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REVISTA CHILENA
DIRECTOR:
ENRIQUE
MATTAVIAL
TOMO XII
JOSÉ
MIGUEL
CARRERA
No
lejos
del
monumentoque
enSantiago representa
al gran
soldado
enel
momentode lanzarse
enRancagaa
sobre las
banderas
ylas
tropas
del rey,
aelevanta
unaestatuamodesta,
cuyo
pedestal,
revestido de mármol que
notiene
másgrueso que el
queseemplea
para mostrador de botica
ocubierta de lavato
rio,
sigue
presentando
unaspecto
provisional
y transitorio.
Con altivez
resignada
enquetal
vezhay algo
de noble des
dén,
el héroe observa
conindiferencia el ir y venir de las gen
tesque dicen
o nodicen:
«esteesCarrera»...
En las noches de
invierno,
le encienden
ala
pobre
estatuados
faroles,
queparecen
palmatorias,
yenotoño caensobre
ella las
hojas,
renovando
vagamente
la intensa melancolía del
último
actodel
«Cyrano
de
Bergerac».
Cuando
antela
estatuasedetiene el
pueblo
consu«poncho»
ysu
silueta,
quees unintermedio caricatural
entrelo campes
tre ylo ciudadano, dice
queeseno esdon José
Miguel
sino
un«general gringo»
al cual le
pusieron
por
travesurala cabeza de
Carrera...
Eutre
O'Higgins
yCarrera,
los
paralelos
sonimposibles
porque
esdiverso lo
quede
suacción
quedó,
sirviendo de base
estructural
ala nacionalidad,
Con
todo,
acercade
unoyde
otrohay
dos escuelas históri
casydos escuelas
políticas
yya
sesabe que donde aparecen
las
segundas
nosalen bien libradas las
primeras
Hay partidarios
de Carrera
ypartidarios de
O'Higgins,
comosi ambos
nofuerandos
figuras integralmente
nacionales.
450
EMILIO RODRÍGUEZMENDOZAQueda,
pues,
unpoco de
pasión
entodo
esoy las
opiniones,
algo
apaciguadas
por los años,
siguen,
6in
embargo,
formando
dos
escuelas
antagónicas.
No necesita Carrera de
unsentimentalismo
afectuoso para
esperar que
siquiera
seade
mármol macizo el
pedestal
de
su estatua.¡Cómo olvidar,
enefecto,
que
es aél,
asufatalidad
trafica
ala que
corresponden
las hondas atracciones del
martirio!
En
sualma de
padre
fanático de la
Revolución,
nohabía
másque dos
pasiones,
acasounpoco
contradictorias,
pero que,
juntándose,
funden rudamente
unade las
efigies
másacentua
das
de
nuestrahistoria: la Patria y la ambición.
Quería
serel
primero
dentro del
país
libre y,
dígase
lo que
sequiera,
si
eso fuéunerror,esel mismo
errorque
marcahondamente el
ceñode
todos los que yerguen
enmedio de la historia
6u6ilueta
ensangrentada.
Los asaltoa morales
nodan
tregua
a suscorazonesexaltados
eimpelidos
por el momento, la educación y
la
época,
no sede
tienen
junto
conllevar
susroles de destructores de estados
sociales dados. Al pasar
aconstructores, fracasan casi
siempre.
Tal
esel
casode Carrera.
Mas,
apesar de las condenaciones de que
ha sido
objeto,
debe
6ermásalto y sólido el
pedestal
de
suestatua:esla
figura
frontal de la Revolución
yademás de la
derogación
total de la
Colonia,
que
enel hecho entrañó
suprimer
Gobierno,
es unade las siluetas
másgenuinameute
chilenas de la historia
nacional
Atraviesa
comouncentaurola pampa
lejana
y
poco
antesde
caerdesplomado,
saluda
congentileza,
lanzando el
apostro
fememorable,
recogido
conamorfilial por la
leyenda
patria:
«Así
muere unhúsar de Chile».
Con
todo, hay algo
másque
arrogancia
enardecida
en eseatormentado
configura
de
general
de la Convención francesa.
REVISTACHILENA
451
En
su<Historia del Consulado
ydel
Imperio»,
Thiers habla
de
unoficial
«español»,
llamado
Carrera,
queasalta al clarear
el día
uncampamento
ydeja
apié
ala caballería
francesa.El muchacho
quesepermitía
tales
juegos
conlos
jinetes
que
habían
cargado
conMurat
ala
cabeza,
tendría entonces veinte
añosy había sido enviado
aEspaña
con esanota querara vezdeja
de
indicar, inicialmente,
la ruda
intensidad de la
actuación
posterior, «incorregible»...
El húsar
configura
de héroe de
novela
romántica,
llega
aValparaíso
siendo
sargento
mayor; contando veinticinco
añosy
ostentando el labio
superior
apenas sombreado
comosi por él
acabara de pasarse el dedo teñido de
pólvora.
Se
planta
enmedio de la
perspectiva
vacilante de la
Capita
níaGeneral,
haciendo
souarel
sable y los
espolines
Viene de
Europa
y talvez ha visto
cruzar como unespectro
entreel tierral de las cargas
ola
niebla del
amanecer,el capo
tenevado
yel caballo blanco de
Napoleón
el Grande.
Llegado
el
caso,le dará
unrecio
soplido
ala
linterna
colo
nial
y,encendiendo
unapajuela, prenderá
audazmente la
antorcha de la libertad
política.
