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Aquí no se habla de política

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Academic year: 2020

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UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE ARTES - ASAB

PROYECTO CURRICULAR ARTES PLÁSTICAS Y VISUALES

AQUÍ NO SE HABLA DE POLÍTICA

SERGIO LEONARDO BARRIOS MARTÍNEZ

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AQUÍ NO SE HABLA DE POLÍTICA

Proyecto de grado presentado como requisito para optar por el título de: Maestro en Artes Plásticas y Visuales. Sergio Leonardo Barrios Martínez.

Cód: 20111016003. Director: Gustavo Sanabria.

UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE ARTES - ASAB.

Proyecto Curricular de Artes Plásticas y Visuales. Bogotá D.C. Colombia.

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AGRADECIMIENTOS

A Zareth, la persona que la política trajo y que el amor asentó, gracias por todo tu apoyo, tu crítica, por tus pensamientos, has hecho esto posible. A mi madre y a mi padre, Nelly y Abel, por su formación y apoyo. A mi amigo Fabian por los recuerdos y las reflexiones, a mi amiga Angélica Riaño por acercarme más a la lucha de ideas políticas. A Jenny Alfonso por su ayuda incondicional. A aquellas que tendieron su mano de apoyo en los diferentes momentos del proceso de creación de este proyecto.

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«El hombre es por naturaleza un animal político.»

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«

Llega un momento en el que el autocuestionamiento

individual se topa con algo más grande que sí mismo,

y del cual no puede dar cuenta sin que el individuo

se deje de concebir como un sujeto cerrado e

independiente de los demás. Ese campo que desborda

constantemente al individuo humano es la sociedad y

en consecuencia la política.»

Cesar Vargas Villabona, Miedo Y Colectivo.

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«La actividad política…hace ver lo que no tenía que

ser visto, hace escuchar un discurso allí en donde sólo

el ruido tenía lugar, hace escuchar como discurso lo

que no era escuchado más que como ruido.»

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«El hombre es a-político. La política nace en el

entre-los-hombres, por lo tanto completamente fuera

del hombre. He ahí que no haya ninguna substancia

propiamente política.»

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«Los únicos que todavía creen en el mundo son los artistas.»

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Aquí no se habla de política, este texto habla de mí y el recorrido que realizo para convertirme en un ser artista/político, si es que al final del relato llego a serlo. Una buena parte de mi carrera como estudiante de artes plásticas y visuales fui visto como un ser politizado, provocando a mi alrededor debates al respecto y no pocas burlas y calificativos, como el ser mamerto* palabra que define genéricamente a aquella persona que habla constantemente de política y que, virtualmente no habiendo más, es de izquierda. Esta situación que, por supuesto, parte de un interés particular por el concepto de lo político y la política, ha permeado mis intereses visuales, literarios, mi creación artística y mi discurso hasta el punto de preguntarme si lo que hago o he hecho realmente es o tiene que ver con la política.

Aquí no se hace política, este es un proyecto cuyo resultado final está enmarcado en un requisito para el grado como Maestro en artes plásticas y visuales, por lo tanto, este texto y su consecuente propuesta plástica es posible que se queden en el plano de lo simbólico sin una conexión directa con la sociedad (¿acaso no sucede lo mismo con la mayoría de la práctica artística actual?), por lo que valdría preguntarse si es el arte una herramienta propia o incluso adecuada de la práctica política, luego ¿es realmente político el arte creado y enmarcado bajo ese título? ¿cómo hacer un arte político?

Política, político, arte político son conceptos para los que posiblemente la lectora de este texto, ya tenga una definición o por lo menos una noción, que pueden coincidir o no con las nociones propias, y no diré que la intención de este proyecto no es definir esos conceptos, al contrario, busca dar claridad de éstos o por lo menos no dejarlos en la

INTRODUCCIÓN

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indefinición. Una reflexión de la política a través de la práctica visual (¿sería lo mismo a la acción política a través de la práctica visual?).

Esta reflexión solo es posible por medio del análisis de cómo la política se manifiesta en el acontecer diario ¿Dónde está la política? ¿acaso todo es política? ¿Se es un sujeto político y al serlo ya no se puede devenir en un sujeto no-político? Luego «aquí no se habla de política» si bien se muestra como una afirmación, el interés es que sea un llamado de atención, un cuestionamiento desde mi experiencia sobre la política y su lugar, si es un espacio; o accionar, si es un hecho a realizar. Pero también sobre el camino que esta como concepto ha recorrido en nuestro país y sobre sus posibilidades futuras.

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YO CREÍ

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¡Amigo mirón únase al montón su hijo es estudiante y usted es trabajador!

En mi más temprana juventud nunca tuve lo que se llama una formación política o un acercamiento a la política más allá de lo que veía en las noticias que, como a cualquier niño, me aburrían sobremanera. En mi casa, la entrada para la política era más bien estrecha, aunque esto era más circunstancial que a propósito. Mi papá era un trabajador del Estado, su profesión es una de las que, desde un movimiento social como el estudiantil, es vista fuertemente con sospecha y cautela (y con razón debo decir), él fue militar y durante mi niñez y bien adelantada mi adolescencia sus historias configuraron en mí una visión de país que chocaría fuertemente con la visión actual (¿a que joven no le pasa?), en esta visión había más bien pocos matices y sus actores tenían unos roles y características morales claramente definidos: sabía en ese momento quienes eran los buenos y quienes lo malos. Como niño es difícil no dejarse impresionar por la estructura militar, los desfiles, el despliegue de armas y vehículos, el aura de la vida bajo esta profesión (para mí el lema de: «Los héroes en Colombia sí existen» llegó antes) y por supuesto por las anécdotas de mi papá.

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expandiéndola y volviéndola más compleja (de nuevo ¿a qué joven no le pasa?) y aunque aquella, seguramente, chocaría fuertemente con la que he construido y poseo actualmente (alguna vez en el colegio quise representar al candidato a la presidencia Álvaro Uribe, por el que sentía una genuina admiración, al final y para mi tristeza, terminé siendo el candidato a la Vicepresidencia de Noemí Sanín), fue allí donde se sembró las inquietudes que actualmente mueven este proyecto. Empecé a participar en el Consejo Estudiantil, me manifesté con carteles a favor del voto en blanco para unas elecciones de personeros, al siguiente año fui candidato a la Personería del colegio, y conformé o, mejor, traté de conformar con mi mejor amigo un grupo de estudio en los descansos, entre otras acciones que tenían como objetivo proyectar mi escasa visión del mundo o por lo menos de nación, pero también intentar ampliar esa visión, clarificarla.

Mi escasa formación política me llevaba a tener unos juicios respecto a ciertos personajes públicos (ya sabemos mi temprana admiración al candidato Uribe) y a los consabidos problemas nacionales: pobreza, corrupción, inequidad, etc. Y no fueron pocas las «conversaciones para arreglar el mundo», como las llamaba mi mamá, que tenían como base esos juicios, pero sentía un gran vacío conceptual acerca de lo que podríamos llamar la súper-estructura de la política nacional o en llanas palabras del funcionamiento del Estado colombiano y los conflictos para tener su control. Aún así no eran pocas las veces en las que sentía indignación, en las que sentía la necesidad de actuar, de formar parte. De ser el Zoon politikon de Aristóteles.

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¡Aleeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerta! ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta que camina La lucha estudiantil por América Latina! ¡Y venga! ¡y venga! ¡y venga compañero! ¡Que aquí se esta luchando la educación del pueblo!

