los

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Ponen cias - Pági na 8 de 21

sofos de la I lust ración en el siglo XVI I I quienes post eriorm ent e in t

er-pret en el sist em a int ernacional result ant e de la paz de West falia

co-m o part e de un universo que fun cionaba coco-m o una gran co-m aquinaria

de reloj en una m archa incesan t e de progreso: " los filósofos est aban

confundiendo el result ado con la in t ención. Durant e t odo el siglo

XVI I I los príncipes de Europa ent ablaron innum erables guerras sin

qu e haya la m enor prueba de que la int ención conscient e fuera

apli-car algún concept o general de orden int ernacional."7 Los príncipes

europeos est aban guiados por cálcu los de beneficio inm ediato y com

-pensaciones específicas y no por un prin cipio t rascendent al de orden

in t ernacional. No obst ant e, fu e j u st am ent e esa act it ud y el hecho de

qu e ningún est ado est uv iera en capacidad de dom inar a los ot ros y

conform ar un im perio, lo que t erm inó dando form a a un orden in t

er-nacional basado en el equilibrio de poder. Est e sist em a fue reforzado

por la polít ica ext erior seguida de m anera m uy conscient e por Gran

Bret aña durant e los siglos XVI I I y XI X. A part ir del reinado de

Gui-llerm o I I I , I nglat erra asu m ió com o su int erés nacional el m ant

eni-m ient o del equilibrio en Europa.

Est e origen del discurso sobre lo int ernacional hará que el act or

cen-t ral, y el único, sea el Escen-t ado-nación m oderno. La soberanía que lo

consagra designa el poder últ im o, sin lim it aciones que ej erce el est

a-do t ant o hacia adent ro com o h acia fuera. Est a reificación hará

abs-t racción de abs-t odos los elem enabs-t os que parabs-t icularizaban a los esabs-t ados y

est ablecerá con ello un m odelo de organización social aplicable a la

diversidad de experiencias hist óricas. En buena m edida, las t eorías de

las RI se han apoy ado hast a h oy en una visión reificada ( y deificada)

del Est ado que lo supone un act or racional, hom ogéneo y at em poral.

El sist em a in ternacion al m oderno est ará conform ado por Est ados

cu-y a caract eríst ica principal es el at ribut o de soberanía. Nuevam ent e

(9)

ot ra ficción que le perm it e plant ear un sist em a unificado y h om

ogé-neo.8

Durant e ést e prim er período la preocupación cent ral será por el “

or-den int ernacional” , un oror-den concebido baj o un m odelo m ecanicist a

de balance ent re pot encias regido por una lógica racionalist a de

ade-cuación de m edios a fines. Un orden de t odos m odos circunscrit o al

escenario europeo de las naciones.

b. El Concierto Europe o

La m ism a lógica de relaciones ent re las naciones regirá durant e el

siglo XI X aunque diversos fact ores vendrán a com plicar el j uego de lo

in t ernacional y el sist em a de equilibrio de poder. El Conciert o Eu ropeo

fue la respuest a al designio de Francia de hacer la guerra al rest o de

Europa para conservar su revolu ción y difundir por t odo el cont in ent e

los ideales de la República. Los ej ércit os napoleónicos casi logran el

obj et ivo de est ablecer una com u nidad europea baj o la égida de

Fran-cia. Ant e t al am enaza, Gran Bret aña, Prusia, Aust ria y Ru sia est

able-cieron una alianza perm anent e con m iras a garant izar un nuevo

arre-glo territ orial en Europa. El Congreso de Viena de 1815 est ablece

en-t onces, por prim era vez y de m anera conscienen-t e, un orden inen-t

erna-cional basado en el equilibrio de poder. Allí, el equilibrio que el siglo

an t erior había sido el result ado de la búsqueda egoíst a y anárquica

del int erés nacional por part e de cada Est ado; ahora era com plem

en-t ado con el acuerdo sobre unos valores com paren-t idos.

