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Tema 6: MARX y la crítica del capitalismo

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Academic year: 2018

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Historia de la Filosofía

Tema 6: MARX y la crítica del capitalismo

IES Rosalía de Castro

Curso 2017-2018

Prof. Manuel Lama

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Índice

PRIMERA PARTE: CONTEXTUALIZACIÓN DE MARX

1.

La revolución industrial y el movimiento obrero

pág. 3

1.1.

La Revolución Industrial

1.2.

El movimiento obrero

2.

Las influencias del socialismo utópico, la izquierda hegeliana y la economía política

pág. 5

2.1.

Socialismo utópico

2.2.

La economía política

2.3.

La izquierda hegeliana

3.

El nacimiento de las ciencias sociales

pág. 6

SEGUNDA PARTE: LA FILOSOFÍA DE MARX

Biografía y obras

pág. 7

Introducción a la filosofía de Marx: filosofía y praxis revolucionaria

pág. 8

1.

El concepto de alienación

(Alienación e ideología en Marx I)

pág. 8

1.1.

Significado del término

1.2.

Formas de alienación derivadas

1.2.1.

Alienación religiosa

1.2.2.

Alienación social y alienación política

1.3.

Alienación fundamental: la alienación económica

1.4.

La superación de la alienación

2.

Materialismo y dialéctica en la base del materialismo histórico

pág. 12

3.

El materialismo histórico

(Alienación e ideología en Marx II)

pág. 13

3.1.

Descripción general

3.2.

Conceptos básicos: “estructura económica” y “superestructura”

3.3.

La lucha de clases

3.4.

La superación del capitalismo: la sociedad comunista

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PRIMERA PARTE: CONTEXTUALIZACIÓN DE MARX

1. LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y El MOVIMIENTO OBRERO

1.1. La Revolución Industrial

Los cambios de las estructuras socioeconómicas acontecidos en Europa desde principios del XVIII crean las condiciones que hacen posible, en la segunda la mitad del siglo, el inicio de la Revolución Industrial. Una revolución que tiene su foco originario en Inglaterra y que, posteriormente, a lo largo del siglo XIX, se expande y desarrolla por el resto de Europa y América. La condición básica para su realización es la sustitución del trabajo artesanal por el de la maquinaria fabril, cuya introducción implica la multiplicación del rendimiento y, por lo tanto, el incremento de la producción. La difusión de la ética calvinista da lugar a una nueva concepción del trabajo: la laboriosidad, el sentido del ahorro y el afán de lucro facilitan la formación de capital privado que es invertido en las empresas industriales a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Las bases teóricas del capitalismo son formuladas por Adam Smith (1723-1790)1 y David Ricardo (1772-1823)2 que dan lugar a la doctrina conocida como liberalismo económico. Los liberales defienden y difunden ampliamente la idea de Francis Bacon según la cual el desarrollo del conocimiento científico –basado en la observación y la experimentación– fomenta la riqueza y el progreso de las naciones. Las ciencias físico-naturales dan lugar a múltiples aplicaciones prácticas a través de la técnica y la ingeniería. En 1769 Watt patenta la máquina de vapor. Al principio fue utilizada principalmente como bomba para las minas, pero pronto se pensó en utilizarla para mover barcos y carros. A principios del siglo XIX aparecen los primeros barcos de vapor y los primeros ferrocarriles, y también las primeras máquinas –y esto es, sin duda, lo más decisivo– que, movidas por el vapor de agua, son capaces de sustituir el trabajo humano y de aumentar enormemente la capacidad de producción en las fábricas. A mediados del siglo XIX, la mecanización de la producción y el capitalismo industrial –que ésta favoreció– habían alcanzado ya un grado muy alto de desarrollo.3

El nuevo sistema fabril, además de la mecanización del trabajo, requiere una serie de condiciones: a) libertad para la iniciativa privada (idea básica del liberalismo);

b) capital para invertir en máquinas, materias primas, etc.;

c) mano de obra disponible (fin de las limitaciones gremiales, emigración masiva de los campesinos a las ciudades para transformarse en obreros);

d) amplios mercados para absorber la producción en masa.

Como consecuencia de estas circunstancias, se abre paso una nueva estructuración de la sociedad –que deja atrás el viejo orden estamental– en correspondencia con la aparición de las dos nuevas clases antagónicas que protagonizarán el desarrollo del capitalismo industrial: los burgueses o capitalistas (propietarios del capital privado invertido) y los obreros o proletarios (que viven de los salarios que los empresarios capitalistas les pagan por su fuerza de trabajo). El exceso de mano de obra y los infrahumanos sistemas de trabajo (horario laboral abusivo, salarios de hambre, empleo de mujeres y niños, falta de higiene y seguridad en el trabajo, inexistencia de ayudas para situaciones de enfermedad, paro o vejez, etc.) determinan la nueva organización del trabajo. Los salarios que apenas dan para comer encuentran su justificación teórica en la tesis de David Ricardo según la cual el trabajo es una mercancía sometida a la ley de la oferta y la demanda, y nada puede impedir el cumplimiento de dicha ley.

1 Su obra principal, de 1776, se titula “Causas y consecuencias de la riqueza de las naciones”. 2

Su obra principal, de 1817, se titula “Principios de economía política”.

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En el último cuarto del siglo XIX comienza una segunda etapa en el proceso de industrialización a la que se denomina “Segunda Revolución Industrial” o “Gran Capitalismo” y en la que aparecen muchos de los elementos definidores de nuestros tiempos (trabajo en cadena, motor de explosión, petróleo, automóvil, electricidad, etc.). Esta etapa se distinguió por su alcance geográfico, pues a diferencia de lo ocurrido en la primera, donde un solo país, Gran Bretaña, había logrado industrializarse en profundidad, en este periodo, la revolución se da y se desarrolla intensamente en muchos más lugares, destacando, Europa Occidental (Francia, Alemania, etc.), Estados Unidos y Japón.

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1.2. El movimiento obrero

Con la industrialización y el desarrollo del capitalismo, la clase trabajadora, privada de los medios de producción, se ve obligada a vender su trabajo (salario) a los poseedores de esos medios de producción (capitalistas), quedando reducida, cómo único recurso, a la fuerza de sus brazos. Nace así el problema social y, como respuesta a la inseguridad en el empleo, a la explotación y a la miseria, los trabajadores tienden a unirse en la defensa de sus derechos y en la lucha por el poder político. (Marx: "Proletarios de todo el mundo, uníos",

Manifiesto comunista)

La fuerza y las características de los movimientos obreros varían de acuerdo con la estructura y el grado de desarrollo industrial de cada país, siendo general la tendencia a la creación de una fuerte estructura sindical y a la constitución de partidos políticos obreros autónomos. El primer movimiento obrero moderno se desarrolla en Inglaterra, organizado en sindicatos (Trade Unions, 1824): asociaciones obreras locales, o de fábricas, articuladas por oficios, que tratan de obtener mejores condiciones de trabajo y de vida por medio de contratos colectivos sobre los salarios, los horarios y la protección de los trabajadores (despidos, enfermedad, vejez, seguridad en el trabajo, vacaciones, etc.).

