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1. EL SIGLO XVIII: LA ILUSTRACIÓN - TEMA 8 KANT

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TEMA 8. LA ILUSTRACIÓN. EL IDEALISMO TRASCENDENTAL DE KANT

(1724-1804)

1. EL SIGLO XVIII: LA ILUSTRACIÓN

El siglo XVIII es el siglo de la Ilustración, también denominado Siglo de las Luces o de la

Razón. Kant considera que el lema que define a este período es “Sapere Aude” (aprende por

ti mismo), esto es, ten en el valor de servirte de tu propio entendimiento para pensar y

conocer. La Ilustración es aquella etapa de la Historia Occidental en la que el hombre sale de

la minoría de edad, tal como nos dice el propio Kant en su ensayo ¿Qué es la Ilustración?

En este momento el hombre tiene la exigencia de confiar en la razón y de servirse de ella con

independencia, con el fin de no verse conducido por otros. El ejercicio autónomo de la razón

es ciertamente la bandera del iluminismo.

Los países en los que la Ilustración tuvo mayor relieve fueron Inglaterra, Francia y Alemania.

En cada uno de ellos se manifestó de forma diferente. En el caso de Gran Bretaña, se

cultivaron las ciencias de la Naturaleza, la filosofía empirista y cuestiones sobre religión en

un ambiente de tolerancia y libertad. La Ilustración como tal comienza aquí, propiciada por

una especial situación política, social y económica: los ingleses hicieron su “revolución” un

siglo antes que los franceses: el parlamentarismo se impuso de la mano de Oliver Cromwell.

J. Locke y Newton son los “padres” de la Ilustración: el empirismo y la Filosofía Natural de

Newton serán aceptados por casi todos los filósofos ilustrados de los diferentes países.

En Francia, a finales del siglo XVIII se produjo la conocida Revolución Francesa (1789), que

supuso el fin del Absolutismo como forma política a manos de una burguesía ascendente. En

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Montesquieu que viajaron a Londres para conocer in situ la filosofía de J. Locke y la Teoría

de la Gravitación Universal de Newton. La diferente situación política (Absolutismo) de

Francia condiciona el hecho de que los filósofos franceses sean más críticos con el poder del

Antiguo Régimen, esforzándose en dar mayor difusión a sus ideas. Montesquieu, en su obra

El espíritu de las leyes, establece la separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).

Rousseau en su Contrato Social viene a afirmar que la misma sociedad es un contrato en

donde intervienen distintas partes, siendo considerado el precedente de la democracia

moderna.

Diderot y D’Alambert, otros filósofos ilustrados, crearon la Enciclopedia o Diccionario

razonado de las ciencias, de las artes y los oficios, obra que pasa por ser la más

representativa de la Ilustración francesa, cuyo fin esencial será difundir la cultura,

proporcionado información e instrucción además de criticar los prejuicios e ideas

tradicionales.

En Alemania, la Ilustración es menos original y menos influyente. El principal representante

de la Filosofía alemana, en un primer momento es Christian Wolff (1679-1754), quien

desarrolló un sistema racional deductivo completo de filosofía que incluía la metafísica y la

teología natural, cuya filosofía se enseña en las universidades y en la que Kant se formó y

sobre el que ejerció una gran influencia, en lo que respecta al primer período de su filosofía

(el período precrítico). Sin embargo, más tarde Kant, en el llamado período crítico, produce

una obra que supone la mayor aportación filosófica del siglo, en la medida en que realiza el

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2 J.J.ROUSSEAU (1712-1778). EL CONTRATO SOCIAL Y LA VOLUNTAD

GENERAL.