El
4deSeptiembre
de
1811,
enefecto, estalla el motín de
los Carrera y
donJosé
Miguel,
que morirá siendo
húsar,
mandado hacer para apagar linternas
coloniales,
lee al
Congreso
las
peticiones
queacaba de hacerle el
pueblo
Comienza
eneseinstante
la
actuación
másperdurable
de
nuestrohéroe;
principia,
enefecto, la demolición colonial: el
Congreso,
anteesafigura
conalgo
de
Brumario,
yque lee
conarrogancia
las
peticiones populares,
nombra
unanuevajunta,
sin
frailes
nirealistas,
yenvía
socorrosalos
patriotas
argen
tinos.
Casi
simultáneamente,
el
curatalquino, Cienfuegos,
propo-pone la
supresión
delos derechos
parroquiales
que
secobraban
alos
pobres
y,
aindicación
de
Salas, Chile,
adelantándose
atodos
los
pueblos
de
América,
inclusive
alos Estados
Unidos,
declara
abolida la esclavitud.
El 16
de
Noviembre,
el
antiguo
húsar
sale de
nuevoalas
calles al frente de
susgranaderos.
instan-452
EMILIO RODRÍGUEZMENDOZAte
glorioso
y al lado de la
tercaseveridad
de
Rozas,
sedestaca
conbizarría teatral el
antiguo
mayor de caballería
peninsular.
Durante
eseperíodo
enque,
eurealidad,
esCarrera
quien
manda y hace
sonarlas
espuelas,
aparece el
primer periódico
nacional,
redactado por el «fraile
profeta»
y mientras difunde
La Aurora la luz de
una nuevavida
política,
flota al viento la
primera
bandera
chilena,
abre
suspuertas
la
primera
escuela
y díctase la
primera
Constitución
provisional,
Tan hondo
erael alcance
sociológico
de
esasmedidas,
que
el
poder
manárquico
sacudió
euLima
susalifafes
ysus casa-conesde seda
ysopló
por fin la
polvorosa
casoleta de
susfusi
les
virreinales: el
virrey Abascal,
enunapalabra,
mandó
aPa
reja
adar
comienzo
ala
<¡reconquista»
—tancierto
eraque las
medidas
gubernamentales
de Carrera
significaban
la
disgrega
ción
definitiva de la
Monarquía
y la
Metrópoli.
Con
suprimer
Gobierno,
termina el
periodo
mashermoso y
comienzan,
concortasintermitencias,
la tormenta, la alucina
ción,
la
fantasía,
la
leyenda
y el drama
postrero.
Obsesionado por la idea de la
Patria,
y de la actuación
aqueél tenía
derecho;
perseguido, pobre,
arrastrando
en suóxodo
a suhogar
nobilísimo;
poseído
por
supasión
dominante,
vaga
atormentado, insomne,
mirando
atoda hora
hacia el
terruño.¡Cuántas
pesadumbres,
cuántosdolores!
Es víctima
constantede
las
pasiones
violentísimas que des
pierta:
setemey
conrazóna esecarácterimpetuoso
que llena
de acometividades incesantes toda
unavida.
Un día
—radiante
ogris
—vende las
joyas
de
suesposa;
parte
aEstados Unidos
yvuelve
contresbarcos
de que muy
luego
esdespojado
porque
quiere
eximírsele de toda actuación
pú
blica.
Casi
enseguida, empieza
la
leyenda
—la
leyenda trágica
—y
don José
Miguel
cruza como unscini-dios
de la
indiada la
Pampa
cuyos límites
enrojecidos
parecen dilatarse hacia el in
finito.
En
síntesis,
enla buena
oenla mala
fortuna,
Carrera
resu mela
raza consusvirtudes,
susaudacias,
sushidalguías,
susfierezas
ysus errores.LOS
ÚLTIMOS
DÍAS DEL GENERAL CARRERA
(1)
El 21 de
Agosto
de 1821
nosdirigimos
de San Luis
aSaa
Juan,
acompañados
por
Jimenes,
gobernador
de San Luis
y80
púntanos,
la mayor
parte
de los
cuale3 desertaron al
aproxi
marnosal
enemigo.
Los
caballos,
reducidos
áuumiserable
estado
después
del
campamento
enSan
Luis,
sin
máspasto
queel
producido
artificialmente y
aúnesecasi
totalmente
destruido,
antesde
nues trallegada,
por la caballería
enemiga.
Al
avanzarhacia
San
Juan el
país
que recorríamos
senospresentó
como unsolita
rio
yarenosodesierto,
escasode agua
ysin
másvegetación
que
algunos
matorrales,
cuyasmarchitas
ramas, fueronel único
alimento de los
caballos
en unamarcha de ochenta
leguas.
Cada día los
guías
nosprometían
que al
siguiente
encontraríamos alimento para los
caballos,
y asífuimos avanzando
in-sensiblemante,
hasta
encontrarnosunbuen día demasiado
lejos
para pensar
enretroceder.
San Luis había sido
ocupado
por unadivisión
enemiga
alos pocos días de
nuestrasalida,
de
(I)
María Grahampublica
comoapéndice
desuJournalof
aresídencc ii?.Chile(pág. 373-471),
Abrief
relationoffaets
andcircunstances connec-fedmththefamily
of
thc Carreras hiChile; withsomeaccountof
tlie lastexpedido» of Brigadier—
Gnu-raldonJoséMiguel Carrera,
his lieath, etc.by
Mr. Vates. DeesaRelationtraducimos laspáginas
del texto.Respecto
de laRelationy desnautor,diceMaría Grahamenlapagina
471 del Journal:454
YATESmodo que si
retrocedíamos,
dábamos al
enemigo
unaocasión
de
unir
susfuerzas. Continuamos avanzando
conla esperanza
de recibir caballos
enSan
Juan;
hasta que el 29 de
Agosto
nos encontramosconunfuerte destacamento
enemigo,
enlas ori
llas del
ríoSan
Juan,
listo para
disputamos
el paso, difícil de
por
sí,
por
serel río
correntoso yprofundo,
sin
embargo
lo
efectuamos
conpocas
pérdidas
y
dispersamos
al
enemigo.