8 Com o nos lo r ecu er da Badie, “ princi pi o am bi guo y ut ili zado de m an era cont radi ct oria por par t e de

act or es con racionalidades opu est as, l a soberanía es pu es en pr im era inst ancia una fi cci ón, en el sent ido

pleno del t ér m i no: en l ugar de diri gi rse a lo real, hace un ll am ado al i m agi nar io y nos proporciona una

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Ponenci as - Página 10 de 21

El nuevo orden europeo se basaba en la idea de que, en aras de la

est abilidad, era preciso conservar las cabezas coronadas legít im as,

suprim ir los m ovim ient os nacionales y liberales, y lograr que las

rela-ciones ent re los est ados est uv ieran regidas por la búsqueda del

con-senso ent re gobernant es de ideas afines. Así, au nque el Congreso de

Viena reafirm ó el equilibrio de poder com o m ecan ism o de m ant

eni-m ient o del orden internacion al, se apeló no solo al recurso a la fuerza

sino que adem ás se busco m oderar la conduct a int ernacional a t ravés

de v ínculos m orales y polít icos. El poder y la legit im idad se const it

u-y eron en las bases del orden int ernacional que im peró durant e el

si-glo XI X en Europa.

Así, y a diferencia del sist em a est ablecido con la paz de West falia, la

San t a Alianza consagrada en los acuerdos de Viena int roduj eron un

elem ent o de freno m oral en la relaciones ent re las grandes pot encias.

Para ést as ú lt im as y ant e una am enaza m ay or a su propio sist em a de

organización social, " los int ereses creados que aparecieron en la

su-perv ivencia de sus inst it uciones int ernas hicieron que evit aran todo

conflict o, que en el siglo ant erior; habrían abordado com o cosa nat

u-ral."9 La legit im idad y la perm anencia de los regím enes m on árquicos

se conv irt ieron pues en los garant es del orden int ernacional. Un

or-den qu e duró m edio siglo hast a cuando la guerra de Crim ea disolvió

la Sant a Alianza. Si bien en la segunda m it ad del siglo XI X Europa se

m ant uv o en una relat iva calm a, las relaciones ent re las naciones

es-t arían regidas m ás por la Realpolit ik que por los valores com part idos.

3 . El sist em a int er naciona l se vuelve m undia l

(11)

Las dos guerras m undiales alt eraron los principios que sust ent aban el

orden int ernacion al forj ado con el Conciert o Europeo. El equilibrio

lo-grado a t ravés del sist em a de alianzas se t orno en un m ecanism o

dem asiado com plej o y rígido que t erm in ó arrast rando a las pot encias

eu ropeas a las guerras cat ast róficas de la prim era m it ad del siglo XX.

La perv ersión del sist em a de alianzas se debió en buen a m edida al

im pact o que los cam bios t ecnológicos t uvieron en la est rat egia m ilit ar

así com o al hecho de que las pot encias enfrent adas pusieron al

servi-cio de la guerra todo el pot encial que brindaba el desarrollo indust rial.

Así m ism o, el em puj e im perialist a del siglo ant erior am plio los

esce-narios incorporando apart adas regiones del planet a al j uego int

erna-cional.

Al finalizar la I Guerra Mundial, el sist em a int ernacional est aba

que-brado y no era posible volver a la m ism a solución v igent e durant e

t res siglos para garant izar el orden y la est abilidad. El gran desafío

para los líderes polít icos del m om ent o consist ía en encont rar ot ro

principio regulador que ya no solo rest ableciera el equilibrio sino que

ev it ara un a nueva guerra. Es así com o se llega a la idea de un

go-bierno m undial en el que part iciparían t odas las naciones y a t ravés

del cual se est ablecerían m ecanism os pacíficos de resolución de los

conflict os.