En el 2011 un proyecto de ley para reformar el sistema educativo superior del país o Ley 30 de 1992, que presentó el entonces presidente de la república Juan Manuel Santos junto a su Ministra de Educación María Fernanda Campo, despertó una resistencia dentro de la comunidad académica que ganó el apoyo de buena parte de la sociedad colombiana. Apoyo que, entre otras cosas, no se había visto, por lo menos, hacía 40 años desde el gran paro estudiantil de 1971, teniendo algunos paréntesis, quizá, como el movimiento de séptima papeleta de finales de los 80 nacido también del estudiantado universitario.

Esta gran resistencia a la reforma a la Ley 30 no quedó únicamente ahí, es decir, en la contención de la iniciativa gubernamental, sino que derivó en un movimiento nacional que se manifestó en una serie de propuestas organizativas y de confrontación no violenta cuyo objetivo, además de reversar la reforma, era imponer una reforma legislativa alternativa construida de manera conjunta y que proviniera desde la misma academia, con preeminencia del sector estudiantil liderado por la Mesa Amplia Nacional Estudiantil – MANE* y que desembocaría en uno de los

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paros universitarios más grandes en la historia del movimiento estudiantil nacional, hasta ese momento. Las manifestaciones de este movimiento, su puesta en escena y el apoyo recibido le daría un nuevo aire a la lucha y la organización estudiantil.

A la ASAB, la fuerza del movimiento entró relativamente tarde, la facultad fue ajena a los acontecimientos y discusiones que se dieron en el primer semestre del 2011* tanto en la Distrital como en otras universidades públicas en donde los estudiantes, organizados como los no-organizados, informados de las intenciones gubernamentales, veían la posibilidad de construir un paro de carácter nacional** para enfrentarlas. La distancia de la facultad tenia origen de diversos factores, además de la composición del campus de la Distrital que la dispersa por toda la ciudad, en la ASAB se tenía un prejuicio y cierta desconfianza del movimiento estudiantil y sus prácticas, en la mente de los estudiantes-artistas estaban las imágenes de grupos de encapuchados bloqueando facultades y rayando paredes, comunes en otras sedes de la Universidad y no cabía la idea de detener las actividades o de que se destruyera su casa (El Palacio de La Merced) “¡allá la Distrital con sus problemas, agitaciones, paros y demás y acá nosotros encerrados en la meditación y creación estética!”*** , así mismo discursos como el de la “privatización de las universidades públicas” ya habían sido escuchados con anterioridad y parecían no tener la misma contundencia a la hora de convencer a los estudiantes-artistas.

*Estas discusiones desembocaron en una primera movilización el 7 de abril que convocó a los estudiantes, profesores y trabajadores agrupados en sindicatos como la CUT.

**Algunas universidades públicas como la Universidad de Córdoba ya habían entrado en paro por una reivindicación particular, sin embargo, este tipo de acciones se articularían más tarde con el movimiento nacional.

***Esta situación de la ASAB y su comunidad viéndose ajena o lejana al resto de la Universidad la vi y la viví desde el primer momento de entrar a la Facultad, varios de los integrantes de la comunidad veían a la “Distri” como fuente de diversos males, ya sea corrupción de parte de sus directivas, ya sea de radicalización y agitación de parte del estudiantado. Visión que era Universitarios – FEU, la Federación Universitaria Nacional – FUN Comisiones MODEP, Proceso Nacional de Identidad Estudiantil, Comuna Universitaria, Conciencia Crítica, Rebeldía Estudiantil Organizada - REO y el colectivo Yuca Brava.

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Fue la radicación formal del proyecto por parte del gobierno nacional al Congreso de la Republica en la primera semana de octubre de 2011 lo que airó los ánimos y extendió la indignación por nuestra facultad de arte.

Ante la inminencia del paro nacional y después de numerosos y acalorados debates, la ASAB y su comunidad, reacios, en un principio a las lógicas de un movimiento estudiantil que veían ajeno y añejo, adoptó y adaptó los esquemas organizativos del movimiento para hacer su propuesta de confrontación político-artística para la participación en los acontecimientos próximos. En ese instante se organizaron asambleas de estudiantes y profesores, consejos estudiantiles, entre otros encuentros que al principio eran esporádicos pero que prontamente pasaron a ser estructurados y masivos, tomándose pasillos, aulas, el patio y el auditorio; se empezó a hablar de asamblea permanente, de currículo alterno, se comenzaron a oír mociones de orden, de réplica, de suficiente ilustración, conceptos que se sumaron como herramientas discursivas a las creativas prácticas estéticas de la facultad y su comunidad. Se estudió la propuesta gubernamental y sus alcances, para lo cual incluso se tuvo colaboración de estudiantes de derecho de otras universidades**, se hicieron análisis sobre las implicaciones de la reforma ante la enseñanza de las artes, se hicieron foros con estudiantes de Chile que vivían una situación similar para la época, entre muchas otras acciones.

La ASAB se sumó así al resto de la Universidad Distrital y a las 29 universidades públicas (de 32) de todo el país que entraron en huelga, en el Paro Nacional Estudiantil. Para octubre de 2011, además de la mayoría de universidades públicas, se habían sumado a las manifestaciones, estudiantes del SENA, de instituciones

**Recuerdo particularmente a varios estudiantes de derecho de la Universidad del Rosario, exponiéndonos (no satisfactoriamente, debo decir) las falencias de la propuesta gubernamental y de la problemática actual de las universidades públicas originadas, incluso, por la misma Ley 30 de 1992 que se pretendía reformar. Esto último dio para uno de los lemas del estudiantado que decía: Ni Ley 30 ni reforma.

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técnicas y tecnológicas, y de universidades privadas, que si bien por sus dinámicas no podían entrar a un cese de actividades, formaron mesas amplias estudiantiles respectivamente para organizarse, proponer y alimentar al movimiento y la protesta, exponiendo sus propias luchas y reivindicaciones, pertinentes a la situación del momento, tales como aumentos de matriculas, bienestar estudiantil, prácticas universitarias entre otras. Este hecho, la integración de estudiantes y profesores de las universidades privadas al movimiento estudiantil fue uno de los indicadores que, con el tiempo, me ayudaron a comprender que este movimiento era diferente a los demás que hasta ese momento yo había observado, y que se manifestaban intermitentemente por no-sé-que-causa a reivindicar* .

Mientras tanto el presidente de la época, Juan Manuel Santos, salía en televisión con su Ministra de Educación, insistiendo que la reforma “iba porque iba”, protagonizaba spots de televisión promocionando los beneficios de la reforma y declaraba ante los medios que los estudiantes no habíamos entendido el articulado o que incluso no la habíamos leído. Se llegó a imitar (parodiar) un video realizado por estudiantes de la Universidad de Antioquia criticando la propuesta, para atacar al movimiento estudiantil, su herramienta de presión, manipular y confundir a la opinión pública, en dicho video jóvenes actores argumentaban que el paro y la MANE estaban dejando sin oportunidades a miles de estudiantes y señalaba, de manera falsa, que los estudiantes en paro no tenían una propuesta, entre otras cosas. En fin, la confrontación por parte del Gobierno Nacional se visualizaba en diversos escenarios, paradójicamente ninguna en la calle, donde la presencia de los estudiantes se imponía y la única presencia del Estado era representada por la policía.

La MANE convocaba exitosamente una movilización cada semana, llenando las calles no sólo de estudiantes sino también

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de profesores, padres de familia y transeúntes afines a la causa. Pocas veces hubo algún enfrentamiento violento con la policía o el ESMAD, en cambio abundaron las manifestaciones tipo carnaval, los besatones, los abrazatones, los disfraces, la música, la batucada, las marchas de antorchas y la alegría. Acciones que explican el éxito y la acogida del movimiento. Sin embargo, el gobierno estaba poco persuadido de retirar la propuesta ante lo cual la MANE respondió con la organización de una de sus mayores manifestaciones: La Toma a Bogotá.