Las
principales
fuerzas de San Juan
acampaban
enel llano de Li
gua
apoca distancia de la
ciudad,
avanzamoshacia
ellas y
acampamos
cerca esanoche,
esperando
atacarlas
ala
mañanasiguiente.
No teníamos
ennuestradivisión ni 20 caballos
útiles;
pero
por
unprisionero
tomado
esedía supo el
general
Carrera que
enGuanacacho
(en
el camino de Mendoza distante
unasocho
leguas)
había caballos y también que
seesperaba
de
unmo mentoaotrola unión
de los
mendociuos,
ya
enmarcha,
conlos
sanjuaninos.
Estos datos
hicieron
aCarrera alterar el
plan
y
envezde
atacar alos
sanjuaninos
enla
madrugada, seguimos
hacia
Guanacacho,
para
apoderarnos
de todos los caballos que allí
hubiera
einterceptar
la marcha de los mendocinos
antesde
que
pudieran
juntarse
conlas fuerzas de San Juan.
REVISTACHILENA
455
Ima
partida
de 30
hombres,
los
mejores
montados de
nues tradivisión,
seadelantaron hacia Guanacacho para
apoderar
sede todos los caballos
queallí hubiera y también para obser
var alos mendocinos. Otra
partida
agraudistancia de
nuestraretaguardia,
secercioraba de si los
sanjuaninos
seretiraban
aSan Juan
o nosseguían.
Ese
día,
sólo
pudimos
caminar
unas cuantasleguas,
el cansancio de los caballos
nosimpidió
avan zar enbusca de
unterrenomejor
ytuvimos
quedetenernos
enunsitio
arenoso,sin
pasto
niagua.
Nuestra
avanzada,
seencontró
enGuanacacho
conungrue
sodestacamento de
enemigos, quienes
por
estar enunpotrero
nopudieron
huir y fueron
muertoscasi
todos,
sólo
unospocos
escaparon
aMendoza
conla noticia.
Por
unsacerdote
explorador
del
enemigo,
que
tomamospri
sionero,
supimos
que los mendocinos estaban
muy
cerca.Se
envió
rápidamente
unpropio
aGuanacacho
conórdenes de
hacer volver la avanzada
conlos caballos que hubieren
podi
do
tomar yunirse
cuanto antesa nosotros.Ordenes
iguales
fueron enviadas
ala
retaguardia;
pero
enel último
momentodescubrimos
qneel
enemigo
había tomado
unafuerte
posición
entre nosotrosy
nuestraavanzada,
cortándonos toda comuni
cación. En
estasituación
nos encontramosfrente al
enemigo,
ausenteslos soldados
másvalientes
y,mejor
montados
ylos
demás
completamente desprovistos
del entuoiasmo
ydeseos de
combatir que manifestaran
enotrasocasiones.
Alguuos
hom
bres montados
encaballos cansados
y sinfuerza,
otrosenmu-las y los
restantesapié
teniendo
queconducir de la rienda
suscaballos;
tal
eranuestratriste situación
enla
mañanadel
31de
Agosto
de 1821.
456
TATESEl
enemigo ocupaba
unafuerte
posición,
susflancos dere
cho
eizquierdo
los
formaba la
caballería,
el
primero protegido
por la
laguna
de
Guanacacho
y el
otropor
unbosque vecino;
el
centrolo
ocupaban
600 infantes y estaba defendido por
ungrau
foso
construido
fácilmente
enesatierra
arenosay
para
nosotroscasi
imposible
de
atravesar con nuestrosgasta
dos caballos.
Una
guerrilla
del
naneoizquierdo
enemigo
nosmolestó
mucho. Sin
embargo,
amedida que
avanzábamos,
fué
retirándose
hasta
entrar en sulínea. Nuestros caballos demasiado
causados
eranincapaces
de
mantenerseenlínea para el
ataque.
Así
continuamos avanzando
hasta
llegar
atiro
de
pistola
del
enemigo,
el que abrió
fuego
contra nosotros.Benavente
sedetuvo
y formó
asugente
para la carga. Viéndolos
tandesanimados,
empezó
aalentarlos,
comparando
la situación
presente
con otrasya
pasadas
yrecordándoles los
peligros
y dificultades
i¡ue
másde
una vezhabían
vencido. Les
aseguró
que
supor
venir y bienestar
futurosdependían
de
suconducta
enla pre
senteocasión;
pero viéndolos
aúndesanimados les
preguntó
entérminos
precisos
yformales
siquerían
onó
pelear.
Loa
soldados,
masporel
temorde
serllamados cobardes que por
esperanzas de
vencer,respondieron
con vozunánime que
seguirían
asucoronel hasta
morir
conél.
Empezó
la carga
y avanzamosbajo
el
fuego enemigo,
lo
másrápidamente
que
noslo
permitíaD
las fuerzaB de los
caballos,
hasta
llegar
al
te rrenoarenoso,donde empezaron
ahundirse
algunos
y
perma
necían allí sin
poder
salir,
otros avauzarqny muchos
seque
daron
atrás.Así,
debido
a¡a
incapacidad
de los
caballos,
la
línea fué
iotaantesde alcanzar la
enemiga,
nopudimos
ni
cargar,
nicruzarla trinchera que
protegía
sufrente. El coronel
ylos oficiales
lucieron
cuanto estuvode
supane por
cruzarla;
pero los
soldados,
atanpoca distancia del
enemigo
ybajo
sunutrido
fuego,
consideraron que
eraempresa inútil
intentarlo
y
seretiraron
endesorden.