Con el derecho de asociación, conquistado tras duras luchas –1824 en Inglaterra, 1864 en Francia, 1869 en Alemania– se anula la prohibición de los sindicatos, que se desarrollan en asociaciones locales y sectoriales primero, y nacionales y globales después, y desde finales del siglo XIX son reconocidos cómo representantes legítimos de los trabajadores.

En 1864 se funda en Londres la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) o Primera Internacional, asociación que postula la unión y la solidaridad entre los obreros de todos los países del mundo y propone la conquista del poder político por parte del proletariado. A su nacimiento, en el que Marx

tuvo un papel muy importante, contribuyeron los líderes del sindicalismo inglés en contacto con dirigentes obreros franceses.4 Al acto fundacional también acudieron representantes de los trabajadores de otros países europeos como Italia y Alemania. Como se indicó antes, Marx tuvo un papel muy destacado y fue el encargado de redactar el Llamamiento inaugural. En este discurso inaugural Marx insistió en dos ideas: que la emancipación de la clase obrera sería obra de los propios obreros, y que el proletariado tenía que fijarse como objetivo la conquista del poder político.

Al apoyar la nueva asociación las huelgas en los distintos países, los gobiernos tomaron medidas contra sus ramas nacionales, lo que contribuyó a su debilitamiento. No obstante, la decadencia y la disolución de la Primera Internacional se produjo más por disensiones internas que por persecución externa. Los choques entre

Marx y Bakunin, entre marxistas y anarquistas, fueron creciendo en intensidad, hasta que en el Congreso de la Haya de 1872 los anarquistas son expulsados de la AIT.

El choque entre el proyecto socialista defendido por Marx y el programa anarquista defendido por Bakunin se debe a las importantes diferencias ideológicas que se exponen a continuación.

– Diferente concepción de la historia. Marx concibe la historia como un proceso de fuerzas suprapersonales, sus piezas son las clases sociales; Bakunin centra su atención en el hombre concreto, al que considera capaz de vencer las fuerzas de la historia. Bakunin es más individualista.

– La revolución social ha de prepararse, con una primera fase de toma de conciencia por parte de la clase trabajadora, y será protagonizada colectivamente por los obreros industriales, afirma Marx. Las acciones individuales, los actos espontáneos y aislados, pueden crear una situación revolucionaria, asegura Bakunin, quien, por otra parte, considera a los campesinos como las masas revolucionarias en potencia. El bakuninismo se difundió más por los países de base agraria e insuficiente industrialización como España y Rusia.

– Postulado de Marx es la dictadura del proletariado o conquista del poder político; la oposición de Bakunin a toda forma de Estado o poder político le lleva a rechazar de plano la dictadura del proletariado. A sí mismos los anarquistas se llaman «socialistas antiautoritarios».

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– La aceptación por los marxistas del juego político, interviniendo en elecciones y parlamentos, les separa radicalmente de los anarquistas, que abominan de la política, no llegan a fundar partidos sino sindicatos, y no participan en el juego electoral ni en la vida parlamentaria, lo que les restó influencia.

La AIT se disuelve en el año 1876 en el Congreso de Filadelfia. Tras varias tentativas para reconstruirla, un congreso celebrado en 1889 en París (en conmemoración de los 100 años de la Revolución Francesa) dará origen a la Segunda Internacional. La nueva Internacional volvió a revivir la polémica anarquista-marxista, resuelta de la misma forma que antes al dejar fuera a los anarquistas. Con todo, en la Segunda Internacional será más importante la crisis revisionista promovida por Bernstein, defensor de un nuevo socialismo fruto de la revisión de algunas tesis marxistas y convencido de que el triunfo del socialismo sería consecuencia de las reformas y no de la revolución (dando lugar así a los partidos socialdemócratas). La polémica revisionista dividió los distintos partidos nacionales.

2. LAS INFLUENCIAS DEL SOCIALISMO UTÓPICO, LA IZQUIERDA

HEGELIANA Y LA ECONOMÍA POLÍTICA

Para situar las fuentes filosóficas de las que se nutre el pensamiento de Marx lo mejor es partir de un texto de Lenin redactado a comienzos del siglo XX y titulado «El marxismo», en el cual contextualiza el pensamiento de Marx del siguiente modo:

“Marx fue el genial continuador de las tres corrientes ideológicas principales del siglo XIX, pertenecientes a los tres países más avanzados de la humanidad: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa y el socialismo francés, las cuáles fundió en una unidad superior.”

2.1. Socialismo utópico

El "socialismo utópico" designa a una serie de diversas propuestas de reforma social que encontramos a lo largo del siglo XIX, principalmente en Francia. Éstas trataban de ofrecer alternativas a las desigualdades e injusticias provocadas por el desarrollo industrial y el capitalismo imperante. Proyectaron reformas sociales que incluso llegaron a poner en práctica en cooperativas o comunas. Cabe destacar a Fourier y Saint-Simon

en Francia y a Owen en Inglaterra. Dichas corrientes de "socialismo utópico" acabaron por disolverse o integrarse en el movimiento socialista que, desde la fundación de la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1864 (también conocida como Primera Internacional), tendrá en el socialismo de Marx y en el anarquismo de Bakunin sus principales referencias.

La expresión "socialismo utópico" fue acuñada por Engels en su obra «Del socialismo utópico al socialismo científico». Por un lado, Engels reivindicaba el socialismo utópico cómo origen del socialismo científico, pero, por otro, lo critica –al igual que Marx– cómo mero idealismo desconectado de la realidad. El socialismo científico sería una superación del socialismo utópico, recogería sus demandas de un nuevo orden social, pero construyendo este nuevo orden desde una comprensión científica de las leyes profundas que rigen el desarrollo de la economía y de la historia.

2.2. La economía política

La comprensión marxista de las leyes que organizan la sociedad recoge del ámbito de la economía política elaborada por los economistas ingleses la teoría del valor-trabajo. Según esta teoría, defendida por Adam Smith (1723-90), padre del liberalismo económico, la fuente del valor es el trabajo y no, como pensaban los fisiócratas, la capacidad productiva de la tierra. No obstante, lejos de interpretar la teoría del valor-trabajo en el marco del liberalismo económico, el marxismo la integra en el marco de una crítica radical del capitalismo que la economía liberal pretendía legitimar. Para Marx el hombre transforma como sujeto, a través del trabajo, la naturaleza (de forma que esta deviene objeto transformado). El problema es, según Marx, que el capitalismo sustrae al trabajador el producto de su trabajo; de este modo el hombre es desvalorizado y sólo cabe superar dicha injusticia superando el modo capitalista de producción e instaurando una sociedad comunista.