J. J. Rousseau es una de las figuras más importantes de la Ilustración junto a otros autores

como Voltaire, Montesquieu, Diderot y D’Alambert. El proyecto de la Ilustración es la

realización racional del hombre al concebir la Sociedad y la Historia como progreso. Sin

embargo, el pensamiento de Rousseau constituye una dura denuncia de la artificialidad de la

vida social y una crítica de la civilización interpretada como progreso. Rousseau, siguiendo

la teoría del.

contrato social para explicar el origen de la sociedad, diferencia entre dos supuestos estados

por los que pasa el ser humano:

-Estado de Naturaleza

-Estado de Sociedad

Rousseau recurre a la hipótesis del estado de naturaleza y lo contrapone al estado de sociedad

y, en este sentido, establece su tesis esencial: El hombre nace bueno pero la sociedad le

corrompe. Asimismo, en su obra El contrato social nos dice: El hombre nace libre pero por

todas partes está encadenado.

En el estado de naturaleza el hombre era libre, con el deseo de conservar la vida satisfaciendo

sus necesidades naturales: sin necesitar el trabajo para vivir, sin necesitar el hogar, sin

lenguaje, pero sin guerras y sin necesidad alguna de los demás, aunque también sin deseo

alguno de hacer daño. Rousseau describe al hombre natural en los términos del «buen

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geográficos que proliferaron a partir del s. XVI. La gran ventaja de este estado natural era la

presencia de la igualdad moral o política.

El establecimiento de la propiedad privada es el momento en que se rompe el encanto del

estado natural. Introducida la propiedad, se introduce la desigualdad moral, y con ellas la

social, mediante el contrato social, que con sus leyes sanciona y perpetúa la propiedad

privada y la división entre ricos y pobres. Rousseau concluye que este tipo de desigualdad es

contraria al derecho natural. Si la sociedad se ha establecido mediante un pacto, origen de la

desigualdad entre los hombres, lo que debe reformarse es la misma teoría del pacto, no el

orden social. La naturaleza de este pacto la expone en su obra El contrato social.

El problema, para Rousseau, está en que, siendo el pacto necesario, ha de ser tal que no anule

la libertad del estado de naturaleza. El hombre ha de aceptar las leyes, que no supriman la

libertad, sino que la haga posible. Rousseau se pregunta ¿Cómo puede el hombre permanecer

libre renunciando a su libertad? No hay contrato social posible sin la existencia de una

«voluntad general». Esta noción significa el interés común, la armonía de intereses.

Sometiéndonos a ella, es posible ceder toda la libertad y derechos personales a los demás y

recibir, a cambio, los derechos y la libertad de todos los demás. El resultado de este pacto, la

entrega total de todos a todos, es el pueblo soberano, el conjunto de ciudadanos, que

constituyen el poder, la sociedad política o el Estado. Sólo de esta manera se puede lograr la

libertad y la igualdad dentro del Estado.

El contrato social es una defensa clásica de la forma democrática de gobierno. Rousseau

confiaba en la 'voluntad general' de un pueblo democrático, expresado en el voto de la

mayoría, para adoptar las decisiones importantes. Esta confianza en la mayoría contrasta con

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En la concepción del Estado justo de Rousseau hay una llamada hacia el interior del hombre:

la moralidad es lo que queda del estado primitivo de naturaleza. De aquí que la aceptación

del interés común sólo sea posible en una perspectiva de moralidad; esto es, a través de la

educación para entender lo que es justo, que Rousseau expuso en una obra de carácter

pedagógico titulado Emilio.

3. KANT: EL IDEALISMO TRASCENDENTAL.

El sistema filosófico de Kant recibe el nombre general de idealismo trascendental o también

criticismo y se halla expuesto en su obra Crítica de la razón pura. El criticismo supone la

tarea de llevar a cabo una crítica de la razón, para superar el antagonismo entre el

racionalismo y el empirismo; el primero acaba derivando en dogmatismo, al considerar que

sólo la razón puede conocer la realidad al margen de la experiencia. El empirismo (sobre

todo el de Hume), al sostener que sólo la experiencia es la única fuente de conocimiento,

desemboca en el escepticismo, al mantener que sólo podemos obtener un conocimiento

probable de la realidad. Pero además, la filosofía para Kant debe ser crítica de la razón, es

decir, es la exigencia que el ser humano se plantea para responder a tres cuestiones esenciales:

1. ¿Qué puedo conocer?