La caballería
enemiga
nospersiguió
cercade 3U0
yardas;
revista chilena
457
polvo
finísimo
quenossofocaba
impidiéndonos
ver eimpidien
do al mismo
tiempo
al
enemigo
todo intento de
envolvernos.
También
ñusimpidió aprovechar
eficazmente la
ventaja
obte
nida.
Se tocóa
reunión
ynosformamosmuy
cercade las
posicio
nesenemigas.
Poco
apocofué
extinguiéndose
la nube de tie
rrahasta
permitirnos,
por
fin,
ver alos mendocinos que pare
cían
estar enla misma incertitud nuestra;
apesar de
eso,renovaron
inmediatamente el
ataque,
enviándonos
guerrillas.
Esta
escaramuzaacabó de
rendir los
caballos;
felizmente al
gunos hombres tuvieron
la
suertede
apoderarse
de los
caba
llos
de los soldados
enemigos,
heridos
odesmontados
enla
refriega
yconellos
dispersaron
las
guerrillas.
Cuando las
tropas
sehallaban
enlo
mejor
de la
refriega,
el
coronel Benavente
resolvió
renovarla carga, de modo
que notuvieran
tiempo
para pensar
enel
peligro.
Con 100 hombres
ydejando
el
restode
sulínea al
descubierto,
cargó
Benavente
el flanco
izquierdo
de la
caballería.
Al
aproximarnos
ala
línea,
el
general
Albino
Gutiérrez,
que
erasujefe,
abandonó
sucaballo
yserefugió
enel recinto de la
infantería.
El
comandante de caballería del
mismo
flanco
siguió
el
ejemplo,
sopretexto
de
queel ruido
de las
descargas
había
puesto
inmanejable
sucaballo.
Alos
soldados y oficiales de
caballería,
abandonados
porsusjefes,
no seles
puede
hacer
cargospor el
cambio
de
posición
que
efectuaron
yque los colocó
aretaguardia
de la infantería
ybajo
sunutrido
fuego
quenosobligó
aretirarnos
una vezmás;
pero
enbuen orden
ysin
serperseguidos.
De
nuevohicimos alio
ydimos frente al
enemigo.
Mientras
el
coronel, indignado, reprochaba
alos soldados la cobardía
de sudoble retirada,
sin
órdenes
de
susjefes,
unagran nube de
tierra
nosindicó la
llegada
de
las fuerzasde
San Juan
yestoacabó
conel poco valor
queaún
quedaba
alos
soldados.
se-458
YATESríaud
inútil sacrificio de
vidas,
que
podrían
serútiles
enotraocasión.
Dio órdenes para la
retirada,
que
seefectuó
enbue
nascondiciones. Los que
nopodían
servirse de
suscaballos
montaronal
ancade
suscompañeros, Algunos
fueron hechos
prisioneros.
Durante
unas tresleguas
el
euemigo
nospicó
la
retaguardia,
de
suerteque de 470
hombres,
sólo
nosquedaron
como20
oficiales
y80
soldados. En
el combate talvez
noper
dimos 30
hombres,
los
restantessequedaron
rezagados
a cau sade los
caballos.
Conseguimos ganarle
al
enemigo
unas 1Sleguas
y estába
mosapunto
de
sorprender
unescuadrón
que
guardaba
unbuen
númerode excelentes
caballos
eulos
potreros
de
Yocoli,
cuando
unacatástrofe
la
másfatal,
horrible y
crimiual,
nosentregó
enmanosde los opresores.
REVISTACHILENA
459
Inmediatamente los
conspirados
enviaron
cartasal
ejército
enemigo
yaGodoy
Cruz,
Gobernador de
Mendoza,
informán
dolos de lo ocurrido. En
seguida
continuamos
avanzando hacia
Mendoza;
enYocoli
nosdetuvimos por
primera
vezdespués
de 48 horas para
tomaralgún
alimento.
Uno de los
conspiradores
llamado
Moya, empezó
aarrepen
tirse,
al considerar que
jamás
seborraría la mancha que
conla traición había caído sobre
él;
pero fué intimidado por
suscompañeros,
quienes
lo
persuadieron
de
seguir
adelante
enla
empresa
yacomenzada. Sin
embargo,
intercedió por
nosotros.consiguiendo
de los
otros tresconspiradores
autorización para
escribir
anombre
de todos ellos
unacartaoficial al Goberna
dor de
Mendoza,
enla que le
pedía
seconsiderara
sagrada
la
vida de los oficiales
prisioneros
yque
seles
permitiera
retirar
se comodesterrados
acualesquier provincia,
sin
sufrir
máscastigos,
ni
prisión.
El Gobernador contestó
prometiendo
cumplir
todo lo
pedido.
Al
llegar
ados
leguas
de
Mendoza,
varios escuadronea
salie
ron arecibirnos.
Moya
y
Arias,
que habían asumido el
mando,
dieron orden
alos
soldados de
entregar
las
armas, acto queejecutaron
de
muymala gana. Nos detuvimos
en unagran
casade campo, que servía
alas
tropas
enemigas.
Los soldados
fueron
colocados
enel
patio
condoble
guardia.
El comandan
tedel
cuartel,
coronel
García,
nosinvitó
acomer conel
objeto
de separarnos de
nuestroshombres
aquienes
temíau,
apesar
de
estardesarmados.
Después
de
2horas
pasadas
enlas habi
taciones del
coronel,
unayudante,
al mando de
numerosaguardia,
noscondujo
alos
cuarteles de Santo
Domingo
enMendoza. Pasamos
algunos
días metidos
enunapieza
húmeda
yobscura,
durmiendo sobre ladrillos
y sinmedios para defen
dernos del
frío,
pasados
los cuales
nosllevaron
ala cárcel
y nospusieron
encapilla, (una pieza
enla cual los
reosconde
nados
amuertepasan
susúltimos
momentos ycumplen
susdeberes
religiosos) cargados
de
grillos.