Para inicios de noviembre estudiantes de distintas partes del país viajaron hacia la capital para participar en la Toma a Bogotá, una manifestación que tenía como objetivo no solo llegar a la Plaza de Bolívar como usualmente se hacía, sino concentrarse en distintos puntos de la ciudad para visibilizar aún más lo que estaba sucediendo, y por supuesto, para demostrar la fuerza y el apoyo de la sociedad a los estudiantes. La cita era el 10 de noviembre, la ASAB por supuesto iba a ser parte de la jornada, como ya lo llevaba siendo desde hacía algún tiempo, y empezó a crear mesas de trabajo para coordinar la participación, se crearon banderas, banderines y pancartas, se compusieron nuevas arengas y canciones, se elaboraron máscaras para ser usadas sketches de teatro que iban a ser presentados conforme la marcha avanzara, y se concibieron coreografías.

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¡Llueva o truene el paro se mantiene!

Anticipándose a la magnitud de la movilización el gobierno de Juan Manuel Santos había propuesto a la MANE que si los estudiantes levantaban el paro ellos retiraban la reforma, propuesta que por supuesto fue rechazada por la MANE, sin embargo, días antes, el 9 de noviembre, y contra todo pronóstico el Gobierno retira del Congreso la totalidad del articulado* , aunque hay que aclarar que el retiro no se dio porque el gobierno nacional fue persuadido por los argumentos de los estudiantes o los académicos, el presidente mantenía la posición de que éstos no habían entendido la reforma y si se retiraba era para salvar el semestre (Rodríguez, 2012), a lo que la MANE agregó que era una estrategia para torpedear la Toma a Bogotá.

Para pesar del gobierno el 10 de noviembre llegó y la comunidad estudiantil respondió al llamado, la ASAB salió en un bloque nutrido de estudiantes, profesores y funcionarios, se escuchaban tambores, trompetas y saxofones, una gran pancarta iba a la vanguardia y las banderas ondeaban a los costados visibilizando a la facultad dentro del rio de gente presente, el bloque se detenía en algunos puntos y se daba acción a la danza y a un sketch de teatro que mostraba a un mercader vendiendo la educación como cualquier vil mercancía; de los edificios adyacentes a la avenida 10ª y por donde pasaba la marcha, se veía la aprobación de

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trabajadores y transeúntes, confeti de papel caía sobre la cabeza de los caminantes, aunque no fue lo único que cayó, una fuerte, temprana y continua lluvia también los acompañaba en su camino hacia los puntos de concentración, en el caso de la ASAB a la plaza de Bolívar, por la ruta que debería rebautizarse como el marchódromo: la carrera 10ª y 7ª.

Ante el fuerte aguacero y empapados completamente, los estudiantes gritaban ¡Resistencia!¡Resistencia! y la arenga ¡llueva o truene el paro se mantiene!, en la plaza los esperaba la estructura de un gran árbol para las fiestas de navidad que fue cubierto de pancartas y banderas de organizaciones, traídas desde distintas partes del país, así como una tarima que acogía a los lideres de la movilización que pronunciaban tremendos discursos y a bandas musicales entre las que se encontraba una compuesta por estudiantes de la ASAB, y otras más que apoyaban el movimiento. Esa noche se dio un gran concierto, mientras tanto, en la punta del árbol, ya no de la navidad sino de la indignación, ondeaba una bandera negra con un escudo redondo y blanco: la bandera de la ASAB* .

Empero, el movimiento inesperado del gobierno creaba confusión dentro del movimiento estudiantil respecto a la continuación del paro como medida de presión, aun así, el calendario de movilizaciones se mantuvo y el semestre fue cerrado con la Gran Marcha Continental Por la Educación realizada el 24 de noviembre, una jornada organizada a la par con el Movimiento Estudiantil de Chile, quienes ese mismo año habían adelantado una serie de huelgas, marchas y protestas ante las reformas educativas presentadas por el presidente Sebastián Piñera como parte de su plan de gobierno. En la jornada participaron también estudiantes y ciudadanos de Uruguay, Puerto Rico, Brasil,

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Honduras, entre otros. Paradójicamente y a pesar del éxito de la jornada, se iniciaba, sin que lo supiéramos en ese momento, el lento pero progresivo declive y suspensión del movimiento estudiantil nacional.*

Ya con la reforma tumbada lo que significaba una gran victoria para los estudiantes surgieron las dudas sobre los siguientes pasos a dar, había un programa mínimo construido por la MANE que contenía una serie de reivindicaciones que no eran resueltas solo con el retiro de la propuesta por tanto durante esos meses se sintió una fuerte tensión por el levantamiento del paro dándose opiniones divididas dentro de la MANE sobre si continuar o no con el método de presión para lograr los otros objetivos. En la ASAB se reflejó esta situación donde los quiebres y divisiones dentro de la comunidad estudiantil que participó en las manifestaciones, incidirían lenta pero definitivamente al desmantelamiento de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil* . Para algunos estudiantes de la ASAB el retiro del proyecto de ley era motivo suficiente para levantar el paro e iniciar clases de inmediato, otros consideraban que las condiciones no estaban dadas pues no había garantías para terminar el semestre de manera efectiva, recuperando el tiempo invertido en el cese de actividades**. Finalmente, el paro nacional fue levantado y se crearon distintos mecanismos para la conclusión del semestre dependiendo de las particularidades de cada institución. En el caso de la facultad el calendario académico fue extendido hasta enero.

* El movimiento estudiantil no volvería a tener tal nivel de organización ni contundencia hasta las protestas del 2018 dirigidas por las organizaciones estudiantiles UNEES – Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior y ACREES – Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de la Educación Superior.

* La MANE duraría tres años más siendo el 2014 el año que vio su ultima reunión, durante esos tres años su nivel de convocatoria se reducía progresivamente. Así mismo su propuesta de Ley Alternativa de Educación nunca pasó del borrador. Las organizaciones que gestaron la MANE volvieron a sus agendas particulares y en el país otro tema captaba toda la atención: los diálogos de paz con la insurgencia de las FARC – EP.

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Quién es Usted? – Soy estudiante. ¡No lo escuche! – Soy estudiante. ¡Una vez más! – Soy estudiante, soy,

soy estudiante, soy. Yo quiero estudiar para cambiar la sociedad ¡Vamo’ a la lucha!

Yo cursaba el segundo semestre como estudiante de la Carrera de Artes Plásticas y Visuales en la Facultad de Artes – ASAB mientras todo lo anterior sucedía, y como muchos participé de manera intermitente en el movimiento estudiantil, intervine una que otra vez en las asambleas a las que asistía e intentaba entender lo que estaba sucediendo, me vinculaba por momentos a los procesos organizativos aunque para ser francos no tenía, en su momento, una concepción clara de la magnitud de los acontecimientos; en un primer momento llegué a pensar que estas movilizaciones eran iguales a las de años anteriores de las cuales era testigo más que todo por televisión o radio, pues este es un país donde se marcha continuamente – posiblemente mientras estoy escribiendo esto o mientras usted lo esta leyendo se está desarrollando alguna marcha o manifestación en el país- Compartí, de manera suspicaz, el pensamiento de que los voceros de la MANE buscaban construir una plataforma política* en el sentido electoral y sentía instrumentalizada la indignación y el movimiento, es más, la MANE para mí en ese momento era

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un ente indefinido que agrupaba a todos los estudiantes, no sabía como se había conformado o como funcionaba, y aún así sentía que era parte de ella. Ignoraba la existencia de las organizaciones estudiantiles, sus diferencias y mucho menos conocía sus conexiones con la política extra – universitaria.