2.¿Qué debo hacer?

3.¿Qué me cabe esperar?

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Kant se impone la necesidad de superar las consecuencias del racionalismo y del empirismo

(dogmatismo y escepticismo respectivamente) y para ello lleva a cabo lo que se denomina

como revolución copernicana, es decir, se trata de considerar desde otro punto de vista la

relación entre sujeto y el objeto en el ámbito del conocimiento. Para Kant, esta revolución

consiste en que el objeto no determine al sujeto sino al revés, esto es, la naturaleza del objeto

se rija por la naturaleza del sujeto. Y para ello, crea el método trascendental, que viene a

significar en términos kantianos que “sólo conocemos de las cosas lo que nosotros mismos

ponemos en ellas”, es decir, se trata de determinar las condiciones de posibilidad que se

hallan en el sujeto para tener del conocimiento del objeto.

Para Kant, las Matemáticas y la Física, son saberes que han encontrado el camino seguro de

la ciencia; en cambio, la Metafísica (conocimiento especulativo de la razón) que procede

mediante conceptos sin tener en cuenta la experiencia, no ha alcanzado el camino seguro de

la ciencia. Kant se pregunta ¿A qué se debe el hecho de no haber alcanzado dicho camino

y ser sólo un campo de batalla que no ha conquistado el más mínimo territorio? Su

objetivo es saber si es posible aplicar la denominada revolución copernicana a la metafísica,

esto es, hacer que la experiencia o los objetos se rijan por los conceptos a priori creados por

el entendimiento.

El objetivo de su obra fundamental, Crítica de la razón pura, es responder a cuestiones como:

¿Qué puedo conocer? ¿Cómo es posible el conocimiento en general y el científico en

particular? ¿Es posible la metafísica como ciencia? Para Kant el conocimiento se expresa en

formas de juicios o proposiciones. Distingue cuatro tipos de juicios:

1. Analíticos: el predicado está comprendido en el sujeto, por ejemplo, “Un todo es mayor

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2. Sintéticos: el predicado no está contenido en el sujeto, por ejemplo, “Todos los nativos

del pueblo X miden más de 1,90 metros”. Estos amplían nuestro conocimiento.

3. A priori: su verdad no depende de la experiencia. En este sentido se identifican con los

analíticos.

4. A posteriori: su verdad depende de la experiencia. Se identifican con los sintéticos.

Los juicios analíticos y a priori, son universales y necesarios, mientras que los sintéticos y a

posteriori, son particulares y contingentes. Kant crea un nuevo tipo de juicio: los juicios

sintéticos a priori. Estos juicios amplían nuestro conocimiento por ser sintéticos y son

también universales y necesarios. Las ciencias (Matemáticas y Física) poseen juicios

sintéticos a priori. Más aún los principios fundamentales de las ciencias son juicios de este

tipo. La pregunta que se plantea Kant y que viene a ser la misma que las que citamos más

arriba es: ¿cuáles son las condiciones (trascendentales) que hacen posible los juicios

sintéticos a priori? ¿Son posibles estos juicios en la metafísica? La Crítica de la razón pura

tiene como fin dar respuesta a esta cuestión.

4. LATEORÍA DEL CONOCIMIENTO de KANT

Kant tiene una trayectoria filosófica, es decir, en un principio era racionalista y estaba

influenciado por el filósofo más relevante de la Alemania ilustrada, C. Wolff (1679-1754),

quien considera que la realidad se puede conocer mediante conceptos. Sin embargo, la lectura

de Hume, nos dice Kant, Me despertó de mi sueño dogmático, con lo cual aquí comienza su

período crítico y su proyecto de sintetizar el racionalismo y el empirismo, que viene

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del conocimiento, en la que describe las condiciones que hacen posible el conocimiento y

responde a la cuestión de si la Metafísica es posible como ciencia. Esta obra se compone de

tres partes fundamentales que son:

1. Estética Trascendental. Sensibilidad

2. Analítica Trascendental. Entendimiento

3.Dialéctica Trascendental. Razón

Estas partes corresponden a las tres facultades que Kant distingue en el hombre:

sensibilidad, entendimiento y razón. Propiamente hablando sólo existen dos facultades de

conocimiento, sensibilidad y entendimiento. Pero dentro del entendimiento, Kant, distingue

dos tipos de actividad intelectual que el hombre realiza: la del entendimiento, que es

formular juicios, y la de la razón que es enlazar unos juicios con otros formando

razonamientos. A la facultad de formular juicios le da el nombre de entendimiento y a la

facultad de razonar le reserva el nombre de razón.

1. La estética trascendental.

En esta parte, Kant, se ocupa del estudio de la sensibilidad a través de la cual recibimos

impresiones de los objetos. La sensibilidad se caracteriza por lo siguiente: es pasiva (se

limita a recibir impresiones del exterior), es receptiva (a través de ella los objetos nos son

dados) y gracias a ella tenemos intuiciones sensibles. Pero, y esto es de suma relevancia,

para poder tener sensaciones o intuiciones sensibles es necesario que se den dos condiciones:

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la sensibilidad, también definidas como formas a priori de la sensibilidad, es decir, no

podemos ver algo ni oir nada si no es en un lugar del espacio y en un momento del tiempo.

Espacio y tiempo son condiciones que preceden a la experiencia y constituyen el marco

desde el que podemos percibir los objetos mediante los sentidos.

El espacio es la forma de los fenómenos externos (colores, sonidos, etc, se perciben el

espacio) y el tiempo es la forma de nuestros fenómenos internos (nuestras vivencias,

imaginaciones y recuerdos) se suceden en el tiempo.

Además, el espacio y el tiempo son intuiciones puras que posibilitan que las matemáticas

se presente como un conjunto de juicios sintéticos a priori. En el caso de la geometría, supone

la previa intuición del espacio siendo sus tres dimensiones lo que permite la construcción de

puntos, líneas, rectas y ángulos mediante los cuales es posible la existencia de axiomas y

teoremas matemáticos. Y el tiempo es el fundamento de la aritmética, en la medida en que el

hecho de contar implica una dimensión del tiempo, que es la sucesión.

En definitiva, nuestro conocimiento comienza por la sensibilidad, mediante la cual

tenemos impresiones de los objetos, pero ahí no termina nuestro conocimiento. Tener

impresiones no supone comprender lo que percibimos.

2. Analítica trascendental.

En esta parte, Kant, se ocupa del estudio del entendimiento, que es la facultad que nos

permite comprender las impresiones sensibles o intuiciones puras, en la medida en que

sintetizamos o unificamos la multiplicidad de impresiones bajo un concepto, como

cuando afirmo “Esto que percibo es un árbol”. Árbol es un concepto que aplicamos a las

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impresiones sensibles a conceptos se realiza siempre a través de un juicio. De ahí que el

entendimiento es la facultad de los conceptos o de los juicios: formamos juicios con

conceptos mediante los cuales sintetizamos las impresiones sensibles.

Kant distingue dos tipos de conceptos:


a) empíricos, que proceden de experiencia y que el entendimiento crea a partir de los rasgos

comunes de los objetos (casa, perro, árbol, etc.).

b) a priori, que no se derivan de la experiencia y son denominados conceptos puros o

categorías. Kant afirma que existen doce categorías básicas que deduce de la forma de los

juicios de la Lógica. Estas categorías son: Unidad, Pluralidad, Totalidad, Realidad,

Negación, Limitación, Sustancia, Causalidad, Comunidad, Posibilidad, Existencia y

Necesidad.