Go-460
YATKKdoy
Cruz. Se les
adjudicó
unapequeña
pensión
para
susgas-los
privados.
Mientras
tantoaCarrera,
amarrado del modo
mássalvaje
congrillos
ycordeles,
lo
encerraron en uncalabozo
junto
conel
coronel Benavente
(a
quien
tomaronprisionero
la
mañanasiguiente
de la
revolución).
Carrera supo que muy
luego
sufri
ría
la misma
suertede
sushermauos y
soportó
sudesgracia
conla misma
serenidad de
espíritu
que
siempre
lo
distinguió,
noinquietándose
por
supersona,
sino
preocupado
de la des
gracia
de
sumujer
ymuy conmovido
por los sufrimientos de
suscompañeros
de infortunio.
Albino
Gutiérrez, al mando de las fuerzas de
Mendoza,
mientras
creyó
que Carrera estaba
libre,
desistió de
suscruel
dades, pero cuando por
cartasde los
conspiradores
tuvonoti
cias de
la revolución
efectuada,
dio rienda suelta
a suinfernal
cólera. Cada
vezque
ensucamino
de
vuelta
sedetenía el
ejér
cito,
hacía fusilar
a unnúmerode
prisioneros
yal
llegar
alas
provincias explicaba
estascrueldades,
diciendo que todos
esossoldados habían
muertoenel campo de batalla. Al
tratarcon estode cubrirse de
gloria
y encubrir
susbarbaridades,
nosha
cía
anosotros máshonor que el que merecíamos
enrealidad,
Consideraríamos
unainjusticia
para
Albino Gutiérrez
nodar
algunos
detalles sobre
sufamilia
ylas
ocupaciones
de
sujuventud.
Salido de las clases
másbajas
del
pueblo,
comopasa
enAmérica
conmuchos que han
llegado
hasta el
poder,
sesabe de él que
suprimer empleo
fué el de carretero,
ocupación
queconsiste
ensentarse enla
parte
delantera de las
carretas conunapicana
opalo largo
quelleva
unclavo
enla
punta,
del cual
sesirven
puradirigir
los
bueyes, impedir
que
seduer
manohacerlos apurar el
REVIBTA CHILENA
461
ese
comercio y lo abandonó para establecerse
comopulpero
ocomerciante
envinos al por
menor,El
nuevonegocio
prospe
róhaeta
permitirle
reunir bastante
dinero,
conel que
sededi
cóal comercio de vinos
en una másgrande
escala. En
muypoco
tiempo
dominó
completamente
los diversos
ramosdel
negocio
ycomo eramuy industrioso,
nosorprendió
anadie el
que
enpocos
añosllegara
aser unode los hombres
másricos
de Mendoza.
Cuando San Martín fué
Capitán
General de la
provincia
de
Argo
(sic)
le dio el
grado
de
coronel,
por servicios
quede él
recibió,
cuya naturaleza
seignora.
Tal
erael
general
que
secreía
conderecho
ahumillarnos,
después
de haber
privado
al
país
de
susmejores
y máóvalien
tesgenerales.
Era
unhombre cobarde
ymalo y
tancruel
comotímido,
pero
tuvobuen éxito y fué colmado de
honores.Volviendo
aCarrera,
desde el
momentoenque lo hicieron
prisionero
mostró granresignación
consusuerte.No
ignoraba
que
alo
masle
quedaban
4o5 días de
vida,
y
sinembargo,
comía,
bebía
ydormía
tantranquilamente
comosi nada
fuera apasarle.
Al
tercerdía de
nuestrallegada
aMendoza,
el soni
do de las campanas
ylos
disparos
de
artillería,
nosanunciaron
el arribo
de Gutiérrez.
Apenas
llegado,
ordenó
que
seleyera
sin
pérdida
de
tiempo,
susentencia
de
muerteal
general
Ca
rreray
alos
coroneles Benavente
yAlvarez,
yfijó
las
11de la
mañanasiguiente
para la
ejecución.
No hubo
nijuicio,
ni
consejo
de guerra, ya
que éstenopuede
serformado por oficiales
de
unrango inferior al de los
acusados,
yeraninferiores todos
los
que seencontraban
enla
ciudad.
La sentencia
sedio
auombre del
general
y oficiales del
regimiento
de Mendoza. El
Gobernador
negó
haber
tomado
participación alguna
en la muertede
Carrera,
diciendo que él
se habíavisto
obligado
acumplir
órdenes
superiores.
Se enviaron sacerdotes
ala cárcel para
prepararabien
mo riralos coudeuados
amuerte.Carrera
noquiso
hablar
conninguno,
mientrasnosele
permitiera
hacerlo
conel confesor de
462
YATESsu
suegra,
que le fué
acordada;
pero que
notuvolugar
por
sentirse
la
señoraincapaz
de
soportar
una tantriste
escena.Eu
cambio
consiguió
permiso
para escribir
asumujer
y que di
cha
cartafuera
entregada
aella.
Amaneció
el día
fijado
para la
ejecución (4
de
Septiembre)
Carrera
ensucalabozo escribía la última
cartaasumujer
yen esosmomentosllegó
unayudante
del
cuartel para anunciar
queel Gobierno había
suspendido
supena de
muertey que
eucambio sería desterrado. El
general,
sin parecer
sorprendido
conla
noticia, dejó
a unlado
la
cartaque estaba escribiendo y
co menzó otraendistinta
hoja
de
papel.
Apenas
transcurridos 15
minutos
de
esteincidente,
llegaron
los
guardias
para conducirlo
al cadalso.