En las movilizaciones a las que asistía veía subir a la tarima políticos, en ese entonces igualmente desconocidos, y de nuevo pensaba que en rio revuelto todo mundo quiere pescar, los veía como unos oportunistas; quería, de manera ingenua, un movimiento alejado de la política tradicional que debía suplantarse para lograr los objetivos que el movimiento se había propuesto; pensaba que el sentimiento de indignación no debía servir a intereses encarnados en curules u otra forma de representación institucional, sino a “algo mayor” diferente a las vanidosas y corruptas estructuras gubernamentales. Era parte de un momento que sería histórico por los alcances, por sus logros, por su magnitud y era incapaz de verlo, aún así fue un punto de ruptura en mi concepción de mundo, de a poco se me fue revelando el orden de los distintos niveles de la política, institucional o no, universitaria o fuera de ella, local y nacional, hasta tener un alcance mundial, aunque esto último ya es decir demasiado* .

Tenía un interés genuino por la política, aunque no sabía como acercarme a ella o incluso definirla, estaba ahí la mayoría de veces expectante a los acontecimientos diarios, viendo cómo en la facultad nacían periódicos**, nuevas arengas, sketches de teatro, pancartas y coreografías, ignoraba una parte de las

* Cualquiera diría que había llenado un vacío conceptual con el que bastaba asistir y prestar atención a una clase de cívica.

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nuevas expresiones de movilización del movimiento y por eso sentía que la ASAB le estaba “enseñando” e innovando en la protesta, después caí en cuenta que la facultad iba en dirección al nuevo espíritu de manifestación que configuraba un nuevo discurso para dar visibilidad y respuesta a las viejas problemáticas reflejadas en la reforma. Asistía a las marchas con cierto prejuicio y cantaba las arengas con cierto recelo, tenía una desconfianza del estudiante que entraba a una universidad pública y se “radicalizaba”, se “mamerteaba”.

Para la Toma a Bogotá, participé en una de las mesas, integrada por profesores y estudiantes de otras carreras, encargada de diseñar y realizar las banderas que acordonarían el bloque de la ASAB. Después de una lluvia de ideas y algunos bocetos se llegó a dos imágenes. La primera un poco Kitsch de un personaje que encarnaba las artes que se enseñan en la facultad, un bailarín de silueta grecorromana en posición de ballet, con un gran pincel en una mano y un escudo con una llave de sol en la otra, que llevaba sobre la cabeza una máscara al estilo de la comedia italiana. La segunda, las siluetas de dos rostros con el escudo de la facultad. Me encargué de realizar las dos imágenes en una plantilla para ser reproducida por estarcido en 8 telas de corte vertical de colores naranja, verde y amarillo, después de estampar el diseño armé la estructura que las sostenía, las repartí entre estudiantes voluntarios y coordiné su ubicación en el bloque. El 10 de noviembre estaba allí en primera fila cargando una de las banderas bajo el gran aguacero que nos dejaba empapados de pies a cabeza y que probaba nuestro compromiso con la marcha ¡con la causa! Caminé bajo la lluvia y llegué a la Plaza de Bolívar cantando: “Facultad de artes ASAB - ¡Presente!¡Presente!¡Presente!¡Presente!”. Ese fue mi paro estudiantil, ese fue mi acto memorable, esa fue mi acción política* .

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¡Eeeeo! ¡Paro Nacional! ¡Eeeeeo! ¡Todos a marchar! ¡Eeeeo! ¡Paro Nacional! ¡Eeeeeo! ¡Todos a marchar! ...

El Paro Nacional Estudiantil había finalizado, el siguiente año transcurrió en relativa calma salvo por el anuncio del gobierno nacional de haber iniciado conversaciones con la guerrilla de las FARC – EP, anuncio que me conmovió profundamente y que fue seguido ese mismo año por un sentido discurso dado por una de las partes contendientes del conflicto, el de Iván Márquez líder negociador de la insurgencia, en las instalaciones de la mesa de diálogo en Oslo. Aunque al respecto no sentía que pudiera realizar alguna acción específica más allá de estar al tanto. Algo contrario al desarrollo y acciones de la MANE que a pesar de las divisiones seguía vigente, quería llenar los vacíos que tenía sobre la organización y me mantenía informado con los comunicados que ésta sacaba y en donde anunciaba la construcción de su ley alternativa, un proceso en el cuál yo quería participar aunque en ese momento no supe como.

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el marco del paro agrario el maestro Guillermo Vanegas nos lleva a una charla con miembros del movimiento político País Común, del que era parte Feliciano Valencia en su momento precandidato presidencial de origen indígena y actual senador de la República, al final de ésta me acerco a los expositores para preguntar sobre las maneras de participar dentro de su movimiento y la forma de obtener más información, hecho que produjo algunas burlas de mis amigos por “mi afán por regalarme a los comunistas” sin embargo mi interés no fue satisfecho.

Durante la coyuntura participé también de una reunión realizada en las redes del sindicato de la ETB Sintrateléfonos para conocer el pliego de peticiones que un sector campesino que participaba en el paro había radicado ante el gobierno*. Descubrí de paso que no todos lo movimientos campesinos participantes se manifestaban bajo una misma bandera o pertenecían a una misma organización, teniendo incluso puntos contradictorios frente a sus pliegos de peticiones. Fui a marchas con cacerola en mano para demostrar mi apoyo a los campesinos y hacer parte de las manifestaciones que visibilizaban ese tal paro agrario que para el presidente Juan Manuel Santos no existía. Durante las marchas me puse en contacto con un activista de ANZORC y lo invité a dar una charla en una de las cátedras de la ASAB y finalmente participé en la gran marcha del 29 de agosto convocada a nivel nacional y que en Bogotá resultó en un gran disturbio que tristemente terminó afectando la imagen del paro a nivel nacional.

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EL TAL

PARO

NACIONAL

AGRARIO

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Para finales del 2013 había sido invitado a ser parte de una organización estudiantil y consecuentemente a un partido político, como parte de mis nuevas tareas participé en el Octavo Plenario de la MANE realizado en Bogotá, mi primer plenario y el último realizado por la MANE y fui, por corto tiempo, candidato al Consejo de Facultad de la ASAB para unas elecciones que nunca se realizaron (un nuevo paro en la Universidad Distrital estaba a punto de iniciar). Al parecer había encontrado a la política, o un lugar para hacerla. Vi y sentí la posibilidad de poder incidir directamente en mi realidad y cambiarla.

Sin embargo mi militancia política duró más bien poco, posiblemente, debido a que aún no sabia a ciencia cierta a qué tipo de organización política pertenecía, aun me faltaba piezas en el gran rompecabezas de la política nacional (y aunque aún no puedo decir que lo he completado mi comprensión actual es sin duda mayor a la que tenía para esa época, paradójicamente la de mayor agitación personal), también es posible que mis nuevas tareas como cuadro de un partido no se ajustaban a mis expectativas y anhelos, no las entendía como actividades políticas trascendentales para configurar un cambio (tal vez duré muy poco). Por otra parte le tenía un fuerte miedo al tipo de compromiso político que encasille mi pensamiento, “militar limita” recuerdo haberle oído decir a uno de los integrantes de País Común, no obstante mi pre-militancia (como debería llamarla para ser honestos) me dio a conocer a mucha gente (entre ellas mi pareja) con la que actualmente comparto y me acerco a la actividad política (si es que ésta, la actividad política, no se realiza en todo momento).