Estas categorías, que son creadas por el entendimiento, cumplen una función esencial puesto

que nos permiten conocer y relacionar las impresiones que nos suministra la sensibilidad, al

aplicar los conceptos a las intuiciones sensibles. Por ejemplo, no podríamos conocer ni

entender la afirmación “El calor dilata los cuerpos” si no aplicamos la categoría de la

causalidad, es decir, establecemos una relación de causa y efecto entre el calor y los cuerpos,

puesto que consideramos que todo efecto debe tener una causa, y esta operación la realiza el

entendimiento mediante la categoría de la causalidad.

Además, en la Analítica Trascendental, sostiene que la Física es una ciencia que se compone

de juicios sintéticos puesto que aplica las categorías, sobre todo la causalidad, a los

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Por todo lo dicho, con respecto a la Estética y a la Analítica, podemos afirmar que el

conocimiento en general y el científico en particular, es posible cuando se cumplen dos

condiciones:

1. Cuando tenemos Intuiciones sensibles en el espacio y tiempo a través de la

sensibilidad.

2. Cuando aplicamos los conceptos (empíricos y categorías) a las intuiciones sensibles.

Por esto dice Kant: Sin sensibilidad ningún objeto nos sería dado, sin entendimiento

ningún objeto sería pensado (conocido). O dicho de otra manera: Conceptos sin intuiciones

son vacíos, intuiciones sin conceptos son ciegas.

Por otro lado, en la analítica, Kant, va a distinguir entre dos conceptos: Fenómeno (lo que

aparece y se muestra al sujeto) y Noumeno (la cosa en sí). Sólo podemos conocer el

fenómeno o hechos de la Naturaleza, porque solo podemos tener conocimiento aplicando los

conceptos a las intuiciones sensibles. Dicho de otra forma, solo conocemos de las cosas lo

que nosotros ponemos en ellas mismas (espacio-tiempo y categorías). En cambio, el

Noumeno, las cosas en sí mismas son incognoscibles, dado que solo se nos manifiestan a

nosotros como fenómenos (recibimos impresiones de la sensibilidad que sintetizamos con

los conceptos del entendimiento). Esta distinción nos permite comprender por qué Kant

denomina a su filosofía idealismo trascendental. Éste consiste en la afirmación de que el

espacio y el tiempo y las categorías son los elementos a priori del conocimiento que se

encuentran en el sujeto, y son las condiciones de posibilidad de la experiencia del objeto y

no propiedades o rasgos de los objetos o las cosas mismas. Este idealismo trascendental viene

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3.Dialéctica Trascendental

En esta parte de su obra, Kant, se ocupa de estudiar la naturaleza y función de la razón

(que debemos diferenciar del entendimiento) . Si el entendimiento se ocupa de formular

juicios aplicando los conceptos a las intuiciones sensibles, la razón combina juicios

formando razonamientos cada vez más generales, por ejemplo:

Todos los vivientes son mortales. Todos los animales son vivientes. Por tanto, todos los

animales son mortales.

La razón tiende, por su propia naturaleza, a encontrar juicios cada vez más generales, capaces

de abarcar una multiplicidad de juicios particulares sirviendo a éstos de fundamento. Por

ejemplo, todos los animales son mortales abarca juicios como todos los hombres son

mortales, todos los gatos son mortales, y así sucesivamente. Esto significa que la razón tiende

a encontrar juicios, leyes, hipótesis cada vez más generales si tener en cuenta la experiencia.

Así, se construye la ciencia. Por ejemplo, Galileo, acabó con la distinción entre movimientos

naturales y violentos explicando todos ellos por las mismas leyes. Newton formula la ley de

la gravitación universal que explica todos los movimientos terrestres y celestes. Esta

tendencia, mientras se mueve en el plano de los fenómenos de los que tenemos experiencia,

da lugar a la ciencia puesto se mueve en el plano de lo condicionado, lo dado en el espacio y

el tiempo, es decir aquello que podemos conocer.