Consiguió
del oficial que los
mandaba,
unos cuan tosminutos de espera, tiró
aunlado
la
cartaque estaba escri
biendo y
prosiguió
la que
antesabandonara.
En ella relató
u suseñora, que
enpocos
momentos másdebía
seguir
asuseje
cutoreshasta el
banquillo
y le
pidió
que todo el cariño
quele
tenía lo consagrara
a sushijos, especialmente
al mayor; ordenó
eula misma
cartaque
éste,
una vezcumplido
los siete
añosde
edad,
fuera enviado
aEstados
Unidos
oInglaterra
para
sereducado
enunode
estospaíses.
Al
suspender
la
ejecución
omásbien dicho al
tratarel Go
bernador de hacer
creer aCarrera que
sele había
indultado,
creyó
que
estesúbito cambio lo
desanimaría,
yle
impediría
pre
sentarseconenterezaanteel
pueblo,
que lo adoraba.
Pero
la
estratagema
noalteró
enlo
másmínimo
suvalor
yal
acercar seal
lugar
desumuertenodemostró
ni
temor,
ni
ansiedad,
En
susúltimos
momentosy al
atravesarla
plaza
para
dirigirse
al
cadalso,
lo rodeó
untropel
de frailes que trataban de hacerla
morir
comobuen cristiano y que
empleaban
toda
sulógica
enprobarle
la existencia del infierno
ylos
tormentosde
los
condenados.
Confirmeza
los
obligó
aapartarse,
reprendiéndolos
por
suinsolencia
euofrecer y
tratarde
imponer
servicios que
nadie les
pedía.
Continuó
sucamino sin
inmutarse,
mirando al
pasarlas
tropas
yhaciendo al oficial
quelo custodiaba
algunas
reflexiones sobre las fuerzas de la ciudad.
REVISTA CHILENA
463
<3e
unacasa avarias señoras,
creyendo
que conocía
aalgunas
de
ellas,
las saludó.
Ellas
contestaronsusaludo y
seretiraron
muy conmovidas.
Siempre impasible
sedetuvo al lado del ban
co,enel mismo sitio
enque
sushermanos
añosantesmurieron
tan
heroicamente. Como los
padres
insistieran
ensussúplicas
para
confesarlo,
les
advirtió que
ese eraasuDtode
él,
node
ellos.
Convencidos de
quepor
eselado
eraninútiles
susamonestaciones,
le
pidieron
que olvidara todas las
injurias
que él y
sufamilia habían recibido
enla ciudad
yque
pidiera perdón
por las faltas
queél había cometido. Les
contestóque si
super
dón
pudiera mitigar
las penas,
o hacermenosnotorias las in
justicias
quesufamilia había tenido
quesoportar,
congusto
convendría
enello;
pero que
él,
coneiente de la rectitud
yho
nor
de
todos los
actosde
suvida,
jamás
solicitaría
el
perdón
de
susindignos
enemigos,
menosconsiderando,
comoconsideraba,
alos meudocinos
los
másmiserables de todos
En
seguida
sequitó
unvalioso
poncho
quejunto
consureloj encargó
fueradepositado
enmanosde
susuegra, la
señoraFontecilla,
por
suconfesor
yentregado
a suhijo,
comoúnico
recuerdo de
suinfortunado
padre
Se sentó
enel
banquillo
ycuando el
verdugo
vino
a amarrarle los
brazos,
selevantó
eindiguado
le ordenó
quesereti
rase.Se
dirigió
enseguida
al
oficial que
seencontraba
a sulado,
preguntándole
que cuándo había visto
a unnoble oficial
amarrado por
un rufián?También
rehusó
le vendaran la vista
ysentándose
de
nuevo conla mayor
tranquilidad,
secolocó la
mano
derecha
enel
pecho
ydio
alos soldados orden de
dispa
rar.
Hicieron
fuego
y
cayó,
expirando
al momento, sin
agoni
zar.
Recibió dos balazos
enla frente
y otrosdos pasaron
através
de la
manohasta
el corazón.
Después
de
decapitarlo
ycortarle el brazo derecho,
entregaron
el cuerpo
a susuegra y lo
enterraronenel
sepulcro
de
sushermanos. La
cabeza la
pusie
464
YATESindulgente
y
parejo,
nosealteraban! por la
adversidad,
ni por
la fortuna. Su benevolencia
eratal que
nomerecía
el nombre
de
virtud,
pues
traspasaba
los límites de la
prudencia, degene
raba
eninexplicable
debilidad. Sus
enemigos,
por
máscrimina
les que
fueran,
siempre
encontraban
enél
generosidad
ycompasión;
cuando
llevaban
a supresencia
ahombres que hasta
habían asesinado
aalgún soldado,
los
protegía,
aún
aexpensas
de la
justicia,
dándoles él mismo
oportunidad
de huir
Desde
Pueyrredón
hasta
el
másinsignificante
de
los enemi
gos de Carrera, fueron
muypocos los que
dejaron
de
caer en susmanos,vaenpersona, ya
susbienes; pero él
siempre
pro
tegió
alos
primeros
yrespetó escrupulosamente
los
segundos.
Esa
singular pasión
de
Carrera,
la
piedad
para
con sus enemigos
quenodebió haber
ejercitado
tanto, solo
seexplica
comoteniendo por base
ycausa unagran ambición
o amorpropio.
Tal
vezcreía que al
tratarconbondad
a susenemigos,
ycomprometerlos
conatenciones, llegaría
aganarlos.
Si tal fué
suidea,
sufrióungrandesengaño
y manifestó
no conocer enab
soluto el
carácterde
supueblo
Esa gran
magnanimidad
que
lo habría
inmortalizado
encualquier
otropaís,
lo
perdió
enAmérica,
donde
estavirtud
esmuy
poco
conocida y
aún menospracticada.