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positivamente a los participantes. Durante este tiempo entré en contacto con los conceptos de “comunidad” o “territorio”, grupos de personas y lugares a los cuales llegaba y en donde no fui parte. Esperaba, genuinamente, poder transformar con el arte el contexto y las vidas de las “comunidades” a las que iba, y de cierta manera lo logré, pero, aunque no quiero ni puedo desmeritar el trabajo realizado y el cual es proceso y fruto de una gran cantidad de personas, descubrí que ese tipo de trabajo poco me satisfacía. Encontré que este tipo de iniciativas no podían estar mediadas solamente por relaciones bajo una figura contractual y debe partir, ante todo, por inquietudes y conocimiento propias y profundas con el lugar y su gente. Como diría Max Weber, la acción política debe tener un gran componente de pasión que debe estar al servicio de una causa y que debe estar orientada por un sentido de responsabilidad con esa causa (Weber, 1919), ser parte.

Ese ser parte, esa pasión y responsabilidad la encontré en las redes de amistad y compañerismo que había enlazado de mi intentona partidista, las he puesto a disposición (a través de la creación artística encaminada por el diseño) a distintas causas y actividades a las que me siento por fin afín, una de ellas está enmarcada dentro del escenario que, en el país, es considerado por excelencia el lugar de la actividad política: las elecciones.

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actividad política como un suceso lleno de espectacularización, tensiones y agitaciones que permea cada rincón de las relaciones cotidianas mientras dura y que además ocupa, se quiera o no, la agenda del ciudadano, es decir, de aquel que tiene la capacidad de votar, movilizando sentimientos profundos, viscerales así como aspiraciones del querer ser parte de un algo que proyecte las visiones individuales pero sobre todo grupales de nación.

No obstante, el estar en las primeras líneas de acción de esta empresa (la campaña electoral) fue lo que hizo que me cuestionara sobre la acción política propia, y sobre la acción política en sí. Como diseñador mi deber era la de transmitir un mensaje que atrajera al votante y como simpatizante mi anhelo. El diseño se me convertía en una labor vital con la cual pretendía suplir mi necesidad de actuar político, por lo tanto, trataba no solo ilustrar el contenido de las propuestas del candidato, sino verme reflejado en el discurso, en esa promesa de gobierno futuro. Pero ¿era política lo que hacía? Esas imágenes resultantes, esa propaganda ¿podía considerarse arte político?

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“En nuestro tiempo, si se quiere hablar sobre política, debe empezarse por los prejuicios que todos nosotros, si no somos políticos de profesión, albergamos contra ella. Estos prejuicios, que nos son comunes a todos, representan por sí mismos algo político en el sentido más amplio de la palabra: no tienen su origen en la arrogancia de los intelectuales ni son debidos al cinismo de aquellos que han vivido demasiado y han comprendido demasiado poco”

Hannah Arendt, ¿Qué es la política?

He interactuado hasta el momento con las palabras política y político de manera intuitiva, a través de mis prejuicios, tal como he venido interactuando con ellas durante gran parte del tiempo, en mis acciones, labores, representaciones artísticas, en mi discurso, en fin, en mi construcción como sujeto político, influenciado por la ligereza con que el término es usado en mi contexto, en la radio, en la televisión, en la prensa, en la academia, en las redes sociales, etc. Algo paradójico en un país que aparentemente no cree en la política, tal vez porque pocas veces la hemos visto.

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En la primera noción, la política permea cada aspecto de la vida diaria, cada acción del ser y además esta presente en todo lugar. En la segunda, la política es una actividad ajena realizada por ciertos personajes también ajenos y cuya relación e influencia en la vida propia no es clara o es difícil de dilucidar más allá de ser la acción de quienes gobiernan.

Estas dos definiciones tienen una característica en común y es su vaguedad, la incapacidad de definición del concepto. En el primero, la política, al estar presente en cada acción humana desde las más privada hasta la más pública, dificulta su posibilidad de distinción, no podemos señalar qué es la política y contrastar con otro tipo de actividades no-políticas una característica que, más que fortalecerla, la debilita y la invisibiliza, si todo es política nada es política. En el otro lado de la moneda la política sigue sin ser definida más allá de ser una acción que realizan una serie de sujetos específicos, los políticos, y se vislumbra un rasgo aparentemente característico de ésta que es el poder, en este caso, de gobernar pues son los políticos, todos, sin distinción alguna, los que gobiernan, mandan, administran* .

La dificultad de definición de la política es compartida con el arte; Arte y Política y arte político constituyen una dimensión epistemológica y de acción con limites difusos y porosos. Situación que como dije en la introducción al texto no pretendo resolver totalmente (me sería imposible así quisiera) pero que sí deseo aclarar, algo así como tener la capacidad de señalar un objeto que si bien posee límites difíciles de distinguir puede ser descrito y ubicado en un espacio. Para ello recorrerémos una ruta indirecta, donde presenciaremos distintos escenarios de la historia del país que han ayudado a construir en la ciudadanía nociones y prejuicios que sobre la política tienen. Continuando con el símil, el andar por el camino más largo para encontrar

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ese objeto indefinido-la política y el arte- nos ayudará para diferenciarlo de su entorno, para separarlo de aquello que no es pero que ha pretendido ser.

Una definición precisa de la ciencia política sólo sería realmente posible si ésta estuviera acabada, si se hubiera explorado enteramente su dominio. Se está lejos de ello, muy lejos.

Maurice Duverger.

El primer escenario que visitamos para aproximarnos a la política es bien conocido: la contienda electoral y lo haremos aprovechando que durante la escritura de este texto el país se encuentra en temporada electoral. Las elecciones suponen un acontecimiento que convoca a toda la sociedad para decidir, no solo sobre quiénes deben dirigir un país y sus instituciones sino también sobre cómo deben ser dirigidas, basada en la trayectoria de los ciudadanos elegidos (los políticos) y en los programas de gobierno que son presentados y discutidos en la esfera pública.

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En Colombia el ejercicio electoral nació con la declaración de independencia y después de ésta se ha ejercido con sus diferentes variantes: Sufragio restringido, sufragio universal masculino, voto indirecto, sufragio universal sin calificación, entre otras.

Las elecciones son acontecimientos en donde los ánimos de los ciudadanos se caldean y los enfrentamientos se multiplican por defender a uno u otro candidato, las familias se dividen y pueden romperse hasta amistades de vieja data, situaciones que se pretenden calmar generalmente con la frase de “no hay que pelear por política” o si la situación ya se vuelve demasiado incomoda se corta de tajo con la sentencia de “aquí no se habla de política”, típicas frases que hemos escuchado entre amigos o en reuniones familiares; este tipo de ánimos en época electoral no son exclusivos del país, o de estos tiempos en que las redes sociales han permitido multiplicar los debates, las rencillas, la indignación y las posiciones por asuntos electorales; pelear por asuntos políticos es, según un reciente estudio, natural a la condición humana.

Sin embargo, la particularidad del Estado colombiano y el conflicto armado interno que ha sufrido (cuyas raíces algunos rastrean hasta la misma independencia -conflicto de índole político- y que si bien no ha provocado la suspensión de elecciones o por lo menos no por lagos periodos como sucedió con los países del cono sur que sufrieron de dictaduras) ha configurado una relación particular de los ciudadanos con la actividad electoral que ha determinado su concepción de la política.