El president e nort eam ericano Woodrow Wilson fue uno de los im

pul-sores de la visión de una organización universal, la Sociedad de

Na-ciones (SDN) , que conserv aría la paz por m edio de un sist em a de

se-gu ridad colect iva y no a t ravés de alianzas10. Dicha visión se

10 Los concept os de " seguridad colect i va" y de " al ianza" son diam et ralm ent e opu est os: " las ali anzas

t radi cional es i ban diri gidas cont ra am enazas específ icas y defi nían obli gaci ones pr ecisas para grupos

específi cos de países uni dos por int er eses nacionales com part idos o por pr eocu paciones de seguri dad

com un es. La seguri dad colect i va no defi ne una am enaza en part icular, no garant i za a ni nguna naci ón en

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Ponenci as - Página 12 de 21

m ent aba en la idea de que la paz dependía de la difusión de la dem

o-cracia, que los est ados debían est ar som et idos a las m ism as norm as

m orales que las personas y que el int erés nacional debía ser com pat

i-ble con un sist em a universal de derecho; Est ados Unidos (EU)

recha-zaba la idea europea de qu e la m oral de los est ados debía ser j u

zga-da con norm as dist int as de la m oral de los indiv iduos. Así, los

nor-t eam ericanos se rebelaron desde el principio connor-t ra el sisnor-t em a y los

valores de Europa, desdeñaron el concept o de equilibrio de poder y

consideraron inm oral la práct ica de la Realpolit ik. Los dirigent es est

a-ban conven cidos de que EU t enían la responsabilidad especial de

di-fundir sus valores com o cont ribución a la paz m undial:

" al proclam ar la ruptura radical con los precept os y las ex periencias del

Vie-j o Mundo, la idea wilsoniana de un orden m undial se derivó de la fe

nor-t eam ericana en la nanor-t uraleza esencialm ennor-te pacífica del hom bre y una

sub-y acent e arm onía del m undo. De ahí se colegía que las naciones dem ocrát

i-cas, por definición, eran pacíficas; los pueblos a los que se ot orgara la

auto-determ inación y a no t endrían razón alguna para ir a la guerra o para

opri-m ir a ot ros. Y una vez que t odos los pueblos hubiesen probado los

benefi-cios de la paz y la dem ocracia, sin duda se levant arían com o uno solo para

defender sus logros."11

Así, luego de la I Guerra Mundial, Wilson propuso defender el orden

in t ernacional m ediant e el consenso m oral en t orno a la paz. En

ade-lant e, el nuevo orden int ernacional est aría basado en un régim en de

seguridad colect iv a que elim inaría la guerra com o form a de

regula-ción de los conflictos ent re los paises. La Sociedad de Naciones

ani-m ada por los principios de ext ensión de la deani-m ocracia y defensa a

paz por cual qui er a qu e la l anzara, y cont ra cualquiera a qui en fuese di rigida. Las ali anzas siem pr e pr

e-suponen u n adv ersar io pot enci al det er m inado; l a seguri dad colect iva defien de el der ech o int ernacional

(13)

ult ranza de la paz se proponía resolver las crisis int ernacionales sin

gu erras. Los arquit ect os de est e nuevo sist em a int ernacional

confia-ban en la fu erza m oral de la opinión publica m undial. Esperaconfia-ban que

la conserv ación de la paz y a no dependiera del acost um brado calculo

del poder, sino de un consenso universal apoyado por un m ecanism o

de vigilancia. Las naciones dem ocrát icas en conj unt o serían las

ga-rant es de la paz, reem plazando los viej os sist em as de poder y de

equilibrio de alianzas. El fundam ent o de la seguridad colect iva

radica-ba en el est ablecim ient o de derechos iguales en t re los est ados y la

idea de que t odas las naciones considerarían de igual m odo cada

am enaza a la seguridad y est arían dispuest as a correr los m ism os

riesgos al oponérsele. En est e orden m undial serían las

consideracio-nes m orales y no los im perat ivos geopolít icos las qu e frenarían la

gu erra.