Sus
enemigos
atribuyeron
al miedo
su grangenerosidad
yalgunos
diarios
tuvieron la
audacia,
de llamar cobarde
aaquél
que
consólo
140 hombres y los
recursosde
sugran
inteligencia,
hizo
temblar
atodos
los
gobiernos
y
gobernadores
del Atlántico al Pa
cífico.
Carrera
nohabría
muerto en manosde
los
traidores,
si
los
hubiera tratado
comomerecían,
ysi hubiera
reservado
su^-ge-nerosidad
ygrandeza
de
alma sólo
aaquellos
que
erancapaces
de
comprenderlo
y
apreciarlo. Tampoco
suspartidarios
habrían
tenido que sufrir por los crímenes
imaginarios
que le
atribuye
ronsusenemigos.
Si
suambición fué la de vivir sin
tenerjamás
que repro
charse
ningún
actode crueldad
oinjusticia, consiguió
sude
seo;fiero
estambién
masque
probable
que
susenemigos
lle
guenanegarle
todas
susbuenas
cualidades. Jamás ordenó dar
REVISTA CHILENA
465
ni
entodas
suscampañas.
La única persona sentenciada por él
amuerte, fué
unpariente
suyomuy
próximo
ylo fué por
uncrimen
queencualquier
otrohabría
pasado
por alto y olvidado.
El
Congreso
intercedió por el
condenado,
que
fuédeportado
al
Brasil
yeshoy
día
unoficial de gran mérito
enel
ejército
por
tugués.
El coronel
Alvarez que fué
ejecutado
conCarrera murió
co mobuen
cristiano,
después
de manifestar
granvalor y
resig
nación
ensusúltimos
momentos.También lo
decapitaron
yenviaron la cabeza
aBustos.
Quisieron
con estoconcluir
conlos esfuerzos
yesperanzas de los
cordoveses,
que lo veneraban
y
lo
llamaban
padre
yprotector.
El
coronel
Benavente,
queesperaba
serfusilado
junto
conCarrera,
tuvoenla
mañanafijada
para la
ejecución,
la
sorpre sade que lo
dejaran
enel calabozo cuando
sacaronal
general,
Su hermano don Juan José Benavente comerciante
enMendo
za,
acompañado
de las personas
másimportantes
de la
ciudad,
fué
a veral
gobernador
Godoy Cruz,
para solicitar el
perdón
del
coronel,
el cual les fué concedido
en casode
queGutiérrez
lo ratificara,
Iumediatamente
sedirigieron
aéste;
pero el
viejo
mulato
fuéinexorable
yresolvió vengarse de
unhombre,
cuya sola
presencia
bastaba
en otrotiempo
para hacerlo temblar. Los
ciudadanos
seretiraron muydisgustados
de
su nuevogeneral
yconmuy
pocas esperanzas de obtener el
perdón
del coronel.
Se recurrió
aotromedio que dio buenos resultados. La
señorade don Juan José Benavente
encompañía
de todas las demás
señoras y
niñas de
la ciudad, vestidas de
luto,
sedirigieron
a casade
Gutiérrez
ypor medio de
adulaciones,
tratándolo de
valiente
y generoso,consiguieron
ablandarlo hasta el
punto
de
entregarles
unescrito
enel que les concedía el
perdón
quesolicitaban.
La hermosa comisión corrió
ala cárcel para informar
aBe
navente
que habían
conseguido
superdón
conGutiérrez
yque
harían
cuantodependiera
de éüas por aliviarle la
permanencia
en
la
prisión.
466
YATESEl
coronel
seimpresionó
ental forma al
apreciar
la bondad
y
generosidad
de las
señorasque
permaneció
unratoincapaz
de contestarles.
El recibir de
esas manosla
vida,
le
impresio
naba
másque
perderla
enel
banquillo,
A
todos
nosotrosse nosencarceló
juntos
y de día
endía
esperábamos
serfusilados
oasesinados. Sin
embargo
no nos desanimamos,
antespor el contrario
nosestimulábamos
unos a otrospara morir
conresolución. Todos estábamos
resueltos
aimitar
el noble
ejemplo
de
nuestrojefe
que
supomirar
ala
muerte,
caraacara,sin
terrory
dirigirse
al
encuentrode ella
como
al de
unaamiga
que iba
alibrarlo de la
ingratitud
de
unpueblo;
pero
no,Chile
nofué,
ni
jamás podrá
seringrato
conCarrera.
La
opresión podrá
encadenarlo,
la tiranía
quebrantar
el
espíritu
de
sushabitantes;
pero
susmejores hijos,
hasta las
generaciones
másremotas,
todos
veneraránla memoria de
aquel
que fuéel
primero
enlevantar la
espada
endefensa de
susderechos.
El
gobierno
de Buenos
Aires envió al de Mendoza
unafuer
te
reprensión
por
subárbara conducta
connosotros, diciéndole
que
nohabía
ley
que lo autorizara para
disponer
de la vida de
los americanos
enunaforma
tanbárbara y que
jamás
enlas
múltiples
revoluciones ocurridas
enBuenos
Aires,
había
tenido
lugar
unacontecimiento que,
comola
muertede
Carrera,
ental forma
degradara
el
carácterde los
porteños.
Una buena
parte
de los habitantes de
Mendoza,
noserafa
vorable
ydeclaraban abiertamente que
noseríamos
fusilados
También los indios
(que
nosandaban
buscando) llegaron
hasta
la
frontera,
cercade
San Carlos
yenviaron
unadiputación
ala ciudad para
pedir
nuestralibertad. El
gobernador
hizo
sacarinmediatamente del Cabildo ia cabeza
yel brazo de
Carrera,
temeroso
de
queI03 indios
pudieran
verlos
yhabló
conla
se ñoraFontecilla para que los
enterrarajunto
conel cuerpo.