Pero, esta tendencia de la razón lleva inevitablemente a traspasar los límites de la

experiencia y acaba en lo incondicionado, formulando lo que Kant denomina como ideas

de la razón, que podemos pensar pero no conocer. Estas realidades que Kant llama ideas son

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a) La idea de Yo o Alma. La razón en su búsqueda de lo incondicionado acaba unificando

toda nuestra experiencia interna (recuerdos, pensamientos, vivencias, etc) en un Yo o Alma

entendida como sustancia de la que no tenemos experiencia y de la que no tenemos

experiencia. Solo tenemos conciencia de nuestros pensamientos particulares, no de un Yo o

sustancia pensante permanente.

b) La idea de Mundo. La razón acaba unificando todos los fenómenos de la Naturaleza en

el concepto de Mundo, del cual no tenemos experiencia, solo es una idea. Tenemos

experiencia de los fenómenos particulares que se hallan en el mundo pero no del mundo en

su totalidad.

c) La idea de Dios. La razón tiene a buscar la causa de todo lo que existe (universo) y lo

acaba identificando con Dios, del cual tampoco tenemos experiencia, sólo podemos tener

experiencia de las causas particulares de los fenómenos, no de Dios como como causa del

universo

Mientras la razón se mueve en plano de lo condicionado y de lo relativo puede conocer la

realidad, dado que aplica los conceptos a las impresiones sensibles. Pero, por su propia

naturaleza establece razonamientos muy generales, y consiguientemente, traspasa los límites

de la experiencia y acaba en lo absoluto o incondicionado: formulando ideas que se pueden

pensar pero no conocer: son las ideas trascendentales de la razón pura.

En definitiva, estas tres ideas de la razón, que han sido el contenido de la metafísica, no

pueden ser objeto de conocimiento científico puesto que de ellas no tenemos impresiones

sensibles, de ahí la imposibilidad de la metafísica como ciencia, pero esto no supone que

vaya a desaparecer, puesto que el hombre tiende por la propia naturaleza de la razón a buscar

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inquietud natural en el ser humano, es una tendencia natural de la razón que siempre estará

ahí mientras exista la humanidad.

2. El USO PRÁCTICO DE LA RAZÓN. LA TEORÍA ÉTICA DE KANT: LA

ÉTICA DEL DEBER

La otra gran obra de Kant, en la que responde a la cuestión ¿qué debo hacer? es La crítica de

la razón práctica, en la que expone su teoría ética. Esto supone que la ética que plantea Kant

se fundamenta en la razón práctica, o dicho de otra forma, es la razón en su uso práctico; es

decir, la razón que establece las condiciones de posibilidad de la acción moral y propone que

el fundamento de la ética se basa en la noción de deber.

Para Kant, la única cosa que merece absolutamente la denominación de «bueno» en sentido

moral es la «buena voluntad», que es la intención de querer obrar bien cumpliendo con

nuestro deber, la cual es una voluntad determinada por la razón. La voluntad solo será buena

cuando lleve a cabo una acción únicamente por deber, que Kant define de la siguiente manera:

“el deber es la necesidad de una acción por respeto a la ley”. Todo esto supone que la

voluntad no es buena por el fin que pretende, o por el bien que consigue; lo es en sí misma,

porque quiere actuar únicamente por deber, cosa que logra cuando actúa por respeto a la ley.

Actuar de esta manera es lo que da valor moral a una acción, al margen de cualquier tipo de

inclinación (interés, egoísmo, sentimientos, deseos, etc.). Ahora bien, Kant distingue tres

tipos de acciones:

-acciones contrarias al deber: son aquellas que van contra la ley. Son ilegales e inmorales.

-acciones conforme al deber: son aquellas que aún siendo conforme o ajustándose a la ley

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-acciones por deber: son las que cumplen el deber sin ningún tipo de inclinación (interés,

egoísmo, etc.). Solo éstas son legales y poseen valor moral.

Este concepto del deber como valor moral en sí mismo no puede sino fundarse en la razón.

La moralidad así entendida -obrar por deber- se caracteriza por lo siguiente:

-Es Universal: ha de valer para todos los hombres, para todos los seres racionales en general.

-Es a priori, esto es, se basa en la misma razón, no en la experiencia, lo cual significa que es

racional.