Sin em bargo, una diferencia fu ndam ent al ent re las visiones nort

ea-m ericana y europea se puso de present e; el orden int ernacional

eu-ropeo no se basaba en la bondad esencial del h om bre; suponía, por el

cont rario, el caráct er esencialm ent e egoíst a de la natu raleza hum ana

y la propensión nat ural de los Est ados a la guerra, la cual era preciso

cont rarrest ar o equilibrar. Para los nort eam ericanos en cam bio no era

la aut odet erm inación la qu e causaba la gu erra sino su au sencia. Ant e

t ales divergencias de fondo, rápidam ent e la SDN m ost ró las dificult

a-des para organizar un gobierno m undial pues cada pot encia ant

epo-nía sus int ereses nacion ales a los int ereses colect ivos y no est aban

in t eresadas en renunciar a su capacidad de aut odefen sa en aras de

principios m orales m axim alist as ni de una ideal "paz perpet ua" . Para

m uchos, fue j u st am ent e ese pacifism o a ult ranza prom ovido por la

SDN y los t érm inos del Trat ado de Versalles los que perm it ieron el

ascenso de Hit ler, el expan sionism o j aponés y el consecuent e est

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Ponenci as - Página 14 de 21

En 1945, al t érm ino de la gu erra, el problem a respect o a cuáles

debí-an ser los fundam ent os de un nu evo orden int ernacional seguía sin

respuest a. El ensayo de la Sociedad de Naciones parecía irrepet ible

sobret odo si se m ant enía el idealism o a ult ranza de una com plet a

pa-cificación de la vida int ernacional. La creación de las Naciones Unidas

surge de la necesidad de est ablecer un m ecanism o colect ivo de

regu-lación de la vida int ernacional qu e part iera del reconocim ient o de la

diferencia de poderío ent re los países, y que com binara un principio

dem ocrát ico ( la Asam blea de Naciones) con un principio realist a ( el

Consej o de Seguridad) en la gest ión de las crisis int ernacionales. Una

organización que aspirara al m ant enim ien to de la paz pero sin

renun-ciar al recurso a la guerra, el cu al sería regu lado a t ravés del Consej o

de Seguridad.

No obst ant e, el orden int ernacional que se est ablecerá durant e los

siguient es cincuen t a años no est ará regido por el sist em a de Naciones

Unidas sino en realidad por la lógica de confront ación bipolar est

able-cida durant e la Guerra Fría. Allí, un régim en de seguridad colect iva se

va configurando no t ant o com o product o de una decisión de los

paí-ses sino por la fuerza de las circunst ancias. Durant e ést e período, las

dos superpot encias operan a part ir de principios diferent es a los del

equilibrio de poder: " en un m undo con predom inio de dos pot encias,

nadie puede decir que el con flict o conducirá al bien com ún; t odo lo

qu e gane un bando lo perderá el ot ro."12 El recurso a las arm as

nu-cleares va a cam biar las reglas del j uego int ernacion al de una m anera

radical; en adelant e, evit ar la guerra se convert irá en el obj et ivo

pri-m ordial de la polít ica ext erior de las pot encias. En la era nuclear solo

la Unión Soviét ica y los Est ados Unidos t endrán los m edios t écnicos

para iniciar una guerra general en la que los riesgos serían t an cat

(15)

t róficos que ninguna de las dos superpot encias se at revió a poner en

m anos de ningún aliado; por m uy cercano que fuera t an at errador

poder.13

En virt ud de la am enaza ext rem a del ext erm inio de la hum anidad y

de la devast ación t ot al, la hist oria se hizo verdaderam ent e m u ndial;

t odos los rincones del planet a, aún los m ás alej ados, sufrirían las

consecuencias de una guerra n uclear, t odos t erm inarían alineados,

direct a o indirect am ent e con alguno de los dos cam pos. La confront

a-ción de los dos m odelos de organizaa-ción social, polít ica y económ ica,

el capit alist a y el com unist a, m oldeó así la vida int ernacional casi por

com plet o; ella fij ó unas reglas de j uego vigent es por varias décadas

y, sobret odo, garan t izó la est abilidad de un sist em a int ernacional a

t ravés de la doct rina de la cont ención .14 El orden in t ernacional no

es-t ará garanes-t izado ya por m edio de la guerra com o form a corrienes-t e de

relación ent re los est ados, ni del consenso a t rav és de valores com

-part idos ni m enos aún por m edio un sist em a de seguridad colectiva

qu e renegaría de aquella y buscaría erradicar t odo recurso a la

fuer-za; el orden int ernacional de la Guerra Fría se m ant endrá en virt ud

del t error a desencadenar el holocau st o nuclear j ust am ent e porque, a

t ravés de la carrera arm am ent íst ica, se alim ent an perm anen t em ent e

las posibilidades reales de que una conflagración t al tenga lugar.