2.3. La izquierda hegeliana

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hegeliana: "todo lo real es racional y todo lo racional es real". Tal afirmación dio lugar a dos lecturas bien distintas: las de la derecha y la izquierda hegeliana.

-La derecha hegeliana interpreta que la realidad es ya razón realizada,

-La izquierda hegeliana interpreta que la realidad, en su situación presente, es irracional y, por lo tanto, debe de ser transformada con el fin de que sea verdaderamente racional.

Para la izquierda hegeliana, la racionalidad de lo real no es un hecho, sino algo por hacer, una tarea. Mientras que la derecha hegeliana muestra una actitud conservadora (lo real es ya racional), la izquierda muestra una actitud crítica y progresista (lo actualmente real es irracional y nuestra tarea consiste en superarlo hacia una realidad racional). El marxismo es tributario de esta actitud crítica de la izquierda hegeliana.

3. EL NACIMIENTO DE LAS CIENCIAS SOCIALES

Entre la gran eclosión de los sistemas filosóficos idealistas en la primera mitad del XIX y la difusión de las obras, aun escasamente conocidas, de los pensadores más significativos de la segunda mitad de siglo (Marx y Nietzsche), fue el culto positivista a la ciencia lo que llenó el vacío. Como contrapunto a los altos vuelos especulativos del idealismo alemán, Augusto Comte (1798-1857), fundador del positivismo y padre de la sociología, reclamó la necesidad de aplicar el método científico a la comprensión y al desarrollo de la sociedad humana.

La revolución científica se había iniciado en los cielos, como revolución astronómica, para extenderse más tarde a la física terrestre. Tras la Revolución Francesa se extiende el deseo de aplicar el método científico al ámbito de las ciencias sociales. De ahí la aparición, durante el siglo XIX, de nuevas ciencias humanas o sociales como la psicología, la antropología o la sociología. Comte concebía la sociología como un nuevo paso adelante en el alcance del método científico. Un momento en el que la ciencia se había desarrollado lo suficiente como para abordar un objeto de complejidad máxima: la sociedad. De su voluntad de abordar científicamente el estudio de lo social da cuenta el hecho de que también denominara a la sociología con el nombre de "física social".

Así como el positivismo trató de responder a la necesidad de reorganizar la sociedad para integrar las transformaciones tecnológicas y políticas de la época, el marxismo ofrecerá otro proyecto de reorganización social con el fin de eliminar las dramáticas desigualdades que el avance de la sociedad industrial estaba dejando a su paso. Dicha reorganización implicaría el tránsito revolucionario del capitalismo al comunismo. No obstante, y más allá de las notorias diferencias entre positivismo y marxismo, ambos comparten la convicción de que la historia obedece a unas leyes de desarrollo y de que por fin se alcanzó el momento histórico en que la ciencia puede desvelarlas. Un desvelamiento que permitirá actuar planificadamente sobre la sociedad humana –mediante una especie de ingeniería social– para mejorarla, eliminando y superando las dificultades e irracionalidades que el ser humano ha padecido a lo largo de la historia. Esta vocación de planificar racionalmente la vida social es común tanto al positivismo como al marxismo.

LA LEY DE LOS TRES ESTADIOS Y EL POSITIVISMO DE COMTE

El nuevo orden social que emerge de la revolución política e industrial ya no podría adaptarse, según la ley de los tres estadios que Comte propone para explicar el progreso histórico, ni a un estadio religioso (perteneciente a la fase infantil de la humanidad), ni a un estadio filosófico (perteneciente al período adolescente de la humanidad). La era industrial debe emplazarse para Comte en el estadio positivo, aquel en el que se alcanza la madurez de una comprensión científica que sustituye la fantasía religiosa y la abstracción filosófica por la atenta observación de los hechos y las leyes que rigen el curso de la naturaleza y nos permiten operar sobre ella.

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SEGUNDA PARTE: LA FILOSOFÍA DE MARX

BIOGRAFÍA Y OBRAS

Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris (en la Prusia renana), en el seno de una familia acomodada y culta. Su padre era un abogado judío convertido al protestantismo.

Cursó en Tréveris (Trier, en el topónimo alemán) el bachillerato y, primero en la Universidad de Bonn y después en la de Berlín –donde frecuentó el círculo de los hegelianos de izquierda–, realizó estudios de derecho, sin descuidar la formación en historia y filosofía. No es pues de extrañar que su tesis de doctoramiento tuviera como tema la filosofía de Epicuro.

Una vez finalizados sus estudios universitarios, Marx se trasladó a Bonn, con la intención de hacerse profesor, pero la política reaccionaria de un gobierno que había alejado de las aulas a Bauer y Feuerbach, lo obligó a renunciar a tal propósito.

En 1842 fue nombrado redactor jefe de la Gaceta Renana, un periódico de oposición en el que colaboraban hegelianos de izquierda. Bajo su dirección fue acentuándose la tendencia revolucionaria del periódico que acabó siendo censurado por el gobierno. Durante esta etapa, Marx se dio cuenta de que no disponía de los conocimientos necesarios de economía política y se centró en su estudio.

En 1843 casó con Jenny von Westphalen, amiga de la infancia, perteneciente a una aristocrática familia prusiana. Se trasladó a París con el propósito de editar, desde el extranjero, una revista de tipo radical que tuvo que interrumpirse debido a las dificultades para su difusión clandestina en Alemania.

En septiembre de 1844 pasó unos días en París con Friedrich Engels, que a partir de ese momento se convierte en su amigo más íntimo y en su más fiel colaborador. En 1845, a petición del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París como revolucionario peligroso, lo cual le llevó a residir en Bruselas.

En 1847, Marx y Engels participan en el II Congreso de la «Liga de los comunistas» (celebrado en Londres) donde se les encargó la redacción del célebre Manifiesto del Partido Comunista, publicado en febrero de 1848. Tras la revolución de febrero de 1848, Marx es expulsado de Bélgica y se traslada de nuevo a París. Después de la revolución de marzo pasó a Alemania, estableciéndose en Colonia como redactor jefe de la Nueva Gaceta del Rin. Expulsado de nuevo de Alemania, regresa a París, ciudad de la que vuelve a ser expulsado después de la manifestación del 13 de junio de 1849, instalándose entonces en Londres, donde pasará el resto de su vida, concentrándose en el estudio de la economía política y en la redacción de El Capital, pasando amplios periodos en la biblioteca del British Museum.