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para las tropas y para la población, fechas duras y difíciles, en las que siempre se piensan con alguna preocupación” y más adelante agrega después de narrar el día electoral: “de forma sombría se advierte siempre la perspectiva de la cercana explosión de una guerra civil.” (Carbó, 1995) Y aun con este ánimo electoral, impulsado sobre todo por las clases dominantes o gobernantes del país, Colombia es un país sumamente abstencionista, ya sea porque, como se dijo anteriormente, en sus inicios el derecho al voto estaba sumamente restringido o por la irregularidad que trajo el conflicto que privó durante años a mucha gente a ejercer su derecho al voto, o como sucede actualmente, en donde los anteriores obstáculos se han ido superando, porque hay una aparente desilusión del sistema democrático aplicado en el país que ha conllevado a un desinterés general por la participación electoral. No hay que mirar muy lejos para encontrar muestras de este desinterés, en la elección a la presidencia pasada (2018) el umbral de participación general si acaso superó con enorme dificultad el 50% de votantes y en otros tipos de consulta los resultados tampoco son muy alentadores, tales como en la Consulta Anticorrupción realizada también en 2018 donde solo participaron 32,05%* del total del censo sin llegar a superar el umbral necesario para hacer efectiva sus propuestas o en el triste y emblemático caso del Plebiscito Por La Paz para refrendar los acuerdos del Estado y la guerrilla más antigua del país y del mundo, las FARC – EP, que sumo en total una participación de 37,43% . **

Para el pesar de las nuevas ciudadanías libres, declaradas con optimismo en las últimas elecciones cuando se vio por primera vez la posibilidad de ascenso a la presidencia de un candidato alternativo, el sistema participativo colombiano representado en el ejercicio electoral esta en crisis y lo ha estado desde hace mucho tiempo sin que se vislumbre una pronta salida, una realidad que puede ser desalentadora si consideramos que, para gran parte de la población, la época electoral es el paradigma y la definición de lo que es la política o que puede ser una oportunidad

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para desempolvar este concepto y ponerlo de nuevo en frente sin brumas que los cubran.

Está más que claro que hay una mayoría de colombianos que no se han apropiado, o que incluso han desechado, aquel derecho a elegir y ser elegidos, y sobre todo a ser consultados sobre los destinos del territorio que habitan, pero sería injusto señalarlos y juzgar esta actitud sin mirar en el pasado, quizá esta apatía es solo un síntoma de una enfermedad desarrollada a través de la historia republicana la cual es, precisamente, que no se ha necesitado de la consulta de los ciudadanos o mejor aún de los habitantes para tomar las decisiones que han guiado al país en sus 200 años de existencia o incluso antes en la colonia cuando las ordenes provenían de ultramar, o antes desde la conquista del territorio a manos de los españoles desconociendo la posesión que sobre este tenían los pueblos originarios, o mucho más antes. Por tanto, sigamos explorando en la historia para rastrear la raíz de esa relación de apatía entre ciudadanos y la política, relación que ha llevado a acuñar frases como que “la política no es para gente decente” o la conocida de “todos los políticos son iguales”

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se disputaban, por supuesto, el control del Estado por medio de varias formas de lucha incluyendo la armada: por un lado, estaba el partido Conservador de la mano del ejercito oficial, las policías regionales y las bandas de carácter paramilitar, y por el otro el partido Liberal al principio también, de la mano de guerrilleros y combatientes irregulares*. El año anterior al 9 de abril de 1948 la “Violencia política” había causado catorce mil asesinatos, número que aumentó drásticamente con la muerte de Gaitán llegando a cuarenta y tres mil (Caballero, 2018), sumado al éxodo de cientos de miles de personas de los campos a las grandes ciudades, los desplazados por la violencia.

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la nación Mariano Ospina Pérez clausura el Congreso y suspende todas las asambleas departamentales, instaura la censura a la prensa e impone el estado de sitio. El Congreso no volvería a funcionar con normalidad hasta 1958 al término de la dictadura del general Rojas Pinilla y con la instauración del periodo conocido como El Frente Nacional. Como adición, las elecciones finalmente sí se adelantaron sin embargo los liberales no se presentaron*.

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No se equivocan quienes ven en La Violencia el germen de los conflictos políticos actuales, pues además de la confrontación armada que se vivió en casi todo el territorio nacional, posterior a ella y para acabarla se pactaron acuerdos de gobernabilidad que hasta hace poco influían en la vida nacional, como el llamado Frente Nacional; si alguna época ha sido determinante para la estructuración del actual Estado colombiano ha sido aquella, aún después de haber pasado por la creación de una nueva Constitución. El camino hacia el Frente Nacional se dio de la siguiente manera: con el país incendiado y el Congreso cerrado, se efectuaron unas elecciones donde el único candidato era el dirigente ultraconservador pro-falangista Laureano Gómez, esto después de que el partido Liberal decidiese que no iría a los comicios por falta de garantías, argumento que se apoyaba por supuesto en la violencia ejercida contra esta colectividad en los campos donde eran cazados, como dije anteriormente, por el ejercito, las policías y las fuerzas paramilitares conocidas como Los Pájaros en el suroccidente del país y los Chulavitas en el nororiente; pero además, en el ataque que sufrió en Bogotá la marcha proselitista del que hubiera sido el candidato Liberal, Darío Echandía y en donde resultó muerto su hermano y otros manifestantes más.

Por supuesto el ganador de la “contienda” fue el candidato único Laureano Gómez quien inmediatamente convoca una Asamblea Nacional Constituyente (que no se reuniría hasta tres años después para legitimar la posesión del golpista Rojas Pinilla) y busca instaurar el “Orden Social Cristiano”; Sin embargo,

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Laureano no duraría mucho tiempo frente a la presidencia y por cuestiones de salud dejaría a cargo a su ministro de Guerra Roberto Urdaneta. Para esta época la Violencia llegaría a su peor degradación, arrasando literalmente los campos y sus habitantes mediante crudas y sangrientas manifestaciones de tortura y asesinato. Frente a esta situación, en el año 1953 entra en escena un militar cuya carrera iba en rápido ascenso y que sería recibido tanto por sectores conservadores y liberales como el salvador de la patria y el “segundo libertador”, el Teniente General Gustavo Rojas Pinilla. Los liberales calificaron la acción de Rojas no como un golpe de Estado sino como un “golpe de opinión”, declaración secundada por toda la prensa, exceptuando por supuesto al periódico de Laureano, El Siglo.

La presidencia de Rojas Pinilla tuvo como objetivo pacificar los campos colombianos, para lo cual creo una amnistía para las guerrillas liberales que estaban resistiendo desde la zona de los Llanos orientales y se habían expandido hacia el Tolima y Santander, bajo esa promesa de amnistía la mayoría de guerrilleros liberales se desmovilizaron. Tiempo después la mayoría de los dirigentes guerrilleros iban a ser asesinados, aparentemente por el propio Estado. Pronto el gobierno de Rojas daría un giro hacia una dictadura militar personalista, giro ciertamente no inesperado teniendo en cuenta las características de sus ministerios y sus alcaldes encargados, encabezados principalmente por militares. Su imagen sería impulsada por una amplia campaña realizada desde las oficinas de la ODIPE – Oficina de Información y Propaganda del Estado, creada en el gobierno anterior, tanto así que en 1954 y para conmemorar un año desde el ascenso a la presidencia del General, la ODIPE encargó a los gobernantes locales del país la inauguración de obras públicas que serían bautizadas con el nombre 13 de junio, fecha del golpe; a la par se tenía programado que para esa misma fecha del año se lanzara el servicio de televisión, inaugurándolo por supuesto el General con un famoso discurso.