4 . La hist or ia global: el act a de defunción de las

relacio-nes int ernacionale s

El fin de la Guerra Fría t iene el efect o de una caj a de Pan dora para el

orden in ternacion al; una serie de t enden cias que se ven ían gest ando

13 ARON, Raym ond. Pai x et gu err e ent r e les nat i ons. Par is, Calm an- Lévy, 1962, 19 84; p. 4 71. 14

(16)

Ponenci as - Página 16 de 21

desde los años sesent a en diversos cam pos confluy en y sin cronizan

sus t iem pos a principios de la década de los nov ent a, dando lugar a

t ransform acion es de grandes dim ensiones en la vida social en t odo el

m un do. El proceso de globalización ha producido durant e las t res

úl-t im as décadas una inúl-t ensificación de la in úl-t erdependencia dan do lugar

a la conform ación de una especie de " sociedad global" . Ello t iene

en orm es consecu encias no solo en el j uego int ern acional sino en la

concepción m ism a de las relaciones int ernacionales. En una hist oria

global com o la que est am os v ivien do la idea de relaciones int

er-nacionales pierde sent ido y capacidad explicat iv a. Y ello por dos

razo-nes fundam ent ales: la prim era, porqu e en la m edida en que la dist

in-ción ent re lo int erno y lo ext erno se desdibuj a en m ayoría de las

di-m ension es de la vida social planet aria, la polít ica int ernacional se

vu elve dom ést ica y viceversa. Y la segunda, porqu e la guerra, com o

problem a fundam ent al a resolv er en el j u ego int ernacional

desapare-ce com o un asunt o ent re Est ados. Los at ent ados del 11- S nos han

hecho aún m ás pat ent es est as dos con diciones.

En su m ayoría, las reglas que regularon la vida int ernacional desde el

sist em a de Wesphalia han perdido su validez. Varios elem ent os nos

perm it en sust ent ar est a posición.

En prim er lugar, los act ores int ernacionales son m últ iples y m uchos

de ent re ellos no reivindican ni necesit an declarar su caráct er de

so-beranos. Est am os en un m u ndo poblado por actores m uy diversos y

de t odas las gam as: est ados, quasi- est ados, est ados fallidos, em

pre-sas m ult inacionales, organizaciones regionales, organism os int

ergu-bernam ent ales, grupos sociales, ONG, individuos, et cét era. Con t al

cant idad de act ores y con t ant a diversidad en su nat uraleza, int

(17)

relacio-nes int er-nacionales. Com o lo señala Rosenau15, est aríam os pasando

de un a m at riz est at ocént rica a una sociocént rica en el m anej o de los

asunt os pú blicos. En con secuencia, la polít ica se “ desest at aliza” y por

ést a m ism a vía se "desin t ernacionaliza"; el Est ado dej a de t ener el

m onopolio de la represent ación de su com unidad polít ica, lo cual im

-plica replant ear el problem a de la represent ación, el de la com unidad

polít ica, y en sum a, el de la dem ocracia m ism a.

En segundo lugar, ello pone de present e que no todas las art

iculacio-nes locales y globales de los asunt os hum anos est án m ediadas por

los Est ados. Mient ras el Est ado evoca u na polít ica espacial y t errit

o-rialm ent e definida, la polít ica m undial ev oca la velocidad y la t em

po-ralidad. Hacia afuera ya no habría un a única com unidad represent ada

por el Est ado, la idea m ism a de int erés nacional se pone en cuest ión.

Nos encont raríam os ant e int ereses fragm ent arios que conform arían

com unidades ad hoc m ás allá y m ás acá de los referent es territ

oria-les.