El auge de los movimientos democráticos y revolucionarios, a fines de la década de los 50 y durante la década de los 60, llamó de nuevo a Marx a la praxis política. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres, con su colaboración, la Primera Internacional (la «Asociación Internacional de los Trabajadores»), que tenía como objetivo unificar el movimiento obrero de los diferentes países y buscar una línea de acción política común. Falleció el 14 de marzo de 1883. Fue enterrado, junto con su mujer (fallecida dos años antes), en el cementerio de Highgate de Londres.

La producción escrita de Marx fue muy amplia. Algunas de sus obras fueron escritas en colaboración con Engels. Se distinguen dos periodos en su producción: 1) el del joven Marx, en el que se incluyen las obras publicadas hasta 1848, caracterizadas por un enfoque filosófico humanista (que tiene como tema central la alienación humana); y 2) el del Marx maduro, caracterizado por el análisis, desde un punto científico, de la historia y de la economía capitalista (a este período corresponde su teoría del materialismo histórico y su teoría sobre la economía capitalista). A continuación, en orden cronológico, se recogen sus obras más importantes.

1844: Manuscritos de economía y filosofía (publicada póstumamente en 1932)

1845: La sagrada familia (escrito en colaboración con Engels contra los hegelianos de izquierda), La ideología alemana (en colaboración con Engels), Las tesis sobre Feuerbach (publicadas por Engels en 1888) 1848: Manifiesto del Partido Comunista (en colaboración con Engels)

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1859: Crítica de la economía política

1867: El Capital (en este año se publica el primer volumen; los otros dos fueron publicados con carácter póstumo, por Engels, en 1885 y 1894)

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE MARX: FILOSOFÍA Y PRAXIS

REVOLUCIONARIA

El propósito de Marx es un propósito práctico: la liberación del hombre. Más concretamente: la liberación de la clase obrera frente a la sociedad burguesa que se había ido formando como consecuencia del capitalismo y la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX.

Marx profundizará críticamente en el estudio de la sociedad de su tiempo marcada por la Revolución Industrial (proceso de mecanización del trabajo) y el apogeo y consolidación del capitalismo, con la intención de superar la situación de injusticia y alienación (explotación económica y deshumanización de la vida) inherente al nuevo orden social: frente a la acumulación de grandes capitales en el estamento burgués se sitúa la clase obrera que desarrolla su vida en condiciones de extrema explotación. Lo específico de la “filosofía marxista” reside así en la articulación de dos niveles distintos:

-el del conocimiento “científico” de la realidad social (nivel teórico),

-el de la programación política con vistas a la transformación “revolucionaria” de esa realidad (nivel práctico).

“Los filósofos -dice Marx- no han hecho otra cosa hasta el momento que interpretar la realidad, de lo que se trata

ahora es de transformarla.” (Tesis sobre Feuerbach, 11)

Por lo tanto, como “de lo que se trata ahora es de transformarla”, todo su esfuerzo teórico se encamina hacia

la fundamentación y formulación racional de un programa histórico de transformación de la sociedad. La filosofía es, en este sentido, “praxis”, acción. Praxis o acción política y revolucionaria.

Toda esta concepción se sostiene sobre la idea de que la filosofía “encierra” una promesa de emancipación (libertad) que la realidad social niega: en la sociedad capitalista contemporánea a Marx se observa que el

“derecho inalienable a la libertad y a la búsqueda de la felicidad” está vedado para la mayor parte de los seres humanos. Marx considerará que esa situación social no es definitiva y asume, en consecuencia, la necesidad de cambiar esa realidad, mediante una filosofía que además de comprenderla, la transforme.

1. EL CONCEPTO DE ALIENACIÓN

(Alienación e ideología en Marx I)

1.1. Significado del término

La filosofía de Marx surge, básicamente, de unimpulso ético, de una crítica al estado de cosas de su momento histórico (las condiciones de vida y de trabajo del proletariado en el capitalismo industrial del siglo XIX); pero Marx no quiere ser un moralista sino un científico y, sobre todo, un revolucionario. Su anhelo no es solo comprender o interpretar el mundo, su anhelo es transformarlo. Transformar el mundo quiere decir hacerlo más humano, quiere decir crear un mundo en el cual el hombre pueda llegar a ser él mismo una vez superadas las alienaciones que le mutilan y esclavizan; por eso su pensamiento es un humanismo.

Hay diversas formas de alienación, pero, para Marx, la más importante es la alienación económica, de la cual se derivarían todas las demás: social, política, religiosa, etc. Pero, ¿qué quiere decir «alienación»?

Alienación significa «desrealización», deshumanización, enajenación, pérdida de sí mismo, pérdida del propio ser, de la propia esencia (como persona, como ser humano). Con esta palabra se pretende describir la situación del ser humano cuando éste no se posee a sí mismo, cuando no es libre, cuando no es autónomo, cuando la

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actividad que realiza o las circunstancias a las que se encuentra sometido lo anulan como ser humano y lo convierten en un objeto, en una cosa. Es lo que le ocurre al trabajador en la sociedad capitalista.

En Marx, alienación significa, en general, que los productos de la actividad humana –sea esta material o espiritual– se convierten en poderes superiores autónomos e independientes que dominan al ser humano. El sujeto humano, libre y creador, pasa a ser dominado –sometido– por los objetos creados por él. Alienación es así el proceso por el que la existencia humana entra en contradicción con su esencia, teniendo un sentido negativo de deshumanización, esclavitud y pérdida de libertad.

Por ello, como señalábamos en la introducción a su pensamiento, podemos entender toda la propuesta filosófica de Marx como el intento de crear una filosofía que permita comprender (científicamente) las causas de la alienación y encontrar su solución (transformando el mundo mediante la revolución).

1.2. Formas de alienación derivadas

1.2.1. Alienación religiosa

Feuerbach afirma que el ser humano está alienado por la religión. Marx está de acuerdo con él. Ahora bien, Marx comenzará su análisis donde Feuerbach termina: Feuerbach no ha visto, según Marx, que para liberar al ser humano no es suficiente con suprimir la religión porque ésta depende de las condiciones económico-sociales en las que surge.

“La miseria religiosa es, por un lado, la expresión de la miseria real, y por otro, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el alma de un mundo desalmado. La religión es el opio del pueblo. La superación de la religión, en cuanto ilusoria dicha del pueblo, es la exigencia de su dicha real. La exigencia de abandonar las ilusiones acerca de un estado de cosas es lo mismo que exigir que se abandone un estado de cosas que necesita ilusiones... La crítica (de la religión) no arranca de las cadenas las flores imaginarias para que el hombre soporte las cadenas sin fantasía ni consuelo, sino para que se las sacudan y puedan brotar las flores vivas. La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y organice su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno a sí mismo y en torno a un sol auténtico... La misión de la historia consiste, por lo tanto, una vez desaparecido el más allá de la verdad, en averiguar el más acá. Y en primer término, la misión de la filosofía, que se halla al servicio de la historia, consiste, una vez que se ha desenmascarado la forma de santidad de la autoalienación humana, en desenmascarar esa autoalienación en sus formas no santas. De forma que la crítica del cielo llega a convertirse en crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política.” (MARX: Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel)

Para Marx, la religión es el “opio del pueblo” que nace del desgarramiento y “miseria” de la vida real y, por lo tanto, es un fenómeno derivado que tiene una causa social, económica (si la religión es la realización “ilusoria” de la esencia humana en un mundo “suprasensible” –en el “más allá”– y pone “flores imaginarias” en las “cadenas” de la explotación del proletariado, es porque el hombre busca un consuelo ficticio para la miseria y opresión del “más acá”).