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No obstante, fueron otro tipo de medidas del Presidente militar lo que deterioraría las relaciones con sus antiguos aliados de los partidos tradicionales; la Asamblea Nacional Constituyente creada por Laureano fue usada por Rojas para aumentar su poder, así por ejemplo ésta aprobó la reelección del presidente militar para el siguiente periodo. Las medidas represivas pronto iban a reaparecer e ir en aumento y se impuso la censura a la prensa, los periódicos El Tiempo y El Espectador cambiaron de nombre durante esta época y sus ediciones estaban supervisadas por censores militares. Durante una marcha estudiantil de conmemoración realizada el 8 y 9 de junio de 1954 se disparó contra los manifestantes y en consecuencia murieron unos cuantos, el presidente militar inmediatamente culpó al comunismo y el resultado fue la ilegalización del Partido Comunista. Como dije anteriormente, estos hechos conllevaron a la ruptura de Rojas con sus aliados conservadores – liberales y hasta con la iglesia, quienes convocaron un paro nacional en donde llamaron a los trabajadores de la industria, la banca y el comercio, así como a los estudiantes a manifestarse en contra del régimen; y aquellos que celebraron en algún momento el ascenso de Rojas como “segundo libertador” eran ahora las cabezas de la oposición civil, “Se trataba de lo que Antonio García denominó la insurrección de las clases altas” (José Fernando Ocampo, 2010). Alberto Lleras Camargo líder liberal fue a España a encontrarse con el depuesto y exiliado Laureano Gómez y firmaron el 24 de julio de 1956 en Benidorm un acuerdo para regir conjuntamente el gobierno de los próximos 16 años, acuerdo que sería reforzado el 20 de julio de 1957 en Sitges y se sometería a plebiscito el 10 de diciembre de ese año , jornada electoral que será recordada por poseer el porcentaje de participación más alto en la historia del país y por ser la primera vez en donde la mujer iba a ejercer su derecho al voto.

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movimiento civil sería excluido, “Se era partidario del Frente Nacional o se era enemigo de Colombia” (José Fernando Ocampo, 2010). El Frente Nacional solucionaría parcialmente la violencia del país, por lo menos los partidos Liberal y Conservador no volverían a alzarse en armas el uno contra el otro, sin embargo, debido a la reducción en la participación en el Estado y la exclusión de corrientes de pensamiento que no se amoldaban al bipartidismo dominante, nacerían otras violencias más longevas que la anterior.

El periodo del Frente Nacional, ese que prometía la estabilidad y la paz, vio surgir diversos grupos guerrilleros, no todos de ideología comunista: El Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino – MOEC nacido en 1959, fundado por intelectuales, obreros y estudiantes, y cuyo aparato armado se rastrea a las antiguas guerrillas liberales no desmovilizadas; las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC nacida a partir de las autodefensas campesinas a mediado de los años 50’s y oficializada en 1964; el Ejercito de Liberación Nacional – ELN fundado en 1962 por estudiantes, trabajadores y antiguos militantes de las FARC inspirados en la teoría del foquismo guerrillero aplicada en la revolución cubana; el Ejercito Popular de Liberación – EPL nacido en 1964, brazo armado de las disidencias del Partido Comunista señalándola como revisionista para dar paso al Partido Comunista de Colombia, marxista-leninista; el Movimiento 19 de abril – M-19 nacido en 1974 desde sectores de la ANAPO – Alianza Nacional Popular (partido de Rojas Pinilla) y exmilitantes de las FARC, como reacción al fraude electoral sufrido por Rojas Pinilla ante su contrincante conservador y frente nacionalista Misael Pastrana en las elecciones de 1970. Por otra parte, además de los grupos armados nacerían movimientos civiles que se opondrían a la dominación bipartidista y que consecuentemente fueron reprimidos fuertemente por ésta, hay señalar que de los 16 años que duro oficialmente el Frente Nacional 14 estuvieron bajo Estado de Sitio.

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sumar que a finales de los años 70’s y en los años 80’s un nuevo fenómeno aparecería en el país. Impulsado por los movimientos contraculturales estadounidenses, el consumo de Marihuana se disparó estimulando su comercialización desde los campos colombianos y creando con esto una nueva empresa para el país, el narcotráfico. Cuando los hippies se esfumaron y fueron remplazados por los exitosos yuppies (si es que no eran los mismos) la Marihuana fue igualmente reemplazada por un narcótico más fuerte, la cocaína, y los antiguos comerciantes de yerba aprovechando su experiencia se adueñarían del nuevo negocio. Negocio que no tendría mayor inconveniente sino fuera porque la comercialización de cocaína fue ilegalizada y perseguida por los Estados Unidos de América y, por tanto, también lo era por Colombia. La ilegalidad del negocio, favoreció su rentabilidad y su rentabilidad justificó toda clase de excesos y estrategias para comercializarla, siendo una de las más dañinas la corrupción generalizada del aparato estatal y en general de la sociedad colombiana.

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escenas y prácticas vividas durante la Violencia de los años 50 fueron reinterpretadas y multiplicadas con sevicia, y si en aquella época a algunos los mataban por ser godos o por ser liberales, en ésta se hacía por “auspiciar” a la guerrilla o a los paramilitares.

La Lucha contra la guerrilla y posteriormente la lucha por desarmar a los paramilitares, repito en algún punto apoyados por el Estado, pero salidos de control, fueron durante más de tres décadas el punto central de discusión en los debates políticos, es decir en el país, de los debates electorales. En algunos momentos se valoraba más a aquellos candidatos que prometían una salida negociada del nuevo conflicto y en otros a aquellos que prometían mano dura, y hasta hace poco hemos estado en ese vaivén. ___________

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daban poderes extraordinarios al presidente, se atacaban a los opositores y demás estrategias ya conocidas de tipo totalitario.

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“En la calurosa sala de visita, junto al espectro de la pianola amortajada con una sabana blanca, el coronel Aureliano Buendía no se sentó esta vez dentro del círculo de tiza que trazaron sus edecanes. Ocupó una silla entre sus asesores políticos, y envuelto en la manta de lana escuchó en silencio las breves propuestas de los emisarios. Pedían, en primer termino, renunciar a la revisión de los títulos de propiedad de la tierra para recuperar el apoyo de los terratenientes liberales. Pedían, en segundo termino, renunciar a la lucha contra la influencia clerical para obtener el respaldo del pueblo católico. Pedían, por último, renunciar a las aspiraciones de igualdad de derechos entre los hijos naturales y los legítimos para preservar la integridad de los hogares.

- Quiere decir - sonrió el coronel Aureliano Buendía cuando terminó la lectura - que sólo estamos luchando por el poder.”

Cien años de soledad.

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“No existe, realmente, la política. Tan solo hay políticos. Estos han sido a través del tiempo hombres que han impuesto su voluntad de todas las formas posibles”.

Los acontecimientos históricos de nuestro anecdotario [a] político nos señalan implícitamente una de las características de la política: su contextualidad, su principal propiedad es ser local. La política fue pensada, por los filósofos griegos (quienes fueron los que fundaron la reflexión alrededor de esta), como una actividad exclusiva de las poleis* griegas, excluyendo a las sociedades europeas bárbaras, una situación aparentemente contradictoria con la sentencia del Zoon politikon aristotélica y que Hannah Arendt con agudeza señala:

“Aristóteles, para el que la palabra politikon era un adjetivo

para la organización de la polis y no una caracterización

arbitraria de la convivencia humana, no se refería de ninguna

manera a que todos los hombres fueran políticos o a que en

cualquier parte donde viviesen hombres hubiera política, o sea,

polis. De su definición quedaban excluidos no solamente los

esclavos sino también los bárbaros de reinos asiáticos regidos

despóticamente, bárbaros de cuya humanidad no dudaba en

absoluto.” (Arendt, 1995)

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ya sea para hablar de regímenes democráticos, monárquicos o dictatoriales, acá “los prejuicios se anticipan, van demasiado lejos, confunden con política aquello que acabaría con la política” (Arendt, 1995) Sin duda este uso del termino tiene raíces en su concepción aristotélica, quien como vimos paradójicamente no lo usaba en todos los casos de gobierno. Para Aristóteles solo entre los hombres libres que se agrupan de manera autónoma y armónicamente, surge la politeia y en ella cada hombre cumple una función específica en la búsqueda de un proyecto común, como la felicidad. En los casos donde esta agrupación no se da de manera armónica, en donde exista una relación desigual se cae necesariamente en una desviación de la organización de la polis, tales desviaciones eran para Aristóteles la tiranía, la oligarquía y la democracia. No obstante, al centrar la reflexión de la política en la organización de los estados, dio paso a que la lucha por el poder y la dirección del gobierno fueran las características principales que definen la política. La ciencia del poder y la administración del Estado.