No t iene sent ido ent onces hablar de relaciones int ernacionales com o

opuest as a relaciones nacionales, com o si se t rat ara de dos procesos

dist int os, diferenciables. En t ercer lugar, la polít ica se “ dest errit

oriali-za” : la dist in ción t aj ant e ent re el adent ro y el afuera se desdibuj a y

pierde sent ido para la com presión de varias de las dinám icas polít icas

act uales. Hay una m ult iplicidad de escenarios en los que fluy en los

dist int os act ores. No im port a t ant o en el t errit orio en que se

desen-v u eldesen-ve la acción , sino m ás bien los escenarios de didesen-v ersa nat uraleza

en donde se discu te y los efect os práct icos qu e t ienen las decisiones.

Los m edios de com unicación, por ej em plo, se conviert en , a su vez, en

un escenario crucial del debat e y no en m eros reproduct ores de

15

(18)

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form ación. En esa m edida, se relat ivizan y a veces se diluy en las

front eras ent re la polít ica dom ést ica y la polít ica int ernacional.16

El orden int ernacional en las condicion es act u ales y a no puede apelar

a ningu no de los principios que sust ent aron los sist em as int

ernacio-nales ant eriores; se t rat a de un escenario dem asiado com plej o, con

m uchos act ores de diversa nat uraleza y con u na ext rem a dispersión y

sofist icación en los m edios que perm it en el uso de la fuerza; así en

cuart o lugar, en el act ual escen ario global hay una ext ensión y una

banalización del recurso a la guerra represent ado en el t errorism o.

El t errorism o ya no es com o en el pasado una form a m enor de

reivin-dicación de obj et ivos polít icos; es, m ás bien , la nu eva form a de

rra, la guerra de la era de la globalización. Est a nueva form a de

gue-rra adquiere las caract eríst icas m ism as de la sociedad en la que se

desarrolla: es dispersa, m ultiform e, accesible, fragm ent aria, y

sobre-t odo logra a parsobre-t ir de recursos pequeños generar grandes efecsobre-t os;

ello gracias al desarrollo t ecnológico y al gran im pact o de los m edios

de com unicación. Una guerra a la m edida de la sociedad del riesgo

global com o lo señala Ulrich Beck.17

Por prim era vez en la hist oria m oderna, la guerra que j ugaba, com o

m ecanism o regulat orio de las relaciones int ernacionales dej a de ser

capacidad ex clusiva de los Est ados. El recurso a la v iolen cia com o

po-t espo-t ad de los espo-t ados dej a de ser un elem enpo-t o defin ipo-t orio y específico

de las relaciones int ernacionales y se diluy e en el t ej ido social

globali-zado de m anera indiscrim inada. A nu est ro j uicio, la guerra ent re

es-t ados, poes-t encial o real, ya no es garanes-t e del orden ines-t ernacional y

16 Hu elschoff, M. G. ( 1994) . “ Dom est ic Poli tics and Dynam ics I ssue Li nkage: A Ref or m ul at ion of I nt

egra-t ion Theor y” : I n I nt er nat i onal St udi es Quart erly, 3 8, 255- 27 9.

(19)

desaparece com o elem ent o específico de las relaciones int

ernaciona-les en la m odernidad.

Seguir hablando en t onces de "sist em a in t ernacional" en el m undo de

hoy nos ev oca, qu erám oslo o no, la carga de sent ido de los siglos

an-t eriores: la de la inan-t eracción enan-t re Esan-t ados que deciden sus polían-t icas

ex t eriores, la de la gu erra com o m ecanism o de regulación de

conflic-t os por excelencia, la de diplom acia clásica. Lo cierconflic-t o es que el j uego

hoy es m ucho m as com plej o que se desarrolla en m últ iples

escena-rios y a part ir de lógicas que van m ás allá de los referent es t errit

oria-les; un escenario m uy dist int o y no forzosam ent e ligado a la lógica

t errit orial; un j uego en el que la reglas han sido com plet am ent e t

ras-t ocadas, en donde se m ezclan elem enras-t os de los sisras-t em as anras-t eriores y