En definitiva, Para Marx, la causa de la religión, de la alineación religiosa, está en la “miseria real” de una determinada situación económica y social. La mera existencia de la religión es para Marx un síntoma de la miseria humana y una denuncia contra dicha miseria, pero una denuncia impotente para la acción, porque adormece las conciencias e impide la auténtica liberación. Los seres humanos, según Marx, tienen necesidad de la religión porque no son felices. Y la única manera de terminar con la religión y la alienación que ésta conlleva consiste en terminar con las causas económico-sociales que la generan. Esto es lo que Feuerbach no vio.

1.2.2. Alienación social y alienación política

Además de la alienación religiosa, Marx habla de la alienación social y de la alienación política, para referirse al hecho de que la sociedad y el Estado –creaciones humanas– dominan y oprimen al ser humano.

Existe alienación social porque el ser humano se encuentra oprimido por una sociedad clasista –generadora de desigualdad e injusticia– en la que la vida privada de los individuos está dominada por intereses económicos egoístas.

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1.3. Alienación fundamental: la alienación económica

Las formas de alienación descritas remiten en última instancia a la alienación económica, que aparece en el análisis marxista como la alienación fundamental, la raíz o causa de todas las demás. Esta alienación nace de las condiciones materiales en las que el ser humano realiza su actividad productora –su trabajo– en la sociedad burguesa; condiciones determinadas por la propiedad privada de los medios de producción; condiciones que dan lugar al trabajo alienado.

Para Marx, la esencia humana radica en el trabajo, en la actividad productiva, mediante ella el hombre construye (crea) el mundo y se afirma y realiza a sí mismo como ser humano. Sin embargo, en la forma que adopta en la sociedad capitalista, el trabajo no sirve para la autorrealización humana sino para todo lo contrario: la organización del trabajo en la sociedad capitalista implica la deshumanización del trabajador. En ella, el trabajo se ha “enajenado o alienado”, en el sentido de que se ha convertido en un poder extraño y ajeno al hombre: se ha convertido en algo que, en lugar de ser la realización libre y feliz de su humanidad, domina y sojuzga al trabajador como un poder hostil; la producción ha dejado de estar al servicio del hombre para pasar el hombre al servicio de la producción. En lugar de enriquecer su ser, el hombre se enajena (= pierde su ser), puesto que el trabajo es –en el régimen capitalista– una mercancía que el trabajador se ve obligado a vender, vendiéndose de este modo a sí mismo, a cambio de un salario que solo le permite reponer sus fuerzas para volver a trabajar y la reproducción de la prole. En vez de ser fuente de afirmación –el trabajo– se convierte en algo negativo, fuente de desdicha. La alienación económica se pone de manifiesto en tres aspectos básicos: a) Con respecto al producto de su trabajo: el producto del trabajo –lo creado por el obrero– se convierte en algo extraño, ajeno al trabajador. En el sistema capitalista los productos del trabajo se convierten en mercancías que no pertenecen al productor sino al dueño de los medios de producción. El trabajador no se reconoce en lo producido, viéndose privado –desposeído– del fruto del trabajo. Es más, aquello que crea no sólo no le pertenece sino que, al convertirse en capital, deviene instrumento de explotación; el obrero fabrica el medio de su explotación.

b) Con respecto al propio trabajo (al propio trabajador): al ser el trabajo propiedad de otro, el trabajador –afirma Marx– se encuentra extraño en el trabajo: el trabajador vende su “fuerza de trabajo” para poder subsistir, pero de esta manera se ve obligado a venderse a sí mismo; lejos de ser la manifestación de su vida, el trabajo –y, por tanto, el trabajador– se convierte en una mercancía con la que se comercia, tal como si fuese una cosa. Por otro lado, la actividad misma de trabajar, con sus condiciones infrahumanas, es una actividad alienante, una actividad que impide el desarrollo de las capacidades más humanas y creativas del trabajador y que convierte a éste en unapieza más, totalmente sustituible, del engranaje productivo.

“En la artesanía y la manufactura, el trabajador utiliza una herramienta; en la fábrica, la máquina utiliza al obrero. En el primer caso, los movimientos de los instrumentos de trabajo provienen de él; en el segundo, debe seguir el movimiento de las máquinas. En la manufactura, los trabajadores son una parte de un mecanismo vivo; en la fábrica, hay un mecanismo inerte, independiente del obrero, quién se convierte en un simple apéndice vivo.” (Marx: El Capital)

Fotograma de la película Tiempos modernos, de Charles Chaplin

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El trabajo –en estas condiciones– es un puro medio de subsistencia y no la actividad mediante la cual el ser humano se realiza; es “trabajo forzado”, lugar y actividad en la que el hombre se encuentra ajeno y a disgusto (es sacrificio y lo rehúye) sintiéndose libre y bien fuera del trabajo.

“...la actividad del trabajador no es su propia actividad. Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo. De esto resulta que el hombre -el trabajador- sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar, y todo lo más en aquello que toca a la habitación y al atavío, y en cambio en sus funciones humanas se siente como animal. Lo animal se convierte en lo humano y lo humano en lo animal.” (MARX: Manuscritos I: El trabajo enajenado)

c) Con respecto a los otros seres humanos: si la fuerza del trabajo es vendida a otro, que se convierte en su poseedor, este otro hombre se convierte en un poder opresor del primero. La forma de organización del trabajo, las relaciones de producción capitalistas, basadas en la propiedad privada de los medios de producción, convierten las relaciones entre seres humanos en relaciones entre cosas. Esta forma de alienación se manifiesta de forma más directa en el antagonismo y lucha de clases (capitalistas-proletarios; propietarios-trabajadores, explotadores-explotados), pero también en las relaciones egoístas y de competencia que se dan entre los individuos que pertenecen a una misma clase social. En definitiva, en la sociedad capitalista, los seres humanos, que no son nada los unos sin los otros, se enfrentan entre sí como seres extraños, en los que no se reconoce a un ser humano, un fin en sí mismo, sino un instrumento o un posible enemigo.