Consiguieron
asíengañar
ala
diputación
yles aseguraron que
nonosencontrábamos
enla ciudad y que
1103habían
mandados
a
Chile.
Cinco de
nuestrosoficiales que fueron hechos
prisioneros
REVISTACHILENA
467
que les
perdonaron
la
vida,
buscaba para
quitárselas,
unmedio que tuviera
apariencias
de
justicia. Muy
pronto encontró
lo
quedeseaba;
envió por ellos
alos cuarteles para verlos
ensucasa,unavezen
ella,
les
repartió
boletas que les
permitían
alojarse
enciertas
casasde la ciudad
yvivir
enellas
asugusto.
Los oficiales
seretiraron
muyagradecidos
porel favor
queseles
concedía;
pero dos días
después
fuerontomados presos
yfusilados
enlaplaza,
sopretexto
de haber tramado
unarevolución para
deponer
asulibertador
elgobernador
Sánchez.
Quisieron
formarunahistoria
semejante
connosotros;
pero
el
temorde
unarevolución
enMendoza
yde las consecuencias
que
pudiera
acarrearles
nuestramuerte,
les
impidió
asesi
narnos.
Albino Gutiérrez recibió del Gobierno de
Chile,
porhaber
nos
arruinado,
el rango
ysueldo de
brigadier general
yfué
hecho miembro de la
Legión
del Mérito. El doctor
Godoy
Cruz,
gobernador
de Mendoza,
unmotilón
supersticioso,
(el
puesto
más
bajo
entrelos
frailes)
que
jamás
usóunaespada,
ni
divisó
al
enemigo,
fué
también hecho miembro de la
Legión
del Mé
rito
yhonrado
conel título
ysueldo de
brigadier general
de
ejército
chileuc.
¡Dichoso
el
país
que
pudo
versin sentimiento tales honores
conferidos
alas mismas
personas queayudaron
aremachar
sus
cadenas!
En la Gaceta Chilena
sepublicó
unalarga
pero falsa rela
ción de
nuestraúltima batalla. En ella
sedecía
queel
general
y los oficiales habían sido hechos
prisioneros
enel combate
yatribuía el asesinato de
algunos
oficiales
yde muchos
soldados,
como
ejecutados
eudefensa
propia.
P. S.
—Me
parece
haber omitido al dar
cuentade la batalla
de Punta del Médano al
númerode las fuerzas de los
mendo-cinoe,
eran600 infantes
yde 500
a600 hombres de caballería.
CONCEPTO MODERNO
DEL
SOCIALISMO
(1)
[I.
El socialismo.Noticia histórica,—II. Definiciónproudhoniana
delbo rrialismo:La8 diversasescuelas.—III.Concepto
moderno del socia lismo. El comunismo colectivista: definición.—IV.El comunismo
anárquico.)
I
El actual
régimen
económico y
susbases constitutivas
soncombatidos por
unaserie
de teorías
ydoctrinas sobre
organi"
zacionessociales que,
ensuconjunto,
llevan el nombre
gené
rico de socialismo.
El socialismo
esmásantiguo
que la economía
política,
pues
to
que ha habido socialistas
mucho
antesque existieran
economistas.
La economía
política
nació
amediados
del
siglo
XVIII
conlos
fisiócratas, quienes
atribuían
ala
naturaleza,
conmucha
lógica,
el
origen
exclusivo de todas las
riquezas.
El
socialismo,
comosistema de
organización
social que supone derivados de
la
colectividad los derechos
individuales,
y
que, de
consiguien
te, da al Estado la
potestad
de
modificar las condiciones de la
vida civil
enconformidad al
postulado
social,
remontaala era
pre-cristiana;
pero sólo ahora
sehan
precisado
los
términos,
y
el socialismo ha salido de
esescontornosvagos
eindecisos que
todavía
perduran
enel
concepto
de la
generalidad.
Y
estaprecisión
la
debe
justamente
el
socialismo
asuantagonismo
conla economía
política clásica,
la cual hace derivar
del individuo todos los derechos sociales.
Entre los precursores
antiguos
del
socialismo debemos
cou-taraPlatón
(347
a.J.-C),
ensuobra La
República;
aSan
Agus
tín
(430),
ensuobra La Ciudad de
Dios;
aTomás Morus
(1535),
REVISTA CHILENA
469
autor
de La
Ulo-pía;
aTomás
Campanella
(1639),
en suobra
La Ciudad del
Sol;
yanumerososmodernos
padres
de la
Igle
sia
Católica,
queensusdiscursos exaltaron la
dignidad
de los
pobres
y abominaron de la
egoísta
yestéril
quietud
de los
opulentos.
Eu el
siglo
XVIII los filósofos que
promovieron
las
coftrien-tes
de ideas
queculminarou
enel
másgrande
de
los aconteci
mientos
modernos,
señalado por la historia
comola
iniciación
de
unanuevaera,la Revolución
Francesa,
escribieron
páginas
lapidarias impregnadas
del
espíritu
socialista.
El barón
de
Montesquieu (1755)
escribió: «Las
riquezas
par
ticulares sólo
aumentaroncuando
séquito
a unaparte
de los
ciudadanos
aquello
que necesitaba para
vivir;
espreciso,
pues,
que le
seadevuelta. Preciso
estambién que las
leyes,
dividien
do y subdividiendo las
fortunas,
pongan al ciudadano
pobre
en
condiciones de comodidad
quelo
capaciten
para
trabajar
comolos
demás;
y
acada ciudadano rico colocarlo
ental
mediocridad que le
seaindispensable
el
trabajo
para
adquirir
y conservar...L:i
ley
natural ordena
alos
padres
queatiendan
a