se con form an al m ism o t iem po nuevas reglas ad hoc frent e a las

cua-les hay y segu irá habiendo un puj a perm anent e ent re div ersos t ipos

de act ores. Ant e t al com plej idad ya no podem os sost ener una visión

m ecanicist a del sist em a int ernacional, ni siqu iera de una orgánica y

ev olut iva, la im agen del m undo que est am os viviendo se aprox im a

m ás a aquella form ulada por la t eoría del caos. Una im agen que, a la

m anera de las ondas en un est anqu e, se com pone y recom pone en

(20)

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Consideraciones f inales

Est e int ent o de caract erización de los sist em as int ernacionales que se

han configurado en la m odernidad, m ás que enm arcarse en una

his-t oria de las relaciones in his-t ernacion ales lo qu e ha buscado es llam ar la

at en ción sobre el caráct er hist órico que rev ist e el discurso sobre lo

in t ernacional y la m anera com o ese discurso se ha ido m odelan do de

acuerdo con los im perat ivos, int ereses, y circunst ancias de cada

épo-ca. Aunque en ello no hay ninguna novedad, m ucho m enos para

aquellos quienes, com o los hist oriadores, est án habit uados a esa m

i-rada en perspect iv a, lo ciert o es que para las relaciones int

ernacio-nales com o disciplina, la ausencia de sensibilidad hist órica la ha

ence-rrado en una visión m onolít ica y acrít ica de su propio obj et o de est

u-dio volviéndola en m uchas ocasiones est éril para responder a los

de-safíos de una nueva época.

Los t eóricos y analist as int ernacionales no salim os aún de nuest ro

es-t ado de perplej idad anes-t e la velocidad y la com plej idad de los cam bios

qu e est am os v iviendo; varias hipót esis se m anej an para t rat ar de

darle coherencia a est e m undo caót ico y, aparent em ent e,

inaprehen-sible. Para algunos, el nuevo orden int ernacional que se est aría

confi-gu ran do corresponde m ás a la idea de una h egem onía por part e de

una " hiperpot encia" o una "m egapot encia", los Est ados Unidos, quien

se irá encargando de est abilizar y regular el escen ario internacion al

act ual, ya sea a t ravés de la const it u ción de una form a renovada de

" im perio", o de una form a m ás benevola de cooperación con las ot ras

pot encias18. Desde ot ra posición, algunos han plant eado que, frent e a

18 Ver NYE, Joseph. Las paradoj as del poder nor t eam eri cano. Bogot á, Taurus, 2003. KAGAN, Robert .

(21)

la im posibilidad del dom inio pleno de un solo act or int ernacional,

es-t aríam os anes-t e un resurgim ienes-t o del sises-t em a de equilibrio de poder. De

m odo que, t arde o t em prano t endríam os que llegar a la in st auración

de un sist em a de dem ocracia cosm opolit a pues sería la ún ica form a

de regular un m undo t an com plej o en el que los Est ados ( y sobret odo

las pot encias) han dej ado de ser los únicos act ores del j u ego int

erna-cional.

Est a baraj a de posibilidades y, sobret odo los alt os n iveles de incert

i-du m bre que se nos present an, nos revelan la urgen t e necesidad de

cam biar nuest ro inst rum ent al concept ual pues un a y ot ra vez nos

re-sult a inadecuado para explicar la novedad frent e a la que nos

encon-t ram os. En esencon-t a encon-t area la hisencon-t oria com o disciplina encon-t iene un papel crucial

pu es nos perm it e relat ivizar, poner en perspect iva, cont ext ualizar, en

sum a, "hist orizar" , el discurso sobre lo int ern acional y, con ello,

su-perar la noción m ism a de " relaciones int ernacionales" . Es est e t ipo de

reflexión el que nos perm it irá com prender los alcances de la vida

polí-t ica y social a escala global. Una polí-t area en la qu e apenas nos h allam os

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