Conceptos de fetichismo y reificación

El concepto de alienación que es central en el “joven” Marx (el de los “Manuscritos económico-filosóficos”, obra de 1844) en cuanto fundamento explicativo de fenómenos económicos, sociopolíticos e ideológicos, en el Marx maduro (el de "El Capital", obra de 1867) se convierte en los conceptos de “fetichismo” y “reificación” que hacen referencia a dos fenómenos típicos del mundo capitalista. El fetichismo significa en general el dominio de las cosas sobre el ser humano. Así, las mercancía, el dinero, el capital... son auténticos fetiches que esclavizan al hombre; la “mercancía” se convierte en “fetiche” al que el hombre sirve a pesar de ser su propio producto. La reificación denota, por derivación, que en la sociedad burguesa las relaciones entre los seres humanos revisten la forma de “relaciones” entre cosas (el ser humano es visto como una cosa más –no como un ser humano– y, en consecuencia, es tratado y usado como tal).

1.4. La superación de la alienación

De lo visto hasta aquí podemos extraer una conclusión mediante el siguiente razonamiento:

En conclusión, la “superación” de la alienación–de todo tipo de alienación– y la consiguiente recuperación de la esencia humana y definitiva reconciliación del ser humano consigo mismo, con la naturaleza y con los demás humanos se producirá mediante la praxis revolucionaria (revolución proletaria) que eliminará su causa: la propiedad privada de los medios de producción, y con ella, la división de la sociedad en clases (comunismo). La meta de la historia es esa sociedad futura en donde los seres humanos pueden realizar finalmente todas las posibilidades latentes en su esencia.

“Cuando el proletariado se una forzosamente como clase en su lucha contra la burguesía, se constituya en clase dominante mediante la revolución y como tal clase dominante suprima por la fuerza las viejas relaciones de producción (cuya base es la propiedad privada de los medios de producción), suprimirá con ellas la condición misma de los antagonismos de clase, las clases como tales y su propia denominación de clase, surgirá una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno será la condición para el libre desarrollo de los demás” (MARX: Manifiesto Comunista).

La alienación socio-política y la alienación religiosa son consecuencia de la alienación económica.

La alienación económica es consecuencia de la propiedad privada de los medios de producción.

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2. MATERIALISMO Y DIALÉCTICA EN LA BASE DEL MATERIALISMO

HISTÓRICO

La teoría elaborada por Marx para explicar el devenir histórico de la sociedad humana recibe el nombre de “materialismo histórico”. Como su nombre indica, se trata de una teoría que hace una interpretación materialista de la historia. Interpretación materialista que se opone a la idealista dada por Hegel. Ahora bien, esta teoría también se caracteriza por su visión “dialéctica” del cambio histórico; visión que es deudora del pensamiento de Hegel puesto que Marx toma el concepto de “dialéctica” de la filosofía hegeliana. Por tanto, para comprender bien el carácter materialista y dialéctico del materialismo histórico es necesario partir de la filosofía de Hegel.

De acuerdo con su visión idealista y dialéctica, Hegel concibe la historia de la humanidad como un proceso que está guiado por el devenir dialéctico de las ideas del pensamiento humano. Ideas que se suceden unas a otras de acuerdo con los tres momentos de “tesis”, “antítesis” y “síntesis” y que, al ir cambiando, hacen que la sociedad cambie en todos sus aspectos. Para Hegel, los cambios económicos, sociales y políticos son siempre la consecuencia de cambios previos en el terreno de las ideas.

Materialismo y dialéctica en Marx

Tal como señalamos al principio, Marx se opone al idealismo de Hegel, pero acepta el concepto de dialéctica. Para Marx, no debemos buscar la causa de los cambios históricos en el ámbito de las ideas sino en el ámbito de la producción económica. Ámbito material que al ir cambiando provoca cambios en el ámbito “espiritual” de las ideas. En lugar de la teoría idealista del cambio histórico, Marx propone una teoría materialista: “El

modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”(Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política).

Antes decíamos que aunque Marx se opone al idealismo de Hegel, sin embargo, acepta su visión dialéctica de la realidad.

Para Marx, hablar de la historia es hablar de etapas que van cambiando como consecuencia de la lucha, de la contradicción, es decir, de la ley de la dialéctica. Lo que pasa es que Marx no sitúa esta lucha, esta contradicción, esta dialéctica, en el plano del pensamiento puro y abstracto sino en el plano de las condiciones económico-sociales reales y concretas en que viven los seres humanos. Dice Marx de Hegel: “Lo que ocurre

Hegel: idealismo y dialéctica

Hegel acometió la tarea de “pensar” la “totalidad de lo real” que él llamaba lo Absoluto y que posee, según él, una naturaleza espiritual y racional (y al que denomina “Idea” o “Razón”). Para Hegel, la naturaleza —el cosmos— y el pensamiento humano son productos de este Absoluto.

La idea central del pensamiento de Hegel es la concepción dialéctica de la realidad. Para Hegel, la “verdad” de lo real (de cualquier realidad) es el movimiento, el cambio, la transformación: todo lo que existe está sometido a un proceso de cambio continuo y, por tanto, es una equivocación considerarlo como algo fijo, estático, dado de una vez y para siempre; ninguna realidad es inmutable, nada hay que se sustraiga al cambio: ni la naturaleza, ni el ser humano, ni la sociedad, ni el conocimiento. Toda situación contiene elementos que entran en conflicto y que desestabilizan en su desarrollo la situación a la que pertenecen dando lugar a una nueva situación que alberga en su seno nuevas “contradicciones”... En esta concepción, Hegel alaba al presocrático Heráclito (recordemos: filósofo del devenir: “todo fluye”).

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es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho, ponerla de pie” (El capital, Prólogo a la segunda edición).

De acuerdo con la teoría del materialismo histórico, los grandes cambios históricos siempre son consecuencia

de la contradicción que se produce entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción y la –correlativa– lucha (es decir, contradicción u oposición) de clases sociales. He aquí el carácter dialéctico del

materialismo histórico.

3. EL MATERIALISMO HISTÓRICO

(Alienación e ideología en Marx II)

3.1. Descripción general

La expresión “materialismo histórico” designa la teoría general de Marx sobre la sociedad humana y sus transformaciones históricas.

La tesis general del “materialismo histórico” puede enunciarse así: el principio explicativo de la historia se sitúa en el ámbito de la producción económica. La explicación de cada época histórica hay que buscarla en su sistema de organización económica. Esto vale incluso para esa esfera humana que, antes de Marx, nunca había sido puesta en relación con la estructura económica, la esfera de las ideas, tanto religiosas como morales, filosóficas, artísticas, etc., en una palabra, la “producción espiritual” o intelectual de una época.