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“La política es en primer lugar el conflicto acerca de la existencia de un escenario común, la existencia y la calidad de quienes están presentes en el” (Rancière, 1996) No existe política simplemente porque haya una estructura que permita la gobernabilidad de una asociación de personas y no existe tampoco por la simple búsqueda del poder, es decir de la posibilidad de dirigir dicha estructura, hay política en el momento en el que un grupo de personas que no se sienten con voz dentro de dicha estructura y por lo tanto no hacen parte, luchan para darse dicha voz, para ser parte. “La política existe cuando el orden natural de la dominación es interrumpido por la institución de una parte de los que no tienen parte. Esta institución es el todo de la política…” (Rancière, 1996)

Por lo tanto, en la política aquellos que no son tenidos en cuenta dentro de la organización, dentro de la policía, no solo buscan ser escuchados, tener voz también significa tener lugar, mover los cimientos de la estructura. Rompe la homogeneidad de ésta para darle paso a la heterogeneidad, por lo mismo su búsqueda no es la llana igualdad, sino la equidad, la justicia. “Misión y fin de la política es asegurar la vida en el sentido más amplio” (Arendt, 1995).

En Colombia pocas veces ha existido la política o, mejor dicho, la política ha sido invisibilizada por la policía. Las luchas por controlar la dirección de la nación colombiana han sido principalmente entre aquellos que siempre la han dirigido alternadamente, han sido ciertamente entre hombres que siempre han tenido parte, remitiéndonos incluso a las luchas independentistas. La existencia de la política ha estado en aquellas acciones que una parte de la sociedad pide, precisamente, no politizar, como cuando una periodista de radio le dice a un estudiante dentro de una marcha estudiantil que mantenga el movimiento lejos de la política, como para que no se contamine.

El discurso de la no-polarización, que se ha extendido dentro de

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la opinión pública en estos últimos años, rechaza y niega la acción política, pues parte de la negación de los distintos conflictos que nacen de las visiones y las reivindicaciones de los distintos grupos que conforman una sociedad y necesitan ver sus luchas reflejadas en la estructura social. En colombia, la política que ha sido reemplazada por la policía a nivel institucional ahora se ve en el riesgo de la total anulación desde la (in)acción.

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“La acción, no es utilitarista, no se medirá por su éxito histórico, sino por este gesto de inicio, de innovación…

La acción no es siempre política, para serlo debe estar unida al discurso.”

Hannah Arendt

Antes de continuar, hay que señalar que el concepto de arte político que a continuación se analizará esta vinculado a aquellas prácticas que buscan desmarcarse del discurso oficial (así no lo logren) y que tienen como intención reaccionar de alguna manera a la situaciones de injusticia, violencia, y demás que merezcan ser denunciadas, por lo tanto acá no entraremos a exponer el arte creado bajo el discurso político estatal, o según la claridad de los conceptos anteriormente vistos, el discurso policial tales como los monumentos, las esculturas y estatuas.

Menos que querer hacer una cronología o un análisis particular de la creación de arte denominado político en el país, los siguientes párrafos son un breve análisis de las características que debería tener todo arte que quiera ser político. Reflexionando, de manera general, alrededor de las prácticas artísticas que dominan la titularidad de arte político y las posibilidades que tienen para serlo.

La claridad que nos da los párrafos anteriores nos permite indagar sobre esta relación arte – política y podría iniciar diciendo que

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el arte político (no todo puedo decir, pero si la generalidad) se ha movido en dos frentes, uno centrado en darle visibilidad y denunciar aquellas situaciones que consideran injustas, es un arte que de cierta manera se queda como testigo y registro, y considera que de esta manera adopta las características de la política y otro que ha buscado romper la estructura del medio - el medio artístico me refiero- para hacer válidos sus lenguajes y otorgar la característica de arte a aquello que antes no lo poseía, estos dos frente no son excluyentes el uno del otro y son frecuentemente mezclados por los artistas políticos. En el primer frente podríamos ver esa característica ineludible de la política de darle voz a quienes no la tienen, sin embargo, como vimos anteriormente no es suficiente con dar voz, no es suficiente con dar visibilidad, a través de la representació, a aquellos que han sido invisibilizados, debe necesariamente mover los cimientos de la estructura que no los hace parte, para darles cabida, no solo de manera nominal o visual, sino de manera efectiva. “Si el arte busca incidir, debe entender los mecanismos de participación política” (Esfera Pública, 2018) diría el maestro Guillermo Vanegas.

El segundo frente ha permitido la creación de prácticas estéticas que nunca hubieran sido adoptadas por las instituciones artística, sin la lucha constante y la insistencia de su validez, como el performance, siendo este último el acto artístico por excelencia que ha adoptado el tema de lo corporal como lugar de la política y la ubicación de ésta en cada acto humano. Y podríamos decir que en efecto ha tenido éxito, si lo ubicamos en la política institucional del arte, y no dudo que es de las prácticas artísticas que podrían tener mayor efectividad dentro de la lucha política general.

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propiciado para que los causantes de los actos denunciados y representados queden en la sombra, o se enmarquen en la narrativa oficial, la de la policía.

Entre las excepciones de arte político en Colombia hay que resaltar la obra de Guillermo Villamizar, un artista cuya obra gira alrededor del asbesto y la polémica de su uso y su proceso de prohibición como material para la construcción. Villamizar empezó con una investigación sobre la conexión entre la colección de arte Daros Latinoamérica y los dueños de las principales fábricas que usan asbesto como Eternit. No tardó mucho Villamizar en darse cuenta que los dueños de esta última también lo eran de la primera. Villamizar escribió sendos artículos exponiendo esta relación y continuó con una serie de «performance institucional», como lo denominó el maestro Guillermo Vanegas, en donde entre otras cosas, constituyó una fundación: Colombia Libre de Asbesto, y ayudó a la redacción de una ley que prohibiera la explotación y uso de este material en el país.

Afiche Del Evento

ASBESTO. Arte Ciencia Y Políticas. Donde uno de los participantes era el artista colombiano Guillermo Villamizar.

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“La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura.”

Max Weber.

Esto iba a ser un manifiesto, pero no lo es, para que lo sea debe ser suscrito por más sujetos, por el momento solo me circunscribe a mí, sin embargo no deja de ser una declaración, una declaración de amor a la política y al arte que me han traido todo lo que hasta el momento tengo y han conformado lo que en este momento soy. Por lo tanto:

Me niego a que la poesía cubra la barbarie. Y me niego también a que la barbarie niegue la posibilidad de poesía.

En un mundo que grita porque se haga presente la política y el arte, es imperioso luchar todos lo días para que éstos no sean cubiertos en brumas que las distorsionan, las alejan y nos confunden.

Si la palabra arte no logra disipar la neblina que la rodea, estará condenada a la inocuidad aún cuando su intención sea el escape de la realidad a la fantasía.

Si la palabra política no logra disipar la neblina que la rodea, estaremos condenados nosotros a una vida inocua y tortuosa.

El arte no es una herramienta para la acción política. El arte debe ser la acción política.

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