-Es formal, carece de contenidos concretos: la felicidad, el placer, Dios. Sólo depende de la

voluntad pura de actuar por deber. Las éticas materiales son empíricas y no pueden ser

universales.

-Es autónoma: la razón desde sí misma impone a la voluntad sujetarse al deber puro de

respetar la ley.

Además, el único concepto del deber, que puede basarse en la razón, es el que se presenta

bajo la forma de imperativo categórico que se caracteriza por ser objetivo, dado que la

exigencia de obrar moralmente debe ser válido para todos, y no subjetivo (válidos para cada

uno personalmente). Kant realiza diversas formulaciones del imperativo categórico de la

cuales podemos enumerar las siguientes:

1. “Obra sólo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo

tiempo, en ley universal”.

Esta formulación viene a expresar que debemos comportarnos conforme a la ley y, querer al

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2. “Obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en

la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solo como un medio”.

Este imperativo considera que todo persona es un ser racional, que como tal es un es un fin

en sí mismo, dotado de autonomía moral. Este imperativo considera a la misma humanidad

como fin en sí misma, y distingue a las personas de las cosas. Las personas tienen un valor

diferente de las cosas que se llama dignidad, mientras que las cosas tienen un valor que se

llama precio y que podemos comprar con dinero. Las cosas tienen un valor relativo y sólo

son medios, no fines en sí mismos como las personas, que son seres racionales. Por ello, es

conveniente diferenciar entre valor y precio.

2.1 Los postulados de la Razón práctica.

Los postulados de la razón son principios prácticos que funcionan como condiciones para

que sea posible la vida moral. Son proposiciones teóricas que no constituyen un

conocimiento teórico sino un acto de fe racional, de tal manera que el hombre pueda creer

en la posibilidad de alcanzar el bien supremo. Recordando la dialéctica trascendental, el

alma y Dios acaban siendo ideas de la razón que podemos pensar pero no conocer; sin

embargo, Kant acaba vinculando estas ideas con la razón práctica estableciendo que son

postulados (proposiciones que son presupuestos de la vida moral del hombre). Son tres

postulados:

1. La libertad.

La libertad es la razón de ser de la ley moral, y ésta es el contenido de la libertad. Dicho de

otro modo, la libertad es la condición de posibilidad de la moralidad: sin libertad las

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Se ha de suponer, por lo tanto, que el hombre es libre y puede vencer todos los obstáculos

que le impidan cumplir la ley moral.

2.La inmortalidad del alma

Se postula la inmortalidad del alma en la medida en que el hombre es un ser sensible y finito,

y en este sentido, no puede cumplir en esta vida todas sus obligaciones morales, dado que

muchas veces nos dejamos llevar por nuestras inclinaciones. Por ello, se postula la

inmortalidad del alma y, de esta manera, podemos cumplir todas nuestras obligaciones si

consideramos que nuestra alma sigue existiendo.

3.La existencia de Dios

La existencia de Dios permite plantearnos que este es el modelo moral a seguir, en la medida

en que Dios siempre hace y quiere lo debe hacer, es decir, en Dios se identifica el querer y el

deber. Kant no piensa que la existencia de Dios pueda ser demostrada racionalmente (es sólo

una idea pura de la razón). Dios puede ser pensado, pero no conocido. Es la razón práctica la

que nos conduce a presuponer su existencia como un ideal de la razón práctica. Pero esto

significa, en Kant, que la religión proviene de la moralidad, sino no al revés. Y esta moralidad

es autónoma por encima de cualquier consideración.

En definitiva, los postulados implican la rehabilitación de la metafísica tradicional desde la

razón práctica, desde la moralidad. No podemos saber si la inmortalidad, la libertad y Dios

existen real y objetivamente (ya que éstos sobrepasa los límites de la experiencia posible).

Estos postulados no aportan, por lo tanto un conocimiento teórico. Son una exigencia de la

razón práctica, que se da a sí misma estos principios para orientar su acción y como condición

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