El materialismo histórico fue definido por Engels como:

“La concepción de la historia universal que ve la causa final y la fuerza propulsora decisiva de los acontecimientos históricos importantes en el desarrollo económico de la sociedad, en las transformaciones del modo de producción y de cambio, en la consiguiente división de la sociedad en distintas clases, y en las luchas de estas clases entre sí.” (Del socialismo utópico al socialismo científico)

El materialismo histórico implica la negación de la autonomía de las ideas con respecto a las condiciones materiales de la existencia humana. En consecuencia, Marx parte no de lo que los hombres creen, piensan o imaginan que son, sino de lo que los hombres reales efectivamente son, de sus condiciones materiales de vida, de su sistema de producción económica y de las relaciones sociales propias del mismo, base —según Marx— de todo el edificio social. La Historia es una sucesión –dialéctica— de diversos modos de producción, de diversas condiciones bajo las que se organiza la actividad productiva para dar satisfacción a las necesidades materiales de los seres humanos. El concepto de producción se convierte, pues, en el concepto fundamental para comprender el proceso histórico: comprender la historia es comprender el modo en que las sociedades se organizan para producir sus medios materiales de subsistencia.

3.2. Conceptos básicos: “estructura económica” y “superestructura”

ESTRUCTURA ECONÓMICA (O INFRAESTRUCTURA)

Cualquier tipo de sociedad, por avanzada o civilizada que esté, se halla siempre ante la necesidad de producir. Al analizar la producción encontramos:

- Las fuerzas productivas: con esta expresión, Marx nombra la capacidad de producción de una sociedad, capacidad que se halla en progreso constante. Es la capacidad de dominio sobre la naturaleza que incluye las “fuerzas de trabajo” (el trabajo aportado por los seres humanos concretos) y los “medios de producción” (tierras, materias primas, herramientas, tecnología, etc.).

- “Relaciones sociales de producción”: en el proceso de producción los hombres establecen entre sí unas

determinadas relaciones. Estas “relaciones”, junto a las “fuerzas productivas” antes consideradas, forman la “estructura económica” de una sociedad. Las relaciones de producción son las relaciones que se establecen entre los individuos en los procesos de producción en virtud de la propiedad (o no propiedad) de los medios de producción. A lo largo de la historia estas relaciones han sido clasistas: libres/esclavos; señores/siervos; burgueses/proletarios; en último término, clase dominante (propietarios de los medios) /clase dominada (productores directos, desposeídos).

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convirtiendo en un obstáculo para el avance posterior de las mismas. Se produce entonces una situación de conflicto o contradicción (recuérdese el concepto de dialéctica) entre el tipo de relaciones de producción existentes y el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, contradicción que se resuelve (en un período de revolución social) disolviendo las antiguas relaciones de producción y creando otras nuevas que respondan mejor al nuevo grado de desarrollo de las fuerzas productivas.

SUPERESTRUCTURA

Sobre la estructura económica (llamada también “infraestructura”) se levanta la superestructura jurídica, política y espiritual –ideológica– de esa sociedad. La tesis marxista afirma que las ideas jurídicas, políticas y espirituales en general vienen condicionadas por la estructura económica y son en última instancia un reflejo de ella (“la producción material condiciona la producción espiritual... el ser social determina la conciencia”) En la superestructura se distinguen dos niveles:

-Estructura jurídico-política (Estado y Derecho): las normas jurídicas y las instituciones y aparatos del Estado que son instrumentos de coerción y de dominio de la clase dominante para mantener y defender su “posición” de clase y sus intereses. El Estado, lejos de ser el elemento que armoniza los conflictos sociales (como decía Hegel), es más bien el instrumento que la clase dominante utiliza para perpetuar sus privilegios. -Estructura ideológica: ideas morales, religiosas, estéticas, filosóficas ... que nos transmiten una cierta visión de la realidad y del papel del hombre en ella (“ideología”). Marx utiliza el concepto de ideología para referirse a toda idea o doctrina que ofrece una falsa representación de la realidad y, por tanto, que carece de valor objetivo, pero que se mantiene, sin embargo, porque sirve a los intereses subjetivos del grupo o clase social que la propugna. En un orden económico dado, la clase social que tiene el poder material consigue imponer también su poder espiritual, lo cual contribuye a la cohesión y a la estabilidad del sistema. El carácter “ideológico” de las ideas dominantes radica en que se presentan como si tuvieran validez universal, no dependiente de circunstancias históricas e intereses sociales: deforman y falsean la realidad (falsa conciencia) al presentar como natural, necesario y universal lo que es histórico, contingente y circunstancial. En definitiva, la clase dominante en un período histórico concreto impone una concepción del mundo (su ideología) a través de la religión, de la organización política, del derecho, de la filosofía, etc. para justificar, defender y perpetuar su poder económico, presentando lo que es su interés particular de clase como si fuese el interés general de la sociedad. Por eso las ideas dominantes de una época son siempre las ideas de la clase dominante.

En conclusión, la superestructura depende de la estructura económica y tiene como misión defenderla, reforzarla y justificarla. Tanto es así, que si se modifica la estructura económica, se produce una variación correlativa de la superestructura. Es lo que ocurre en los períodos de revolución social en los que un modo de producción es sustituido por otro.

3.3. La lucha de clases

Marx explica el cambio histórico atendiendo a dos factores: 1º) la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción (condición objetiva que hace posible el cambio histórico); y 2º) la lucha de clases (condición subjetiva que hace posible el cambio).

Como ya se ha señalado antes, los períodos de crisis y revolución social aparecen en los momentos en los que las fuerzas productivas entran en conflicto con unas relaciones de producción que ya no les permiten desarrollarse más. Esta contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción reviste históricamente la forma de un antagonismo de clases sociales. Antagonismo o lucha entre la clase dominante y la clase dominada del modo de producción. Lucha en la que la clase dominada impulsa el cambio social y la clase dominante actúa como un freno que trata de mantener su situación de privilegio utilizando para este objetivo el poder del Estado, que está a su servicio.

El cambio histórico del modo de producción se realiza cuando triunfa la clase dominada y se establecen unas nuevas relaciones sociales de producción.

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nivel económico como político e ideológico y acaba –según Marx acabará– con la victoria de la clase oprimida que instaura un nuevo régimen económico y social.

El siguiente texto aclara suficientemente el punto de vista de Marx:

“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad…. En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales. La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas. Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.” (Marx y Engels: “Manifiesto del Partido Comunista”)

Y en el siguiente texto se resume el materialismo histórico:

“El resultado general al que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia...

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua.... Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana.” (MARX: Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política)

3.4. La superación del capitalismo: la sociedad comunista

Marx creía inminente la revolución proletaria que traería consigo la superación del capitalismo y el establecimiento de una sociedad sin propiedad privada, sin clases sociales y sin ningún tipo de alienación: el comunismo.

¿Cómo se configura la lucha de clases dentro del capitalismo? ¿Cuáles son las contradicciones propias del capitalismo? La contradicción propia del capitalismo –motivada por la lógica de la competencia– es el incremento de la población proletaria y la disminución de la burguesía: cada vez hay menos que tienen más y más que tienen menos. Este hecho –esta contradicción dialéctica– conducirá de manera inexorable a la revolución del proletariado. La burguesía, para existir y desarrollarse, tuvo que producir en su seno a aquel que la llevará a la muerte: el proletariado.

Con la revolución proletaria se abolirá la propiedad privada de los medios de producción y, como consecuencia, se dará paso a una sociedad en la que no habrá clases sociales y todas las personas serán libres e iguales. En esta nueva sociedad, los trabajadores libremente asociados dirigirán el proceso de producción y, tras un período inevitable de dictadura,5 el poder político –esto es, el Estado– se extinguirá por innecesario. El lema de esta nueva sociedad será: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”.

“En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea sólo un

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medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades!”.(MARX: Crítica al programa de Gotha)

4. Crítica de la economía capitalista: análisis de la mercancía y concepto de

plusvalía

Marx acomete en El capital (1867)la tarea de analizar los orígenes del capitalismo. Con este análisis, además de describir el funcionamiento del sistema capitalista, pretende proporcionar argumentos que justifiquen la revolución, concepto que ya había desarrollado y defendido en su obra Manifiesto comunista (1848). Para ello, centró su análisis en los conceptos de mercancía, valor, fuerza de trabajo, salario y plusvalía, llegando a las conclusiones que se expondrán a continuación.

El análisis de El capital comienza con un análisis de la mercancía. Ésta posee un doble valor: un valor de uso

y un valor de cambio. El valor de uso de una mercancía (por ejemplo: veinte kilos de café, un traje, un par de lentes, un quintal de trigo) se basa en la cualidad de dicha mercancía. Gracias justamente a esa cualidad, satisface una necesidad más bien que otra. Sin embargo, vemos que en el mercado se intercambian las mercancías más diferentes entre sí. Por ejemplo, veinte kilos de café se cambian por veinte metros de tela. ¿Qué tienen en común estas dos mercancías tan diversas, para que se puedan intercambiar? Lo que poseen en común es precisamente su valor de cambio. El valor de cambio es algo idéntico que existe en mercancías diferentes, haciéndolas intercambiables en unas proporciones determinadas. ¿En qué consistirá, entonces, el valor de cambio de una mercancía? Marx afirma que se trata de la cantidad de trabajo socialmente necesario

para producirla. Para una mayor comodidad, en los intercambios, el dinero sustituye a los intercambios directos. En cualquier caso, tanto en los intercambios directos como en los que se utilice el dinero, una mercancía no podrá intercambiarse por otra si el trabajo necesario para producir la primera no es igual al trabajo necesario para producir la segunda (ley del cambio).

El valor de cambio de una mercancía está determinado, pues, por la cantidad de trabajo social necesario para producirla. Asimismo, el trabajo (la fuerza de trabajo) es una mercancía que su propietario (el proletario) vende en el mercado a cambio del salario al propietario del capital, es decir al capitalista. El capitalista paga adecuadamente por medio del salario la mercancía (fuerza de trabajo) que adquiere: la paga de acuerdo con el valor que posee dicha mercancía, valor determinado (como en cualquier otra mercancía) por la cantidad de trabajo necesario para producirla, esto es, por el valor de las cosas necesarias para mantener con vida al trabajador y a su familia.

La fuerza de trabajo es una mercancía muy especial, porque su propio valor de uso posee la peculiar característica de ser origen de un valor. En otras palabras, la fuerza de trabajo es una mercancía que no sólo posee su propio valor, sino también la propiedad de producir valor. En efecto, después de haber comprado la fuerza de trabajo, el poseedor de los medios de producción tiene el derecho de consumirla, es decir, de obligarla a trabajar –por ejemplo– durante doce horas. En seis horas (tiempo de trabajo necesario), empero, el obrero crea productos suficientes como para cubrir los gastos de su propio mantenimiento. En cambio, durante las seis horas restantes (tiempo de trabajo suplementario) crea un producto que el capitalista no paga: y este producto suplementario no pagado por el capitalista al obrero es lo que Marx llama «plusvalía».

Así, la fórmula general que representa el proceso de producción capitalista es la siguiente: D-M-D', en la que D es el dinero gastado en la adquisición de la mercancía M (medios de producción y fuerza de trabajo), y D' es el dinero ganado, el cual –gracias a la plusvalía no pagada por el capitalista– será mayor que D. Por lo tanto, en el proceso de producción capitalista el dinero produce más dinero que el que gasta.

La plusvalía puede ser aumentada a través de dos métodos fundamentales: la prolongación de la jornada de trabajo (plusvalía absoluta) y la reducción –mediante la introducción de mejoras técnicas– del tiempo de trabajo necesario para reproducir el salario del obrero (plusvalía relativa).

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El proceso alcanza tales extremos que, en un momento dado, el número de los capitalistas es muy pequeño y se vuelve amenazadora para ellos la masa de la miseria que, en el polo opuesto, se organiza, se une y se subleva. Es el propio desarrollo del mecanismo capitalista el que anima esta masa; en efecto, el monopolio del capital se torna un impedimento hasta para los métodos de producción surgidos del mismo capitalismo. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan tales límites que resultan incompatibles con la estructura capitalista, dentro de la cual se han originado y se han determinado. La estructura capitalista está a punto de derrumbarse. El final de la propiedad privada está próximo. Se acerca el tiempo de la revolución. Los expropiadores serán expropiados.

En palabras del propio Marx que se han hecho famosas:

“Cada capitalista mata a muchos otros capitalistas Gracias a la constante disminución de la cantidad de magnates del capital que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de transformación, crece la masa de la miseria, la presión, la servidumbre, la degeneración, la explotación, pero también crece la rebelión de la clase obrera, que es cada vez más numerosa y más disciplinada, y está unida y organizada por el mismo mecanismo del proceso de producción capitalista. … La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan un grado en el que se vuelven incompatibles con su envoltura capitalista. Entonces ésta se hace añicos. Suena la última hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados.”

Con la revolución se dará paso a una nueva sociedad –la sociedad comunista– en la que no habrá propiedad privada ni, por lo tanto, según Marx, clases sociales. En esta nueva sociedad de hombres libres e iguales, los medios de producción serán propiedad de todos y la riqueza que se produzca trabajando con ellos se distribuirá de acuerdo con el principio “a cada uno según sus necesidades y de cada uno según sus capacidades”, principio que también establece qué es lo que aportará cada ser humano con su trabajo. Un trabajo que ya no será alienante sino liberador y humanizador.

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